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Vice90s

Vice City, solo tengo que decirlo y seguro que todos piensan en coches deportivos, lujo y mujeres hermosas, pero lo cierto es que esa e solo una parte de la realidad de Vice City, y yo, yo viví una distinta, la otra realidad del Vice City, la de la pobreza, la violencia y la droga, y cuando hablo de droga no me refiero a tan popular coca, a snobs colocándose en discotecas y a traficantes ricos, me refiero a camellos y a heroinómanos que te matarían por una dosis. Y aquí estoy yo, en mi silla ruedas, sin una pierna y sin sentir nada de cintura para abajo, tuve pocas opciones en la vida, y elegí las equivocadas, y cuando por fin logré enderezar mi vida, terminé así, déjenme que les cuente.

Corría el año 1998 en Vice City, seguro que todos conocen Vice City, la glamorosa ciudad de los 80, pero los 80 habían pasado, y con ello su moda hortera, además si conocieron Vice City en los 80, todo ha cambiado muchísimo, pero si algo cambiado de verdad, ha sido el centro, todo empezó en el 88 con el incendio del hotel Moist Palms, muchos edificios de alrededor también sufrieron daños y tuvieron que ser demolidos, entonces solo quedó un montón de escombros, en el 89 muchas empresas dejaron las ciudad, así que ese mismo año se empezó a remodelar el centro, el terreno del Moist Palms lo compró Avery Carrington, ahora todo eso está lleno de bloques y casas, es lo que llaman el Lowside del centro, no es buen sitio para pasear de noche la verdad. El centro ha cambiado en casi todo, de hecho todavía hoy sigue en obras, solo han quedado algunos edificios, los bomberos y el Greassy Chopper, un bar donde para una de esas bandas de moteros pasadas de moda, también le han hecho un paseo a la pequeña playa que va desde el Lowside hasta un parque cerca del estadio, que también se construyó en los 90, en Washington Beach lo único que ha cambiado ha sido el nombre de los hoteles, en cuanto a mi barrio, Little Havana, también sigue prácticamente igual, han abierto un par de calles nuevas y han construido algún que otro edificio, pero nada importante, y también algo que persistía y persiste con los años, algo que nunca desparece, la droga, eso es algo que perdura y perdura a pesar del paso de los años, Vice City siempre ha sido será uno de los principales puntos de entrada, así como de ilegales y refugiados, vienen de todas partes, Haití, Puerto Rico, El Salvador… y por supuesto, Cuba. Ah, por cierto, me llamo Roberto González, más conocido el barrio como "El gallo" González, llegué a Vice City en el 82 junto con mis padres, yo apenas tenía un año, así que no me acuerdo muy bien de eso, un amigo de mi abuelo logró sacarnos de Cuba y nos instalamos aquí, en Little Havana, mi padre consiguió trabajo en el puerto descargando y mi madre tejiendo en un taller de costura, aunque no teníamos mucho mi padre siempre decía que esto al menos era mejor que Cuba, yo siempre pensaba que entonces Cuba debía ser un infierno, bueno el caso que pasó el tiempo, nació mi hermano, murió mi abuelo, los problemas crecieron y fui empezando a hacer vida en la calle. Así llegamos al año 98, que es cuando podríamos decir que empezó todo, tenía 17 años y era miembro de Los Cabrones, la banda de Little Havana. Hacía un día caluroso en Vice City, el verano estaba comenzando, y ahí estaba yo, conduciendo mi Hermes marrón, aunque bueno, más bien era color óxido, había sacado ese coche del desguace, así que el coche no estaba en el mejor estado, pero bueno al menos andaba, y lo único que le había tenido que hacer era ponerle un contacto nuevo, me lo hizo un colega que tenía un taller, así que a mi el coche me valía, pues bien, iba conduciendo por las calles de Little Havanna, con una bolsa de patatas en el salpicadero, un cigarro en la boca y mi revólver en la guantera, bienvenidos a Vice City en los noventa.

