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Mural de historia

Capítulo 1

Comenzaba a amanecer en la ciudad del juego, los anaranjados rayos del sol, iluminaban los casinos y los carteles luminosos, que ya empezaban a apagarse. Un viejo Dodo volaba a trompicones sobre el casino The Visage.

  • Agh, debí comprar aquella plancha, pierdo aceite-observó el piloto. Éste hombre es Jef Daniels, un hombre de negocios; en su último trabajo protegía al abuelo de un importante mandatario de Liberty City, pero cuando las cosas se desmadraron ahuecó el ala. Ahora volvía al único lugar donde tenía una casa: Las Venturas.
  • Tengo que aterrizar pero ya... ¡mierda, me pasé la pista!-exclamó.

Se había entretenido demasiado y ahora salía de la ciudad.

  • Con lo que cuesta girar... a ver, creo que tenía algo en...-murmuró, pero cuando vio un gran recinto vallado y él sobrevolándolo, gritó.
  • ¡¡Mierda, no,no!!

Trató de girar de golpe, aunque eso jugó a su favor; un cohete impactó en la cola de la andrajosa avioneta, perdiendo el control. Iba perdiendo altitud cada vez más deprisa; pero entonces vio una pista hecha de arena y a sus lados restos de aviones.

  • ¡Un aeropuerto! ¡May day, may day, solicito aterrizaje de emegencia!-dijo por la radio, pero nadie le respondía, incluso llegó a ver que no había nadie en la torre de control.
  • Pues nada, aterrizo... usaré los alerones extras-se aconsejó a si mismo.

Tiró de una cuerda y en las alas, surgieron unos alerones de emergencia instalados de cualquier manera, pero el viento se los arrancó.

  • Oh, no, sabía que eran de muy mala calidaaaad-exclamó mientras se precipitaba contra el suelo.

Pero por algún capricho del destino, tomó una corriente de aire que le ayudó a posarse con, más o menos, suavidad en el suelo. La avioneta, acabó empotrándose contra los restos de un boeing, explotando, pero Jef había saltado antes.

Miró el lugar, había una pequeña casa junto a la torre de control y cerca, un garaje, donde se encontró un Premier azul; lo puenteó y se dirigió a la autopista. Tras varios minutos de un corto viaje, pudo distinguir un cartel con forma de rombo, donde rezaba: "Bienvenidos a la fabulosa Las Venturas".


Capítulo 2

La casa en cuestión estaba situada en Whitewood Estates, la ganó de pura casualidad en una partida al black jack en el casino The Visage, cuando le invitaron unos amigos. En realidad a Jef no le hacía nada de gracia el juego, aunque nació en ésta ciudad. Fruto de un pasional encuentro entre un crupier de ese mismo casino y una mujer que se encontraba de despedida de soltera, Jef nació entre tragaperras y ruletas (literalmente, pues su madre se quedó en la ciudad los nueve meses simplemente para molestar a su padre y entró en parto junto a su mesa); luego su madre se fue para no volver, dejándolo con su padre, el cual se ocupó de él.

Su padre murió hace años por una venganza, nacida de un reparto de cartas que él consideró justo; el ayuntamiento expropió el terreno de la casa y Jef se tuvo que buscar la vida con sus dieciocho años recién cumplidos. Se fue a Liberty City donde estuvo algunos años trabajando hasta que volvió a su "hogar".

Bajó del coche y entró en la casa; la llave siempre la escondía en un lugar que sólo el conocía: en el hueco del árbol del jardín. Estuvo observando las habitaciones; todo seguía cómo el lo dejó. La casa la ganó con mobiliario incluído, algo que se agradece; la verdad es que tuvo mucha suerte. Meditaba acerca de todo ésto, cuando le llamaron al móvil.  

Capítulo 3

  • ¿Diga?
  • No me digas que no te acuerdas de mi número-dijo una voz conocida.
  • ¡Hombre! ¿Que pasa, Harry?-saludó.

