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Mural Historia Oda a Liberty City

Preludio

Dicen que la música amansa las fieras; en ese caso ¿podría la música amansar a una ciudad que parece que está viva? ¿podría la música cambiar los acontecimientos, no de una, sino de varias vidas? La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo, decía Platón. Y que razón tenía. Veremos si es verdad que la música lo puede todo; incluso cambiar el mundo.


Capítulo 1 “Un sueño”

Dillon Street-GTA IV

Dillon Street, la calle donde vive Miley

Miley Cyrus no podía decir que tenía una vida de lujo porque en realidad estaría mintiendo descabelladamente; su vida había sido un cúmulo bien ordenado de desgracias ininterrumpidas, cada cual más desgraciada si cabía. Nació en una calle apartada que conseguía pasar desapercibida a los ojos de la gente normal de Broker, en Liberty City; la calle en cuestión era Dillon Street y se destacaba por ser una mini calle propiamente dicha entre Seneca Avenue y Cayuga Avenue, nada que los ojos de un respetable rico pudiesen no ver.

Su madre, Leticia Cyrus, murió a los pocos días de que ella naciera y la pequeña Miley se quedó con el fracasado de su padre, Billy Ray Cyrus; todo el barrio, desde Playa de Hove hasta Schottler, donde ellos vivían, lo sabía y además le conocían como Cyrus “el condenado”. Sobrevivía a duras penas y con su hija a cuestas, que ya era decir. Hacía todo lo que caía en sus manos y para quien fuera, con tal de ganarse unos pocos dólares y dar de comer a su hija, a la que casi siempre usaba, tanto para excusarse como para ganarse algo más de dinero y gastarlo en si mismo.

Pero Billy estaba lo suficientemente ciego como para no darse cuenta de que su hija poseía un talento natural para la música; se sabía todo el repertorio de Radio Broker, su emisora preferida, y cantaba todas sus canciones de forma distendida y abierta, como si fuera lo más normal del mundo; sin embargo, en el barrio la conocían bien gracias a eso y muchas abuelas la aseguraban de que tendría un futuro brillante en el mundo de la música. Pero ella no pensaba así y teniendo en cuenta que su padre iba a lo suyo y a penas podía costear su instituto, era imposible todo lo que la decían; adoraba cantar, sí, incluso su mayor sueño era convertirse en una famosa cantante en Liberty, pero enseguida se desengañaba. A sus diecisiete años no podía aspirar a mucho más con un padre que sólo sabe meterse en problemas.

En ese momento estaba escuchando música en su MP4, tumbada en la cama y pensando en un futuro incierto; en ese momento oyó la puerta abriéndose.

  • Hablando del rey de Roma…-pensó ella, hastiada.

Por un momento rezó por que su padre no fuera lo suficientemente borracho como para que le mandara a otro de sus estúpidos recados y encargos, que mayoritariamente trataban de sacarle las castañas del fuego; estaba tan acostumbrada ya que había desarrollado cierta capacidad asombrosa, que consistía en conseguir convencer a cualquiera sin ni siquiera amenazar, insultar o intimidar con un arma. Una de sus hechizantes miradas bastaba para hacer entrar en razón incluso hasta el más tozudo traficante. Pero ella prefería mantenerse al margen de la mierda de su padre, como ella normalmente lo denominaba.

  • Miley cariño, haz un favor a tu querido padre…-musitó Billy, felizmente ebrio.

La chica contuvo un respingo, algo harta de la situación.

  • ¿Qué quieres?-inquirió ella.
  • Verás cielo, papá ha estado haciendo un par de favores a un tipo de lo más majo… pero resulta que ahora me pide algo que yo no tengo y me ha estado presionando. ¿Podrías convencerle tú como hacía tu madre antes conmigo?-preguntó Billy, tartamudeando.

Miley le fulminó con la mirada y su padre sonrió tontamente.

  • Sí, algo así… Dios, que guapa es mi niña, joder…-musitó.
  • Está bien… ¿Quién es?-inquirió la chica, en un prolongado suspiro.
  • Es un tipo moreno, con pelo a lo afro y pintas de rapero… llevaba una camiseta azul, con tirantes, con una inscripción de lo más rara. Algo así como MOB-explicó.
  • ¿MOB? ¿MOB? ¡Oh, venga ya, papá! ¡¿Te has metido con uno de los Money Over Bullshit?! ¡¡Eres un idiota!!-le espetó ella.
  • ¿Por qué? Me propusieron una compraventa de lo más interesante que no podía rechazar-murmuró, con parsimonia.
  • ¡Ya, claro, con bienes robados! Menos mal que no es una banda con influencia, creo que podré sacarte de esta… aun así eres un idiota-añadió Miley.
  • ¿Pero por qué, cielo? Yo hago todo esto por tu bien, para que no te falte de nada… ese MP4 te lo regalé yo…-quiso justificarse Billy.
  • ¡Y una mierda, este MP4 me lo regaló una amiga por pura caridad, no tienes ni el dinero suficiente como para comprarme una tele nueva! ¡De hecho llevo escuchando las mismas canciones desde siempre porque no tengo un ordenador con el que meter más! ¡Eres un fracasado que no puede ni manejar su mierda y deja que su hija de diecisiete años te los resuelva por ti!-le espetó ella.

Tenía ganas de soltárselo y se quedó muy a gusto; Billy se la quedó mirando, con los ojos entornados e hipando débilmente. No se dijeron nada más y Miley se fue de allí, algo cabreada y con ganas de darle patadas a todo lo que se le pusiera por delante; por olvidarse de todo, se puso los cascos y se sumergió en su mundo, con canciones pop.

Sin pensarlo mucho siquiera, se dirigió a la estación de metro de Schottler para ir hacia Apartamentos Firefly, donde los Money Over Bullshit solían estar afincados; se conocía muy bien las bandas que controlaban por partes todo Broker, no porque quisiera, sino porque eran de dominio público. El viaje fue algo largo, pero se le pasó enseguida con la música; en cuanto llegó al lugar, rodeó el primer bloque de apartamentos y al lado de un pequeño parque para niños se encontró con un grupito de varios integrantes de la banda.

  • Perdonad… ¿alguno de vosotros ha hablado recientemente con Billy Ray Cyrus?-inquirió ella.
  • ¿Cyrus “El condenado”? ese capullo tiene una cuenta pendiente con el menda-soltó un chico, que encajaba con la descripción que le dio él.
  • Es mi padre-anunció ella.

Los miembros del MOB se miraron entre sí y soltaron una sonora risotada.

  • Vaya, vaya, el condenado de Cyrus no sabe hablar y envía a su hijita-soltó uno de ellos.
  • Huevón, huevón, huevón-añadió otro.

El chico le miró, con una mirada suspicaz y animándola a decir algo al respecto; Miley sonrió levemente y se acercó a él, sin miedo.

  • Mira tío, para ser francos mi padre hace lo que puede y en ocasiones llega a ser un completo garrulo; no sé que tendréis entre los dos, pero sea lo que sea lo más probable es que no pueda pagarlo. El pobre diablo no da para más-explicó Miley, con calma.

El chico la miró con sorna y soltó.

  • Oh ¿de veras? Pues peor para él, porque lo lamentará y pobrecita de ti, te quedarás huérfana de padre.
  • ¿De veras?-inquirió ella, ladeando la cabeza y poniendo su sonrisa.
  • Pues sí, ya lo… creo… que sí-musitó el chico.

Miley no sabía bien por qué su sonrisa provocaba ese efecto, pero lo cierto era que funcionaba siempre, por muy malote que fuera el infrascrito de turno; el chico se quedó como alelado y por un momento le resbaló todo lo que dijo.

  • Venga, los dos sabemos que mi padre en el fondo es un idiota integral… te digo yo que no podrá pagar aunque pudiera, no hagamos las cosas más difíciles. Déjalo tranquilo, por favor-pidió ella, con voz angelical.

El chico no pudo decir que no y ella se marchó, satisfecha; no sabía bien el por qué de que su nombre fuera Miley, según le contó su padre fue su madre la que tuvo la idea del nombre, ya que siempre decía que la veía sonriendo desde que nació. Y lo más probable es que fuera eso.

Capítulo 2 “Meowingtons hax double tour”

Una mesa de estudio abarrotada con teclados y sintetizadores era captada por una webcam que no parecía estar grabando nada; la estancia estaba vacía y no había un alma cerca. En ese justo momento entró en escena un hombre joven, de facciones rectas, piel blanca y mirada alegre; llevaba una gorra puesta y exclamó.

  • ¡Ey, tíos, estoy de vuelta otra vez, perdonad la tardanza!

El chico contempló la pantalla del ordenador y no tardó en contestar a su anterior comentario.

  • Ya, no es nada serio, tenía varias cosas que hacer fuera… hacer la compra y ese tipo de cosas, aburridas, en parte…

No pasaron ni dos segundos cuando respondió a una especie de pregunta.

  • ¿Qué como puedo estar en Ustream y Stickam al mismo tiempo? No es difícil, es como remixear un antiguo tema, sólo que hay que tener un cuidado tremendo… también estoy en myroomonline.net.
Www.myroomonline.net

Deadmau5 también posee una cuenta en myroomonline

En esos justos momentos, un gato saltó al regazo del chico y exclamó.

  • ¡Oh, es el profesor Meowingtons! saluda, profesor.

El chico cogió en brazos al gato y lo mostró ante la cámara.

  • Es largo… y ancho… ja, ja-rió, divertido.

El gato maulló débilmente y el chico aprovechó la situación.

  • ¿Cómo dice, profesor? Ajá… ajá… vaya ¿en serio? ¿De verdad? Uy, pero esto tenemos que anunciarlo ¿no?

Por un momento parecía que nadie más comentaba o hacía algún apunte, pero al poco rato de decirlo, el chico anunció.

  • Eh, sí, vale, por petición del profesor Meowingtons os complazco en anunciaros que dentro de dos escasas semanas comenzaré un nuevo tour llamado Meowingtons hax double tour con el siguiente recorrido: Carcer City-Bullworth-Liberty City-Cottonmouth-Vice City-Nueva Orleans-Austin-Las Venturas. Estamos muy contentos de anunciarlo, el profesor Meowingtons lo secunda y os animo a que invitéis a todos vuestros amigos, les guste o no Deadmau5.

El chico esperó a las reacciones y soltó una risotada.

  • Sí, a veces me viene bien que me llamen Deadmau5 y otras veces Joel Zimmerman, pero en realidad me da igual-murmuró, acariciando el gato en su regazo, el cual comenzó a ronronear suavemente.
  • Ya sé que parezco un mafioso, pero en realidad no quiero dar esa sensación… pero bueno, me voy a poner e trabajar en el próximo tema, igual lo toco para el tour. ¡Nos vemos, chavales!-exclamó Joel, antes de apagar su cámara.

Capítulo 3 “La música de los cielos”

El atasco en la Autopista Algonquin-Dukes comenzaba a alcanzar proporciones descomunales; y daba gracias a que al menos no era hora punta, que si no… Miró su reloj de nuevo, las siete y media de la tarde, el sol comenzaba a ponerse, tiñendo de un rojo anaranjado el skyline de Algonquin. Muy al fondo, tras la maraña de coches, se podía ver la silueta del puente de Algonquin.

  • Tardaremos un poco más, señor Mottram; me dirigiría a la próxima salida, pero no me dejan pasar…-murmuró el chófer, haciendo sonar el claxon con fuerza, para descargar su frustración.
  • No pasa nada, Alfred, tómate tu tiempo-murmuró el tal Mottram, repasando unas notas de su cartera.

Habían necesitado dos años justos para restaurarlo por completo y por fin estaba listo, al menos él, una de las piezas claves de la catedral; pero por desgracia, su hermano pequeño no podía decir lo mismo. Las diferencias eran tangibles, y él lo sabía bien; después de todo, el del coro tenía un total de 3920 tubos y el de la Gran Galería, 5918. Y sin embargo, era más pequeño en cuanto a tamaño. El órgano del coro de la catedral de Colón tenía bastante más fama, sobre todo entre el gremio de músicos y organistas, tanto nacional como internacional. Y a él, Paul Mottram, avezado compositor inglés, le habían pedido por favor que supervisara las obras de restauración del órgano de la Gran Galería mientras hacían los últimos retoques al del coro. El órgano del coro era grandioso, majestuoso y muy fino en bastantes sentidos; con un total de cinco teclados, pedalero y dos docenas de registros, cautiva los sentidos y engrandece el alma. Para él sería más que un honor llegar a tocar algo en él. Una foto acompañaba a su ficha y se quedó un buen rato admirándolo.

Órgano de la catedral de Colón-Historia Oda a Liberty City

Órgano del coro de la catedral de Colón

Varios minutos más tardaron en atravesar el tráfico y el puente de Algonquin; una vez que entraron en el distrito fueron más rápidos y llegaron enseguida, Alfred le dejó al lado de la puerta principal de la catedral, la cual se encontraba abierta.

  • Hemos llegado, señor-indicó.
  • Bien, aparca cerca, tengo que hablar un momento con el cura, espera aquí-indicó Paul, justo después.

Bajó del coche, un Presidente plateado, y entró en el templo; nada más cruzar el umbral, una música envolvente le atrapó y se quedó en suspenso por unos pocos segundos. No tardó ni dos segundos en identificar lo que sonaba, “Preludium und fugue in a Buxwv 153”, de Dietrich Buxtehude. Se detuvo para escuchar tan bella melodía que él conocía bien.

Buxtehude - Preludium und Fugue in a Buxwv 15306:21

Buxtehude - Preludium und Fugue in a Buxwv 153

Preludium und fugue 153, Dietrich Buxtehude

Una vez que terminaron, se recompuso enseguida y se dirigió al coro, donde algo le decía que el cura estaría allí; era sorprendente como la música que desprendía el órgano en cuestión te atrapaba y te hechizaba, como si fuera un embrujo de magia negra. Encontró las escaleras que daban al coro y vio al cura, junto con una persona más, que era la que estaba tocando.

  • ¿Cómo lo ve, señor Johns, están todos correctamente afinados?-inquirió el cura.
  • Si, casi todos-anunció el tal señor Johns.
  • Tú también lo has notado ¿verdad? Debe de ser un tubo pequeño, apenas audible, a una escala lo suficientemente alta como para que los mortales como nosotros podamos oírlo… ¿si sostenido?-se aventuró Mottram.
  • No vas mal encaminado, Paul… gracias por venir-agradeció el señor Johns, dándole la mano.
  • Padre Peaceful, le presento a Paul Mottram, un compositor inglés de renombre, virtuoso del órgano-hizo las presentaciones el señor Johns.
  • Encantado… no sabía que conocería al señor Johns-murmuró Peaceful.
  • Por supuesto, Lucius Johns, uno de los pocos afinadores de órganos que yo conozca…-afirmó Mottram.
  • Aunque que yo sepa, el enfermito está en la Gran Galería-recordó Mottram, divertido.
  • Así es, aunque he creído conveniente hacerle un diagnóstico a este pequeño primero, nos conviene que le joya siga lozana ¿verdad, padre Peaceful?-inquirió Johns.
  • Oh, ya lo creo, me gustaría que las obras acabaran lo antes posible, estoy planeando un concierto de órganos para la semana que viene y va a venir una artista de renombre para tocar éste en concreto-explicó el cura, señalando al instrumento.
  • Ya veo… aun así no es el órgano del coro el que nos preocupa, ya afinaré ese tubo rebelde después, ven conmigo Paul, has de ver el de la Gran Galería-le indicó Lucius.

Dicha galería estaba al lado del altar, junto a una talla del S XV; el órgano ocupaba parte de un mueble empotrado que se elevaba hasta poco más sobre las trompas de la bóveda. Nada más verlo, Paul supo que debían de trabajar muy duro si el cura quería realizar su concierto de órganos a tiempo; los tubos exteriores estaban algo deformados y cubiertos de una capa muy ligera de óxido, se podría entrever polilla entre los agujeritos que poseía la caja de madera y algo le decía que en el interior los tubos debían de estar criando polvo en cantidades industriales.

  • He visto órganos en peores situaciones, esto es en parte una vergüenza y por otra, inadmisible-dijo Paul con mucha calma.
  • Lo sé, señor Mottram, pero es que ya sabe… el presupuesto, el cepillo, que si los impuestos al obispado…-murmuró el cura, algo intranquilo.
  • Claro-musitó Paul, conteniendo su verdadera opinión.

Lucius y Paul quedaron para mañana por la mañana, ya que debían de calcular el presupuesto y estimar las posibilidades.

  • Los artesanos vendrán mañana por la tarde, a eso de las cinco y media, le espero-dijo el cura.
  • Muy bien… hasta mañana Lucius-se despidió.
  • Adiós, Paul.

El compositor salió de la catedral y regresó al coche, Alfred le esperaba.

  • Usted me dirá, señor.
  • Vamos al hotel, estoy cansado-indicó Paul.

Y entre el ruido del tráfico de Liberty y la radio, se quedó dormido.

Capítulo 4 “ClaudeGTA3

Esa tarde era una de las pocas en la que el comisario del distrito de Dukes salía antes de tiempo; y no por alguna razón en concreto, sino porque ya era habitual en él, por algo era el comisario. Pero salvo por esa tonta manía, no se le ocurriría abusar de su posición. Es un hombre de leyes y debía de cumplirlas.

  • Comisario, espere, antes de que se vaya tiene que ver los últimos informes-le dijo una de sus agentes.
  • A ver… espero que no toque revisión en ningún caso…-murmuró Claude, entornando los ojos.

Exceptuando a los Spanish Lords, que como siempre tenían su tráfico habitual de drogas y estupefacientes, había sido un día muy tranquilo; dos robos en Meadows Park y un tirón en el aeropuerto, rápidamente neutralizado por los agentes de la zona. Realmente tranquilo.

  • Vale, si ha estado así de despejado la noche será una fiesta; gracias, Margo-agradeció Claude antes de irse.

Se dirigió al parking trasero de la comisaria, se montó en su Buffalo negro, arrancó y se encaminó hacia su casa, en Colinas Meadow; Claude podía decir sin ningún tipo de duda que le gustaba su trabajo y disfrutaba cazando a maleantes y delincuentes. La ley es como un brazo que no se puede torcer, implacable e inflexible, y Claude se situaba en el antebrazo. Encendió el lector de CD y nada más hacerlo, el cubículo del coche se encontró inundado de música metal, específicamente “Peace Sells” de Megadeth. a un volumen muy por encima del estimado para la salud auditiva; en cuanto paró en un semáforo, puso los brazos en jarra y simuló estar tocando una guitarra eléctrica, a la vez que cantaba lo suficientemente alto como para igualar al volumen que tenía puesto. Y así, disfrutando de su género favorito, se encaminaba hacia su casa.

Peace Sells - Megadeth (Lyrics Included)04:01

Peace Sells - Megadeth (Lyrics Included)

"Peace Sells", Megadeth

Capítulo 5 “RickLB

Jetmax GTA IV

Rick trafica con lanchas como esta

La superficie del agua del West River reflejaba la luz anaranjada del atardecer, dándole al agua un toque bastante artístico; una lancha Jetmax rompía las aguas al pasar y el runrún del motor apenas era audible. La conducía un chico joven, con unas gafas de sol puestas y una melena morena azotada por el viento.

  • Sí tío, la tengo… para nada, ha sido facilísimo… la guardia costera no pescaría ni un arenque en estas aguas, ¿estás de guasa?-inquirió, hablando por teléfono.

Se quedó en silencio por unos segundos y finalmente contestó.

  • Vale, mientras cobre lo estipulado… ¿dónde te la dejo? ¿En el muelle noroeste de la isla de carga?

Otro silencio breve cayó sobre él, pero contestó enseguida.

  • Ah, vale… sí, sé donde está. Hasta ahora-se despidió, colgando.

Rick, o Ricky para los amigos, se consideraba el único “autónomo” que se dedicaba a la sustracción de lanchas lujosas para su posterior reventa a precios más amoldados para los bolsillos no tan afortunados. O más fácil, robo de lanchas a mano no armada y con toda la cara que alguien puede tener. Atravesó lo que le quedaba de West River, bordeó la isla de la Felicidad, donde ya comenzaban a iluminar a la estatua, y viró a estribor. Finalmente dejó amarrada la lancha a un muelle cercano a la central nuclear del Polígono Industrial de Acter y escondió las llaves cerca de unos matorrales medio secos; justo al lado vio un Intruder de color oscuro aparcado y con las llaves puestas, listo para una huida precipitada.

  • Qué bien me cuida… como se nota que me quiere-pensó Rick, esbozando una sonrisita.

Montó en él, arrancó el motor y se alejó del lugar; encendió la radio y sintonizó K109 The Studio, su emisora preferida. Y tarareando “Under Water” de Harry Thuman, desapareció entre las refinerías.

Harry Thumann - Under Water03:24

Harry Thumann - Under Water

"Under water", Harry Thumann

Capítulo 6 “Sg91

El comisario del distrito de Algonquin me esperaba cerca de la comisaría de Middle Park Este, en un parking subterráneo que había al lado; huelga decir que necesitaba mi testimonio tanto como yo necesitaba la pasta que me pudiera ofrecer, evidentemente. Yo no me voy de la lengua para no obtener un beneficio a cambio; el trabajo de chivato es muy duro y arriesgado, medio Algonquin me la tiene jurada y el cerco se me estrechaba cada día más y más. Un día de estos me tendré que mudar o bien a Broker o a Bohan; puestos a comparar prefería Broker, pero Bohan era ideal para pasar desapercibido entre tanta mierda. Como bien dijo en su día mi maestro, Johnny Chivatony, más vale una huida precipitada que una huida poco ortodoxa; y es que cuando tu pellejo es el que está en juego, todo lo demás te la suda, la verdad. No tardé mucho en llegar al sitio, en la esquina más alejada y oscura del parking vi un Perennial color grisáceo, en el cual se podía entrever una sombra en el asiento del conductor; me dirigí a él y me senté en el asiento del copiloto.

  • Comisario Expicport, me alegro de verle… a usted y su maletín-murmuré, mirando de reojo al susodicho en el asiento trasero.
  • Eres un cabrón muy observador, Sg91… si no fuera porque eres uno de los chivatos más eficaces de la ciudad, no dudaría en meterte entre rejas-anunció.
  • Oh, vamos, los dos sabemos que ese lugar es sólo para los verdaderos cabrones de la ciudad; si lo mira desde otra perspectiva, yo colaboro en que esta alegre ciudad sea un poco más segura ¿no le parece?-inquirí, de forma pausada.

El comisario me miró por un momento y murmuró.

  • Siempre has tenido mucha labia…
  • Lo sé-asentí.

Nos quedamos en silencio por unos pocos segundos y finalmente saltó.

  • Dejémonos de formalismos, dime lo que necesito.
  • Claro que sí… ¿sabía, comisario, que los Spanish Lords están haciendo tratos con los Messina? Al parecer quieren estrechar lazos con sus amigos italianos y sacar tajada de un negocio más mayor y lucrativo-dije, como quien no quiere la cosa.
  • Deja de irte por las ramas y cuéntame lo que necesito saber… ¿drogas, armas, algo que no sepa?-inquirió él.
  • Drogas, aunque no de cualquier droga que usted y yo conozcamos. Quiero decir que no es nada de cocaína, anfetas ni heroína, es algo… nuevo-anuncié, poniendo tonito.

El comisario Expicport me miró de hito en hito y dijo con un hilillo de voz.

  • ¿Una droga nueva?
  • Eso es; no he podido descubrir mucho más, pero todo lo que sé es que la producen en Colombia, pasa por Vice City y se desvía hacia San Andreas y hacia aquí. Le daría su nombre, pero es que no lo sé-murmuré, tamborileando los dedos en el salpicadero.
  • ¿Y algún nombre que deba saber?
  • De los que usted conozca, todos, pero he oído hablar de un hombre, al parecer colombiano y que es el enlace entre EEUU y Colombia-murmuré.
  • ¿Sí?-inquirió Expicport con impaciencia.

Le miré fijamente y dije.

  • Santos Guardado

El comisario se quedó en silencio por un momento, sopesando el nombre.

  • No me suena, miraré en nuestra base de datos pero…
  • Si quiere mi opinión, deberían acotar la búsqueda de ese hombre en Vice City, como bien sabe es el principal punto de distribución desde América latina y un importante bastión-recordé.
  • Está bien, lo tendremos en cuenta… gracias por todo, Sg-agradeció el comisario.
  • A mandar… ¿lo mío?
  • Sí, sí, aquí lo tienes-asintió, dándome el maletín.
  • Que bien nos entendemos, comisario-murmuré divertido, mirando de forma rápida el contenido.
  • Si te enteras de más, ponte en contacto conmigo-pidió.
  • Sí, ya le avisaré.

Salí del coche y el comisario se fue en menos de cinco segundos; me quedé solo en el parking y salí de él con mucha discreción, en un callejón colindante estaba mi Premier azul y me volatilicé tan rápido como el comisario. Puse mi emisora favorita, Electro-Choc y me fui de allí al ritmo de I Though Inside Out, de Deadmau5 y Chris Lake. Me encanta el trabajo bien hecho.

GTA 4 "Electro-Choc" Chris Lake & Deadmau5 I Thought Inside Out07:41

GTA 4 "Electro-Choc" Chris Lake & Deadmau5 I Thought Inside Out

"I thought inside out", Deadmau5 & Chris Lake

Capítulo 7 “Un largo camino”

Miley no destacaba especialmente en el instituto al que iba, aunque tampoco era esa su intención; como su padre sólo puede pagar lo esencial (plaza y poco más) tenía que buscarse la vida con los libros y demás materiales. Tenía que comer en casa y a veces comía fuera. El instituto se situaba en las lindes de Downtown Broker con Dukes, en la intersección con BOABO y tenía el nombre de IES Sir William Broker III, el famoso hijo bastardo del rey de Inglaterra, del cual adquiría el nombre del distrito desde tiempos de la ocupación inglesa allá por 1664.

Miley no se consideraba mala estudiante, pero le faltaba tesón para hacer las cosas; las únicas asignaturas en las que más destacaba eran Historia y sobre todo Música, donde tenía a su profesora subida a una nube gracias a ella. La profesora Score era de esas personas que cuando se proponen algo lo consiguen, por mucho tiempo que les lleve hacerlo; y por supuesto, se había dado cuenta del tremendo talento de la chica y trataba de sacarlo adelante aconsejándola y echándola una mano en todo lo que necesitase. Sin embargo, no podía ni con las matemáticas ni con física y química, las cuales la costaron un curso que tuvo que repetir porque a su tutora se le antojó; de hecho, ya debería de estar en 1º de Bachillerato pero por culpa de las malditas ciencias aplicadas continuaba en 4º de ESO. Y eso mismo la quemaba y la tenía bastante desanimada, casi todas sus amigas habían pasado a un curso mayor y ella se había quedado atrás, junto con una chica a la que no consideraba del todo su amiga cuando ella pensaba todo lo contrario; era una plasta de cuidado y no sabía hablar de otra cosa que no fuera Japón y todas sus cosas maravillosas como sus mangas y animes. Se llamaba Lucy Cartwright y según ella iba a cambiarse el nombre por Rukia, ya que le gustaba mucho más; en resumidas cuentas, era una otaku de cuidado.

  • ¿Viste el último episodio remasterizado de Saint Seiya? Ah, y Arashi ya ha sacado su nuevo single, “Happiness”-decía ella, mientras salían de clase.
  • No Lucy, ya te he dicho que no me gustan esas cosas…-murmuró Miley, con mucha paciencia.

No se atrevía a decirla que la dejara un rato en paz porque no la aguantaba; pensaba que igual con un poco de ignorancia por su parte se callaría, pero la pobre no daba para más. En ese momento estaba a dos pasos mal contados de la puerta de salida, ya que era hora del recreo; la puerta se cerró de golpe desde afuera, Miley fue a abrirla cuando un brazo fuerte y recio se interpuso y la abrió.

  • Pasa-indicó una voz.

Ella alzó la vista y vio a un chico bastante alto, de pelo corto, rubio apagado, de ojos oscuros y penetrantes; Miley se quedó mirándole como una tonta y por un momento no reaccionó.

  • Pasa, tú primero-insistió el chico.
  • Ah… sí, gracias-murmuró ella, entrecortadamente, como si le costara hablar de repente.

Lucy, que estaba detrás de Miley, se percató enseguida y la apremió.

  • Vamos tía, te está dejando pasar ¿a que esperas?

Miley se movió y el chico fue el último en salir, las dedicó una sonrisita y se despidió de ellas con la mano; ella todavía estaba en estado de shock y no salió de él hasta que Lucy la picó.

  • Vaya, te has quedado en blanco con él ¿eh?
  • Pues… sí…-murmuró, con voz inquisitiva.

Lucy adivinó que era lo que realmente quería decir y la informó.

  • Es Liam Hemsworth, va a segundo de Bachiller y es el chico más popular, no sólo de su clase, sino de todo segundo; tiene a todas las chicas locas por él, si quieres mi opinión está fuera de tus posibilidades… y de las mías aún más.

Miley le había visto varias veces antes y se había quedado igual de tonta; no sabía quien era hasta ahora y siempre había querido saberlo. Pero ahora que lo sabía, lo sentía aún más lejano, como bien decía Lucy; si lo que quería era acercarse a el tendría que ser tan popular como la que más, pero por desgracia ella no era de esas chicas.

  • Venga, bajemos a la Tierra donde todo el mundo tiene algo que hacer-la animó Lucy.

A veces creía que “amigas” como Lucy sobraban, y mucho. El resto del día se le pasó muy lento y sólo se sintió mejor consigo misma de vuelta en casa; su padre no estaba, a saber donde andaba. Cuando se pasó por la cocina miró de reojo el calendario y se dio cuenta del día que sería mañana; en cuanto volvió a su habitación, sacó una carpeta donde ella guardaba futuras canciones suyas, todas escritas por ella y algunas en periodo de corrección. Seleccionó una en concreto y la estuvo mejorando un poco, cambiando algunas estrofas y mejorando los tonos finales; se quedó dormida corrigiendo las últimas notas finales.


Capítulo 8 “Tubos y rosas”

Liberty City amaneció nublada y con temperaturas algo frías para un 8 de abril de 2009; Paul Mottram se despertó muy temprano, ya que había quedado con Lucius a eso de las ocho y media para evaluar las posibilidades con el órgano de la Gran Galería. Se alojaba en el hotel Niçoise, que estaba a un tiro de piedra de la catedral y tenía los precios más razonables para la actual temporada de primavera; quería una habitación con vistas al Middle Park en el Majestic, pero los precios estaban por las nubes y se conformó con el Niçoise. Bajó al bufet a desayunar rápidamente y se encaminó hacia la catedral; había dado día libre a Alfred puesto que algo le decía que se pasaría todo el santo día en la catedral. Tras un breve paseo por la avenida de Colón, llegó al lugar y encontró a Lucius dentro del órgano de la Gran Galería, farfullando por lo bajo.

Órgano de la Gran Galería de la catedral de Colón-Historia Oda a Liberty City

Órgano de la Gran Galería de la catedral de Colón

  • Esto es un auténtico desastre… está lleno de mierda, joder… estos tubos no pueden sonar a estas alturas… coj, coj, coj-se le oyó toser.
  • ¿Lucius?-inquirió Paul.
  • Aquí dentro, Paul… vas a alucinar con lo que tenemos-indicó el aludido.

Encontró la puerta y se encontró con lo que bien se esperaba; polvo por todas partes y tubos desgastados.

  • Vamos a tener que desmontar los tubos y afinarlos uno por uno… y limpiarlos primero-añadió Paul.
  • Y no has visto los fuelles, parecen coladores-musitó Lucius, saliendo del cuartito de los fuelles.
  • Aquí hay un trabajo de meses… ¿y el padre Peaceful pretende que esté como nuevo para la semana que viene? Lo dudo mucho-comentó el compositor.
  • Sí, pero es el que paga y quiere resultados… ¿cómo lo ves?-inquirió Lucius.
  • Jodido.
  • Ya, eso ya lo sé, me refiero en cuanto estimaciones-se corrigió él.

Paul lo miró todo por unos pocos segundos, pensando detenidamente, y al final dijo.

  • Pues mira… limpiarlo todo, afinar, reparar fuelles, caja, teclados y pedalero, revisar registros y un muy posible cambio de tubos… más de 500000 dólares seguro.
  • Puf, espero que el obispado tenga seguro-murmuró Lucius con tonito chotero.

Estuvieron toda la mañana arreglando los desperfectos que ellos podían manejar y limpiando el interior, los tubos a los que podían acceder y algunas teclas de los teclados; gracias a Dios el pedalero estaba intacto y excepto dos registros, el resto seguían enteros. Desmontaron los tubos más viejos y oxidados y marcaron los que podían ser afinados de nuevo; el resto debían de ser cambiados.

  • ¿Conseguiste afinar ese tubo rebelde, aquel del coro?-inquirió Paul, mientras sostenía un tubo de tres metros y medio de alto.
  • Sí, era uno de los más apartados, junto a los fuelles; era del tamaño de mi pulgar y acertaste, mamón, sí bemol en bajo-añadió Lucius, mientras desmontaba uno de los fuelles.

Paul esbozó una sonrisita de satisfacción.

  • Oye, siempre he tenido curiosidad por preguntártelo ¿eres de los que tienen un oído absoluto?-inquirió Lucius tras un buen rato callado.

Paul se lo pensó bien antes de contestar.

  • Más que un oído absoluto es oído sensitivo ¿sabes? Más o menos puedo identificarte una nota pero yo las suelo recordar sobre todo cuando están mezcladas entre sí en una melodía, yo no lo consideraría un oído absoluto… eso es muy difícil.

A la hora de comer fueron a un 60 Diner que caía cerca de la catedral y del Comité de Civilizaciones, en Albany Avenue; justo después Lucius se tuvo que ir, ya que había quedado con un amigo, miembro de la orquesta de Liberty. Dentro de unas pocas semanas iban a tener una nueva representación en el teatro de MeTV y quería que Lucius le aconsejara. Así que el resto de la tarde se las pasó él sólo, ultimando detalles; en cuanto llegaron los operarios pudo hacer el resto de cosas, se llevaron los tubos para afinar y los defectuosos y luego estuvieron tratando la caja de madera para quitarle la polilla. Les estuvo ayudando hasta las nueve y media de la tarde, cuando terminaron y se fueron para el siguiente día. Lucius le dejó las llaves a Paul para que cerrara la catedral, ya que ese día no había ninguna misa y tampoco horario de visitas; antes de irse, quiso darse un homenaje y tocó en el órgano del coro un tema mundialmente conocido: “Tocata y fuga en Re menor BWV 565”, de Johann Sebastian Bach.

Johann Sebastian Bach - Tocata y fuga en re menor BWV 56509:11

Johann Sebastian Bach - Tocata y fuga en re menor BWV 565

"Tocata y fuga en Re menor 565", Johann Sebastian Bach

Pero durante la interpretación notó algo raro, un extraño sonido en uno de los tubos.

  • Qué raro-pensó, mientras pasaba al teclado superior, a la vez que tocaba el pedalero.

Cerca de la última octava paralela pudo notar un La sostenido menor que no sonaba como debía.

  • Un momento-pensó Paul, repitiendo la octava.

En el momento justo que él esperaba, de nuevo volvió a pasar, ese La sostenido apagado.

  • Esto es raro…-se dijo Paul, continuando para no romper el hilo.

Una vez que terminó quiso ir a comprobar ese tubo, ya que se suponía que Lucius lo había afinado sin moverlo siquiera; abrió la puerta al interior del órgano y estuvo comprobando los tubos uno por uno, pero era muy difícil diagnosticar que tubo era el correcto. No pudo encontrarlo, pero lo que sí encontró fue algo más raro aún que le llamó la atención, y que por desgracia no pudo llegar hasta ello; vio una mancha blanca entre dos grupos de tubos, como si se hubiera caído un trozo de yeso desconchado. Pero lo gracioso era que no había yeso en la caja del órgano.

  • Mierda, no llego…-musitó Paul, extendiendo el brazo sin resultado.

Al final desistió, pero el asunto no le dejó en paz; cerró la catedral y se dirigió al Middle Park a dar un paseo y descansar un poco del duro trabajo que le esperaba en toda esta semana.



En cuanto acabaron las clases, Miley tomó el camino hacia su casa, pero pasando al lado del Centro Médico Schottler torció a la derecha en la siguiente calle y se dirigió a una floristería que ella conocía; allí compró un gran ramo de rosas rojas y echó a andar en dirección hacia Meadows Park. Pasando por Livingston Street, se encontró con su padre, el cual cargaba unas cajas.

  • Hombre, hija, hola-la saludó.
  • Vaya, aquí andas, no te he visto desde ayer…-le reprochó ella.
  • Es que he estado ocupado… mira, ese tipo de ahí me va a pagar por llevar unas cuantas cajas; igual me contrata y todo ¿no? Je, je… transportista, no está mal…-murmuró Billy, sin saber bien que decir.

Miley le miró por un momento y quiso recordarle lo bajo que había caído, pero se contuvo; hasta los idiotas tienen dignidad.

  • Vaya ¿a dónde vas con esas flores?-inquirió él.

La chica se quedó en el sitio durante unos ínfimos segundos, lo taladró con la mirada e inquirió.

  • ¿Tu sabes acaso que día es hoy?
  • Pues…-balbuceó Billy.

Miley se quedó indignada con él; no se esperaba tamaña indiferencia por su parte en esto.

  • Eres un auténtico capullo-le espetó, con un deje de furia, antes de irse y dejándolo en el lugar.

Apretó el paso hasta llegar a la iglesia de Meadows Park; pasó por una pequeña verja y entró en el cementerio, donde estuvo paseándose hasta dar con la tumba que buscaba.

Cem ig dukes

En el cementerio de Meadows Park es donde está enterrada la madre de Miley

En ésta ponía: “Leticia Cyrus 1947-1992 Madre querida, esposa fiel”; la estuvo limpiando un poco, la foto y la inscripción y colocó las flores en su sitio, tirando las viejas, que ya estaban secas y marchitas.

  • Hola mamá… ha pasado otro año ya; parece que ha sido ayer ¿eh? Ni siquiera tuve la oportunidad de conocerte mejor-murmuró en voz baja.

El silencio se echó encima de ella como una losa pesada; ella siguió.

  • Yo estoy bien… bueno, dentro de lo que cabe; las clases bien… y mis sueños siguen siendo imposibles de alcanzar. Papá, ese tarado que tenías por marido, sigue como siempre, apenas existo para él; ¿te puedes creer que olvidó por completo que hoy hacías 17 años? Capullo sin razón…-musitó ella, con el cabreo aún presente.

Se tomó uso segundos antes de seguir y luego continuó.

  • Mira, te he hecho una canción para ti… si llego a alcanzar la fama aquí, cosa que dudo, la incluiré en un álbum dedicado a ti. Te la canto ¿vale?

Se sacó la carpeta de la mochila, cogió el papel y comenzó a cantar, aclarándose la voz primero.

“Nunca llegué a conocerte, lo sé
Pero eso no es ningún impedimento para que te quiera.
Veo nubes, montañas y ríos en mis sueños y luego, te veo a ti
Sin separarte de mí, sin mirar atrás,
Sé que debo creer, que debo vivir, pero me resulta difícil creer sin ver
No debo caer, no debo ceder; debo seguir adelante. Y pensando en ti.”

En cuanto terminó pudo echarse a llorar con ganas; tardó un buen rato en calmarse, la foto de su madre la miraba con una sonrisa muy grande. De físico se parecía mucho a Miley, sin embargo era rubia, con el pelo largo y ondulado. Una vez más calmada, recogió sus cosas y se despidió de ella.

  • Adiós mamá… te quiero-susurró, pasando la mano por la foto.

Abandonó el cementerio, el cual se quedó desierto y bastante solitario; pero pocos segundos después, un hombre entró saltando la valla de piedra y se acercó a la tumba. Con una botella de agua, mojó los pétalos de las rosas y éstas se vieron más bonitas aún.

  • Cómo me voy a olvidar de algo así…-dijo el hombre.

Pasó la mano por la foto de Leticia y se oyó un sollozo.

  • Cómo…-musitó Billy.

Poco después se fue de allí para continuar repartiendo cajas.

Capítulo 9 “La desaparición del chivato”

Me levanté de buena mañana en mi apartamento en Pequeña Italia; siendo yo de origen español hubiera sido más obvio que viviera en Holanda Norte o Este, pero sin embargo aquí estoy, viviendo en un trozo de Italia en medio de EEUU. La explicación para ello es bien sencilla, en su día el apartamento fue propiedad de mi maestro y mentor Johnny Chivatony pero cuando él dejó de frecuentar el sitio, me lo regaló. Y por supuestísimo, no pensé hacer un feo a mi maestro, así que lo acepté con gusto; desde entonces no he vuelto a verle, sé que anda de aquí para allá y rara vez llama a sus conocidos. Es un animal de costumbres. Me vestí rápidamente tras desayunar, tenía cosas que saber para luego delatarlas; pero justo cuando iba a salir me sonó el teléfono.

  • Vaya hombre… ¿sí?-inquirí, descolgando el auricular.
  • ¿Sg91?-murmuró una voz.
  • El mismo ¿Quién lo pregunta?-solté.
  • ¿Cuánto hace que no sabes nada de tu querido maestro, Johnny Chivatony?-preguntó la voz.

Inmediatamente me alarmé, sobre todo por el tono que la voz usaba; qué mala pinta…

  • No es de su incumbencia, lo más seguro… ¿Quién es?-pregunté, con voz autoritaria.
  • No está en disposición de pedir nada, Sg91… a menos que sepa lo que se juega-dijo la voz, y al punto oí la voz de mi maestro decir.
  • Ragazzo… no dejes que te intimiden Hai sentito? No dejes… ¡¡ugh!!
  • ¡¡Insegnante!!-exclamé, ya aterrado.
  • ¿Lo ve? Ahora es cuando yo puedo decir que le tengo cogido por los huevos; ve a Bear Street en Berchem y espera instrucciones-indicó la voz.

Y tras esas palabras colgó, dejándome con un palmo de narices y con el miedo metido en el cuerpo por mi maestro. ¿Qué podía hacer? Quedarme de brazos cruzados no, desde luego; como no tenía otra alternativa fui a por el coche y me dirigí al lugar estipulado. Aparqué antes de llegar en un callejón cercano y me dispuse a armarme; en el maletero, debajo de la rueda de repuesto, tenía mis armas: una 9mm, que me puse en el bolsillo derecho; una MP5, que la coloqué en el costado izquierdo del pecho, en una cartuchera y un rifle de francotirador, que me lo puse a la espalda en su correspondiente canana. La munición la guardé a parte. Una vez en Bear Street estuve esperando unos pocos minutos hasta que al final alguien llamó a una cabina de teléfono cercana; como era el único que estaba en la calle, estaba claro que era para mí, por lo que cogí enseguida.

  • ¿Sí?
  • Has sido rápido, unos minutos más tarde y tu querido maestro estaría muerto-me saludó el desgraciado de él.
  • ¿Qué cojones quieres?-le solté, pasando de él.
  • Si quieres volver a ver vivo a tu mentor, has de hacer lo que yo te diga-explicó.
  • Dime que es lo que quieres y déjate de formalismos-insistí.
  • Muy bien… necesito saber a quien chivaste el asunto del trato de los Spanish Lords con los Messina-anunció.

Me quedé bastante chocado; si ese alguien necesitaba saber dicha información significaba que era uno de los encargados de realizar ese trato. O bien un Messina o un Spanish Lord; pero el quid de la cuestión era ¿por qué necesitaba saberlo? ¿Por lo de esa droga nueva o por el tal Santos Guardado del que oí hablar? Sin embargo no me convenía poner en un aprieto al comisario Expicport, es una figura importante de la LCPD y además confiaba en mí, después de todo. No podía comprometerle.

  • A un contacto que tengo yo en Bohan-dije, sin vacilar.
  • No me mientas, Sg, o tu maestro lo pagará-me avisó la voz.
  • No miento, si quieres te puedo dar sus datos-murmuré.
  • Más te vale que no me la estés jugando, primero va ese pobre infeliz de Bohan y luego tú, por supuesto. Hoy en día es demasiado arriesgado ser chivato-dijo la voz.
  • Ya lo creo, el truco es saber jugar tus cartas-comenté, divertido.
  • Vete un poco a la mierda ¿vale? Los datos, ya-indicó.
  • Maxwell Caughlin, 232 de Butterfly Street-dije.

Conocía a ese tipo de otros chivatazos que hice, es un pandillero del tres al cuarto que se benefició de un trato del cual ya avisé a mi amigo el comisario Warthington, el de Bohan. Llegó a escapar por pura chiripa. Bohan será un poco más segura con ese tipejo fuera del mapa.

  • Muy bien, ahora sólo espera irremediablemente a tu muerte…

No le escuchaba, puesto que escuchaba otra cosa; de fondo sonaba un sonido extraño, muy parecido a música de órgano o algo así. Y de más de fondo, pude oír el sonido de varios motores de muchas revoluciones, hasta conseguí adivinar un grito que me llamó la atención.

  • ¡Pásame ese inyector, Mike!
  • Inyector…-pensé.
  • … en fin, estas serán tus últimas palabras ¿no te parece algo triste?-decía la voz.
  • Pues si tan triste te parece, escríbeme tú un epitafio-le espeté, antes de colgar.

Motores de muchas revoluciones y alguien pidiendo un inyector; en principio parecía ser cualquier lugar, pero para mí quedó bastante claro.

AutoEroticar

Un concesionario de deportivos como éste siempre tiene actividad constante

Para lo de la música de órgano no tenía explicación, aunque en ese momento me daba igual; regresé al coche y me di toda la prisa posible por llegar al sitio. Aparqué cerca del concesionario y, pasando al lado de un almacén, pude explicar lo de la música de órgano. Varios operarios estaban descargando de un camión de transporte muchos tubos de órgano muy viejos y desgastados; en ese momento el viento arreciaba bastante desde esa mañana y tocaba sin proponérselo una corta y bella melodía. Por eso los oí por el teléfono; y que oyera con nitidez a los tubos y a los operarios de AutoEroticar sólo podía significar una cosa. Que estaban cerca de allí. Un edificio que estaba enfrente del concesionario tenía un aspecto algo pobre y descuidado, el escenario perfecto para un secuestro; y los tubos se podían oír con nitidez, de hecho se oían hasta en las calles colindantes. Entré en el edificio y estuve registrando todos los pisos, uno por uno y sin llamar la atención; hasta el piso tres eran lofts bastante amplios, vacíos y algunos en obras. A partir del piso cuarto me encontré con problemas, y éstos iban armados con microsubfusiles; me parapeté tras una columna y estuve observando sus movimientos. Pero se debieron de oler algo, puesto que al final se pusieron el alerta y consiguieron verme; MP5 en mano me defendí de la lluvia de balas y avancé, cubriéndome cuando tenía la ocasión.

  • ¿¡Os gusta, capullos, os gusta?!-gritaba, tirando contra ellos.

En cuanto tuve vía libre hacia el sexto piso me encaminé enseguida hacia las escaleras, pero algo silbó en el aire y explotó cerca de donde yo estaba, lanzándome hacia atrás; al otro lado del loft, un mamonazo con un RPG-7 recargaba, apuntándome ésta vez a mí.

  • Hijo de puta-musité.

Corrí todo lo rápido que pude hacia las escaleras mientras hacía mano de mi rifle de francotirador; por un momento oí el cohete salir del arma y rozando el aire, acercándose a mí. Me tiré al suelo en plancha sobre las escaleras y el cohete me pasó rozando la cabeza, estallando al otro lado de éstas; acto seguido me di la vuelta y apunté a aquel bidón de gas que vi antes al entrar. La explosión fue de alivio, más grande que con los cohetes y el tipo del RPG salió volando por la ventana.

  • Jódete-dije entre dientes.

Subí al último piso, donde me encontré a Johnny en una silla, atado y amordazado, inclinado sobre sí mismo.

  • ¡Insegnante! ¿¡Ti senti bene!? ¡Insegnante!-exclamé, corriendo hacia él.

Le desaté y en cuanto lo hice, cayó al suelo de golpe, como un peso pesado.

  • ¡Insegnante! ¡¡Insegnante!!-grité.
  • Ya te oigo, ragazzo… no estoy sordo…-musitó.

Le di la vuelta, le habían pegado un tiro en el estómago y se estaba desangrando.

  • Tranquilo, insegnante, le llevaré al hospital, andrà bene…-le animé, tratando de levantarle.

Pero para mi desgracia le faltaban fuerzas y no ponía de su parte.

  • Déjalo, ragazzo… apenas puedo ponerme en pie…-musitó.
  • No, no me voy de aquí sin usted ¿Hai sentito?-insistí yo.
  • Mira… van en busca de algo, pero no sé bien de qué; le oí decir algo acerca de un tal Santos Guardado… y de algo llamado slash-me explicó entrecortadamente.

Quise decir algo, pero en ese momento tosió y al hacerlo escupió sangre.

  • Andiamo, insegnante, tenemos que ir al hospital-insistí una vez más, pero al final se dejó caer al suelo, rindiéndose.
  • Déjalo, ragazzo, hace ya seis minutos desde que ese cabronazo me disparó...-musitó.
  • ¿Quién? ¿Cómo era, insegnante, cómo?-inquirí.

Johnny Chivatony me miró y explicó.

  • Era… extraño, no sabría decirte bien. Pero lo que más me sorprendió es… que es como tú y yo.

Me quedé a cuadros con esa explicación; pero lo que más me jodía era ver así a mi maestro, por lo que le espeté.

  • ¿Cómo puede estar así? ¡Jamás le vi rindiéndose ante nada, ni aunque recibiera un tiro en una pierna! ¿¡Por qué se abandona así, maestro, por qué?!

Él me miró y dijo.

  • Ragazzo… uno siempre ha de saber cuando parar; incluso así.
  • No se rinda, maestro…-musité, una vez más.

Johnny Chivatony cerró los ojos momentáneamente y suspiró.

  • Il mio tempo è arrivato... ragazzo, voglio che tu sappia una cosa :non temere le avversità, non importa quanto siano pessime. Questo è un altro motivo per andare avanti.
  • Applicare la storia che anche, insegnante-le espeté, con lágrimas en los ojos.
  • Io non parlo così, ragazzo, anche se sto morendo!-me gritó.

No pude evitar reírme tontamente; pero ya no podía hacer más, aunque no le entendiese debía dejarle marchar.

  • Addio, insegnante-le dije.
  • Addio, ragazzo…

Y delante de mí, mi maestro murió; la policía se tomó su tiempo para llegar, pero yo ya me había ido. En cuanto se llevaron el cadáver al depósito, yo fui a por él alegando ser un amigo de la familia y me ocupé de todo el entierro; lo enterré en el Cementerio de Isla Colonial, en una sencilla y modesta tumba. Le llevé un ramo de nomeolvides y se lo puse al lado de la inscripción, en la que se podía leer: “Johnny “Chivatony” Cangiliano, 1950-2009 Metiche incorregible, buen hombre, maestro apreciado”. No pude evitar llorar, visto de otra forma yo era responsable de su muerte, si no hubiera dado el chivatazo al comisario Expicport nada de esto hubiera pasado; por lo que sentí un peso muy grande cayendo sobre mis hombros. Debía de encontrar al responsable de todo esto y vengar a mi maestro; porque sé que si no lo hago, jamás me lo perdonaré.


Capítulo 10 “Jugando a los barquitos”

Desde esa mañana, el río Humboldt estaba la mar de tranquilo y no había nada interesante en lo que fijarse; Ricky bordeó la parte alta de Algonquin montado en un dinghy. Pasó por debajo del puente Chupetón y continuó río abajo por el West River. Pasando al lado del puerto Tudor observó como un tug remolcaba a un carguero de nombre Wet Dream y lo ayudaba a salir de la ciudad; los pasó enseguida y se dirigió al sur de Alderney, mirando los restos de algunos barcos oxidados y escorados. Se coló entre el carguero y el remolcador del Cementerio de Barcos y continuó bordeando la costa de Alderney.

  • Huy, huy, huy, que aburrido…-murmuró, subiendo el volumen de la radio.

Entró en el canal que separaba el Polígono Industrial de Acter del resto del estado para ver si había algo interesante y encontró algo muy parecido.

  • Oh la lá, ¿Qué tenemos aquí?-inquirió, acercándose a la lancha.

Un predator de la policía flotaba al lado de un tug de color negruzco, no había ningún policía cerca ni nadie vigilándolo.

  • Es demasiado tentador-admitió, amarrando el dinghy y abordando el predator.

En éste encontró varios MP5 y un rifle de precisión bastante moderno, además de una gorra como las que usan en la policía.

  • ¡Si hasta viene con regalo! Y yo que pensaba que el día se estaba yendo a pique…-se dijo, divertido.

Arrancó el motor y salió del canal, algo más animado.

  • Miradme, soy Harry el sucio… piñao, pañao…-decía por lo bajo, jugando con las armas y pilotando a la vez.

Pero algo lo distrajo por completo y dibujó una enorme sonrisa en su cara.

  • Ole, ole y ole… el día ha remontado-afirmó.

Delante de él, a pocas millas de distancia, había un marquis precioso; vio a varias personas en cubierta, pero se le ocurrió una gran idea. Guardó las armas en una bolsa de deporte que había allí, se la puso cruzada y se acercó al velero.

Marquis iv

Veleros como éstos son muy caros y para Ricky es como amortizar en bolsa

  • ¡Mierda, la pasma!-musitó uno de los hombres que había en el velero.
  • ¡Muy bien, capullos, un miembro de la guardia costera, o sea yo, os ha trincado pero bien! ¡Así que salid de ahí cagando leches mientras yo registro esa mierda de velero y vosotros esperáis a vuestro turno a entrar en las duchas de la cárcel! ¿Os va?-inquirió él, metiéndose en el papel.

Con una de las armas en mano, los obligó a montar en el predator y él se pasó al marquis.

  • Y no intentéis nada raro ¿eh?-añadió él.

Entró en el velero, se estaban montando una buena comilona con muchas cervezas y un poco más; no vio nada raro, así que en cuanto tuvo la ocasión, se puso al timón y se alejó a la máxima velocidad, dejando a los otros atrás.

  • Adiós, pringaos ¡ja, ja!-reía, tirando la gorra de policía al agua.
  • ¡Cabronazo, nos la ha jugado!-gritó uno de los hombres.
  • ¡¡Tras él, rápido!!

Pero enseguida vieron el regalito que Ricky les había dejado.

  • ¡No podemos, jefe, ha inutilizado el motor!-anunció uno de los hombres.
  • ¡Maldita sea! ¡Guardado nos va matar!-musitó el hombre, entonces.

Mientras Ricky navegaba tranquilamente río arriba, hizo una llamada mientras pilotaba.

  • Ey, Mikey, adivina qué es lo que tengo… ah, te va a encantar-dijo él, poniéndose misterioso.
  • A ver, sorpréndeme-pidió el tal Mikey.
  • ¡Un señor velero para ti!
  • ¿Qué dices, sabandija?-inquirió Mikey.
  • Lo que oyes, campeón, motor diesel de al menos noventa caballos, no pasa de los quince nudos pero para excursiones y pequeños viajes a Vice City es ideal ¿te interesa?-preguntó Ricky, yendo al grano.
  • ¡Por supuesto que me interesa! Joder, no sé como lo haces, Ricky, pero contigo amortizo mazo ni negocio ¿dónde andas?
  • Bordeando la costa de Leftwood-reveló él.
  • Vale, deja atracado esa joyita junto al viejo casino de Westdyke, ya me pasaré a recogerlo; en cuanto lo tenga, te pago.
  • Muy bien, nos vemos-se despidió Rick antes de colgar.

No tardó mucho en llegar al lugar convenido y lo dejó amarrado al lado de un saliente en el muelle; esquivando después a una maraña de mendigos, que salieron del interior del casino cual zombis en busca de un billete de dólar, salió a Beaverhead Avenue y se metió en el primer taxi que vio.

  • ¡A Silicon Street, deprisa!-exclamó, cerrando la puerta antes de que los mendigos le cogieran.
  • Es como una plaga ¿verdad?-inquirió el taxista, acelerando.
  • Verdad-suspiró Ricky, más tranquilo.

Pero de lo que no sabía es que se acababa de meter en algo que le iba demasiado grande.


Capítulo 11 “Manchas, accidentes y cumpleaños”

Esa tarde, Paul Mottram se había quedado una vez más en la catedral para atender la urgente reparación de última hora por parte de unos registros que se suponían que estaban intactos; los estuvo probando uno por uno para cerciorarse, pero ni él ni toda su experiencia como músico le podría haber asegurado que los malditos registros iban a acabar saltando por estar demasiado tensos. La otra mitad de tubos en mal estado ya había sido retirada y en el almacén de Lucius, él y sus chicos trabajaban a destajo afinando y puliendo los que se podían salvar; el resto iban directamente al chatarrero y habría que hacer un pedido a George Kilgen & Son, los constructores de los dos órganos, los cuales, pensó Paul, se iban a poner muy contentos en cuanto supieran lo que había sido de unas de sus magníficas obras para la catedral de Colón. Y ya iban más de 300 tubos perdidos… En ese justo momento pudo oír voces resonando por el techo abovedado de la catedral y se quedó extrañado; debían de ser turistas. Pero para su desgracia, no era hora de visitas desde que ellos empezaron a trabajar, por lo que salió del órgano para avisarlos; como bien pensó, se encontró con un grupito de tres personas, dos iban con cámaras réflex y una iba de vacío, con las manos en los bolsillos.

  • Perdonen, pero la catedral no está abierta, estamos de reformas-dijo él.
  • Oh ¿de veras? Es una pena, hemos venido con la ilusión de verla por dentro… ¿no podría hacernos ese pequeño favor?-pidió uno con la cámara.
  • No, lo siento, no puedo hacerlo-dijo él.
  • Por favor, se lo pido por favor; es que soy muy devota de San Colón ¿sabe usted? Me gustaría rezarle un par de oraciones, por favor-pidió una mujer que iba con ellos, con cara de santurrona.

Paul quiso decirla que no, pero ante tal cara de beata meapilas que le ponía apenas pudo pronunciar las palabras.

  • No debería hacer esto… está bien, pero sólo cinco minutos-avisó él.
  • Muchas gracias-agradeció la mujer, dando saltitos.

Paul volvió al trabajo y no les volvió a ver hasta pasados los cinco minutos, la mujer apareció en el umbral de la puerta y dijo.

  • Adiós, gracias por atendernos.
  • De nada, ahora váyanse, por favor-pidió el compositor.

En cuanto se fueron, respiró más tranquilo y fue a cerrar la puerta principal para evitarse más problemas; aunque fue poco después cuando se dio cuenta de algo.

  • ¿Cómo ha sabido esa mujer que estaba dentro del órgano?-se preguntó Paul.

Pero no le dio más importancia y volvió al trabajo; finalmente salió a las ocho y media, una hora antes. Pero antes de eso, quiso darse otro homenaje con el órgano del coro y esa vez tocó “Toccatta Avanti la Messa”, de Girolamo Frescobaldi, tocata que fue incluida en su colección de obras litúrgicas, Fiori Musicali.

Girolamo Frescobaldi (1583-1643) - Toccata Avanti la Messa01:49

Girolamo Frescobaldi (1583-1643) - Toccata Avanti la Messa

"Toccatta avanti la messa-Fiori Musicali" Girolamo Frescobaldi

Sin embargo, lo volvió a oír otra vez; otro tubo que sonaba como apagado, como si estuviera atascado. Repitió la escala de nuevo tan sólo para escuchar el mismo sonido apagado; sonaba tan bajo que le costaba identificar la nota.

  • Maldita sea… ¿qué se supone que has estado haciendo, Lucius?-pensó Paul, tocando con fuerza, como si pretendiese desatascar el tubo de esa manera.

Acabó la melodía con un tono largo y en crescendo magnífico, pero que no revelaba la nota maldita.

  • Esto no puede ser una coincidencia…-musitó por lo bajo, entrando dentro del órgano.