Seguí conduciendo y vi pasar frente a mí un Voodoo conducido por unos haitanos, odiaba a esos haitianos, con sus sucias rastas y esa manía de no abrocharse la camisa, pensé -¿Qué hacen esos aquí?-, pero me imagine que volvían para su barrio o que se habían perdido, así que no le dí importancia, baje hacia la avenida Mainland y di la vuelta a la manzana, iba a parar en el 24/7 a comprar algo de ron, cuando fui a mirar en la cartera vi que solo me quedaban veinte pavos, cosa que no me gusto, necesitaba dinero, compre el ron y me fui al Café de Robina, aparqué el coche delante del café, allí estaban Butcher, Lil’ Santana y Molina, unos colegas de la banda, les salude, dije que necesitaba dinero y Butcher me dijo que hablara con Robina, que tenía unos fardos, Umberto Robina era el dueño del café desde que su padre había muerto cinco años atrás, Umberto había fundado la banda y fue el jefe durante mucho tiempo, pero últimamente se ocupaba más del café y había dejado de lado el liderazgo de la banda, para la banda tan solo era una especie de coordinador de drogas, tenía contacto con Vercetti, él que podríamos decir que era el dueño de la ciudad, bueno más bien lo había sido hasta ocho años atrás, cuando llegó a la ciudad Héctor Guerrero, un traficante mexicano, al parecer tenían amistades en común y Guerrero se fue ganado la confianza de Vercetti y acabó afincándose en la ciudad, Vercetti empezó a desconfiar de él hasta que intentó matarle, no lo consiguió y empezó la guerra, sus bandas llevaban años matándose por el control de la ciudad, bien pues Vercetti era nuestro proveedor, siempre le vendía drogas a Robina y él se encargaba de que los de la banda la distribuyéramos por el barrio. Bueno, el caso es que entré al café, -¡Ey, Umberto! me han dicho que quizás tengas algo para mí-, él ya me entendía, pasamos a la parte de atrás donde tenía unos fardos, -Toma Gallo, treinta gramos, quiero el dinero el en una semana, siete días, no ocho ni nueve… Y ten cuidado no la cagues ¡Eh, González! Que te conozco-, me dijo Robina, quien antes siempre solía estar de buen humor, salvo cuando tenía problemas con los haitianos, siempre hacía chistes malos y hablaba de hermandad en la banda y tal, pero desde que había muerto su padre siempre estaba de mal humor, en fin, salí del Café y volví con los colegas, seguían Butcher, Santana y Molina, pero había venido también Ray, con su novia Angie, Ray era puertorriqueño, la mayoría de los de la banda éramos cubanos o medio cubanos, pero no todos, en un principio era así, pero los tiempos cambiaban y como he dicho cada vez llegaba más gente de otros lugares a Little Havana que también se unían a la banda, por ejemplo Molina era de El Salvador, en fin, sigamos, me fui al coche a dejar la mierda y a coger el ron, luego volví y estuvimos pasando el rato, después de que Ray y Angie se fueran, los demás seguíamos allí hablando de nuestras cosas y demás, entonces empezamos a oír reggae que sonaba cada vez más alto, como si viniera de un coche, nos giramos y vi el mismo Voodoo que había visto antes conducido por unos haitianos, nos quedamos mirando, preguntándonos entre nosotros –Que hacen estos aquí-, pero entonces se pararon en seco, Butcher, Santana y yo vimos salir la Mac-10 por la ventanilla del copiloto y corrimos a cubrirnos, Molina fue más lento, corrí a refugiarme en el callejón que hay junto al Café Robina, conseguí llegar arrastrándome, ya que oí el restallido contra el viento de una bala que debió pasar a escasos centímetros de mi oreja, entonces fue cuando me tiré al suelo y me arrastré hasta el callejón como si de un soldado bajo fuego enemigo se tratara, sentí impactar varias balas en la pared que pasaban por encima de mí, entonces cesaron los disparos, giré la cabeza para mirar si se habían ido, el haitiano había vaciado el cargador, pero el muy cabrón llevaba otra marietta y empezó a disparar de nuevo, casi me da, así que rápidamente me arrastré hacia el callejón y entonces sí conseguí llegar, los disparos cesaron y oí el chirrido de los neumáticos, me asomé a mirar, se habían largado, Santana y Butcher salieron, pero Molina no, Molina seguía justo donde se había quedado, solo que tumbado en vez de de pie, le habían dado de lleno, probablemente al primer disparo, Robina salió del Café -¿Qué ha pasado?- preguntó, -Esos malditos haitianos, nos han intentado matar- le contesté, en ese instante Butcher gritó –Está muerto, yo me largo-, se refería a Molina, estaba fiambre, y tenía razón, era mejor largarse, corrí hacia el coche y salí de allí quemando rueda.

Pasó un rato y yo seguía conduciendo por ahí, dando vueltas sin rumbo fijo, entonces oí sirenas, un coche de la poli estaba detrás mía, iba a intentar despistarlo pero el muy cabrón me adelantó y me cortó el paso, tuve que frenar en seco, no lo entendía, si aún no había intentado escapar, pero lo entendí al ver salir del coche al oficial García, había reconocido mi coche, salí del coche, García me dijo -¿Qué hay González? Supongo que no te habrás sacado el carnet en estas… ¡Oh! Tres semanas sin cruzarme contigo y tu mierda de cacharro-, -Parece que está más cascado de lo que está en realidad. Y lo del carnet, bueno no he tenido tiempo, ya sabe he estado ocupado, colaborando con la iglesia y eso- le contesté, -¿La iglesia? ¿A que vas allí, a robar del cepillo? ¡Pon las manos contra el coche!-, me agarró y me puso él mismo contra el coche, registró el coche y encontró la coca que me había dado Robina, -¿Esto es lo que parece? Sí, es cocaína- le dijo a su compañero, entonces se dirigió a mí y me dijo -Con esto podría encerrarte una buena temporada-, - Sabe que saldré en unos meses, como la última vez-, le contesté, -Lo sé González, te he quitado esa mierda de trasto como doce veces y siempre te las arreglas para recuperarlo, conseguí encerrarte una vez y saliste a los dos meses ¿Sabe qué? Quédate con tu maldito coche, voy a dejarte que sigas conduciendo por ahí, pero te estaré vigilando González, esperando a que la cagues, y entonces ahí estaré para encerrarte- me dijo García, -Si oficial García, estoy seguro de que incluso dejará sus donuts para venir a detenerme- le contesté, -Ríete ahora, pero al final serás tú quien verá mi sonrisa a través de los barrotes de tu celda. Y por cierto, me quedo con la coca-, cogió el yeyo y se marchó, pensé -Perfecto, ahora le debo a Robina $1800-, a eso se refería Robina, yo siempre acababa pifiándola, por eso yo no tenía ropa guay ni llevaba tatuajes de la banda y seguía viviendo con mis padres a mis 17 años, aunque bueno, yo solo iba a casa para dormir, así que no los veía, casi era mejor, ya que yo no hacía más que discutir con mi viejo cuando coincidíamos, y eso fue lo que pasó cuando volví a casa por la noche, yo vivía a un par de calles del Café Robina, llevaba toda la tarde conduciendo por ahí, así que llegué a casa, dejé el coche delante y entre, pensando que no encontraría a nadie despierto, pero me encontré a mi padre:

-Hola Roberto-

-Eh, si hola-

-¿Ya has estado conduciendo otra vez?-

-Sí-

-Y dime ¿Has ido a disparar a los del barrio de al lado con tus amigos? ¿O has estado vendiendo por ahí? –

-¿De verdad quieres saberlo? –

-No, lo que quiero saber es cuando te vas a centrar ¿Piensas seguir así toda la vida? ¿Vendiendo droga? ¿Destrozando vidas? ¿Entrando y saliendo de la prisión hasta que alguien te mate en la calle como a un perro?-

-¿Y que quieres que haga? ¿Qué me ponga a trabajar en el puerto?-

-Pues sí, tu madre y yo nos ganamos la vida trabajando, no destruyendo a la gente-

-Claro, y por eso podemos vivir en éste palacio-

-Pues no será perfecto, pero por lo menos vivimos honradamente, no robamos ni matamos a nadie-

-¡Oh, claro! Así tienes el cielo ganado ¿No? Pues déjame que te diga que prefiero vivir en el presente y no pensar en un lugar que ni siquiera sé si existe-

Y me marché entre gritos. Esa fue la discusión que tuve con mi padre, en aquellos tiempos no escuchaba nada de lo que me decía, yo me creía invencible, era miembro de Los Cabrones de Little Havana, los de la banda eran mis hermanos, odiaba a los haitianos y los mataría por el mero hecho de ser haitianos, pensaba que la banda era mi familia, y no necesitaba nada ni nadie más, pero el tiempo me enseñaría cuanto me equivocaba.