Harry es su amigo de toda la vida en la ciudad; hacía tiempo que no hablaba con él.

  • ¿Cómo te va por Liberty City?-preguntó.
  • No me va, he vuelto-anunció.
  • ¿Si? ¡Que alegría, tio! ¡Esto hay que celebrarlo, vente al Casino Calígula, estamos varios aquí!-indicó su amigo.
  • ¿Al Calígula? ¿No podemos quedar en otro sitio?-pidió.
  • ¿Que más da? Venga, vente-la animó.

Jef soltó un suspiro y accedió.

  • Vale, voy para allá.

Se dirigió al lugar sin ganas; estaba harto de juego y riesgo, le gustaría empezar de nuevo en la ciudad pero de otra manera. Ser crupier no le hacía ninguna gracia. Guardia de seguridad se negaba en redondo, puesto que éstos corrían mucho riesgo; una vez, uno fue apuñalado por un ludópata que se negaba a abandonar la tragaperras, siendo ya la hora de cerrar. Llegó al casino y le aparcaron el coche; Harry y sus amigos se encontraban en el bar. Al verle, le saludaron.

  • ¡¡Jef!!
  • Hola-saludó él.
  • Cuanto tiempo sin verte, chico-saludó Daniels, otro colega de la infancia.
  • Hola... ¿como te va, Barry?-preguntó a su obeso amigo.
  • No me puedo quejar, tio-murmuró el aludido.
  • ¿Y Barney?-preguntó.
  • Adivina-murmuraron todos menos él, a coro.

Barney se aficionó al juego desde los doce años; ha ido miles de veces a rehabilitación, pero daba igual, siempre volvía a recaer.

  • Está en la ruleta, ve a saludarlo-indicó Harry.

Se dirigió al lugar, no muy lejos de donde se encontraba; era el único jugador y no quitaba ojo de la aguja.

  • Solo un poco más, solo un poco-murmuraba.

La aguja se paró en la casilla roja.

  • ¡¡¡Mierda, mierda, mierda!!!-rugió.
  • Ey, relajate amigo-le dijo Jef.
  • ¡¡A la mierda tu también!!... ah, Jef-murmuró al verle.
  • Ése soy yo-dijo éste.
  • Vaya, que sorpresa, no te hacía aquí... ¡¡Veinte al azul!!-indicó a la chica.
  • ¿Todavía sigues, Barney? te estás quedando sin nada-observó.
  • No, no, amigo mio, éste proceso sigue una lógica deductiva y hoy tengo el presentimiento de que me va a tocar uno de los gordos-anunció.
  • Pero si es todo azar-murmuró Jef.
  • ¡¡¡No!!! ¡¡Te equivocas!!... ¡¡Atención!!-gritó al ver que la velocidad de la ruleta disminuía. La aguja señalaba a los colores hasta que finalmente se posó en un color.

Capítulo 4

  • Verde-anunció la chica.
  • ¿¡Que!? ¡¡No puede ser, había soñado con ese color ayer!!-exclamó compungido.
  • Ya te he dicho que es todo azar-le recordó Jef.
  • ¡Una mierda, y te lo voy a demostrar!-exclamó él yendo a sacar otros billetes pero su amigo le paró.
  • Ya has jugado bastante, ven con nosotros.

Le llevó practicemente a rastras hasta el bar.

  • Algo me dice que no has tenido suerte...-murmuró Daniels.
  • ¡Pero algún día la tendré, ya lo verás!-insistía él.
  • Buscaras trabajo, digo yo-obvió Barry dirigiéndose a Jef.
  • Si, lo que sea menos en el casino-advirtió él.
  • Si, si... ¿que te parece chófer y guardaespaldas a la vez? si haces las dos cosas te pagamos el doble-sugirió él.
  • Bien, pero ¿de cuanto estamos hablando?-preguntó Jef.
  • La ciudad del capitalismo te ha influido ¿eh? Pues unos 2500 dólares-anunció.