Una vez más, se quedó con las ganas de saber que tubo era el atascado, estuvo mirando la maraña de tubos que le rodeaba con gesto incapaz, pero le llamó la atención otra cosa; no estaba en el mismo sitio que ayer, pero otra mancha blanca se encontraba entre varios grupos de tubos al que, de nuevo, le era imposible llegar. Ni con el brazo.

  • Dita sea…-masculló.

No quiso marcharse hasta darle una explicación al asunto, pero se le hacía tarde y tenía otros asuntos que atender.

  • Tengo que hablar con Lucius de esto sin falta-se recordó, antes de irse de allí.



Ricky creía que el día no podía ser más redondo, pero una squalo de color roja y blanca cerca de los muelles del Golden Pier Swingers Driving Range and Golf Club remató la jugada; la cogió con elegancia y se la llevó, mientras llamaba a Mikey.

  • Primero un velero y ahora esto… de esta me erige un monumento-pensaba Rick, esperando a que cogiese.

Pero para su sorpresa, saltó el contestador automático, lo que le extrañó sobremanera; Mikey es uno de esos tipos que no pueden vivir sin su móvil y si lo pierde entra en una profunda depresión.

  • Qué raro… a saber que estará haciendo-pensó Rick, intentándolo de nuevo, con los mimos resultados. Una tercera vez lo ayudó a preocuparse.
  • Vale, esto empieza a ser preocupante-masculló entre dientes.

Miró su reloj, las ocho menos cuarto, en esos momentos lo supuso en su casa, arreglando trámites para endosar rápidamente el velero; decidió ir a ver que pasaba, amarró la squalo a un pequeño muelle cerca de la terminal de ferrys y tomó un taxi. Mikey vivía en Lindon Avenue, situada en Alderney City, en un apartamento costeado por él mismo gracias a Ricky; llevaban en el negocio hace ya dos años y los ingresos eran más que abultados. Como él tenía una copia de la llave la usó para entrar en el apartamento a la vez que exclamaba.

  • ¿Qué ha pasado para que te separes del móvil tanto tiempo?

Como no le contestaba, fue al salón, imaginándoselo tumbado en el sofá, con la mirada fija y un ictus de terror.

  • ¿Acaso se te ha caído por la taza del váter? En ese caso, yo creo que podrías excusar… te… oh, Dios…-musitó Rick.

Mikey estaba tumbado en el sofá y con los ojos muy abiertos, pero hubiera preferido que no hubiera sido por el tremendo tiro que alguien le había descerrajado en la cara; el móvil estaba en la mesa del comedor, pudo ver sus llamadas. Se acercó al cadáver, con cierta aprensión por semejante espectáculo.

  • Oh, joder, Mikey… lo siento, tío…-musitó, sin saber bien que hacer.

No se dio cuenta de que tenía una pistola en su mano derecha, ya que ésta estaba oculta tras su fortachón cuerpo; ¿Mikey suicidándose? Rick tenía sus dudas, no les faltaba de nada gracias al negocio y siempre había sido un tío alegre y vividor; estaba claro que lo habían asesinado y habían tratado de que pareciera un suicidio, aunque de una forma muy poco sutil. Aunque había algo que le escamaba, como si faltase una pieza del puzle; se dirigió a la sala de ocio, donde Mikey tenía el ordenador. Había estado trasteando con él hace poco puesto que estaba encendido; movió el ratón y la pantalla se iluminó, tenía el correo abierto y parecía que estaba escribiendo un email que no llegó a mandar. Ponía:

“Hola McLaren, te acabo de reservar un velero de importación que me acaba de llegar directo desde Vice City, es precioso, con motor diesel de 90 caballos, 15 nudos, cubierta de madera, vela retráctil y un montón de cosas más, el interior es como un hotel de tres estrellas. Y te lo dejo por el módico precio de 9000 dólares por ser tú, por supuesto. ¿Qué me dices? Espero tu respuesta, cuídate”

  • Trataba de colocar el velero cuando le mataron… pero es extraño, estaba cerca de cerrar el trato, dice que se lo había reservado, por lo que el tal McLaren se lo debió pedir mucho antes. Aun así hay algo que no me cuadra…-pensó Rick.

Prefirió dejar que la policía descubriera el cuerpo, pero estando él ya lejos, para que no le relacionaran; les llamó y acto seguido se esfumó en la niebla. Pero se sentía muy mal, había estado trabajando con Mikey desde hace dos años y le caía bien, era un tío legal; y además, sin él el negocio queda suspendido, claro. Por lo que lamentó primero la pérdida de su amigo y se cagó en la puta calavera de su asesino después.

  • Quien quiera que seas, cabrón, no pienso parar hasta verte muerto a ti también-se juró Rick, muy furioso.

Unas sirenas le apartaron de sus pensamientos y eso le ayudó a andar más deprisa.



Ese día, tanto Miley como Lucy tenían clases de refuerzo de matemáticas y por lo tanto se quedaron en el instituto hasta las tantas; ninguna de las dos quería ir a esas clases, pero su tutora las obligó porque, según ella, las necesitaban. Una vez que acabaron, a eso de las ocho y cuarto, se dirigieron las dos juntas a casa, ya que vivían muy cerca, ella en Dillon Street y Lucy en Tutelo Avenue.

  • Qué rollo, aún estoy dormida…-musitó Miley, con los ojos entrecerrados.
  • Ya… espero que cundan, como bien dijo la profesora Stravinski-murmuró Lucy, con sorna.

Stravinski era la tutora de ambas en clase y la que se empeñó en que acudieran las clases de refuerzo de matemáticas; fue la misma que también se empecinó en que Miley repitiera 4º de ESO por culpa de física y química.

  • Por cierto, Miley, mañana es mi cumpleaños ¿sabes? He estado invitando a nuestras compañeras de 1º de Bachiller y a varios más y esta es tu invitación-añadió Lucy, poniéndole la tarjetita en su regazo.
  • Ah, pues…-murmuró ella.

Por esa razón la vio antes a la hora del recreo repartiendo algo entre la gente; pensaba que eran panfletos de “apoya a las ballenas” o algo así, ya que es una férrea defensora de estos animales. Pero le daba corte aceptarla, puesto que ella misma vio como la mayoría de la gente a las que dio la tarjeta las tiraba a los pocos minutos de recibirla.

  • Voy a hacerla por la tarde, en una pequeña sala que he conseguido rentar en Firefly Island ¿vendrás?-inquirió ella, con una sonrisita algo estúpida.
Firefly Island

Cuando Firefly Island dejó de ser lo que era bastantes locales quedaron en desuso, y muchos se pusieron en alquiler; el resto se los quedó el ayuntamiento, a la espera de la renovación del parque de atracciones

Miley la miró por un momento, no del todo convencida; podría ir, pero sólo estarían Lucy y ella. Además, tenía mejores cosas que hacer.

  • Pues… ya veré…-murmuró, insegura.
  • ¡Genial, nos vemos mañana! ¡Chao!-exclamó ella, apretando el paso y alejándose de ella.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que había llegado a su calle; fue a entrar en casa cuando una figura familiar salió de golpe de un callejón, Miley se quedó helada.

  • Ah, hola, nos vimos ayer ¿verdad?-inquirió Liam Hemsworth.

Miley tardó en responder, pero cuando lo hizo, fue a trompicones.

  • Ah, sí… hola, Liam-saludó ella, tontamente.
  • ¿Nos presentaron?-inquirió él, extrañado.
  • Ah, no, bueno… no formalmente, me hablaron de ti… soy Miley… Miley Cyrus-dijo ella a cachos.
  • Encantado, Miley… ¿tu también vas a ir a la fiesta de esa chica?-inquirió él, al verla con la tarjeta.
  • ¿Eh? Pues… no estoy segura…-musitó ella.

No se creía que estuvieran hablando, ahí y ahora, como si se conocieran de pequeños.

  • Ah, es que como te veo con la tarjeta… un amigo me la dio y me dijo que la chica quería a alguien para tocar en su fiesta, y bueno, ya me ves…-explicó él, enseñando una funda de guitarra.
  • Ah… tú… ¿tocas?-inquirió ella, asombrada.
  • Claro, en una banda con tres amigos más, nos llamamos “Los Cuatro de Broker”-explicó Liam, con una sonrisita que hizo derretirse a Miley y que la dejó KO mentalmente por un par de minutos.
  • De hecho ahora tenemos ensayo para mañana… bueno, si vas pues nos veremos-dijo.
  • Sí… sí, claro que iré, sí…-afirmó ella, con cara de tonta.
  • Muy bien, pues… hasta mañana-se despidió Liam.
  • Adiós-dijo ella, con un hilillo de voz.

Liam se fue y ella se quedó en el sitio por unos segundos; en cuanto se recompuso se reprimió unas ganas de cantar terribles y se las guardó para cuando estuviera en casa, componiendo.

Capítulo 12 “Pistas encadenadas”

La noche no fue tan distinta como las últimas; Claude tenía guardia, pero en ese caso no le importaba quedarse. El crimen nunca descansa ni por la madrugada y faltaba alguien como él para vigilar las calles de la ciudad que nunca duerme; y cuando se lo proponía, él tampoco dormía si era necesario. Fue cuando se estaba tomando su café solo con una cucharadita de azúcar cuando le llegó ese aviso, tanto le llamó la atención que quiso ir a verlo personalmente.

  • Comisario, tenemos algo en Meadows Park, parece ser que han asesinado a alguien en el Monoglobo-le avisó Margo, su secretaria.
El Monoglobo - GTA IV

El Monoglobo, lugar del crimen

  • ¿Será posible? No me he acabado el café y ya me está dando la vara-pensó Claude, algo molesto.
  • Parece ser una especie de asalto, la víctima acabó ahogada en la fuente-explicó ella, ojeando la ficha.

Claude entrecerró los ojos e inquirió.

  • ¿No ha habido forcejeo? ¿Algún disparo?
  • Los vecinos no oyeron nada, fue una pareja los que encontraron el cuerpo… el forense lo ha examinado y dice que no hay signos de violencia.

Eso para Claude ya eran varios puntos a su favor para ganarse su interés; en la ciudad parpadeante del capitalismo no hay nadie que carezca de su correspondiente licencia de armas y que no pertenezca al Liberty City Gun Club. Y, evidentemente, en un país donde todo el mundo tiene derecho a proteger su persona, rara vez se encuentra a alguien sin, al menos, una simple pistola. Y a sabiendas de lo que le gusta a la gente hacer ruido en esta ciudad, pues más raro se volvía el asunto.

  • Muy bien, Margo, me has convencido-dijo Claude, apurando el café de un solo sorbo.

Salió con la patrulla que iba a dirigirse hacia allí y acompañó a tres agentes que iban en ella.

  • Que sorpresa, comisario-le dijo uno de ellos.
  • Rara vez sale usted-recordó otro.
  • Ya veis, hoy estoy más activo-dijo él, cortante.

No tardaron casi nada en llegar al lugar, ya que estaba muy cerca, casi a cuatro pasos mal contados, al lado de Savannah Avenue; los agentes acordonaron la zona, el cadáver aún no había sido movido y el forense seguía echándolo un vistazo.

  • ¿Qué tenemos, Mitch? Margo me ha puesto al corriente, pero estoy seguro de que has hallado algo más-supuso él.
  • Buenas comisario… no mucho, no se crea, aunque me he fijado en una cosa bastante curiosa-asintió Mitch.
  • Ilumíname-pidió Claude, poniéndose en cuclillas a su lado.
  • Las pupilas; ya sé que se contraen cuando uno muere, pero me ha llamado la atención cómo están contraídas éstas, demasiado como para haberlo causado la propia muerte. No podré hacer nada más profundo hasta que esté en el quirófano, pero me atrevería a decir que ha sido cosa de drogas-explicó Mitch con todo detalle.
  • Por supuesto, eso explicaría la ausencia de violencia, el asesino podría haberlo tirado al agua como a quien se le cae un amigo borracho, lo deja ahí hasta que se ahoga solo. Dudo que sea premeditado-diagnosticó el comisario.
  • Muy bien pensado, comisario-apoyó Mitch, levantándose.

Claude se puso en pie y contempló el cadáver del pobre desgraciado; en ese momento llegó un agente con sus datos y su móvil precintado.

  • Se llama Jacinto Valdes, vivía en el 234 de Flanger Street, Bohan-explicó.
  • Déjame ver ese móvil-pidió él.
  • Claro, comisario.

Se puso los guantes antes de tocarlo y estuvo curioseando su agenda, aunque hubo un mensaje en la bandeja de entrada que fue recibido esa misma mañana, de un tal Maxwell Caughlin. Ponía: “Ey tío, tengo lo tuyo, pásate por Bahía Chica esta tarde a eso de las siete y media”

  • Lo suyo…-pensó Claude.

Se acercó al cadáver y estuvo rebuscando en los bolsillos, no encontró nada, pero sí unos plásticos arrugados y mojados; aunque le llamó la atención que el reverso de los bolsillos estuviera manchado de algo blanco. Frunció el ceño y acto seguido se acercó a la fuente y observó el agua; apenas era visible, pero había un ligero color blanquecino diluido en el agua.

  • Clay, coge unas muestras del agua y mándalas al laboratorio a analizar-le indicó a uno de los agentes.
  • Sí, señor…-asintió Clay, algo extrañado por la orden.

Por un momento, Claude se montó su propio esquema en la cabeza y no tardó mucho en conectar todas las piezas; aunque el problema era que su sospechoso residía en Bohan y siendo comisario de Dukes no podía hacer gran cosa; estaba fuera de su jurisprudencia. Aunque quizás…

  • Clay, Michael y Simon, venid conmigo, nos vamos a una pequeña excursión a Bohan-indicó.
  • ¿A Bohan? Si no entra dentro de nuestra jurisdicción, señor-le recordó Simon.
  • Eso ya lo sé, gracias Simon. Andando-insistió Claude.

Fueron en la patrulla hasta allí y una vez en Bohan, buscaron en los archivos de la policía información sobre ese tal Maxwell.

  • Aquí, 232 de Butterfly Street-dijo Michael, que era el que conducía.
  • Pues en marcha, ese tipo es todo lo que tenemos-indicó el comisario.

No tardaron mucho en llegar, pero se quedaron sorprendidos al ver que el piso estaba precintado por la policía.

  • ¿Se nos han adelantado?-inquirió Clay.
  • Eso parece… a ver que se cuenta mi querido amigo Warthington-se dijo Claude.

Fueron directos hacia la comisaría y allí Claude estuvo hablando con él.

  • Vaya, vaya, mira quien tenemos aquí, es nada más y nada menos que ClaudeGTA3… te tenía en tu sillita de Dukes moviendo apenas el dedo meñique-murmuró, tan dicharachero él.
  • Sé que me tienes mucho cariño Warthington, pero ahora no estoy para sentimentalismos, busco a este tipo, ha habido un asesinato en Meadows Park y es mi única pista-dijo Claude, tajante.

Warthington miró la foto y resopló, haciendo que varios pelos de su bigote se movieran.

  • Pues sintiéndolo mucho, Claudie, estás sin pistas; esta mañana ha aparecido muerto en su apartamento en Butterfly Street, mis chicos se encargaron de todo. Le pegaron un tiro en la cabeza, no tuvo mucho tiempo para arrepentirse-explicó.
  • Maldición…-musitó Claude, frustrado.
  • Sé en qué estas pensando, Claudie, pero no tenemos ni la más mínima idea de quien ha podido ser, estuvimos interrogando a todos sus contactos y todos tenían coartada para esta mañana. Aunque puede que sea la misma persona ¿verdad?-inquirió Warthington.
  • Por supuesto, estos dos estaban directamente relacionados y puede ser perfectamente nuestro hombre; pero aún así, no tenemos rastro a partir de aquí-dijo Claude, de sopetón.

Se quedaron en silencio por unos pocos minutos, pero Warthington volvió a hablar enseguida.

  • Por cierto, parece ser que ha muerto el mayor chivato de la ciudad, Johnny Chivatony, lo encontraron en un edificio de Alderney City.
  • ¿De veras?-inquirió Claude.

Lo conocía bien, puesto que tenía un expediente amplísimo y todos los comisarios fueron prevenidos para que no cayeran en la astucia de ese italiano inmigrante que era capaz de destapar los secretos más sucios de la ciudad; aun así, por un momento pensó en la remota posibilidad de que también estuviera relacionado. Primero un chivato legendario, luego un pandillero de poca monta y por último un camello sin suerte; en un primer vistazo parecían no tener ninguna conexión, pero algo le decía a Claude que no era nada de eso.

  • Y además, también se ha encontrado muerto a un traficante de lanchas y embarcaciones de lujo, en el mismo barrio-añadió el comisario de Bohan.
  • Caramba Warthington, eres como una caja de sorpresas-masculló Claude.
  • ¿Verdad?-dijo él, con una sonrisita.

Y ahí tenemos a otro infeliz en la lista macabra de hoy; cuatro personas en total en un solo día. Y para Claude, una sola cosa les conectaba; esperaba tener razón y sacar algo en claro del agua de la fuente. Y si eso no funcionaba, el caso se complicaría. Y mucho.


Capítulo 13 “Un misterio, una entrevista y una fiesta de cumpleaños”

Paul se levantó todo lo rápido que pudo, desayunó en velocidad record y le pidió a Lucius que fuera rápidamente a la catedral; una vez allí, le explicó todo.

  • ¿Llegaste a afinar ese tubo, Lucius?-inquirió él.
  • Pues claro, antes de ayer, ¿por qué? ¿Qué pasa?
  • Resulta que ayer por la tarde, tocando algo de Frescobaldi, oí un tubo algo apagado, como si estuviera atascado o algo así; y antes de ayer igual-reveló Paul.
  • ¿Atascado? Dudo que sea de suciedad, los limpian todas las semanas… ¿estás seguro, Paul?
  • Pues claro, tan seguro como siempre, te digo que hay algo raro; además, encontré varias manchas blancas en el suelo entre los tubos, como si se hubiera caído yeso desconchado-añadió.
  • ¿Yeso desconchado? ¿Cómo quieres que haya yeso en el órgano, Paul?-inquirió Lucius, extrañado.
  • ¡Ya lo sé, pero se parecía a algo así y era raro! Cuando volví justo ayer no estaba en el mismo sitio, como si alguien lo hubiese limpiado, te digo yo que hay algo inaudito en todo esto-insistió Paul.
  • Está bien, si tanto insistes… probemos tocando algo-sugirió Lucius.

Le dejó a Paul elegir y éste optó por una improvisación del maestro Yves Devernay que le gustaba bastante, sobre todo por su fuerza interpretativa; la melodía tenía base en el “Aleluya” de Händel. Fue Paul el que estuvo tocando, mientras que Lucius le ayudaba con los registros cuando se presentaba la ocasión, ya que conocía la pieza.

Yves Devernay improvising in Notre Dame (2)06:25

Yves Devernay improvising in Notre Dame (2)

Improvisación Yves Devernay, base en "Aleluya" de Georg Friedrich Händel

En toda la estructura de la pieza no oyeron nada raro, sino todo lo contrario, los tubos resoplaban con fuerza y los compresores trabajaban continuamente para sacar el aire necesario para poder interpretar semejante pieza. Una vez que terminó, Paul se mostró extrañado.

  • Esto si que es raro…-musitó.
  • ¿En qué quedamos, Paul? Estaba afinando los más de 150 tubos que aún quedan por restaurar ¿y tú me sacas del almacén para esto? Oye mira, tengo trabajo, los dos tenemos trabajo, este pequeñín está sano como una pera, cosa que no puede decir el de la Gran Galería; estamos a miércoles y sólo tenemos cuatro días y poco más para acabar con esto, el padre Peaceful me ha preguntado esta mañana que como van las cosas y que esperaba ver todo terminado para entonces. Por favor, Paul, céntrate-le pidió Lucius.
  • Está bien, pero no hace falta que me eches la bronca-le espetó él, apagando las luces de la consola y los compresores.

Lucius hizo un gesto de aplomo y se fue de la catedral, dejando a Paul algo molesto; siempre había confiado en Lucius y era un buen amigo, pero ¿a cuento de qué le echa la bronca como si fuera un niño de siete años? Él estaba muy seguro de lo que vio y oyó ¿por qué ahora no ocurría nada de eso? Y encima Lucius le miraba como si estuviera loco…

  • Maldita sea…-musitó, entrando dentro del otro órgano.

Aún le faltaba un registro por reparar y talar las puntas de las maderas interiores, aplicarles barniz, abrillantador, esmalte en los tubos sanos…

  • Qué asco-pensó él, algo harto del tema.



Me encontraba en casa cuando llamaron a la puerta; desde ayer estaba con los cinco sentidos puestos en todo lo que me rodeaba, esa voz me la tenía jurada y debía de cubrirme las espaldas si quería salir vivo de todo esto. Ahora sin mi maestro, es algo más duro. Cogí la pistola, la sostuve en alto y miré por la mirilla a ver quien era; era un chico más o menos de mi edad, con cara redonda y mirada alegre y feliz. No parecía ser un asesino a sueldo frío y sanguinario con el objetivo de matarme. Me guardé el arma en el bolsillo y abrí sólo un poco.

  • ¿Sí?-inquirí.
  • ¿Sg91?-preguntó el chico.
  • Sí, soy yo ¿qué quiere?-solté.
  • Me llamo Bigdadi y soy reportero del Liberty Tree; estoy haciendo un reportaje acerca del crimen organizado en la ciudad y me he enterado que el mayor chivato de Liberty City ha muerto recientemente. Me han dicho que usted fue su discípulo y me preguntaba si podría hacerle unas cuantas preguntas acerca de la vida de su maestro, que en paz descanse-añadió el chico.
Liberty Tree Online

Un periódico como el Liberty Tree tiene una tirada bastante grande y muchos lectores en toda la ciudad

Tardé unos pocos segundos en comprenderlo del todo y luego reubicarme; ¿un reportaje acerca del crimen organizado? Debía de ser una broma…

  • Oiga mire, no tengo tiempo para aguantar sandeces…-dije, cerrando la puerta de golpe, pero el chico interpuso el pie a tiempo.
  • ¡No, es en serio, no le miento! Mire, aquí tiene mi tarjeta-dijo, pasándomela.

La eché un rápido vistazo y de alguna manera, me convenció; le dejé pasar y le ofrecí algo de beber, hice dos cubatas de whiskey con ECola. En ese momento estaba escuchando un disco de Violadores del Verso, un grupo de hip-hop español, mi preferido; lo suelo escuchar de vez en cuando para que no se me olvide mi lengua madre. En ese momento estaba sonando el tema Ballantine’s.

“¡Y yo con mi Ballantine’s; yo y mi yo y mi Ballantine’s, y mi yo y mi yo y mi Ballantine’s; yo y mi yo y mi Ballantine’s! ¿¡Qué vas a hacer tú?!”

Apagué el CD y me senté en el sofá.

  • Bueno, que sea rápido, por favor-pedí.
  • Claro, son sólo unas pocas preguntas…-dijo él, pero le corté antes.
  • Un momento… ¿cómo supo que yo era discípulo de Johnny Chivatony?-inquirí, extrañado.
  • Indagando entre los pandilleros y demás mierda de la ciudad ¿sabe? Me juego el tipo la mayoría de las veces, pero al final todo me acaba saliendo bien-explicó.
  • Pues no tientes a la suerte-pensé.
  • ¿Empezamos?-sugirió Bigdadi.
  • Sí, venga-apremié.
  • ¿Cómo conoció usted a Johnny Chivatony?
  • Hace ya exactamente siete años, aquí en Liberty; cuando llegué no tenía nada, pero él me ayudó a salir de la pobreza. Debí caerle lo suficientemente bien como para que me enseñase todo lo que sabía acerca del chivateo y demás.
  • ¿De dónde era Johnny? Tengo entendido que era un inmigrante italiano, pero poco más.
  • Exactamente era de la Toscana, inmigró ya que tenía muchas deudas allí y decidió escapar de ellas, haciéndose un nombre aquí y poniéndose el sobrenombre de Chivatony.
  • Tenía sin duda muchos enemigos ¿cómo hacía para evadirlos a todos ellos y a la policía?
  • Johnny no hacía trato con nadie hasta conocer bien al sujeto en cuestión; un par de preguntas que parecen discretas pero que en realidad no lo son le ponían sobre seguro y a partir de ahí él sabía que teclas tocar. Y en cuanto a la policía, procuraba tener los suficientes contactos como para estar tranquilo.
  • ¿Ha seguido las enseñanzas de su maestro al pie de la letra?
  • Por supuesto, aunque luego he ido añadiendo cosas más personales; sólo hago tratos con la policía si es para una buena causa, usted ya me entiende. Y el resto, apretón de manos y tira p’alante.
  • ¿Cree que el chivateo está decayendo últimamente?
  • Hombre, está claro que es un método cada vez menos usado porque implica muchos riesgos y cada día te acuestas con la duda de si morirás al día siguiente; pero yo no trato de pensar en eso, prefiero llevar sobre seguro las cosas para evitarme problemas, primero pienso, luego actúo.
  • ¿Le gustaría adoptar usted el ya famoso sobrenombre?
  • Sería un insulto a la memoria de mi maestro.
  • ¿Qué opina usted acerca de la actual situación del crimen organizado de la ciudad?
  • Los rusos tienen demasiado poder, influencia y ambición como para que ellos solos asuman el control de media ciudad, son demasiado deseosos y eso mismo les acabará minando en algún momento; en cuanto a La Comisión, lleva las de perder si siguen dejando que cada familia sólo cuide de sus intereses personales, cada vez pierde más sentido el objetivo por la que fue creada, se está convirtiendo en un chiste muy grande.
  • Muy bien… pues eso es todo, gracias por atenderme-agradeció Bigdadi.
  • De nada… y por cierto, como se le ocurra dar nombres reales, le joderé personalmente y de la forma que mejor sé ¿está claro?-avisé.
  • Clarísimo, téngalo por seguro, yo nunca doy nombres reales; yo lo agradezco y los demás lo agradecen-explicó Bigdadi.
  • Muy bien, ahora lárgate de aquí cagando leches antes de que me arrepienta por haberte contado cosas de mi maestro-le espeté.

El periodista no perdió ni un minuto más y se fue zumbando; le observé irse por la calle hasta que desapareció tras la esquina con Garnet Street; esperaba que la entrevista, corta pero intensa, no repercutiera de alguna otra forma. Él avisado ya estaba, si era lo suficientemente listo no pondría su estúpida vida en peligro.



A la salida del instituto, Miley sintió como si la noche de ese día iba a ser distinta de todas las demás; todavía no se creía que el otro día hubiera ligado con Liam de esa forma y que hubieran quedado para verse esa misma tarde-noche menos aún. La fiesta iba a ser un desastre de dimensiones descomunales, pero por ver a Liam iría hasta el fin del mundo. La fiesta comenzaría a eso de las ocho y media, por lo que salió una hora antes para llegar a tiempo; fue en tren hasta la estación de Playa de Hove y buscó el local 121, cerca de la antigua casa de los gritos. Lucy ya estaba allí, fue la primera en llegar.

  • ¡Miley! Gracias por venir-agradeció ella.
  • De nada… felicidades-añadió la chica.
  • Gracias-agradeció Lucy, con una sonrisa.

Conforme fueron pasando los minutos fue viniendo un poco más de gente, aunque a Miley le llamó la atención algo: la mayoría de las personas que recibieron la tarjeta las habían tirado, ella los vio. ¿Cómo es que habían venido?

  • Qué raro…-pensó ella.

Vio a varias de sus amigas que ahora estaban en 1º de Bachiller y fue a saludarlas, pero sólo recibió un seco hola de su parte. Las notó distantes e indiferentes. Poco después vino Liam y su banda, lo que hizo que le diera un vuelco el corazón; realmente había venido.

  • Hola Miley, me alegro de verte-la dijo.
  • Sí… yo… también… Liam-añadió ella, a trozos.

El chico la sonrió y ella volvió a derretirse; la encantaba su sonrisa.

  • Eh, Liam, ayúdanos con el equipo-pidió uno de sus colegas.
  • Voy… luego hablamos-añadió él.
  • Vale-sonrió Miley.

En cuanto se fue, Lucy se acercó a ella, igual de alucinada.

  • No me lo puedo creer; Liam Hemsworth aquí, en mi fiesta. Es el mejor cumpleaños de mi vida-musitó.
  • Sí… por cierto, felicidades de nuevo-añadió ella, dándole un regalito.
  • Oh, gracias…-murmuró, abriéndolo.

Resultó ser una figura de Saint Seiya, concretamente la del protagonista Seiya de Pegaso.

  • ¡Me encanta! ¡¡Muchísimas gracias, Miley!!-exclamó Lucy, abrazándola con fuerza.

La banda de Liam terminó de montar su equipo y se pusieron a tocar temas conocidos como “Heaven and Hell”, de Black Sabbath o “Fascination” de David Bowie; Liam tocaba la guitarra eléctrica y era uno de los que cantaban, a dúo con uno de sus colegas, un chico de su edad llamado Ted Harris. Poco antes de medianoche, las amigas de Miley y Lucy se acercaron a la anfitriona, hablando una chica rubia de ojos azules llamada Samantha.

  • Lucy, de parte de todas las chicas, felicidades-dijo.
  • Gracias… ¿sabes? Por un momento pensé que el que me hubiese quedado atrás con Miley nos separaría, pero que va… me alegro tanto de que sigamos juntas-se sinceró la chica, muy emocionada.

Las cinco chicas cruzaron miradas de complicidad y Miley se quedó extrañada; algo raro pasaba… o aún no pasaba.

  • Entre todas te hemos comprado este regalito-añadió Samantha, sacando un regalo bastante grande.

Miley comenzaba a sentir una sensación de alarma que no supo explicar muy bien; realmente algo raro pasaba.

  • ¡Vaya, menudo regalo! ¡¡Muchas gracias, chicas!!-exclamó Lucy, yendo a abrirlo.

Por un momento, Miley echó a correr hacia ella para impedírselo, pero un chico al que no conocía de nada se puso en medio y chocó con él, echándose encima el ron con limón que se estaba tomando. En cuanto Lucy abrió el regalo, algo salió despedido y un sonido, como de una explosión, se oyó por todo el recinto.

  • ¡Lucy!-exclamó Miley.

Un humo blanco invadió la estancia y en cuanto se disolvió, Lucy estaba cubierta desde la cabeza hasta los hombros de algo parecido a la harina, pero algo más fino.

  • ¡Ahora!-se oyó entonces.

El techo se abrió de golpe (eso es lo que pensó Miley en cuanto lo vio) y un torrente de ecola cayó sobre ella, pringándola por completo; fue entonces cuando el polvo blanco reaccionó, creando algo parecido a la espuma.

  • ¡Levadura!-exclamó Miley entonces.

Lo sabía, puesto que lo recordaba de las tediosas clases de química; era una de las características de la levadura, sobre todo la química. Todo el mundo se rió con estridencia menos Miley y Liam, que estaba tan alucinado como ella; se acercó hacia Lucy y fulminó con la mirada a Samantha.

  • ¿¡Cómo se puede ser tan hija de perra?!-la espetó.
  • Tú cállate, fracasada, eres tan patética como ella… merecía una buena lección, eso sí-dijo la chica, sin inmutarse lo más mínimo ante el insulto de Miley.
  • Por cierto, Liam, gracias por el suministro de la ecola… chao, fracasadas-añadió Samantha.

Miley miró al chico con la decepción grabada en su rostro, mientras trataba de limpiar a Lucy; el chico negó con la cabeza y exclamó.

  • ¡En serio, Miley, te juro que no sabía nada de esto!
  • ¿¡Ah, sí?! ¿¡Y como es que esa zorra se ha dirigido a ti, eh?! Liam, no me esperaba esto de ti…-musitó ella.
  • Va, Liam, pensábamos que sabías lo de la broma, por eso de que hubieses venido-dijo Ted, recogiendo el equipo.
  • ¿¡Cómo?! ¿¡Vosotros lo sabíais?!-inquirió el chico.
  • ¿Me tomas el pelo? Todos lo sabíamos, por eso Samantha nos dijo que te pidiéramos los suministros de ecola a ti… pensaba que lo sabias, tío-murmuró.

Liam se quedó de una pieza, se sintió usado e insultado.

  • ¡¡Sois unos cabrones!!-les gritó a sus compañeros.
  • Venga ya, Liam, sólo es una broma-dijo Williams, el batería.
  • ¿¡Una broma?! ¡¡A tomar por culo, vosotros y la banda, se acabó!!-anunció.
  • ¿¡Qué?! ¡No puedes hacer eso, eres nuestro mejor vocalista y guitarra!-le recordó Ted.
  • ¡Además, recuerda que tenemos un trato con Spencer, no lo eches todo a perder!-musitó Sam, el otro vocalista y además bajo.
  • ¡Pues por eso mismo! ¡Buscaos a otro vocalista genial y otro contrato con otra discográfica, a tomar por culo ya, hostias!-gritó Liam, furioso.

La expresión en el rostro y su voz cascada hicieron que Miley le creyese a partir de entonces; la recién rota banda abandonó el lugar, quedándose Liam, el cual se acercó a Lucy.

  • Oye, apenas te conozco, pero… nadie merece algo así. Lo siento de veras, lo siento, lo siento… si hubiera podido impedirlo…-musitó.
  • No pasa nada… estoy acostumbrada a que me ignoren y ninguneen…-dijo Lucy, echando a correr.

Miley fue a por ella y la encontró al lado del Liberty Eye, el cual la miraba, oscuro y silencioso; lloraba como una niña de ocho años. Miley se acercó a ella y dijo.

  • Lucy… debí impedirlo yo, notaba algo raro en esa tía falsa… soy yo la culpable…
  • No, tú no tienes la culpa de nada, Miley… no tienes la culpa de que ahora te den de lado por estar conmigo, sólo porque soy la friki de todo el instituto. No merezco tu amistad ¿sabes? Después de esto tú eres mi única amiga…-lloraba Lucy.

Fue en ese momento cuando Miley se arrepintió de haberla juzgado antes, aunque sólo fuera un poco; en su día creía igual que Samantha y su grupo de zorras sin escrúpulos. Ya no podía decir lo contrario, sin embargo podía afirmar que ya conocía un poco más a Lucy.

  • Y por eso me tienes a mí ¿no? Me necesitas como amiga y yo también; todos necesitamos a alguien, aceptándoles como sean. Y tú eres la más especial, Lucy-añadió.

La aludida sonrió por primera vez tras el ataque a su dignidad y la abrazó con todas sus fuerzas, Miley la devolvió el abrazo; ahora sí que Lucy era su amiga. En ese momento llegó Liam con su guitarra y dijo.

  • Ey, chicas, aunque todos se hayan ido… la fiesta aún no ha terminado.

Las dos se miraron y volvieron a la sala, donde estuvieron cantando canciones de todo tipo, mientras se comían la comida que sobró; en un momento dado, Lucy comentó.

  • Ey, Liam, ¿sabes que Miley compone?
  • ¿De veras?-inquirió el chico.
  • Sí, bueno, poca cosa, no te creas…-dijo ella, algo cortada.
  • Que va, tiene más de quince canciones compuestas, te lo digo yo ¿por qué no nos cantas una, Miley?-sugirió Lucy.

Tanto la presionaron que al final tuvo que aceptar; como siempre se llevaba sus partituras consigo, le dio una a Liam para que la acompañara en algunos tempos y también aprovechó de que Ted se había olvidado parte de su equipo para complementar el apoyo; pero sin que ellas se dieran cuenta, dejó encendida la grabación a control remoto y la programó para que empezara a grabar en cuanto el indicara.

  • Vale… la canción se llama “When I look at you”; a ver qué os parece-dijo ella.

En cuanto estuvo preparada, Liam empezó a tocar (y a grabar); y después, Miley empezó.

Archivo:When I Look At You - Miley Cyrus (Time Of Our Lives EP) (Full HQ Download)

Liam se ceñía a la partitura, por un momento pensó que debían de haberla ayudado pero cuanto más la escuchaba, más se convencía de lo contrario; tanto él y como Lucy se quedaron bastante impresionados, no sólo por su bella voz, sino por los ritmos de la canción. Realmente era muy bella; aunque Liam confundió conceptos en ese justo momento. Una vez que terminó, Liam paró la grabadora y Lucy se puso a aplaudir como una loca.

  • ¡Genial, genial, en serio, genial! Miley, tienes futuro en esto-afirmó ella con rotundidad.
  • Ya me gustaría a mí, pero no, qué va-dijo la aludida, mirando al suelo.
  • Para nada, yo también lo creo ¿por qué no le ofreces el tema a alguna discográfica?-sugirió el chico.
  • Pues porque apenas tengo dinero para pagarle a ninguna discográfica; mi padre gana lo justo y necesario y apenas me apoya en esto, no tengo casi oportunidades-explicó ella, algo abatida.

Lucy insistió en que tenía que intentarlo, pero no se bajó del burro; por otro lado, Liam parecía estar meditando algo muy importante, puesto que no habló hasta que Lucy dijo.

  • ¡Ondia, son las 12 y media ya!
  • Pues tengo que irme ya ¿os llevo?-ofreció él.
  • Ah, no, yo me voy en tren-dijo Miley.
  • Y yo en autobús-añadió Lucy.
  • Pero puedo llevar a alguna de vosotras, tengo el coche aquí al lado-insistió, mientras recogía el equipo que Ted se dejó.

Fueron a verlo y las chicas descubrieron encantadas que se trataba de un feltzer rojo precioso.

  • Vaya, tienes un feltzer…-murmuró Miley.
  • Sí, me lo regalaron mis padres cuando cumplí los dieciocho… ¿quieres que te lleve, Miley?-insitió de nuevo él, dejando el equipo en el maletero.

Ella quiso replicar cuando recibió entonces un disimulado pisotón por parte de Lucy; justo después, ella dijo.

  • ¡Bueno, yo me voy ya! ¡Gracias por todo Miley, Liam!
  • Adiós-dijo el chico.

Lucy no tardó nada en desaparecer, dejándoles solos.

  • Venga, ya te llevo yo-dijo Liam una vez más.
  • Está bien, vale-aceptó ella.

Durante casi todo el camino no se dirigieron la palabra, pero cerca ya de Dillon Street, Liam dijo.

  • Yo creo que sí que tienes futuro en el mundo de la música, Miley.
  • Ya, pero…-quiso decir ella, pero el chico la cortó.
  • Hay veces que las oportunidades vienen cuando menos te lo esperas; y estoy seguro de que a ti te visitarán unas cuantas veces. No desfallezcas, Miley, ten fe.

Los dos se miraron fijamente por un momento y pareció que el mundo se había parado de golpe; el motor del coche había enmudecido, así como la ciudad entera y sintieron que sólo estaban ellos dos solos en el mundo. Sin embargo, en cuanto llegaron a su casa, ella se despidió.

  • Bueno… gracias por traerme-murmuró ella.
  • De nada.
  • Bueno, pues… hasta mañana.
  • Hasta mañana, Miley-dijo él, con una sonrisa.

Ella le devolvió la sonrisa y salió del coche; le observó irse hasta que desapareció en dirección hacia Downtown Broker. Ella suspiró y subió las escaleras hacia casa; no creía que tuviera muchas oportunidades, como la dijo Liam. Pero al menos podía seguir soñando; igual quizás, sólo quizás, sucede un milagro.


Capítulo 14 “Una oportunidad”

Liam, en vez de dirigirse hacia su casa, tomó la primera salida hacia el puente de Algonquin y lo cruzó como una bala, ya que apenas había tráfico; fue en dirección al Cruce Estrella y se pegó a la derecha de la calzada hasta llegar a una de las entradas de la torre Rotterdam, donde aparcó.

Rotterdawn

La torre Rotterdam es un gran edificio de oficinas y donde "Liberty Records" tiene su sede

El portero le saludó y subió en el ascensor hasta el piso 98, donde en la pared, nada más salir del ascensor, pudo ver un logo muy grande y llamativo con el nombre de “Liberty Records”; no había nadie en las oficinas pero desde el pasillo pudo ver un haz de luz que salía de uno de los despachos. Entró sin llamar siquiera, dando un susto de muerte al hombre que allí se encontraba.

  • ¡Sí, claro, hablamos de bastante gente! ¿Ya ha empezado el tour, por donde anda?... ah, ya ha salido de Carcer City… entonces dentro de unos pocos días ya estará aquí, perfecto… sí, sí, quedamos en eso… sí, muy bien, de acuerdo-decía el hombre, hablando por teléfono.

En cuanto terminó, se excusó.

  • Perdona Liam, estaba hablando con Mau5trap Recordings, unos compañeros nuestros, hicimos un trato para que Deadmau5 viniera aquí en su nuevo tour… pero bueno, ¿qué más da? La cuestión es que tú estás aquí y sólo puede significar una cosa: te pensaste mi oferta ¿verdad?-inquirió.
  • Sí y no, Spencer, sí y no-dijo Liam.

El tal Spencer se quedó algo extrañado.

  • ¿Si y no? ¿Cómo que sí y no? ¿Qué significa eso de sí y no?-inquirió.
  • Verás, tengo que decírtelo; ya no estoy con la banda, he roto con ellos-anunció el chico.
  • ¿¡Qué?! ¿¡Y eso por qué, si os llevabais de maravilla?!-musitó Spencer.
  • Sí, nos llevábamos de maravilla hasta que descubrí que sólo son una panda de cabronazos que sólo me quieren usar para su puto provecho; y no, Spencer, no pienso volver con ellos-añadió Liam.
  • ¡¡Pero si el trato iba a estar avalado por ti, yo ya tenía hecho el contrato y además ya he registrado el nombre!!-exclamó Spencer, horrorizado.
  • El nombre se puede cambiar ¿verdad?-inquirió Liam.
  • Sí ¿por qué?
  • Porque tengo algo que quizás te interese y puede que te compense por el daño que te he hecho-anunció, sacando un disco.
  • ¿Qué es eso?-inquirió Spencer.
  • Es la grabación de una canción de una chica que yo conozco; quiero que la escuches y si te parece bien, la ayudes a triunfar-anunció Liam.

Spencer le miró, impertérrito y Liam continuó.

  • Venga, viejo, no me mires así ¿eh? Después de todo, no hay nada que el gran Derek Spencer pueda hacer ¿verdad?

Derek Spencer esbozó una pequeña sonrisa de satisfacción y habló.

  • Esa chica… ¿acaso te gusta?

Liam le miró, impertérrito y dijo.

  • No tengo por qué responderte a eso.

Por parte de Spencer recibió una sonora risotada y murmuró.

  • Bueno, supongo que no puedo luchar contra el corazón de un hombre enamorado… y menos contra ti ¿eh, grandullón?
  • Cierra la bocaza esa que tienes y acepta lo que te ofrezco, no te arrepentirás, te lo aseguro-le cortó el chico.

Spencer le miró de arriba abajo con una mirada algo reprobatoria, pero al final cogió el disco y dijo.

  • Está bien, lo escucho y ya te digo.
  • Vale… gracias, Spencer-agradeció Liam antes de irse.

En cuanto el chico se fue, Spencer miró el disco, algo inseguro; finalmente lo puso en su reproductor mientras pensaba.

  • Más vale que merezca la pena, Liam.

Se sentó en su silla y esperó a que la canción comenzara a sonar; a pesar de que era una grabación de lo más corrientona se oía bastante bien y hasta que la chica no empezó a cantar se esperaba cualquier cosa. Pero no fue así. Con cada nota que escuchaba se convencía aún más y la voz de la chica era casi hechizante; era como estar en otro sitio distinto, como si su alma se hubiera separado del cuerpo y estuviera sobrevolando la ciudad, el estado, el país y el mundo entero. Se notaba la mano de Liam con la guitarra eléctrica y eso hacía que sumara más puntos aún; no tardó mucho más en convencerse y en cuanto la canción acabó lo vio.

  • Chica, seas quien seas, te voy a convertir en una estrella-pensó, más seguro que nunca.


Capítulo 15 “Recapitulando”

Apenas habían pasado unas pocas horas desde que mi maestro murió y me daba la extraña sensación de que había habido más víctimas por parte de Santos Guardado; de alguna manera me sentía como si fuera el culpable de todo, como si hubiera abierto la caja de Pandora por segunda vez. Aun así, nadie parecía venir a por mí tal y como me prometió aquella voz por teléfono; ni siquiera le llegué a ver en persona en aquel edificio, pero las palabras de mi maestro seguían repitiéndose en mi mente: “Es como tú y yo”. ¿Qué habría querido decir? No conseguía comprender sus palabras, si es que tuvieran algún significado oculto. Y además estaba eso de slash; ¿a que se referiría? Por un momento pensé en la posibilidad de que fuera aquella nueva droga que oí hablar a los Spanish Lords y los Messina; pero no sería cien por cien seguro, ya que no sabía de qué estaba compuesta ni como era. Y hasta ahora, todo fluctuaba sobre una sola persona.

  • Santos Guardado…-musité.

Él fue el que mató al maestro; él es el responsable de todo después de mis estúpidos actos. ¿Quizás no debí escuchar aquel trato? Puede, pero lo malo es que eso ya estaba hecho y no había vuelta de hoja; además, si quería averiguar más, necesitaba algo de apoyo. Por lo que decidí avisar al comisario Expicport y quedé con él para mañana por la mañana con carácter urgente; debía de averiguar todo lo que pudiera sobre ese tipo. A la mañana siguiente me levanté temprano, ya que quería llegar cuanto antes; había quedado con el comisario a las nueve en punto al norte de Northwood, en unos muelles que había junto a unos almacenes.

Northwood

En Northwood viven y dejan vivir, la policía se pasa lo justo y necesario y la gente mira hacia el suelo cuando anda; es el lugar ideal para una reunión clandestina

Dejé el coche cerca de la salida y esperé dentro de uno de los almacenes hasta que el comisario apareció en su perennial gris; me subí a él rápidamente.

  • A ver, espero que sea importante-dijo el comisario.
  • Sí, lo es… supongo que se habrá enterado de la muerte de mi maestro-obvié.
  • Así es, gran pérdida… era un buen hombre, a pesar de todo-afirmó el comisario.

Tomé aire antes de soltarlo todo.

  • Creo que el culpable es ese tal Santos Guardado; y mi chivatazo ha sido el desencadenante de todo.

Expicport me miró fijamente e inquirió.

  • ¿Estás seguro? Te lo digo porque he intentado investigar un poco y ha sido como darse contra una pared de hormigón.
  • ¿Cómo?-pregunté, sin entender.
  • Verás, Johnny Chivatony no ha sido el único, desde ayer por la mañana han muerto una serie de personas que estaban indirectamente relacionadas; gracias a unas pesquisas hechas por el comisario de Dukes lo hemos podido atestiguar, pero hasta ahora no hemos llegado más lejos-explicó.
  • El comisario de Dukes… nunca he tratado con él-observé entonces.
  • Hubo un asesinato en Meadows Park la noche pasada, fue él el que se encargó del caso personalmente; pudo establecer conexiones entre la víctima y un residente de Bohan, que casualmente también había sido asesinado el mismo día y que tenía contactos con un vendedor de lanchas de segunda mano robadas, también asesinado el mismo día. La primera víctima llevaba un par de fajos de droga en los bolsillos, pudieron ser demostradas mediante unas muestras de agua que el comisario de Dukes mandó recoger, en dicha agua había un componente extraño que se llegó a identificar como una droga nueva. El residente de Bohan le proveía de esta droga, que a su vez provenía de un velero robado que el vendedor de lanchas trataba de endosar aparte, creemos que fue por eso por lo que le mataron.
  • ¿El residente de Bohan no sería, por un casual, un Spanish Lord?-inquirí.
  • Pues sí, pero ninguno de sus conocidos apoyaron nuestra versión; seguimos creyendo que la droga se distribuye de otra manera, el velero ha sido incautado y lo están desmantelando, aunque si hay otros focos de distribución, no tenemos ni idea de donde pueden estar-explicó Expicport.
  • ¿Y qué hay de Santos Guardado?-insistí.
  • No mucho, la verdad, no tenemos su ficha y apenas hay alguien por aquí que nos cuente cosas de él…
  • ¿Y qué hay de los Messina? Del trato que me enteré ellos también estaban implicados-sugerí.
  • Esto te va a hacer reír, hemos encontrado el cuerpo de Harry Hall en una de las suites del Majestic; Harry era el consigliere de los Messina y un chuloputas de tres pares de narices, creemos que su muerte puede estar relacionada con Guardado, pero… apenas tenemos pistas a las que atenernos. Ni siquiera hay fuentes fiables.
  • Joder, es como intentar coger el humo-observé.
  • ¿Verdad? Es como si apenas existiese…-asintió Expicport.
  • ¿Y no hay otra manera de investigarlo? ¿no hay nada que podamos hacer?-insistí yo, una vez más.

El comisario me miró de hito en hito y comentó.

  • Te veo muy motivado, Sg.
  • ¿Motivado, dices motivado? Ese mamón ha matado a mi maestro, te diré que motivado no es la palabra que mejor lo define-le espeté.

Nos quedamos en silencio por un momento y luego el comisario continuó.

  • En el cuerpo entero la mayoría de los comisarios creemos que el caso no irá a ninguna parte; pero el comisario de Dukes está realmente empecinado, puede que si le ayudas saques algo en claro, si es que realmente quieres hacerlo-murmuró.
  • Ya, y tú eres de los que no creen en el caso ¿verdad?-inquirí.

Expicport suspiró y dijo.

  • Yo sólo me ciño a los hechos… y teniendo en cuenta la situación actual, lo veo muy complicado. Pero si tú quieres intentarlo, adelante.
  • Ya lo creo… ¿dónde vive ese tipo?-pregunté.
  • En Colinas Meadow, 546 de Parr Street-dijo Expicport de seguido.

Me fui a ir cuando el comisario me paró.

  • Y dile que vas de mi parte… así se fiará un poco más de ti.

Le lancé una mirada llena de reproche y salí del coche; el comisario arrancó y se fue del lugar, como si nunca hubiese estado.

  • Se fiará un poco más de mí… será por la cara que tengo, no te jode…-dije por lo bajo.

Volví a mi coche, con la dirección apuntada en mi cabeza; en el caso de que necesitara ayuda (que la necesitaba), este hombre podía ser la respuesta. Así que no perdí más tiempo y me dirigí al lugar.


Capítulo 16 “Flipando, ayudando y despegando”

Parecía el cuento de nunca acabar; los tubos que se habían podido quedar en el órgano estaban casi acabados y sólo faltaba sacarlos brillo. El resto estaban aún en el taller, siendo afinados y reparados a lo grande; la tercera parte ya había sido pedida a George Kilgen & Son, los cuales les habían echado la correspondiente bronca por no cuidar bien de una de sus obras. Tendría que haber estado el obispado presente, que eran los que verdaderamente merecían la bronca, pero bueno; tardarían unos cinco días justos en hacer tubos nuevos y mandarlos a Liberty. Paul ya había terminado con la madera de la caja, la había dado varias capas de barniz, limpiado las ornamentaciones y encerado los boliches de madera superiores. Seguía pensando en que no daría tiempo para el concierto de órganos, pero igual si se daban prisa sí que conseguirían acabar en el plazo estipulado; ya estaba casi todo listo excepto los fuelles, los cuales estaban hechos un colador. Paul optó por comprar compresores y así quitarse un problema de en medio, pero Lucius propuso restaurar los fuelles y tecnificarlos, ya que el padre Peaceful lo prefería así (un órgano con compresores y otro con fuelles, aunque fueran eléctricos); Paul lo veía un poco tonto, pero era el padre Peaceful el que pagaba, así que. Por eso mismo, quería ir a comprar una tela especial para cambiarla por la vieja mientras que Lucius se hacía con el motor, habían quedado para ir juntos; antes de irse quiso comprobar de nuevo y como bien predijo ayer por la noche, encontró otra mancha blanca en el suelo, junto a más tubos. Aunque esa vez sí que llegaba con el brazo y se manchó varios dedos con ese extraño polvillo; se llevó la mano a la nariz y lo olió un poco, no olía a nada. Algo inseguro, pero con mucha curiosidad, lo probó un poco y con suma sorpresa murmuró.

  • ¿Naranja?

Sabía a naranja, concretamente a zumo de naranja ya preparado, de esos que salen de fábrica; se quedó gratamente sorprendido, hasta lo volvió a probar para cerciorarse. Se chupó los dedos cual niño de cinco años y hasta lo volvió a probar otra vez, como si no estuviera seguro de su sabor.

  • Si lo llego a saber antes no se lo reprocho a Lucius…-pensó, algo atontado de repente.

Fue a irse cuando de repente oyó que alguien tocaba alegremente el órgano; habrase visto semejante desfachatez.

  • Oiga, amigo, un órgano como este sólo puede ser tocado por manos… exper…tas…-musitó al ver de quien se trataba.

Johannes Sebastian Bach era el que estaba a los teclados y le miró con mala cara.

  • ¿Y yo que soy, compositorucho y medio? ¿Una broma? ¿Compuse la mejor tocata y fuga para nada, acaso? ¿Eso es lo que tratas de decirme?-inquirió, visiblemente molesto.
  • Ah… no, no… yo…-balbuceó Paul, sin comprender lo que estaba pasando.
  • Pe, pe, pe, pero, pepero. Sí, claro, eso es lo que dicen todos, se hacen los tontos como si no supieran lo que habían dicho para luego retractarse de la manera más fácil posible; ¿te crees que he nacido ayer?-le espetó Bach.
  • Debo de estar soñando-musitó Paul, casi afirmando.
  • Sí claro, y cuando despiertes te irás de picnic con tus amigos y luego irás de copas ¿no? Un día perfecto ¿verdad? ¡¡Pues no señor!! ¡Ni estás soñando, ni yo soy real ni nada de nada, puedes seguir intentando disculparte, venga!-exclamó Bach, molesto.

Paul quiso decir algo cuando otra figura hizo acto de presencia.

  • Déjalo Johannes, nuestro amigo no tiene ni idea de música… ¿compositor avezado? Alguien debería enseñarle a Lucius Johns a sumar y a restar-soltó Dietrich Buxtehude.
  • ¡Di que sí, Dietrich, di que sí! ¡Componen dos o tres canciones y se creen que ya saben interpretar la mejor obra del mundo! ¡No tienen ni idea, joder!-apoyó Bach.
  • El problema es que están asentados, deberían hacer como yo, viajar para poder afirmar que sí conocen mundo-murmuró Girolamo Frescobaldi, saliendo en ese momento del interior del órgano.
  • ¿Dices, Girolamo? Yo he recorrido más de mil millas desde Eichenag a Leizpig, y andando. Puedes consultar mi biografía en Wikipedia si quieres-le sugirió Bach, molesto de nuevo.
  • Estás demasiado acomplejado, Johannes, deberías replantearte tus prioridades…-comentó Girolamo.
  • A ver, ya están de nuevo…-murmuró Dietrich.
  • De cualquier manera, alguien debería de enseñar a este pipiolo a no meterse con los maestros ¿no os parece? Que sepa como se siente la verdadera música-sugirió Girolamo, señalando a Paul.
  • A favor-dijo Dietrich, levantando la mano.
  • Más bien-asintió Bach, mirándole fijamente.
  • Pero bueno ¡¡¡esto es absurdo!!!-chilló Paul, descolocado.

En ese momento los compositores desaparecieron; Paul miró hacia arriba y vio que los biseles de los tubos del órgano se estiraban hasta alcanzar una línea muy fina; acto seguido se abrieron y mostraron una enorme bocaza con el fondo rojo. El órgano se movió sólo y en ese momento dijo con voz cavernosa.

  • ¿Quieres saber como se siente la verdadera música? Lamentarás haber nacido… ¡¡JA, JA, JA!!

Abrió la bocaza y una lengua con forma de pentagrama fue a agarrarle.

  • ¡¡Dios, esto es una pesadilla!!-musitó Paul, esquivando a la lengua.

El órgano reía como un loco y no cesaba en su empeño por atraparlo; en ese momento llegó Lucius el cual, extrañado al verlo en el suelo, inquirió.

  • ¡Paul! ¿Estás bien?
  • ¡¡Cuidado Lucius, detrás de ti!!-gritó Paul, apartándole del medio.

La lengua con forma de pentagrama había estado a punto de cogerle.

  • ¿¡Pero qué haces?!-inquirió Lucius.

Pero el órgano aprovechó ese inciso para cogerle con ella; notó como le aprisionó por la cintura y lo arrastraba hasta su bocaza para devorarlo.

  • ¡¡JA, JA, JA, JA!!-reía el instrumento.
  • ¡¡Noooooooooo!!-gritó Paul.
  • ¡¡Paul!!

Y en ese justo momento, todo fundió a negro. Sólo despertó al poco rato, pero a Paul pe pareció que llevaba una eternidad dormido; pestañeó y vio un techo muy blanco, todo estaba iluminado por lamparas fluorescentes.

  • ¿Dónde estoy?-inquirió.
  • En el hospital de Lancet, el que quedaba más cerca; joder, qué susto me has dado-oyó una voz.
Hospital de Lancet-GTA IV

El hospital de Lancet es el más cercano a la catedral de Colón

Giró la cabeza y vio a Lucius mirándole fijamente, sentado en una silla.

  • ¿qué ha pasado?-musitó Paul, enderezándose.
  • Sí, eso mismo me pregunto yo; es más, creo que esa pregunta te la tendría que hacer yo a ti ¿no te parece?-le espetó, con voz enfadada.
  • ¿De qué cojones me hablas?-inquirió el compositor.
  • ¿No te acuerdas de nada? Te volviste loco de repente, decías que el órgano del coro estaba vivo y que trataba de comerte; y de camino hacia aquí no dejabas de delirar, argumentando que habías visto a Bach, Buxtehude y Frescobaldi-explicó Lucius, severamente.
  • Pero… estaba flipando-musitó Paul.
  • Claro que estabas flipando, de eso ya me había dado cuenta-afirmó Lucius.
  • Eh, oye, no soy ningún drogadicto-saltó Paul.
  • Oh, claro que no, hasta que me di cuenta, claro.
  • ¡¡No!!-gritó Paul.
  • ¡¿Entonces como argumentas ese arrebato de locura transitoria, eh?! ¿Me vas a decir que has bebido? Esa es la excusa más usada-murmuró Lucius.
  • No tomo drogas-dijo Paul, tajante.
  • Está bien… está bien. Entonces dime que ha pasado-pidió su amigo.
  • Pues a ver, subí al órgano para mirar y descubrí otra vez esa mancha de la que te hablé; conseguí llegar hasta ella y la probé, sabía como a… naranjada-explicó Paul.
  • ¿Naranjada?-repitió Lucius, incrédulo.
  • Sí, naranjada, como de esas en polvo para preparar.

Lucius le miró por un momento y dijo, a modo de recapitulación.

  • Me estás diciendo que te encontraste algo desconocido en el suelo y no se te ocurrió otra cosa que probarlo.
  • ¿Y qué querías que hiciera? ¿Llamarte para que lo vieras y una vez que hubieras llegado no haber nada, como la otra vez, y darte más motivos para hacerte creer que estoy loco?-sugirió Paul.
  • ¡Pues igual sí, mira!-asintió Lucius.
  • ¡Cojonudo, pues! ¡El trabajo se alarga, no nos va a dar tiempo, aparecen y desaparecen manchas blancas en el órgano y ahora crees que estoy loco! ¡Te creía un poco más comprensivo, Lucius!-le espetó Paul.
  • ¿¡Ahora estás con esas?! Mira Paul, me caes bien, eres buen hombre, pero ahora no hay tiempo para manchas blancas ¿vale? ¡Sólo quedan poco menos de cinco días! ¿¡Y los tubos nuevos?!-inquirió.
  • En cinco días están aquí-anunció Paul.
  • ¡¡Cinco días!! ¡¡No nos da tiempo!!-musitó Lucius.
  • ¿¡Ahora te das cuenta?!-inquirió el compositor con tono burlón.

Lucius quiso contestar, pero por un momento se serenó; se recompuso antes de hablar.

  • Mira… voy a hacer como que nada de esto ha ocurrido ¿vale? Voy a volver al almacén a terminar de afinar esos tubos, aunque no duerma; y luego te los llevo para montarlos los dos juntos y con mis chicos ¿vale?
  • Vale, organizador de la comunidad-respondió Paul.

Lucius le puso mala cara y se marchó dando un portazo; Paul se pasó las manos por la cara, cansado. En ese momento llegó el doctor.