El caso es que salí de casa, cogí mi revólver de la guantera del coche, ya que García ni se había molestado en registrarlo decentemente, y me marché, se me ocurrió ir a la playa del centro así que rodeé por la avenida Mainland, ya que ni loco iba a atravesar Little Haiti, atravesé el Lowside y por fin llegué a la playa, allí me encontré con Butcher y Lil' Santana, solíamos estar por allí de noche, así que no me resultaba raro encontrarlos allí, estuvimos pasando el rato en el paseo de la playa, luego nos fuimos al Cluckin' Bell del centro a comer algo, y una vez salimos pusimos rumbo al barrio, bajábamos por la avenida Mainland cuando vimos a tres haitianos que estaban hablando, yo les tenía un odio irracional a los haitianos, y lo mismo les pasaba a Santana y a Butcher, sobretodo a Butcher, saqué mi revólver y me fui a por ellos, les grité, -Eh, venid aquí sucios haitianos, os voy a volar vuestras cabezas con las rastas incluidas-, se nos venían a enfrentar pero entonces empecé a disparar y echaron a correr, aún estaban bastante lejos así que no le acerté a ninguno, dos escaparon dirección Little Haiti, pero el último tropezó, lo cogí por el cuello, le puse contra la pared y le metí el cañón en la boca, -Te voy a blastear maldito haitiano, vais a pagar por lo de Molina, huevones- le dije, entonces disparé, pero solo sonó una recámara vacía, ni siquiera fui capaz de darme cuenta de que ya había disparado las seis balas, me quedé un momento ensimismado, solo fue un segundo, pero suficiente para que el haitiano me echara la cara debajo de un puñetazo y saliera corriendo, tirando a Santana y a Butcher que intentaron detenerle, Santana y yo nos quedamos parados, pero Butcher no, por supuesto que no, él estaba lo suficientemente loco como para correr tras un haitiano por Little Haiti a las dos de la mañana, entonces, en el silencio de la noche, sonó un disparo, me iba a acercar a ver que había pasado, pero Santana dijo –Vámonos-, y a mí también me pareció lo más inteligente, así que salimos corriendo de allí y nos separamos cuando llegamos al barrio, Santana se fue para su casa y yo para la mía, pensé que me habrían dejado la llave por dentro para que no pudiera entrar, pero no fue así, la llave giró normalmente, dormí en el sofá para no despertar a mi hermano al entrar en la habitación.

Me desperté al día siguiente, me dolía todo de dormir en ese maldito y viejo sofá, eran las once de la mañana, en mi casa ya no había nadie, así que salí y como todavía le debía el dinero a Robina, puse rumbo a Washington Beach, iba caminando por Starfish Island, viendo todas aquellas mansiones y pensé, como sería mi vida si yo tuviera todo aquello, diez o veinte años atrás cualquier cubano con contactos podía llegar a Vice City y crear un imperio, por que, a diferencia del resto del país, en Vice City la Mafia había tenido una presencia nula, así que los italianos no lo controlaban todo cuando llamémoslos "hombres de negocios" de Cuba, llegaban aquí exiliados y conseguían dinero con la droga, eran tiempos de corrupción, pero ya estábamos en los noventa, todo había cambiado, ahora los refugiados teníamos suerte si no nos deportaban y nos concedían la residencia, y total, para vivir en un agujero de mierda en Little Havana. En fin, el caso es que pasé Starfish Island y seguí caminando hasta la playa, si algo bueno tiene Vice City es su afluencia de turistas, que ya empezaban a llegar según se acercaba el verano, y como siempre, descuidados como nadie, dejando sus pertenencias a merced de los vándalos, los niños del barrio que querían entrar en la banda siempre hacían lo que les decías, así que no me era difícil convencerlos de que me ayudaran a cambio de nada, siempre había un grupo de ellos en Washington Beach, robando mochilas y bueno todo lo que podían pillar, así que los iba avisando de quien campaba y ellos les robaban las cosas, luego quedábamos en los callejones y ellos me lo daban el botín, entre relojes, móviles, carteras y demás solo conseguí cuatrocientos dólares, aún no era temporada alta así que no se sacaba mucho, les dí a los niños las chanclas y las mochilas, yo no las quería para nada, me deshice de todo lo que no necesitaba y me dirigí a Vice Point, allí conocía a alguien que me compraría las cosas, como ya os he dicho entre todo me saqué cuatrocientos dólares, pero aún me faltaban mil cuatrocientos, me fui al Café Robina y se lo dije a Umberto, se puso furioso:

-¡¿Ya la has vuelto a cagar González?!-

-Tranquilízate Umberto, sabes que siempre consigo el dinero-

-¡Más te vale! Los jóvenes de hoy os creéis machos, pero estáis muy lejos de serlo, vais por ahí hablando raro y con esa ropa ancha creyéndoos duros, pero solo tenéis pájaros en la cabeza y las pelotas chiquititas ¡Lárgate de aquí, y no te quiero ver hasta que tengas mi dinero!