Jef soltó el típico silbidito piropeador.

  • ¿Al mes?-quiso confirmar.
  • A la semana-remató su amigo.
  • ¿Dónde hay que firmar?-preguntó raudo.
  • Je, je... sígueme-le indicó.

Barry trabaja en ese casino como uno de los administradores, por eso siempre se citan en él; le llevó a su oficina y allí arreglaron los papeles.

  • Justamente llega esta semana un ricachón ruso, te he asignado a él, viene mañana a las cuatro de la tarde en un Shamal privado; has de coger el Washington gris que hay en el párking, es el cohe oficial del casino, has de llevarle a donde él te pida en él y no en otro. También tienes que protegerle de cualquier amenaza, por lo que ves es muy fácil-explicó.
  • Si...de acuerdo, gracias tio-le agradeció.
  • Por mi viejo amigo, lo que sea-le dijo guiñándole un ojo.

Les invtaron a cenar y luego se fueron a uno discoteca en Old Venturas Strip; acabaron todos pedo menos Jef, el cual tuvo que hacer de taxista con todos. Barney quería volver al casino y le costó un mundo convencerle en que volviera a casa. Acabó reventado y con el depósito del coche casi vacío, por lo que tuvo que ir a llenarlo; pero recordó que lo había robado; ¿de quien sería? ¿quien iría a ese aeropuerto abandonado como para dejar allí un Premier? Pero lo necesitaba, así que no le dio mucha importancia. Mañana sería un nuevo día y su primer día de trabajo, así que se fue a la cama.

Capítulo 5

Al día siguiente se levantó a las doce y media; para hacer tiempo, decidió ir al Yellow Bell Golf Course a hacerse unos hoyos; era uno de los miembros del club y le apetecía jugar, hacía tiempo que no lo hacía. Allí se encontró con viejos amigos que conoció en el campo y estuvo hablando con ellos mientras se recorrían el lugar. Hizo el último hoyo en un par.

  • Vaya, parece que tu estancia en la capital del mundo no te ha ablandado-observó Richard, un amigo.
  • Tienen un campo de golf al lado de Purgatorio-explicó.
  • Si, he oido hablar de él-recordó Richard.

Luego fue a comer con ellos a un restaurante en Redsands West; durante esa mañana se lo pasó muy bien, fue en ese momento cuando más se alegraba de haber vuelto. Una vez que llegó la hora, se dirigió al casino para ir a por el coche; allí le esperaba Barry.

  • Será mejor que te des prisa, me han dicho que el vuelo se ha adelantado-explicó.
  • Bien-murmuró Jef.
  • Recógelo y tráelo para acá; toma, por si las moscas-añadió dándole una Pistola.

Arrancó y no tardó nada en llegar; con enseñar su tarjeta que Barry le dio, no tuvo problemas para acceder a la pista del aeropuerto; aparcó en el pequeño párking de los apartamentos que hay al lado de la pista, mientras observaba aterrizar a un Shamal. Estacionó cerca de donde se encontraba y tras los preliminares rutinarios (escalerilla, apertura de puerta y demás) salió del jet su protegido; era bastante corpulento y estaba muy gordo. Vestía con un traje blanco muy llamativo.

  • ¿Jef Daniels?-preguntó un hombre delgado y con gafas.
  • El mismo-contestó él.
  • Soy Mark Millen, el asistente del señor Markinen; soy también su intérprete, pues no domina muy bien el inglés. Éste es Rudolf Markinen, un magnate ruso-le presentó el hombre.

Millen le presentó en ruso a Jef.

  • Encantado-murmuró Markinen en inglés con su marcado acento ruso.
  • Vamos al casino-indicó Jef.
  • Bien-dijo Millen.
  • Da-dijo Markinen.