  • Buenas… ey ¿y su amigo?
  • Se ha tenido que ir, está ocupado trabajando su dignidad-respondió Paul.
  • Ah… bueno, tengo los análisis de su sangre, señor Mottram. Antes de nada he de preguntarle algo ¿es usted drogodependiente?-inquirió el doctor.
  • ¿Otro? ¡No, no tomo drogas!-exclamó, hartito del tema.
  • Vale, vale, confío en su palabra… lo comento porque hemos encontrado de todo ¿sabe? Una mezcla rarísima de cocaína, heroína, éxtasis y… extracto de naranja en polvo-explicó el médico, mirando en su ficha.
  • ¿Todo eso?-inquirió Paul, sin creérselo.
  • Pues sí, menuda bomba… ¿seguro que no toma drogas?
  • ¡No!
  • Vale, vale… pues no entiendo como ha podido tragarse todo esto, la verdad… ¿toma ansiolíticos, señor Mottram? Debería reducir la dosis…

Pero Paul no le escuchaba, al menos ya sabía que eso blanco no era yeso, sino droga; y además ¿qué haría droga dentro del órgano? Por un momento se le ocurrió una idea descabellada, pero la descartó enseguida; nadie más tenía acceso a la catedral. A no ser…

  • No puedo quedarme de brazos cruzados, he de hacer algo-pensó Paul.

Vaya si lo haría…




Llegué a Parr Street enseguida, fui todo lo rápido que pude; no sabía si estaría en casa o en la comisaría, pero intentaría primero en su casa. Llamé a la puerta y al cabo de un rato, me abrió un hombre más o menos de mi edad, de mirada seria y concienzuda.

Meadow Hills

Colinas Meadow es un barrio muy endogámico, con una arquitectura de corte clacisista

  • ¿Sí?-inquirió.
  • ¿ClaudeGTA3?-pregunté.
  • El mismo-dijo.
  • Me llamo Sg91, vengo de parte del comisario Expicport, me ha comentado que los dos tenemos un enemigo en común-expliqué.
  • Yo tengo muchos enemigos-dijo, como quien no quiere la cosa.
  • Seguro, aunque no de la talla de éste-murmuré.
  • Je, a ver…
  • Santos Guardado-dije con voz pausada.

Los dos nos quedamos en silencio por unos pocos segundos y al final él habló primero.

  • Entra.

La casa era bastante modesta para ser la de un comisario de la policía.

  • ¿Qué es lo que sabes exactamente de él?-me preguntó.
  • Que es capaz de hacer que maten a cualquiera, que es tan escurridizo como una anguila y que trafica con algo llamado slash-expliqué.

Claude asintió con la cabeza y dijo.

  • Sí, algo puesto sí que estás… ¿Johnny Chivatony?-me preguntó entonces.
  • ¿Cómo?
  • Johnny Chivatony es una de sus más recientes víctimas… estás aquí por él ¿verdad?-inquirió, casi afirmando.

Bajé la cabeza y él lo interpretó como un sí.

  • Sí, un hombre muy misterioso ese Santos Guardado… aquí en Liberty apenas tenemos información sobre él; no se ha sabido nada hasta hace poco y por la intervención en esa droga nueva suya llamada slash-se puso a explicar, mientras cogía una carpeta y miraba varios documentos.
  • Entonces es una droga-dije.
  • Sí, bueno, sería más correcto decir drogas, ya que es una extraña mezcla de cocaína, heroína y éxtasis.
  • Ostias, menuda bomba-comenté.
  • Sí, pero para camuflarla lo mezcla todo con altas dosis de preparado de naranja en polvo para pasarla desapercibida; y no sólo de naranja sino de otros sabores como fresa, chocolate, frutas del bosque…-explicó, leyéndolo en una ficha.
  • Bastante astuto-dije.
  • Realmente… y altamente peligroso, también-añadió Claude, cerrando de golpe la carpeta.
  • Bueno, eso está claro ¿no?-murmuré, con tonito obvio.

El comisario sonrió levemente y siguió explicando.

  • Estamos en la estacada, literalmente. Si queremos saber más de él vamos a tener que ampliar la investigación más allá de Liberty, rebuscando entre la mierda local no encontraremos nada más.
  • ¿Y dónde sugieres?-inquirí.

Claude se sentó en el sofá y anunció.

  • Como estamos hablando de una droga, lo más sensato sería buscar en Vice City y Los Santos, los dos puntos principales de distribución de droga entre la costa este y oeste… así acotaremos la búsqueda y será más fácil encontrar pistas nuevas.
  • Ya… entonces ¿A dónde piensas ir primero?-pregunté, repentinamente incómodo.
  • Dado que pensaba ausentarme durante un tiempo de mi puesto, me vendría bien que me ayudases; si es seguro que me vayas a echar un cable entonces pásate tú por Los Santos y yo haré lo propio con Vice City-repartió las ciudades, malamente desde mi punto de vista.
  • Ergh… pienso ayudarte, pero… ¿me cambias la ciudad?-pedí.
  • ¿Y eso por qué?-inquirió el comisario, extrañado.
  • Bueno, digamos que… Los Santos y yo no nos llevamos muy bien…-dije, sin ganas de dar explicaciones.
  • Oye mira, ¿acaso vas a hacer tú el trabajo de campo? No ¿verdad? Además, seré yo el que consiga los contactos, me la suda si te llevas bien o no con la ciudad, te toca Los Santos y no hay nada más que hablar-dijo, tajante.
  • Pero…
  • ¿Sí?

Le miré por un momento y al final tuve que ceder.

  • Está bien…-musité.
  • En cuanto tenga los contactos te llamo para irnos… dame tu número-me pidió.

Nos intercambiamos los números y yo me fui de allí; Los Santos… no me gusta Los Santos, nunca me ha gustado Los Santos ¿qué tiene Los Santos que no tenga Liberty o Vice o San Fierro? No sé, qué asco. Espero que esta insólita y repentina unión merezca la pena…




Antes de irse para casa, la profesora Score hizo llamar a Miley para entregarle unas partituras.

  • Las he revisado todas, apenas tienes fallos, pero te he corregido unos sostenidos un poco bajos; por lo demás, están perfectos-explicó.
  • Gracias, profesora-agradeció ella.
  • De nada cielo, sigue componiendo ¿eh? Ya sabes que yo te apoyo-añadió ella.
  • Claro, seguiré… adiós-se despidió la chica.

Nada más salir del patio se encontró con Liam, el cual le esperaba apoyado en su feltzer.

  • Hola Miley-saludó él.
  • Ah, hola Liam… ¿qué tal?-inquirió ella, sonriendo inconscientemente.
  • Bien, no me quejo… oye, una cosa, necesito que vengas conmigo a un lugar ¿te importa? No te quitaré mucho tiempo-explicó él.
  • Ah, pues… vale, pero ¿A dónde vamos?-quiso saber ella.
  • Ahora lo verás… sube-indicó él, abriéndola la puerta.

Por un momento echó un vistazo al patio y vio a un grupo de chicas, entre ellas a Samantha y las suyas, taladrándola con la mirada; aprovechó ese momento para regodearse y fardar como nunca antes lo había hecho. El feltzer arrancó suavemente y se dirigieron hacia el puente de Algonquin, el cual lo atravesaron en menos de cinco minutos, pasando a Algonquin.

Ella asintió y dijo.

  • Si me llevas por aquí, me pierdo.

Estuvieron en silencio hasta llegar a la torre Rotterdam, donde el portero le abrió la puerta a Miley.

  • Vaya, la torre Rotterdam… vista desde abajo parece más alta-se fijó ella.
  • Pues es aquí donde hay que ir, apuesto a que te gustaría ver las vistas desde el mirador del piso 82-dijo él.
  • ¡Me encantaría!-exclamó ella, encantada.
  • Je, je… pero antes vamos a ver una cosa en el piso 98-dijo él.

Una vez en éste, Miley se fijó en el logo de la pared.

  • “Liberty Records”… ¿una discográfica?-inquirió ella.
  • Eh… sí, una de las más famosas de la ciudad… por aquí-indicó él, cortando el estupor de la chica.

La llevó hasta un despacho, al cual entró sin ningún reparo y de golpe.

  • Aquí está, Spencer-dijo Liam.

Spencer se dio la vuelta en su silla y nada más verla, se le iluminó la cara.

  • Aquí está… aquí está, aquí está. Oh, Dios mío… oh, Dios mío-murmuró.
  • ¿Le ocurre algo, señor?-inquirió Miley, extrañada.
  • ¿Qué si me ocurre? ¿¡Que si me ocurre, dices?! ¡¡Todo!! ¡¡Me ocurre todo!! ¡¡Estoy exultante!! ¿Y sabes por qué?-inquirió Spencer, acercándose a una Miley estupefacta.
  • ¿Por… qué?-inquirió ella, apartándose un poco.
  • ¡Pues porque has venido! ¡La próxima revelación del momento, está aquí, en mi despacho!-exclamó Spencer, fuera de sí de gozo.

Miley miró primero a Spencer y luego a Liam, el cual le miraba divertido.

  • Liam… ¿qué está pasando?-inquirió ella, con un hilillo de voz.

El chico fue a contestar cuando Spencer lo hizo por él.

  • ¡Pasa, querida mía, que estás a punto de ser una mega estrella, y yo me encargaré personalmente de ello! Mira, he oído tu maqueta y es simplemente deslumbrante, podemos empezar con ese sencillo tema y luego ir lanzando más hasta realizar un primer álbum, pero antes de eso, un primer concierto. Lo veo, si es que lo veo… ¡¡Lo veo!!-gritó Spencer.

Miley todavía no se situaba y la costaba entender, pero Liam la sacó del atolladero.

  • Verás Miley… el otro día te grabé cuando cantaste aquel tema y se lo presenté a Spencer, que es amigo íntimo de mi familia. Cuando estaba con mis amigos en el grupo estábamos a punto de firmar un contrato de exclusividad que nos lanzaría a la lista de los últimos éxitos, pero tras lo que pasó ayer me lo pensé mejor y, bueno… decidí que te merecías la oportunidad.

Miley se quedó estática, Liam no dijo nada más y sólo se oía a Spencer, que seguía divagando y haciendo castillos en el aire, muy nervioso.

  • Qui… quieres decir que… has hecho esto por… mí-musitó ella.
  • Bueno, sí… y porque realmente te lo mereces, Miley, más que yo-repitió él.

Ella quiso decir algo, pero no pudo, sólo sentía unas ganas tremendas de llorar sin saber por qué; Spencer seguía hablando solo y no ayudaba, al final ella se fue corriendo de allí.

  • ¿Querida?-llamó Spencer.
  • Ya voy yo-dijo Liam.

No dudó ni en un momento donde podía haber ido y fue a paso normal hasta el mirador; encontró a la chica en una esquina, mirando en dirección al mar y llorando. Se acercó a ella e inquirió.

Cartel de la Rotterdam Tower-GTA TBOGT

Desde el mirador del piso 82 hay unas vistas espectaculares de toda Liberty City; la publicidad también es otro medio de vida

  • Ey ¿Qué pasa, por qué lloras? ¿No te gusta?
  • ¡Pues claro que me gusta, es un sueño, es… mi sueño, y ahora es real!-masculló ella.
  • ¿Entonces?-dijo él, ingenuamente.

Miley le miró con un poco de reproche y exclamó.

  • ¡Tonto, lloro de felicidad!
  • Ah, vale… es que… por un momento me he preocupado-explicó él.

Miley se calmó y se limpió las lágrimas.

  • Liam… gracias por todo, de verdad. Gracias a ti mi sueño… se hará realidad-agradeció ella.
  • De nada, pero en parte también has de darle las gracias a ese gran talento que tienes; Spencer no suele aceptar así como así, jamás le había visto tan excitado-explicó el chico.

Por un momento se miraron a los ojos y de nuevo esa sensación volvió a repetirse; todo se paraba, se quedaban solos en la ciudad. Sólo estaban él y ella.

  • ¿Volvemos? Conociendo a Spencer debe de estar subiéndose por las paredes de la preocupación-sugirió Liam.
  • Je… vale-dijo Miley.

Algo nerviosa, incluso, Miley se dirigió con Liam hacia su futuro, que ahora se vislumbraba más brillante y claro que nunca.


Capítulo 17 “Navegando hacia el sur”

Ricky se sentía muy nervioso sin saber del todo bien por qué; había pasado un día desde que mataron a su socio y se sentía como si alguien le vigilara o siguiese. Debía de encontrar al cabrón que mató a Mikey y hacerle pagar por lo que había hecho. No sabía muy bien por donde empezar, por lo que estuvo recapitulando todo lo que había pasado hasta dar con un posible punto de partida; fue entonces cuando lo tuvo claro. Lo mataron porque trataba de endosar el velero que antes mangó a esos pringados; igual en ese velero estaban las respuestas que buscaba. Pero antes debía de encontrarlo, y ya pensaba en una posible ubicación, donde Mikey siempre dejaba las lanchas que él le conseguía. Había un pequeño muelle bajando toda Hubbard Avenue desde el principio de la avenida hasta el final, al lado de la intersección con Rand Avenue; miró allí pero no encontró nada. Otro sitio que visitó fue el muelle cercano a la central nuclear en el Polígono Industrial de Acter, pero tampoco encontró nada; en el muelle al lado del viejo casino tampoco encontró nada, al igual que en otro muelle cercano al Centro Penitenciario Alderney.

  • Aunque espera, la policía fue al piso de Mikey y quizás vieron el email… puede que la guardia costera lo haya confiscado, y en ese caso sé a donde puedo ir-pensó Rick, rápidamente.

La guardia costera tiene su depósito de barcos y vehículos confiscados en una dársena en la isla de carga, justo debajo del puente de Borough Este. Sin más demora se dirigió allí en taxi y se escondió entre la maleza cercana para no ser detectado por los guardias que vigilaban la entrada; vio a dos custodiando la puerta, uno subido a una pasarela que había dentro del recinto y otro en el otro lado del almacén, vigilando todos los botes incautados, entre ellos el marquis que robó.

  • Oh, sí, genial-pensó Rick.

Sólo tenía que ser lo suficientemente sigiloso como para que no le detectasen y poder llegar al velero sin problemas; aprovechando que en uno de los lados nadie vigilaba, saltó la verja y continuó pegado a la pared hasta llegar al otro lado del almacén. El guarda no le quitaba el ojo a los botes, iba a necesitar alguna distracción para quitárselo de en medio; en ese justo momento cayó una pluma sobre el agua y acto seguido, una mierda blanca manchó la camisa del guarda.

  • ¿¡Pero qué cojones?!-musitó.

Miró hacia el techo y vio una paloma, mirando el panorama alegremente.

  • ¿Te diviertes, zorra alada? ¡Te voy a poner fina, rata asquerosa!-exclamó el guarda, sacando su pistola y apuntando.
  • ¡Oportunidad de oro!-pensó Rick, echando a correr en dirección a los muelles.

Aprovechando que algunas lanchas eran algo más altas, fue agachado hasta llegar al velero; justo después de colarse dentro, pudo oír un par de disparos y al guardia decir.

  • Me pregunto cuantas ratas más quedarán en esta alegre ciudad.

Entró dentro del velero y estuvo rebuscando algo que vinculara al asesino de Mikey, habían recogido los restos de aquella comilona; pero le llamó la atención una larga rajada con un cuchillo en un sofá de cuero. Todo parecía indicar que sacaron algo del interior, probablemente droga. ¿Por eso mataron a Mikey, porque el velero era un punto de distribución de droga? En ese caso, el culpable de que le hubieran matado era él; al robar el velero, había delatado de alguna manera a Mikey y los matones habían ido a por él siguiendo el rastro de la embarcación.

  • Dios Mikey, lo siento, realmente lo siento…-musitó Rick, abatido.

Aunque no vio la ficha policial de la requisición del velero hasta que se levantó del suelo, en ésta ponía lo siguiente:

Ficha de requisición de embarcación, Liberty City Police Department
Datos: Velero marquis de un solo palo, motor diesel de 90 caballos, velocidad máxima 15 nudos
Caso relacionado: Asesinato de un traficante de lanchas de lujo, Mikey Summers, residente de Alderney
Evidencias: Encontrados varios fardos de droga en el interior de los sofás, droga extraña y poco común que se analizará; posibles conexiones con las mafias de distribución de droga de Vice City

  • Vice City…-dijo Rick por lo bajo.

Era lo único que tenía, Vice City, la ciudad de la corrupción durante aquellos locos años 80; si lo que quería era respuestas, estaba claro que allí las encontraría. Y que mejor forma que desparecer de golpe con un velero que es mejor verlo hundido en el Atlántico.

  • Sí, me iré de aquí por una temporadita-decidió entonces Rick.

Miró a ver si había moros en la costa, por suerte el guardia había desaparecido y no vio a nadie cerca vigilando, por lo que no tuvo inconveniente en arrancar el motor e irse de allí pitando; salir de la dársena fue sencillo y no pasó nada de nada, la policía no fue a por él ni nadie le dijo ni mu. Puso proa hacia el sur sin perder ni un segundo, lo último que vio fue la figura de la estatua de la Felicidad antes de perderse en el horizonte.

  • ¡¡Adiós, Liberty, hasta la próxima!!-gritó al cielo, con cierto tono eufórico. Y es que podía sentirse así, ya que por fin tenía una pista y ponía rumbo hacia ella sin perder más tiempo.

Bordeó la costa este durante varias horas, llegando a ver desde lo lejos ciudades como Philadelphia o Baltimore; cerca de las ocho y media pasadas, ya atardeciendo, el motor comenzó a renquear hasta que al final soltó un feo ruido, como de agotamiento, y se paró. Rick miró el indicador de gasolina, totalmente vacío.

  • ¡Oh, mierda, mierda, total mierda! ¿¡Cómo se me ha podido olvidar algo así?!-se dijo, furioso.

Ahora estaba a la deriva a la altura de Baltimore y veía su futuro algo más complicado.

  • Que mierda, joder-se espetó.

A no ser que encontrara a alguien que le remolcara hasta la gasolinera portuaria más próxima, lo tenía jodido; y no pensaba contactar con la guardia costera con un velero incautado. Estuvo un par de minutos tirado en la cubierta superior, junto a la proa, cuando vio algo en la lejanía acercándose a toda velocidad en dirección Liberty; era como un punto en el cielo.

  • ¿Qué es eso?-se dijo, en voz baja.

Cada vez estaba más cerca y bajaba a una velocidad alarmante; varias veces la luz del sol incidió sobre él y no le dejó verlo con claridad. Enseguida empezaron a oírse las aspas de un rotor.

  • ¿Un helicóptero?

Dicho aparato era más pequeño de lo habitual, era de color negro y mucho más veloz que un maverick común.

  • Igual me pueden ayudar… ¡eh, aquí! ¡Aquí, ayuda, socorro!-exclamó Rick, agitando los brazos.

En cuanto el helicóptero estuvo lo suficientemente cerca, hubo como una especie de ruido de mecanismo y un cohete se dirigió contra el velero.

Buzzard-GTA TBOGT

No te da tiempo ni a rezar

  • ¡¡Oh, joder!!-gritó Rick.

El primer misil impactó contra la popa, la cual estalló en pedazos; el segundo lo hizo contra el centro del velero, el mástil cedió y cayó sobre estribor; y un par de últimos cohetes sobre la popa, dejándola irreconocible. El barco se astilló por todos los lados y se resquebrajó de arriba abajo, partiéndose en dos por la mitad y hundiéndose en las heladas aguas del Atlántico; el helicóptero dio un par de pasadas por la zona del naufragio y regresó por donde había venido, perdiéndose en la lejanía. Varias pompas surgieron en la superficie y acto seguido salió Rick del agua, aspirando fuerte una bocanada de aire.

  • ¡¡Dios, esa cosa ha intentado matarme!!-chilló como un loco.

Estuvo flotando durante un buen rato, ya casi había atardecido y apenas se veía la costa; pero poco después comenzó a acercarse un carguero de nombre Octopus, y llevaba bandera de Liberty City.

  • ¡Ah del barco! ¡Eh, aquí, aquí! ¡Socorro!-gritó con todas su fuerzas.

Unos potentes focos situados a proa se encendieron y le iluminaron, él siguió braceando para hacerse ver; el barco aminoró la marcha hasta parar y pocos minutos después una barca de salvamento se acercó a él.

  • ¿Ha naufragado usted?-inquirió un oficial, ayudándole a subir.
  • Sí, se podría decir que sí-afirmó él.
  • Es un náufrago, capitán-dijo el oficial por walkie.
  • Vale, le acercamos a la costa y seguimos-le oyó decir.
  • ¡Esperen! ¿Van a Florida acaso? Necesito ir a Vice City, me dirigía hacia allí en mi barco cuando choqué contra algo, un escollo o yo que sé que era eso y me hundí, fue todo muy rápido, no vi casi nada. Por favor…-pidió Rick, mientras le pasaban unas mantas.

Los marineros se miraron y le dijeron.

  • Tiene suerte amigo, nosotros nos dirigimos hacia allí, bienvenido a bordo.

Al menos le habían hundido el barco, pero no le habían hundido sus ganas de vengar a Mikey; eso por descontado.

Capítulo 18 “Tras la sacristía”

Paul no pudo hacer nada más después de que le dieran el alta en el hospital; la cabeza le martilleaba como un bombo y dudaba que en lo que quedaba de día pudiera hacer nada. Así que el resto del día se las pasó tumbado en la cama del hotel, notando como el mundo le golpeaba en la cabeza.

A la mañana siguiente, con los ánimos más caldeados y dispuesto a hacer varias averiguaciones, fue a la catedral a eso de las ocho y media, puesto que ese día había ceremonia y el padre Peaceful le había pedido que les acompañara con el órgano; al parecer había muerto un pez gordo del Centro Financiero. La misa comenzó mediante varias oraciones del padre Peaceful que todos siguieron mientras él acompasaba tocando una marcha fúnebre compuesta por Chopin pero que fue reeditada años después por Jean Paul Verpeaux, en un estilo muy acorde al de Bach. Durante toda la interpretación no oyó nada raro.

Chopin's funeral march opus 35 in Bach's style03:54

Chopin's funeral march opus 35 in Bach's style

Marcha fúnebre de Chopin, reeditada por Jean Paul Verpeaux

Tras las oraciones se pasó al acto penitencial y posteriormente al señor, ten piedad; después vino el gloria, donde pudo tocar una cortita pieza para acompañar a los cantos, compuesta y preformada por Philip Moore.

SOA Tues 2nd Feb All Saints Church Oystermouth Swansea Gloria In Excelsis Deo Phillip Moore02:27

SOA Tues 2nd Feb All Saints Church Oystermouth Swansea Gloria In Excelsis Deo Phillip Moore

Gloria, performada por Philip Moore

Justo después vino la lectura del evangelio según san Marcos, leyó el hermano del fallecido; tras los salmos responsoriales, el padre Peaceful soltó el correspondiente sermón acerca de la lectura y relacionándolo con la muerte y la vida. Acto seguido, tras la homilía y el credo, comenzó la celebración de la eucaristía; Paul tocó pequeñas piezas de apenas segundos para acompañar a todas las acciones de la eucaristía, entre ellas el ofertorio de ofrendas, la paz y el padre nuestro. Durante la oración de esta plegaria aprovechó para tocar una versión para órgano que fue compuesta por John Hong; la encontró en youtube y le gustó la composición, adaptándola un poco a su estilo.

The Lord's Prayer - John Hong - Organ Transcription - 주의 기도03:04

The Lord's Prayer - John Hong - Organ Transcription - 주의 기도

Padre Nuestro versión de John Hong

Tras la comunión y una vez que Peaceful recogiese el altar y guardase el pan que sobró, se rezó un poco más, rogaron por el alma del difunto y terminaron.

  • Que la bendición del Señor: Padre, Hijo y Espíritu Santo esté siempre con vosotros-bendijo Peaceful a los presentes.
  • Amén-coreó la gente.
  • Podéis ir en paz-indicó el padre.
  • Demos gracias al señor-añadieron los presentes.

La gente se fue retirando mientras acompañaban al romero con el ataúd al cementerio de isla Colonial; Paul apagó la luz y los compresores y fue a la sacrsitía, donde el padre se estaba cambiando.

  • Padre Peaceful-le llamó.
  • Ah, señor Mottram, gracias por tocar en este funeral. Quería mostrar a la gente como sonaba el órgano del coro cerca del concierto ¿sabe? Para ir calentando-explicó.
  • Ya, de nada…-murmuró Paul.
  • Por cierto, hablando de eso ¿cómo van las obras? Terminarán a tiempo ¿verdad?-inquirió el hombre de Dios.
  • Pues verá, no lo creemos, aún estamos afinando los tubos que pudimos tratar nosotros y el resto los hemos tenido que pedir a Kilgen & Son, tardarán cinco días en hacerlos y traerlos-reveló él.
  • Vaya, que contrariedad, voy a tener que atrasar el concierto… Bueno, aún así ella vendrá la semana que viene, ya se me ocurrirá algo para amenizar la espera…-observó Peaceful, visiblemente molesto.
  • ¿Ella?-repitió Paul, extrañado.
  • Oh, una compositora inglesa, no sé si usted la conocerá, es una reputada organista, se llama… no, mejor no se lo digo, así será mayor la sorpresa-murmuró Peaceful.
  • Como quiera-dijo el compositor.
  • Estaría bien si realizaran un dueto el día del concierto ¿no le parece? Estoy seguro de que será algo digno de verse… y oírse.
  • Por mi vale, pero primero necesitaría conocerla a ella y su estilo, para estar acordes-obvió Paul.
  • Muy bien, pues llega la semana que viene a eso de las diez y media de la mañana, venga conmigo a recogerla al aeropuerto y luego se vienen aquí a practicar-arregló la situación el padre.
  • De acuerdo.

No quería presionarle, pero tampoco pretendía que se fuera así como así sin hacerle unas cuantas preguntas primero.

  • Una pregunta, padre ¿alguien más tiene una copia de las llaves de la catedral? Lo pregunto porque el otro día casi las pierdo y temí dejarla abierta.
  • Hay en total dos copias, la mía, que la tiene usted y la otra, que está en el obispado. Tenga más cuidado, hijo, porque no nos conviene perderlas y dejar que cualquiera entre-le regañó ligeramente.
  • No, por supuesto, era por saber… en el caso de que suceda habría que cambiar la cerradura lo antes posible-argumentó él, para no llamar la atención.
  • Por supuesto, pero sólo en los casos puramente hipotéticos-recordó el padre, dando énfasis.
  • Claro… por cierto, una preguntita acerca del órgano del coro ¿Quién se encarga de su mantenimiento? Dado que el de la Gran Galería no puede decir lo mismo, está claro que estuvieron más encima-obvió el compositor.
  • Sí bueno, dado que es el órgano más conocido de esta catedral pues era más prioritario su mantenimiento ¿sabe? Pero sí, fue una empresa de música de aquí llamada Liberty Music Hall ¿por qué lo pregunta?-inquirió el pastor.
  • Quería hablar con ellos porque he encontrado varios… defectillos en algunos de los tubos pequeños, nada importante, pero si queremos que rinda al máximo debemos estar encima de él ¿verdad?-murmuró Paul.
  • Ah… por supuesto, adelante entonces, el local está en el 735 de Cockerell Avenue, en Berchem-indicó Peaceful.

Paul se apuntó el lugar mentalmente; luego se pasaría a hacerles una visita. Se despidió del padre y fue directo hacia el almacén de Lucius, donde este seguía afinando los tubos.

  • ¿Te ayudo?-le sugirió.

Lucius levantó la mirada y se mostró algo distante por lo de ayer.

  • ¿Qué haces aquí? ¿No seguías en la catedral?-inquirió con desgana.
  • Los tubos que siguen en su sitio ya están listos y las labores de adecentamiento también; sólo quedaría acabar con estos y esperar a los que faltan. ¿Te ayudo?-se ofreció de nuevo.

Lucius tardó un poco en contestar, pero al final dijo.

  • Se me ha acabado la cinta aislante ¿puedes ir tu a por más? Hay una tienda en Cockerell Avenue, está cerca de aquí.
  • Bien-aceptó-Así me paso también por Liberty Music Hall-pensó justo después.
Berchem

Berchem es un barrio muy pijotero, donde la gente con el suficiente dinero puede cumplir sus burdos caprichos. Un buen lugar para una empresa de música

No tardó nada en llegar al lugar, primero fue a comprar la cinta y luego se dirigió a la tienda; el escaparate era muy austero, tenía un piano de cola partido por la mitad, una viola, dos violines Stradivarius y un órgano portátil con exactamente 30 tubos. El dependiente era una persona bien peinada, de mirada tranquila y porte caballeroso.

  • ¿Puedo ayudarle en algo?-inquirió en cuanto vio a Paul.
  • Sí, hola, soy Paul Mottram, el obispado me ha contratado para supervisar y ayudar en la restauración del órgano de la Gran Galería de la catedral de Colón, pero he encontrado ciertos… defectos en los tubos pequeños que yo creo que a la larga podrían ser perjudiciales para el instrumento; por eso he venido, porque he pensado que siendo ustedes los que se encargan de su mantenimiento les convendría saberlo para trabajos futuros-explicó él.
  • ¿Defectos? ¿Qué clase de defectos?-inquirió el dependiente.
  • Pues arañazos, cortes prolongados en los biseles… estamos hablando de un órgano con más de 20 años y mucho prestigio-añadió Paul.
  • Tal y como usted me lo está explicando no veo nada importante que repercuta en el correcto funcionamiento del instrumento, caballero-le rebatió el dependiente.
  • Pero se trata de una obra de arte única y exclusiva; además, no sólo son cortes o arañazos, también he visto algunos tubos algo oxidados… como con manchas blancas por efecto del óxido…-murmuró.

El dependiente no dejó ver ni un atisbo de inseguridad o nerviosismo, sino todo lo contrario.

  • Lo tendremos en cuenta, señor Mottram, pero que sepa que somos profesionales que ponemos mucho ahínco en nuestro trabajo; aun así, gracias por su amabilidad y atención-agradeció, mientras le daba carpetazo.

Paul no tuvo nada más que decir y se marchó de allí; en parte había aclarado algunas cosas, pero no todas. Y no pararía hasta encontrarle una explicación lógica a esa mancha de droga en el órgano.

Capítulo 19 “La estela del éxito”

Acción reacción; un movimiento condiciona el siguiente y así sucesivamente. En el caso de Miley se dio perfectamente; Spencer supo aprovechar el talento de Miley y con sus amplios conocimientos en el negocio de la discográfica, la dio el impulso que necesitaba. Empezaron primero con “When I look at you”, Miley le cedió los derechos a Spencer y luego él se la fue ofertando a varias emisoras de la ciudad para que la emitiesen. Enseguida quedó patente que la voz de Miley era muy buena y la canción no tardó apenas ni dos días y medio en escalar posiciones hasta el primer lugar; fue justo después cuando comenzaron a sacar otros temas que ella ya tenía preparados desde hace mucho tiempo atrás. De entre todos los que sacó destacaron sobre todo “Bottom of the ocean”, “My heart beats for love” o “Permanent december”.

Miley Cyrus- Bottom of the Ocean FULL STUDIO (With Lyrics)03:16

Miley Cyrus- Bottom of the Ocean FULL STUDIO (With Lyrics)

"Bottom of the ocean", Miley Cyrus

Miley Cyrus - My Heart Beats For Love03:37

Miley Cyrus - My Heart Beats For Love

"My heart beats for love", Miley Cyrus

Permanent December - Miley Cyrus - Full Song Studio Version - With Lyrics03:38

Permanent December - Miley Cyrus - Full Song Studio Version - With Lyrics

"Permanent December", Miley Cyrus

En el Liberty Tree, la sección de música echaba chispas desde que Miley apareció de repente en la actualidad musical y los críticos no podían sino afirmar el éxito de la chica. Una de las columnas alagó sobre todo a “Permanent December”, el crítico se expresó así:

“La canción es como un cúmulo de sentimientos muy bien definidos, una balada a la sencillez y perseverancia; los ritmos son sublimes, sobre todo en el estribillo, transmite esa sensación de desasosiego interior en un invierno que nunca acaba”

Max Powells, un compositor aficionado, mandó una carta al Daily Globe que acabaron publicando, en la que explicaba lo siguiente.

“¿Pueden creer ustedes, señores de la editorial, que apenas sabía componer cuatro cosas y sólo de seguido? “Bottom of the ocean”, de Miley Cyrus, obró el milagro y ahora soy capaz de componer más y mejor; me encontraba en una especie de atolladero artístico del que no podía ni sabía salir, fue escuchar los suaves y relajantes ritmos de la canción y sentir como me liberaba. Los efectos finales del agua fueron la guinda final y la voz de Miley también dio puntos, por supuesto; la auguro un futuro brillante”

Opiniones las había para todos los gustos, y aunque tenía una muy buena acogida, sobre todo entre los jóvenes, algunos no terminaban de convencerse; al resto no les gustaba. Miley respondía a las críticas negativas con un sencillo: “Nadie es perfecto”, dejando con un palmo de narices a los que querían desacreditarla de la forma más burda posible. Pero no todo eran flores y rosas, un chico más o menos de su edad, que estaba en el negocio mucho antes que ella y con aires de grandeza, se la presentó como un recio candidato para convertirse en su principal rival y competidor, un chico algo gallito y creído que traía locas a casi todas las chicas del país de edades comprendidas entre los 13-17 años. Su nombre era Jakestink Unbeliever y en uno de sus más recientes conciertos dijo textualmente: “Espero que fans como vosotros no me dejéis de escuchar por cualquiera que salta desde la costa este hasta y la punta de la torre Rotterdam”. Miley no quiso darle importancia a este “pique”, como lo definió ella, pero Spencer lo recibió como una declaración de guerra en contra de su querida Miley y preparó una campaña publicitaria bastante agresiva para dar a conocer el primer concierto en Middle Park.

Middle Park

Middle Park es como un oasis de tranquilidad en medio de la urbe más viva del mundo; un buen lugar para un concierto que Simon y Garfunkel supieron aprovechar, y Miley también

De hecho, en eso se encontraba ella en estos momentos, la noche sobre Liberty era bastante cerrada y el parque estaba a rebosar de gente; hasta el propio Ochoa comentó por teléfono a Spencer: “No he visto el parque tan lleno desde el primer concierto de Simon y Garfunkel”. Las últimas tonadas de “When I look at you”, la canción representativa del álbum que se llamaría “Starting at Broker”, sonaban tanto en boca de Miley como en las miles de personas que la coreaban.

“When the waves
are flooding the shore and I can't
find my way home anymore
thats when I... I I....I look at you.
I look at you

Yeah Yeah
Oh, Oh

you, appear just like a dream
to me”

Una ola de aplausos tronaron por todo el parque y por un momento parecía que en la superficie del agua se vislumbraban varias ondas expansivas por efecto del atronador ruido; Miley sintió la calidez y el arropo de sus fans, era una sensación agradable y que completaba su círculo de felicidad.

  • ¡Gracias Liberty, gracias de corazón!-exclamó ella.

Los aplausos siguieron durante unos segundos más y ella siguió.

  • ¡Vosotros sois los que me impulsáis a seguir adelante y por lo que compongo, no cambiéis nunca, os quiero!

Otra tanda de aplausos la transmitieron los sentimientos de media ciudad, del estado y del país; realmente les debía tanto… a ellos, a Spencer y sobre todo a Liam, que estaba con ella tocando la guitarra eléctrica. Le ofreció hacer grupo productivo con ella y aceptó, la ayuda en la composición de canciones junto con la profesora Score.

  • ¡Todas las canciones que hasta ahora he cantado aparecen en el álbum pero hay una que he dejado inédita hasta ahora mismo! ¿Queréis oírla?-inquirió.

Un rotundo si hizo temblar levemente las ramas de los árboles del parque y sin más demora, Miley comenzó a cantar tras anunciar el título: “Party in the USA”.

Miley Cyrus Party In USA03:29

Miley Cyrus Party In USA

"Party in the USA", Miley Cyrus

El concierto dio fin a eso de la una de la madrugada, la gente desalojó el parque muy satisfecha y cansada y éste quedó hecho una porquería, ya que los puestos de perritos habían hecho negocio esa noche; mañana por la mañana, los chicos de la LSD iban a tener que currar como unos mataos si querían ver el parque de nuevo limpio. Liam llevó a Miley a su casa y ésta subió las escaleras con una satisfacción y felicidad enormes; el álbum se pondría a la venta a partir de mañana y notaba que su sueño ya se estaba cumpliendo. En cuanto entró en casa, una figura sentada en el sillón y bebiendo cerveza la recordó su vida pasada.

  • ¿Todavía estás así?-inquirió ella a su padre.
  • No me entra el sueño…-soltó Billy, dando un sorbo a una pibwasser.

Miley se quedó más indignada si cabe; se acercó a él y apagó la tele.

  • ¡Eh, oye!-se quejó Ray como un niño de cinco años.
  • ¡O sea! ¿Me estás diciendo que has estado toda la tarde así? ¿No has hecho nada?-inquirió la chica.
  • ¡He estado toda la mañana entregando unos sobres!-exclamó.
  • ¿Cómo? ¿Y el supuesto trabajo de repartidor?-recordó ella.
  • El tipo ese era un estirado de cuidado, menudo imbécil… hoy en día no se puede encontrar un trabajo decente…-murmuró Billy, dando otro sorbo a la cerveza.
  • ¿¡Cómo tienes tantos huevos?! ¡Es la primera vez que te veo tras dos días totalmente en blanco y ahora me vienes con esas! ¡Y encima no has venido a verme al concierto, es más, desde que empecé a despegar ni siquiera has venido a ver las grabaciones o a hablar con el señor Spencer! ¿¡Qué clase de padre eres tú?!-gritó ella, al borde del llanto.
  • Te equivocas, el tal Spencer me llamó una tarde pidiéndome una autorización para que cantaras al ser menor… y yo dije que sí, así que no puedes decir eso… anda, un dólar.

Miley se quedó estática, mirando al hombre que tenía por padre; se fue pisando fuerte hasta su habitación, donde pudo llorar en silencio. Siempre había algo que le recordara la mierda de vida que antes tenía; siempre.


Capítulo 20 “Llegadas y salidas”

Que el padre Peaceful hubiera tenido que aplazar su concierto era algo que se venía venir; después de todo, en Kilgen & Son también habían tenido problemas con su transporte y los tubos tardarían varios días más en llegar. Cada vez quedaban menos tubos que afinar en el almacén de Lucius y Paul le ayudaba desde entonces, ya se volvían a hablar; no había sabido nada más de las manchas blancas puesto que no había vuelto a la catedral. Aun así no pensaba olvidarse de ello, tenía que mirarlo más adelante. Pero no esa mañana, puesto que llegaba aquella compositora inglesa a la que Peaceful prefirió mantener el anonimato durante tanto tiempo; Alfred había caído enfermo y estaba en el hotel descansando, así que fue él el que condujo el Presidente plateado que el obispado le cedió al llegar. Fue hasta la catedral, donde quedó con el párroco para ir a recogerle, su cara era un poema.

  • ¿No ha dormido bien, padre?-inquirió Paul.
  • Que va, ha sido toda una odisea; resulta que anoche me llegaron unos informes diaconales que debía de mirar y me quedé a dormir en la escuela parroquial que hay detrás del ábside… madre de Dios, resulta que una nueva estrella musical dio un concierto en el parque anoche y no pude pegar ojo hasta la una-explicó, entrando en el coche.
  • Ah, sí, Miley Cyrus, he escuchado varios temas en la radio y están muy bien… me gustó sobre todo “Bottom of the ocean”-murmuró el compositor.
  • Será todo lo maravillosa que quiera, señor Mottram, pero a mí no me ha dejado descansar… estos jóvenes y su música-masculló Peaceful, bostezando.

Paul rió por lo bajo mientras se dirigía en dirección hacia el puente de Algonquin; el viaje hasta el aeropuerto se atrasó varios minutos por un tramo de la Autopista Algonquin-Dukes, donde se formó un cuello de botella justo al lado de la entrada del mismo. Tardaron siete minutos justos en pasar por ese estrechamiento y llegaron al lugar justo a tiempo, aparcaron en el extenso parking que había junto a la entrada de la terminal. Entraron andando en el extenso hall, donde un cartelón les daba la bienvenida: “Bienvenidos al Aeropuerto Internacional Francis”.

Francis Intl Airport GTA IV 01

El Aeropuerto Internacional Francis es el único aeropuerto de la ciudad y la conecta con el resto del mundo; recibe más de mil vuelos diarios

  • ¿De qué vuelo procede?-inquirió Paul, mirando las pantallas de llegadas y salidas.
  • Viene desde Manchester, salió hace ya varias horas…-murmuró el padre, sosteniendo un cartel en alto.

El vuelo que más coincidía era uno de Fly Us que salió a las 3 de la tarde del día anterior, tenía asignada la puerta 7; fueron hacia allí y esperaron a que el avión parase, ya que había llegado hace escasos pocos minutos y estaba maniobrando para acercarse a la terminal. En cuanto los pasajeros comenzaron a llenar la sala de espera, Peaceful volvió a alzar el cartel donde se podía leer: “Diane Bish”. Una señora entrada en años, de pelo canoso, con un vestido rojo y mirada radiante se acercó a ellos, esbozando una amplia sonrisa.

  • ¡Yo soy Diane Bish! Usted es Bob Peaceful ¿verdad?-inquirió ella.
  • El mismo, bienvenido a EEUU, querida Diane… ah, le presento a Paul Mottram, un compositor, también inglés, como usted-hizo las presentaciones Peaceful.
  • Ah, sí, ya sé quien es usted, usted es la que presenta ese programa de televisión, The Joy of Music-recordó Paul.
  • Pues sí, encantada de conocerle-dijo ella.
  • Igualmente, es usted una artista-la alagó Paul, dándola dos besos.
  • Gracias, me alaga…

Los tres juntos acompañaron a Bish a por su equipaje y tras eso se dirigieron a por el coche; mientras Paul cargaba las maletas, Peaceful la iba poniendo al corriente de la situación.

  • Ya sé que usted estaba al corriente de que el concierto sería pasado mañana, pero ha habido un cambio de planes y por desgracia no va a poder ser, las obras del órgano de la Gran Galería aún no han acabado.
  • Oh, es una pena… pero no pasa nada, mientras espero puedo hacer turismo, nunca había estado en la famosa Liberty City-explicó ella, sin darle mucha importancia al retraso.
  • Por supuesto, aquí siempre hay mucho que ver…-afirmó Peaceful.

Cerca de la salida, Paul chocó contra un chico joven, que iba a acompañado por otro hombre de mirada segura y arrolladora.

  • Oh, lo siento, déjeme que le ayude-murmuró el chico, cogiendo una bolsa.
  • Gracias, puedo yo… gracias-agradeció Paul, cogiéndola de nuevo.
  • Vamos, Sg, no tenemos todo el día-le apremió el otro hombre.
  • Ya voy, cagaprisas… adiós-se despidió.
  • Chao.



Menudo papelón, voy y me choco con ese pobre tío que iba hasta arriba de maletas; yo con la mía ya iba servido y le vi un poco cargado, pero Claude me metió prisa de nuevo y no pude fijarme más.

  • ¿Ni pararme a ayudar a la gente puedo? Era yo el que estaba en medio, por si no te habías dado cuenta-le dije.
  • No hay tiempo para ponerse solidarios, y lo sabes, Guardado puede ponerse en movimiento en cualquier momento y debemos de estar atentos-me recordó con parsimonia.
  • Vaya, y lo dice el que ha estado organizando esta… pequeña excursión. Te tomaste tu tiempo en encontrar a tus queridos contactos-le reproché, algo molesto.
  • Si vas a ponerte a la defensiva sólo porque sé hacer mi trabajo, puedes buscarte otro que te ayude a encontrar a Santos Guardado-me dijo con mucha calma.

Preferí dejar las cosas como estaban y estuve callado durante el resto del tiempo; facturamos el equipaje, cada uno en una cola diferente, ya que yo me iba a Los Santos (yuju) y Claude a Vice City. Mi vuelo saldría dentro de un par de horas, y el de Claude dentro de pocos minutos, por lo que le acompañé hasta la puerta 7, donde un Boeing de Fly Us recargaba combustible y provisiones.

Aviones Fly Us 02 GTA IV

Uno de los tantos boeing de Fly Us, recorren casi todo el mundo

  • Recuerda que has de encontrar conexiones mediante el contacto que te he proporcionado, no hagas nada demasiado estúpido como para delatarte y céntrate en lo que vas a hacer-me aconsejó como un padre.
  • Tranquilo, estando precisamente en Los Santos no haré más de lo que haya ido a hacer-aseguré.

En ese momento se oyó el primer aviso para embarcar y se despidió de mí.

  • Te llamo si hay algo nuevo, y si encuentras algo, llámame también-me dijo.
  • Claro, hablamos-le despedí, dándole la mano.

Le observé embarcar y tras varios largos minutos más, el Boeing se posicionó en pista y le vi partir dirección sur; por mi parte hice tiempo hasta que me tocó, otro Boeing de Fly Us me esperaba en la puerta 5. Embarqué en el avión y en cuanto éste se elevó y tomó dirección hacia Los Santos me dormí, convencido de que me despertaría de un mal sueño en el que yo estaba viajando hacia esa misma ciudad.



En la terminal, una persona de mirada extraña y ojos oscuros observaba el avión perderse en el horizonte, rumbo suroeste; en ese momento recibió una llamada y él contestó.

  • Muy bien ¿se han ido ya, Kombat?-inquirió una voz.
  • Sí jefe, uno para Los Santos y el otro para Vice City-afirmó el hombre.
  • Vale, nos conviene saber en que piensa el comisario, el señor Chivato puede esperar; en cuanto puedas, síguelo-indicó la voz.
  • Sí, señor-afirmó él, colgando.

En ese momento se hubiera fumado un cigarro, pero estaba prohibido fumar en la terminal, por lo que se quitó la idea de la cabeza; debía de cumplir las reglas, por la cuenta que le traía.


Capítulo 21 “Meowingtons hax going”

Esa noche era la última en el pueblo de Bullworth y tenía que causar una buena impresión, por lo que preparó varios temas que quedarían geniales para una despedida y cierre como Dios manda. Y en ese justo momento se lucía ante todos los jóvenes del pueblo, en una explanada muy amplia cercana a la conocida y prestigiosa academia Bullworth; empalmó entre sí temas como “Animal Rights”, “Ghost’s n Stuff Feat. Rob Swire”, y “Moar ghosts and wathever”; terminó con un tremendo final con “Aural Psynapse”.

Deadmau5 - Animal Rights (4x4=12)06:17

Deadmau5 - Animal Rights (4x4=12)

"Animal Rights", Deadmau5

Deadmau5 ft Rob Swire - Ghosts 'n' Stuff03:08

Deadmau5 ft Rob Swire - Ghosts 'n' Stuff

"Ghost's n Stuff Feat. Rob Swire", Deadmau5

Deadmua5 Moar Ghost N Whatever04:57

Deadmua5 Moar Ghost N Whatever

"Moar ghosts and whatever", Deadmau5

Deadmau5 - aural psynapse (Cover Art)07:30

Deadmau5 - aural psynapse (Cover Art)

"Aural psynapse", Deadmau5

  • ¡Gracias, Bullworth!-exclamó Joel, en cuanto la música cesó.

Medio pueblo aplaudió a rabiar, mezclando rugidos de ovación entre los aplausos.

  • Lamentablemente esto se ha acabado…-empezó diciendo él, a lo que la gente respondió con un triste ooh.
  • … pero os recuerdo que hay mucho más en mi página web, si alguien quiere seguirme en mi tour pues nos vemos en Liberty City dentro de unos escasos tres días. Y os recuerdo que estoy en Ustream, Stickam, Myroomonline.net y más recientemente en Bleeter.biz. ¡Nos vemos Bullworth, buenas noches!-exclamó Joel, antes de apagar las luces.


Capítulo 22 “Ciudad de Santos”

Llegué a Los Santos cinco horas después, tras un viaje largo y tedioso que no hacía más que recordarme la semanita que iba a tener; el avión de Fly Us se posicionó antes de aterrizar en la pista con forma de U del Aeropuerto internacional de Los Santos. En cuanto tuve mi maleta me fui corriendo de allí y cogí un taxi para que me llevara al hotel que elegí, en realidad un motel que se llamaba 24 Hour Motel, en Idlewood; y allí estuve el resto del día, sin ganas de nada en una ciudad que me toca bastante la moral. Fue al día siguiente cuando me puse en movimiento, el contacto que Claude me había conseguido era un tal Smoke1996, que según la nota residía en Ganton, no muy lejos de donde yo estaba. Fui allí en taxi, el cual me dejó al lado de un bar llamado Ten Green Bottles, ideal para empezar la búsqueda. Entré en él y vi a varias personas sentadas junto a la barra, todas en silencio y sin cruzarse la palabra; me acerqué al barman, el cual secaba vasos con un trapo y le pregunté.

  • Hola, estoy buscando a… Smoke1996 ¿lo conoce? ¿Sabe donde puedo encontrarlo?

El barman me miró como si fuera alguien que sobrara en su local y uno de los presentes soltó una risita mordaz.

  • Vale, empezamos bien…-pensé.

El barman me siguió mirando con una cara de perro bastante repelente y parecía que me iba a gritar de un momento a otro; la gente no decía ni mu y seguía bebiendo, como si nada ocurriese.

  • ¿Nadie me va a ayudar?-inquirí entonces.
  • Si sigues haciendo el imbécil, seguramente no-me dijo entonces uno de los que allí estaban.
  • ¿Perdón?-le dije.
  • ¿Tú te crees que esas son maneras de entrar aquí y preguntar, como si fuera una comisaría?-me espetó el primero que se rió.
  • Un poquito de respeto, cojones, en Los Santos se hacen las cosas de esta manera, no quieras estropearlo, forastero-me dijo uno en la esquina derecha.

Forastero… eso había sonado muy a western… Pero esa interesante conversación me ayudó a recordar por qué no me gustaba esta ciudad.

  • Vale, muy bien, voy a empezar de cero, si ustedes me lo permiten-sugerí, con los ánimos un poco caldeados.
  • A ver…-murmuró el barman.

Llevando a rajatabla mis palabras, salí del bar y volví a entrar, me acerqué a la barra y dije.

  • Perdone, pasando por este barrio he visto el nombre del bar y no he podido evitar entrar aquí para preguntar una cosa.
  • ¿Sí?-inquirió el barman.

Le miré por un momento y solté.

  • ¿Las botellas son diez y están sobre una pared?

Una carcajada general se extendió por todo el bar y el barman sonrió levemente.

  • Pasable… sí, conozco a Smoke… vive en este mismo barrio y trabaja sólo para el mejor postor, según él es un pluriempleado. Vive en el 200 de esta calle, junto a la avenida-me indicó.
  • Gracias-murmuré.

La casa no estaba muy lejos y me encontré al susodicho lavando su coche, un banshee de color rojo y blanco.

  • Buenas… ¿Smoke1996?
  • El mismo ¿Quién lo pregunta?-inquirió, apartando la manguera.
  • Me llamo Sg91 y vengo de Liberty City, estoy buscando a un hombre muy peligroso y creo que usted me puede ayudar a encontrarlo-empecé explicando.

Smoke sonrió y cerró la manguera al tiempo que decía.

  • El mundo está lleno de hombres peligrosos ¿no le parece? Y de esos conozco a unos cuantos, a no ser que el que esté buscando usted sea especialmente peligroso.
  • Pues precisamente mi hombre es uno de esos tipos… y por lo que usted comenta parece ser todo un enterado-observé, rascándome la barba.
  • Lo que uno sabe y poco más… aunque tendrá que detallarme un poco más, amigo-avisó.

Me invitó a entrar en su casa, me sorprendió su disposición inicial a colaborar sin apenas conocerme. Le expliqué cual era la situación actual, a lo que nos enfrentábamos, hasta le di el nombre de Guardado; me escuchó con mucha atención, analizando cada palabra y memorizándola. Una vez que terminé, habló.

  • Ya veo… la verdad es que no me suena de nada el nombre, y mira que conozco a todos los traficantes que hay a lo largo y ancho de Los Santos… pero me hace gracia que un comisario esté metido en esto junto con un chivato, parece el chiste de un inglés, un francés y un alemán.
  • Sin embargo no tiene la pinta, eso te lo puedo asegurar; nos arriesgamos mucho al habernos ido de la ciudad, Guardado podría llegar en cualquier momento allí; hemos dejado vigilando a otro comisario, por si las moscas, pero lo más probable es que eso no le pare-dije.
  • Hombre, si es tan poderoso como me garantizas, eso está claro; en cuanto a lo de la droga esa, slash, es la primera vez que oigo ese nombre, pero tengo contactos y quizás pueda sacar algo en claro. Te ayudaré, pero en ese caso tú también tendrías que ayudarme-anunció entonces.
  • ¿Ayudarte? ¿En que sentido? No pienso quedarme mucho aquí…-murmuré.
  • No será nada serio; verás, yo trabajo en lo que sea mientras que la remuneración sea buena, digamos que soy un chico para todo. No tienes que hacer nada relevante, tan sólo ayudarme, como si fueras mi ayudante ¿sabes? ¿Qué te parece?-inquirió.

Bof, ya estamos… Claude me dijo que no llamara mucho la atención, si este tío se mete en cualquier fregado, como bien dice, me podría dar problemas a largo plazo.

  • Bueno, está bien… pero no me metas en tus líos ¿eh?-avisé.
  • No tranquilo, en el peor de los casos tan sólo me tendrías que sacar de alguna refriega, eso es todo… mira, ahora tengo una carrera que va a empezar dentro de poco ¿me acompañas? Si gano, que ganaré, te doy parte del premio-me dijo.
  • ¿Eh? ¿Así, sin más?-inquirí, alucinado.
  • Sí, si me ayudas con las curvas, claro… ¿qué me dices?
  • A… ¿ayudarte con las curvas?-repetí, extrañado por ese comentario.
  • ¡Vamos pues!-exclamó Smoke, levantándose del sofá y yendo hacia la puerta.

Le seguí hasta el banshee, me monté a su lado y volví a preguntar.

  • ¿Qué es eso de ayudarte con las curvas?
  • Ah, ya lo verás… la parrilla de salida está en Temple, junto al cruce que sube hacia Mulholland-explicó, arrancando.
TEMPLE14

Lugar donde se sitúa la parrilla de salida

Durante todo el viaje tuvimos una conversación bastante animada.

  • ¿Qué te parece mi banshee? Mola ¿verdad?
  • Es bonito-asentí.
  • Con él he ganado todas las carreras a las que me he inscrito, no es rival para nadie. Estoy muy orgulloso de él, lo llaman “El bólido de Los Santos”
  • Ajá…-murmuré, sin ganas.
  • ¿Qué te pasa amigo, no te gusta mi bella ciudad?-inquirió Smoke, al verme así.
  • No-dije a secas.
  • ¿Por qué?
  • No es asunto tuyo-le dije.
  • Oh, una mala experiencia… entiendo-murmuró, cambiando de marcha.
  • ¡Yo no he dicho nada de ninguna mala experiencia!-le espeté, molesto.
  • Vamos, puedes ser franco conmigo si quieres…-me sugirió.
  • Vamos a dejar varias cosas claras, ¿de acuerdo? En primer lugar, no me hables así, apenas nos conocemos y me tratas como si fuera tu hermano mayor-le dije.
  • Es mi forma de ser, amigo, lo siento si no te gusta que la gente te trate bien-me respondió él a eso.

Pasé por alto el comentario y seguí.

  • Y segundo, no me llames amigo por la misma razón.
  • Hasta ahora nadie se había quejado, eres el primero-murmuró.

En ese momento pasábamos por Downtown Los Santos, junto al Ammu-Nation más grande de todo el estado.

  • Bah, para qué…-mascullé, con una cara muy larga.
  • No sé por qué te pones así, si al menos argumentaras tu animadversión por esta bonita ciudad… igual te anima que pronto el gobierno nos proporcionará unas subvenciones meteóricas-anunció entonces.
  • ¿Ah, sí?-dije, repentinamente interesado.
  • Así es, las deudas acucian y el asunto está muy feo; el alcalde apoya la política que el gobierno está realizando, a parte de que no le queda otra, claro… dice que Los Santos está anticuada y que habrá una remodelación de la ostia en cuanto recibamos las subvenciones, parezca que quiera reconstruir la ciudad entera…-explicó Smoke.
  • ¿Cómo es eso?-inquirí, alucinado.
  • Buena pregunta, amigo, pero toda la ciudad está tremendamente emocionada con la idea; según tengo entendido, adaptarán toda la urbe a los tiempos que corren… me parece algo exagerado, pero si eso hace que la imagen de Los Santos cambie por completo, adelante. Por lo que veo, no a todos les gusta esta cosmopolita ciudad-dijo, mirándome de reojo.
  • Más bien…-murmuré, agriando el rostro de nuevo.
  • Quien sabe, quizás después de las reformas cambias de parecer…-sugirió él, girando a la derecha.
  • Puede…-supuse, cansado de hablar del tema.

Remodelación completa de la ciudad… sonaba muy irreal. Llegamos a la parrilla de salida a tiempo, entre los otros participantes habían coches como Super GT, Comet, F620, DF8-90… Todos de alta gama y muy rápidos.

  • Ese F620 tiene pinta de ser imbatible…-murmuré.
  • No tiene nada que envidiar a mi querido banshee… atento amigo, porque vas a ver a esta preciosidad en acción-me dijo Smoke.
  • Vale ¿y cómo se supone que voy a ayudar en las curvas?-inquirí, sin entender aún eso.
  • Atento colega, esto te va a gustar-dijo él, rebuscando bajo su asiento.

Para mi sorpresa, sacó un palo algo grueso, de la altura del coche y con un pequeño zanco plano en la punta.

  • ¿Pero esto que es?
  • Yo lo llamo punto de apoyo para automóviles, úsalo como zanco cuando gire ¿vale? Así tomaré la curva de forma menos pronunciada y giraré antes-reveló Smoke, con una sonrisita de orgullo.
  • No es por nada, pero es lo más parecido a hacer trampa ¿no te parece?-comenté.
  • Eso es sencillamente discutible-dijo, antes de acelerar a tope de golpe; la carrera había comenzado.

Al principio dudaba del teórico funcionamiento de aquella invención, pero lo probé en unas cuantas curvas y resultó que funcionaba; saltaban chispas cada vez que rozaba el asfalto con él, pero el coche adquiría algo más de adherencia y pasábamos la curva sin problemas, aunque fuera muy cerrada. Finalmente ganamos la carrera, que consistía en tres vueltas completas alrededor de toda la ciudad y pasando por toda la autopista que la rodeaba.

  • ¿Ves? Ningún F620 puede competir contra la naturaleza ganadora de mi banshee, no hay color-decía, mientras recibía el premio en metálico.
  • Lo que no entiendo es como nadie se ha fijado en lo que estaba haciendo-murmuré, ciertamente chocado.
  • Normalmente la carrera absorbe la atención de cualquiera y eso es un punto a mi favor-explicó, mientras volvíamos a su casa.
  • Será…

Una vez de vuelta, me dio mi parte y fue a entrar en su casa, pero yo le paré.

  • Bueno, yo ya te he ayudado ¿me ayudarás ahora a mí?-inquirí.
  • Claro que sí, amigo, pero dame tiempo ¿no? Si tengo algo o necesito tu ayuda, te llamaré-dijo.

Nos intercambiamos los números del móvil y yo me volví al motel, donde no me moví; cambio radical de la ciudad… aún no estaba del todo seguro de si ese cambio radical me haría cambiar de opinión en cuanto a Los Santos. Habría que esperar.


Capítulo 23 “Saludos desde Vice City”

Al contrario que Sg, Claude se puso a trabajar nada más llegar; en cuanto el avión aterrizó en el Aeropuerto internacional Escobar fue a por una habitación en un hotel, al final eligió el hotel Ocean View, situado en Ocean Beach y con vistas a la extensa playa de éste barrio de la ciudad.