Me fui de allí, dí un par de tirones en la avenida Mainland, pero solo conseguí cuarenta pavos más, así que de noche cogí el coche y me fui a Washington Beach, lo aparqué en el centro comercial, recorrí todo el bulevar de la playa buscando algún coche en el que hubiera algo a la vista para romper la luna y llevármelo, pero nada, me dio la una de la mañana y ya iba a desistir, pero entonces vi a una pareja de extranjeros entrar a los callejones, supe que eran extranjeros por que hablaban en otro idioma, entonces pensé que aquella era la mía, les rodeé y me quedé esperándoles en un rincón oscuro, me cubrí la cara con una bandana, saqué mi revólver y me abalancé sobre el tipo, sí, el revólver no tenía balas, pero aquel hombre no lo sabía, la mujer muy asustada me dio el dinero, el hombre hizo lo mismo y salí de allí corriendo, pero mi carrera fue interrumpida por un coche de policía que entró por un callejón lateral y me cortó el paso, así que eché a correr en dirección contraria, uno de ellos corrió tras de mí y el otro siguió con el coche para rodearme, seguí corriendo y corriendo hasta el final del callejón, justo cuando el coche entró por la salida, pero rápidamente me paré, retrocedí y giré por un pequeño callejón de la izquierda, el coche paró en seco y el que me perseguía a pie se chocó con él, así fue como escapé de ellos, pero no paré de correr hasta dos calles más allá, donde encontré un callejón donde esconderme, me quité la camisa y la gorra y me puse la bandana en la cabeza, miré mi bolsillo, había conseguido doscientos dólares, aquellos turistas debían tener en mente una gran noche, lástima que se les chafaran los planes, todavía me faltaba dinero, pero al menos era algo, cogí el coche, regresé al barrio y me fui para casa.

A la mañana siguiente me encontré con Butcher, me preguntó que si le llevaba en coche a cobrar unas cosas, le dije que sí, cogimos mi Hermes.

-Bueno, tú dirás Butcher-

-Al Lowside, Pepe Morales me debe dinero y he quedado con él para que me pague-

Puse rumbo al Lowside, cuando llegamos el tal Morales solo le dio la mitad -¿Y lo que falta? Morales- dijo Butcher, -Mc Cornik tiene el resto, tenía que habérmelo dado ya, pero no lo he visto- le respondió, -Donde vive tu colega- le preguntó Butcher, -Allí en Little Haiti- le respondió, -Mira, ahora voy a ir a hacer unas cosas, cuando vuelva quiero que tengas el dinero- le dijo Butcher, luego se dirigió a mí y dijo que teníamos que ir a Prawn Island, Prawn Island, territorio ocupa desde el 85, allí ya no había nada desde que se habían llevado el estudio de cine a San Andreas, estaba lleno de punkis guarros a los que odiaba, el caso es que no hay nada digno de mención, simplemente llegamos y Butcher le vendió el yeyo a unos de esos punkos, luego volvimos al Lowside a por el dinero de Morales. Íbamos hablando en el coche de la que volvíamos:

-Joder, Butcher no se como lo haces, yo ando todo el día cagándola, le debo mil a Robina-

-Eso es que no tienes cuidado Gallo, mira, vente conmigo a partir de ahora y yo te enseñaré a trapichear bien…-

En el instante que Butcher decía eso pasábamos por la imprenta de Vercetti, oímos una explosión, habían volado la imprente, una de las puertas de los garajes de carga había salido volando e impactado contra mi coche, paré en seco y grité:

-¡Joder! ¿Qué ha sido eso?-

-Una explosión no lo has visto-

-Pero ¿Quién ha volado la imprenta? ¿Y por qué?-

-No sé, pero mejor salgamos de aquí-

Y nos fuimos, dejé a Butcher en su casa y me dio el dinero que me faltaba para pagarle a Robina, -Gracias tío- le dije sorprendido y agradecido, -Es un préstamo, no te preocupes, ya me lo pagarás, de una forma u otra-, y se marchó, no se que era peor, deberle el dinero a Robina o debérselo a Butcher, la verdad que Butcher estaba loco, había un método de ejecución para los traidores de la banda, te mataban a machete, te lo clavaban primero y luego te hacían tantos cortes como pudieran, así todos sabían quien y porque había sido, un modo de disuasión, y Butcher ya había sido en el encargado de cuatro ejecuciones, por eso se ganó su apodo, él era frío como el hielo, sabía que si algún día yo traicionaba a la banda, él sería el encargado de clavarme el machete, pero la vida da tantas vueltas… En fin, el caso es que le pagué a Robina, dejé el coche en casa y vi que la puerta y el techo estaban abollados por el golpe, aunque realmente me daba lo mismo, aquel coche tenía más óxido que otra cosa, pero a mí me gustaba, antes los de la banda solían conducir viejos Hermes, como aquel, trucados, eran muy populares, pero ahora lo que se llevaba eran los Low-Riders, bueno sigamos, dejé el coche y no pasó nada digno de mención hasta la noche.

De noche estábamos Butcher, Lil' Santana, Casper y yo jugando al baloncesto en las canchas del barrio, entonces llegaron Ray y Angie, luego se marcharon, al rato de marcharse oímos un disparo, dejamos de jugar y fuimos a ver que había pasado, vi salir un Voodoo a toda velocidad, Butcher se quedó inmóvil mirando para él, cosa que me extraño, lo normal en el hubiera sido correr detrás del coche a pesar de saber que lo iba a perder, giré la cabeza y vi a Angie sentada en la acera llorando, Ray estaba muerto en el suelo, corrimos hacia allí, -Eran haitianos- preguntamos todos, -Sí… él me cubrió, lo han matado ¡Hijos de puta!- gritó Angie desesperada, nos quedamos allí gritando y maldiciendo, diciendo que íbamos a matar a los haitianos, cuando vimos llegar a la poli nos fuimos.

