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"Tres Historias sobre la Misma Historia" es una historia creada por el usuario y escritor GalileoDaVinci para la Grand Theft Encyclopedia el 15 de noviembre de 2016.



Los Santos, 2012. Enfrente de la sucursal del Lombank de Rockford Hills, un Windsor blanco con vidrios polarizados estacionó. Dentro del auto, dos jóvenes hombres afroamericanos se colocaron sus capuchas.

¿?: ¿Estás listo, Paul?

PAUL: Claro, Maurice. Vamos.

MAURICE: Un momento. Ponte tu pañuelo.

Ambos se colocaron unos pañuelos verdes que les cubrían la nariz y la boca. Salieron del auto imponentemente. Entraron al banco empujando ferozmente las puertas, y ni bien estas se cerraron, sacaron sus 9mm. La gente gritó, y Paul, mientras les apuntaba, los hacía ir al suelo, con las manos en la nuca.

PAUL: ¡Todos al suelo! ¡No queremos héroes!

Mientras Paul hacía esto, Maurice se dirigió hacia la caja. La joven empleada, que estaba a punto de llorar, tenía las manos arriba. Maurice le apuntó

MAURICE: Eres muy bonita para morir así. Dame el dinero.

CAJERA: Está... en la cámara blindada.

MAURICE: ¿La abrirás para mí?

La cajera titubeó. Maurice le apuntó a la cabeza y su tono se hizo mucho más serio.

MAURICE: ¿Sí o no?

PAUL: ¡Abre la maldita cámara, estúpida! ¡No vale la pena morir por un dinero que ni siquiera es tuyo!

La empleada salió del cubículo y caminó por un pasillo detrás suyo, con las manos arriba y apuntada por Maurice. Hacia el fondo del pasillo, doblando a la izquierda y bajando por una escalera, había un sótano, dónde estaba la cámara.

MAURICE: Vamos, pon la clave.

La cajera escribió la clave y se abrió automáticamente la puerta blindada, gruesa como un torso humano. Luego, se corrió a un costado para dejar pasar a Maurice.

MAURICE: Oh, no, nada de eso, querida. Tú misma meterás el dinero en este bolso. Vamos, rápido. Que no tengo todo el día.

Maurice le entregó un bolso negro. Una por una, la cajera fue vaciando las cajas de seguridad. Cuando terminó, cerró el cierre del bolso y se lo entregó a Maurice. Mientras tanto, arriba, Paul se encargaba de apuntar a cada rehén. Pero, de repente, uno se levantó y se abalanzó sobre el cubículo dónde antes estaba la cajera. A la velocidad de la luz, apretó el botón para llamar a las autoridades.

PAUL: ¡Hijo de puta! ¡Te dije!

Paul le disparó dos veces, y el rehén cayó muerto sobre la computadora. Los demás clientes se asustaros, gritaron y entendieron que no había que meterse con estos ladrones. Pero era tarde. La policía estaba en camino.

PAUL: ¡Vamos, Maurice! ¡Viene la policía!

Maurice apareció corriendo por el pasillo, con el bolso y la pistola en mano.

MAURICE: ¡Idiota! ¡¿Dejaste que llamen a la poli?! ¡Vamos!

Salieron corriendo del banco. Las sirenas se escuchaban no muy lejos. Deberían de estar a un par de cuadras. Cruzaron la calle esquivando autos y se metieron en el Windsor velozmente. Maurice encendió el auto y estaba por arrancar cuando Paul escuchó un ruidito. El bolso estaba sobre el regazo de Paul.

PAUL: ¿Qué es ese tic-tac? ¿Viene del bolso? ¿Puede ser... ¡Oh, no!

Entonces, explotó la bomba de tinta, que debía estar entre los fajos de dinero. La tinta arruinó el dinero y manchó las caras de ambos, al igual que el parabrisas del auto.

MAURICE: ¡Mierda!

La policía ya los estaba rodeando. Los agentes bajaban y les apuntaban sus armas.

POLICÍA: ¡Salgan con las manos a la vista! ¡Ya!

No tenían otra salida. Paul y Maurice bajaron como ordenó el policía. Luego, dos agentes procedieron a arrestarlos. Una hora después, estaban ambos en una celda de la comisaría de Los Santos. La celda era bastante precaria: había dos literas con una fina y sucia sábana. La compartían con otro prisionero, un hombre de poco menos de cincuenta años, aunque parecía de más. Vestía unas ropas descuidadas y una barba que no afeitaba hace días. Además, tenía poco pelo. Ninguno de los tres había dicho una palabra. Cuándo pasó un policía de guardia, el otro prisionero se acercó a los barrotes.

¿?: ¡Oye! ¡Por lo menos tengo derecho a un cigarrillo! ¡¿No?!

POLICÍA: No. No lo tienes, Shavitz.

Entonces, Maurice se acercó a los barrotes, al lado de Shavitz.

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