Durante el corto trayecto, Markinen estuvo hablando con su asistente en ruso; Jef, que no entendía nada, escuchaba la Radio X. Una vez en el casino, Markinen estuvo entretenido con las ruletas y las tragaperras y se olvidó por completo de él.

  • Le daré mi móvil por si tiene que contactar conmigo-le indicó Millen.

Se quedó en el casino por si le necesitaban más, pero le concedieron el primer día libre.

Capítulo 6

Durante una semana estuvo, básicamente, paseando a Markinen por la ciudad; le llevaba a donde él le pedía y de la manera más rápida, ya que se conocía de memoria la ciudad. El ruso no se quejaba de él, pero tampoco hablaba sobre su modo de hacer su trabajo, lo que hacía que se desmotivara un poco; pero su cometido es protegerle y llevarle así que no tenía por qué quejarse. El gordito, como le llamaba Jef sin que Markinen se enterase, claro, comía en los restaurantes más lujosos y gastaba su enorme fortuna casi siempre en el Casino Calígula aunque a veces le pedía ir al Come-A-Lot o al Casino The Emerald Isle pero nunca al Casino The Four Dragons o Casino Floor. Tenía unos gustos muy extraños y un humor bastante cambiante; pocas veces conseguía entenderle. Un día le pidió ir a un sitio en concreto.

  • ¿Como que? ¿Quiere ir a ver Blackfield Chapel? Es un iglesia de arquitectura pseudomoderna muy bonita-explicó, haciendo promoción turística.
  • No, no, ir a...-pero decía una palabra en ruso y no lo entendía.
  • ¿A donde?-repitió Jef cuando se la dijo por quinta vez.

Entonces Markinen sacó una foto de su chaqueta y reconoció el paisaje enseguida.

¿Para que querría ir allí? Nunca había salido de la ciudad ¿como es que ahora le daba por irse al desierto? Lo único interesante allí son los amaneceres y los atardeceres y en ese momento eran las cuatro de la tarde. Pero le pagaban por obedecerle así que le llevó; el viaje duró una media hora, paró en el arcén y al lado del alto cerro.

  • Hemos llegado-anunció.
  • No, subir, hay que subir-replicó el ruso.
  • Como usted quiera-murmuró Jef.

Tomó un camino de tierra que había un poco más adelante hasta llegar al pueblo fantasma de Las Brujas; recordó aquel acontecimiento hace años en aquel pequeño pueblo western y no pudo evitar sonreir. Cogió otro camino de tierra que subía hasta la cima del cerro y aparcó frente a los restos de una pequeña barraca. Markinen no tardó en bajar y estuvo contemplando el paisaje.

  • Pues si lo que quería era ver el paisaje, mejor verlo al atardecer-pensó Jef saliendo a fumarse un cigarro.

Pero entonces, se empezó a ver un helicóptero acercándose a donde ellos estaban.

  • ¿Qué hace ese helicóptero?-se preguntó Jef dándo una calada al cigarro.

Era un helicóptero que no había visto en su vida, con una forma muy rara; de repente apareció un Hunter que empezó a disparar contra él.

  • ¿Pero que mierda...?-soltó escupiendo el cigarro.

El helicóptero desconocido esquivaba los disparos con una habilidad impresionante para un aparato así; entonces el Hunter comenzó a disparar cohetes. Uno se perdió en el cielo, otro lo esquivó el helicóptero raro, otro cayó en Sherman Reservoir y otro cayó encima del coche, explotando. Jef salió despedido por los aires y cayó junto a otra caseta, perdiendo el conocimiento.

Capítulo 7

Mike se despertó en una cama muy mullida; aún le dolía todo de la explosión.

  • ¿Dónde estoy?-se preguntó reincorporándose como un resorte.

La habitación donde se encontraba era de tamaño medio y bastante confortable; salió fuera y se encontró en un pasillo elevado. Toda la estancia era un gran salón muy bien decorado, había una gran chimenea, en la que distinguió un trofeo de caza colgado; una alfombra de piel de oso protegía el suelo, unos amplios sofás miraban a una tele de 48 pulgadas y un estéreo decoraba una esquina. A la derecha del todo, vio a un hombre de espaldas a él, manejando un equipo de comunicaciones.