Al día siguiente me fui al Café de Robina a desayunar, Robina estaba discutiendo con Big Jim, un gringo del parque de caravanas, el cual también era de Vercetti, antes tenía un concesionario, pero tuvo algunos problemas y tuvo que… digamos, destruir pruebas, el concesionario fue pasto de las llamas misteriosamente, el caso es que como el ayuntamiento no permitió edificar allí, Vercetti hizo un parque de caravanas, bueno, el caso es que discutían por un asuntos de dinero, cuando derepente entro Pepe, un veterano de la banda, corriendo y gritando muy exaltado:

-Los haitianos…han asaltado el bajo de la calle Reagan-

-¿Qué?... ¿Cómo han sabido de ese sitio?-

-No sé, pero Little Rick y Carlos están muertos, y se han llevado las armas-

En ese momento el mismísimo Tommy Vercetti entró por la puerta, Robina y él estuvieron hablando un rato, después Vercetti se marchó. -Parece ser que esos haitianos están con Héctor Guerrero ahora, quieren debilitarnos para que Guerrero pueda hacerse con el mercado en Little Havana. Esto es la guerra, Pepe prepara a los muchachos, si Tommy pierde, nosotros perdemos-, Pepe se marchó, yo me fui a hablar con Santana y Butcher, íbamos a vengarnos por lo de Ray ahora que estábamos en guerra, de noche cogimos un coche y unas Mac-10, nos dirigimos a Little Haiti, y vimos un grupo como de diez haitianos, eran inconfundibles, ellos no llevaban colores ni nada que dijera que eran de una banda, pero nosotros los conocíamos bien, yo iba en el asiento de atrás por el lado derecho, nos paramos junto a ellos, saqué la mano por la ventanillas empuñando la marietta y grité –Vivan Los Cabrones haitianos maricas-, cuando nos vieron apuntándoles echaron a correr, aquel día tuve muy buena puntería, le dí a tres de ellos en la primera ráfaga, luego me cargué a otro que huía y se me acabaron las balas, solo sobrevivieron dos, los tres restantes los mató Butcher, aquel sí que había sido un buen ataque, pero entonces un bala atravesó la ventanilla y me arañó la nariz, uno de los dos supervivientes había empezado a disparar contra nosotros, así que salimos de allí pitando.

Al día siguiente todo parecía paralizado, Butcher y yo nos fuimos a vender, como él me había dicho, se la vendimos a los camellos del barrio, a los del Lowside y a los de Prawn Island, todo me había salido bien por una vez, no había perdido la mierda, ni me la habían confiscado, ni nada, la había vendido, había ganado quinientos pavos y yo estaba contentísimo.

Por la noche Casper y yo íbamos hablando mientras caminábamos hasta las canchas del barrio, cuando de repente oí reggae cada vez más alto, ya sabía lo que era, saqué mi revólver, pero ya era demasiado tarde, lo tenía encima, me tiré al suelo y empecé a oír las ráfagas, oí el cuerpo de Casper caer a mi lado, el coche pasó a toda velocidad y le disparé desde el suelo, tres veces, lo único que hice fue gastar balas, luego salí de allí pitando.

Pasó una semana y todo continúo igual, mientras que Guerrero y Vercetti seguían su guerra, nosotros también la nuestra, los haitianos sabían donde estaban nuestros almacenes y pisos francos, nadie sabía como, pero los estaban destruyendo completamente.

Era de noche, el Café Robina estaba cerrado, Pepe nos había reunido a Santana, a Butcher y a mí, nos dio instrucciones:

-Bien, misteriosamente los haitianos conocen todos nuestros almacenes y pisos francos, no sabemos por qué, pero nos están jodiendo bien, nos hemos enterado de que Chapettê, el líder haitiano, está cenando en un restaurante en Washington Beach, y como ya es hora de que demostréis vuestras pelotas, vais a matarlo de la que sale ¡Por vida amigos!

-Por vida- gritamos, y salimos a hacer lo que nos habían encomendado, robamos un coche en el puerto y nos dirigimos a Washington Beach, yo conducía, mientras que Butcher y Santana dispararían, vimos salir a Chapettê, era fácil de identificar, el único haitiano saliendo de un restaurante de Washington Beach con guardaespaldas, aceleré y les dije preparados, acto seguido aminoré el ritmo y los dos empezaron a disparar, Chapettê cayó, su guardaespaldas también, otra gente que estaba allí cenando también fue alcanzada, pero uno de los guardaespaldas consiguió cubrirse y dispararme a la rueda, cuando aceleré perdí el control del coche y me estrellé contra una farola, me golpeé contra el volante, pero no me hice gran cosa, solo una brecha, salimos corriendo del coche, el guardaespaldas seguía disparando pero alguien lo alcanzó, no se quien de los otros dos, el caso es que nos separamos y salimos de allí pitando, volví al barrio andando.

Al día siguiente cuando fui al Café Robina, Umberto me dijo una cosa interesante:

-Eh, González, buen trabajo lo de ayer, pero dejasteis una pista, el coche, Tommy me ha dicho que la hará desparecer si le ayudamos. Verás esta noche los haitianos se van a reunir con unos hombres de guerrero para hacer un intercambio, sabotearlo y alguien hará desparecer las pruebas-

De noche Santana y yo fuimos al puerto, también nos acompañaban Happy y Mundo, no habíamos conseguido localizar a Butcher, esperamos escondidos, vimos llegar a unos cuantos haitianos, luego llegaron los hombres de Guerrero, tan solo eran tres, salimos de de nuestros escondites y empezamos a disparar, dos haitianos cayeron, los hombres de Guerrero llevaban subfusiles, así que nos sacaban ventaja, seguí disparando, vi caer a dos haitianos más, me cubrí detrás de un coche, Happy estaba muerto, Mundo también, no sabía donde estaba Santana, el caso es que estaba yo solo contra cinco, así que recargué, me armé de valor y salí por encima del coche, empecé a disparar, no vi si acertaba a alguno o no, solo recuerdo sentir algo caliente pasar a toda velocidad rozándome el hombro, me habían dado, me volví a cubrir detrás del coche, esta vez sentado, uno de los hombres de Guerrero se acercó a mí, todos los demás habían huido o estaban muertos, disparé, sonó la recámara vacía de mi Mac-10, el traficante me miró y riéndose me dijo, -Estúpido niñato ¿Crees que esto es un juego?-, me apuntó con el subfusil, cerré los ojos y... Sonó una ráfaga de ametralladora, abrí los ojos y vi al tipo tirado en el suelo, me quedé un rato sorprendido, miré hacia atrás y vi a Butcher empuñando una Mac-10:

-Butcher- grité sorprendido.