Ocean Beach, VC

Vice City se caracteriza por ser una ciudad muy veraniega, con amplias playas y largas avenidas; Ocean Beach es el barrio donde se concentran la mayoría de los hoteles más solicitados

Una vez instalado, salió a la amplia avenida y se fue de allí en un oceanic que había alquilado en el aeropuerto; le había costado todo un mundo, pero por fin tenía algo fiable y una posible ayuda para encontrar pistas acerca de Guardado. Se trataba de una extorsionadora que se había ganado cierta fama a ese lado de Vice City, todos la conocían como la Mujer de Vice Beach, donde vivía en un chalet muy lujoso, justo al lado del hotel Ocean Front. La mujer en cuestión se llamaba TOTO.INC y según tenía entendido, era de armas tomar, por lo que habría que andarse con ojo. Se dirigió hacia allí sin más demora y aparcó junto a la entrada; la verja estaba semi abierta, lo que él aprovechó para entrar con toda la cautela posible. Se acercó a la puerta, en cuanto fue a tocar el timbre ésta se abrió y vio a una chica de apenas 18 años, de pelo moreno, largo y liso; tenía la piel bronceada por el efecto del sol de Florida y vestía de colegiala.

  • ¡Me voy ya, hermanita!-exclamó.
  • Muy bien, ve con cuidado-se oyó una voz dentro de la casa.

En cuanto se dio la vuelta vio a Claude y se le quedó mirando con gesto inquisitivo.

  • Ah, hola… estoy buscando a TOTO.INC ¿está en casa?-inquirió.

Ella volteó la cabeza y exclamó.

  • ¡Hermanita, aquí en la puerta hay un hombre que quiere verte!
  • ¿Quién es?-inquirió la voz.
  • ¡No sé, dice que te está buscando!
  • ¡Ya voy!

La chica no esperó mucho más y se fue de allí, Claude la observó irse hasta que desapareció por una esquina.

  • Como la siga mirando unos pocos segundos más le saco los ojos ¿estamos?-oyó entonces a sus espaldas.

Claude se dio la vuelta y se sorprendió encontrarse con la que era la extorsionadora más poderosa de la ciudad; era tan atractiva como se juraba, rubia, de ojos negros y largas piernas que parecían no acabar nunca.

  • TOTO.INC, supongo-murmuró él.
  • Sí, soy yo, ¿Quién es usted?-inquirió ella, con desgana y cruzada de brazos.
  • Me llamo ClaudeGTA3, soy comisario de Dukes, Liberty City, estoy aquí por un caso de suma importancia y me gustaría hacerle un par de cuestiones-explicó él, enseñando sus credenciales.
  • ¿Y qué hace un comisario tan lejos de su comisaría?-inquirió ella, mirándole con mirada taciturna.
  • No suele ser muy común, lo sé… ¿me permite pasar? No tema, no puedo arrestarla, si está pensando en eso-dijo Claude, con maneras de poli.

Toto se le quedó mirando fijamente por unos segundos y finalmente dijo.

  • Pase.

La casa era realmente grande y podría vivir en ella una familia de cinco miembros por lo menos.

  • Menuda casa… ¿vive sola con su hermana?-inquirió él.
  • Sí, el desgraciado de mi padre los abandonó y ella murió hace poco… soy todo lo que le queda-explicó ella.

Claude se quedó algo chocado por su repentina confesión y de la forma que lo hizo, muy de golpe, soltándolo todo, como si por fin se hubiera librado de una carga muy pesada. Se sentaron en el salón y él le estuvo explicando de forma resumida la situación que había en Liberty City y el peligro que representaba alguien como Santos Guardado con su nueva droga tan psicodélica y de vanguardia; ya habían muerto muchas personas y alguien tan peligroso como él era necesario que fuera capturado y encarcelado. Tras la explicación de los hechos Toto se quedó pensativa por unos pocos segundos y luego habló.

  • Es la primera vez que oigo hablar de ese tal Santos Guardado y de esa droga que usted llama slash; y me sorprende, ya que conozco todas las drogas habidas y por haber que cruzan por esta ciudad en dirección al resto del país. ¿Sabe que? Me ha despertado la curiosidad, nunca hubiera creído que me faltase alguien tan poderoso por conocer para poderle extorsionar.

Claude abrió mucho los ojos y exclamó.

  • ¿¡Pero sabe acaso lo que usted está diciendo?! ¡No sea loca!
  • ¿Loca yo? ¿Loca, a la mayor extorsionadora de Vice City? ¿Por qué cree que aquí la gente me teme al tratar conmigo? ¡Porque saben que si se pasan de la raya iré yo y personalmente les joderé!-exclamó Toto.
  • ¡No se trata de la fama o el temor que usted infunda, se trata de cómo manipula a sus víctimas! Mire su hermana, por ejemplo ¿de veras la importa? Si la importa, no hará nada de lo que yo ya me temo-dijo Claude, con voz autoritaria.
  • ¿¡Y usted quien se cree que es para hablarme así, eh?! ¡¡Me importa un comino que sea usted un comisario, como me vuelva a hablar de ese modo le tiro por el puente Links y le juro que no me arrepentiré ni un segundo!!-le espetó ella, muy enfadada.
  • ¡A ver, es que es de sentido común! ¡No podrá extorsionarle por mucho que quiera, y si lo hace la aseguro que usted o su hermana acabarán muertas!-exclamó Claude, algo alterado.

Toto metió una mano bajo el cojín y sacó de golpe un revólver, apuntando a Claude.

  • Me he hartado, váyase de aquí ahora mismo a menos que no quiera que le mate-avisó ella, con un deje de furia.
  • Le pido que razone…-murmuró Claude.
  • ¿¡Razonar?! ¡Y una mierda razonar, váyase un poco a la mierda! ¿¡Oyó?! ¡¡Largo!!-chilló ella.

Claude optó por hacer lo que pedía sino quería que apretase el gatillo; se quedó un poco agazapado tras varias palmeras, esperando, y tras varios minutos más la vio salir con un infernus de color rojo del garaje.

  • Lo que me suponía…-pensó el comisario.

Lo más probable es que se fuera a buscar información por su cuenta sobre Santos Guardado; ahí sería cuando el la vigilara para que no cometiese ningún error. Fue directa hacia el barrio de Little Havana, donde estuvo haciendo varias averiguaciones, sin encontrar nada claro. No parecía querer parar hasta encontrar algo sustancial y que diera sus frutos de querer extorsionar a Guardado; claro lo llevaba, aunque teniendo en cuenta las ganas que ponía y a cuantos pobres tíos ya había amenazado, tenía que decir que ponía empeño. Aun así era tozuda hasta decir basta. Y por alguna extraña razón, Claude presintió que sería ella la que le llevaría hasta Guardado. Costase lo que costase.

Capítulo 24 “El sermón de la montaña”

Diane Bish resultó ser una mujer encantadora, entrada en años, pero vigorosa y con mucha fuerza interpretativa; lo primero que quiso ver fue el órgano del coro y luego estuvo viendo el trabajo que Paul y Lucius habían hecho hasta el momento.

  • Un órgano magnífico y un trabajo espléndido, estoy convencida señor Mottram que este pequeñín estará más que presentable para el concierto-murmuró ella.
  • Por supuesto que sí, señora Bish-afirmó el aludido.
  • Me hablaron muy bien del señor Mottram y supe que con él al mando todo iría bien, y ya lo ve-afirmó Peaceful.
  • Sí, se nota que es todo un entendido… he escuchado varios de sus temas en Audio Network y he de admitir que tiene usted mucho talento-apoyó Bish el comentario.
  • Me halagan...-murmuró Paul, arrascándose el cogote.
  • Me gustó mucho “Balance of power”, un título muy acertado, la verdad… se puede notar ese equilibrio entre los tonos, precioso-le alabó ella.
Paul Mottram-Balance Of Power03:32

Paul Mottram-Balance Of Power

"Balance of power", Paul Mottram

  • Basta por favor, o me sacarán los colores…-musitó Paul, encendiéndose un poco.
  • Oh, que modesto… aunque me gustaría tocar algo en el órgano del coro, quisiera escucharlo-pidió ella.
  • Adelante-indicó Peaceful.

Diane se subió a la consola, jugueteó un rato con los registros y antes de tocar anunció.

  • Voy a tocar una pieza que me gusta mucho, “Allegro”, está incluida en el concierto de órgano “El cuco y el ruiseñor”.
  • Ah, sí, de Händel ¿verdad?-inquirió Paul.
  • Así es-afirmó, y tras eso, comenzó a tocar.
Diane Bish - "Allegro"04:16

Diane Bish - "Allegro"

"Allegro", Diane Bish

Nada más que empezó quedó patente su talento con los órganos; y la pieza no se llamaba “Allegro” por puro halago, ya que los tonos usados y la forma en que estaba compuesta la daba un aire muy alegre y dicharachero. Una vez que terminó, tanto Paul como Peaceful aplaudieron tan bárbara representación; al cura se le saltaban las lágrimas.

  • Bravo, bravísimo… el concierto va a ser un éxito con ustedes dos a los teclados, estoy más que seguro…-musitó.

Pero primero ha de estar arreglado el órgano de la Gran Galería-recordó Paul.

  • Por supuesto, por supuesto…

En ese momento empezaron a entrar muchas personas en la catedral, una señora sostenía un bebé de pocos meses en su regazo.

  • Ahora tengo un bautizo; señor Mottram, hágame saber en cuanto acaben con los tubos. Y señora Bish, disfrute de su estancia en la ciudad.

Se despidieron de él, Diane Bish se fue enseguida, pero Paul se quedó algo rezagado, y en cuanto tuvo la oportunidad, se coló en el coro y se ocultó tras la balaustrada. Quería comprobar una serie de cosas, entre ellas si habían vuelto a introducir droga en el órgano; se coló dentro, pero para su desgracia no encontró ninguna mancha de droga blanca. ¿Qué había pasado? ¿Acaso se habían controlado ahora que sabían que Paul había descubierto el truco? Sin embargo, encontró algo que le llamó mucho la atención: una tarjeta de visita con el siguiente nombre: “Jean-Paul Holiness, su Ilustrísimo obispo de Liberty City”.

  • Esta sí que es buena…-pensó Paul, alucinado.

Cada vez el asunto se ponía aún más interesante; optó por hacerle una visita al obispo, por lo que se escabulló de la catedral al tiempo que Peaceful bautizaba al niño.

  • Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…
Centro Financiero-GTA IV

En el centro financiero la gente está muy ocupada, preguntando que a cuanto cierra la bolsa y con miedo a un descalabro financiero de proporciones bíblicas; un lugar que no casa con la religión

No perdió más tiempo y se dirigió hacia la arquidiócesis, situado en uno de los altos edificios del Centro Financiero; resultaba bastante contradictorio, tanto el barrio como el edificio en si mismo. Lo suyo es que hubiera estado ubicado en una edificación con años, de arquitectura barroca y con decoración religiosa; pero es que un edificio del S XXI y de diseño vanguardista no le pegaba. Alucinó con el hall de entrada, muy parecido al que tenían en el prestigioso bufete de abogados Goldberg, Ligner & Shyster; una espaciosa sala de espera, un piso por encima del que estaba, donde vio además unos cuantos confesionarios y algunos objetos religiosos de exhibición y un extenso mostrador; en la pared, con letras bien grandes y de color dorado, se podía leer: “Arquidiócesis de Liberty City”. Y se supone que no había dinero para la restauración del órgano… Se acercó al mostrador y la recepcionista inquirió.

  • ¿En qué puedo ayudarle?
  • Me gustaría hablar con el señor Holiness-explicó Paul.
  • ¿Tiene cita previa?-inquirió ella de nuevo.
  • No…-murmuró él.
  • Pues sin cita previa no puede atenderle, lo siento-anunció la mujer.
  • ¿Qué pasa, tan ocupado está su santidad bendiciendo la última comisaria?-inquirió Paul, cínico.
  • Por favor, señor…-murmuró ella.

En ese momento, salió de una puerta el obispo, acompañado de varios sacerdotes y un cardenal.

  • Mire, ahora sí que puedo hablar con él… ¡señor Holiness, señor Holiness!-le llamó Paul.
  • Y está claro que la iglesia debería estar más encima del ayuntamiento, no se puede permitir que el crimen organizado… oh, ah, excúseme señor ¿quería algo?-inquirió el aludido, mirándolo de arriba abajo.
  • Sí, soy Paul Mottram señor, el padre Peaceful me contrató para supervisar la restauración del órgano de la Gran Galería, no sé si le habrá informado que la fecha prevista para el concierto de órganos no iba a ser posible-murmuró Paul, como quien no quiere la cosa.
  • Sí, claro que estoy enterado… ahora, si me disculpa…-quiso quitarse de en medio a Paul, pero éste insistió.
  • Ya, pero… es que estoy preocupado por el órgano del coro ¿sabe usted? Creo que hay un problema serio.
  • ¿Cómo dice? ¿Por qué iba a haber problemas serios, según usted?-inquirió el padre Holiness.
  • Verá… he notado que algunos tubos no suenan como debieran y… creo que alguien quiere que no suene para el día del concierto-añadió él, dando énfasis.

El obispo le miró fijamente e indicó.

  • Explíquese.
  • Hay algo que me escama, señor Holiness… como si alguien quisiera opacar al órgano, a alguien le interesa que no suene-dijo Paul.
  • ¿Qué patrañas me está contando, señor Mottram? Estoy muy ocupado en este mismo momento, y no puede entretenerme con tonterías ¿vale? El concierto se celebreará sí o sí y me da igual que alguien quiera “opacar” al órgano; aumentaremos las medidas de seguridad si es necesario, pero le puedo asegurar de que está en buenas manos-murmuró el obispo.
  • Pero señor, yo creo que no debería tomárselo tan a la ligera…-opinó Paul.
  • ¡Y yo creo que exagera! ¡No seré yo el que rectifique por nada del mundo, bastante he tenido ya teniendo que mover la fecha del concierto, no lo estropee más, señor mío! ¡Arregle el órgano de la Gran Galería y listo, no le hemos pedido que opine! ¡Buenos días!

Y tras ese discurso se marchó junto con sus acompañantes, a paso ligero; igual no debió de ser tan claro, pero sus sospechas eran muy grandes, y más ahora que el obispo se había cerrado en banda tan pronto. Incluso le notó nervioso sin razón aparente; estaba claro que ocultaba algo. ¿Tendría algo que ver con la droga que aparece y desaparece del órgano? Lo averiguaría, aunque tuviera que sacrificar parte de su tiempo; Paul era una de esas personas que sabía distinguir perfectamente entre el bien y el mal y era lo suficientemente listo como para percatarse que no había más que maldad detrás de algo mucho más oscuro y de una magnitud mucho más grande.


Capítulo 25 “La envidia es una mala compañera”

  • No me lo puedo creer… mira cuanto ha escalado sus últimos temas desde el primer concierto en Middle Park…-musitaba un chico joven, de unos 17 años, con cara de enclenque y mirada esquiva.
  • Según las cifras fueron un total de 500 personas, entre ellos gente de otras ciudades de Liberty State… está claro que Liberty Records sabe como montar ruido-murmuró un hombre, mucho más mayor y fumando un puro.
  • Sí, pero Island Records tan sólo susurra ¿qué coño está pasando? Se supone que lidero las listas de éxitos y ahora una chica del tres al cuarto me desbanca ¿Qué es esto? Se supone que tú sabías mantenerme en lo más alto, Gary-le espetó el chico.
  • Perdona Jakestink, pero sabías perfectamente que te podía salir competidor, así es el mundo de la música; no soy yo el que decide que música escuchar, es la gente de a pie-murmuró el tal Gary.
  • Pues la gente de a pie no tiene ni puta idea, mira. Mi música es increíble, mis fans se derriten por mí… ¿y ahora viene esta don nadie desde lo más bajo de Broker y me desbanca con su encantadora sencillez? Y una mierda-musitó Jakestink, muy molesto.
  • Oye, no me vengas con esas ¿vale? ¿Por qué no pruebas a componer tú un tema? Esta chica compone sus propios temas y es por eso que la gente se ha fijado en ella; sin embargo yo no hago más que pensar en letras que me dan repelús…-murmuró Gary.
  • Oh, ya te he dicho que yo he nacido para cantar, no para componer… es aburrido, además, mis letras son muy buenas, sino mira como chillan mis fans-recordó él, con autosuficiencia.
  • Sí, como si estuvieran locas…-dijo Gary por lo bajo.
  • Te he oído, Gary Simons de Island Records…-le espetó Jakestink.
  • Lo que sea… no te las des de tío duro porque no lo eres, y lo sabes Jakestink… además, no deberías tomarte esto como algo personal, Liberty Records sólo hace su trabajo, como yo-murmuró el empresario.
  • Bah, se nota que no tienes ni idea de cómo se siente la fama de verdad… maldita chica, como me la vuelvan a nombrar, exploto-musitó el chico.

En ese momento, se oyó desde la calle a alguien diciendo.

  • ¡Prensa!

Y acto seguido, un periódico entró volando por la ventana, aterrizando sobre la mesa ante la que estaban sentados; en primera plana aparecía el éxito del primer concierto de Miley, con una foto muy grande suya, en la que aparecía con una gran sonrisa.

  • ¡Ya está bien, estoy harto! ¡¡Te odio, te odio, te odio!!-chilló el chico, aporreando el periódico.
  • ¡Ya está bien, Unbeliever, contrólate ostias!-exclamó Gary, apartando el periódico.
  • ¡Tengo que volver a liderar las listas sea como sea! ¡Gary, dame mas publicidad, hazme otro concierto, lo que sea, pero quiero pisar a esa asquerosa!-masculló el chico.
  • Eso lo decidiré yo ¿vale? Y ahora vete un poco de paseo, a ver si así se te calman los ánimos-indicó, con tono autoritario.

Jakestink se fue de allí y una vez solo, Gary suspiró.

  • Joder, en buena hora me fijé en este garrulo… a ver como han quedado los chicos de Las Venturas Bandits-se dijo, cogiendo el periódico.


Capítulo 26 “Conexiones”

Esa mañana Miley se despertó con el oído izquierdo pitándole con bastante fuerza, aunque no le dio mucha importancia; Liam la recogió enseguida y se fueron a la discográfica, ya que tenían varias grabaciones de un par de temas nuevos. Justo ayer estuvieron puliendo las últimas partituras y ese día tocaba grabar; apenas habían pasado unas escasas semanas y la fama de Miley seguía subiendo como la espuma, imparable. Spencer ya comenzaba a pensar en un nuevo álbum y Miley seguía componiendo nuevas canciones, a parte de todas las que ya tenía hechas. En cuanto llegaron a la discográfica (y tras firmar algunos autógrafos antes de entrar a la torre), se pusieron a grabar las dos nuevas canciones: “See you again” y “Start all over”.

Start all over - Miley Cyrus (Traducida al español)03:28

Start all over - Miley Cyrus (Traducida al español)

"Start all over", Miley Cyrus

En las dos canciones el equipo de sonido controlaba que no se oyese nada más que a Miley cantando y Liam tocando, mientras que el resto de instrumentos se insertaban en una sala contigua para la posterior remezcla; la última en grabarse fue “see you again”.

See You Again - Miley Cyrus03:10

See You Again - Miley Cyrus

"See you again", Miley Cyrus

“The last time I freaked out
I just kept looking down
I st-st-studdered when you asked me what I’m thinking 'bout
Felt like I couldn’t breathe
You asked what's wrong with me
My best Lesley said
"Oh she’s just being Miley"
And next time we hang out
I will redeem myself
My heart can’t rest till then

Whoa, whoa, I, I can’t wait to see you again
Whoa, whoa, I, I can’t wait to see you again”

En cuanto acabó la grabación, Miley se quitó los cascos y oyó que alguien al otro lado del cristal polarizado aplaudía; miró a ver quien era y vio a Spencer, que era el que aplaudía, junto con tres personas más que no conocía.

  • ¡Bravo! ¡¡Bravo!! ¡¡¡Bravísimo!!!-chilló Spencer, como loco.

Miley puso los ojos en blanco momentáneamente; desde que despegó para Spencer era como la niña de sus ojos y no paraba de alagarla a todas horas. La indicó por señas que se acercara y en cuanto salió del estudio de grabación exclamó.

  • ¡Querida mía, quiero presentarte a unas personas! Pero antes que nada, chicos, ¿qué os ha parecido?

Uno de los chicos, que iba con una gorra y que poseía ciertos rasgos orientales dijo.

  • Hola Miley, Spencer nos ha hablado de ti y creo hablar en nombre de los tres cuando digo esto: realmente tienes mucho talento.
  • Vaya, gracias-agradeció ella, con una sonrisa.
  • Me llamo Mike Shinoda-se presentó el chico.
  • Yo soy Ryan Patrick Maggin, pero llámame Ryan a secas-dijo el segundo.
  • Y yo soy Takbir Bashir, encantado-hizo lo propio el último.
  • Y juntos somos… Fort Minor-acabó Mike, pasando los brazos alrededor de sus amigos.
  • Ah… ¿Fort Minor? ¿El grupo de rap que estuvo en auge en el 2005?-inquirió ella, sorprendida.
  • El mismo, aunque estamos en suspenso porque yo ando metido en mi proyecto personal con Linkin Park… pero mi amigo Spencer me lo ha pedido como un favor especial y hemos venido a reeditar unos videoclips y a grabar un par de anuncios-explicó Mike.
  • Mira que bien-murmuró ella.
  • Justamente nos habló Spencer de ti y tras escucharte hemos pensado en que tú puedes participar en uno de los videoclips… sólo si quieres-añadió Ryan.
  • Lo he estado pensando bien y yo creo que eres perfecta sobre todo para el tema de “Where’d you go?”; no sé si lo conocerás, el estribillo es cantado por una chica llamada Skylar Grey, pero hace mucho que no hablo con ella y no creo que vayamos a poder reditar el videoclip juntos otra vez. Así que ¿por qué no ocupas tú su lugar? Tienes tan buena voz como ella-explicó Mike.
  • Ah… sería toda una oportunidad, por supuesto, claro-aceptó ella, para mayor alegría de Spencer.
  • Muy bien, pues nos vemos esta tarde en Bridger Street, en Leftwood, nos van a dejar una casa para que grabemos allí-quedó Mike con ella.
  • Muy bien, allí nos veremos-dijo ella.
  • Yo te llevo, Miley-acordó Liam, saliendo del estudio.

Fort Minor se fue y Spencer acabó dando saltitos como una colegiala.

  • ¡Sí señor, Miley, puedo afirmar que tienes ojo hasta para los negocios! ¿Conoces la canción?-inquirió el empresario.
  • Me suena, aunque no me acuerdo de los ritmos-afirmó ella.

Estuvo desde la hora de comer mirándose la canción y aprendiéndose sus líneas, que eran bastante sencillas; conocía la canción pero hacía ya tantos años desde que la lanzaron que había acabado casi olvidándose de ella. El estribillo era quizás lo más característico, ya que se pasaba abruptamente del rap más puro a un estilo muy suave de pop, por lo que Miley no tuvo problemas de ningún tipo; después de comer y tras practicar un poco más, Liam la llevó hasta la casa de Alderney donde habían quedado para grabar el nuevo videoclip, el cual iba a ser bastante parecido al original pero con algunas variaciones.

Fort Minor - Where'd You Go (Official Music Video) Sub03:54

Fort Minor - Where'd You Go (Official Music Video) Sub. Español HD

Miley tenía varias apariciones en toda la cinta, en la original Skylar Grey se encontraba sentada ante una mesa mientras cantaba; a ella la pusieron mirando por la ventana con mirada taciturna, a la vez que cantaba sus líneas. Mike estuvo grabando varios versos en algunas partes de la casa, como en la versión original, pero luego estuvo por las calles colindantes, en el jardín y en la playa de Westdyke; a parte se filmaron varias panorámicas de Algonquin desde Alderney que se incluirían en el videoclip, intercaladas entre las escenas de rapeo de Mike. En la versión original también se incluyeron unas cortas entrevistas para intensificar el tema de la canción, la cual cuenta la historia de un miembro de una familia, que se va de casa para no volver, y como los demás miembros le echan de menos, pensando en un regreso que nunca llega. En esta nueva versión se dio más énfasis a los sentimientos ocultos, tanto en todos los rincones de la casa donde grabaron como en la calle, la playa o los paisajes urbanos de la capital del mundo. Terminaron a eso de las siete y media y Miley acompañó a Mike y sus amigos, ya que grabarían otro videoclip, pero ésta vez sin ella; el videoclip en cuestión sería de unos de sus temas más conocidos, “remember the name”.

Fort Minor - Remember The Name (OFFICIAL Video) HD03:49

Fort Minor - Remember The Name (OFFICIAL Video) HD

"Remember the name", Fort Minor videoclip

En el original se grabaron varias escenas en las calles y el resto en interiores; Mike y los chicos tenían intención de cambiar eso por entero y lo centraron completamente en las calles. Grabaron una serie de secuencias en lugares como el Cruce Estrella, Middle Park, Holanda Norte, las pistas de skate en el Golden Pier y en Lonja Sur, Chase Point en Bohan, Colina de Rotterdam en Broker o en Meadows Park, Dukes. El resultado fue bastante satisfactorio y se pudieron retocar en el estudio, a eso de las diez de la noche; Miley les acompañó en todo momento.

  • Os han quedado muy bien los dos-dijo ella, mirando algunas escenas.
  • Como mola el trabajo bien hecho-murmuró Takbir, asintiendo satisfecho.
  • ¿Os vais a quedar más días?-inquirió ella.
  • Sí, dos más, vamos a grabar unos cuantos anuncios para Sprunk, Burger Shot y Prolaps-explicó Mike.
  • Ah, qué bien…-murmuró Miley.
  • Eh tíos, una cosa, los videoclips ya están, si eso que se encargue el laboratorio de darles los últimos retoques mientras nosotros nos vamos a cenar por ahí-sugirió Ryan.
  • Me parece bien… Liam, Miley ¿queréis venir con nosotros?-invitó Mike sin previo aviso.
  • Ah… no, no queremos molestar…-murmuró ella.
  • ¡No sois molestia! ¡Venga, nos han comentado que el Superstar Cafe de Cruce Estrella es muy bueno!-insistió él.
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El Superstar Cafe es un local muy pijo, pero bastante famoso

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El Club Liberty es un pub al que van muchas celebridades y deportistas de marca

Finalmente aceptaron y estuvieron casi toda la noche con ellos, luego se fueron de copas al Club Liberty, situado en Northwood; Liam y Miley volvieron a casa a eso de las dos y media de la madrugada, el chico la acercó.

  • Gracias por acercarme otra vez, Liam… que ganas tengo de sacarme de una vez el carnet…-murmuró ella, cansada.
  • Ya sabes que a mi no me importa-le recordó el chico.
  • Ya, pero es que empieza a ser un poco cantoso ¿no?-inquirió ella.

Los dos se rieron del chiste y se quedaron en silencio por unos segundos; Liam jugueteó con la palanca de cambio y Miley se estrujó los dedos, nerviosa. Se miraron por un momento y el chico comenzó a inclinarse sobre ella. En ese momento se oyó un claxon detrás de ellos y vieron a una ambulancia acercándose con las luces puestas, pasándoles rozando.

  • La madre que os trajo…-pensó Liam, muy molesto.
  • Tienen toda la calzada para ellos…-observó ella, igual de molesta.

Pero al final ella dijo.

  • Bueno… buenas noches, Liam.
  • Buenas noches, Miley…

La chica le sonrió y finalmente entró en su casa; Liam suspiró y se fue de allí, pensando en un futuro incierto.

Capítulo 27 “El avispero”

Smoke resultó ser un tipo de lo más variado en cuanto a trabajar se refiere, pero su personalidad no cambiaba en todo momento; ni en los tratos a los que le acompañé, ni cuando tuve que defenderle de unos matones que no le dejaban conseguir información o ni de una persecución por parte de unos pandilleros locales se achantaba. Siempre sonriendo y llamando amigo o colega a todo el mundo; me acostumbré enseguida a su forma de ser, aunque la gente le solía mirar mal ya que se tomaba mucha confianza demasiado pronto. Pero aun así siempre conseguía hacer sus trabajos, fueran de la índole que fueran. Se conocía muy bien todo Los Santos y se movía por las calles como si tuviera un mapa en su cabeza, me dejaba bastante impresionado siempre que teníamos que salir por patas, ya fuera por la pasma o por cualquier otra cosa. Mientras él también rebuscaba por la ciudad algún indicio de Santos Guardado, yo también me movía, pero apenas conseguía gran cosa, los alegres ciudadanos de Los Santos me indicaban alegremente el mejor camino para irme a paseo. Como odio ésta ciudad…

Comenzaba a pensar que no aguantaría ni dos horas más aquí cuando me llamó Smoke, en ese momento yo estaba en Playa de Seville, tratando de recabar información por mi cuenta.

  • Ey, amigo, tengo algo que nos podría llevar hasta ese Guardado-anunció.
  • ¿¡Sí?! ¡Estupendo! ¿¡Dónde estás?!-inquirí.
  • En Market colega, al lado de Blastin' Fools Records, vente enseguida-indicó.
  • Voy para allá… ¡taxi!-exclamé, nada más ver uno.

Monté en él y dije muy rápido.

  • ¡A Blastin’ Fools Records, deprisa!
  • ¿Cómo? Hábleme claro, colega…-murmuró el taxista.

Tuve que recurrir de todo mi autocontrol para no estallar, repetí el destino y le metí cizaña para no tardar más; Smoke me esperaba apoyado en su banshee, al verme me saludó.

  • ¿Qué hay colega?
  • Buenas… ¿qué has averiguado?-inquirí.
  • Hay una banda de afroamericanos que van a hacer un trato con unos colombianos; me he podido enterar de que van a llevar una muestra de su mercancía, y por pura suerte se les ha escapado el nombre de la farlopa, slash, la misma designación que me dijiste aquella vez-explicó él, con detalle.
  • Ajá, colombianos, seguro que son hombres de Guardado… si pudiéramos capturar a uno de ellos nos sería de gran ayuda-comenté.
  • Tu verás, colega, aunque yo de ti me daría prisa, la reunión será dentro de poco en Ocean Docks-anunció Smoke, encendiéndose un cigarro.
  • Vale, no podemos perder esta oportunidad, vamos para allá-indiqué.
Ocean Docks 1

Ocean Docks es un barrio principalmente industrial, apenas vive gente. El lugar perfecto para pactos ilegales

Nos subimos a su banshee y no perdimos ni un minuto más, como si estuviéramos en una carrera nos dirigimos hacia allí; Ocean Docks era un barrio que se caracteriza por estar lleno de almacenes, dársenas de carga y demás industrias petrolíficas y químicas. Una vez en el sitio inquirí.

Dicho depósito era donde el ejército del estado guardaba todo su armamento; y ahora un grupito de colombianos y afroamericanos iban a hacer un trato para vender una droga nueva y muy peligrosa por todo el estado justo al lado. Resultaba hasta gracioso. Aparcamos el coche cerca del sitio y paliamos los últimos metros andando, no nos convenía llamar la atención.

  • ¿Vas preparado, colega?-inquirió Smoke.
  • Mierda, me dejé la pipa en el motel-musité.
  • No pasa nada colega, aquí tienes una Desert Eagle que me sobra-anunció, dándome una.

Comprobé el cargador y nos acercamos a una esquina de la pared; no vimos a nadie, por lo que entramos en el recinto, pero no en el almacén. Echamos un rápido vistazo dentro del almacén, no vimos a nadie así que debían de estar detrás del edificio; nos deslizamos entre varios remolques aparcados para quedar resguardecidos y luego fuimos pegados a la pared, yo iba a la cabeza y Smoke me seguía de cerca. Estando a dos pasos mal contados de llegar a la esquina oímos varias voces y nos acercamos un poco más, lo suficiente como para poder oir la conversación; eché un rápido vistazo, había tres colombianos y cuatro afroamericanos, los colombianos estaban hablando en ese momento.

  • Nuestro jefe quiere que estéis muy seguros de este trato, no piensa perder el tiempo con indecisos.
  • ¿Seguro que la mierda es buena?-inquirió entonces un afroamericano.
  • Mira tío, jamás se había hecho algo así, nuestro jefe es un puto genio. La echas a la red de aguas y tienes a toda la ciudad flipando en colores durante un mes entero-aseguraba un colombiano.

Oí como se abría un paquete y a alguien decir.

  • Pruébala, MC.

Se hizo el silencio por unos momentos y acto seguido un escupitajo.

  • Uauh, la ostia, en serio… me atrevo a decir que han mezclado varias drogas a la vez.
  • Nuestro jefe no quiere dar la receta a nadie, y vosotros no habéis venido por eso; necesitamos un comprador en esta ciudad, tenemos que cubrir toda la producción de un mes, estamos desbordados, en Vice City no cabe más y estamos usando a Liberty City como si fuera una ciudad almacén… Bueno qué ¿la tomáis o la dejáis?-inquirió un colombiano, con un deje de impaciencia.

Los afroamericanos debieron de pensárselo concienzudamente, puesto que tras un minuto y medio de silencio, anunciaron.

  • Muy bien, aceptamos.
  • Estupendo, nuestro jefe se encargará de proveeros semanalmente y recibiréis un total de siete cajas; os habéis comprometido por lo que debéis de venderla toda-impuso un colombiano.
  • Muy bien, tenemos varias conexiones que nos pueden ayudar a venderla en otras partes del estado, si queréis-propuso el afroamericano.
  • Mucho cuidadito ¿eh? Como falte algo por vender o falte algo de dinero los primeros en arrepentiros seréis vosotros-amenazó el colombiano.
  • Vale, vale… es una oportunidad de negocio y expansión, pero bueno…

No quería entrar al trapo directamente, ya que sería un suicidio; yo quería a los colombianos, los afroamericanos me daban igual.

  • ¿Os divertís?-oimos entonces a nuestras espaldas.

Fue todo muy repentino, pero Smoke se movió deprisa, golpeó a un afroamericano con la culata de la pistola, pero con tan mala fortuna de que se le disparó y el tiro resonó por todo el complejo.

  • ¡Mierda!-musitó Smoke.
  • ¿¡Pero qué cojones haces sin seguro?!-musité.
  • ¡Lo siento colega!-se disculpó él.
  • ¿Qué es eso? ¡No estaban espiando! ¡Mierda, larguémonos!-oi a los colombianos decir.

Se organizó una refriega ensordecedora, Smoke y yo nos replegamos hacia atrás, cubriéndonos tras los remolques.

  • ¡Maldición, no veo a los colombianos!-musité, disparando.
  • ¡Creo que se han ido por el otro lado! ¡Escucha amigo, ve por el lado opuesto del almacén, puede que les alcances si te das prisa! ¡Yo te cubro!-exclamó Smoke.
  • ¡Bien!

Eché a correr mientras que Smoke me cubría de los afroamericanos que venían desde el otro lado; alcancé la esquina opuesta del almacén y me colé en un hueco entre el muro y el edificio, al otro lado había una salida hacia un callejón por el que vi a uno de esos colombianos.

  • ¡No os iréis!-mascullé, apretando el paso.

Al llegar al callejón vi que se montaban en un oracle negro; pero gracias al cielo vi una PCJ-600 apoyada en la pared, arranqué sin pensar y les seguí sin perder tiempo. Pero uno de ellos se asomó por una ventanilla y me empezó a tirotear con un micro subfusil.

  • Genial, más facilidades…-pensé, dando un volantazo para esquivar el granizo de balas.

Me mantuve a una distancia prudencial de ellos y seguí persiguiéndoles; salieron de Ocean Docks por Willowfield, ya que era la única salida posible y se dirigieron hacia la autopista pasando por Playa de Seville. Aprovechaba los tramos rectos para ganar más velocidad echándome hacia delante y así tenerlos más a la vista; los colombianos conducían como locos y provocaron accidentes varias veces para hacer que me descalabrara, pero gracias al tamaño de la moto pude colarme hasta entre dos enormes camiones articulados que comenzaban a cerrarse entre ellos debido a que habían golepado a uno por el extremo derecho inferior. La persecución continuó por Seville y torcieron por una calleja en dirección hacia Los Flores.

  • Estos me quieren despistar por los callejones-preveí enseguida.

Me mantuve por las calles principales, cubriendo de esa forma las salidas de los callejones más sinuosos; pero en cuanto llegamos a East Los Santos pude darme por jodido. Varios oracles aparecieron de la nada, todos negros y tomaron diferentes direcciones.

Parque de East Los Santos

East Los Santos es un barrio para todo; se puede jugar al baloncesto, beber, comer, dar paseos, despistar a la pasma...

  • Vamos no me jodas… esto no puede ser una maldita coincidencia…-musité, probando una cosa.

Giré a la derecha por un pequeño desvio hacia Jefferson y luego volví por la calle colindante para salir a su paso, pero no resultó; sólo un Oracle me salió al paso y enseguida lo perdí entre el tráfico que se dirigía en dirección al centro.

  • ¡¡Mierda!!-grité, dando un golpe al depósito de gasolina.

Me aparté de la calzada y llamé a Smoke, para ver por donde andaba.

  • ¿Los tienes, colega?-inquirió.
  • Qué va, los he perdido en Jefferson… menuda carrera, y todo para nada…-musité, contrariado.
  • Tranquilo tío, no todo está perdido; pude despistar a esos afroamericanos y luego les seguí hasta su casita, en Marina, al lado de Verona Beach. Relájate un poco, colega, ya me encargo yo de seguirles y sacar algo, seguro que no tardo mucho. En cuanto tenga algo, te aviso-explicó Smoke.
  • Bueno, al menos tenemos algo… gracias Smoke, tenme informado-le agradecí antes de colgar.

Necesitaba una pista nueva, por pequeña que fuera; y rápido.


Capítulo 28 “Bajo vigilancia”

A diferencia de la costa oeste, en Vice City el calor es algo muy presente durante casi todo el año y es el lugar ideal para pasar las vacaciones y para los que quieren tener un bronceado de primera; para otros es otra cosa más con la que lidiar diariamente y a veces hasta pasa desapercibido.

Pero ni el calor hacía parar a Toto, la cual trataba por todos los medios de conseguir una posta fiable que la llevara hasta Guardado; Claude la vigilaba de cerca siempre que podía, para que no metiese la pata o no acabase con problemas graves. Ese día la veía algo lanzada, ya que atravesó toda la avenida Bayshore desde el centro como una exhalación en su infernus amarillo; debió de encontrar algo, porque sino Claude no comprendía a qué tanta prisa. Y con un simple oceanic no haría gran cosa ante un deportivo como el infernus. Aun así no se despegó de ella y la siguió de cerca a una distancia prudencial de al menos dos coches y medio; entró arrollando en Vice Port y aparcó al lado de un astillero. Claude aparcó a pocos metros y se acercó andando, Toto estaba presionando a un chico joven, de pelo moreno y con cara de avispado; se ocultó tras un bote en dique seco y escuchó la conversación.

Muelle de Vice City

El astillero de Holocausto es uno de los tantos que hay en Vice Port, se dedica a la importación/exportación de lanchas de lujo; lo que se le da bien a Ricky

  • ¿Trabajas aquí?-inquirió ella.
  • Eh, sí… ¿busca algo?-dijo el chico.
  • Sí, concretamente algo que puede estar escondido en las lanchas… slash ¿te suena de algo-inquirió ella, impaciente.
  • ¿Slash? ¿Qué es eso, una serie de televisión?-murmuró él, extrañado.
  • ¡No te hagas el tonto conmigo, chico, nadie quiere verme cabreada y tú tampoco!-le espetó ella, tirándole al suelo.
  • ¡Pero bueno! ¿Quién se ha creido que es?-inquirió el chico, en el suelo.
  • ¡Ja! ¿¡No sabes quien soy?! ¡Soy TOTO.INC, una extorsionadora, la más poderosa de toda esta absurda ciudad! ¡Todo el mundo me conoce!-exclamó ella, dándoselas de diva.
  • Usted perdone, pero soy nuevo aquí y hace sólo cuatro días desde que llegué, no puedo saberme al dedillo toda la mierda que hay en la ciudad-le espetó él, levantándose del suelo.
  • Bah, estoy perdiendo el tiempo… ¿esas lanchas son tuyas?-inquirió ella, señalándolas.
  • Son del astillero…-murmuró él.

Toto estuvo rebuscando en ellas algún indicio de slash, pero no encontró nada que la llamara la atención.

  • Nada… pero os estaré vigilando, tenedlo presente-dijo ella, antes de irse.

Claude se escondió para que no le viera y Toto se fue de allí; oyó las ruedas de su infernus derrapar antes de desaparecer, pero ésa vez la dejó ir. Quería averiguar unas cosas antes, luego la alcanzaría. Salió de su escondite y llamó al chico.

  • Ey, amigo, menudo genio ¿no?
  • Ya ves… apenas sé nada, en serio…-afirmó él.
  • Si bueno, los nuevos siempre lo tienen más jodido ¿no? Pero bueno, con calma… CluadeGTA3-se presentó.
  • Rick LB, encantado… ¿buscaba algo?-inquirió.
  • No, nada, sólo curioseaba… ¿de dónde es usted?
  • De Liberty City, es donde suelo vivir pero… me ha surgido un imprevisto y ahora estoy aquí-explicó.
  • ¿Motivos laborales?-supuso Claude.
  • Sí, eso mismo, motivos laborales…-afirmó Rick.
  • Lanchas, por lo que veo…-observó Claude.
  • Sí, así es, mantenimiento y eso… ¿y usted? ¿Cómo se gana la vida?-preguntó Rick.
  • Relaciones públicas-dijo Claude sin dudar.
  • Anda… ¿y vive usted aquí?-inquirió Rick, repentinamente interesado.
  • Sí, parcialmente, a veces también voy a Liberty pero la mayor parte del tiempo estoy aquí, sí-afirmó Claude.
  • Siendo un relaciones públicas conocerá a un montón de gente de la ciudad ¿verdad?-inquirió Rick, casi afirmando.
  • Pues sí, tengo mis contactos…-murmuró Claude, como quien habla del tiempo.
  • Vaya, que suerte, resulta que estoy buscando a alguien con el que tengo una cuenta pendiente, quizás pueda ayudarme a encontrarlo-sugirió Rick, casi pidiéndole el favor.
  • ¿De quien se trata?-inquirió Claude, sin inmutarse.
  • Verá, no sé mucho de él, es un amigo de un amigo mío al que fie dinero, no sé por qué, pero ahora se las hace de rogar y no quiere devolvérmelo…-contestó Rick.
  • Pues no podré hacer gran cosa sólo con eso, amigo… hoy en día deber dinero es algo habitual-comentó Claude.
  • Pues sí… aun así ¿puedo estar en contacto con usted? Cuando sepa más se lo puedo contar-sugirió Rick.

Los dos se intercambiaron los móviles y Claude se despidió.

  • Gracias amigo, si lo pudiera encontrar me haría un gran favor-admitió Rick.
  • Veré lo que puedo hacer, pero primero necesito esos datos-le recordó Claude.
  • Descuide, en cuanto tenga algo se lo haré saber-asintió Rick antes de que Claude se marchase.

Resultaba curioso, a veces creía que sus corazonadas solían acertar, gracias a ellas había resuelto varios casos bastante impecablemente; y por alguna extraña razón, llegó a pensar que tanto él como Rick estaban buscando a la misma persona. Sin embargo no le dio más importancia y regresó a por su coche para volver a buscar a Toto.


No tardó mucho en salir del astillero y volvió a su coche; no necesitó volver a seguirlo, tenía lo que buscaba. Hizo una llamada.

  • ¿Y bien?-se oyó al otro lado.
  • El astillero no es ningún punto de partida, seguiré buscando… la chica esa, Toto, está siendo algo impulsiva, quiere encontrarlo a toda costa-explicó el hombre.
  • Ella no me interesa, me interesa saber en que piensa el comisario-le recordó la voz.
  • Quiere ir sobre seguido y piensa que vigilando a la chica lo encontrará; los hay ilusos ¿eh, jefe?
  • Je, qué gracia… entonces habrá que darle un empujón, para que se enteren de que va el asunto…-anunció la voz.
  • ¿Eso es prudente? No nos conviene abrir la jaula ahora, el pajarillo se nos podría escapar-opinó el hombre.
  • Sí, pero a veces ese pajarillo puede facilitarnos las cosas… para encontrar sus otros nidos-explicó la voz.
  • Ya veo… arriesgado pero audaz, me gusta-asintió el hombre.
  • No pierdas de vista al comisario… y Kombat, estate preparado, las consecuencias pueden ser imprevisibles-avisó la voz.
  • Lo tendré en cuenta, jefe, no se haga mucho daño-murmuró el hombre antes de colgar.

Ahora es cuando podía afirmar que en toda la costa este y oeste iba a arder Troya.


Capítulo 29 “Meowingtons hax in”

Un shamal se acercaba al aeropuerto de Liberty desde el norte, faltaban pocas millas para llegar y el aparato comenzaba a bajar y maniobrar para el aterrizaje; dentro del avión había varias personas, entre ellas un chico que llevaba una especie de casco rojo con forma de cabeza de ratón.

  • ¿Cuánto falta?-inquirió en voz alta.
  • Apenas unas pocas millas, tranquilo Joel, nos da tiempo-le dijo la voz del piloto a través de megafonía.
  • Bof, estos viajes son agotadores… ¿nos van a recoger o qué hacen?-inquirió Joel, estirándose.
  • Sí, me han dicho que Liberty Records ha fletado una limo que nos acercara a los estudios, asi que no hay problema-explicó uno de los chicos que estaba con él.
  • Ah, entonces bien… esta noche va a ser un estreno por todo lo alto, ¿Cuántas personas van a venir según lo estimado?-inquirió Joel, jugueteando con su logo.
  • Más de 300 seguro.
  • Uauh… más nos vale tener un sitio lo suficientemente grande donde meter a toda esa marabunta-murmuró Joel, recolocándose la gorra.
  • Hemos estado pensando en varios lugares. Aunque no sé si nos van dejar, he pensado en ocupar todo el Cruce Estrella; el tráfico se va a tener que desviar, eso sí, pero será el escenario perfecto-explicó el chico.
  • Bueno, es una posibilidad… ¿qué más?-inquirió Joel, mirando por la ventanilla.
  • Middle Park… aunque hace poco que se celebró otro concierto y no sé si el ayuntamiento querrá que haya otro en el mismo sitio.
  • Si ¿no? Sobreexplotación y tal, se podrían quejar perfectamente y no pienso lidiar con organismos públicos ¿qué más?
  • Yo he pensado en un lugar que es lo suficientemente grande como para albergar a tantas personas… pero lo malo es que es patrimonio de la ciudad y dudo que nos dejen-sugirió otro de los chicos que estaban con ellos.
  • Adelante-animó Joel.
  • El hospital abandonado de Isla Colonial; tiene un terreno bastante grande y muchas habitaciones y estancias, podríamos improvisar hasta una disco al aire libre-explicó el chico con detalle.

El Dj lo estuvo rumiando durante unos pocos segundos y dijo.

  • Me gusta, mucho más que lo del Cruce Estrella, así no tendríamos que cortar la circulación.

Al poco rato el shamal aterrizó y se acercó a la terminal; Joel ayudó a sus socios para cargar con todo el equipo y el material y salieron del jet privado, un Air Tug apareció enseguida remolcando un remolque de carga, junto con un perennial de Fly Us.

  • ¿Joel Zimmerman y su equipo?-inquirió el que conducía el air tug.
  • Sí, hola-saludó el aludido.
  • Les llevaré su equipaje, la limusina espera junto al parking-indicó.

Cargaron todo el equipo musical y las maletas y ellos fueron en el perennial; el traslado fue bastante corto, en una parte del extenso parking les esperaba una limusina negra que les llevaría hasta la torre Rotterdam. El viaje no fue muy largo, ya que el tráfico era bastante fluido y no había mucha concentración de coches; la limusina les dejó en la puerta de la torre y se fue directo hacia el hotel, el Überbrücker, para dejar el equipaje y el equipo. Joel y los suyos subieron hasta las oficinas de “Liberty Records” y fueron a ver directamente a Spencer, el cual les esperaba impaciente.

  • ¡Joel! ¡Me alegro de verte!-exclamó éste, contento de verlo.
  • Hola Spencer ¿qué tal te va todo?-saludó Joel, dándole la mano.
  • Estupendamente, estoy que reboso de felicidad, en serio-afirmó el aludido, mostrándolo en todos los sentidos.
  • Ya te veo, ya, parece que te haya tocado el gordo…-murmuró Joel.
  • Es que me ha tocado el gordo… ¿no lees los periódicos, tío? Tengo una nueva estrella a la que todavía estoy lanzando y todavía sigue subiendo gracias a mi tremendo impulso, Miley Cyrus ¿te suena?-inquirió Spencer.
  • No… es que últimamente estoy centrado en el trabajo, estoy haciendo unos temas nuevos y cuando me centro, me centro-explicó Joel.
  • Tan trabajador como siempre ¿eh? En ese caso vente, ahora mismo está grabando un nuevo tema, compone canciones como churros-indicó Spencer.

Le llevó hasta el estudio, donde Miley se encontraba grabando en ese momento y cantando una canción nueva de nombre “7 things”; los dos la observaron cantar, Spencer movía la cabeza rítmicamente y Joel la miraba fijamente, arrascándose la barbilla.

7 Things - Miley Cyrus03:25

7 Things - Miley Cyrus

"7 things", Miley Cyrus

Una vez que terminó, Spencer aplaudió como un niño y Miley le saludó, con una sonrisita; el empresario la indicó por señas que se acercara y ella salió al pasillo.

  • ¿Qué tal?-inquirió ella.
  • Brillante como siempre, querida… mira, quiero presentarte a Joel Zimmerman, más conocido como Deadmau5 de un tiempo a esta parte-dijo él.
  • Vaya ¿el famoso Dj canadiense? Encantada-murmuró ella, dándole dos besos.
  • Igualmente… je, Dj, no me gusta ése término, yo no soy ningún Dj-reveló él, con desdén.
  • ¿Y eso por qué? Y si no eres un Dj ¿qué eres?-inquirió Miley, extrañada por el comentario.
  • Buena pregunta, y si quieres te respondo… un Dj crea, comparte, pero sin embargo yo no hago nada de eso, yo remixeo, yo uso bases, no puedo usar ese término… no, no-dijo, con rotundidad.
  • Vale…-murmuró la chica, echando una rápida mirada a Spencer, el cual se encogió de hombros.
  • Oye, me había dicho Spencer que eres su nuevo fichaje, no había oído hablar de ti porque he estado muy enfrascado en el trabajo, pero ahora que te he oído he de admitir que Spencer tiene muy buen ojo… tienes talento-afirmó Joel.
  • Gracias-agradeció Miley, con una sonrisa.
  • Sí, realmente… puede que me vengas bien…-murmuró Joel, por lo bajo.
  • ¿Por?-inquirió ella, extrañada.
  • Mañana voy a dar una sesión, de 10 de la noche a las 6 de la madrugada en el hospital abandonado de Isla Colonial, tengo dos temas que requieren de una voz femenina, “I remember” y “Sofi needs a ladder”, pero lamentablemente no están aquí ni SOFI ni Haley Gibby, así que… ¿te interesa colaborar conmigo por la noche?-inquirió Joel.

Miley no se lo pensó ni dos segundos.

  • Por supuesto, y más con un d… remixeador de tu talla-se corrigió enseguida.
  • Sabía que dirías que sí… vente un par de horas antes, así nos preparamos-sugirió Joel.

Finalmente, tras hablar un rato más con Spencer se fue con su equipo al hotel para asentarse un poco; a las pocas horas comenzó a fluir la publicidad y en unos cuantos paneles de Cruce Estrella comenzó a surgir publicidad para la sesión de mañana, mostrando el logo de Deadmau5 y el poster oficial del tour. Milagrosamente, el ayuntamiento les permitió realizar la sesión en el hospital abandonado, pero pidió mucha precaución con él como unas treinta veces; en ese hospital se estuvo administrando la vacuna contra la viruela durante varios años, salvando muchas vidas. Tras un siglo en funcionamiento acabó cerrando y se abandonó a su suerte hasta hoy; fue declarado patrimonio de la ciudad en 1972, tras las obras de estabilización. Y ahora iba a ser el escenario perfecto para una sesión de Deadmau5, por lo que debía de estar debidamente preparado; varios operarios del ayuntamiento fueron hacia allá y estuvieron adecentando un poco el sitio, prepararon varios generadores, iluminación, limpieza y poco más. Miley se estuvo mirando la letra de los dos temas, no eran muy complicadas y nada que unas cuantas horas de lectura pudieran hacer. Al día siguiente, tras tener un par de grabaciones más por la mañana (pronto sacarían nuevo álbum y habría nuevo concierto), estuvo toda la tarde ayudando a Joel a montarlo todo y por la noche la fiesta comenzó; vino gente de toda la ciudad, de Carcer City, de Bullworth, de parte del estado y otras tantas de todas partes. La fama de Deadmau5 era notoria y se la tenía bien merecida, por supuesto; los fans recibieron muy bien la presencia de Miley, fue un aliciente más para que fuera una de las mejores noches de Liberty City. A mitad de sesión Miley entró en escena para cantar los temas, primero fue “I remember” y finalmente, “Sofi needs a ladder”.

Deadmau5 & Kaskade - I Remember (HQ)09:54

Deadmau5 & Kaskade - I Remember (HQ)

"I remember", Deadmau5

Deadmau5 - Sofi Needs a Ladder06:47

Deadmau5 - Sofi Needs a Ladder

"Sofi needs a ladder", Deadmau5

Y tras una noche movidita y con buena música, Deadmau5 cerró la sesión con el tema “I said”, realizado junto con Chris Lake. Antes de plegar, dijo unas palabras.

  • ¡Eso es todo, Liberty City!

La gente exclamó un rotundo “¡¡no!!” y pidió otra, pero Joel murmuró.

  • No va a poder ser… pero ha sido una noche intensa, lo hemos pasado de madre y siempre nos quedará intenet; para quien quiera seguirme, nos vemos en Cottonmouth. ¡Hasta la vista, Liberty!

Y tras eso, apagó las luces.

Capítulo 30 “Salta el resorte”

Una sombra contemplaba unos campos de cultivo que se extendían hasta más allá donde la vista alcanzaba; esgrimía una mirada placentera, llena de fulgor y poder. Parecía que estaba del todo seguro de sus posibilidades, incluso contemplaba la oportunidad de ir más allá de lo meramente establecido, más allá de lo que hasta ahora ha hecho. Anhelaba un poder sin límites… acciones sin consecuencias, actos puramente personales. Ése era él…

Historia Oda a Liberty City-Vaso rompiéndose

Como cuando una ola choca contra un dique, o un vaso se rompe por la presión... así puede comenzar la mayor de las iras

  • Señor…-oyó entonces una voz a su espalda.

No se tomó la molestia de darse la vuelta y siguió contemplando el mundo; su mundo.

  • Tengo noticias, señor-dijo la voz.
  • Adelante… el jefe no sabe esperar, y lo sabes.
  • Por supuesto… las reservas están al cien por cien, pero Liberty City se está revolviendo, señor, creo que hay gente que sospecha. Y en Vice City una extorsionadora local está tratando de encontrarle, señor, quiere extorsionar… al jefe-se corrigió la voz.

El hombre esbozó una amplia sonrisa, maquiavélica y llena de maldad.

  • Tiene gracia ¿verdad?-inquirió el hombre.
  • Ah, y en Los Santos han detectado a unos espías, no sabemos quien pueden ser; está peligrando la balanza, señor, no nos hace ningún bien. Hemos de movernos antes de que sea tarde-sugirió la voz.
  • Claro que sí… hagámoslo todo… ya.

La voz no volvió a hablar y el hombre notó como le dejaban solo de nuevo; sólo con su mundo.


Capítulo 31 “Desatando la cadena de acontecimientos (1ª Parte)”

Esa mañana me desperté con un dolor agudo en el pecho, como si me quisiera advertir de algo; hace ya dos días desde que descubrimos ese trato que por poco echamos nosotros al traste, y desde entonces ni yo ni Smoke hemos vuelto a ver a los colombianos. Esperaba que Smoke me pudiese dar una nueva pista, pero de momento no llegaba. Me dirigía a desayunar, cuando en ese momento me llamaron al móvil y vi que era Somke.

  • Smoke ¿qué me dices?-inquirí.
  • Los tengo colega, he vuelto a ver a los afroamericanos-anunció.
  • Smoke, sabes perfectamente que a mi me interesan los colombianos, no los afroamericanos-le recordé, hastiado.
  • Ya lo sé, amigo, pero es que he oído que van a mover un cargamento de slash hacia Las Venturas personalmente y he pensado que podríamos encontrlos allí; salen dentro de unos minutos ¿te vienes? Los estoy vigilando en Marina-explicó.
Vista panoramica de Las Venturas

Las Venturas, la capital del juego por excelencia, un buen lugar para pasar drogas de contrabando

  • Vale, voy para allá-dije, colgando.

Fui en taxi hasta donde se encontraba él, el cual montaba guardia subido a su banshee delante de varias csas.

  • ¿Alguna novedad?-inquirí.
  • Salen dentro de dos minutos, has llegado rápido… me he podido enterar de que tienen un cargamento de dos kilos y medio que van a llevar directamente a Las Venturas-explicó.
  • ¿Y para que la quieren llevar?-inquirí.
  • Hombre, como querían expandir el negocio más allá, Las Venturas sería un buen punto de partida. Aunque resulta curioso ¿no?-murmuró Smoke, rascándose la nariz.
  • Ciertamente… a ver que sacamos de todo esto-murmuré.

A los pocos minutos, vimos un mule saliendo del garaje, que fue en dirección sur hacia la autopista y le seguimos de cerca; Smoke tuvo que realizar una separación de dos coches y medio porque el banshee aceleraba mucho y no nos convenía que nos vieran. Siguiendo la autopista hacia el sur bordeamos toda la parte sur de la ciudad y luego empezamos a subir hacia el norte; en cuanto pasamos al lado de Las Colinas el mule aceleró y salimos de Los Santos dirección norte. Los páramos y las colinas de Red County se abrieron ante nosotros y el viaje hacia Las Venturas no hizo más que comenzar; el paisaje era bastante bonito y altos pinos y secuoyas decoraban el horizonte. No tiramos toda la mañana de viaje, paliando kilómetros y kilómetros tras el mule con el slash; a eso de las tres comenzamos a ver al fondo el pueblo de Palomino Creek y vimos que los afroamericanos se dirigían a la próxima salida en dirección al pueblo.

  • Van a parar…-observé.
  • Seguro que van a comer… y el depósito está casi seco, así que vamos a parar también-sugirió Smoke, bajando de marcha.
  • Me parece bien… y comemos nosotros también, no he desayunado…-musité, rugiéndome las tripas.

El mule aparcó cerca de una de las pizzerías de The Well Stacked Pizza Co.. Yo me bajé primero para vigilar a los afroamericanos mientras que Smoke se llevaba el coche a la gasolinera; entré en el local y un aroma a pizza sabrosísimo me golpeó en la cara. Las tripas me rugieron de nuevo.

  • Puf…-musité.

Localicé a los afroamericanos, se habían pedido varias reventadoras y se estaban sentando cerca de una ventana; yo me senté cerca de la puerta y aparenté normalidad, pero mis tripas no ayudaban. Al poco rato vino Smoke y entre los dos pagamos una grandiosa, que nos comimos mientras vigilábamos a los afroamericanos; en cuanto se fueron nosotros les dimos un poco de tiempo y salimos de allí. Vimos al mule saliendo del pueblo dirección norte, para coger la salida hacia la autopista; le seguimos de cerca y el viaje continuó, llegamos a la salida tras unos pocos minutos y enseguida pudimos ver el canal de San Andreas Sound. Ya eran las cuatro menos cuarto y aún quedaba viaje; ahora la estampa variaba en gran medida, a un lado teníamos la gran extensión de agua de San Andreas Sound y al otro los últimos retazos de campo y terrenos abruptos y verdosos. En unos cuantos kilómetros más llegamos al cruce de Montgomery y cogimos la salida hacia el norte, dirección al puente Frederick; pero Smoke se vio obligado a dar un frenazo, porque el mule había hecho lo mismo y casi nos dimos un golpe.

Puente Frederick.