  • Alpha D-3, recoge ese salmón, rebana la farola y tráeme un bebé sonrosado-soltó el hombre.

Jef tuvo que reprimirse una sonora carcajada, pero no entendía a que venía ese surtido de incoherencias; pero entonces pensó que podría estar hablando en clave. Bajó las escaleras y se acercó a él, que le seguía dando la espalda. Le picó en la espalda y al verle, murmuró.

  • Hombre, al fin se despertó la bella durmiente... espera un momento.
  • Gamma D-5, saca el pañuelo de la olla, miente al niño y di patata-dijo otra frase cargada de incoherencias.

Una vez que terminó, se dirigió a él.

  • Hola, Jef Daniels, soy Mike Toreno, agente de una agencia del gobierno-se presentó.
  • ¿FIB, CIA, DEA?-preguntó Jef directamente.
  • ¡Oh, por favor, muchacho, no me compares con esos retrasados! Lo de la agencia lo podemos omitir para ti...aunque antes que nada, bienvenido a mi rancho-dijo.
  • ¿Ésto es un rancho? Bonita decoración-murmuró Jef.
  • Es una mierda, no lo elegí yo-contradijo él.
  • ¿Por qué estoy aquí?-preguntó entonces.
  • Pensaba que no lo ibas a preguntar nunca... al parecer trabajas para Markinen-comenzó Toreno.
  • Si, le protego-cercioró Jef.
  • ¡Vaya! Yo pensaba que los ciudadanos de Las Venturas eran más inteligentes, pero ¿ésto?-murmuró Toreno yendo hacia un mini bar.
  • ¿¡Qué?! ¡Váyase a la mierda, oiga, ha sido usted el que me ha traído aquí!-le espetó.
  • Oh, si, si no hubiera sido por mi ese Predator te habría volado la cabeza, graciasdenada-dijo con ironía el agente mientras servía dos whiskeys.
  • ¿Predator?-repitió Jef extrañado.
  • El segundo helicóptero, es un prototipo y en teoría está en su hangar en la Polinesia, no volando por cielo estadounidense; ese mamón de Markinen ha financiado a unos terroristas rusos para hacerse con él y mandárselo, y si lo consigue, él se embolsa unos cuantos millones y un proyecto secreto se echa a perder, con toda su financiación. Y para colmo, los colombianos le están ayudando-explicó.
  • ¿Rusos, colombianos? ¿De que coño estás hablando?-le espetó confuso.
  • Ahora es cuando yo me arrepiento de habértelo contado; escucha, ahora estás metido en ésto conmigo, te podría haber dejado a merced de esos perros colombianos pero te traje aquí, me puedes ser útil y lo sabes-farfulló acercándose a él con las dos copas.
  • Yo no soy el recadero de nadie-avisó Jef.
  • Sé que andas algo flojo de pasta, ¿que te parecen 10.000 de los grandes si me syudas?-preguntó.

Jef le miró fijamente; necesitaba el dinero, eso sin duda. Finalmente acabó aceptando.

  • Sabia decisión-murmuró dándole una copa.

Brindaron y Toreno añadió.

  • Una última cosa, ya no puedes volver a Las Venturas, saluda a tu compañero de piso.

Jef se quedó helado, viendo como se bebía su copa; no volvería a ver a sus amigos por un tiempo y ahora tenía que vivir con un agente estúpido. Que bien.

Capítulo 8

Jef se encontraba en el último sueño, creyendo que nada de lo de ayer había ocurrido y que seguía en Las Venturas trabajando tranquilamente; entonces se oyó un estruendo y pegó un bote en la cama.

  • ¿¡Pero que ...?!-farfulló confuso.

Entonces vio a Toreno tocando el toque de corneta junto a él; cuando acabó, Jef le espetó.