-Me dijeron que podíais necesitar mi ayuda. Venga levanta y salgamos de aquí- me dijo Butcher.

Subimos a su coche y salimos de allí, -Ese Robina, nos ha mandado a una misión suicida- le dije a Butcher, -Donde están los demás- me preguntó, -Happy y Mundo muertos, y no sé donde carajo está Santana-, volvimos al barrio, Butcher me dejó cerca del parque, allí me deshice del arma y luego me fui para casa.

Al día siguiente fui al Café Robina, allí estaban Santana y Butcher, al parecer Santana había conseguido huir, Robina nos comentó que la banda se tenía que reorganizar, los haitianos habían atacado otro piso franco, así que había que buscar otro almacén y otros pisos francos, si los haitianos seguían sabiendo donde localizarlos significaría que alguien les estaba dando la información. También nos felicitó y nos dijo que la alianza entre Guerrero y los haitianos se había roto, así que la guerra entre Guerrero y Vercetti había terminado, pero no la nuestra con los haitianos, ya que habíamos matado a su líder y no se iban a rendir tan fácil, para celebrarlo Vercetti nos había invitado a una fiesta en el club Malibu, un club muy exclusivo de Vice Beach de su propiedad.

Desde el miércoles hasta el sábado estuve haciendo trapicheos con Butcher, íbamos mucho por el Lowside, se podría decir que aquella zona era nuestra, no había ninguna banda que suministrara a los muchos camellos y yonkis que vivían allí, así que a algunos les suministrábamos nosotros. Con Butcher todo me iba de puta madre, tenía dinero por una vez en la vida.

El sábado fuimos al Malibu, yo tenía algo de hierba y un par de gramos de farlopa, lo digo porque justo aquel día, yo estaba tranquilamente con los demás en la pista, cuando entraron un montón de maderos, era una redada, escapé de allí como pude, corrí y corrí hasta que no tuve escapatoria, tenía a dos polis detrás de mí y la única solución era tirarme al agua e intentar nadar a la otra orilla, fue lo que hice, pero solo pude llegar a la mitad del canal, las zapatillas se me inundaron y se volvieron muy pesadas.

Me sacaron del agua y me arrestaron, el juez de menores me condenó a tres meses en un reformatorio por posesión de drogas. Las había tirado por el camino pero las encontraron y dijeron que me habían visto tirarlas.

Pasé tres meses en el correccional, ya había estado allí antes, incluso tenía allí viejos colegas ya fueran de Vice City o que había conocido allí.

Aquel Agosto cuando volví a Vice City, todo seguía igual, la guerra entre Guerrero y Vercetti había terminado, se quedaron uno con el norte de la ciudad y otro con el sur, cada uno con sus negocios, básicamente se habían quedado igual que estaban antes de empezar, solo que con menos hombres. La guerra entre nosotros y los haitianos continuaba, no parecía que supieran donde estaban los nuevos pisos francos y el nuevo almacén.

Me fui al Café de Robina, a ver que se cocía, allí me dijo:

-¡Ey, González! Justo a quien necesitaba, ven-

Me comento que iba a llegar un cargamento de heroína al puerto aquella noche, que Butcher y yo íbamos a ir a recogerlo con Pepe -¿Por qué me manda a mí estos trabajos si sabe que puedo cagarla?- me preguntaba, lo normal para esas cosas era mandar a alguien que impusiera, no a un par de chavalines de diecisiete años acompañados por un adulto como si fuera su niñera. El caso es que fui, porque no me quedaba otra.

Estaban descargando el barco, traían el caballo metido en ruedas de coches, así que tuvimos que cargar el maletero con ruedas de repuesto, tres fueron suficientes, el caso es que mientras cargábamos aparecieron ocho haitianos montados en cuatro Sanchez, -Los haitianos- grité, Pepe, Butcher y yo nos pusimos detrás del coche, los haitianos empezaron a disparar, sentí como la luna se rompía en mil pedazos encima de mi cabeza, salí y disparé a dos veces con mi revólver, una se perdió en el aire, la otra acabó en el pecho de uno de los haitianos, me volví a cubrir, a Pepe y a Butcher se les habían acabado las balas, yo no podía hacer ante similar fuerza de fuego con tan solo mi revólver, Pepe se asomó y dijo -Se están acercando, los tenemos encima-, entonces sonó una ráfaga de ametralladora, los disparos cesaron, salimos de detrás del coche, había un tipo en el barco con una minigun, apuntando a los haitianos que habían soltado sus armas, el tipo nos gritó –Vosotros, dejad el dinero y largaros-, cargamos la rueda que faltaba y dejamos el maletín del dinero en el suelo, luego nos largamos de allí, no sabemos que pasó con los haitianos, volvimos al barrio y dejamos las ruedas en el almacén.

Dos días después Pepe nos reunió en el Café, los haitianos se iban a reunir con una banda de punkis de Prawn Island para hacer un intercambio, y al igual que ellos nos habían jodido, nosotros los íbamos a joder, así que fuimos para allí éramos siete en total, el intercambio estaba teniendo lugar en el tejado de una de las viejas mansiones de la isla, llegamos allí y empezó el tiroteo, habíamos matado a cuatro tipos que estaban vigilando la entrada, en el tejado había siete más entre punkis y haitianos, seguí disparando con mi revólver, al final solo quedábamos dos en el tejado, un punki y yo, disparé, sonó una recámara vacía, yo estaba cubierto tras la entrada a la azotea, eché mano a mí bolsillo pero ya no me quedaban más cargadores, el punki se dio cuenta de que yo no disparaba y camino hacia mí hasta que se puso a mi lado, me apuntó, me quedé mirando el cañón de su pistola y oí un disparo, el tipo cayó al suelo.