El puente Frederik es uno de los puentes que conecta Las Venturas directamente con el resto del estado; es una gran putada para los ludópatas que cierre de vez en cuando

  • ¿Por qué cojones para de golpe?-soltó Smoke, molesto.
  • ¿Nos habrá visto?-inquirí, inseguro.

Me asomé por mi lado y vi que había una barrera que cerraba el acceso al puente; una patrulla de la policía del condado custodiaba la barrera y uno de los agentes se acercó a nosotros.

  • ¿Algún problema, agentes?-inquirió Smoke.
  • Sí, van a tener que dar al vuelta si quieren ir a Las Venturas, están apuntalando las vigas del puente y ahora mismo no se puede pasar-explicó el agente, asiendo el asa de su sombrero.
  • Vaya por Dios…-murmuré.
  • Pueden ir por el puente Fallow-añadió el agente, antes de despedirse.

Smoke dejó maniobrar primero a los afroamericanos para que luego pudiéramos dejar distancia entre ellos y nosotros; regresamos a la autopista y volvimos sobre nuestros pasos para coger una carretera comarcal que comenzaba en la salida norte de Palomino Creek. Los afroamericanos debieron de pensar lo mismo, ya que les estuvimos siguiendo durante todo el camino; dicha carretera transcurría cerca de la orilla de San Andreas Sound y pasaba cerca del pueblo de Montgomery. Seguimos la carretera hasta Hampton Barns, donde había un cruce que llevaba directamente hasta el puente Fallow; tras cruzarlo entramos directamente en Bone County, ya quedaba menos para llegar a Las Venturas.

Vista de Bone County

Bone County es todo desierto y áridos páramos; no mola cuando te pierdes sin coche

Los verdes paisajes de Red County cambiaron abruptamente por vastos desiertos y vientos leves que arrastraban pequeños bancos de arena; tomamos la primera salida hacia la autopista y fuimos todo recto.

  • Vale, yendo por aquí entraremos en la ciudad directamente a través del cruce de Blackfield-anunció Smoke.
  • Al fin… las siete y cuarto, uauh, cinco horas de viaje…-murmuré, consultando el reloj.
  • Hubieran sido menos si no hubiera estado el puente Frederik cerrado, pero bueno-comentó Smoke, cambiando de marcha.
CrucedeBlackfield

El cruce de Blackfield, una de las maravillas de la arquitectura estatal a este lado de América; ¡líense con las curvas cerradas!

El mule iba dos coches por delante de nosotros y al fondo ya se podían entrever los edificios y casinos de Las Venturas; dos coches y medio más delante de nuestro objetivo, había un camión articulado muy grande, que encabezaba la fila de coches en la que nosotros estábamos. En ese momento, el gran vehículo dio un bandazo y el remolque que arrastraba cabeceó.

  • ¿Qué hace ese camión?-inquirí, alarmado.
  • Ni idea, pero nos va a matar a todos…-musitó Smoke, comenzando a frenar.

Acto seguido, la cabina giró a la izquierda de golpe y se dio un ostión tremendo contra la mediana; el remolque se movió hacia la derecha y quedó encajado, bloqueando el paso. La primera fila de coches se la pegó contra el camión, que no tenía pinta de ir a moverse.

  • Una de dos, o va pedo o se ha dormido-sugerí.
  • Algo me dice que le va más la primera opción-dijo Smoke, bajando a segunda y preparándose para girar a tope.

El mule reaccionó enseguida y aprovechó un hueco en la mediana para pasar al otro lado; como tras nuestro no venía nadie más, Smoke dio la vuelta de golpe y le seguimos por sentido contrario hasta que al final vimos otro hueco por el que nos podíamos colar.

  • Como ya no se puede ir por el cruce de Blackfield el único sitio por donde se puede acceder a la ciudad ahora es por el cruce de la cantera Hunter, hay una carretera comarcal que lleva directamente hacia la entrada noroeste-explicó Smoke.

Y como bien dijo, el mule atravesó toda la carretera antes citada; vimos desde lejos los extractores de petróleo de Octane Springs y el gran socavón de la cantera Hunter. Varios kilómetros más condicionaron el viaje y cerca de las ocho y media de la tarde pudimos ver que sólo faltaba girar en la siguiente curva para entrar en la ciudad desde el cruce de Pilson. Vimos el famoso cartel de bienvenida que rezaba: “Welcome to fabulous Las Venturas”.

Lasventurascartel

Mítico letrero de Las Venturas, que da la bienvenida a propios y extraños; también recuerda lo que se hace y lo que no en un lugar así

  • Vaya, nunca he estado aquí ¿sabes? He oído hablar de ese famoso letrero miles de veces, ha salido en películas y series de televisión… y ahora me da la bienvenida a mí, es extraño-expliqué.
  • Sí, bueno, siempre hay una primera vez para todo ¿no?-murmuró Smoke.
  • Claro… y ya sabes, lo que pasa en Las Venturas, se queda en Las Venturas-recordé.

Smoke rió la gracia mientras no quitaba ojo del mule, que parecía no haberse enterado que les habíamos estado siguiendo desde esta mañana; le seguimos durante varios kilómetros más através de la Julius Thruway hacia el sur y tomamos la primera salida en Whitewood Estates, pasamos al lado del aeropuerto y salimos a The Strip, la famosa avenida en la que se concentran la mayoría de los casinos.

The Strip

Otro símbolo de Las Venturas, la famosa avenida con los casinos más conocidos de América y del mundo entero

Como estaba atardeciendo y ya pronto anochecería, toda la avenida comenzaba a iluminarse, El mule la estuvo recorriendo hacia el sur hasta llegar al casino The High Roller, donde entró en su garaje y la puerta se cerró.

  • El High Roller… ¿por qué precisamente aquí?-inquirió Smoke, extrañado.
  • Podemos averiguarlo desde dentro-sugerí.
Bally2

El High Roller es uno de los tantos casinos que hay en esta ciudad; turistas, estáis prevenidos

Aparcamos cerca del casino y fuimos andando hasta él; dejamos que la larga cinta mecánica nos acercara hasta la puerta y entramos en el casino, que estaba hasta arriba de gente. Las ruletas estaba llenas y no admitían más personas y en las mesas de blackjack habían más personas de las permitidas, pero el crupier no decía nada al respecto, al igual que los de las ruletas. Al fondo había una fila interminable de tragaperras, todas ocupadas mientras la gente se gastaba sus dólares compulsivamente; nos acercamos al bar y nos pedimos algo para beber.

  • Whiskey con E-Cola-pedí.
  • Bourbon con un chorrito de gaseosa-hizo lo propio Smoke.

Nos los estuvimos tomando mientras vigilábamos los alrededores; no vimos por ningún lado a esos afroamericanos y a ningún colombiano.

  • ¿Los has visto?-inquirí, tras pasarme por las tragaperras.
  • No he visto a ninguno ni en las ruletas ni en las mesas de blackjack… caramba, que bourbon más bueno…-murmuró Smoke, dando un sorbo largo.
  • Sí, éste whiskey tampoco está mal…-asentí, terminándome mi vaso de un golpe.

Por un momento no dije nada pero tras varios minutos solté una carcajada que resonó por todo el bar.

  • ¿Y a ti qué te pasa ahora?-inquirió Smoke, extrañado.
  • ¡Mira, mira allí, un flamenco con sombrero!-exclamé, señalando hacia una de las mesas de blackjack.

Smoke miró hacia donde yo señalaba y se quedó con una cara muy larga.

  • Ya te vale, Sg, pobre flamenco ¿no ves que se ha puesto triste?

A partir de ese momento el desfase que vino a continuación fue de proporciones descomunales; apenas me acuerdo de todo, sólo de lo más vivido. Smoke se puso a apostar a manos llenas en las ruletas, teniendo suerte solo al principio; yo, por mi parte, recuerdo que estuve persiguiendo al flamenco, ya que me hizo bastante gracia. Durante el camino tiré a varias personas, muchas fichas y varias cartas de blackjack; lo malo fue que lo perdí durante un buen tiempo, y pregunté a un tipo que había tirado bajo una mesa.

  • Oiga, perdone ¿no habrá visto por un casual pasar por aquí a un flamenco con sombrero de copa?-inquirí.
  • No, tío… yo sólo he visto un oso polar violeta, nada más…-musitó el hombre, con los ojos rojísimos.

Le dejé estar, pero en ese momento inquirió.

  • Oye tío, seguimos en 2008 ¿verdad?
  • ¿Cómo? Pues claro que no, idiota, estamos ya en el 2009-murmuré, como si hubiera dicho una obscenidad.
  • ¿Pero qué dices? No es posible… yo entré aquí hace apenas pocas horas-musitó.

Por un instante tuve un momento de lucidez y estuve pensando en lo que acababa de decir; Smoke andaba todavía por las mesas, convencido que la acompañaba la mismísima diosa Fortuna y que la había conocido antes en el bar. Y ahora este hombre argumenta que seguimos en el 2008; por un momento tuve un horrible presentimiento, por lo que fui a buscar a Smoke, estaba en una de las mesas, puliéndose casi todo su patrimonio.

  • Tenemos que hablar-le dije, sacándolo de golpe de la mesa.
  • ¡Eh, que estaba a punto de sacar un rojo!-exclamó.
  • Nos han drogado-anuncié.
  • ¿Cómo?-musitó Smoke, aún desubicado.
  • ¡Despierta de una vez y escucha! Nos han drogado de forma muy sutil para que nos quedemos en el casino para siempre-anuncié.
  • ¿¡Pero qué dices?!-inquirió él, alucinado.
  • ¡Piensa por un momento! ¡Antes hemos estado alucinando de lo lindo! ¿Un flamenco con sombrero de copa? ¿La diosa Fortuna? Ese tipo debajo de la mesa de apuestas cree que seguimos en el 2008-expliqué.

Smoke tardó un poco en comprenderlo bien, pero al final con un buen sopapo se le pasaron todos los efectos de la droga.

  • Entonces… ¿para esto usan el slash? ¿Para esclavizar a la gente?-inquirió él, palpándose la cara.
  • Eso parece…-murmuré.
  • Pero es raro ¿no? O sea, lo que quiero decir es, nos metieron slash en la bebida pero los efectos ya se nos han pasado; ¿cómo harán para que la gente siga encoñada?-inquirió Smoke.

En ese justo momento llegó una camarera con una bandeja llena de vasos y nos dijo.

  • ¿Un gin tonic, señores? Invita la casa.

Nos miramos por un momento y nos pudimos dar por respondidos.

  • No, gracias, ya nos íbamos…-murmuré, pero la camarera nos paró.
  • ¿Seguro que no quieren quedarse? Se van a repartir boletos con premio, pueden ser ustedes los afortunados-nos retuvo de forma sutil.
  • No, gracias, nuestras mujeres nos esperan para cenar-dije.
  • Vaya, no sabía que había gente que cenara a las dos de la madrugada…-murmuró la camarera como quien no quiere la cosa.

Miré por un momento mi reloj y vi que tenía razón; eran las dos y cuarto de la madrugada. Estando drogados la percepción del tiempo se ausenta y apenas se nota que pasa; por eso aquel tipo me dijo que llevaba apenas unas pocas horas y no se creía que estuviésemos en el 2009. Han debido de estar drogándolo desde entonces.

  • Pues peor entonces, que bronca nos va a caer ¿verdad Smoke?-inquirí.
  • Verdad, de esta me echa de casa…-murmuró él, siguiéndome el juego.

Le cogí del brazo y nos fuimos a paso firme, pero en cuanto la camarera nos perdió de vista, echamos a correr.

  • Este casino es una jodida trampa-musité.
  • Pues sí, pero… ¿Qué ganarían con todo esto?-inquirió Smoke, algo indeciso.
  • Sacar el dinero a la gente, eso seguro…

En cuanto fuimos a salir notamos a alguien cogiéndonos de las cabezas y chocándolas entre sí, sonaron como si hubieran cascado una nuez.

  • No van a ir a ninguna parte…-oí que decía un gorilón de al menos dos metros de alto.

Nos quedamos tan alelados que no pudimos reaccionar y pude ver que nos llevaban a una especie de despacho, donde un colombiano hablaba con el gorilón y la camarera.

  • ¿Los oistes hablar?-inquirió el colombiano.
  • Sí, por alguna razón han descubierto nuestra trampa, además, conocían acerca del slash-añadió ella.
  • Esto es malo, sólo nosotros lo conocemos… igual son espías-murmuró el colombiano.
  • ¿Quiere que les haga hablar, jefe?-inquirió el gorilón, chascando los nudillos.
  • Sí, pero no los estropees mucho-pidió el colombiano.

El gorilón nos cogió del cuello y nos arrastró como si fuéramos sacos de patatas; yo tardaba en serenarme, pero en ese momento Smoke me hizo un ademán con la mano y señaló un extintor al que nos acercábamos. Moví el brazo y pude asirme a él, el gorilón lo notó y dijo, acercándose a mí.

  • Eh, deja eso ahora mis…

Haciendo acopio de fuerzas, alcé el extintor y le golpeé con él; el gorilón cayó por unas escaleras de espaldas, dejando caer una Desert Eagle que llevaba tras la chaqueta. Smoke se levantó tambaleándose y yo me arrastré hacia el arma, luego me levanté.

  • Joder, que cabeza más dura tienes-musité, con el dolor aún presente.
  • Habla por ti…-masculló Smoke, haciendo eses al andar. Parecía que iba pedo.

Al doblar la esquina, vimos a la camarera de antes, la cual al vernos sacó una pistola de debajo de la bandeja; por un momento dudé, pero Smoke me la quitó y exclamó.

  • ¡No te achantes sólo por que sea una tía, joder!

Y tras eso, la pegó un tiro en el hombro, haciéndola caer de espaldas sobre la pared; más guardias nos salieron al paso y mos defendimos como pudimos.

  • ¿¡Han huído?! ¡¡Atrapadlos, maldita sea!! ¡¡Que no escapen, conocen el secreto!!-oimos la voz del colombiano por la megafonía de esa zona.

Pude coger una pistola 44 que uno de los guardias dejó caer y nos abrimos paso a tiros por esos angostos pasillos del casino.

  • ¿Dónde se supone que estamos?-inquirí.
  • Espera… por aquí-indicó Smoke.

Nos colamos por los conductos de ventilación y dejamos a los guardias con un palmo de narices; tras deambular durante un buen rato por los conductos, llegamos a uno que desembocaba a otro algo más ancho y con las paredes más lisas.

  • ¿Y esto?-inquirí.
  • Creo tener una idea…-murmuró Smoke.

Nada más decir eso, aparecieron varias camisas y un par de mantas que cayeron desde arriba y bajaron planeando hasta el negro fondo.

  • Lo que pensé, el conducto de la ropa sucia; salta-indicó él.
  • ¿Qué?-musité.
  • ¡Que saltes, vamos!-repitió él, saltando y arrastrándome con él.

La caída fue algo larga, pero al menos caimos sobre blando; por suerte la lavandería estaba cerca del garaje y sólo tuvimos que abrir la puerta desde dentro. Pero en ese justo momento llegaron más guardias y comenzaron a tirotearnos, la puerta estaba entreabierta y sólo se abría hacia arriba.

  • ¡Arrástrate, corre!-urgió Smoke.

Nos echamos al suelo y rodamos para poder pasar; vimos el coche al otro lado de la calle y corrimos hacia él, los guardias terminaron de abrir la puerta en cuanto entramos en el coche.

  • ¡Arranca, vamos!-exclamé.
  • Ya va, ya…-murmuró Smoke, metiendo las llaves.

Disparé para cubrir a Smoke y en cuanto arrancó nos sacó de allí cagando leches; pero esos malditos guardias del casino no se daban por vencidos y se pusieron a perseguirnos con varios sentinel.

  • ¡No piensan dejarnos ir!-exclamé, tirando contra ellos.
  • Normal, ahora que sabemos su secreto…-murmuró Smoke, esquivando el tráfico.

Bajamos todo The Strip hacia el sur y tratamos de despistarles entrando en la Julius Thruway, la autopista que rodea toda la ciudad; pero aun así no cesaron en su intento por atraparnos. En menos de veinte minutos ya habíamos dado casi toda la vuelta por la autopista y no conseguíamos despistarlos.

  • ¡Dios, son más pegajosos que una etiqueta del Corte Inglés!-mascullé, tratando de darles a las ruedas.
  • Voy a intentar algo, agárrate-indicó Smoke.

En ese momento estábamos pasando cerca de Rockshore West y Smoke tomó la primera salida; desde el otro lado venía un camión cisterna y apenas tendría tiempo para frenar. Smoke pisó el embrague y metió quinta de golpe, pasando de 100 a 170 en menos de cinco segundos. El pasar por delante de un camión cisterna a esa velocidad y notando como rozábamos su radiador, librándonos por los putos pelos de morir, me dio un subidón de adrenalina que me tuvo con los bowling en la garganta durante un buen rato. Aunque la cosa es que resultó, a los que nos perseguían no les dieron tiempo ni a frenar siquiera y se empotraron contra el camión cisterna, habiendo una explosión de alivio.

  • ¡Se acabó el problema!-exclamó Smoke, cambiando de marcha.

Tras semejante aventura no quisimos comprobar si medio casino aún nos buscaba, por lo que regresamos a la autopista y nos largamos de la ciudad tan rápido como pudimos; el viaje de vuelta fue un auténtico tedio, pero al menos ya no nos seguían. Pero aún así seguía sin saber mucho más de los colombianos y sin ningún tipo de pista hacia Santos Guardado. Esperaba que a Claude se le estuviera dando mejor.

Capítulo 32 “Desatando la cadena de acontecimientos (2ª parte)”

No comprendía como había llegado a esa situación; Toto lloraba como una niña en sus brazos, mientras que hablában con el que era en ese momento su enemigo número uno. Pero no en persona, sino a través de un walkie que uno de sus hombres custodiaba.

  • ¿Ves, TOTO.INC, como no se puede tener todo en esta vida? Has intentado extorsionarme… extorsionarme a mí. No debiste… y ahora, has pagado las consecuencias. Espero que hayas aprendido la lección-decía Santos.

Estaban bien jodidos y aún no podían entender cómo habían llegado a esa situación; desde esta mañana se sentía algo raro en el ambiente y ahora se comprendía bien por qué. Claude necesitaba saber qué fue exactamente el desencadenante de toda esta situación, por lo que se puso a recordar.


Esa mañana amaneció algo nublado, pero no le dio mayor importancia; se vistió, bajó a desayunar y se acercó un momento a la casa de Toto. Se quedó a una distancia prudencial para evitar que le vieran y tras unos pocos minutos de espera, salió la hermana pequeña de Toto; Claude tenía en cuenta todos los factores que podían ponerse en contra de ella si todo empezaba a salirse de madre, por eso también vigilaba de vez en cuando a su hermana. La protegía desde lejos, todas las mañanas la custodiaba hasta la entrada al colegio; tras eso volvía a sus quehaceres cotidianos, en los que se encontraban echar un ojo a Toto e intentar recabar información por su cuenta. Pero ese día, por alguna extraña razón, se centró un poco más en Lindsey, que era así como se llamaba; la siguió hasta el colegio y estuvo un buen rato al lado de la puerta, para asegurarse de que nadie raro entraba en horas de clase. Aparcó cerca y dio un par de vueltas a la manzana que ocupaba el colegio, echó un ojo a los patios y finalmente acabó entrando, para ver si había algo extraño por los pasillos.

  • ¿Por qué se supone que estoy haciendo esto?-se preguntó Claude, mientras recorría los pasillos.

No sabía cual era su clase y estuvo mirando por los cristales de las puertas hasta encontrarla; 4º B, segundo piso. No estuvo mucho rato mirando y enseguida se fue de allí, preocupado por la imagen que estaba dando en ese momento.

  • Parezco de todo menos comisario, leñe…-pensó, dirigiéndose al coche.

En cuanto arrancó recibió una llamada, era Rick.

  • Hola, amigo ¿tiene los datos que le faltaba?-inquirió.
  • Sí, pero prefiero dárselos en persona. Estoy en los muelles de Ocean Beach-anunció Rick.

Como no tenía mucho más que hacer, se pudo en camino hacia allí desde el centro, ya que el colegio estaba allí; pasó el puente Links y enseguida se personó, aparcó el coche en un parking cercano y se acercó al muelle 1. Rick estaba al lado de una speeder roja.

Pier1

El muelle 1 es uno de los muelles que hay en Ocean Beach

  • Cuéntame ¿Quién es el sujeto en cuestión?-inquirió Claude.
  • Pues mira, he conseguido acordarme gracias a que he oído un comentario cuando pasaba por las casetas marítimas al sur de aquí, es un tal… Santos Guardado ¿le conoce?

La cara de Claude cambió de golpe, como si le hubieran golpeado en las costillas con un tubo.

  • ¿¡Dónde lo oiste?-inquirió Claude, azuzando a Rick.
  • Ah, eh… en las casetas que hay al sur de aquí… oye ¿qué te pasa?-inquirió éste, extrañado por su repentino comportamiento.
  • ¡Vamos para allá!-apremió Claude, montando en la lancha.

Rick se puso a los mandos y fueron para allá.

  • Oye, ¿sabes que pareces de todo menos un relaciones públicas?-inquirió él, mirándole su cara de determinación.
  • Ahora no puedo pensar en otra cosa ¿vale? Así que calla y conduce-le espetó Claude.
  • Vale, vale…

Se acercaron lentamente hasta la primera caseta, vieron actividad dentro de ésta.

Casetas VC-2

Estas casetas son como una avanzadilla marítima para los narcotraficantes, un lugar perfecto para hablar de sus insulsas vidas y planes varios

  • Vale, quédate aquí, iré a echar un vistazo-indicó Claude.
  • Pero, espera…-musitó Rick, aunque no pudo pararlo.

Tratando de hacer el menor ruido posible, Claude se acercó a la caseta y se colocó bajo una ventana; pudo entonces oír la conversación entre varios colombianos.

  • Tenemos el nuevo cargamento a buen recaudo, los chicos están supervisando el resto del desembarque; esa vieja y destartalada mansión tan grande de Starfish Island nos está viniendo que ni pintada.
  • Menos mal que la encontramos, porque no cabe ni un gramo más de slash en la ciudad. Tenemos que encontrar comprador enseguida ¿habéis conseguido algo?
  • Tengo a los cubanos y los haitianos pensando en el precio, ya que les parecía excesivo… je, ¿Qué os parece? Excesivo, qué gracia…
  • En San Andreas tenemos ya un par de contactos, unos afroamericanos en Los Santos que nos han conseguido varios enlaces con un casino de Las Venturas; parece que allí usan la droga de otra forma, la sintetizan para hacer que la gente se comporte como un rebaño de ovejas sumisas y los tienen allí hasta que la palman de agotamiento. Eso sí, y sus cartillas de ahorros, liquidadas.
  • ¿Y qué hay de Liberty?
  • Como ciudad almacén es perfecta, los alijos van cambiando cada día para que la policía no los intercepte, hay varias personas que se encargan de moverla por toda la ciudad como si fuera dinero legal, es la hostia, quizás nuestro mayor logro. El jefe es un puto genio.
  • Todos sabemos eso, no hace falta que lo reiteres…
  • Jo, tíos, ahora que hablaís de él… ¿os habéis enterado?
  • ¿De qué?
  • Alguien lo ha hecho enfadar de verdad y está que trina, o al menos eso me han dicho desde la base en Colombia, me parece que hay una serie de personas que han estado cavando sus propias tumbas al intentar localizarle y ahora lo van a pasar putísimas antes de palmarla a lo grande. Si mal no recuerdo he conseguido enterarme de que la mayor extorsionadora de esta ciudad es la que se ha llevado la palma; a la pobre la quedan las horas contadas.

Ese comentario hizo reaccionar a Claude, pegó tal bote que se dio un buen golpe contra la repisa de la ventana y los colombianos reaccionaron.

  • ¿¡Qué cojones ha sido eso?!-musitó uno de ellos.
  • ¡En la ventana! ¡Nos están espiando!
  • ¡A por él!
  • Joder, qué ostia… veo estrellas-pensó Claude, echando a correr en dirección a la lancha.

Se echó en plancha sobre la proa, sorprendiendo a Rick, que en ese momento se entretenía leyendo el Vice City Inquirer.

  • ¡Arranca, arranca!-musitó Claude.
  • ¿Qué pasa, a qué viene todo esto?-soltó Ricky.
  • ¡Que vienen los colombianos!

En ese momento, los aludidos salieron de la caseta armados con subfusiles y rifles de repetición; Rick arrancó el motor y los colombianos les tirotearon.

  • ¡¿Pero qué les pasa a esos tipos?! ¿¡No eras un relaciones públicas?!-inquirió Rick, maniobrando.
  • ¡Sácanos de esta y ahora te lo explico!-insistió Claude.

La speeder rompía las aguas en dirección norte, pero los colombianos se agenciaron un par de violators y les persiguieron, tiroteándoles.

  • ¡Mierda, dime que tienes un arma, me he dejado la mía en la guantera!-musitó Claude, aún agarrado a la proa y con la cabeza dándole vueltas.
  • ¡Tengo una Tec-9, toma!-exclamó Rick, sacando el arma de debajo de su asiento.

Claude la cogió al vuelo y los defendió de aquella horda de colombianos furiosos que les perseguían; en las dos lanchas había un total de siete hombres con cara de asesinos letales y que no dejaban de tirotearles. Había algo de oleaje por la marea y eso hacía bambolear la lancha, lo que dificultaba a Claude a la hora de disparar.

  • ¡Mierda, no atino con tanta ola! ¡Haz algo!-masculló el comisario.
  • ¿Y qué quieres que haga? ¿Ensancho a la luna disparándola?-inquirió Rick, acelerando.
Small Road Bridge

El Small Road Bridge es uno de los puentes que conectan los dos grandes distritos de la ciudad; los accidentes son más comunes de lo habitual

En ese momento pasaban encima del Small Road Bridge cuando oyeron un estruendo compuesto por un frenazo, un golpe y algo rompiéndose; fue justo entonces cuando una rancher en llamas cayó por el lado derecho, pero ellos fueron lo suficientemente rápidos y lo esquivaron por los pelos, aunque la primera violator de los colombianos no pudo decir lo mismo. La rancher cayó sobre ella y la explosión fue de alivio, la lancha no se hundió porque acabó hecha trozitos.

  • ¡Uauh, menuda puta suerte!-masculló Claude, aún agarrado a la proa.
  • ¡Genial, pasemos ahora por el Links Bridge a ver que cae!-sugirió Rick, divertido.
  • ¡No caerá esa breva!-opinó el comisario.

La otra violator esquivó los restos de su compañera caída y se acercó a ellos; en ese momento Rick dio un volantazo y se coló por el canal que cruzaba una pequeña parte de Washington Beach, obligándoles a frenar.

  • ¡Bien pensado, los tengo a tiro!-anunció Claude.
  • ¡Deja de estar ahí y siéntate, apenas veo contigo en medio!-le espetó Rick.
  • ¡Es que aun me duele la cabeza!-explicó el comisario.

Cruzaron todo el canal intercambiándose disparos; pasando bajo uno de los cortos puentes, Claude aprovechaba para recargar y seguía tirando contra sus perseguidores. Salieron de él justo al lado de Vice Point con Leaf Links, delante de ellos, a pocas millas, ya se podía ver Prawn Island.

LeafLinks-GTAVC

Leaf Links es un gran campo de golf compuesto por varias islas muy juntas las unas con las otras; cuidado con las bolas perdidas

En ese justo momento, algo zumbó en el aire y golpeó en la sien al colombiano con tanta fuerza que cayó muerto sobre el timón, girando éste a la derecha por el peso; su acompañante trató de enderezarlo, pero la lancha viró de golpe hacia la derecha y embarrancó en un muelle, donde había una rampa de madera. La lancha salió volando y aterrizó en la piscina de un hotel cercano.

  • ¿Y a ese qué le ha pasado?-inquirió Rick.
  • ¡Una pelota de golf, ha sido una pelota de golf!-exclamó Claude, levantándose un poco.
  • ¿En serio? Joder, que puta suerte tenemos hoy, colega-murmuró Rick, relajándose.

Tras eso llevó la lancha hasta un pequeño muelle en Prawn Island y tras parar en él, se dirigió a Claude.

  • A ver, cuéntame que ha sido todo eso.
  • Está bien, ya no tengo por qué seguir mintiéndote… ay, mi cabeza-musitó él, volviendo al asiento.
  • Genial, me chifla la sinceridad, cuéntame-indicó Rick.
  • No soy ningún relaciones públicas, para empezar, en realidad soy el comisario del distrito de Dukes, Liberty City-anunció, sacando sus credenciales.
  • Vaya, qué nivel… ¿y que haces fuera de tu comisaría?-inquirió Rick.
  • Investigo un complejo caso de distribución de drogas… pero no acerca de una droga cualquiera, es una nueva y letal droga que un poderoso narcotraficante colombiano está distribuyendo por medio país delante de nuestras narices, pero es tan poderoso y se sabe tan poco que es como si tuviera inmunidad diplomática. Conseguí un contacto aquí que quizás me ayudaría a encontrar alguna pista con la que pillarle, pero me temo que nos ha pillado a nosotros-explicó Claude.
  • Santos Guardado ¿no?-inquirió Rick.
  • Sí, ese tío hace cualquier cosa para que no le pillen, hasta matar a terceros que puedan interferir en sus asuntos de alguna u otra manera; es muy metódico y susceptible, no quiere fallos, ¿Que sabes algo? Estás muerto-murmuró Claude, agarrándose la cabeza.
  • Ya… hace un tiempo robé un velero que no debí robar e involucré a mi socio; ahora está muerto-dijo Rick, apoyándose en el timón.
  • Y ahora quieres venganza-obvió Claude.
  • Exacto…
  • Ya, me parece bien, pero no deberías entrar al trapo de esa manera ¿sabes? Yo me sé de una que…

Pero no pudo seguir, puesto que se acordó de aquel comentario; Toto estaba en peligro.

  • ¡¡De vuelta al muelle 1, venga!!-le apremió.
  • ¡Vale, vale!

Regresaron al lugar de partida y mientras Rick amarraba la lancha, Claude desembarcó de un salto y se puso a correr.

  • ¡Espera un momento!-le paró Rick.
  • ¿Qué pasa?-inquirió el comisario.
  • Verás, resulta que quiero ajustar cuentas con ese narcotraficante de las narices, y parece que el único aquí con mayor probabilidades de llegar a acercarse a él eres tú, así que… ¿una ayudita?

Claude le miró por un momento y soltó una risita.

  • Los enemigos de mi enemigo son mis amigos ¿no?-inquirió él.
  • Sí, algo así-asintió Rick.

De camino hacia Vice Point y el chalet de Toto, Claude puso a Rick al día acerca de la situación.

  • Ya veo… así que esa Toto es aquella mujer de armas tomar que me amenazó ¿no?-recordó él.
  • Sí, quiere aprovecharse de las circunstancias extorsionando a Guardado pero no quiere comprender la gravedad de la situación… la he estado vigilando para que no cometiera ninguna locura, pero ahora que Guardado está sobre aviso es cuestión de tiempo que se mueva-explicó él.
  • Ya veo… ¿y que hay de tu contacto en Los Santos?
  • ¿Sg? Ni idea, no me ha llamado desde entonces… ¿qué estará haciendo?-se preguntó, algo molesto.

En cuanto llegaron a la casa, Rick no pudo evitar soltar un comentario en plan.

  • ¡Menuda choza!

Por su parte, Claude salió corriendo del coche y estuvo llamando al timbre, pero nadie contestaba.

  • ¿Toto? ¿¡Toto?! Mierda…-musitó.

Probaron en otros lugares como el North Point Mall, el centro, Little Havana… pero no aparecía por ninguna parte y estuvieron toda la mañana y parte de la tarde buscándola sin resultados; a eso de las cinco menos cuarto, estaban en una de las calles del centro, esperando a que se pusiera en verde un semáforo.

  • ¿Dónde puede haberse metido? Dudo que se haya ido de la ciudad…-murmuró Claude, devanándose los sesos.
  • Tranqui tío, ya aparecerá… Vice no es tan grande como Liberty o Los Santos-obvió Rick, algo despreocupado.

Cruzando la calle, varios padres iban de la mano de sus hijos, recién salidos del colegio, los cuales llevaban sus mochilas a cuestas y otros arrastraban de carritos y bolsas de deporte; fue entonces cuando Claude reaccionó, metió primera y se dirigió hacia allí.

  • ¡Caramba, tío! ¿Tienes la respuesta ya?-inquirió Rick.
  • ¡Claro que sí, no puede estar en otro lado! ¿¡Cómo se me pudo pasar por alto?! ¡¡No sólo está en peligro Toto!!-masculló él, cambiando de marcha muy bruscamente.


El colegio comenzaba a vaciarse y los padres recibían a sus cansados hijos a final de jornada; los primeros en salir fueron los más pequeños, los de mayores cursos fueron los últimos. Lindsey buscaba con la mirada a su hermana, la cual siempre la iba a buscar, todos los días; cruzó el patio y salió a la calle, pudo ver a Toto al otro lado de la calzada, apoyada en su infernus amarillo.

  • ¡Hermana!-exclamó.

La aludida la saludó desde lejos y la indicó que esperase, para mirar primero el tráfico; desde los pisos más altos de un edificio de oficinas cercano, el assassin esperaba a su oportunidad, el rifle ya montado, la respiración tranquila y pausada, el dedo en el gatillo. No debía de impacientarse, tan sólo debía de esperar a que la presa se colocase en la mejor posición; para que fuera más sencilla y rápida la caza. Vio que la presa esperaba a cruzar, en cuanto no pasaron coches echó a correr hacia la mujer, pero no era ella la presa que quería; apuntó ligeramente a la izquierda para darle efecto a la bala, el aire haría el resto. Un segundo después, la espera finalizó.


El oceanic de Claude llegó al lugar y dio un volantazo, haciendo rechinar las ruedas; salió de él y vio que Lindsey corría hacia su hermana. Quiso gritar para que se apartara, no sabía donde estaba el asesino, pero quizás un ligero cambio de movimiento jugaba a su favor; pero no pudo hacerlo, porque lo que vió le dejó paralizado. Una bala rasgó el aire y atravesó a la chica, de izquierda a derecha por todo el costado, fracturándola varias costillas; Lindsey cayó al suelo, sangraba como una fuente y Toto esbozaba una mirada de puro terror mientras corría a por su hermana.

  • ¡¡Llama a una ambulancia, Rick!!-chilló Claude.

Toto se echó sobre su hermana, el comisario miró hacia todos los lados y le pareció ver algo deslizándose entre las ventanas de un edificio cercano; a sabiendas de que no llegaría ni por favor desde esa distancia, disparó hacia arriba, alertando a la gente. Toto miró hacia su izquierda y le vio.

  • ¡¡Tú!! ¡¡Te dije que te alejaras de mí!!-chilló.
  • ¡¡No busques un chivo expiatorio en mí, te lo advertí!! ¡¡Todo el mundo al suelo, francotirador!!-masculló el comisario.

Pero Toto sólo tenía ojos para su hermana pequeña, la cual se moría irremediablemente.

  • Hermana…-masculló.
  • Sssh, no hables ¿eh? No hables, te llevaré al hospital y te pondrás bien, todo saldrá bien. Jamás te abandonaré, jamás…-repetía Toto, cogiéndola de la cara.
  • Hermana… yo… te quiero, hermana-musitó Lindsey.
  • Y yo también mi peque, pronto voloveremos a jugar en la piscina ¿sí? Te pondrás bien, te pondrás bien, aguanta…-la pidió Toto.
  • Herma… na…-masculló Lindsey, escupiendo sangre en ese justo momento.
  • ¡No! ¡Lindsey, ey, Lindsey! ¡No te mueras, peque! ¡¡No te mueras!! ¡¡¡Lindsey!!!-chilló Toto.

Fue todo muy rápido, de hecho pareció que sólo se había desmayado; pero Toto pudo notarlo, como el peso de un muerto que se intensifica tras morir. La cerró los ojos, no pudo soportarlo más y dejó de hacerse la dura. La sombra de las ventanas había desaparecido, el asesino ya se había ido; pero la prioridad ahora era moverse, la policía no tardaría en llegar y no le convenía que le interrogaran ni nada parecido. Al principio lo tomó por el viento, puesto que sonaba muy parecido, pero entonces se dio cuenta; era Toto la que lloraba, sonaba como un aullido lastimero y desconsolado. Se echó sobre el cuerpo de su hermana y acto seguido estalló.

  • Toto… Toto, hemos de irnos… vámonos…-la indicó, tratando de separarla del cuerpo, pero no podía.
  • ¡¡¡Cállate, esto es culpa tuya, tú la has matado!!!-le espetó, con los ojos rojos.
  • ¡No, de eso nada, yo te avisé y no me quisiste hacer caso! ¡No hagas esto más difícil, Toto!-masculló Claude, poniéndose a la defensiva.
  • ¡¡¡Cállate, no me digas lo que tengo que hacer!!! ¡¡¡Has matado a mi hermana y ahora lo vas a pagar, cabrón!!!-musitó ella sacando su revólver, pero el comisario fue más rápido, la agarró del brazo armado y se lo puso a la espalda, incapacitándola.
  • ¡¡¡Suéltame bastardo, voy a matarte lenta y dolorosamente, cabrón, hijo de perra!!!-chillaba ella como una loca.
  • ¡Cállate… calla… joder!-musitaba Claude, forcejeando con ella.

Tal era el espectáculo que estaban dando, que al final el comisario optó por lo fácil; la golpeó en la nuca con la culata de su arma, dejándola inconsciente.

  • ¡Vamos, no pierdas más tiempo y ayúdame!-indicó él a Rick.
  • Pero… ¿y la ambulancia?-inquirió él.
  • ¡Olvídate de la ambulancia, ya se ocuparán del cuerpo, ahora tenemos que desaparecer!-apremió Claude.

Montaron en el coche y se perdieron en dirección sur, hacia Vice Port; se refugiaron en el astillero, donde no había nadie y era el lugar perfecto. Eran las seis y media pasadas y tenían los nervios a flor de piel, dejaron a Toto dormir en un sofá en el despacho del capataz y estuvieron hablando en el dique seco.

  • Joder, sabía que Guardado era capaz de cualquier cosa, pero esto… matar a esa pobre chica-musitó Claude.
  • Ha sido muy fuerte, y encima delante de toda la gente… que manera de llamar la atención-comentó Rick, apoyándose en una reefer en reparación que allí había.
  • No, te equivocas, de esta forma lo disfraza como un crimen premeditado; piénsalo, Toto era muy conocida en la ciudad, que no te extrañe que ahora la policía esté pensando que ha sido un ajuste de cuentas.
  • Ya… ¿y qué hacemos? No tenemos muchas opciones ¿no?-inquirió Rick.
  • Pues no, la verdad… aunque si sólo ha matado a la hermana de Toto significa que tiene planeado algo más, no creo que la deje viva así como así-murmuró Claude.
  • ¿Qué crees que piensa hacer?-preguntó Rick.
  • Oye mira, no me pidas que especule lo que pasa por una mente enferma, además, tenemos que replantearnos la estrategia si queremos derrotarle-obvió Claude.

Mientras los dos conversaban animadamente, Toto comenzaba a despertarse en el sofá; se reincorporó como pudo hasta quedarse sentada, donde estuvo muy quieta y preguntándose que cómo había llegado hasta allí. En ese momento le sonó su móvil y lo cogió sin darse cuenta de que llamaba un número desconocido.

  • ¿Sí?
  • TOTO.INC…-oyó que decía una voz profunda e intimidadora.

Por un momento se quedó en blanco, pero enseguida obvió de quien se trataba; notó entonces como la ira comenzaba a inundarla y la impedía hablar.

  • TOTO.INC… ay, a veces pasan tantas cosas… la curiosidad mató al gato ¿verdad? Aunque en este caso, no fue el primer gato, desgraciadamente; en este caso el gato tenía un pariente, un pequeño gatito al que adoraba. Y es a ese al que la curiosidad mató… qué mala es la curiosidad. Pobre, pobre gatito-decía la voz.
  • Tú… desgraciado, hijo de tu mala…-quiso decir ella, pero la voz la cortó.
  • Ah, ah. no… mejor no digas nada ¿vale? No quiero que digas tantos improperios por mi culpa, no te hacen una buena mujer-comentó la voz.
  • ¡¡¡Vete a la mierda, hijo de la gran puta, te encontraré y te mataré!!! ¿¡¡Me oyes bien?!! ¡¡¡Iré allí donde estás y te mataré personalmente, vas a lamentar haber nacido, desgraciado, bastardo, cabrón!!!-chilló ella, cayendo en su provocación.

En ese momento entraron Claude y Rick y fue el comisario el que se movió primero, quitándole el móvil; ella no opuso resistencia, se dejó caer en el sofá y volvió a llorar, tapándose la cara con las manos.

  • ¿Eres tú?-inquirió el comisario, con voz queda.
  • Oh, comisario ClaudeGTA3, qué agradable sorpresa… ¿qué tal está Sg91? He oído que anda de paseo por ahí con su nuevo amigo, Smoke1996… y qué decir de Rick LB, seguro que habéis hecho buenas migas, es tan majo ese hombre. Por cierto ¿y qué hay del bueno del comisario Expicport, sigue siendo igual de tozudo? Ay, éste hombre, nunca dejará de sorprenderme…

Claude pasó por alto todos esos comentarios, tratando de no parecer sorprendido por la cantidad de información que manejaba como si fuera de dominio público. Prefirió seguirle el juego.

  • Están todos muy bien, gracias, te mandan recuerdos, sobre todo Toto, dice que te puedes ir directamente al infierno.
  • Ay, ésta Toto, que cosas dice… espero que no se lo tome como algo personal…

Claude comprendió el arrebato de Toto entonces; realmente ese tipo conseguía sacar de sus casillas a cualquiera, incluido a él.

  • Pero bueno, tenemos otros asuntos de los que ocuparnos ¿verdad?-inquirió la voz.
  • Más bien… ¿qué es lo que quieres?-le espetó Claude.
  • ¿Queréis hablar conmigo? Yo estoy dispuesto a parlamentar, en serio, siempre y cuando nos comportemos como personas civilizadas-añadió la voz.
  • ¿¡Dónde?!-soltó Claude, harto de su fingido buen haber.
  • Muy bien… en un edificio abandonado, en Little Haiti, cerca del vertedero. Ven con Toto… ah, y deja que el pobre Rick descanse, conducir lanchas debe ser agotador.

Y tras esas palabras, colgó.


  • ¿Te has quedado mudo, comisario?-oyó a la voz salir del walkie.

Claude parpadeó, aún desubicado; quizás el ponerse a recordar la mierda de día que habían tenido no había sido buena idea. De todas formas, estaban igual de jodidos, y no se le ocurría nada más que justificase la situación actual. Toto seguía llorando, ya no recordaba qué había dicho para provocarla otra vez.

  • Oh, vamos, esto no es serio, una llorando y el otro sordomudo… si seguís así yo me desentiendo-avisó la voz por el walkie.
  • ¡¡¡Vete a la mierda!!!-le espetó Toto.
  • ¡Tranquila, calma!-musitó Claude.
  • ¿¡Cómo quieres que me tranquilice?! ¡¡Ese mamón ha matado a mi hermana y ahora se pone a la defensiva!! ¡¡Sal y da la cara!!-le espetó ella.
  • Me temo que no va a ser posible… y ahora que nos hemos recuperado de este tarnce emocional aprovechemos la coyuntura; estais jodidos, el comisario intenta atraparme y la extorsionadora extorsionarme (visto así era evidente, pero no muy acertado). Habéis intentado acercaros a mí y eso para mi persona es un delito que se castiga con la muerte, aunque pensándolo detenidamente podemos sacar provecho de todo esto. ¿Nos os parece? Estoy dispuesto a hacer un trato con vosotros, y eso incluye al chivato y el tomador de lanchas chulas; os dejo vivir a cambio de que borréis mis pasos, el chivato se encarga de aquel trato que me salió mal, porque me salió mal ya que os enterásteis. El comisario se encarga de eliminar ese expediente tan funesto que hay de mí en los archivos de la LCPD, la extorsionadora me atará un par de cabos sueltos que tengo por las costas de estos lares y el tomador de lanchas chulas me hunde unos cuantos barcos mercantes que me interesa que estén fuera del agua… ¿qué me decís?

Los dos tardaron en hablar, pero en cuanto pudieron fue Toto la que saltó.

  • ¿¡Nos tomas por tontos?!
  • Éste se cree que nos chupamos el dedo-soltó Claude, alucinado.
  • Ah, es mi oferta, o la tomáis o la dejáis… y ya sabéis que pasa si la dejáis-añadió la voz.

Claude no entendía a que venía todo ese sinsentido; se supone que Guardado es un tipo frío, cruel y directo, que no aceptaba ningún tipo de trato, no un cínico capullo con aires de negociador.

  • Estoy esperando-dijo la voz, con tonito.
  • ¡¡A la mierda!! ¿¡Me oyes?! ¡¡A la mierda, a la mierda!!-repetía Toto.
  • Vaya, una pena… eliminadles-indicó entonces.

En ese momento se armó una refriega de narices y por un momento Claude dudó en si habían salido de allí; pero eso parecía, puesto que se encontraba corriendo con Toto de la mano y buscando una salida. Les registraron al entrar, por lo que iban desarmados.

  • ¿Cómo hemos hecho para salir de ese polvorín?-inquirió él.
  • Ni idea, pero hay que irse… necesito seguir viva para matar a ese mamón-musitó ella.

Pasaban por un pasillo bastante largo que tenía una amplia vidriera verde; en ese momento aparecieron más colombianos y les tirotearon, ellos se apartaron a tiempo y las balas rompieron la vidriera, dando una salida directa al mar.

  • ¡Salta!-indicó Toto.
  • ¿¡Qué?!-musitó el comisario.
  • ¡Que saltes! ¡Ahora!-exclamó la chica, arrastrándole con él.

La caída no fue muy larga y el chocar contra el agua no fue tan doloroso; nadaron hasta perder el almacén y siguieron bordeando la costa hasta econtrarse con Rick, que iba en una reefer.

  • Menos mal que salí de paseo… ¿estáis bien?-inquirió él, ayudándoles a subir.
  • Sí… estamos vivos de milagro-añadió Claude.

Regresaron al astillero, donde el comisario tomó la palabra.

  • Vale, escuchadme los dos, tenemos que ir a Liberty-anunció.
  • Querrás decir teneis, yo me quedo-murmuró Toto.
  • No, no puedes quedarte, si vuelves a tu casa te encontrarán y matarán; oye mira, entiendo como te sientes ¿vale? Si fuera tú yo también querría matarlo.
  • Entonces déjame quedarme-insitió ella.
  • No… no puedo ¿no lo entiendes?-inquirió él.

Toto se le quedó mirando con gesto extrañado y murmuró.

  • ¿El qué tengo que entender? No hay nada que entender.
  • Es igual… sólo quédate con nosotros esta noche, yo tampoco podré volver al hotel. Rick ¿vives por aquí?-inquirió el comisario.
  • Sí, en un pequeño apartamento encima de un almacén, es alquilado-afirmó el aludido.
  • Bien, pues vámonos ya.

Esa noche la pasaron algo alterados; dejaron a Toto la única cama para ella sola y Rick y Claude se tuvieron que acomodar en el sofá cama del pequeño salón. Desde donde estaban pudieron oir sollozar a la extorsionadora un par de veces, lo que provocó varios suspiros por parte de Claude.

  • Vale ¿me explicas a que ha venido eso de “es que no lo entiendes”?-inquirió Rick de golpe y porrazo.

El comisario se tomó su tiempo antes de hablar y empezó.

  • Verás, cuando me asigné el caso… y digo asigné, porque me lo impuse yo mismo, me informé bien al respecto. Gracias a ese tío ya habían muerto varias personas, entre las que se incluían tu socio, Mikey Summers y Johnny Chivatony, el maestro de Sg91. Yo pensé ¿habría alguien con el suficiente poder capaz de matar a cualquiera porque lo consideraría muy peligroso? Los dos sabemos que todo el mundo es muy peligroso, sólo hace falta hacer las cosas necesarias para serlo; pero en este caso ¿la gente es muy peligrosa sólo porque ya sabe unos pocos detalles? Para mi es muy exagerado y yo a eso lo llamo matar por matar, y sólo alguien que esté lo suficientemente loco se podría permitir hacer esa clase de cosas-explicó Claude, con todo detalle.
  • Vale, bonito monólogo… ¿y…?-inquirió Rick, para hacerle hablar.
  • Y me juré a mi mismo que no permitiría que muriera más gente a costa de este lunático. Y mira ahora, esa pobre chica esta muerta y Toto destrozada. Yo podría haberlo evitado perfectamente, es culpa mía-murmuró él, mirando hacia la habitación.

Tras unos pocos segundos en silencio Rick susurró.

  • Vaya, vaya, ésta es buena, y además te mola.
  • ¿¡Qué dices?! No digas chorradas…-le espetó el comisario, sin mirarle.
  • Sí, sí, y yo me lío con Cloe Parker cada semana… en fin, cosas que pasan ¿no?-inquirió Rick, divertido.
  • Ah, calla la boca y duérmete de una vez-murmuró el comisario, dándole una patada a las piernas.

Rick se rió, pero al cabo de unos pocos segundos ya estaba roncando como un bendito; Claude estuvo pensando en la huida de mañana, además, tenía que avisar a Sg para que se volviera también, tampoco estaba seguro allá en Los Santos. Finalmente el sueño le venció y acabó durmiéndose él también.


Capítulo 33 “Plan de huida”

Toto fue la primera en despertarse; por un momento llegó a creer que su hermana nunca había muerto, que todo era un mal sueño y que en cuanto despertara lo haría en su cómoda y adorable habitación de su precioso chalet. Pero no, su hermana seguía muerta y se estaba despertando en una habitación sosa y deprimente, con una cama de tercera mano y con desconchones de pintura en las paredes. Varias franjas de luz se colaban por una persiana compuesta por finas láminas de bronce pintado, la atmósfera estaba enrarecida y olía a cerrado. Se levantó, llevaba puesto un pijama de hombre que le iba enorme y las tripas le rugían; se volvió a vestir y en cuanto salió al salón vio una estampa enternecedora. Rick apoyaba su cabeza sobre la de Claude, el cual tenía un brazo sobre la cintura del chico; ella sonrió con socarronería y dijo en voz alta.

  • Que estampa más bonita, no hay nada mejor que dos hombres dormidos y abrazados mutuamente, dándose calor y cariño al mismo tiempo.

Los aludidos se despertaron a trozos y cuando comprendieron a que venía todo eso se separaron de golpe, como si hubiera saltado un resorte.

  • ¿¡Qué cojones estás haciendo, tío?!-inquirió Rick.
  • ¡¡Lo mismo te digo, joder!!-musitó Claude.
  • Vale, no hay nada como una buena dosis de masculinidad dosificada en contudentes insultos para corregir la situación y quedar bien-murmuró Toto, divertida.
  • Que graciosa estás hoy-le soltó Rick.
  • ¿Verdad? Será que me he levantado con la moral por los suelos y he pensado que igual seríais tan caballerosos como para animarme de buena mañana-dijo ella, como quien no quiere la cosa.
  • ¿Quieres hacer sentirnos culpables?-inquirió Rick.
  • Puede-afirmó Toto.
  • En ese caso no hace falta que me lo reiteres…-murmuró Claude.

Ella lo miró por un momento y el comisario esquivó la mirada; Rick sintió que debía hablar y cuando lo hizo fue como si hubiera cortado un trozo muy grueso de queso gruyer.

  • Bueno, según tú nos teníamos que ir ¿no?
  • Sí, y ya si es preciso-urgió Claude.
  • El medio más rápido sería en avión, pero… ¿sería seguro?-inquirió Toto.
  • Bien pensado… Rick y yo iremos a comprobar el aeropuerto, tú quédate aquí-indicó el comisario, pero ella se negó.
  • De eso nada, no pienso quedarme haciendo nada. Os acompaño.
  • No, es muy peligroso, si te vieran los colombianos irían a por ti-obvió Claude.
  • ¡Pues por eso mismo! En el caso de que hubiera colombianos vigilando los accesos lo sabríamos enseguida ¿no? Media ciudad me conoce y más ellos que me quieren muerta-obvió ella también.
  • ¡Pero te quieren muerta!-exclamó Claude, insistente.
  • ¿Y no me piensas proteger?-inquirió Toto de golpe, dejando al comisario algo anonadado.
  • Que no pienso… ¡pues claro!-musitó.
  • Pues vamos entonces-indicó Toto.

Rick aguantó como pudo una carcajada, pero se le escapó un farfulleo que trató disimularlo como una tos.

  • Ni una sola palabra… ni una-le avisó Claude.

El aludido alzó las manos y encogió los hombros, pero no pudo evitar esbozar una sonrisa semi forzada.

Escobar International 06 GTA VC

El aeropuerto Internacional Escobar conecta Vice City con el resto del país y del mundo

Los tres fueron al aeropuerto, donde la gente iba y venía desde todas direcciones, la actividad era casi constante durante las 24 horas del día; no vieron nada ni nadie raro, pero en los pasillos en dirección hacia las puertas de embarque vieron a una persona familiar. El mismo tipo que custodiaba el walkie en aquel almacén la pasada noche custodiaba la puerta de embarque número dos.

  • ¿Por qué la número dos?-inquirió Toto en voz baja.
  • Está claro… mira-indicó Rick, señalando hacia la pantalla de salidas.

La próxima salida hacia Liberty era a las nueve y media y el avión entraría por la puerta dos.

  • Aunque cambiemos de hora no podremos pasar sin que nos vea… mierda-musitó Claude.
  • Vale, por aire no podemos irnos, vámonos antes de que nos vean-indicó Rick.

Se alejaron del pasillo sin llamar mucho la atención y abandonaron el aeropuerto.

  • ¿Alguna idea?-inquirió Toto.
  • Podriamos ir en coche pero el viaje sería muy largo… además, si están vigilando las interestatales tampoco haremos gran cosa-supuso Claude.
  • Por otro lado tenemos también por agua y siendo yo un experto en estos temas, dejádselo a un servidor-indicó Rick, con tonito.
  • A ver…-murmuró Claude.

Toto y Claude se pasaron un momento por el apartamento para recoger un par de cosas y luego se reunieron con él en el astillero, donde les esperaba montado en un rio.

Rio VCS

Los Rio destacan por ser muy manejables y bastante cucos

  • ¿Un catamarán?-inquirió Claude, no muy seguro.
  • Es lo más discreto que tengo, podemos decir que nos vamos de vacaciones por la costa este si nos para la guardia costera; y en caso de ataque estaremos preparados, mira bajo el sofá-indicó Rick.

Claude echó un vistazo bajo el sofá del pequeño saloncito interior y vio todo un arsenal de lo más explosivo, compuesto por una caja llena de cohetes para RPG, granadas a control remoto, algunos cócteles molotov, varias cargas explosivas y unas cuantas bombas lapa.

  • ¡Joder, aquí tienes armamento suficiente para volar el estadio conmemorativo Hyman!-masculló el comisario.
  • Y me sobraría para derruir un casino de Las Venturas… ¿nos vamos?-inquirió Rick.

Desarramó el catamarán y en cuanto se alejaron un poco de la ciudad aceleró todo lo que pudo y enfiló las proas hacia el norte.

  • 19.5 nudos, lo siento chicos, el motor no da para más-murmuró Rick, al timón.
  • No pasa nada, mientras lleguemos nos sirve-comentó Claude, mirando el paisaje.

Toto se sentó en el medio de las dos proas y se quedó mirando el horizonte, con mirada profunda y pensativa.

  • Eh, todo esto me recuerda a la movida de los ochenta que sacudió a ésta ciudad hasta sus mismísimos cimientos ¿alguno de vosotros tuvo la suerte de estar?-inquirió Rick.
  • ¿Me ves con pinta de haber nacido en los ochenta?-soltó Claude.
  • Ya, bueno, sólo preguntaba… mis padres si llegaron a comprobarlo, según mi madre mi padre vino aquí para dar una fiesta de despedida de soltero a lo bestia y volvió con los ánimos revueltos y un incipiente gusto por Hall y Oates, cuando era pequeño me ponía la canción de “Out of touch” hasta para dormir. La voy a poner ahora, creo que se oía bien… a ver…-murmuró Rick.
Hall and Oates - Out of Touch03:54

Hall and Oates - Out of Touch

"Out of touch", Hall y Oates

Justo en ese momento sonó por todo el barco la famosa canción de Hall y Oates.

  • ¡Menudo estéreo! ¿Eh?-inquirió.

El viaje continuó sin ningún problema, la canción complementaba muy bien y hacía recordar a unos años que nunca volverán, pero que estarían presentes en la conciencia colectiva de muchas personas en todo el estado de Florida. Pero tras varios minutos de navegación viero una especie de barrera compuesta por varios reefer que les cortaban en paso.

  • ¿Qué es eso?-inquirió Claude.
  • No tienen pinta de ser la guardia costera… uy, uy…-murmuró Rick, cogiendo los prismáticos y echando un vistazo.
  • ¡Son ellos, maldita sea!-masculló Toto.

Desde los reefers comenzaron a tirotearles y se pusieron a cubierto, Rick reapareció de golpe con un RPG cargado.

  • A un lado que les voy a enviar un regalito-indicó.

Se acercó un poco a proa y disparó, el cohete rasgó el aire e impactó en uno de los barcos, estallando y mandando a volar a sus ocupantes; Claude trajo la caja con los cohetes y trabajaron en conjunto, Claude le recargaba el arma y Rick disparaba. De esa forma hundieron todos los botes de una sentada, ayudados por Toto, que lanzó varias bombas lapa que aseguraron que se hundía el último bote.

  • Eso es todo, amigos-farfulló Rick.
  • ¡No, esperad, aún queda uno!-observó Toto.

De entre el humo y la polvadera avistaron una lancha de colores claros que comenzaba a acelerar y dirigirse hacia la costa.

  • ¡Una cruiser, quizás una de las lanchas más rápidas del mercado náutico! No la vamos a pillar de ni de coña-musitó Rick.
  • De eso nada-masculló la extorsionadora.

De su bolsa sacó un PSG-1 y lo estuvo calibrando un poco antes de apuntar con él.

  • ¡Va muy rápido! ¿Quieres que te ayude?-inquirió Claude.
  • ¡Puedo yo solita, gracias!-masculló ella.

La lancha se alejaba cada vez más y parecía imposible alcanzarla; pero en ese justo momento Toto disparó. Al principio creyeron que había fallado, pero al cabo de unos pocos segundos vieron la lancha aminorando de velocidad hasta detenerse; Rick, ajustando los prismáticos, comentó.

  • Uauh… le has dado de lleno, la luneta está perdida de sangre.

Toto tan sólo esbozó una sonrisita de satisfacción y guardó el arma; Claude guardó la caja de cohetes junto con el arma y reanudaron el viaje.

  • Voy a avisar a Sg para que se venga a Liberty él también-recordó entonces.

Le hizo una llamada y tras unos pocos segundos cogió.

  • ¡Claude!-oyó a Sg exclamar.
  • Hola Sg… oye mira, te llamo para que te vuelvas a Liberty, han pasado un montón de cosas-explicó él.
  • ¡Dime algo que no sepa, justo ayer conseguimos escapar de un casino-trampa en Las Venturas y ahora los colombianos nos están presiguiendo, han quemado la casa de Smoke y el motel donde me alojaba…! ¡Joder, gira Smoke!-musitó Sg.
  • Sí bueno, a mi las cosas también se me han ido de madre, es cosa de Guardado, te lo explicaría ahora pero te veo algo ocupado…-murmuró Claude.
  • ¡Más bien! ¡A la derecha, cuidado con el camión!
  • Oye mira, yo estoy yendo por agua ya que tenían vigilado el aeropuerto, vais a tener que buscar otro modo de salir del estado. Probad en coche, eso si no tienen la interestatal vigilada-añadió Claude.
  • Ah, menos mal entonces… ¿qué sugieres que hagamos?-inquirió Sg.
  • No lo sé, tratad de ir en coche y si no, haced como nosotros e id en barco-sugirió el comisario.
  • ¿¡Estás de guasa?! ¡Tardaríamos más de cinco días mínimo hasta el canal de Panamá y luego subir hacia el norte!-soltó Sg, como si le hubieran mentado a su madre.