  • ¿¡Pero que coño haces?!
  • Arriba dormilón, no te he librado del ataque para que luego no muevas un dedo-saludó el agente.
  • Buenos días a ti también-murmuró Jef con ironía.

Desayunó y se vistió.

  • A ver ¿que ocurre para que me hayas tenido que despertar así?-preguntó.
  • Quiero ver de que pasta estás hecho, ¿que tal están tus habilidades de conducción?-inquiró Toreno.
  • Como una rosa-respondió Jef.
  • Vamos a verlo-dijo entonces el agente.

Le llevó afuera del rancho y en un granero se encontró con el mayor todoterreno del mundo.

  • ¿Qué es esa cosa?-preguntó alucinado.
  • Es un Monster Truck, quiero que realizes el trazado predispuesto en el GPS, tienes que superar la última marca, que está en... 2 minutos 30 segundos-leyó el agente en una ficha.
  • ¿Tengo que conducir esa mole?-preguntó Jef aún sin creerlo.
  • Muy bien, genio... por cierto, este pequeño tiene tracción a las cuatro ruedas en vez de freno de mano, creo que es prudente que lo sepas-avisó Toreno.
  • Ah, eso me tranquiliza más-murmuró Jef irónico.

Estuvo atravesando lugares de Tierra Robada, como el pueblo de Bayside, El Quebrado, Aldea Malvada, bordeó Sherman Reservoir, atravesó la pista de Verdant Meadows... hubo varios momentos en el que casi volcaba y el meter la tracción le aterrorizaba; jamás había conducido algo semejante. Tras un último recorrido por la frontera entre San Andreas e Idaho, volvió al rancho en línea recta y embalado, casi se come el granero.

  • Ay, ay, menudo viaje...-murmuró Jef medio mareado, saliendo de la cabina.
  • Muy bien, 2 minutos 10 segundos-anunció Toreno.
  • No pienso volver a conducir ese monstruo-avisó Jef.
  • Tanquilo, no lo harás... ¿y por qué te crees que lo llaman Monster Truck?-preguntó con una sonrisita.
  • Ja, ja....-rió Jef.

El resto del día, se lo pasó viendo a los animales que tenía Toreno, entre ellos una manada de diez caballos, unas cuantas gallinas con varios polluelos (a los que tuvo que dar de comer él), dos cerdos y un topo.

  • ¿Y por qué tengo que dar de comer yo, a TUS gallinas?-inquirió él.
  • En primer lugar, tengo cosas mejores que hacer que dar de comer a las gallinas; segundo, no son mis gallinas, es más, ningún animal que hay aquí es mío, sólo están para aparentar; y tercero, te he hecho un favor muy gordo y por esa misma regla de tres, me debes una muy gorda. ¿Qué mejor manera de devolvérmelo haciendo actividades rurales lúdicas?-se preguntó cachondeándose.
  • Pues prefiero hacer actividades que desemboquen en una remuneración...-murmuró mientras los polluelos le tiraban de los bajos del pantalón, pidiendo más comida.
  • Estás para una postal-murmuró el agente.
  • A la mierda, Toreno... ¡quitad de ahí, os voy a acabar pisando!-exclamó Jef empujando a los polluelos con el pié y echando más grano al suelo; de inmediato, los polluelos comenzaron a picotear.
  • Mañana comenzarás... mira aquí-le indicó.

Jef le hizo caso y, como una puñalada trapera, le hizo una foto.

  • ¡Eh! ¿Qué haces?-le espetó.
  • Quedará ideal en internet...-murmuró Toreno yéndose al rancho.
  • ¡Y una mierda!... ¡Eh! ¡¡Eh!!-le llamó Jef, pero no podía moverse con los polluelos cerca.
  • Probando, probando... y no te olvides de los caballos-añadió el agente por el sistema de megafonía del rancho.