-¡Butcher! ¿Tú otra vez? ¿No tenías que vigilar la entrada?-

-¿Preferías que me hubiera quedado abajo esperando? Anda larguémonos-

Salimos de allí pitando, de la que volvíamos al barrio yo le pregunté a Butcher:

-¿Pero por qué nos mandan estas mierdas? Se suponía que solo iban a ser cinco, y había por lo menos catorce, nos doblaban en número-

-Lo que pasa es que Robina se quiere librar de ti-

-¿Qué? No digas chorradas tío-

-Hablo en serio González, se pasa el día diciendo que no traes más que problemas, y lo mismo con algunos de los que han muerto ahí-

-Ya ¿Y los otros?-

-Simplemente carne de cañón ¿No te pareció raro que os mandaran a por los hombres de Guerrero? Están sacando la basura y no les importa quien cae por el camino, no ves que no ha caído nadie importante-

No me lo quise creer, además me enfadé mucho con Butcher, no hablamos durante el resto del camino.

Al día siguiente Butcher y yo fuimos a hacer unas entregas a Prawn Island, estuvimos hablando sobre lo del día anterior, entonces Butcher me dijo algo que me dejó boquiabierto:

-Sabes, yo fui quien le dijo a los haitianos donde estaban los pisos francos-

-¿Qué?-

-Yo fui tío-

Cogí mi revólver y se lo puse en la cara:

-Eres un sucio traidor-

-Sí ¿Tú crees?-

Se quitó la camisa, tenía un montón de cicatrices de cortes que le habían hecho:

-¿Te acuerdas del día que corrí tras un haitiano por Little Haiti? ¿El qué tú no mataste porque se te acabaron las balas? Pues me cogieron, me llevaron al vertedero y me ataron a un potro con alambre de espino, me querían sacrificar en uno de esos rituales vudú, me hicieron estos cortes, me echaron sangre de cabra por encima, estaban todo cantando y bailando cosas raras, tío me acojoné tanto que lo canté todo-

Entonces bajé el revólver y grité –Joder, mierda, cabrón ¿Por qué me haces esto?-

-Lo siento, yo no quería que muriera nadie, pero ¿Sabes? Ya todo me importa una mierda-

-Siento que te pasara eso Butcher, pero por tu culpa ha muerto mucha gente-

-Yo no quería eso tío. Mira, la única familia que he tenido en la vida habéis sido tú y Santana, por eso te digo que Robina se quiere deshacer de ti, la banda es una mierda, me he puesto a pensar ¿Sabes? Estar en la banda no ha mejorado en nada mi vida, solo entré porque estaba cabreado con el mundo, porque fue lo más parecido a una familia que conocí ¿Pero que familia es esa que no le importa que mueran los suyos si no les son de utilidad? Todo esto es de locos, pasamos el día matando a lo haitianos, ellos vienen y se vengan, nosotros nos revengamos y nada cambia, ellos siguen ahí y nosotros también, Molina, Ray, Casper, todos están muertos, y total ¿Para qué? Para que Robina nos tenga vendiendo su mierda, para que se forre a nuestra costa, para que a nosotros nos condenen y él se libre, no sé si para ti esto tiene sentido, pero para mi ya no. Mira Santana y tú sois mis mejores amigos, nos conocemos desde niños, y sois lo más parecido a una familia que he tenido, por eso te cuento esto, díselo a Robina si quieres, pero confío en ti-

Mire el brazo de Butcher, vi su tatuaje, un corazón con cuatro lágrimas de sangre, una por cada víctima, él se lo tocó y dijo:

-Cuatro vidas Gallo, maté a cuatro tíos a sangre fría, dos eran de la banda, otro era un chico que solo quería hacer lo correcto, y de que me sirvió, para nada, solo para que otros tuvieran su culo a salvo-

En ese momento pude comprobar por primera vez que Butcher también era humano.

-Joder, tío ¿Y que piensas hacer? Yo no diré nada, pero no puedes dejar la banda, te matarán-

-He estado ahorrando dinero, me voy a ir a vivir a un pueblo en la costa oeste, se llama Angel Pine, no se molestarán en buscarme tan lejos-

-Está bien Butcher, me has salvado la vida dos veces, y me ayudaste cuando lo necesité, te apoyaré en lo que sea, hermano-

Volvimos al barrio, no le conté a nadie lo que me había dicho Butcher, solo a Lil' Santana porque confiaba en él.

Por la noche Butcher y yo estábamos jugando al baloncesto, entonces vino Santana y dijo que si íbamos con él al depósito de la grúa, que quería recuperar su coche, así que fuimos a ayudarle, el depósito estaba entre Little Haiti y el Lowside, en un terreno que antes era de un ex militar chalado, pero se lo expropiaron en el 89 y se fue de la ciudad.

Llegamos al depósito y saltamos la verja -¿Dónde está tu coche Santana?- preguntó Butcher –Ahí delante…Un poco más-, entonces Santana sacó un machete y golpeó a Butcher en la cabeza con la empuñadura, Butcher cayó al suelo, Santana le había golpeado muy fuerte, le pregunté:

-Qué haces tío-

-Esta rata nos vendió a los haitianos y encima ahora va de que quiere dejar la banda-

-Pero venga tío, no fue culpa suya, tú hubieras hecho lo mismo, no lo mates hombre-

-¡No! Yo hubiera muerto como un hombre, y no lo voy a matar, lo vas a hacer tú ¡Quiero que demuestres tu lealtad a Los Cabrones!-

-Pero no puedo, vamos tío nosotros tres somos como hermanos-

-Robina tenía razón, solo eres un marica, no tienes cojones, sigues vivo nada más porque esta rata te salvo el culo- dijo Santana señalando a Butcher.