Claude quiso decir algo, pero él se adelantó.

  • Oye mira, te dejo que estamos algo ocupados, en cuanto llegue o tenga más tranquilidad te llamo.




Madre mía, en buen momento me llama este mastuerzo… teníamos a una horda de colombianos pisándonos los talones y la maldita ciudad no estaba por la labor de librarnos de ellos; el tráfico era horrible y salir de la ciudad iba a ser muy difícil.

  • ¿Quién era?-inquirió Smoke.
  • Mi socio, me ha dicho que vuelva a Liberty porque los ánimos están muy caldeados… y dado que por mi culpa te has quedado sin casa, te debo una así que vente-le ofrecí.
  • Bueno, una casa es una casa y yo tengo mis ahorros bien guardados… si fuera el coche el que se hubiera quemado ya te habría matado directamente-murmuró Smoke, tranquilamente.

Le miré por un momento, algo acojonado.

  • Qué alivio entonces…-musité.
Mulholland

Mulholland, el barrio de los ricos por antonomasia en Los Santos

En ese momento pasábamos por Mulholland, tratando de esquivar a esos pegajosos; los chalets y casas lujosas de los ricachones de la ciudad pasaban a nuestro lado con tanta rapidez que apenas podíamos fijarnos en los detalles, pero se notaba el lujo rezumando por todos los lados del barrio. Un sentinel negro con varios colombianos nos perseguían desde que entramos en el barrio y no conseguíamos perderlos de vista.

  • Qué mierda, joder… ¿no tienes ningún arma?-inquirí.
  • Ahora que lo dices me parece que tengo varias granadas en la guantera…-murmuró Smoke, cambiando de marcha.

Abrí la guantera y vi que habían varias granadas, cogí una, la quité la anilla y me dí la vuelta antes de lanzarla.

  • ¡Sonreid!-mascullé antes de lanzarla.

La granada rebotó en la calzada y botó sobre el capó del coche de los colombianos como una pelota de goma; fue cuando rebotaba sobre el techo cuando estalló, formando una bola de fuego que envolvió todoel habitáculo e hizo volcar el vehículo, explotando de seguido.

  • ¡Buen lanzamiento!-exclamó Smoke.
  • Sí, por fín… larguémonos de esta condenada ciudad-pedí con voz queda.

Smoke cogió la siguiente salida que nos llevó directamente hacia uno de los tantos campos de Red County; Smoke pudo un disco y comenzó a sonar “Like A G6”, de Far East Movement.

Like A G6 - Far East Movement Lyrics03:46

Like A G6 - Far East Movement Lyrics

"Like A G6", Far East Movement

  • Vale, ¿Cuál es plan?-inquirió, bailando un poco.
  • Tenemos que salir del estado como sea, pero Claude me ha dicho que pueden estar vigilando las interestatales; lo único que se me ocurre es ir en avión pero es que también me ha explicado que tienen los aeropuertos vigilados-expliqué.

Smoke se quedó en silencio, rumiando la situación.

  • Como no se te ocurra algo a ti estamos jodidos… no sé, podríamos intentar salir en avión sin que nos intercepten o algo…-murmuré, pero en ese momento Smoke me cortó.
  • Ya está, lo tengo… dices que los aeropuertos están vigilados ¿no? Yo me sé de uno que podemos usar sin que nos pillen.
  • ¿Ah sí? ¿Cuál?-inquirí.
  • Ah, ya lo verás…

Viajamos a velocidad media hasta Bone County, repitiendo el viaje del otro día; pero en vez de seguir de frente para llegar a Las Venturas, Smoke tomó un desvío hacia la izquierda que rodeaba un amplio y extenso secarral. Tras varios minutos recorriendo esa pequeña carretera comarcal, Smoke se metió por un camino de tierra que llevaba directamente hasta una pista de aterrizaje abandonada.

  • ¿Dónde estamos?-inquirí.
  • Verdant Meadows, o más conocido como el cementerio de aviones-explicó Smoke.
Verdant Meadows 1

Verdant Meadows es como una huella del pasado en el presente y un aeropuerto para todos los públicos

Y era cierto, puesto que a los lados de la extensa pista de tierra había un montón de aviones destrozados y con el fuselaje desmontado; Smoke dejó su banshee en un garaje cercano a una casa y una pequeña torre de control.

  • Ya veo, pero los únicos aviones que veo están un poco… inservibles-murmuré.
  • Los que ves sí, pero también hay más aviones ¿sabes?-inquirió Smoke, acercándose a un gran hangar.

Lo abrió mediante un mecanismo eléctrico y una vez que la puerta se terminó de abrir mostró un shamal en su interior.

Shamal SA

El shamal es el típico jet privado que suelen usar las personas mínimamente acaudaladas; ideal para viajar entre estados

  • ¿Sabes pilotar uno de esos?-inquirí.
  • Sí, aprendí en dos semanas… llegaremos en unas cuantas horas-dijo Smoke.

Lo abordamos enseguida y Smoke activó todo el avión, recogió la escalerilla automática y salimos del hangar, el cual se cerró tras nuestro; yo iba de copiloto, mientras que Smoke me enseñaba lo básico.

  • Anemómetro, tren de aterrizaje, luces externas, velocidad… ¿lo pillas?-inquirio.
  • Sí, más o menos…-murmuré.
  • Bien, porque nos vamos ya… despegamos-anunció él, aumentando la velocidad.

En cuanto estuvimos a pocos metros del otro extremo de la pista, Smoke tiró del volante hacia sí y yo le imité; el jet se elevó y pusimos dirección noreste, mientas íbamos dejando atrás San Andreas y nos adentrábamos en Utah. Smoke me dejó que recogiera el tren de aterrizaje y a partir de ahí fue él que lo llevó. Yo tan solo esperaba llegar entero a Liberty y acabar de una vez con este asunto, que se iba complicando con cada paso que dábamos.


Capítulo 34 “Demasiada evidencia”

El comisario Expicport miraba preocupado los últimos informes provenientes de todas las demás comisarías; robos de coches, aumento de colombianos por las zonas, aumento de tratos con drogas, tiroteos en Bohan Sur, incipientes secuestros… La criminalidad había estado subiendo conforme pasaban los días desde que Claude se marchó y todo parecía converger en una sola cosa: los colombianos. Sabía perfectamente quien era el casuante de todo, pero no podían hacer nada por investigarlo o colgar el marrón. Santos Guardado era como si no existiera, pero dejaba su huella poco a poco, huella que empezaba a hacer marca. Y comenzaba a ser un grave problema.

Comisaría de Holanda Este-GTA IV

El comisario Expicport lleva su puesto con mucha entereza en la comisaría de Holanda Este y tiene que lidiar con peticiones de todo tipo. Ser poli nunca fue fácil

  • Eh… comisario ¿podemos hablar?-inquirió una voz en ese momento.

Levantó la vista, vio que era uno de sus chicos.

  • Ah, Brian, pasa-indicó él.
  • Quería pedirle una cosa, señor-explicó.
  • Pues cuéntame… siéntate-insistió él.
  • Estoy bien, señor… verá, yo… ne… necesito un aumento de sueldo… señor-añadió Brian, algo acalorado.

Expicport le miró largo y tendido durante unos pocos segundos y luego preguntó.

  • ¿Y eso por qué?
  • Verá, es que mi hija quiere ir al próximo concierto de Miley Cyrus, que va a ser dentro de poco… ¿la conoce? Es muy conocida ahora en la ciudad-murmuró Brian.
  • Sí, gracias a ella muchos miembros de la LSD sufren de lumbago severo tras su último concierto en Middle Park… ¿y eso qué tiene que ver?-inquirió el comisario.
  • Resulta que una entrada cuesta alrededor de unos 500 dólares y… bueno… no me llega-suspiró Brian.
  • Como todo en esta vida ¿verdad? Lo siento Brian, pero no estamos para subir salarios y, eh, que conste que no es por nada ¿vale? Mira, en el caso de que pudiera hacerlo y lo hiciera los demás querrán también que se los suba ¿comprendes? Ya sabes como son estos, culo veo culo quiero-explicó Expicport.
  • Lo sé, lo sé… tenía que intentarlo-expuso Brian.
  • Claro que sí… suerte con eso, Brian, tener hijos hoy en día sale muy caro-le dijo el comisario.
  • Dígamelo a mí… hasta luego-se despidió Brian antes de salir.

Capitulo 35 “Meowingtons hax kidnapped”

Esa tarde el shamal privado de Joel estaba a punto para salir hacia Cottonmouth y sólo faltaba que el Dj estuviera listo para marcharse; uno de sus ayudantes de dirección estaba ultimando sus preparativos en su habitación del hotel Überbrücker y en cuanto terminó fue a buscarle.

Uberbrucker Fachada

El hotel Überbrücker es uno de los tantos que hay en el Cruce Estrella pero destaca por tener muy buenas vistas a la parte del Cruce donde se situa

  • Bueno, voy a por Joel…-pensó.

Abandonó su habitación y subió al piso de arriba y tocó la puerta de la 308, la habitación de Joel.

  • ¿Joel? ¿Estás listo? Venga, que el jet espera-le llamó, tocándole la puerta.

Pero tras varios minutos esperando nadie la abrió, lo que le extrañó. -¿Joel? ¿Estás ahí? Joel…-murmuró tocando la puerta de nuevo, pero fue entonces cuando vio que estaba ligeramente entreabierta, la empujó levemente y entró en el lugar. Todo estaba muy tranquilo, la maleta estaba encima de la cama semi hecha, junto con la cabeza de Deadmau5; por lo demás, todo normal.

  • ¿Joel? ¿Estás en el baño? Joel si es una broma no mola ¿eh? Que me estoy empezando a asustar…-murmuró el chico, con voz ronca.

Se acercó al baño, pero allí no encontró a nadie; volvió a la habitación y se acercó a la maleta, había varias camisas echadas en la cama y un par de vaqueros sin doblar; levantó la cabeza y en cuanto lo hizo una nota cayó sobre el colchón. La cogió y la leyó, estaba escrita con recortes de revistas, ponía: “El ratón muerto está con nosotros, pero por ahora no está muerto (que graciosa e irónica coincidencia ¿verdad?); esperad instrucciones”.

  • Oh, Dios… Joel…-musitó el chico.

Justo detrás ponía de añadido: “Se acabó la fiesta”.


Capítulo 36 “El retorno”

Apenas tardamos unas cuatro horas y media en atravesar toda esa parte del país y llegar a Liberty; volver a mi querida ciudad de residencia fue como una liberación, como si me librara de una carga muy pesada que sólo llevaba en Los Santos, fue una sensación extraña pero gratificante.

  • Al fin en casa… ya llego, Liberty, ya llego-musité, mientras observábamos desde lejos el skyline de la ciudad. Apenas faltaban pocas millas.
  • Pues yo nunca ha estado…-murmuró Smoke.
  • Uauh, es un lugar flipante, ya lo verás, en cuanto lleguemos pedimos un taxi para que nos lleve a casa y te enseño la ciudad…-le dije.

En cuanto nos acercamos un poco a la pista norte del aeropuerto, Smoke contactó con la torre de control y en cuanto nos dio paso, aterrizamos limpiamente y paramos cerca de la terminal de policía, ya que era donde suelen estacionar los jets privados. Un taxi nos acercó a mi casa, donde la estuve ventilando y la dejé así hasta que volviésemos; en mi premier azul le estuve enseñando primero lo que había más cerca: el Cruce Estrella, el Middle Park, la catedral de Colón, el Comité de Civilizaciones, la torre Rotterdam, el edificio del Triángulo, el edificio Getalife, el edificio Zirconium, las torres Panoramic… habían tantas cosas que ver y hacer en la ciudad que nunca duerme que no daba tiempo a verlo todo en un solo día. Cenamos en el Drusilla's, luego fuimos a ver un espectáculo al Split Sides, donde andaba actuando durante esa semana Jeff Dunham, un conocido ventrílocuo y comediante de Dallas que estaba con una de sus marionetas más conocidas: Achmed, el terrorista muerto.

Achmed el Terrorista Muerto - Subtitulos en Español10:48

Achmed el Terrorista Muerto - Subtitulos en Español

Jeff Dunham y Achmed, el terrorista muerto

Tras el show fuimos a tomar una copa al Club Liberty y regresamos a casa; yo no volví a saber nada más de Claude hasta el día siguiente, a eso de las ocho de la tarde.

  • Tío ¿dónde andas?-inquirí.
  • Llegando, es que ir en barco tiene sus desventajas ¿sabes? No es tan rápido como en un avión-explicó.
  • Sí, bueno ¿cuánto te falta para llegar?-inquirí.
  • Un poco más, quizás un cuarto de hora… pero en cuanto te llegue te aviso, tengo que contarte muchas cosas-añadió el comisario.
  • Igualmente Claude, igualmente-le dije.



Claude colgó y miró al frente, aún no veía nada más que agua y más agua extendiéndose hacia delante; ya estaba atardeciendo y la luz anaranjada incidía sobre el barco y el horizonte, ofreciendo una estampa bastante bonita.

  • Eh, Rick, ¿cuánto falta para llegar?-inquirió el comisario.
  • Apenas unas pocas millas… ya llegamos, estate tranquilo-le dijo Rick.

Toto estaba sentada sobre una de las proas, con gesto pensativo y cierta mirada melancólica; Claude se acercó a ella y la dijo.

  • Ten cuidado, no te vayas a caer…
  • Ya lo sé, no soy ninguna niña que necesite ayuda desesperadamente-le dijo.
  • Ya, pero imagina que viene una ola grande solitaria y sacude el barco; te caerías por la borda-supuso el comisario, sentándose a su lado.
  • En ese caso tú te echarías al agua y me salvarías ¿verdad?-inquirió ella.
  • Claro… es evidente-murmuró Claude.

Se quedaron un momento en silencio y ella tomó la palabra.

  • Cuando dices eso… ¿lo dices porque es algo que todo el mundo haría o… sólo lo haces por alguna razón en concreto?

Claude se quedó algo cortado por esa pregunta, como si no se la esperara; aunque tardó un poco en contestar, lo hizo con contudencia.

  • Teniendo en cuenta que soy un comisario de policía mi trabajo es proteger y servir, por lo que en ese caso pues claro que me echaría al agua; ya seas tú o quien sea… si alguien necesita mi ayuda, yo se la daré.
  • ¿Incluso a alguien como yo? Te recuerdo que yo soy una extorsionadora y tú en comisario-dijo ella, como si fueran conceptos incompatibles.
  • Ya… pero antes de eso eres una persona, y yo creo que ese es un motivo suficiente-dijo Claude entonces.

Toto se quedó en silencio por un momento y asintió levemente.

  • Sí… puede entonces…
  • ¿Cómo dices?-inquirió él, sin entender.
  • No, nada…

Unos cuantos minutos más condicionaron el viaje y fue al poco rato después cuando se empezó a ver Liberty a lo lejos.

  • ¡Allí está! ¡Tierra a la vista, Liberty City!-exclamó Rick de pronto.

Como al sol le quedaba poco para ser engullido por el mar, la vieron parcialmente iluminada, especialmente una alta figura con un brazo alzado.

  • ¿Has estado alguna vez?-inquirió Claude a Toto.

Ella negó con la cabeza como respuesta.

  • Te va a gustar, es una ciudad impresionante, llena de contrastes y diversidad… si no fuera por el crimen organizado sería un lugar ideal para vivir-afirmó el comisario.

Estando a punto de entrar por el suroeste, el motor ranqueó y tras varios bandazos se apagó de golpe.

  • Oh, venga ya… no…-musitó Rick.
  • ¿Qué pasa, Rick?-inquirió Claude.
  • Pues que estamos sin combustible… pensaba que nos llegaría…-musitó él.
  • Oh, venga ya…
  • Pues sí, y encima estando al lado del Polígono Industrial de Acter… bueno, igual si pasa un tug por aquí nos pueda remolcar…-sugirió Rick.
  • Sí ¿y es seguro que venga alguno?-inquirió Claude.
  • Pues…

El comsiario no se molestó en contestar y estuvo contemplando el paisaje industrial que esa parte de Alderney ofrecía; Rick se quedó apoyado sobre el timón, pensando en alguna solución cuando se fijó en algo. La larga melena de Toto se mecía por un leve viento, y eso le dio una idea; se fijó en el anemómetro que llevaba incorporado el barco y murmuró por lo bajo.

  • Tenemos viento favorable…
  • ¿Eh?-inquirió Claude.
  • Tenemos viento favorable… tenemos viento favorable, claro, eso es. Ayudadme a desplegar la vela-pidió Rick.

Entre los tres soltaron la vela del mástil y la ataron bien a los lados del barco; al instante ésta se emsanchó por la acción del viento y el catamarán volvió a moverse.

  • Ea, asunto resuelto… ya podemos acercarnos al puerto deportivo de Castle Gardens…-murmuró Rick, maniobrando.
Isla de la Felicidad-6

La isla de la Felicidad contiene el monumento patrio por excelencia y un fuerte sentimiento de patriotismo mezclado con xenofobia; ideal para un concierto

Se fueron acercando poco a poco a la isla de la Felicidad, donde la estatua ya estaba iluminada; pero les llamó la atención que había muchas luces que se proyectaban hacia el cielo y se oía música proveniente de la isla.

  • ¿Ois?-inquirió Claude.
  • Sí… es como si hubiera un concierto-murmuró Rick, virando toda estribor.

Se acercó al muelle noroeste de la pequeña isla, no había nadie cerca y parecía que estaba todos en la parte central de la isla; como les mataba la curiosidad atracaron el barco y fueron a ver. Toda la plaza de la bandera y parte de los jardines colindantes estaban a rebosar de gente, todos miraban hacia arriba, donde parecía que había alguien cantando.

  • ¿Qué es todo esto?-inquirió Toto.
  • Es un concierto, sin duda, pero… ¿de quien?-inquirió Claude.
  • ¡De Miley Cyrus! ¡Estos adultos que no están a la última…!-oyeron de golpe.

Un grupito de jóvenes estaba cerca de donde ellos se encontraban y todos cantaban a la par.

  • Ah sí, Miley Cyrus, a mi hermana la gustaba…-murmuró Toto.
  • ¡Éste es su nuevo concierto, el primero en celebrarse en toda la historia de la isla de la Felicidad! ¡Y no es para menos, su nuevo álbum se titula “Happiness Way”!-les explicó una chica muy amable.

La noche se echó sobre la ciudad, pero el concierto continuó hasta las dos de la mañana; Rick, Claude y Toto se fueron mucho antes, pero Miley siguió cantando hasta el final, revelando un nuevo tema inédito, “Wake up America”.

08 Wake Up America - Miley Cyrus02:47

08 Wake Up America - Miley Cyrus

"Wake up América", Miley Cyrus

  • ¡Muy bien, Liberty! ¿Preparada para escuchar mi nuevo tema inédito?-inquirió ella, subida al tejado del techo que cubría la entrada hacia la estatua.

Todos dijeron que sí a la vez y Miley no les hizo esperar más; finalmente el concierto acabó, con un éxito impresionante, haciendo falta más de cinco ferrys y varios viajes entre la isla y la terminal para llevar a tanta gente de vuelta a la ciudad. Pero a esas horas tanto Rick, como Claude y Toto ya estaban durmiendo, pensando en el día siguiente.


Capítulo 37 “Nuevos tubos y nuevas noticias”

El órgano de la Gran Galería de la catedral de Colón se puso dar por terminado desde esa misma mañana; Kilgen & Son los trajo en dos benson, Lucius y Paul ayudaron a los operarios a descargarlos y montarlos de nuevo en sus correspondientes lugares. Les llevó toda la mañana y parte de la tarde, pero por fin estaba listo para sonar; el compositor avisó a Diane Bish, el padre Peaceful y el señor Holiness para que lo presenciaran y fue Bish la que hizo los honores. Tocó “When we all get to heaven”, una pieza de su propia composición y que sonaba como si realmente hubieran llegado a las puertas del paraíso; el padre Peaceful estaba que reventaba de la emoción y parecía un niño de cinco años a punto de mearse en los pantalones.

When We All Get To Heaven - Diane Bish - The Joy Of Music03:31

When We All Get To Heaven - Diane Bish - The Joy Of Music

"When we all get to heaven", Diane Bish

  • ¡Maravilloso, excepcional, bravo, que talento, que poderío!-exclamaba.
  • Oh, ya vale señor Peaceful, no es para tanto-dijo ella, quitándose mérito.
  • ¿¡Que no es para tanto?! ¡Usted y el señor Mottram son la repanocha, lo nunca visto, la recoña en bicicleta! ¡El concierto va a ser un exitazo! ¿Verdad, señor Holiness?-inquirió el pastor.
  • Sí, realmente…-murmuró el aludido, sin muchas ganas.

Paul se quedó algo extrañado por eso mismo; se supone que fue él el que estaba interesado en un concierto de órganos. ¿a qué venía tanta pasividad ahora?

  • Supongo que ya podrán fijar la fecha definitiva para el concierto-murmuró Paul, para romper el hielo.
  • Oh, por supuesto, ¿qué dice usted, excelencia?-inquirió Peaceful, dirigiéndose a su superior.
  • Dado que bastantes atrasos ha tenido ya, propongo que sea para el miércoles que viene como muy tarde, no quiero tener que hacer más modificaciones. Buen trabajo Mottram, recibirá sus honorarios tras el concierto-añadió Holiness.
  • Gracias señor-agardeció él.
  • Movámonos, tengo asuntos que tratar-indicó el obispo, siguiéndolo de cerca Peaceful tras sus faldas.

Paul aún seguía teniendo sus dudas con todo el asunto de la droga, lo tuvo que dejar por unos días porque andaba ocupado trabajando, pero ésa vez había cancha libre para actuar antes del concierto; resolvería esa extraña situación, por ésta.



Claude se despertó igual de temprano para llegar a tiempo a la comisaría; adaptarse tras varios días de ausencia no le suponía mucho esfuerzo, pero sí en cuanto al trabajo atrasado que le esperaría en su mesa. Se despidió de Toto, que había ido con él hasta su casa y se quedaría allí hasta que solucionasen todo el asunto.

  • Yo me tengo que ir ya a la comisaría, no salgas del barrio y así evitarás perderte-indicó él, poniéndose la chaqueta.
  • No soy ninguna niña-le recordó ella, algo molesta.
  • No, pero si nueva aquí y Liberty no suele ser muy dada a los turistas y las visitas… tú ya me entiendes-dijo él.
  • Pues no, la verdad… lo dices como si la ciudad entera estuviera viva-observó ella, extrañada.
  • Huy, casi casi… te veo luego-murmuró él, algo acalorado.

Toto le observó, tenía un porte algo descuidado en ese momento y por alguna extraña razón le gustaba ese aspecto.

  • Espera, tienes la corbata mal anudada-le paró.
  • No tengo tiempo para…-quiso decir él, pero ella le cortó.
  • Cierra la boca y déjame a mí, tienes que estar presentable, señor comisario.

Le enderezó la corbata y se la puso en su sitio, con el nudo bien hecho y resguardado; Claude se la quedó mirando por un momento y se quedó como obnubilado, sin poder decir nada y notando como le subían los colores. Se cruzaron las miradas por unos ínfimos segundos.

  • ¿No te tenías que ir ya?-le recordó ella.
  • Ah, sí, irme, sí… ah, adiós-dijo él a trozos.

Se presentó en la comisaría, sorprendiendo a casi toda la plantilla, recibiéndole con los brazos abiertos; al poco de meterse en su despacho para ordenar su caótica mesa, llegó una persona conocida.

  • Comisario-le llamó.
  • Ah, hola Margo, no te había visto ¿qué tal?-inquirió él.
  • Yo bien, le venía a decir que hay reunión en las oficinas centrales dentro de cinco minutos: además, he hablado hace poco con Fitzsimmons, no sé qué decía de patearte el culo-añadió ella.

Adiós, el comisario jefe general quería verle y además en plena reunión trimestral, donde todos los comisarios de la ciudad estarían presentes; no perdió más tiempo y se dirigió raudo hacia las oficinas centrales de la LCPD, situadas en Bajo Easton.

Bajo Easton 1

El Bajo Easton es un barrio pequeño, que colinda con otros como El Triángulo, Suffolk o Pequeña Italia; las oficinas centrales de la policía se ubican aquí

Mitt Fitzsimmons, el comisario jefe general, es un tipo ya de avanzada edad, con un genio variable y humor de perros; se suponía que se jubilaba el año pasado, pero debido a que hubo una ola de criminalidad en toda la ciudad se tuvo que quedar en el cargo para demostar al crimen organizado que aún tienen Fittzsimmons para rato. Desde entonces el pobre anda más malhumorado que de costumbre y estalla más a menudo. Va a tener que sacar el paragüas porque aquí va a jarrear de lo lindo dentro de pocos minutos. Llegó al lugar y aparcó cerca de la entrada, ante la puerta había una estatua que representaba a las fuerzas policiales de la ciudad, constaba de cuatro agentes de policía que se daban la espalda unos a los otros, a la vez que realizaban el saludo militar. Se encontró con todos sus compañeros esperando en la sala de juntas, todos le saludaron uno por uno, entre ellos Expicport.

  • ¿Y qué? ¿Has encontrado algo o por el contrario no has hecho más que perder el tiempo?-inquirió al verle.
  • Pues resulta que he encontrado ciertas pistas que pueden llevarnos hasta él-murmuró Claude.
  • Ya, sí… en cuanto a eso… bueno, esperemos a que venga el jefe jefazo-dijo Expic, yendo a ocupar su silla.

Al otro lado estaba el comisario Warthington, el cual le saludó brevemente desde donde estaba; al cabo de unos pocos minutos se presentó en el lugar Fittzsimons.

  • ¿Estamos todos de una maldita vez? Os advierto que no me pienso quedar más tiempo de… anda, Claude, que agradable sorpresa-le dijo nada más verle.
  • Buenos días, señor-le dijo éste.
  • Sí, contigo quería hablar… pero bueno, a eso hemos venido ¿verdad? A poner un poco de orden en este estercolero de ciudad. Empezemos antes de que me harte-musitó, sentándose de golpe.

Estuvieron hablando de los últimos casos resueltos y sin resolver, en la mayoría de ellos Fittzsimons escuchaba y apenas opinaba; en cuanto llegaron al caso Guardado entró al trapo enseguida, sobre todo cuando Claude habló de sus nuevas pistas.

  • Veamos Claude, a ver que me aclare un poco porque con tanta mierda en cada esquina estoy que apesto… te has pasado media semana en Vice City a costa del cuerpo para tratar de encontrar pistas que te llevasen ante un fantasma…
  • Santos Guardado no es ningún fantasma, señor, existe, es demasiado real, apestosamente real de hecho. Ya han muerto las suficientes personas como para seguir permitiéndoselo, entre ellos una chica de apenas 18 años ¿cree que voy a parar sólo porque usted quiera? No, señor, lo siento pero no.

Fittzsimons se le quedó mirando como si fuera él el fantasma o estuviera demasiado impactado por semejante tropelía; sin embargo se repuso enseguida y dijo.

  • Claude… te tengo en estima, no creas lo contrario. Y tanto yo como tus compañeros lo creemos, por supuesto. Tan sólo dame un motivo más para no arrepentirme de mi decisión, venga, sé bueno…

Todos le miraron fijamente, Claude pudo entrever en sus miradas la siguiente frase desesperada: “Por favor, Claude, no le des motivos”; Expicport era el que más lo mostraba. ¿Y qué haría entonces? ¿Echaría sus creencias por la borda con tal de conservar su trabajo o se mantendría fiel a su personalidad y su forma de ver el mundo?

  • Claude… estoy esperando-musitó Fittzsimons.

En ese momento se encontró en una encrucijada; y no sabía que pensar. El silencio era como una losa de granito que se echaba sobre él con todo su peso.

  • Claude…

Apenas podía contener sus sentimientos…

  • No soy el obispo de la ciudad, Claude, ni este tu confesionario privado, o me respondes ya o tenemos un serio problema-le espetó Fittzsimons, con la voz tomada.

Expixport apoyaba su barbilla en las manos y no parecía estar mirando a ningún lado en concreto; finalmente Claude dijo.

  • En ese caso… realmente tenemos un problema.

Todos dejaron escapar un bufido de sorpresa; realmente no se lo esperaban.

  • Pues Claude, sintiéndolo en el alma… te relevo de tu puesto como comisario hasta nueva orden. Y te prohíbo expresamente que sigas investigando nada, como yo o alguno de los presentes te pillemos indagando en algo, la sanción será mayor. Ahora gracias por hacerme perder mi valiosísimo tiempo y vete a tomar un poco por culo.

Antes de que Fittzsimons terminase, el aludido ya había salido dando un portazo tan fuerte que rasgó el cristal de la puerta; se pasó el resto del día dando vueltas por la ciudad sin rumbo fijo, sintiendo una rabia muy grande creciendo poco a poco y haciéndole daño en el pecho. Llegó a casa a la hora de cenar y ni siquiera percibió el rico olor proveniente de la cocina.

  • ¿Claude?-oyó a Toto, pero hizo como que no la hubiese oído.

Fue a su mueble bar, cogió un vaso de culo ancho y lo llenó hasta la mitad; acto seguido se lo vació de un solo trago y repitió el procedimiento dos veces. No pudo una tercera porque ella le paró e inquirió.

  • ¿Qué mierda te pasa, a qué viene esto?
  • ¡Pues que el mundo es una puta mierda, que no sé para qué me esfuerzo, que, que… joder, mierda!-masculló, tratando de soltarlo todo.

Ella se quedó algo preocupada por él, ya que no se esperaba verle así en ningún momento; él se lo explicó todo, ella se mostró comprensiva y trató de animarle de alguna forma. Usó la cena que había preparado, consistente en un redondo de ternera con patatas y cebolla que le animó un poco más.

  • Vaya, no había comido nada tan rico desde… no me acuerdo-murmuró él.
  • Y no te preocupes por eso, si realmente hay gente allí dentro que te respeta y aprecia seguro que te ayudan de alguna forma para que Fittzsimons no se entere-añadió ella.
  • Eso espero… gracias por todo Toto, por la cena, los ánimos… gracias, de verdad-dijo él.

Ella le sonrió y por algún extraño motivo Claude sintió como si tuviera algo en el estómago revoloteando dentro. A la mañana siguiente le llamó Expicport y quedó verse con él en la parte más inhóspita de Alderney: su playa. Le vio cerca de la orilla, contemplando el mar y dejando que las olas le llegasen a rozar los zapatos.

  • Si quieres que te sea sincero, Claude… con un par y bien puestos-le dijo sin rodeos.
  • Gracias-agradeció él.
  • Fittzsimons comienza a chochear, pero quiero que sepas que estoy a favor de abandonar el caso Guardado, no lleva a ninguna parte. Pero sé que no podré convencerte por mucho que insista.
  • Ahí tienes razón- asintió él.

Expic sonrió levemente y continuó.

  • Se ha dado prioridad número uno a un secuestro muy sonado, pero la prensa no puede enterarse de nada; han secuestrado a Joel Zimmerman, más conocido como Deadmau5, dio un concierto hace poco en la ciudad ¿te suena?
  • No mucho, la verdad… sabes que yo soy más de metal-murmuró Claude.
  • Se encontró una nota por parte de los secuestradores hecha con recortes de revistas, no pedían rescate pero sí que se esperaran instrucciones-explicó Expic.

Claude se quedó pensativo, rumiando la situación; su compañero le leyó la nota y Claude no pudo evitar murmurar.

  • Guardado…
  • ¿Ya estás otra vez?-inquirió su compañero, hastiado.
  • Mira, llámalo X pero sé distinguir el tono que Guardado usa al hablar ¿vale? Algo me dice que ha sido él…-musitó Claude.

Expic suspiró y dijo.

  • Mira, haz lo que quieras, sólo pensé que querrías saberlo.
  • Y te lo agradezco, Expic, de verdad, gracias por contármelo… ¿crees que podrías ayudarme a saber mas cosas más adelante?-inquirió él.
  • Lo intentaré-asintió él.
  • Gracias tío, de verdad.

Al menos tenía alguien en quien confiar; por ahora se centraría en encontrar a ese Dj, ya que era su última y más reciente pista. Y el tiempo dirá.

Capítulo 38 “Simplificando”

Esa mañana quedé con Claude, ya que fue él el que me llamó y me pidió que nos viéramos, aunque me pidió que llevase también a Smoke ya que quería que estuviéramos todos juntos en las pesquisas. Quedamos en el Bean Machine de Rockefeller Center a eso de las once y media y allí fuimos Smoke y yo, lo encontramos con una chica y un chico a los que no conocía de nada.

Bean-Machine

El Bean Machine es una conocida franquicia de cafeterías que tiene locales por todo el país; la de Rockefeller Center es la más conocida, sobre todo por donde está situada

  • Bueno, ya que estamos todos haré las presentaciones; éstos son TOTO.INC y Rick LB, dos involucrados en el caso de Guardado, los dos han perdido a alguien querido y quieren vengarse de él-explicó Claude.
  • Como yo, ese bastardo mató a mi maestro; Sg91, chivato, encantado-dije, dando la mano a Rick y dos besos a ella.

Por mi parte, presenté a Smoke.

  • Éste es Smoke1996, un chico para todo de Los Santos.
  • Encantado-dijo éste.
  • Bien, vamos a resumirlo, han pasado muchas cosas-murmuró Claude.
  • Dímelo a mí, señor comisario…-suspiré, sentándome a su lado.
  • No, ya no soy comisario…-anunció para mi sorpresa.
  • ¿¡Y eso?!-inquirí, extrañado.

Me explicó todo lo que le había pasado, tanto estando en Vice City como al volver; yo hice lo propio con mi situación y Claude me informó de su pista más reciente.

  • A mí me han prohibido que siga investigando pero me la suda, se ha dado prioridad a un secuestro del que la prensa no debe enterarse, parece que han secuestrado a un Dj famoso llamado… pitimouse, o algo así.
  • ¡¡¡No!!! ¿¡¡Deadmau5?!!-musité, incrédulo.
  • ¡Eso! Deadmau5… vaya nombre raro…
  • ¡¡¡No!!! ¡¡No es posible, Claude, hemos de encontrarle!!-grité muy alterado y cogiéndole del cuello de la camisa.
  • ¿¡Pero qué mosca te ha picado ahora, Sg?!-inquirió él.
  • ¡¡Pues que soy un gran fan suyo, no es posible, no… no…!!-musité una vez más.
  • Vale, entonces cálmate ¿vale? Respira hondo, cuenta hasta diez, pero haz el favor de calmarte-me espetó.

Traté de hacerle caso y al final pude calmarme; aunque la idea de que uno de mis Djs favoritos estuviera secuestrado me ponía los nervios a cien. Azuzados por mi no perdimos más tiempo y nos pusimos manos a la obra; comenzamos buscando en los quioscos de Cruce Estrella, Claude explicó que la nota había sido echa con recortes de revistas y en una de las letras pudo entrever el trozo de un reportaje de hace dos días. Yo no conseguía entender por qué lo daba tanta importancia a algo que apenas podría ayudarnos a encontrar a Deadmau5, pero confié en su instinto y le dejé hacer; estuvo hablando con uno de los kiosqueros y tras unos pocos minutos se acercó a nosotros.

  • Bien, tenemos la ventaja de que la revista de marras es de tirada pequeña, por lo que podremos acotar la búsqueda-dijo.
  • Pero sólo con eso es imposible saber quien compró la revista adecuada y recortó la letra; joder, si hasta podría haberla cogido de la calle en vez de comprarla-musité, aún sin entender.
  • Pues no ¿y sabes por qué? Yo ya sabía de antes que la revista no era muy leída por la gente y eso hace que el número de personas que pasen al menos por este quiosco en busca de ésta sea más bien reducido; le he preguntado al quiosquero si recuerda a alguien que no tuviera muy buen aspecto y me ha respondido que sólo hubo una persona que le llamó la atención-explicó el ex comisario.
  • ¿Y bien?-inquirí, ávido de una respuesta coherente.
  • El obispo de la Arquidiócesis local, es el único cliente habitual que compra ésta revista en éste quiosco-anunció para mi sorpresa.

Me quedé a cuadros, rombos, triángulos y rectángulos; ¿cómo hacía este tío para sacar pistas de debajo de las piedras?

  • ¿Entonces el obispo es el culpable del secuestro?-inquirió Toto, igual de alucinada.
  • Es posible, conociendo a Guardado puede que le esté amenazando para que haga lo que le ordene; he pensado en empezar a buscarle por la catedral-sugirió.
  • Bien, vamos entonces-dije.

Subimos los cinco al coche de Claude, que resultó ser un Buffalo de color plateado, y nos dirigimos a la catedral; por suerte estaba abierta y entramos, habían unas pocas personas visitándola y sacando fotos y alguien estaba tocando el órgano del coro. Toto se apartó un poco y se sentó en los bancos del medio, donde estuvo rezando un poco; el resto estuvimos buscando al cura, pero como no lo encontrábamos decidimos subir al coro y preguntar al organista por él. Al verle la cara tuve una extraña sensación de dejá vu.

  • Vaya, ¿Dónde he visto yo a ese tipo antes?-me dije.

Al vernos dejó de tocar y en cuanto me vio murmuró.

  • Anda, si eres aquel joven que me ayudó en el aeropuerto…
  • Ah, es verdad… ya decía yo que me sonaba su cara-dije, asintiendo.
  • ¿Buscan algo?-inquirió el hombre.
  • LCPD, estamos investigando la reciente desaparición de un Dj, nuestras pistas nos han llevado hasta aquí ¿podria dedicarnos un poco de su tiempo?-inquirió Claude.
  • Claro… Paul Mottram, compositor-añadió el hombre, presentándose.
  • ¿Sabe donde puede estar el obispo en este momento?
  • Pues en la arquidiócesis, supongo… ¿por qué lo buscan?-murmuró Paul.
  • Es un posible sospechoso en la desaparición de este Dj-explicó el ex comisario.

Por un momento al compositor le cambió la cara y dijo por lo bajo.

  • Claro, tenía que ser él…
  • ¿Perdone?-inquirió Claude, extrañado.

Nos miró por un momento y finalmente musitó.

  • Ah, al cuerno… mire, le seré franco, estuve pensando en contactar con ustedes pero no estaba del todo seguro-comenzó a explicar.
  • ¿Por qué, cuál es el problema?-inquirí.
  • Verán, a mí me han contratado en la arquidiócesis para restaurar el órgano de la Gran Galería, que ya está restaurado; pero durante el proceso he podido notar algo raro en éste órgano, algunos días me encontraba con manchas blancas dentro de la caja y otros no. Un día llegué probar esa mancha blanca y resultó ser una droga muy rara con sabor a naranja, por lo que decidí averiguar por qué se introducía droga dentro del órgano-explicó Mottram entonces.

Todos nos quedamos alucinados, de forma indirecta habíamos encontrado una nueva pista que nos llevaba hasta la red de circulación de droga de Guardado; Claude nos explicó que estaba usando la ciudad para almacenar el slash que no cabía en otras ciudades y lo tenía circulando continuamente para evitar a la policía. Pero por caprichos del destino, Paul conocía un enlace, el de la catedral; y para nosotros saber de éste enlace nos daba una enorme oportunidad.

  • ¿Os dáis cuenta de lo que significa esto? Podremos atacar a esta red de circulación de drogas desde aquí, con suerte hasta podríamos echarla abajo; y entonces, sólo entonces, podríamos hacer salir a Guardado-explicó Claude, muy excitado.
  • Ya, eso está muy bien, pero… ¿y Deadmau5?-inquirí, preocupado.
  • Lo encontraremos Sg, no temas…-me calmó Claude.
  • El comisario tiene razón, colega, deberías relejarte un poco… ¿una carrera? Porque hay carreras en esta ciudad ¿no?-inquirió Smoke, interesado.
  • Sí, sí hay carreras, pero ahora no es momento, Smoke-le dije.
  • Epa, epa, esperad un momento… ¿y qué pinta el obispo en todo esto?-inquirió Rick, extrañado.
  • Quizás sea el contacto de Guardado… siempre he notado algo raro en ese hombre-sugirió Paul.
  • ¿Entonces es el secuestrador de Deadmau5 o el contacto?-inquirió Toto, confusa.
  • No, a ver, un momento que nos liamos, Deadmau5 puede esperar, ahora tenemos que pensar en como hacer salir a Guardado dándole un golpe donde más le duela, tenemos uno de los puntos de la red, es nuestra oportunidad-insistió Claude.
  • ¡Y una mierda, no pienso dejar tirado a mi Dj favorito!-le espeté.
  • ¡No se trata de ti, sino de todos, coño!-me espetó, harto.
  • Claude tiene razón, Sg, esto es más importante, Deadmau5 puede esperar, ya verás como al final damos con él después de echar abajo esta red-me dijo Toto, con palabras consoladoras que sólo una mujer sabe usar.
  • Debemos preparar concienzudamente un buen ataque que eche abajo toda la red de circulación… señor Mottram ¿nos ayudará?-inquirió Claude.
  • Por supuesto, no puedo permitir que usen esta joya como si fuera un canal de distribución de droga. ¡Es imperdonable!-masculló el compositor.
  • Bien entonces, nos retiramos por ahora pero contactaremos con usted enseguida para comenzar con el golpe. Hasta la vista-se despidió Claude.
  • Espero su llamada-afirmó Paul, dándole la mano.

Yo me volví a casa con Smoke, un tanto preocupado por mi Dj favorito; esperaba que después de esto pudiéramos rescatarle, no me perdonaría si al final él también muriese. No, eso no pasaría. Jamás.


Capítulo 39 “Exclusividades y rivalidades”

Esa tarde Miley estaba libre, y daba gracias a Dios por ello; tras el concierto en la isla de la Felicidad estaba algo cansada y la venía bien un par de días de descanso. En cuanto terminó con esa única grabación que tenía para el día de hoy fue a ver a Spencer a su despacho, en el cual se encontraba con un chico que le era familiar.

  • ¡Miley, querida! ¡Adivina con quien estoy ahora mismo!-exclamó Spencer al verla, levantándose.

El chico se dio la vuelta y cruzaron miradas por un momento.

  • Tu cara me suena…-murmuró ella, insegura.
  • Debe ¿no? Me lo dicen mucho siempre… Keidran Jones, aunque la gente me conoce mejor como Iyaz ¿qué tal?-saludó él.
  • ¡Ya decía yo que me sonabas! Hola, yo soy…
  • Miley Cyrus, lo sé, se está hablando mucho de ti últimamente… y con toda la razón, he escuchado algunos temas y son bastante buenos-la alabó el chico.
  • Gracias-agradeció ella.
  • Justamente quería que os conocierais, Keidran ha venido para hacer un par de grabaciones y firmar un contrato interempresarial, pensé que os podría venir bien que dos estrellas como vosotros os conocierais-explicó Spencer, como quien no quiere la cosa.
  • No me vendas la moto, Spencer, que te conozco… quieres que saquemos un tema ¿verdad?-inquirió la chica, ceñuda.
  • Está claro que ya no puedo ocultarte nada, querida-murmuró el aludido, asintiendo con la cabeza.
  • Por mi de acuerdo ¿a ti que te parece, Keidran?-inquirió Miley.
  • Encantado de trabajar contigo, Miley… si quieres podemos trabajar sobre algo tuyo ¿qué te parece?-sugirió él.
  • Bien, de hecho tengo un tema inacabado el cual dejé a medias porque no me convencía… vamos a ello.

Dicho tema era uno en el cual estuvo pensando desde hace mucho tiempo, de hecho fue uno de los primeros temas que compuso; pero por alguna extraña razón la canción no terminaba de acabar como ella quería y por mucho que se esforzaba por darle un cuerpo consistente no lo conseguía. Por lo que la dejó aparte, pero no se olvidó de ella hasta ahora, la cual comenzaba a resonar en su cabeza de nuevo, sobre todo esos acordes que no la terminaban de encajar; una vez en el estudio la estuvieron revisando los dos, Keidran la escuchó unas cuantas veces antes de hacer un juicio de valor. Sin mediar palabra, comenzó a cantar a la vez que iba rellenando las notas faltantes en los antiguos pentagramas de Miley. Entre los dos fueron completando la canción, imprimiendo el estilo de ambos y combinándolos; Miley se olvidó de su cansancio y puso los cinco sentidos en la composición y no paró hasta dar con ella. Y curiosamente, esa sensación de aplomo e imposibilidad que sintió hace tanto tiempo cuando no podía acabar la canción, se convirtió en una iluminación que la ayudó a acabarla sin problemas; era como si la propia canción supiera que había llegado el momento de brillar, como si hubiera estado esperando a alguien que la ayudara a despegar. Finalmente, tras tres horas y media metidos en el estudio, la canción estuvo lista bajo el nombre de “Gonna get this”. Las grabaciones se guardaron y Spencer salió a recibirles.

Hannah Montana ft03:13

Hannah Montana ft. Iyaz- Gonna Get This This boy, That girl (With Lyrics on screen)

"Gonna get this", Miley Cyrus feat. Iyaz (N. del A: Cambiar mentalmente Hannah por Miley)

  • Gran trabajo como siempre querida, ya he enviado la canción a las emisoras, será emitida en breve-anunció.
  • Tan rápido y eficiente como siempre, Spencer… he de irme ya, he quedado para firmar esos contratos; encantado de haberte conocido, Miley-dijo Keidran.
  • Igualmente, Keidran, hablamos-se despidió ella.

Una vez que el chico se fue Miley fue a pedirle unos días de descanso a Spencer, pero éste se adelantó.

  • Sé lo que me vas a decir, querida.
  • No sé por qué, pero me parece que no vamos a coincidir, Spencer-murmuró ella.
  • ¿Y eso por qué, querida? Lo que quería decirte es que he organizado un nuevo concierto para el miércoles que viene-anunció entonces.
  • ¿¡Qué?! ¡¿Otro?!-musitó ella.
  • ¡Claro que sí! ¡El de la isla de la Felicidad fue un auténtico éxito, mucho mayor que el de Middle Park! Es por eso que ahora hay que aprovechar la ocasión, he oído que Jakestink Unbeliever planea llegar éste domingo para realizar un concierto privado en el que sólo unas pocas personas tendrán el… privilegio (ejem) de presenciarlo. Será entonces cuando le demos un zas en toda la boca a ese criajo con un concierto de precio reducido en las Liberty State Pavillion Towers-explicó Spencer.
  • ¿Ya estás otra vez con ese chico? No le sigas la corriente, sólo quiere provocarte… además, ya sabes que él me da igual-le recordó ella.
  • ¡Pero a mi no! ¿Vale? Te dejó como si fueras una vulgar cantante de pacotilla y no lo eres, ha sido un ataque en toda regla y a Derek Spencer no se le pasa por alto jamás-afirmó él, muy alterado de repente.
  • De todos modos, te quería pedir una cosa pero se me está ocurriendo algo-murmuró Miley, entre dientes.
  • ¿El qué?
  • Has montado ese nuevo concierto sin consultármelo primero, eso significa que es un método para arremeter contra Unbeliever con toda tu genialidad empresarial; yo ando algo cansada desde el concierto de la isla dela Felicidad, ya sabes que Unbeliever me la suda así que yo me podría negar perfectamente a hacerlo-empezó Miley a decir.
  • ¡No serías capaz! ¡Miley, por favor, entiendo que estés cansada pero necesito que hagas esto…!
  • ¿Por ti? Sí, seguro que ibas a decir eso-acabó ella la frase.
  • ¡Mira, ya sabes que lo mío con ese crío es algo personal, no puedo hacer oídos sordos a una declaración de guerra tan sonada! ¡Tú eres la que canta, sí, pero yo soy el que hace el resto, por lo que estamos en esto juntos!-musitó Spencer.

Miley puso cara de inflexibilidad y le miró por el rabillo del ojo mientras le daba un poco la espalda; por un momento se quedaron en esa pose, sosteniéndose la mirada, hasta que él captó la indirecta.

  • Está bien, está bien… ¿Te valen los tres días antes del concierto para descansar?-inquirió.
  • Y…
  • ¿¡Y?!
  • Y… una semana entera después del concierto-añadió ella.
  • ¿¡Qué?! Pe… pero… ¡está bien, está bien!-exclamó él, al ver que iba a irse.
  • ¿Ves como no es tan complicado? Hasta las estrellas necesitamos descansar de vez en cuando, Spencer-le dijo ella, con una sonrisita.

Y se fue de allí, dejando a Spencer con una cara de incredulidad asombrosa. Pasó el resto del día con Liam y para el domingo quedó con Lucy para estar todo el día con ella, ya que desde que había despegado apenas había hablado con ella; ésta se alegró mucho de volver a verla, ya que andaba algo cohibida por el éxito de su amiga, pero Miley no lo dio mucha importancia. Hablaron de todo, de su éxito incipiente, de sus sueños y demás; aunque Lucy habló bastante de alguien que no conocía y que según ella estaba triunfando allá por el lejano Japón.

  • ¡Me tiene atrapada, tía, estoy que no duermo, busco todos los días nuevos temas, me encanta, me en-can-ta!-explicó ella, toda alterada.
  • Ya, vale tía, ¿pero de quien hablas?-inquirió ella, extrañada.

En ese momento estaban paseando por el Cruce Estrella, esperaban a que el semáforo se pusiera en verde para cruzar la calle.

  • ¡Hatsune Miku, tía!-anunció.
  • Ah… y ¿cómo es?-inquirió Miley, curiosa.
  • Pues mira, tiene dieciséis años, mide 1,58, pesa 42 kilos, tiene el pelo tintado de azul, recogido en dos laaaargas coletas que le llegan hasta más allá de la cintura y sus ojos son de color aguamarina-explicó su amiga.
  • Vaya, por como lo pones tiene pinta de ser un personaje de anime-observó ella.
  • Sí y no… no es humana-anunció Lucy.
  • ¿¡Eh?!
  • Va, me dejo ya de misterio y te lo explico. En realidad es un personaje de Vocaloid, el software de sintetización de voz para canciones ¿te suena?
  • Pues no…
  • Bueno, pues es un programa de ordenador con el que puedes crear canciones y Miku es uno de los personajes que se pueden usar para intrepretarlas. Los usuarios que usan Vocaloid son los que crean los temas y es Miku la que los canta, desde su salida en el 2007 está teniendo bastante éxito y comienza a ser muy conocida. Y yo soy uno de sus tantos fans… a parte de ti, por supuesto-añadió Lucy, con una sonrisita.
  • Vaya, osea me estás diciendo que es un personaje virtual el que canta…-dijo Miley, para asegurarse de que lo había entendido.
  • Exacto-afirmó su amiga.
  • Ostras, pero eso es música a otro nivel según cómo lo estás planteando…-observó ella, asombrada.
Canyon Theatre-GTA IV

El teatro Canyon es uno de los tantos teatros ubicados en el Cruce Estrella y donde se unen el glamour y los precios elevados

En ese momento pasaron al lado del teatro Canyon, en el cual Miley vio de pasada que el cartel electrónico anunciaba: “Concierto privado de Jakestink Unbeliever; estado: terminado”. Fue al segundo siguiente cuando se chocó de frente con alguien, no llegó a caerse pero el golpe fue contundente; se le cayó su bolsa de deporte donde llevaba ropa para cambiarse cuando se tenía que quedar mucho tiempo en el estudio. Fue a recogerla, pero al levantar la vista vio contra quien se había dado, nada más y nada menos que con el propio Unbeliever, el cual al verla no reprimió su opinión.

  • ¡¡Tú!!
  • Sí, hola ¿qué tal?-inquirió ella, tratando de mantener las formas.
  • Joder, que puta suerte en serio, miles de sitios y personas en esta condenada ciudad y me tengo que chocar justamente contigo-la espetó, enfadado.

Miley no dijo nada, pero Lucy sí.

  • ¡Oye tú! ¿De qué vas, tío engreído?-inquirió ella.
  • No estoy hablando contigo-le espetó Unbeliever.

Fue entonces cuando Miley saltó.

  • Perdona tío, pero a mi amiga no la hablas así, eso lo primero. No sé que te pasa conmigo pero está claro que no te caigo bien, hasta ahora me has dado igual pero ¿sabes qué? Ahora me estás cayendo mal.
  • Anda, si resulta que hasta tiene labia. Déjalo bonita, que vas a quedar mal igualmente-dijo él, son sorna.

Miley dibujó una cara de asco en su cara y le espetó, rabiosa.

  • ¿¡Apenas te conozco y tú a mí y me hablas así?! ¿¡Y qué motivos tienes para atacarme de esa forma y poner a mi música a la altura del betún?! Porque si lo que quieres es comparar, adelante.
  • Mira tía, que sepas que yo estaba antes ¿de acuerdo? Lo mío es deformación profesional, pero tú sin embargo vienes aquí con toda tu chulería y humildad y te crees la nueva diva sólo porque Liberty Records te ha fichado así por las buenas. Si llega a ser otro sello no hubieras llegado ni al primer escalón y yo seguiría en mi amado primer puesto; pero no, claro. Sólo por tu cara bonita…-musitó él.

Miley se sentía arder, había ido demasiado lejos; ahora sí que entendía a Spencer. Quiso replicarle cuando una voz dijo.

  • Y será tu cara bonita de niño engreído la que peor acabará si no te largas cagando leches de aquí.

Liam miró a Jakestink con una cara que asustaba y el chico al final se retiró, cogiendo su bolsa del suelo.

  • Ya nos veremos… en las listas.

Y tras eso, se fue de allí.

  • Menos mal que has venido, Liam… estaba poniéndome de los nervios-musitó Miley, calmándose un poco.
  • Jakestink Unbeliever ¿verdad? Lo que dicen es cierto, es un completo subnormal-asintió el chico, mirándole desde la distancia.
  • Me ha puesto enferma hasta a mí-asintió Lucy con repulsividad.

Optaron por olvidar el asunto, por lo que Miley recogió su bolsa y siguieron hacia la torre Rotterdam, donde la dejó en su casillero; el resto del día lo pasaron bastante relajados y sin más sobresaltos. Aunque Miley pensó en el próximo concierto como en una especide de venganza para hacer callar a ese niño arrogante y con delirios de grandeza; quien ríe el último ríe mejor. Eso de seguro.


Capítulo 40 “Al ataque”

Estuvimos todo el santo fin de semana elaborando el plan para que saliera bien; sólo tendríamos una oportunidad, ya que en el caso de que todo se saliera de madre y Guardado se enterase de hasta los detalles ya no podríamos atacarle desde esa red de distribución, y puede que retirase hasta el último gramo de slash que circula por Liberty. Así que lo machacamos bien, repasamos los detalles varias veces, hicimos todo y más; gracias a la ayuda de Paul Mottram pudimos descubrir el recorrido de la red, el cual empezaba justamente en la propia catedral, de allí pasaba al interior de las Panoramic Towers, de allí se dirigía a un piso en los apartamentos de protección oficial en Northwood. Luego hacía una parada en el hotel de Castle Gardens, continuaba hasta la arquidiócesis local (sorpresa, sorpresa) y regresaba a la catedral. Paul optó por presionar un poco al obispo (que estaba claramente involucrado), pero nosotros no queríamos alertar al quizás cabecilla de la red, por lo que pensamos en otra cosa. Cada uno cogió uno de los puntos de ruta como puesto de vigilancia; yo escogí la catedral junto con Paul, Claude escogió las Panoramic Towers, Rick el piso en Northwood, Toto el hotel de Castle Gardens y Smoke la arquidiócesis. Todos estaríamos alerta esperando al enlace que moviese la droga, para interceptarle y parar el tránsito; luego todos nos pasaríamos la misiva de que la red se había detenido y sería justo entonces cuando entraríamos en los puntos de ruta para acabar con todos ellos a lo grande. Luego cogeríamos todo el slash y lo destruiríamos. Simple y sencillo, al menos visto teóricamente; prácticamente ya sería otra cosa. La misión comenzó por la mañana, Paul abrió la catedral mientras probaba el órgano y yo le acompañaba; hice migas con él enseguida puesto que soy un amante de la música de órgano, aparte de que es mi instrumento favorito.

Catedral Columbus GTA IV

La catedral de Colón es el punto de partida de la red...

  • No se trata de saberse al dedillo los teclados… que también, pero prima sobre todo la disposición a crear siempre algo nuevo, de separarse de lo meramente establecido y que sea el propio órgano el que te diga las teclas que has de tocar. Evidentemente es importante saber qué estamos tocando, por supuesto, ya que no queremos que los tubos se desafinen antes de tiempo-me explicaba Paul con todo detalle.
  • Pero supongo que no siempre hay que seguir un orden ya marcado… lo que quiero decir es que cuando tu improvisas, por ejemplo, la cosa cambia-supuse.
  • Por supuesto… mira, cuando tú improvisas…-dijo él, poniéndose a tocar los teclados aleatoriamente y soltando melodías dispares.
  • … no dispones de una partitura quen seguir o una base sobre la que asentarte. Se ha de intentar que, al tocar una pieza conocida, se pueda imprimir la misma soltura y sencillez que cuando se improvisa. Así se obtiene una pieza aún más interesante, tanto de escuchar como de tocar-terminó Paul la explicación, con un crescendo soberbio.
  • Ya veo… se nota que es todo un entendido, toca muy bien señor Mottram-le dije, asintiendo.
  • Gracias… me sorprende ver que todavía hay jóvenes que se interesen por estas cosas-murmuró el compositor, desactivando los registros que antes usó.

En ese momento apareció un hombre vestido de operario de limpieza, con cubos y botellas de limpieza.

  • Buenas, servicio de limpieza…-murmuró.
  • ¿Ahora? Suelen pasarse de noche…-observó Paul.

Yo le di un ligero pisotón en un pie para hacerle callar; tenía toda la pinta de ser nuestro hombre.

  • ¿Y por donde va a empezar?-inquirí.
  • Por dentro del órgano-anunció.
  • ¿No sería más fácil empezar por la balaustrada y el coro? Así ya tendría hecho el resto-sugerí como quien no quiere la cosa.
  • Tengo indicaciones de la arquidiócesis y mi empresa me paga por algo… ahora si me disculpan-murmuró el hombre, zafándose de nosotros.

Le dejamos hacer y durante el tiempo que estudo dentro hablamos entre nosotros.

  • ¿Crees que es el contacto que estamos buscando?-inquirió Paul.
  • Tiene toda la pinta… ahora cuando se vaya yo le seguiré, usted quédese aquí y compruebe el interior del órgano, si hay droga avíseme y yo iré a por él. Luego guárdela en un sito seguro y espérenos a todos aquí ¿de acuerdo?-indiqué.
  • Vale…

Al cabo de unos pocos minutos el hombre salió del órgano y se fue de la catedral; le concedí unos pocos segundos de diferencia y salí tras él al tiempo que Paul se metía dentro del órgano. El sospechoso cruzó la calle y tomó dirección hacia la estatua de Neptuno que había detrás del edificio Getalife; justo cuando pásabamos al lado de la estatua recibí la llamada que esperaba y cogí.

  • ¿Está en el bote?-inquirí.
  • Ya lo creo, hay cinco fardos y que pesan por lo menos 30 kilos-explicó.
  • Muy bien, ahora es cuando empieza la operación-dije antes de colgar.

El contacto me llevó hasta una furgoneta aparcada al lado del Comité de Civilizaciones, donde estuvo guardando el equipo de limpieza; aproveché que no había nadie por la calle y le abordé por la espalda, apuntándola a la nuca con mi arma.

  • Ahí quieto, capullín… se os acabó el chollo-le dije.
  • No tienes ni idea de lo que estás haciendo-me dijo sin volver la cabeza.
  • Oh, ya lo creo.

Y tras eso le arreé un culatazo en la cabeza, cayendo inconsciente en la parte de atrás del vehículo; le até y amordazé y me fui de allí en la furgo, justo después llamé a Claude.

  • Contacto neutralizado, pasa la misiva-dije.
  • Bien.

Y tras eso, colgó; encontré dentro de la furgo más fajos de slash en la guantera y dentro de la tapicería de los asientos, en total unos doce. Regresé a la catedral, donde dejé los fardos a buen recaudo junto con el resto y estuve tratando de sonsacarle algo al contacto, pero no soltaba ni prenda.



Claude colgó y se guardó el móvil, listo para la acción; sabía exactamente donde se pasaba la droga, por lo que no perdió mucho más tiempo y subió al piso 45. En un cuarto de mantemiento se encontró con un par de hombres, que al verle estuvieron a punto de sacar sus armas.

Panoramic Towers 01 GTA IV

... le sigue las Panoramic Towers, la sede la conocida empresa de electrónica...

  • Tranquilos, soy yo, traigo la mercancía-dijo él rápidamente.
  • Vaya, que rápido…-murmuró uno de ellos, relajándose.
  • Sí… aunque ahí afuera hay un ejecutivo que no ha parado de mirarme ¿te importa ir a echar un vistazo?-pidió Claude a uno de los hombres, el cual no puso inconveniente.

En cuanto salió del lugar, el otro se le acercó y dijo.

  • Muy bien, pásame la mercancía, nosotros nos encargamos desde aquí.
  • Claro que sí… toda tuya-murmuró Claude, sacando una porra de la bolsa que llevaba para aparentar y asestándole un fuerte golpe en la cara, dejándole KO.
  • A dormir…-murmuró.

Le ató de manos y piernas y luego le amordazó; una vez que estuvo neutralizado lo escondió dentro de un casillero y cerró con llave. El otro no tardó en regresar.

  • Eh, oye, ahí fuera no hay nadie…

Pero no pudo decir nada más, puesto que Claude le dio su ración de porra; como no había más sitio en los casilleros optó por una opción rápida y eficaz: tirándole por la rampa de la ropa sucia. Tras una caldera y varios tubos de refrigeración encontró un total de siete fardos de slash, los metió todos en la bolsa junto con la porra y se fue de allí aparentando normalidad; mientras se dirigía a la catedral llamó a Rick.

  • Red parada, las Panoramic Towers están limpias, seguid con lo planeado.
  • Oído cocina.




Rick se guardó el móvil y se puso manos a la obra; con una bolsa de deporte consigo, subió hasta el último piso en el edificio sureste de los tres que había, según había podido descubrir era en el apartamento 500, el cual tenía la puerta abierta. En cuanto puso un pie en el recibidor, oyó una voz grave exclamando.

Northwood

... después va uno de los pisos de protección oficial de Northwood, con los que el ayuntamiento se gastó sus fondos netos allá por los años 90...

  • ¡Mitch! ¿Eres tú?

Rick no respondió, ya que no estaba seguro de si hacerlo, por lo que el hombre salió enseguida a recibirle.

  • ¿Se puede saber que mosca te ha…? Eh, un momento, tú no eres Mitch…-observó.
  • Traigo la mercancía-dijo, alzando la bolsa.
  • Si, eso ya lo veo ¿pero dónde está Mitch?-inquirió él, insistente.
  • ¿Mitch? No ha podido venir-murmuró Rick.
  • ¿Y eso por qué? Siempre es él el que hace todo el recorrido-murmuró el hombre.
  • Es que anda enfermo-anunció Rick, sin mucha convicción.
  • ¿Pasa algo, Biff?-se oyó otra voz en el otro lado del piso.
  • ¡Aquí hay un pavo que dice que Mitch no ha podido venir, esto es muy raro, Cliff-explicó Biff.
  • Je, Mitch, Cliff, Biff… parece que vuestras madres se pusieron de acuerdo…-murmuró Rick, divertido.
  • ¿Te hace gracia, maldito paleto? ¡Pues más gracia te va a hacer cuando te diga que Mitch habló conmigo esta mañana y me dijo que vendría! ¡A por él, joder!-masculló Cliff, sacando una escopeta de corredera.

Rick se apartó a tiempo y los perdigones hicieron marcas en el marco de la puerta; fue a sacar su arma, cuano oyó el sonido de algo metálico botando en el suelo y una granada se plantó justo a su lado.

  • ¡Mierda!-musitó Rick, dándola una rápida patada instintivamente.

La granada salió volando y justo cuando cruzaba por la puerta que daba al salón hizo explosión, retumbando toda la planta y desencajando la puerta de sus goznes; oyó entonces el sonido de cristales rompiéndose y un prolongado grito cayendo hacia el vacío. Entró en el lugar, parte del salón estaba medio destrozado y con una mancha negra, lugar de la explosión; la ventana estaba rota, Cliff no estaba y Biff se encontraba tirado en el sofá, con un brazo sangrante y los oídos reventados, musitando de dolor. Rick se acercó a la ventana y vio a Cliff estampado contra el suelo, junto a su arma; se acercó al dolorido Biff, el cual parecía que estaba colapsando, pero sólo se desmayó.

  • Por eso prefiero las bombas lapa-pensó Rick, dejándolo ahí.

Registró todo el piso, encontrando un total de quince fardos que se guardó; no tardó mucho más y abandonó el lugar antes de que la policía hiciese acto de presencia. Antes de tomar un taxi que le acercara a la catedral, llamó a Toto.

  • Los pisos de protección oficial de Northwood están limpios, que no pare la cosa.
  • Muy bien.



Toto colgó la llamada y no perdió más tiempo; haciendo antes una comprobación exhaustiva pudo interceptar el lugar exacto, la habitación 323. Se vistió adecuadamente y llamó a la puerta, abrió un hombre moreno y de facciones rectas.

CastleGardenHotelIV

... pasa por el hotel de Castle Gardens, un austero pero transitado hotel...

  • Servicio de habitaciones-indicó ella.
  • No hemos pedido nada-dijo el hombre secamente.
  • Pero yo sí-anunció ella.

Acto seguido le lanzó el carrito que llevaba consigo, empujándole hacia atrás; cerró la puerta tras de sí a velocidad record y se sacó una pistola con silenciador del cinto del uniforme, disparando dos veces al pecho del hombre. Otro apareció tras unas cortinas que separaban el recibidor del salón-dormitorio, pero ella fue mucho más rápida y le disparó tres veces, haciéndole trastabillar hacia atrás y finalmente cayendo de espaldas en la cama, haciendo volar muchos billetes de dinero de una maleta que allí había.

  • He pedido un plato que sólo se sirve frío-musitó ella, con la mirada encendida.

Registró la habitación entera y encontró varios fardos en la maleta, bajo una generosa capa de billetes, otros más en el armario y unos pocos en el baño, tras el inodoro. En total unos catorce que se guardó en su carrito y salió de allí como si nada hubiera pasado; mientras se cambiaba, hizo la última llamada a Smoke.

  • El hotel de Castle Gardens está listo, termina tú con todo-indicó ella.
  • Entendido, amiga.




Smoke colgó con mucha parsimonia y entró en la arquidiócesis; al contrario de todos los demás apenas había pensado en una estrategia, él prefería improvisar sobre la marcha, como casi siempre cuando relizaba cualquier trabajito.

Centro Financiero

... y termina en el edificio de la Arquidiócesis local, en pleno Centro Financiero

Estuvo merodeando por el hall un buen rato, contempló algunas tallas que estaban de exposición hasta que se le ocurrió algo; colándose en unos vestidores que vio cerca, se acercó a unas sotanas colgadas y cogió un alzacuello, poniéndoselo. Acto seguido adquirió una expresión de paz interior y entró por la puerta en la que ponía “Members only”, saludando a todos con los que se cruzaba; al menos ya tenía un motivo para llamar hermano a alguien.

  • Dios os bendiga, a los dos… buen día, hermano… hola, hermana-decía siempre.

Como si tuviera una especie de presentimiento o la divina providencia le guiara, llegó hasta una pequeña capilla, que en ese momento estaba vacía; bajo los bancos encontró varios fardos pegados a la madera con celofan y luego se dirigió hasta el sagrario empotrado, nada más abrirlo vio un par de fardos más que cogio sin demora.

  • El cuerpo de Cristo…-murmuró él, con voz mística.

Guardó los fardos en una bolsa de la compra de un 24/7 que encontró en la basura y salió de allí con la misma expresión de serenidad en la cara; acto seguido subió hasta el último piso, donde buscó hasta encontrar el despacho del señor Holiness, en el que entró sin llamar siquiera. El obispo se encontraba en ese momento hablando por teléfono, al verle le miró con mala cara.

  • ¿Cómo se atreve a entrar así en mi despacho?-le espetó.
  • Hermano… estamos tocados por los dedos del Señor-murmuró Smoke, cogiendo el auricular y dejándolo en su sitio, lo que dejó estupefacto a Holiness.
  • ¿Perdón?-inquirió él, alucinado.
  • Sí, así es, he visto la luz, hermano, estamos iluminados por la gracia del Señor-afirmó Smoke, con mucha tranquilidad.
  • Fuera de mi despacho-le dijo Holiness, con la mirada encendida.
  • Todo es como los cúmulos y cirrocúmulos que flotan por el cielo, Dios está en ellos y viaja por todo el mundo sobre ellos. Es maravilloso-siguió Smoke, metiéndose en el papel.
  • Usted no está en sus cabales, señor mío…-musitó Holiness.
  • Sí, claro que sí, ahora que he visto la luz estoy más vivo que nunca. Las nubes son como la nata de las fresas o el azúcar glaseado… o como la nieve. La misma que he visto aquí hoy y ahora-asintió Smoke, alzando la bolsa.
  • Estoy perdiendo un tiempo valiosísimo, señor mío… salga ahora mismo de mi despacho o llamo a seguridad…-avisó Holiness, con la vena de la frente palpitándole.
  • Es esa dulce y suave nieve, fría al contacto y calurosa para el espíritu… aquí la tiene, hermano, usted también debe de probar tan exquisita nieve-anunció Smoke, volcando el contenido de la bolsa en la mesa.

Holiness palideció al ver los fardos, los miró fijamente como si no estuviera seguro de que estaban allí, delante de sus narices, y luego miró a Smoke.

  • ¡¿Cómo, donde…?! ¿¡Quién es usted?!-musitó el obispo.
  • ¿Yo? Yo… soy yo-anunció Smoke.

Holiness se quedó con la cara totalmente blanca.

  • ¡Está usted loco!-exclamó, levantándose de la silla.
  • Jean-Paul… has sido un chico muy malo. Yo lo sé todo, Jean-Paul… no puedes ocultarme nada…-musitó Smoke, poniendo una voz muy mística y cuasidivina.
  • ¡¡No, no, es usted un loco de atar, tú no existes…!! ¡¡Quiero decir, sí, pero… no es posible!!-musitó, muerto de miedo de repente.
  • Yo soy yo… aquí me tienes, Jean-Paul… puedes expiar tus pecados en presencia de mi misericordiosa persona. Porque todos los mortales pecáis… cuéntamelo todo, Jean-Paul, y quizás pueda perdonarte. Quizás puedas verme en mi aspecto original y gozar a mi lado en el paraíso-musitó Smoke, enalteciendo su figura con cada palabra que decía.

Holiness estaba tan blanco que parecía que le iba a dar un ataque; sin embargo se dejó caer al suelo, hecho un mar de lágrimas.

  • El maligno… fue el maligno, mi señor… me embaucó en sus viles trampas y no pude dar marcha atrás. El maligno… es terrible…-decía, llorando como un niño.
  • Lo sé, Jean-Paul… cuéntamelo todo para que pueda limpiar tu alma marchita-pidió Smoke, mirándole como un padre.
  • Parecía tan… tan… normal. Tan de a pié… no pude ver a través de su vil máscara con la que ocultaba su enorme maldad, no me dio a elegir, o le ayudaba con su sustancia endemoniada o echaba abajo mi carrera. Fue tan fugaz, tan rápido, no me dio tiempo a pensar… yo… lo siento, Señor-musitó Holiness, arrodillándose ante él y besándole los zapatos.
  • Yo siempre perdono… y por lo tanto, estás libre de toda culpa, puedes ir en paz-le dijo Smoke, suavemente.
  • Muchas, muchísimas gracias Señor…-musitó Holiness de nuevo, mirándole con cara de niño feliz.
  • Ahora he de irme, Jean-Paul… recuerda no pecar más, rompe lazos con el maligno y no te acerques más a él-indicó Smoke.
  • Por supuesto, Señor, por supuesto-afirmó el obispo, asintiendo con la cabeza.
  • Me llevaré la sustancia endemoniada, yo la destruiré para sí evitar que caigas en su tentación-añadió Smoke, recogiendo los fardos.
  • ¡Oh, sí, hágalo Señor, que arda en el fuego purificador!-masculló Holiness.
  • Y ahora… hasta más ver, Jean-Paul… adiós-murmuró él.

Pero el obispo le paró antes de que se fuera.

  • ¡Mi señor, un momento! Le… ¿le volveré a ver alguna vez?-inquirió.
  • Alguna vez… quizás cuando mueras, estando conmigo en el paraíso-asintió Smoke, con mirada tranquilizadora.

Holiness se quedó con cara de haber recibido un regalo divino y se quedó en el suelo con cara de niño feliz; Smoke se fue de allí con una gran sonrisa en los labios y se dirigió a la catedral sin más demora.



Estábamos todos, sólo faltaba Smoke y Paul nos entretenía tocando algo movidito en el órgano; fue justo después cuando llegó, llevaba la droga en una bolsa del 24/7.

  • Has tardado… ¿se puso fea la cosa?-inquirí al verle.
  • Qué va, tendríais que haber visto al obispo, ahora se cree tocado por la gracia divina-explicó él, con una amplia sonrisita.
  • ¿Y eso?-inquirió Rick.
  • Me hice pasar por el Altísimo ante él y cuantas más paridas decía más se lo creía, fue todo un espectáculo, para grabarlo en vídeo y colgarlo en youtube-explicó Smoke, con cara de actor.
  • ¿Qué dices?-musité, alucinado.
  • Lo que oyes, está en una nube ahora mismo… bueno, aquí está el resto-añadió él, sacando los fardos.

Entre todos conseguimos un total de 55 fardos, que serían aproximadamente unos cuantos y abundantes kilos de slash; del contacto que antes apresé no obtuvimos nada, ni siquiera soltó prenda después de que Toto tratara de convencerle a su manera: cogiéndole de los huevos, literalmente.

  • ¿Me vas a decir lo que queremos saber de una vez?-decía ella, con voz queda.
  • No hay nada que saber, apenas comprendéis lo que acabáis de hacer, os espera el dolor más profundo-aseguraba el contacto con un hilillo de voz.
  • ¡¡Mira, justamente lo mismo que ahora estás recibiendo!!-musitó ella, apretando.

El pobre hombre puso cara de ardor de estómago y musitó con voz de pitufo.

  • No haréis nada así…

A nosotros nos dolía sólo con verle y Rick comentó.

  • Jo macho, más te vale no cabrearla demasiado de ahora en adelante… los amores matan, y nunca mejor dicho.
  • ¿¡Quieres callarte?!-le espetó Claude, algo colorado.
  • ¡Anda, qué calladito te lo tenías!-murmuré, dándole un toque en el codo.
  • ¡No sé de qué me habláis, iros a paseo!-nos espetó el ex comisario.
  • Lo cierto es que es una mujer con carácter… eso y su aspecto la hacen una bomba de relojería, te aconsejo que vayas con pies de plomo, amigo-dijo Smoke.
  • ¡Iros un poco a la mierda!-musitó Claude.

Finalmente optamos por dejarle en el cruce del metro que hay a la altura de Lancet; luego dejamos toda la droga en la furgo y acto seguido nos deshicimos de ella tirando el vehículo con el slash dentro al Humboldt.

  • Listos, después de semejante pérdida no tendrá otra que asomar la nariz… y en cuanto lo haga, será nuestro-aseguró Claude.
  • Discrepo, ex comisario…-pensó una sombra, agazapada tras un árbol en Northwood.

Les observó irse y una vez solo hizo una llamada.

  • ¿Y bien?-inquirió una voz al otro lado.
  • Han echado abajo una de las tantas redes de droga en la ciudad, creen que haciendo eso le harán salir… jamás había visto a unos tipos tan ilusos…-explicó el hmbre.
  • Ay, es lo que tiene la ignorancia… aunque también nos podría venir bien que asomase la nariz, ahora que está avisado nosotros también podemos jugar nuestras cartas. Lo haré salir, van a necesitar un apoyo así que estate preparado, Kombat-indicó la voz.
  • Sí, señor… he pensado en hacerme ver si les hecho una mano con el asunto del Dj secuestrado, creo que es una buena opción-explicó el tal Kombat.
  • Me parece bien, te enviaré todo lo que sepa. Buena suerte, Kombat, la necesitarás-aseguró la voz.
  • Gracias, jefe-añadió él antes de colgar.


Capítulo 41 “Planes de emergencia”

Star Plaza Hotel GTA IV

El Hotel The Star Plaza es uno de los tantos hoteles de lujo en todo el Cruce Estrella

La mañana del martes amaneció algo nublada y con un ligero descenso de las temperaturas; Jakestink Unbeliever se encontraba aún en la ciudad, por él ya se hubiera ido pero sin saber con certeza el por qué había decidido prolongar un poco más su estancia en la ciudad que nunca duerme. En ese momento se encontraba en su habitación en el Hotel The Star Plaza, con los ánimos muy caldeados, y no era para menos; le habían subido la prensa como él bien pidió y le trajeron el Liberty Tree, justamente con una foto bien grande de Miley Cyrus en portada, anunciando un nuevo concierto para mañana mismo en las Liberty State Pavillion Towers, a precio reducido por una buena causa, ya que el 30% de los beneficios serían para obras de caridad. Ahora el periódico era un montón de papeles medio rotos y arrugados en la papelera y sus nervios estaban a flor de piel.

  • Esa niñata… esto es la guerra, la puta guerra…-pensaba, ardiendo de rabia.

Trató de distraerse viendo el programa Venturas Poker Challenge en la tele, pero eso no apagó sus ansias de desbancarla; su odio comenzaba a tomar un cariz peligroso y a convertirse en un deseo irrefrenable de quitarla del medio de cualquier forma posible. En ese momento llamaron a la puerta y fue a paso limpio hasta ella, gritando.

  • ¡¡No quiero que nadie me…!!

Pero tuvo que parar de golpe al ver de quien se trataba; otra vez él, aquel individuo…

  • Tú…-musitó, con tono asustado.
  • Hola Unbeliever…-saludó el hombre.

Jakestink se apartó de él como si fuera un apestado y el hombre cerró la puerta tras de sí.

  • ¿Qué… qué haces aquí?-inquirió él.
  • Tenemos un problema con una de nuestras redes, hemos perdido más de cuarenta kilos… necesitamos de tu alijo de emergencia que bien dispusimos en aquel trato-explicó el hombre, atravesándolo con la mirada.
  • Maldigo aquel día y a todos vosotros-musitó Jakestink, muerto de miedo.
  • Sí, y por desgracia no tienes elección… sabes muy bien lo metódico que és y que no quiere ni un solo fallo. Dame el alijo y me iré ya-indicó el hombre.
  • Está bien, espera aquí.

Se coló en el vestidor y al poco rato salió de él con una bolsa de deporte.

  • Aquí está… y ahora desapareced de mi vida-le espetó.
  • Eso no va a ser posible… al menos de momento. Voy a comprobar la carga-anunció, abriendo la cremallera.

Jakestink se apartó hacia la ventana y estuvo mirando por ella, como si el simple hecho de hacerlo le ayudara a escapar de esa pesadilla; pero ésta no hizo más que acentuarse cuando notó el frío metal de una pistola en su nuca.

  • ¿A qué estás jugando?-musitó el hombre, con la voz tomada.
  • ¿Qué cojones pasa?-inquirió él.
  • Eso debería preguntártelo yo ¿no te parece? ¡¿Dónde está el alijo que te confiamos?!-inquirió el hombre, con la mirada encendida.
  • ¡En la bolsa, joder!-musitó el chico.
  • ¡¿Ah, sí?! ¡¿En la bolsa, en la bolsa?!-repitió el hombre, lanzándole el contenido: ropa de chica que suya no era.
  • ¡¡O una de dos: o quieres jodernos, cosa que no te saldrá, o es que los rumores son ciertos y eres una puta loca!!-le espetó el hombre, apuntándole con el arma.
  • ¡¡Esto no es mío!!-chilló Jakestink como una niña.
  • ¡¡No te lo voy a preguntar más!! ¿¡Dónde está el alijo?!-musitó el hombre, a punto de disparar.

Jakestink estaba demasiado asustado como para reaccionar, pero por un momento se puso a rememorar aquel fin de semana; un sábado tranquilo, preparando el concierto privado, el domingo se encontró con su odiosa enemiga… entonces lo vio claro. Ella también llevaba una bolsa de deporte muy similar y a los dos se le cayeron en el momento en que chocaron.

  • Miley Cyrus…-musitó él con un hilillo de voz.
  • ¿¡Cómo?!
  • Mi… Miley Cyrus… ella… ella me la quitó…-tartamudeó.

Los dos se miraron fijamente por unos segundos y finalmente el hombre bajó el arma.

  • Más te vale que sea así… ¿dónde podemos encontrarla?-inquirió.
  • Ma… mañana hará un concierto en las Liberty State Pavillion Towers… a… a eso de las siete de la tarde-explicó él a trompicones todo lo que sabía.

El hombre guardó el arma sin dejar de mirarle y dijo.

  • Lo comprobaremos… si es verdad, ella lo pagará y tú te librarás. Pero si no… ninguno de los dos volveréis a cantar.

Jakestink se dejó caer al suelo, aún con el miedo en el cuerpo; el hombre se fue de allí, dejando al chico pensando en varias posibilidades. La bolsa tenía que tenerla ella, eso seguro; y como era seguro, ella moriría y él seguiría viviendo. Y así podrá recuperar el primer puesto en las listas.

  • Ya no podrás cantar si estás muerta…-musitó él, con la mirada perdida.

Y se quedó así toda la mañana.


Capítulo 42 “Meowingtons hax free”

Castle Garden City

En Castle Garden City hay un extenso paseo, perfecto para las reuniones privadas

La red ya estaba inoperativa, pero Guardado no daba señales de vida; quedamos todos en el paseo de Castle Garden City para hablar del asunto, se suponía que ya estábamos a punto de cazarlo, pero el momento de echarse encima de él no llegaba.

  • ¿Habremos hecho algo mal?-inquirió Rick, algo indeciso.
  • Todo salió como lo planeamos, así que mal no puede haber salido-supuso Smoke.
  • Igual no es suficiente como para hacer salir a Guardado-supuso Toto.
  • Ya, pero en ese caso ¿cómo vamos a hacer para encontrar el resto de redes? Sólo sabíamos acerca de esta y por pura chiripa-recordé yo, algo contrariado.

Nos quedamos todos en silencio, pensando en algo que hiciera salir a ese maldito narcotraficante; pero en ese momento oímos una voz que nos dijo.

  • Si lo que queréis es hacerle salir difícilmente haréis nada así.

Nos dimos la vuelta y vimos a un chico de más o menos nuestra edad, de mirada arrolladora y porte imponente.

  • ¿Quién eres tú?-inquirió Claude, extrañado.
  • Eso ahora no importa, más bien debería importaros los hechos en sí… y lo que habéis hecho también-añadió, poniendo tonito misterioso.
  • Si no nos dices quien eres me temo que vamos a tener un grave problema contigo-murmuró Claude, sin rodeos.

Sin embargo el chico sonrió levemente y siguió a lo suyo.

  • A ver, pensad por un momento; Santos Guardado, narcotraficante en potencia y por el que mucho de vosotros le teneis jurada venganza… no es precisamente el mejor concepto para entender la situación-murmuró el chico.
  • ¿A dónde quieres ir a parar?-inquirí yo de golpe.

El chico me miró de forma fuugaz y murmuró.

  • Veréis, el tipo se cree un genio ¿vale? Piensa que está por encima de todos los mortales y que nada ni nadie puede tocarle, por eso no ha salido jamás de Colombia-anunció él.
  • ¿¡Cómo?!-soltamos todos.
  • Pero… pero mi maestro aseguró que lo vio-recordé.
  • Y además, Toto y yo le oímos, estuvimos hablando con él-aseguró Claude con rotundidad.
  • Sí, y una vez me llamó al móvil-añadió ella.
  • Nada, ninguna de esas voces que habéis oído corresponden a Santos Guardado, usa a sus hombres para que hablen por él y a veces les da indicaciones para que muestren personalidades opuestas para confundir a las autoridades y para que piensen que posee personalidad múltiple. Pero nada de eso es así, es sólo una persona obcecada en tener más y más poder-explicó el chico.
  • Qué cantidad de información… ¿FIB, CIA, DEA?-inquirí de golpe
  • ¿Cómo dices?-inquirió Rick, extrañado.
  • Sg tiene razón, maneja demasiada información para ser alguien corriente… tiene que ser al menos de la CIA-supuso Claude.

El chico rió por lo bajo y finalmente dijo.

  • Está bien, está bien… si, teneis razón, trabajo para una agencia del gobierno, pero eso os lo puedo omitir al menos para vosotros. Agente Kombatgaby, encantado-se presentó y todo.
  • Muy bien, agente Kombatgaby… ¿o le podemos llamar Gaby a secas?-inquirí, con sorna.
  • Deja ahora, Sg… y dinos ¿Cuál es la situación en cuanto a Santos Guardado? ¿Crees que podrias hacerle salir de Colombia?-inquirió Claude.
  • Creo que sí, aunque lo malo es que ni mis superiores ni yo estamos seguros de su aspecto. Pero sí, podemos hacerle salir y que venga aquí si eso es lo que queréis-afirmó Kombat.
  • Pues cuanto antes mejor-afirmó el ex comisario.
  • Déjamelo a mí… aunque Sg, tengo entendido que eres un gran fan de Deadmau5…-dijo él, cambiando de tema.
  • Pues sí-afirmé.
  • Pues resulta que hace poco me ha llegado la información de su paradero, lo mantienen oculto en un almacén ubicado en el Polígono Industrial, Bohan. ¿Queréis acompañarme y lo rescatamos?-sugirió el agente del gobierno.
  • Pues sí, mira-afirmé, con rotundidad.

Fuimos con él hasta el lugar especificado; durante todo el camino nos estuvo explicando como su departamento se fijó en Guardado y en todo lo que estaba preparando. No podían frenarle puesto que apenas había hecho nada delictivo fuera de su país y por aquel entonces su plan no había comenzado aún; fueron dos años después cuando comenzó a moverse y a llevar su nueva y potente droga a todos los lugares de EEUU, haciendo tratos con muchas mafias locales y regionales. Captaba a quien él consideraba útil, le daba igual quien fuera con tal de poder fortificar un poco más su amplia tapadera, políticos, famosillos de medio pelo, agentes de bolsa, señores de la inmobiliaria... no les daba ningún tipo de oportunidad para zafarse de él, una vez que alguien le había llamado la atención ese alguien no tenía más alternativa y si no hacía lo que él le imponía, lo mataba sin miramientos. Aunque su agencia no disponía de toda la información posible y sólo conocían algunos pocos de esos obligados contactos, entre ellos el obispo.

  • Es como una enorme y liosa telaraña…-comenté.
  • ¿Verdad? Es increíble lo que puede ser capaz la mente humana con tal de obtener un poco de poder… hemos llegado-avisó Kombat, parando al lado de varios almacenes adosados.
  • Vale, escuchad, necesito a alguien que cubra la salida trasera mientras el resto atacamos de frente; Claude y Toto, quedaos vigilando, el resto venios conmigo-indicó él.

No pusimos objeciones y le seguimos.

Mientras, Claude y Toto vigilaban la puerta trasera, todo estaba muy en calma.

  • Vaya, así que mi hermana ha muerto porque a una mente enferma se le ha antojado…-murmuró entonces ella.
  • No se trata sólo de eso-dijo él.
  • ¿Ah, no? ¿Entonces no pasa nada? ¿Es eso lo que quieres decir?-inquirió ella, dolida.
  • Claro que no…-murmuró Claude.
  • Bah, tú apenas lo entiendes, no tienes a nadie a quien proteger. Y sin embargo yo sí que tenía esa responsabilidad, pero no me ha servido de mucho; por mi culpa todo lo que me quedaba ya no está-musitó ella, con la voz tomada.
  • Te equivocas con eso de que no tengo a nadie que proteger… tengo motivos de sobra para no dejar que no le pase nada a gente que conozco, y eso incluye a todos los demás y a ti ¿sabes?-inquirió él.

Toto levantó la mirada, vio en sus ojos un destello de determinación.

  • Hasta ahora he conocido a tanta gente… también te he conocido a ti y tengo la suerte de haberlo hecho. Sería idiota si no protegiera al menos a la gente que me importa-añadió Claude, con tono serio.

Por un momento se sostuvieron la mirada; pero una refriega dentro del almacén les devolvió a la realidad, parecía que se estaba gestando una buena.

  • ¡A las cinco y media!
  • ¡Cuidado con los de arriba!
  • ¡Tangos a las doce en punto!
  • ¡Joder, mi pierna, mi puta pierna!

Trataron de abrir la puerta desde fuera, pero no pudieron; justo después oyeron una serie de pasos y la puerta se abrió de par en par, dos hombres llevaban a rastras al propio Deadmau5, que iba amordazado y atado de pies y manos.

  • ¡Mierda!-musitó el que llevaba al Dj, pero Claude fue más rápido y le pegó un tiro en el abdomen, soltando a su rehén y dándose en la cabeza con la barandilla. El otro se lanzó sobre Toto con una navaja, pero ella realizó una rápida y fugaz llave de kárate que sirvió para desarmarle y dejarle KO.
  • ¡Vaya, menuda llave!-la alagó él.
  • Sólo sé hacer esa…-dijo ella, sin mucho entusiasmo.

Desataron al Dj y Claude inquirió.

  • ¿Deadmau5?
  • ¡El mismo! ¡Menos mal, pensaba que nadie vendría!-musitó Joel.

En ese momento llegaron todos los demás y Sg, al ver a su ídolo, exclamó.

  • ¡¡Joel!! ¿¡Estás bien?!
  • ¡Sí, estoy bien, ahora sacadme de este agujero, por favor!-musitó.
  • ¡Claude, Sg, llevadlo al Hotel Überbrücker, es donde está su equipo! ¡Los demás seguidme, tenemos que despistar a los refuerzos!-indicó Kombat.
  • Ten cuidado…-pidió el ex comisario a Toto.
  • Qué perra esa de querer protegerme…-murmuró ella.


  • Perdona por llevarme a tu amorcito, pero tenemos prisa-le dije a Toto, algo apurado.
  • ¿¡Cómo que amorcito?!-gritó ella, pero yo ya estaba algo lejos.

Claude me taladró con la mirada mientras llevábamos a Joel lejos de allí.

  • ¡No me mires así, seguro que habéis estado haciendo cosas raras!-le dije, divertido.
  • ¿¡Cosas raras?! ¡¡Espero que sepas distinguir lo que significa eso!!-me espetó, algo molesto.

Encontramos un serrano aparcado cerca de allí, lo puenteé y salimos de allí cagando leches.

  • ¿Para qué te habían secuestrado, Joel?-inquirí.
  • ¡Apenas lo sé, mis secuestradores me decían que era una carta blanca que les podía venir bien, pero no entendía nada de lo que decían!-explicó el Dj.
  • Bien, te dejaremos en el hotel para que vuelvas con tu equipo, sal de la ciudad lo más rápido que puedas, no continues con tu tour hasta que nosotros te digamos, el tío que te ha secuestrado sigue suelto-dijo Claude.
  • ¡Menudo tour, colega, después de esto voy a tener que tomarme unas vacaciones!-musitó Joel.

Atravesamos esa parte de la ciudad rápidamente y le dejamos en el hotel; luego llamé a Rick.

  • ¿Dónde estáis?-inquirí.
  • ¡Huyendo por el Puente de la Bahía de Dukes, esos tipos no dejan de perseguirnos! ¡Joder, maldito peaje!-masculló Rick.
  • ¡Saltáoslo, no creo que el alcalde eche de menos cinco dólares menos!-le dije.
  • ¡Eso intento! ¡Necesitamos una manita por aquí!-masculló Rick, algo alterado.
  • ¡Vale, veremos lo que podemos hacer!-dije, antes de colgar.

Volvimos sobre nuestros pasos y nos dirigimos hacia Bulevar Dukes, donde los podríamos encontrar con bastantes probabilidades; una vez allí les vimos llegando desde el peaje del puente y seguidos por dos sentinel negros.

  • ¡Ahí están!-observé.
  • Tengo unas bombas lapa aquí, vamos a usarlas-anunció Claude, sacando unas cuantas.

Aceleré un poco más hasta alcanzarlos, Claude lanzó una primera bomba que acabó entre ellos y el primer sentinel que les perseguía; y sin más demora, detonó la bomba, haciendo explosión y alcanzando al primer sentinel, mandándolo a volar.

  • ¡Buen lanzamiento!-exclamé, dando la vuelta con el freno de mano.

El otro sentinel esquivó los restos de su caído compañero y aceleró, yo también aceleré y me puse a su nivel.

  • ¡Pásame una!-le pedí a Claude.

Aceleré un poco más hasta rebasarle un poco, acto seguido le lancé la bomba, la cual se quedó pegada a la carrocería trasera; la detoné y la explosión fue de alivio, el coche dio una voltereta completa en el aire y hacia delante, cayendo de morros sobre un taxi.

  • ¡Uauh, estas bombas lapa son lo más!-exclamé, alucinado, dando un volantazo para no darme de lleno contra ellos.
  • ¡Vale, ya está, volvamos a Algonquin!-indicó Kombat desde el coche donde ellos estaban, un Oracle azul.
Puente borough este

El puente de Borough Este es uno de los tantos que conecta los distritos de la ciudad entre unos y otros; es uno de los pocos que tiene peaje a mitad de trayecto

Me puse a la cabeza y fui directamente hacia allí por el puente de Borough Este, parando para el peaje y tomando el primer desvío que salía hacia Algonquin; un vez allí fuimos a un sitio apartado, y ese fue el parking de varios pisos que había en Purgatorio, nos dirigimos hacia el piso superior y ya allí estuvimos hablando.

  • Joel ya está a salvo-afirmé.
  • Bien, ya sólo queda hacer salir a Guardado, de eso dejádmelo a mí, en cuanto tenga algo os avisaré a todos-explicó Kombat.

El agente del gobierno se fue, dejándonos en el parking algo indecisos; al menos mi Dj favorito ya estaba a salvo y sólo faltaba que ese indeseable asomase su fea jeta y diera la cara por todo lo que había hecho hasta ahora. Lamentaría todo lo que ha hecho; eso por descontado.

Capítulo 43 “El conciertismo”

Cuiosamente, tanto el concierto de órganos en la catedral como el de Miley Cyrus en las Liberty State Pavillion Towers se darían a la misma hora, las siete; yo a esa hora me enontraba en casa, tomándome una copa y leyendo la prensa tranquilamente en mi sillón favorito. Justamente estaba leyendo aquel reportaje sobre el crimen organizado, donde salía mi entrevista y todo; así que ese tal Bigdadi seguía vivo… toda una suerte, la verdad.

  • Menudo cebollino…-murmuré por lo bajo, dando un sorbo.



Historia Oda a Liberty City-Interior de la catedral de Colón

El interior de la catedral es muy amplio y con espacio suficiente como para albergar a más de cien personas por lo menos

Pocos minutos antes de las siete, la gente ya comenzaba a llenar la catedral y a ocupar asientos para escuchar el concierto, Paul ultimaba detalles con Diane y todo estaba listo para empezar.

  • … y si eso yo me ocupo de los bajos y tú me sigues con este contralto de aquí… así conseguiremos una armonía polifónica entre los dos órganos-expuso Paul a la compositora.
  • Muy bien, pero has de tener cuidado con la escala porque está un poco subida, ¾ tiene muy poca tonada-observó ella.
  • Nada que no se pueda hacer con los registros-repuso Paul.

Como bien le pidió Diane, ella se ocuparía del órgano del coro mientras que él del de la Gran Galería, también había venido Lucius y estaría apoyando a Paul en todo lo que necesitara, así como con los registros o la intensidad del aire; Diane también tenía a un asistente con ella, así que todo estaba muy previsto. Paul vio al obispo entrando con el semblante algo bajo y con una cara algo larga, le extrañó un poco teniendo en cuenta la visita que tuvo el otro día; se sentó junto con el padre Peaceful ante el altar y él fue a saludarlo.

  • Señor Holiness, me alegro de verle hoy-le dijo.
  • Sí, yo también señor Mottram… yo también…-murmuró, con tono desesperanzado.
  • ¿Le ocurre algo?-inquirió el compositor.
  • Pronto no me ocurrirá nada más… ocúpese de lo que ha venido hacer, por favor-le pidió Holiness.

Paul se quedó muy extrañado por ese comentario, era como si temiera por algo… o por alguien.



Liberty State Pavillion Towers

Las Liberty State Pavillion Towers son reliquias vivas de la antigua feria mundial de 1964; junto con el Monoglobo son los mayores atractivos turísticos de Dukes y un acertado lugar para un concierto

Mientras tanto, a la misma hora, en las Liberty State Pavillion Towers había mucha expectación y muchos fans esperando a que Miley comenzara con su concierto; las gradas del antiguo circo estaban a rebosar y tuvieron que mover el escenario todo lo posible para que más gente pudiera ocupar la parte que quedaba libre de la arena. Miley ultimaba detalles con Spencer a la vez que los de maquillaje hacían lo propio.

  • Son tres horas y media previstas así que tendrás que tirar de antiguos temas también, aunque teniendo en cuenta el repertorio que tienes no creo que te suponga ningún problema-decía él.
  • Ya lo sé, Spencer, tienes que tomártelo con más calma, siempre que hacemos esto te pones igual de nervioso-le dijo ella, mientras cerraba los ojos para que la maquilladora le diese algo de colorete.
  • Lo sé, querida, lo sé… pero es que es extraño, tengo un mal presentimiento…-murmuró Spencer, indeciso.
  • Spencer… como siempre va a ser un éxito y subiré un poco más en las listas nacionales ¿qué puede salir mal?-inquirió ella.
  • Supongo que tienes razón…-asintió él.
  • Miley, todos los demás estamos listos-avisó Liam, guitarra en mano.
  • Ya casi estoy, dame un segundo-pidió ella.

En cuanto la terminaron de maquillar salió al escenario y saludó a todos sus fans.

Un rugido de aplusos y vítores resonaron por toda esa zona del enorme Meadows Park.

  • ¡Como todos bien sabéis éste concierto va a ser por una buena causa, por lo que vamos a disfrutarlo y a pasar un rato inolvidable! ¿Qué os parece?-inquirió ella.

Todo el mundo contesto un rotundo sí y ella no se hizo de rogar.

  • ¡Pues vamos allá! ¡When I look at you!

En cuanto la música comenzó a sonar, un hombre entró por una de las entradas del circo y se abrió paso entre el gentío hasta el escenario; uno de los chicos de seguridad le paró.

  • ¿A dónde va usted?
  • Hola, soy Billy Ray Cyrus, el padre de Miley, he venido a verla cantar…-murmuró él.
  • Sin autorización no puede pasar a la parte de atrás, lo siento-dijo el segurata.
  • Pero…-quiso inistir él, aunque en ese momento oyó una voz que dijo.
  • ¡Señor Cyrus, qué sorpresa!

Spencer se acercó a él e inquirió.

  • ¿qué hace usted aquí?
  • He venido a ver cantar a mi hija…-murmuró él.
  • Entonces venga conmigo, le haré sitio tras bastidores… avísame antes, copón-le espetó al segurata antes de irse.
  • Lo siento, señor-se disculpó éste.

Billy se colocó entre el escenario y bastidores y en ese momento vio a su hija cantando estupendamente; y por un momento le recordó a su mujer.

  • Se parece tanto a su madre… no la he dado el suficiente cariño-pensó él.

Y pretendía corregir eso a partir de ese día.



Antes de empezar, el padre Peaceful dijo unas palabras y el primero en empezar a tocar fue Diane; el órgano del coro entonó las pimeras notas de las obras completas para órgano de Buxtehude, luego le seguirían varias tocatas de Bach y acabarían con el concierto del Cuco y el Ruiseñor de Händel.

Buxtehude & Bruhns Organ Works,Ton Koopman02:06:06

Buxtehude & Bruhns Organ Works,Ton Koopman

"Trabajos completos para órgano", Dietrich Buxtehude

Paul seguía de cerca a Diane y apoyándola en todo momento; Lucius activaba los registros necesarios a tiempo para que Paul no perdiera tiempo. Pero mientas tocaba, aún le seguía repitiendo en la cabeza las palabras que Holiness le dijo antes de comenzar.

  • “Pronto no ocurrirá nada más”

Parecía que ya daba por sentado el resultado del concierto… a no ser que fuera otra cosa. Y fue entonces cuando a Paul le dió un terrible presentimiento, notó tal escalofrío recorriéndole la espalda que se descentró y le salió una nota mal.

  • Paul, cuidado, concéntrate-le dijo Lucius, desactivando dos registros para disimularlo.
  • Lo… lo siento…-musitó él.
  • ¿Estás bien?-inquirió Lucius, al ver su cara.
  • No lo sé…-dijo él.

Santos Guardado… parecía que estaba allí y ahora. Pero de otra forma completamente distinta.



Reaccioné enseguida, ya que el susto fue de aúpa; cogí el móvil, era Claude.

  • ¿Notas eso?-inquirió él de golpe.
  • ¿A qué te refieres?-inquirí.
  • Un sensación de opresión, desde esta mañana… creo que ya está aquí, Sg-anunció él.
  • ¿Estás seguro? Igual son imaginaciones tuyas…-murmuré, no muy convencido.
  • Mi instinto policial me lo dice. Tenemos que vernos, ahora, estamos en Berchem, junto a una tienda de música -dijo.
  • Ah, pero espera un momento…-quise decir, pero ya había colgado.
  • Pues yo no noto nada…-murmuré, levantándome.

No perdí más tiempo y fui allí en mi premier, aparqué donde pude, porque estaba todo hasta arriba y le vi al lado de la puerta de la tienda junto con Toto.

  • ¿Cuál es el problema?-inquirí.
  • Ha estado aquí… sí, ha estado aquí-afirmó él, muy seguro de sí mismo.
  • ¿Guardado? No le veo pasándose de visita por una tienda de música…-murmuré, ceñudo.
  • No, no es por eso… es algo más-musitó Claude.

Le miré, con el semblante algo preocupado; le veía demasiado ansioso.

  • Oye Claude, deberías relajarte-le aconsejé.
  • ¿Relajarme, dices? Ahora no puedo permitirme tal lujo, necesito pensar…-musitó él.
  • Oye Claude ¿qué se supone que…?-quise decir, pero en ese momento me cortó su móvil. Alguien le llamaba.
  • Número desconocido…-anunció él, sin contestar aún.
  • ¿Y? seguro que es Whiz tratando de ofertarte el último modelo-supuse.

Claude me indicó que guardara silencio y cogió.

  • ¿Sí?
  • Hola, ClaudeGTA3… ya me he enterado, te han destituido de tu cargo, es una pena… el papel de poli chulo te quedaba tan bien…-murmuró una fría voz.
  • Hola, capullo… ¿te viene bien que quedemos para que pueda arrestarte?-inquirió él, rabioso.
  • Oh, no tan deprisa, ex comisario… primero me gustaría jugar a un juego, las adivinanzas, ya sabes, eso de pensar… de darle al coco-dijo la voz.
  • Ya, te encanta dar rodeos, eres tan metódico-musitó Claude.
  • ¿Verdad? En fin, no tengo todo la tarde, así que comenzaré con mi adivinanza, tienes que acertarla si lo que quieres es tener una audiencia conmigo más adelante. Aquí va: “Suenan a la par, pero ninguno de los dos se llegan a tocar, la bella y armoniosa melodía tan dispar. Desde la torre más alta cae una estrella fugaz sobre un espectáculo de luces y color, ve deprisa, no todos llevamos la misma camisa y sin estar demasiado ansioso yo también sé dar un tono muy belicoso. Ten en cuenta que la melodía activará un entramado sin igual, que por ventura nos hará volar hasta la más alta oscuridad.” A pensar…

Y tras ese poético mensaje, colgó, dejando a Claude algo desubicado.

  • ¿Qué te ha dicho?-inquirí.
  • Que quiere jugar… me ha recitado una adivinanza y quiere que la resuelva si queremos echarle el guante-anunció.

Nos la recitó de pe a pa, yo lo estuve rumiando un poco y hablé.

  • La primera frase se refiere al concierto de órganos que se está dando ahora mismo… esa parte es demasiado fácil.
  • Sí, pero… ¿y qué hay de la siguiente frase? No sé a qué se puede referir…-murmuró el ex comisario.
  • ¿La torre Rotterdam? El espectáculo de luces y color puede que sea el Cruce Estrella-sugirió Toto.
  • Puede, aunque… ¿qué significaría la estrella fugaz?-inquirí.

Nos quedamos en silencio, estudiando la situación; tras unos pocos segundos lo rompí comentando.

  • “Ve deprisa, no todos llevamos la misma camisa”… en cuanto a poseía le ha quedado de puta madre, pero no saco el sentido por ninguna parte.
  • Puede que esté para despistar… debemos considerar todas las opciones. Está ansioso pero no es muy belicoso, se contradice a sí mismo otra vez-murmuró Claude, apoyándose en su coche.
  • Personalidad múltiple… sí, la verdad es que lo consigue-afirmé, imitándole.
  • Aunque… puede que sea una pista que nos pueda ayudar a desvelar el sentido de la segunda frase ¿no os parece? Pensadlo, nombra una camisa, quizás sea una forma de decirnos que hay más de un hombre detrás. No sé, al menos yo lo veo así…-explicó Toto.
  • Sí, vale, un hombre ¿pero para qué?-inquirió Claude.

Yo apenas escuchaba, puesto que me estaba devanando los sesos tratando de sacar el sentido a la última frase; “La melodía activará un entramado sin igual”. ¿Qué querría significar ese tal entramado? Aunque ya tenía cierta idea por lo de “nos hará volar hasta la más alta oscuridad”, no estaba del todo seguro y tampoco quería precipitarme. ¿¡Qué diablos significaba?!

  • ¿Por qué creeis que hará referencia al concierto de órganos de hoy? Apenas hay nada que lo relacione con todo lo demás-murmuró Toto.
  • Yo no estaría tan seguro-anunció Claude.

Nosotros le miramos, extrañados.

  • No creas que me he descentrado, Sg; Paul te envió un programa del concierto en PDF ¿verdad?-me recordó.
  • Ah, sí, era por si al final iba, pero como me supuse ocupado por todo esto no llegué a mirármelo entero ¿por qué?-inquirí.
  • ¿Te acuerdas de cómo empezaba?
  • Pues a ver… comenzaban con los trabajos completos para órgano de Dietrich Buxtehude, luego tocarían varias cosas dispares de Bach… y no me acuerdo de más-dije, haciendo memoria.
  • ¿Recuerdas qué tocaban primero después de los trabajos de Buxtehude? La primera pieza de Bach ¿te acuerdas?-insistió él.
  • Pues a ver… creo que era… sí, su famosa Tocata y Fuga-recordé, chascando los dedos.



En ese justo momento, Paul acababa con los trabajos de Buxtehude; en cuanto los dos instrumentos enmudecieron, una ola de aplausos se extendió por toda la catedral, comenzarían con Bach y su Tocata y Fuga.

  • ¿Preparado?-inquirió Lucius, mientras accionaba registros.
  • Sí, Diane empezará con la primera tonada, ponme un par de graves-pidió él.

Lucius hizo lo que él le pidió y esperaron a que ella empezase; Paul aún tenía esa extraña sensación en el cuerpo, como de que algo ocurriría. Las primeras notas comenzaron a sonar desde el órgano del coro y él dispuso sus manos; pero justamente al terminar de sonar las primeras tres notas, Paul pudo percibirlo. Fue muy tenue, muy débil, pero él consiguió escucharlo; un pitido que, al parecer, nadie más escuchó, ni siquiera Diane.

  • ¿Qué ha sido eso?-se dijo, muy extrañado.

Sonó como un si muy sostenido, muy agudo, pero perceptible acústicamente hablando, al menos para él; y ni por asomo podría haber sido el órgano del coro.

  • ¡Paul, que te duermes, maldita sea!-musitó Lucius, tocando él la siguiente tonada.
  • Ah, yo… perdona…-dijo él, retomando el hilo.
  • ¿Qué demonios te ha pasado?-inquirió el afinador, extrañado por su comportamiento.
  • ¿No lo has oído?-inuirió Paul, continuando.
  • ¿El qué?
  • Como un si sostenido que se alzaba sobre las primeras tres notas… ha sido muy fugaz-explicó él.
  • ¿Si sostenido? No hay ningún si sostenido en las primeras notas de la tocata, Paul, y lo sabes-dijo Lucius.
  • Pero… demonios…-pensó él, molesto.

No saber que había sido eso le requemaba; y le daba una sensación de impotencia que no podía calmar.



  • ¿Conocéis vosotros las bombas auditivas?-inquirió Claude de golpe.
  • ¿Bombas qué?-dije yo, ceñudo.
  • ¿Eso existe?-murmuró Toto, extrañada.
  • Se supone que no, pero en los últimos reportes de terrorismo que la NOOSE nos envió… hablaban de un nuevo tipo de bomba que estaban desarrollando las células terroristas de los países de América Latina, una bomba provista de un sensor auditivo que hace detonar una bomba, o por defecto, hace saltar un temporizador para su posterior detonación. Según los informes era experimental y consiguieron la información de un campamento de la célula terrorista de Colombia que la Interpol pudo registrar, de eso hace ya dos años y medio-nos explicó Claude.
  • ¿Estás sugiriendo que Guardado la ha perfeccionado y ahora la ha usado?-musité, horrorizado.
  • Estoy sugiriendo que la ha plantado en el órgano y que ahora mismo está corriendo una cuenta atrás desde que se ha empoezado a tocar la tocata y fuga-concretó él, muy seriamente.

Toto y yo nos quedamos helados, si llegase a estallar sería un atentato terrorista tremendo y que no podíamos permitir de ninguna manera.

  • Oh, Dios, tengo que llamar a Paul…-musité, sacando el móvil y marcando su número.
  • Y nosotros movernos ya, al coche-indicó el ex comisario.

Mientras nos íbamos de Berchem, le estuve llamando, a la primera no me cogió, pero seguí insistiendo; aunque estuviera tocando tenía que cogerlo sí o sí, era cuestón de vida o muerte.

  • ¿Cuánto dura la tocata?-inquirió Claude, cambiando de marcha.
  • Unos nueve minutos y medio-dije, volviéndole a llamar.
  • Mierda, no nos va a dar tiempo a llegar por muy rápido que vayamos… ¿te coge o no te coge?-inquirió él, al verme todavía sin hablar.
  • ¡Tiene que cogerme sí o sí!-mascullé.



Paul no se había desconcentrado por los pelos porque sólo lo tenía en modo vibración, pero una tercera llamada ya comenzaba a tocar las narices, y bastante.

  • Joder, que pesada es la gente… coge tú, a ver qué quieren-indicó Paul, que en ese momento tenía las manos cruzadas tocando y además accionaba el pedalero a la vez.

Lucius respondió enseguida, hablando bajito.

  • ¿Sí?
  • ¡Paul, tenemos un grave problema, vas a tener que hacerlo si quieres seguir viviendo!-exclamó alguien al otro lado.
  • Perdón, Paul no puede ponerse en este momento, se encuentra tocando en un concierto-dijo Lucius, ignorando el histérico comentario.
  • ¡Ya lo sé, pero esto es urgentísimo, créame, es cuestión de vida o muerte, tengo que hablar con Paul sí o sí!-insistió la voz.
  • Pero…
  • ¡Dígale que Guardado les ha tendido una trampa!
  • Aún así…
  • ¡¡¡Dígaselo!!!-chilló la voz, como loca.

Como si el comentario desesperado le hubiese tocado la fibra sensible, se lo dijo a Paul, el cual palideció de golpe y prolongó varias notas de golpe sin proponérselo.

  • Oh, Dios bendito… ponme el móvil en la oreja, y prepárate para relevarme-indicó el compositor.
  • ¿¡Qué?!-musitó Lucius, sin creérselo.
  • ¡¡Que lo hagas!!-masculló Paul.

Lucius le obedeció y Paul inquirió.

  • Sg, ¿qué es lo que ocurre exactamente?
  • ¡Guardado ha puesto uan bomba en el órgano del coro que se ha activado en cuanto habéis empezado a tocar la tocata y fuga, la cuenta atrás durará lo que dura ésta, a nosotros no nos da tiempo a llegar, has de moverte tú si quieres salir vivo de ahí!
  • Oh, madre de Dios…-susurró Paul, horrorizado y sintiendo como un escalofrío le envolvía.
  • ¡Has de moverte ya, ve al órgano del coro!-insistió Sg.
  • Vale, te cuelgo y te llamo ahora-indicó él.
  • Venga, no tardes-pidió Sg antes de colgar.

Lucius colgó y en ese momento Paul indicó.

  • Vale, cuento hasta tres y te cambias por mí, siéntate a mi lado.
  • No entiendo nada, Paul-musitó Lucius.
  • Es mejor así, ahora hazlo, mi vida, la tuya y la de todos dependen de mí-anunció Paul.

Eso bastó para convencer a Lucius, el cual se puso en posición y en cuanto llegó a tres, el afinador pudo relevarle a la perfección, continuando él con la tocata; aprovechando que todo el mundo se encontraba como ido debido al gran sonido reinante, subió hasta el coro y entró en el interior del órgano sin que Diane le viera. Una vez dentro, llamó a Sg

  • Ya estoy aquí.
  • Bien, busca la bomba, debe de estar por algún lugar cerca de los tubos-indiqué, poniendo el altavoz.

Paul estuvo buscando, aguantando el sonido de los tubos retumbándole en los oídos; finalmente la encontró, entre los tubos más pequeños. La cuenta atrás ya estaba alrededor de los cuatro minutos y medio, y bajando.

  • Sólo quedan cuatro minutos…-musitó el compositor, muerto de miedo.
  • Vale, tranquilo, te voy a pasar con Claude que entiende de explosivos, él te va a ayudar ¿de acuerdo?-le dije.
  • Va… vale, pero que se de prisa-musitó Paul.
  • Hola Paul, a ver, antes que nada, mantén la calma-le aconsejó Claude.
  • ¿¡Cómo quieres que mantenga la calma teniendo una bomba delante de mis narices?!-musito el compositor, muy alterado.
  • Ya, pero es que tampoco podrás hacer gran cosa si estás tan alterado; respira hondo y dime que forma tiene la bomba-pidió Claude.
  • Pues… es cuadrada, del tamaño de una caja de zapatos aunque algo más grande; tiene un contador… 3 minutos y medio…-musitó Paul.
  • Bien, ignora la cuenta regresiva, ahora has de quitar la placa que hay debajo del contador ¿puedes?
  • Sí, si puedo, lo que no puedo es ignorar la cuenta regresiva…-musitó Paul, desmontando la placa y dejando a la vista las entrañas de la bomba.

Pero para su sorpresa se encontró con algo con lo que no se esperaría encontrar ni en todos los días de su vida.

  • Vamos no me jodas…
  • ¿Qué pasa, qué ves?-inquirió Claude.
  • Hay varios cables, pero es que el rojo tiene un notita en la que pone: “Córtame”-explicó Paul, sin creérselo.
  • Una trampa seguro-soltó Sg de golpe.
  • ¿Por qué Guardado es tan… tan… tan…?-inquirió Toto, incrédula.
  • A ver, calma, conociendo a Guardado lo más probable es que sea una evidente trampa… ¿qué más cables hay?
  • Pues verde, azul, amarillo, naranja fosforescente, añil, celeste…-observó Paul.
  • Naranja fosforescente…-repetí, alucinado.
  • Vale, tal y como nos lo ha dejado, vamos a tener que despejar por completo la mente ¿de acuerdo, Paul? Normalmente el amarillo es la toma de tierra mientras que el verde acciona elementos secundarios, así que vas a cortar el…

Pero en ese justo momento la conexión se cortó y no oyó nada más.

  • ¿Claude? ¡¿Claude?! Dios mío…-musitó Paul, horrorizado, viendo como sólo quedaban menos de dos minutos.



Tunel Booth

El túnel de Booth es otro enlace entre Algonquin y Alderney a parte del puente Chupetón; ¡la hora punta nunca fue tan intensa!

  • ¡Mierda, Claude! ¿¡Para qué cojones te vas por el túnel de Booth?!-le espeté, furioso.
  • ¡Es el que más ataja, quería acortar camino!-explicó.
  • ¡Pero si sabes perfectamente que no nos da tiempo a llegar! ¡Dios santo, como la catedral vuele en pedazos te mato!-musité.

Pero lo que más me preocupaba era Paul; se había quedado sin saber que cable cortar y sólo un milagro lo podía iluminar. Aunque en ese justo momento Claude soltó un alarido, como si le hubiera picado algo.

  • ¿Y ahora qué te pasa?-inquirí, extrañado.
  • ¡No es ninguna trampa!-anunció entonces.
  • ¿¡Cómo?!-soltamos Toto y yo a la vez.
  • ¡Pensadlo, en realidad es tan sencillo que hasta un niño podría sacarlo! ¡Guardado sabía desde el principio que no nos fiaríamos de él en ningún momento, y nosotros ya dábamos por sentado que no sería tan tonto, por eso pensamos inmediatamente en que era una trampa! ¡Se trata de hacernos creer lo contrario usando lo que nosotros creemos como verdad! ¡¡Dios!! ¿¡Cómo no se me ocurrió antes?!-musitó Claude, acelerando de sopetón.

Tanto ella como yo nos quedamos de una pieza y gratamente sorprendidos; a mí nunca se me habría ocurrido, la verdad, y aún no me explicaba como hacía para sacar una explicación coherente a lo más inexplicable. El único problema era que Paul no lo sabía, y como no hiciera caso a la notita, sanseacabó.



Por alguna extraña razón se había cortado la conexión, y por caprichos del destino, él no había cortado el cable exacto; faltaban pocos segundos para un minuto antes de la explosión y apenas podía pensar, temblaba de pies a cabeza y sudaba como un pollo, se sentía impotente y a cada segundo notaba como la muerte se echaba un poco más sobre él. Miró todos los cables por enésima vez, sólo resaltaba el rojo con la notita pegada; córtame, córtame… era un trampa. Una maldita trampa. Pero la misma cantinela se repetía en su cerebro una y otra vez; córtame, córtame… y todo habrá terminado. Después de todo, no le daría tiempo a Claude a decirle que cable cortar. Ya sólo quedaban cincuenta segundos, la tocata estaba a punto de acabar, al igual que todas sus vidas. Lucius, Diane, Peaceful, todos los inocentes presentes… estaba todo acabado.

  • Yo… sólo había venido a tocar el órgano…-pensó él, notando como los ojos se le empañaban.

Finalmente cerró los ojos y cortó el cable rojo, justo cuando sonaba la última nota de la tocata y el los últimos segundos corrían por la pantalla. Acto seguido no notó nada, hubo el más absoluto silencio, y después de eso, un ruido atronador; pero para su sorpresa él seguía vivo y el estruendo que oía eran los aplausos de la gente ante tal obra maestra. Miró la bomba, un segundo, se había parado en el último segundo. Quiso gritar de alegría, pero tuvo que contenerse, tenía que volver al órgano de la Gran Galería ahora que todos aplaudían tan de seguido; en ese justo momento le volvieron a llamar, era Claude.

  • ¿Paul?
  • Claude, lo he conseguido, lo he hecho-musito él, radiante de felicidad.
  • ¿Qué cable has cortado?-inquirió el ex comisario.
  • El rojo, el de la notita.
  • Gracias al cielo, menos mal; no era ninguna trampa, la trampa era el resto de cables-reveló Claude.
  • Pues de puta suerte, en serio, no tenía ni idea. Esto ya está, yo tengo que volver al órgano, si no hay nada más te dejo-anunció Paul.
  • Vale, hablamos, deja la bomba ahí como prueba-añadió Claude, antes de colgar.