-Pero como...-

Antes de que pudiera terminar la frase Santana me clavó el machete en el estómago, caí al suelo, -Gallo de pelea ¡Ja!- dijo Santana, y le clavó el machete a Butcher, pude ver como Butcher agitaba las manos mientras Santana le hundía el machete, Santana empezó a hacerle cortes, yo estaba tirado encima de un charco, sentía como el agua sucia entraba en mis entrañas, entonces en un último esfuerzo saqué mi revólver, apunte como pude desde el suelo a la espalda de Santana, y le endosé tres tiros, bang, bang, bang, vi como caía encima de el de Butcher, deseé haber podido salvar a Butcher en ese momento, pero ya era tarde para él, pensé en todo aquello que me había dicho Butcher, me pregunté si algo de lo que había hecho había mejorado mi vida, no lo había hecho, por culpa de la banda casi me matan, y ahora estaba en está situación, apuñalado por uno de supuestos hermanos, ya estaba pensando que iba a morir, pero fue mi día de suerte, una patrulla pasaba por allí justo en el momento de los disparos, así que se acercaron y al ver aquello llamaron a una ambulancia, recuerdo el techo de aquella ambulancia y la entrada al hospital.

Me desperté al día siguiente en la UCI del hospital de Ocean Beach, el médico me dijo que había tenido mucha suerte, un centímetro más profundo y hubiera sido letal, la policía me tomó declaración, les conté lo que había pasado, luego lo conté también en el juzgado, no le conté nada de lo de la banda, simplemente le conté que Santana quería obligarme a matar a Butcher y como yo no quise me clavó el machete y que en un último esfuerzo le disparé, al juez al principio no le convenció demasiado mi versión, pero cuando examinó las pruebas dijo que mi historia podía ser coherente, no me preguntéis porque el juez creyó, sin pruebas concluyentes, a un joven cubano, pobre y con antecedentes, pero el caso es que me creyó, al fin y al cabo dije la verdad pero era una historia un tanto difícil de creer. El juez consideró que no hubiera querido matar a mi amigo bajo amenaza un gesto muy noble y de valentía, pero que no podía ignorar el hecho de mis antecedentes y de que yo llevara un arma sin registrar, pero como yo solo tenía antecedentes por delitos menores quiso darme una última oportunidad, me dio a elegir entre cumplir tres meses en un correccional y posteriormente pasar a la prisión cuando cumpliera dieciocho, o podía ir a un programa especial, una especie de academia militar- reformatorio, un nuevo programa para chicos problemáticos, debía estar allí seis meses, así que obviamente elegí la academia militar.

A los de la banda les conté otra versión de la historia, que Santana era el traidor y que quería matarnos a Butcher y a mí para silenciarnos y salir impune, debí de ser muy convincente porque ellos también me creyeron.

Pasé los seis meses en aquella academia militar, empecé a centrarme, me inculcaron todo lo que un soldado necesita, cuando salí de allí solo sabía delinquir y lo que me habían enseñado en la academia, y como no quería seguir desaprovechando mi vida decidí alistarme en el ejército, el director de la academia solicitó al juez que borrara mis antecedentes, mando informes muy positivos sobre mí y el juez accedió, así que pude alistarme.

Pasé un tiempo formándome en Fort Baxter, no solo hice entrenamiento militar, también estudié y me saqué el graduado.

Finalmente me destinaron al Golfo Pérsico, allí me hice muy amigo de Jaques Méndez, un haitiano-dominicano, todo fue bien hasta Afganistán, íbamos en coche por el desierto en una misión de reconocimiento cuando nos dispararon un misil, Jaques logró esquivarlo pero la onda expansiva volcó nuestro Patriot, Jaques murió al instante, a mí se me llenó la pierna derecha de metralla, pero no me dolía, ya que me había partido la espalda y no sentía nada de cintura para abajo, lograron sacarme de allí, me quedé paralítico y me tuvieron que amputar la pierna.

Pero la historia no acaba ahí, volví a casa en Octubre de 2001, estaba con mi hermano frente a nuestra casa, ya que mi padre ya me volvía a hablar, mi hermano quiso enseñarme algo, se quitó la camisa y me dio la espalda, tenía una corona tatuada, justo la misma que tengo yo, era la placa, el tatuaje que te hacían cuando entrabas en la banda, le dije:

-Pero Diego ¿Qué es eso? ¿Has entrado en la banda?-

-Sí, como tú, hermano. Los Cabrones por vida.

-Pero ¿Estás loco? Acabarás mal, sé que piensas que ahora ellos te van a cuidar y que vas tener dinero y respeto, y que estás protegiendo al barrio y la familia, pero todo eso es mentira-

-Ellos son nuestra familia hermano-

-No, hazme caso, acabarás mal, como yo-

-Pensé que tú eras un tío con cojones, estaba orgulloso de ti, pero solo eres un marica, déjame en paz-

Intenté detenerlo pero no pude, se marchó, mi padre salió y me dijo -Justamente igual que tú, no me hace ningún caso-,-Tranquiló, yo me encargó de esto, solo está confundido, al final entrará en razón- le contesté, -Sí eso pensaba yo de ti- me dijo mi padre y se marchó, vi a mi hermano doblar la esquina y perderse, dos segundos después oí un disparó, fui a ver que había pasado tan rápido como pude, vi a mi hermano tendido en el suelo con dos balas en el pecho, me tiré de la silla encima del cadáver de mi hermano -¡No! ¿Qué he hecho?- gritaba sin parar. No habían sido lo haitianos, sino un niño chicano del Lowside, un chaval de la misma edad de mi hermano, un chico de trece años que quería ser un tipo duro, la única razón por la que disparó a mi hermano fue que era la prueba que le habían mandado superar para entrar en Varrios Lowside, la nueva banda del Lowside, solo otro infeliz más.

Ha pasado un mes desde aquello, según las estadísticas, los crímenes relacionados con bandas en Vice City en 2000, estaban solo un diez por ciento por debajo de los cometidos en Los Santos, tanto es así que la policía ha formado una unidad antibandas, dirigida por García, como no.

Por lo demás en Vice City todo sigue igual, Vercetti y Guerrero dominan la ciudad, por fin han echado a esos malditos punkis de Prawn Island y han empezado a edificar.

Vice City, playa, lujo, riqueza y glamour ¿Les sigue viniendo eso a la cabeza al oír Vice City? Esta historia es la otra cara de la moneda, solo una historia más de los suburbios de Vice City, en los noventa.

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