  • Madre mía, recordaremos este día por siempre-murmuré, aliviadísimo.
  • Yo de ti no me relajaría, aún queda la otra parte de la adivinanza, lo de la estrella fugaz cayendo de lo más alto-recordó él, frenando ante un semáforo, justo enfrente del Cruce Estrella.
  • Joder, no hay ni un minuto de respiro con Guardado, ya no sé que pensar acerca de eso-musité, temporalmente en blanco tras semejante susto y presión en el cuerpo.

Toto iba muy callada, contemplando el paisaje que ofrecía el siempre abarrotado cruce; pero de golpe y porrazo soltó un gritito, Claude inquirió.

  • ¿Qué te pasa?
  • ¡Puede que sea una pista! ¡Mira, en ese panel!-inicó ella, señalando hacia delante.

Encima del cartel del Burger Shot había un panel electrónico en el que anunciaban el actual concierto de Miley Cyrus en las Liberty State Pavillion Towers con, además, una pequeña retransmisión en directo. Como ya comenzaba a anochecer habían encendido las luces y el antiguo circo era como un espectáculo de luces y color ante las altas figuras de la torres de observación.

  • ¿Qué os parece? Esas torres son las más altas fuera de Algonquin, podría ser perfectamente esas-argumentó la chica.
  • No, la torre más alta fuera de Algonquin es la torre LC24 y hay varios kilómetros de distancia entre ésa y las otras, no lo creo-negó Claude.
  • Pero es una pista notable, deberíamos ir a echar un vistazo igualmente-insitió ella.
  • No es una prueba cien por cien fiable, sólo es una teoría, no podemos atenernos a especulaciones-argumentó él, subiendo de marcha.
  • ¡No es una especulación, es una pista más! ¿Y qué hay de tu famosa pista del kiosco que todos pensábamos que no daba a ninguna parte? ¡Esto es lo mismo!-exclamó ella, algo molesta.
  • No es por llevarte la contraria, Claude, pero creo que tiene razón, deberíamos considerarlo-murmuré.
  • ¿Considerar qué, sólo una hipótesis sin base real? De eso nada-se negó él, en redondo.
  • ¿¡Quieres hacerme caso, detective de pacotilla?! ¡Tengo un presentimiento!-masculló Toto.
  • Las mujeres son expertas en eso, tío, deberíamos darla un poco de cancha, por si acaso-le dije por lo bajo, pero ella me oyó igualmente.
  • ¡Muy gracioso, Sg!
  • ¡¡Agh, callaos los dos, no vamos a ninguna parte, se acabó!!-musitó Claude, hartándose.



Ya llevaban un par de horas de concierto y tenía que prolongarlo una hora y media más, pero eso para Miley no suponía ningún problema; siempre que estaba en concierto se lo pasaba tan bien cantando con sus fans que el tiempo se le pasaba volando y al final terminaban sin que se diera cuenta. A veces hasta el propio Liam la tenía que decir que había que acabar para que ella comenzara a despedirse. Aunque sin que ella lo supiese, era observada por su padre entre bastidores, pensando en que tenía razón en todo lo que le había espetado ella durante tanto tiempo; apenas la había dedicado tiempo y ni siquiera se había molestado en fijarse en que su hija poseía un gran talento. Verla en el escenario, con esa cara de felicidad que hacía a todos igual de felices le hacía replantearse muchas cosas.

  • Cómo se parece a su madre-pensó Billy, con un atisbo de melancolía.

Quizás si Leticia no se hubiera ido tan pronto habría podido dedicarla mucho más tiempo, y ella hubiera crecido con una madre; ni siquiera la había visitado en sus conciertos hasta ahora. Y era entonces cuando se lamentaba de cuánto se había perdido con su hija; pero él había venido por una razón y con un nuevo objetivo en mente. Se acabó el beber diariamente y de dar tumbos por todo el distrito buscando un trabajo cualquiera; pasaría más tiempo con ella y se buscaría un empleo decente y estable. Y ésta vez nada de excusas ni nada precido.

  • ¡Me encanta, en serio, no hay nada mejor para un cantante que compartir sus sentimientos a través de la música y comunicarme con vosotros a través de ésta, es algo… especial! ¡Tan especial como vosotros!-exclamó Miley tras cantar “Liberty Walk”, un nuevo single.
Miley Cyrus - Liberty Walk04:07

Miley Cyrus - Liberty Walk

"Liberty Walk", Miley Cyrus

Los fans aplaudieron sus palabras, y se pudo oír entre el griterío general algunos comentarios que decían: “¡¡Te queremos, Miley!!”. Billy sonrió, su niña ya no era tan niña y lo acababa de demostrar; y eso sólo le dio más motivos para autoconvencerse a cambiar.


Mientras tanto, el assassin ya había terminado de montar su arma de cacería; todo ya estaba preparado, sólo faltaba fijar el objetivo. Desde donde estaba había un ángulo perfecto, imposible de fallar; él nunca cometia fallos y esa noche no sería una excepción. Rápido, cauteloso, silencioso y sobre todo eficaz. Y sólo para el mejor postor. Así que no perdió más el tiempo y se centró en la presa.



Tras ese ataque de sinceridad le indicó a Liam que empezara a tocar un solo bastante suave; moviéndose un poco, como si bailara un lento, anunció.

  • Hace tiempo compuse una canción dedicada a mi madre, la cual no llegué a conocer; y como bien la prometí, voy a incluirla en el siguiente álbum. Va para ti, mamá, donde quiera que estés.

En cuanto comenzó a cantarla, Billy pudo notar ese sentimiento de añoranza en ella y de no haberla llegado a conocer; también le hizo recordar a Letcia y todos los buenos momentos que pasaron juntos. Fue en ese justo momento cuando terminó de convencerse, cambiaría, sí o sí, se obligaría si fuera necesario; miró a su hija con una mirada llena de cariño y amor paterno, pero algo le llamó la atención, como una especie de punto rojo a la altura de su frente. Era como un láser, pero no había ningún láser en la iluminación; levantó la vista y lo siguió con la mirada, llevándolo hasta la torre de observación más alta. No se veía nada, pero un foco iluminó hacia arriba por un momento y lo vio: un francotirador. Apuntando a su hija.

  • No…-musitó.

No había tiempo, no sabía cuando iba a disparar, no sabía nada; sólo sabía con certeza que iba a dispararla. Y no lo permitiría. Echó a correr, ignorando todo; en cuanto estuvo a su lado, la cogió de la cabeza y la cubrió. Al segundo siguiente notó como la bala hacía fuerza sobre su espalda, rozándole la columna y perforándole las costillas; una serie de chillidos rasgaron la noche, pero sólo llegó a oír el grito de su hija.

  • ¡¡¡Papá!!!



  • Maldita sea-musitó el assassin.

Había fallado… ese papanatas se había interpuesto en el camino de la bala, por lo que sólo podía significar una cosa: le había visto. Y por lo tanto peligraba su invisibilidad, debía de retirarse si no quería ser descubierto. Pero para su infinita sorpresa un foco se encendió y vio un helicóptero ante él; una voz amplificada le dijo.

Maverick de la LCPD-GTA IV

La policía se mueve también por aire en helicópteros como éstos y hay algunas rutas aéreas programadas a modo de guardias; ¡tiemblen los cacos aéreos!

  • ¡¡LCPD, baje el arma ahora mismo!!
  • ¡¡¡No!!!-chilló el assassin en lo más hondo de su ser.
  • ¡¡Suerte que pasábamos por aquí, capullo, no tienes a donde ir, las torres están rodeadas, ríndete!!-le dijeron desde el aparato.

Se acercó ligeramente al hueco de las escaleras y pudo ver a varios agentes de seguridad subiendo todo lo rápido que podían; estaba atrapado. Y tenía órdenes muy claras si eso ocurría, por lo que no perdió más tiempo y se sacó una pequeña pistola de su bota; acto seguido se la puso en la boca y disparó.



Miley tardó un poco en comprender lo que había pasado; sólo cuando se manchó las manos y la ropa de sangre pudo comprenderlo.

  • Papá… papá… idiota-musito ella, con lágrimas en los ojos.
  • Miley, mi niña… no podía dejar que ese malnacido te hiciera daño. No a mi niña…-musitó Billy.
  • ¡¡Eres un capullo, joder!! ¡¡Un idiota, un imbécil!!-le eseptó ella, llorando.
  • Lo sé… no he sido un padre perfecto, la verdad. Fíjate tú que había venido a verte… que contratiempo-musitó él.

Gruesos goterones cayeron sobre Billy, mezclándose con su sangre, él quiso hablar pero ella le cortó.

  • No, no hables… ahora viene una ambulancia, te pondrás bien… has de estar vivo para que te eche la bronca…-musitó ella.
  • Claro que sí, sino no sería persona-afirmó Billy.

Ella se rió tontamente, olvidando por un momento que se moría en sus brazos; pero regresó a la realidad cuando Billy tosió flemas con sangre.

  • No… aguanta, papá, aguanta por favor… no me dejes sola…-sollozó ella.
  • Estoy… orgulloso de ti, hija. Cantas como los ángeles, y seguro que tu madre… estaría igual de orgullosa. Mi niña… mi niña…-musitó él, notando como la vida se le escapaba.
  • No… por favor… ¡¡una ambulancia!! ¿¡Qué pasa con esa maldita ambulancia?!-chilló ella.
  • ¡¡Ya viene, tranquila!!-exclamó Liam.
  • ¡¡No, no puedo estar tranquila, mi padre se… muere!!-gritó, con la voz quebrada.
  • Miley… mírame, mírame-pidió Billy.
  • Estoy aquí, papá, estoy aquí…-dijo ella, sosteniéndole la mirada.

Fue al segundo siguiente, Miley lo pudo ver perfectamente; el brillo de los ojos desvaneciéndose. La fuerza perdida. Le cerró los ojos y después lloró con todas sus fuerzas sobre su pecho. La ambulancia llegó justo después, ya inservible. Liam trató de separarla del cuerpo, pero era como si los hubieran pegado con cola; tras algo de insistencia consiguió apartarla y ella le abrazó con todas sus fuerzas. Ahora sí que estaba sola en el mundo.


Capítulo 44 “La caída de la estrella”

Claude dio un frenazo brusco, muy alterado, se apartó de la calzada, paró detrás de un cavalcade rojo y exclamó.

  • ¡¡Escuchadme los dos, no vamos a ninguna parte!! ¿¡De acuerdo?! ¡¡Y ahora vamos a relajarnos un poquito y pensar en la siguiente pista, por favor!!

Se hizo el silencio durante unos pocos segundos, silencio que fue interrumpido por la radio.

Weazelnews

Weazel News es un noticiero, perteneciente a la cadena Weazel, que da las noticias tanto en radio como en televisión

  • ¡Weazel News dando las verdaderas noticias! ¡Reporte de última hora, ha sido asesinado hace apenas unos pocos minutos el padre de la famosa cantante Miley Cyrus! La nueva estrella del pop estaba dando un nuevo concierto benéfico en las Liberty State Pavillion Towers, Dukes, cuando un francotirador no identificado la disparó, pero Billy Ray Cyrus, el padre, se interpuso a tiempo. El francotirador se suicidó en cuanto se vio rodeado por la policía y el concierto ha sido cancelado, la policía está investigando la tragedia. Más cosas, el uso masivo de feromonas en el mercado de la cirugía estética provoca hondos agujeros en los bolsillos de los contribuyentes que…

Justo en ese momento Toto le dio un collejón a Claude, el cual se quedó mirándola incrédulo.

  • ¿¡Qué te dije, capullo?! ¿¡eh?! ¿¡qué te dije?! ¡¡Estúpidos hombres!!-masculló ella.
  • ¿Lo ves, tío? A veces las mujeres tienen como un sexto sentido para este tipo de cosas-le dije, sin sorprenderme.

Claude no dijo nada, arrancó el motor de nuevo y nos encaminamos hacia el lugar sin cruzar ni una sola palabra; junto a la entrada este del parque, al lado de una gasolinera RON, había más de siete patrullas y un helicóptero de la policía había aterrizado justo al lado. Claude se dirIgió hacia allí con paso firme y arrollador, un tanto chulito.

  • ¡Comisario! Quiero decir…-murmuró un agente al verle, pero él le cortó.
  • Ahórrate los comentarios jocosos, Harry, todos lo sabemos.

El tal Harry nos dejó pasar y otro agente, Boby, nos llevó hasta el circo, donde un hombre alto, de facciones rectas y cara de palo hablaba con una Miley Cyrus destrozada; la acompañaba una mujer que la tapaba con una manta, tenía pinta de ser una psicóloga de la policía.

  • Me gustaría hacerla un par de preguntas, con eso será suficiente-dijo Claude con voz queda.

El hombre alto se dio la vuelta y en cuanto le vio esbozó una escéptica sonrisa.

  • Vaya, vaya; mira quién tenemos aquí, al rebelde número uno-murmuró.
  • ¿John Whitlekake, el capullo de la sección de tráfico?-inquirió Claude, incrédulo.
  • Sí, bueno, por aquellos tiempos no era precisamente el que más mandaba… pero resulta que ahora soy el comisario del distrito, tiene gracia ¿verdad?-dijo éste, divertido.
  • Pues sí, la verdad, Fittzsimons no tuvo que pensar mucho contigo, eso está claro. Siempre me pareciste un capullo, John, y me lo sigues pareciendo-anunció el ex comisario.
  • Vaya, que alegre e irónica coincidencia, tú a mí tampoco me caías lo que se dice bien…

Claude lo igoró y repitió.

  • Pues eso, sólo quiero hacerla un par de preguntas y me iré tranquilamente.
  • ¡Ja! Esto sí que es bueno, sabes perfectamente que no puedes estar aquí, con que llame a Fittzsimons y le exponga que andas por aquí husmeando estarás acabado-le recordó John, con poderío.
  • Adelante, no vengo buscando recuperar el puesto, quédatelo, ya no me interesa, voy a hacerme autónomo-anunció él, para sorpresa general, incluida la de Toto y mía.

John le miró de arriba abajo y se guardó el móvil.

  • Qué interesante, Holmes… ¿viene a darnos una lección de humildad? Qué bonito-murmuró con elocuencia.
  • Oh, sí, adoro la simplicidad-afirmó él, sonriendo.

Se mantuvieron la mirada durante unos eternos segundos y finalmente John dijo.

  • Boby, muestre al señor Claude donde está la salida.

El tal Boby se mostró algo inseguro y por un momento no se movió; John le miró y le espetó.

  • ¿¡A qué esperas?!

Claude le miró sin ningún tipo de mirada, Boby no parecía ceder; finalmente dijo.

  • Creo que el detective Claude no molesta en las pesquisas, señor, podemos dejarle estar.
  • ¿¡Cómo?! ¿¡Quién te crees que eres para respaldarle, eh?! ¡¡Yo soy ahora el comisario!!-le espetó John furioso.
  • Pues parezca que eres su dictador, capullo; yo nunca trataba a sí a mis chicos, y entre ellos estaba él. Es una cuestión de respeto ¿sabes?-le dijo Claude, remarcando la palabra respeto.

John se quedó muy callado y finalmente le dijo antes de irse.

  • Esto no quedará así.

Claude se acercó a Miley y la saludó.

  • Hola Miley ¿Cómo estás?
  • Bien… no, en realidad no… no sé-musitó ella.
  • Bueno, no quiero presionarte así que voy a hacerlo rápido ¿sabes de alguien que quisiera hacerte daño?-inquirió él.
  • No… quiero decir, no hay nadie, no entiendo por qué querrían… no lo sé…-musitó ella.
  • Vale… ¿te suena de algo el nombre de Santos Guardado?-inquirió él.

Miley negó con la cabeza, mirando al suelo; intercalamos unas rápidas miradas de extrañeza. Si nada tenía que ver con él ¿por qué había intentado matarla?

  • ¿Sabes sí… tu padre… tenía contactos con…?-quiso decir él, inseguro, pero ella le cortó.
  • ¡No lo sé, mi padre era un capullo, pero era mi padre! ¡Y yo… yo… usted no sabe lo que es perder a alguien querido, ni usted ni nadie…!-musitó, llorando de nuevo.
  • Te equivocas-dijo entonces Toto.

Todos la miramos, nadie dijo nada; Claude la miró.

  • Yo perdí a mi padre a los ocho años… pero no como tu, sólo nos abandonó a mi madre, mi hermana y a mí. Pocos años después mi madre murió de cáncer… y yo me quedé sola con mi hermana, a la que cuidé como una hija. Y ahora ella tampoco está conmigo… la mataron. Así que entiendo como te sientes; es duro, sí. Pero has de ser fuerte y seguir adelante, yo lo hecho, así que tú también podrás hacerlo-la dijo Toto, sentándose a su lado.

Miley parpadeó, dejando caer varia lágrimas.

  • Mi hermana era gran fan tuya ¿sabes? Le habría hecho ilusión saber que he hablado contigo. Sé fuerte, Miley-la dijo.

Tras eso la chica se echó a llorar de nuevo sobre el hombro de Toto, la cual la abrazó como una madre; Claude esperó pacientemente. Pero en ese momento volvió John con una bolsa de deporte, la cual tiró al suelo y dijo.

  • ¿Me puedes explicar que es esto?
  • Mi bolsa de deporte…-murmuró ella, secándose las lágrimas.
  • Sí, eso ya lo sé, yo me refería a esto-añadió él, abriendo la bolsa, la cual estaba hasta arriba de fardos de droga.

Claude se agachó y probó un poco, escupiéndolo inmediatamente.

  • Slash, sabe a macedonia-musitó.
  • ¡Eso no es mío!-musitó Miley, tan alucinada como el resto.
  • ¿Y qué hacía en tu bolsa de deporte? Aquí hay algo que no cuadra…-murmuró John, con tono remolón.
  • ¡Le juro que eso no es mío, en serio, no… yo no…!-insistió ella, algo atacada.
  • ¡Ni se te ocurra culparla sin pruebas, capullo!-le espetó Claude, señalándole con el dedo.
  • ¿Pruebas? ¡Pues mira, capullo, justamente aquí tengo una!-exclamó John, señalando a la bolsa.
  • ¿Te crees que con tener una lo resuelves todo? Además no es cien por cien segura, si ella puede demostar que la droga no es suya dejará de contar como tal-avisó él, con conocimiento del tema.
  • ¡Claro que no es mía! ¡Alguien me la debido de meter, yo…!-musitó Miley, mientras Toto la calmaba.
  • ¿Qué pasa aquí?-inquirió un chico, llegando en ese momento.
  • ¡Liam, diles que no es mía esa droga, la bolsa sí pero la droga no! ¡Por favor!-pidió ella, echándose sobre él.
  • ¿¡Cómo?! ¿Qué es todo esto?-inquirió el tal Liam.

Le pusieron al corriente de todo y él la defendió de seguido, argumentando que ella nunca se metería en el negocio de las drogas.

  • ¡La droga la encontramos en tu bolsa, por lo tanto algo de tu pertenencia es de tu responsabilidad! ¿Cómo explicas la droga?-inquirió John.
  • Subnormal-pensé, y por la cara que ponía Claude debió de pensar lo mismo.
  • A ver, vayamos por partes; Miley ¿recuerdas algo de la última vez que cogiste la bolsa?-inquirió Clude, cortando a John.
  • Me… me la trajeron del estudio hasta aquí por si llegaba a cambiarme, siempre la dejo allí-explicó ella.
  • ¿Y antes? ¿No la cogiste otro día o la moviste?-siguió el ex comisario.
  • Ah… pues ahora que lo dice, el domingo fui a por ella para cambiar la ropa por otra limpia, luego la llevé de vuelta al estudio...-recordó ella.
  • Unbeliever…-musitó entonces Liam en ese justo momento.
  • ¿Cómo?-inquirió Claude.
  • Unbeliever… Miley, te encontraste con ese payaso frente al teatro Canyon, llevaba una bolsa igual que la tuya ¿no te acuerdas?-inquirió el chico.

Ella abrió mucho los ojos y exclamó.

  • ¡Es verdad! ¡Se fue con ella y pensé que era la suya!
  • Ya veo, las intercambiasteis sin daros cuenta-observó Claude.
  • ¿Hay alguien que pueda corroborar eso?-inquirió John de golpe.
  • ¡Sí, Lucy Cartwright, mi mejor amiga, pregúntele a ella, podrá decirle lo mismo!-argumentó Miley con contundencia.

John se quedó con un buen palmo de narices y Claude aprovechó.

  • ¿A qué esperas, a que venga ella? ve a conprobarlo. Y que alguien vaya a hacer una visita a Jakestink Unbeliever, creo que tiene contactos más allá del mundo musical.

John le fulminó con la mirada, pero se fue de allí inmediatamente.

  • Capullo… no comprendo como Fittzsimons lo ha podido nombrar comisario así por las buenas-murmuró Claude, aún alucinado.
  • Según lo que he oído anda bastante quemado por la situación actual, ya sabe; eso y lo de su “despido improcedente”, la verdad-añadió Boby.
  • Je, Fittzsimons ya es un viejo chocho que no sabe como manejar la situación, después de esto no le quedará otra que dimitir o dejarlo de seguido. Al tiempo-comentó Claude.
  • Sí… le echamos de menos por comisaría, señor-dijo Boby.
  • Deja ya eso de señor, ya no soy tu superior, Boby.
  • Lo sé, pero… se me hace raro-explicó él.

Claude esbozó media sonrisa, comprensivo; en cuanto tuvieran a Jakestink delante podrían hacerle unas cuantas preguntas y aclarar las cosas.


  • Joder… joder, joder…-musitaba Jakestink, viendo la tele en su habitación del hotel. Ya se había enterado de todo, él sólo esperaba que hubiera muerto esa niñata odiosa, no el muermo de su padre. La situación no hacía más que empeorar cada minuto que pasaba y sentía que podía ir a peor, pero sólo para él. En ese momento llamaron a la puerta y él abrió de golpe, aunque cuando vio de quien se trataba prefirió no haberlo hecho.
  • Tenemos un grave problema-anunció el hombre, entrando de golpe.
  • Oh ¿de veras? Aunque no creo que él no tenga tantos problemas como los tengo yo ahora-murmuró él, con sorna.
  • Sabes perfectamente que no tolera fallos de ningún tipo, por eso estoy aquí. Te mataría ahora mismo pero tengo otras órdenes, así que por ahora salvas tu cara bonita-le dijo el hombre seriamente.
  • Oh, menos mal, ya comenzaba a pensar en qué sería peor, si acabar mi brillante carrera en la cárcel o muerto… ambos casos son igual de horribles-añadió él, muy nervioso.
  • Oh, me estás matando con tanto humor… ahora cállate y ven conmigo, quiere hablar contigo-indicó.
  • Oh, Dios, mi vida se desmorona por momentos-musitó Jakestink.

Le siguió hasta la calle, donde subió a un sultan azul aparcado justo enfrente de la puerta; cuando fue a subirse a él, una voz a su lado dijo.

  • ¿Jakestink Unbeliever?

Se dio la vuelta y vio para su horror un policía mirándole.

  • Sí… soy yo…-musitó.
  • ¿Puede acompañarnos a comisaría? Necesitamos hacerle unas cuantas preguntas-pidió el policía.
  • Yo no he hecho nada-dijo él rápidamente.
  • Tranquilo, yo no he dicho nada de eso, sólo necesitamos que nos responda a unas cuestiones, nada más-explicó el policía buenamente.
  • Ah, yo… es que… estoy ocupado…-murmuró entrecortadamene, metiendo la mano por la ventanilla. Había visto al tipo tendiéndole una pistola y el poli no se había dado cuenta.
  • No tomará mucho tiempo, cuanto antes lo haga antes podrá irse-insistió el agente.

Pero las amables palabras del policía no ayudaban a Jakestink, sino todo lo contrario, cada vez estaba más nervioso y cogió la pistola que le ofrecía sin dudar.

  • Yo… es que… no puedo…-musitó él, temblando como un flan y palideciendo.
  • ¿Se encuentra bien?-inquirió el agente.

Vio que tenía un compañero esperando en una patrulla, el cual le miraba con una cara muy rara.

  • Sospecha de mí… ay, Dios, sospecha de mí-pensó el chico, horrorizado.
  • ¿Estás usted bien? Le veo pálido-observó el agente, preocupándose y acercándose un poco a él.

Eso fue desencadenante; dominado por el miedo y los nervios sacó la mano de la ventanilla y disparó sin demora. Le dio en la garganta, saliendo un chorro de sangre a presión; el agente musitó algo, pero la sangre no le dejó hablar. Su compañero en la patrulla profirió un grito.

  • ¡¡¡Michael!!! ¡¡¡No, Michael!!!
  • ¡¡¡Dios, sácanos de aquí!!!-chilló él como una loca, montando en el coche.

El compañero gritó por radio.

  • ¡¡¡Unbeliever huye, ha disparado a Michael, mandad una ambulancia!!! ¡¡¡Huye en un sultan azul con matrícula 2B35JZ, patente de Liberty!!! ¡¡¡Coged a ese hijo de puta!!!

Y acto seguido salió a socorrer a su compañero, pero no pudo hacer nada por él; en cuanto volvió al coche encendió la sirena y salió en su persecución.

  • ¡¡¡No huirás, no lo harás!!! ¡¡¡Michael, joder, era buena persona!!!-mascullaba, furiosísimo.

John había sido informado inmediatamente e iba en un helicóptero de la policía, persiguiendo al infrascrito por el aire.

  • ¡¡No le dejéis escapar!! ¿¡Me oís?! ¡¡Ha matado a uno de los nuestros, no le deis cuartel, detenedle!!-gritaba por radio.
  • ¡Dios, Dios, Dios, he disparado a ese tipo, Dios, Dios!-repetía Jakestink, moviéndose como si padeciera síndrome de Down.
  • Sí, pensaba que no lo harías pero al final lo has hecho, le has hechado huevos, la verdad-afirmó el hombre.
  • ¿¡Huevos?! ¡¡A la mierda, puto colombiano de los cojones, me habéis jodido la vida!! Y toda esa sangre, Dios, Dios…-musitó el chico, aún en shock.
  • Nenaza…

La policía no se despegó ni en un momento de ellos, tuvieron que dar la vuelta por Westminster y Purgatorio y salieron hacia Frankfort Avenue; en cuanto llegaron a la intersección con Holanda Norte, tiraron hacia la izquierda y se dirigieron hacia el puente Chupetón, donde se saltaron las barricadas que la policía formó y continuaron todo recto. John, desde el helicóptero, los seguía de cerca e iba informando de su posición continuamente.

  • ¡¡Van todo recto en dirección oeste por la autopista de Alderney, taponad todas las salidas en los dos sentidos, apostad lanzacohetes para asegurar, obligadles a continuar hacia el Paso Elevado Plumbers y puede que tengamos una oportunidad!!-decía casi sin respirar.
Paso elevado Plumbers-GTA IV

El paso elevado Plumbers es una continuación elevada de la autopista de Alderney y un buen canal de transporte sobre la mitad sur del estado; uno de los vestigios de la arquitectura monumental a este lado de Liberty

  • ¡¡Señor, estamos taponando el acceso al paso elevado con varios de nuestros hombres y fuertemene armados!!-avisó el comisario de Alderney, Andrew McCalligan.
  • ¡¡Estupendo, van directos hacia vosotros, nos reuniremos allí y les daremos caza!! No te me escaparás, niño pijo-musitó John, encendido.
  • Mierda, la policía está bastante activa, parece que se han levantado hoy con buen pie-observó el colombiano, viendo que apenas había circulación por la autopista.
  • ¡Pues no mola, no lo digas como si fuera algo normal, nos van a atrapar, voy a ir a la cárcel!-musitó Jakestink.
  • Oh, sí, te meterán varios años en chirona donde vivirás a cargo del estado y experimentarás el fabuloso mundo del sexo anal en las duchas. Teniendo en cuenta de que eres tú, tampoco es tan mal plan-observó el colombiano, rabioso.
  • ¡Dios mío, soy demasiado joven y famoso para morir o ser arrestado!-musitó Jakestink.
  • ¡Dios, cállate de una puta vez, puto niño mimado!-chilló él, acelerando.

En cuanto estuvieron a punto de llegar al acceso al paso elevado vio toda la parafernalia desplegada y tuvo que dar un frenazo.

  • Mierda…-musitó el colombiano.
  • ¡¡Jakestink Unbeliever, sal con las manos en alto!!-le dijeron mediante un megáfono.

Éste quiso hablar, pero el colombiano le dijo primero.

  • No hagas nada estúpido.
  • Lo que quiero es librarme de todos vosotros, ya me da igual si muero-musitó él, rabioso.
  • Correrás la misma suerte-le avisó.
  • Pues que así sea-dijo él.
  • ¡¡Unbeliever, sal del coche con las manos en alto, no se lo volvemos a repetir!!

Jakestink tiró la pistola por la ventanilla y salió afuera con las manos en alto; había al menos una veintena de policías apuntándole, y el colombiano apenas movía un músculo. Ya no sabía qué hacer, igualmente su vida estaba acabada y ya daba igual un tiro más o un tiro menos; bajo la manilla de la puerta había una Desert Eagle, pero él permaneció con las manos tras la cabeza.

  • ¡¡De rodillas, ahora!!
  • ¡No disparen, tiene una bomba!-exclamó entonces él, señalando al colombiano.
  • ¡Hijo de su mala madre!-musitó éste, moviéndose un poco.

Jakestink aprovechó ese inciso para coger el arma y disparó dos veces, una bala salió perdida hacia arriba y la otra impactó en el hombro de uno de los agentes, haciéndole caer de espaldas; al segundo siguiente un granizo de balas arremetió contra él, dándole en el pecho y los brazos. Jakestink se tambaleó hacia atrás y finalmente cayó al suelo como un peso pesado.

  • Se cierra el círculo…-murmuró el colombiano, cogiendo una pequeña pistola y disparándose sin demora.
  • ¡Mierda, otro que se suicida!-musitó uno de los agentes.
  • ¿Habéis visto? Ha usado la misma arma que el que se suicidió en las Liberty State Pavillion Towers-observó otro.

John oyó el comentario y se quedó bastante pensativo; en ese caso podría haber una relación directa entre los dos suicidas. Por un momento consideró la posibilidad de que Claude tuviese razón desde el principio acerca de ese tal Santos Guardado, pero lo descartó de seguido. Jamás le daría la razón, ni harto de vino.


La noticia nos llegó poco después: Jakestink Unbeliever estaba muerto, lo habían acribillado junto a la entrada suroeste del paso elevado Plumbers. Había matado a un patrullero pocos minutos antes y se había dado a la fuga, antes de su abatimiento había disparado de nuevo, hiriendo a otro agente. En cuanto la noticia se supo oficialmente se supuso que el mundo de la música estaría de luto, pero se monaron tremendas fiestas por todo el país y el mundo; y mientras tanto una pequeña minoría global sólo lloraba.

  • Bueno, supongo que ya hemos acabado de descifrar la adivinanza-dije.
  • Sí… sólo queda esperar a que Guardado mueva ficha… y entonces, todo se acabará-dijo Claude, muy seguro ésta vez.

Eso esperábamos todos, ya había muerto demasiada gente por su culpa, entre ellos Unbeliever, aunque no me importaba demasiado, la verdad, nunca me gustó su música y nunca fue un buen cantante. Mañana todo se decidiría, o esa era la sensación que me daba. Sólo quedaba esperar.


Capítulo 45 “La línea final”

A la mañana siguiente todos nos reunimos de nuevo para deliberar; en total ya habían muerto unas diez personas, más o menos, y Guardado aún no daba señales de aparecer. Kombatgaby también estaba presente, el cual nos explicó varias cosas acerca de él y sus métodos.

  • En el caso de que se ponga en contacto con nosotros habrá al menos un 90% de probabilidades de que trate de engañarnos; como bien os prometí lo sacaría de Colombia y ahora está aquí, como todos bien sabemos, pero es cuestión de tiempo que huya inmediatamente puesto que aquí puede peligrar su tapadera. Así que lo que vamos a hacer es asegurar todas las vías de escape posibles para que no lo consiga; Rick, cuento contigo para que tengas controlada la salida suroeste marítima-le dijo.
  • Eso está hecho, con una Smuggler no se me escapará nada ni nadie-aseguró el chico, muy inspirado.
  • Bien, necesito que al menos dos personas vigilen el aeropuerto; Smoke y Toto, aseguraos que nadie sospechoso entra o sale de la ciudad.
  • Eso está hecho, amigo; aunque tengo una duda ¿cómo vamos a saber quien es Guardado si nadie sabe con certeza cómo es físicamente?-inquirió Smoke.
  • En eso mismo estaba pensando yo también-asintió Toto.
  • Sí, bueno, es cierto que en eso estamos bastante desinformados…-murmuró Kombat, pero en ese momento hablé yo.
  • Es una persona que pasa desapercibida al tener un aspecto muy normal, muy de calle; teniendo en cuenta esos factores podemos proponer que se trata de una persona quizás bajita, de pelo bien peinado, mirada austera y porte simple.
  • Bien pensado, Sg-me alabó Claude.

Esbocé una sonrisita de satisfacción y me pude regodear por un instante; Kombat siguió.

  • Bien, varios de mis hombres nos ayudarán con ésta operación para que nada se tuerza, lo necesitamos vivo, recordad, ha de pagar por todo lo que ha hecho.
  • He pensado que podemos sacar cobertura mediática con todo esto, así podríamos echarle el cerco para que no tenga oportunidad de moverse-sugirió Claude.
  • Podría funcionar, aunque necesitamos a alguien que no se vaya de la lengua-murmuró Kombat, rumiando la idea.
  • En ese caso yo conozco a la persona ideal, dejadme que la llame-dije, sacando la tarjetra que él me dio.

Marqué el número y en cuanto me cogió me presenté.

  • ¡Bigdadi! Hola, soy Sg91, el tipo al que le hiciste aquella entrevista para tu reportaje sobre el crimen organizado… sí, soy yo; verás, tengo una historia bastante interesante sobre el mismo tema que te podría interesar… sí… necesito sobre todo que guardes silencio sobre todo el asunto, para así evitar asesinatos a sangre fría. Sí, por supuesto que me entiendes… ajá… vale, pues quedamos en el Poop Deck dentro de cinco minutos, no tardes. Hasta luego.
Poop Deck

El Poop Deck es un restaurante situado en la punta de Castle Gardens, con unas vistas ideales a la desembocadura del West River

Al poco rato vino a tiempo y le estuvimos contando toda la historia con pelos y señales; con cada detalle Bigdadi se emocionaba más y más cual niño pequeño y cada vez se convencía de que sería toda una primicia que le lanzaría a lo más alto. Lo resumió como la exclusiva de su vida, lo que llevaba tiempo buscando. Justo después llamaron al móvil de Claude, todos nos quedamos mirando por unos segundos.

  • Es él-dijo el ex comisario.
  • Vale, todo el mundo silencio ahora-indicó Kombat.

Claude descolgó sin demora, puso el altavoz y habló.

  • ¿Sí?
  • Muy bien… has resuelto mi pequeño enigma, aunque las cosas con la querida Miley Cyrus no han salido como yo esperaba, pero bueno, te lo doy por válido. Eres casi tan inteligente como yo, ClaudeGTA3-dijo Guardado.
  • Ni te atrevas a compararnos, desgraciado. Tú y yo somos completamente diferentes, opuestos, ni se te ocurra pensar que somos iguales-le espetó él, cabreado de golpe.
  • Je, eso es lo que te te crees… pero en realidad todos estamos atados de igual manera ¿no crees? Por cierto, saluda de mi parte a todos, sé que me están escuchando-añadió Guardado.
  • ¡Entonces sabrás que vamos a por ti! ¿Verdad, desgraciado?-musitó Toto, pero Claude la calmó de seguido.
  • TOTO.INC… siempre es un placer hablar contigo-dijo él.
  • Que te follen-musitó ella, muy enfadada.
  • No le sigas el juego-la dije en voz baja.
  • Haz caso a Sg91, Toto, aparenta más sensatez de lo normal-murmuró Guardado.

Me guardé mis comentarios, pero él continuó.

  • Por cierto, Rick LB, he visto esta mañana una squalo preciosa de color verde, me he acordado de ti y todo… y qué decir del bueno y amigable Smoke1996, el amigo que todos querríamos tener. Ah, y Kombatgaby, no te creas que no sé que existes… yo lo sé todo-añadió entonces.
  • Déjate de rodeos, he cumplido con tu absurdo juego, he ganado, por lo que tengo derecho a una audiencia contigo-le recordó Claude.
  • Cierto… no creas que no cumplo con mis promesas, Claude, porque sí que las cumplo. Ven a verme dentro de diez minutos al casino abandonado de Westdyke y allí hablaremos de nuestras cosas, ya sabes, de esto y lo otro. Hasta más ver.

Y tras eso, colgó, dejando el ambiente algo caldeado.

  • Vale, pongámonos ya en marcha; Rick, al agua, mis hombres te esperan en el puerto deportivo de Castle Garden City. Toto, Smoke, al aeropuerto, hay más de mis chicos esperándoos en la terminal. Claude, ve a verlo y que no se salga con la suya. Sg, acompáñalo y vigila de cerca, hay varios de mis hombres esperándote en el piso superior del parking de Purgatorio-indicó Kombat muy rápidamente.
  • Bien… por suerte no te ha nombrado, Big, por lo que no sabe que todas nuestras memorias las tienes tú, así que ve a casa, enciérrate allí y haz el reportaje de tu vida, si no salimos de ésta eres el único que puede evidenciar su existencia-le dije.
  • Sí, claro que sí-afirmó.

Todos nos sepramos a partir de ese punto y nos deseamos suerte, la íbamos a necesitar; fui en taxi hasta el parking y allí me encontré con los chicos de Kombat, un total de cuatro hombres en plan hombres de negro y gafas de sol ahumadas. Fuimos en un serrano que ellos trajeron y estuvimos esperando a que Claude pasara con su coche; en cuanto vi su buffalo gris aceleré y me puse a una distancia de dos coches y medio. El viaje fue algo extraño, como una introspectiva de todo lo que habíamos llegado a hacer hasta ahora; estando cerca del casino uno de los hombres de Kombat dijo.

  • Claude lleva un micro, pero no lo sabe, así podremos escuchar lo que habla con Santos Guardado.
  • Ya, eso si es el verdadero Guardado ¿no?-inquirí, divertido.
  • Hemos pensado en todas las opciones, y seguro que él también. En caso de huida también tenemos varios helicópteros apostados, por lo que las probabilidades de fracasar no son muy elevadas-explicó otro de ellos.

Aparqué cerca del puente que daba al casino y conecté la conexión inalámbrica con el micro; yo ya me esperaba cualquier cosa, la verdad, pero esperaba que todo saliese bien de una vez por todas.



Viejo casino

Un intento de instaurar el juego en Alderney desembocó en el casino abandonado en Westdyke; es hogar de vagabundos y demás

Claude bajó de su coche, había varios hombres de Guardado esperándole, todos eran bastante simples, morenos, de mirada suspicaz y ojos que no denotaban ningún tipo de sentimiento. Uno de ellos, el más alto, algo pálido y demacrado se acercó a él y dijo.

  • El jefe te espera dentro.
  • Muy bien-murmuró él.

Otro le cacheó por si llevaba algún arma, mientras que el resto vigilaban los alrededores; antes de entrar, Claude dijo en voz alta.

  • Espero que no me haga esperar, bastante he tenido ya con perseguirle sin resultados.
  • Santos Guardado es el metodismo personificado, y además un hombre de palabra; él sabe proveer, dar y recibir en el momento apropiado-contestó el primer hombre que le habló.

Claude le miró de soslayo y dejó entrar primero al que le cacheó; el almacén estaba en penumbra, varios cables pelados soltaban chispas y una tubería rota no dejaba de soltar agua cerca de ellos. Junto a una cristalera había un pequeño acceso a las escaleras de servicio, en lo más alto pudo ver una figura en penumbra mirándole antentamente.

  • Me gusta esta parte de Alderney; aunque no sea Liberty administrativamente es la parte más representativa de América-dijo entonces.
  • No hay lo mismo en todas las ciudades… siempre hay distinciones-habló Claude.
  • Por supuesto… aunque tengo más gusto por lo minimalista y la simplicidad estética-murmuró el supuesto Santos Guardado.
  • Dado que estamos aquí y es la primera vez que nos vemos me gustaría verte la cara… tú ya sabes como soy yo, es justo que nos veamos cara a cara… me lo he ganado-añadió el ex comisario.
  • Sí, la verdad es que sí… no todos tienen la suerte de ver mi aspecto ¿sabes? Es algo reservado para las mentes más abiertas y discretas.
  • Entonces puedo considerarme afortunado-asintió Claude, asintiendo con la cabeza.

Desde donde estaba pudo entrever que esbozaba una graciosa sonrisita; avanzó unos cuantos pasos y varios rayos de luz iluminaron su cara. Tenía los ojos de color azabache intenso, moreno de pelo corto y mirada profunda y analizadora; parecía abarcarlo todo, verlo todo, oírlo todo… pero no parecía que quisiera verlo todo, o al menos esa sensación transmitía su aspecto.

  • “Es alguien como tu y como yo”-recordó las palabras que le dijo aquella vez Sg.
  • ¿Has venido por algo en concreto?-inquirió entonces él.
  • Bueno, digamos que más de diez personas o puede que más han muerto por tu culpa… otras tantas están esquilmadas y medio muertas allá por Las Venturas, y además te estás haciendo de oro a costa de los demás, a costa de la buena voluntad de otras gentes. Has intentado destruir tanto la catedral como sus magníficos órganos, has exprimido al máximo a los pobres desgraciados de Holiness y Unbeliever… has matado a Billy Ray Cyrus… has matado a Lindsey.INC… creo que ya está bien-musitó Claude, con voz tomada.
  • Oh, ya veo, y por eso quieres matarme…-murmuró Guardado.
  • No, no quiero matarte, te quiero vivo para que te pases el resto de tu miserable vida en la cárcel, lamentarás haber matado a tanta gente-le dijo, con la mirada encendida.
  • Sí, no creas que no he pensado en esa posibilidad… pero desgraciadamente no creo que eso vaya a ser posible, esperaba hablar de otras cosas contigo ¿sabes? Me caes bien, en serio, somos muy parecidos aunque te empeñes de lo contrario. ¿No quieres tomar nada, vodka, whisky, ron?-le sugirió él.
  • No gracias, yo ya estoy servido ahora mismo-explicó Claude.
  • Sí, claro… pero dado que no te veo muy por la labor me temo que no podré hablar más contigo; tengo una genda un poco apretada-anunció Santos, subiendo un poco las escaleras.
  • No te vas a ir a ningún lado-avisó.
  • No va a poder ser, detective. Y además, sabes demasiado, tú y tus queridos amigos, por lo que no os puedo dejar vivir. ¡Matadlo!-exclamó, echando a correr de golpe escaleras arriba.
  • ¡¡No huyas!! ¡¡Si tanto quieres matarme, hazlo tú mismo!!-musitó Claude.

Varios de los guardas se pusieron en guardia, pero él fue algo más rápido; cogió al que tenía más cerca y le hizo la llave que Toto llegó a enseñarle, desarmándolo.

  • Gracias por las lecciones, Toto-pensó él, defendiéndose del resto de guardias.

Varios de ellos salieron por la puerta delantera y entraron más armados con armas más potentes que la pistola que llevaba; vio entonces una granada a su lado, quitó la anilla y la lanzó junto a unos andamios. La explosión mandó a volar varias barras de metal y el resto de andamios cayeron sobre ellos, cortándoles el paso.

  • Eso es…

Acto seguido subió las escaleras persiguiéndolo, una vez que llegó al terrado vio a un Swift alzando el vuelo sobre el techo del casino.

  • No te me irás… te necesito-pensó él, bajando a la calle por unas escaleras.

Corrió hasta uno de los muelles que daba a la playa, donde vio una Sánchez y se subió a ella sin más demora; arrancó y se puso a perseguir al helicóptero por toda la playa.



Swift-GTA TBOGT

El Swift es un helicóptero recreativo muy ergonómico y de diseño bastante bonito; muy usado por los acaudalados de bolsillos anchos

  • ¡Claude va tras el helicóptero, tenemos que alcanzarlo!-exclamé, pero uno de ellos me paró.
  • ¡No! ¡No es seguro que sea el verdadero Guardado, mira, varios de sus hombres se van en esos Feroci, tenemos que seguirlos para ver hacia donde se dirigen!
  • Pero…-quise replicar, aun así no me dieron otra disyuntiva, por lo que me lancé a su persecución.

Recorrimos toda la parte norte de Alderney, pasando por Westdyke, la parte este de Leftwood hasta cruzar bajo la autopista hacia Alderney City; a partir de ese momento los feroci se separaron y fueron en direcciones distintas.

  • ¡Mierda! ¿¡A quien sigo?!-musité.
  • ¡A ese, el que se dirige hacia Acter!-me indicó uno de los chicos de Kombat.

Aceleré de golpe y subí a quinta, metiéndome por un callejón para atajar; esperaba que alguno de esos colombianos nos llevara hasta el verdadero Guardado porque yo ya no podía esperar mucho más, comenzaba a hartarme, y ésta vez de verdad.



Claude no se separaba del helicóptero y mantenía las distancias para que no le viera; aunque no parecía que le haya visto, por lo que era mejor para él. Avanzó cerca de la orilla, pudo ver que el Swift llevaba una de las puertas abiertas, por lo que podía tener una oportunidad; aceleró un poco más, pasó al lado de una roca que sobresalía en el agua y un poco más adelante vio una rampa perfectamente colocada. Más o menos llevaban la misma velocidad, el helicóptero no iba muy rápido y se encontraban más o menos al mismo nivel; a continuación puso la moto a 170 y enfiló la rampa. Por un segundo la moto quedó suspendida en el aire, y al segundo siguiente Claude saltó, impulsándose hacia arriba. Se agarró a uno de los asideros de la puerta e hizo fuerza hacia arriba para subir, mientras que el Swift sobrevolaba el puente Chupetón; la velocidad que llevaba le empujaba hacia abajo, pero sacando fuerzas de algún lado consiguió llegar a flexionar las rodillas y poner los pies dentro del aparato. Una vez dentro vio que el supuesto Santos Guardado no se había enterado de nada, puesto que estaba centrado pilotando.

  • Fin del trayecto, capullo-le dijo, golpeándole sorpresivamente.

El Swift dio un bandazo, pero Claude activó el piloto automático mientras le seguía zurrando; en un momento en el que dejó de golpearle, Guardado anunció, riéndose como un tonto.

  • Estúpido… yo no soy Santos Guardado…
  • Ya lo sabía, imbécil-le espetó Claude, dándole otro sopapo.

El falso Guardado se cayó sobre el asiento del copiloto y Claude le amenazó con su arma.

  • ¿Dónde has quedado con él para ir a recogerle? ¡¡Contesta!!
  • Je, eres tan previsible como el jefe aseguraba… ¿crees que pienso decírtelo? Adivínalo, detective-le espetó, con la cara muy magullada.

Claude fue a golpearle con la culata cuando una voz por radio anunció.

Claude sonrió, mirando a un incrédulo impostor, el cual no se creía lo que acababa de ocurrir. Claude cogió el micrófono de la radio y se lo acercó al falso Guardado, mientras le decía con la mirada.

  • Por tu bien, contestarás.

Finalmente dijo.

  • Oído, jefe, voy para allá.

El ex comisario colgó el micrófono para cortar la comunicación y dijo.

  • Bien hecho, ahora buen viaje y saluda al capullo de tu jefe de mí parte.

Tras esas palabras le lanzó por la puerta abierta y cayó al West River, golpeándose antes de refilón contra uno de las vigas del puente Chupetón; Claude cerró la puerta del helicóptero y se puso en marcha sin demasiada prisa.

  • ¡¡Mierda, los he perdido!!-musité, cabreadísimo.
  • Las cosas se están torciendo… jefe, hemos perdido a los posibles enlaces, se nos escapa-dijo uno de sus chicos a Kombat por radio.
  • De eso nada, tenéis que interceptar de nuevo a ese Swift, puede que sea el enlace para una posible ruta de escape. Enviaré un annihilator a cubrir la salida suroeste, estad alerta, no puede escaparse-indicó él.
  • ¿¡Y cómo se supone que vamos a hacer todo eso?! ¡¡Un helicóptero es más rápido que un coche, copón!!-exclamé, aún con el cabreo presente.
  • ¡No me repliques ahora, Sg, no hay tiempo para discusiones! ¡Conduce y calla!-me espetó.



Kombat cortó la comunicación; nada podría salir mal, no ahora… estaban muy cerca. Llamó a los guardas del aeropuerto, que ya estaban con Smoke y Toto.

Annihilator GTA IV

El Annihilator es un helicóptero de combate usado sobre todo por la policía y la NOOSE en operaciones especiales

  • ¡¡Coged un annihilator de la NOOSE y cubrid los cielos del suroeste, teneís permiso para acribillar a todo el que no se identifique correctamente!!
  • ¡Sí, señor!-dijeron al otro lado.

Justo después se puso en contacto con sus hombres que se encontraban con Rick.

  • ¡¡Id a cubrir el acceso suroeste, que nada ni nadie entre o salga, aunque sea una simple pescadilla!! ¿¡Me oís?!
  • ¡Sí, señor!

No se escapará… claro que no.



Al poco rato, un annihilator salía del aeropuerto internacional Francis, Toto y Smoke iban con los hombres de Kombat.

  • ¿Nos van a explicar qué es lo que pasa?-inquirió ella, inquieta.
  • Puede que Guardado huya por aire, nos envían a cubrir las rutas aéreas-explicó sosamente uno de ellos.

Ella no se quedó tranquila, pero no preguntó nada más; Smoke conservaba su porte tranquilo, pero se le notaba algo inquieto también. En la otra punta de la ciudad, cerca del canal de Alderney, Rick iba en una smuggler roja y negra, mientras que los chicos de Kombat le acompañaban montados en un par de jetmax y una squalo.

  • ¡Hemos de movernos al suroeste, síganos!-indicaron a Rick.
  • ¡Bien!-dijo éste, maniobrando.

Les siguió de cerca sin adelantarlos, pero él no estaba seguro de moverse; por él se habría quedado donde estaba, pero si lo decía Kombat, pues habría que moverse.



Claude llegó al lugar especificado, donde un par de ferocis esperaban; aterrizó justo al lado, dio gracias a que los cristales del helicóptero estaban tintados, por lo que el verdadero Guardado no le vio, aunque él tampoco le vio al subir. Tan sólo oyó una voz familiar diciéndole.

  • Vámonos.

Alzó el vuelo, mientras que los coches se ponían en movimiento de nuevo, cada uno yendo en direcciones distintas. Guardado habló.

  • Ay, ha sido intenso, no debí acercarme tanto a la costa este… arriesgado, pero divertido, no ha estado mal. Ese ex comisario se quedará con las ganas de atraparme ¿verdad, Alfonso?

Claude sólo asintió con la cabeza para no llamar la atención, debió de verle puesto que no preguntó nada más; en vez de alejarse de la ciudad se acercó un poco más y se quedó quieto con el piloto automático a gran altura, entre la isla de la Felicidad y Castle Garden City.

  • ¿Qué haces, Alfonso? Vámonos-indicó Guardado.

Esperó unos pocos segundos más y al final dijo.

  • Pues resulta que tus expectativas van a dar un giro algo brusco… Santos Guardado.

Se dio la vuelta y miró al verdadero Guardado por primera vez; y como bien pensó, se encontró con el chico alto, pálido y demacrado que le habló por primera vez en el casino.

  • Claude… vaya, ahora sí que me siento algo sorprendido ¿cómo supiste que era yo?-inquirió, sin dar muestras de estarlo.
  • “Es alguien como tu y yo” Sg me explicó que se lo dijo su maestro antes de morir… eso sólo puede significar que es una persona de aspecto muy normal, que sabe pasar desapercibido entre una gran multitud, alguien del montón. Eso y teniendo en cuenta cómo eres, un hombre ambicioso, muy pragmático, egocéntrico, que se cree el centro del universo… alguien que a veces habla de sí mismo en tercera persona. No podía ser otro-explicó Claude, con todo detalle.

Santos Guardado sonrió sosamente y susurró.

  • ¿Lo ves? Somos muy parecidos… yo soy un genio, con una mente portentosa… y tú me sigues, Claude, aunque no quieras verlo.
  • ¡¡Cállate, ya te he dicho que no soy como tú!! ¿¡Y sabes por qué?! ¡¡Porque tú eres un vulgar asesino, un maníaco con ansias de poder, alguien despreciable; pero yo busco la justicia, la verdad, busco que pages por todo lo que has hecho, desgraciado!! ¡¡Ahí está la ligera diferencia!!-chilló él, furioso.

Santos le miró de arriba abajo, sin importarle mucho lo que decía.

  • Realmente… eres tan superficial. El mundo es pequeño y débil y yo voy más allá de lo meramente establecido ¿no lo ves? Soy como una gran gigante roja en medio de las más diminutas y livianas estrellas-explicó.
  • ¡¿Lo ves?! ¡¡Lo tuyo es de estudio, estás para encerrar, yo sé distinguir entre el bien y el mal, tú te crees que estás por encima de todo eso!! ¡¡Vas a ir a la cárcel y lamentarás cada segundo tu miserable vida!!-exclamó Claude, señalándole con dedo acusador.
  • Soy un genio… un genio-repetía Guardado muy despacio.

Fue en ese momento cuando oyeron a la radio diciendo.

  • ¡Aquí annihilator de la NOOSE a Swift no tripulado, identifíquense ya mismo o abrimos fuego!

Apenas tuvo tiempo de volver a por la radio, en sólo dos segundos las minigun del helicóptero de combate abrieron fuego, dañando parte del helicóptero; pero desde donde estaban, Toto se dio cuenta de que Claude estaba en el Swift y exclamó.

  • ¡¡Claude, es Claude!! ¡Alto el fuego, idiotas, lo vais a matar!

El piloto automático de desactivó de golpe y Claude tuvo que volver a los mandos de nuevo, lo volvió a activar, pero para su desgracia Guardado había abierto una de las puertas y sólo se sujetaba con una mano en el agarradero de ésta.

  • ¡¡Quieto!!-masculló él.
  • No podrás tenerme… nadie podrá tenerme, soy un genio, nadie se aprovechará de mi genialidad… de alguna u otra manera ya he marcado mi huella y difícilmente podrán olvidarme; ¿lo ves? Eso es lo que se llama hacer historia-explicó Guardado, balanceándose lentamente.
  • ¡¡Santos Guardado, vuelva a meterse en el helicóptero inmediatamente o abrimos fuego de nuevo!!-exclamaron desde el annihilator.

El aludido soltó una risotada y murmuró.

  • Qué risa… nada es eterno, todo se escapa… como la vida. La misma que da penas y alegrías, encuentros y desencuentros, amores y desamores… ¿y a ti, Claude? ¿Te ha dado alguna de esas cosas la vida? En realidad es como una gran e hilarante broma ¿lo ves? No podemos luchar contra nada… ni siquiera contra la gravedad…
  • ¡¡Quieto ahí ahora mismo, ni se te ocurra!!-musitó él, intentando ir a cogerle.

Santos Guardado le dedicó una última sonrisa y se dejó caer, con los brazos en cruz y los ojos cerrados, manteniendo la misma sonrisa todo el rato; parecía que el tiempo se ralentizaba y que Guardado tardaba un mundo en caer, pero fue más rápido de lo que parecía. Las fuertes corrientes de aire lo arrastraron un poco y finalmente cayó a los pies de la estatua de la Felicidad, la cual miraba sonriente a la ciudad con su vaso de café en alto. Todo el mundo se quedó sin habla, nadie se esperaba algo así; y el hecho de que haya caído donde había caído le daba cierto regusto dulce y amargo al mismo tiempo. El que pilotaba el annihilator se puso a recitar.

Estatua de la felicidad-4

La madre de los Desterrados e Infelices, la que eleva su vaso tras la puerta dorada; es más que una estatua para los americanos, es un símbolo de felicidad y esperanza para los inmigrantes

  • “No como el mítico gigante griego de bronce,

de miembros conquistadores a horcajadas de tierra a tierra;
aquí en nuestras puertas del ocaso bañadas por el mar se erguirá.
Una poderosa mujer con un vaso cuyo vapor
Es el relámpago aprisionado, y su nombre.
Madre de los Desterrados, de los Infelices. Desde el faro de su mano
Brilla la bienvenida para todo el mundo; sus alegres ojos dominan
Las ciudades gemelas que enmarcan el puerto de aéreos puentes.
"¡Guardaos, tierras antiguas, vuestra pompa legendaria!" grita ella.
"¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres
Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad.
El desamparado deshecho de vuestras rebosantes playas.
Enviadme a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades a mí!
¡Yo elevo mi vaso detrás de la puerta dorada!"

  • Emma Lazarus… que bien le ha quedado, amigo-murmuró Smoke.
  • Siempre consigue sacar tu lado patriótico…-se excusó el piloto.
  • Maldita sea…-musitó Claude, ciego de rabia.

Desde el agua también lo pudieron ver todo, Rick se levantó del asiento para poder ver mejor.

  • Supongo que todo habrá acabado ya…-pensó.

Y desde tierra también, al lado del Centro Penitenciario Alderney, Sg contemplaba el panorama, hasta donde estaba se podía ver el cuerpo de Guardado tendido a los pies de la estatua.

  • Se acabó-pensó.

Y es que todo principio tiene un fin; hasta la mentalidad más retorcida y brillante la tiene.

Una semana después todos los medios del país se habían hecho eco de la noticia; el primer beneficiado fue Bigdadi, que la publicó primero en el Liberty Tree y luego vendió la primicia a otros medios. Ahora tiene un puesto altísimo en el famoso periódico.

Tras la muerte de Guardado, toda su red de distribución de slash cayó sistemáticamente y se fue deteniendo a muchísima gente tanto en Liberty, como en Los Santos, Las Venturas, Vice City y Colombia. Todas las personas a las que Guardado extorsionaba fueron perdonadas, pero igualmente Holiness fue destituido de su cargo en la Arquidióceis local, a parte de excomulgado también; ahora Peaceful lleva el puesto con algún que otro ataque de nervios diario.

Claude rompió por completo con la LCPD y se estableció como detective privado; fue el que se llevó más mérito por la resolución del caso, mérito que compartió con todos los que le ayudaron. Sg sigue haciendo chivatazos, pero ahora con más incisión y estudiando los pros y los contras antes; Smoke regresó a Los Santos, comprándose una casa muy cuca en Santa Maria Beach, que estaba tirada de precio. Sigue trabajando en lo que sea, como buen chico para todo que es. Rick siguió con el negocio de las lanchas de lujo obtenidas a su manera, pero hace recesos de vez en cuando y llegó a conseguir otro socio con el que agilizar los trámites de recolocación de las lanchas. Toto se volvió a Vice City, aunque quiso hablar a solas con Claude antes; lo único que los demás saben acerca de esa conversación privada es que después de ésta Claude estaba extrañamente animado y con cierto rubor en las mejillas. Kombat se volatilizó a los pocos minutos de que todo acabara y no les dio tiempo a ninguno de despedirse de él. En cuanto a Expicport también tuvo bastante suerte; Fittzsimons se quedó con un palmo de narices tras las declaraciones de Claude acerca de la resolución del caso, sin contar para nada con la policía. Eso le quemó hasta tal punto que dimitió de seguido y nombró sucesor al que tenía más cerca de él; y ese era Expicport, el cual es ahora el comisario jefe de la LCPD, cargo que cumple fehacientemente.

Paul Mottram y Diane Bish fueron reconocidos como grandes organistas y volvieron a Inglaterra tras unos cuantos días más de estancia en Liberty. Lucius Johns adquirió gran fama también y desde entonces, iglesias de todo el estado le piden revisiones periódicas de sus órganos.

Tras la muerte de Unbeliever las listas se le abrieron a Miley Cyrus, la cual enterró a su padre al lado de su madre y recibió el apoyo y el arropo de todos sus fans. Ahora vive con Liam, con el que ya sale oficialmente después de que un reportero de F!ZZ les pillara besándose en la playa de Firefly Island una tarde.

Deadmau5 retomó su tour, acabando con un apoteósico final en Las Venturas, la cual nunca estuvo tan llena.

Y en cuanto a Liberty City… bueno, eso ya es otra historia.

Ende…

Liberty City IV2

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