Jef soltó un respingo y se dirigió al recinto vallado mientras el sol se escondía tras el Arco del Oeste.

Capítulo 9

Jef se despertó de nuevo en la cama del rancho de un estúpido agente del gobierno; le tenía algo quemado por lo de ayer, aunque dio gracias a que el despertarle con el toque de corneta no era algo constante. Se dirigió a la cocina a desayunar, Toreno también estaba allí.

  • Buenos días-saludó él.
  • Serán para ti...-murmuró Jef.
  • Ah, que rencoroso eres, sólo era una bromita-recordó el agente.
  • Tus bromitas no molan.
  • Pero a mi si.
  • Si quieres amargarme el desayuno, me lo dices y ya-avisó Jef para ahorrarse más vaciles.
  • Oh, vamos, no te pongas así, tengo un regalito para ti-anunció Toreno.
  • ¿Qué tu me vas a regalar algo? Debe ser poco usual en ti, conociéndote...
  • ¿Ves? Eres tu el que me provoca, para que luego digas... el regalo está en el salón-indicó.

Por pura curiosodad, fue a ver de que se trataba y de un paquete de regalo, sacó un traje de color azul oscuro con corbata negra.

  • Vas a ir a ésta oficina en el Big Pointy Building, acabo de enviarle un curriculum a su oficina y he dicho que iba a estar allí a las 11-anució Toreno dándole una tarjeta en la que ponía: "Bouffete Poullete & Sons".
  • ¿Me estás diciendo que voy a tener que hacerme pasar por un abogado?-preguntó Jef aún indeciso.
  • Hay que ver lo hacha que eres... quiero que durante la entrevista pongas un micro en la mesa del despacho de Poullete, intenta ser discreto-indicó el agente.
  • Vayamos por partes, ¿vale? Primero: ¿quien coño es Poullete?; segundo: ¿cuál es el objetivo de ésta operación? y tercero: ¿por qué nunca me explicas nada?-preguntó Jef.

Toreno le miró fijamente durante unos segundos y finalmente abrió la boca.

  • Me toca a mi; primero: ¿por qué he sido tan bocazas contigo?; segundo: ¿por qué no acatas las órdenes?; y tercero: ¿por qué eres tan metomentodo?

Se estuvieron mirando fijamente a los ojos hasta que Toreno dijo.

  • Sigue mis instrucciones en todo momento, estaré en contacto contigo siempre y no la cages, podría sernos útil lo que diga ese franchute.

Jef, sin ganas, se terminó de vestir y se marchó rumbo a San Fierro por la Autopista de Las Venturas; aún se preguntaba que qué hacía en ese rancho, escuchando órdenes extrañas del agente del gobierno más tocapelotas que haya existido, pero aún así acababa haciéndole caso. Le podría haber mandado a la mierda mucho antes, pero no lo hizo; ¿por alguna razón? se preguntaba él; prefería no pensar más en eso y concentrase en la carretera. Marchaba en el Washington de Toreno, él mismo se lo prestó.

  • A no ser que quieras vover al Monster Truck-recordó que dijo éste.
  • Será capullo-pensó Jef cambiando de marcha.

Al cabo de media hora, divisó a su izquierda el pueblo de Bayside, al frente el puente Gant y al fondo, recortada en el color de la mañana, San Fierro; nunca había estado, de hecho, sólo había estado en Las Venturas y sus alrededores, jamás fue más allá de toda San Andreas. Entonces, al entrar a la ciudad, se dió cuenta de una cosa.

  • Vale, ¿y por donde tengo que ir yo?
  • Pensaba que jamás ibas a pensarlo-oyó una voz conocida por todo el coche; de hecho, salía de los altavoces.
  • ¿Toreno?-preguntó Jef.
  • Tienes que ser más observador, Daniels... yo te guío-indicó.

Le llevó a la puerta principal del edificio y antes de salir, se colocó un pinganillo transparente y muy bien simulado; cogió el micro de la guantera y se dirigió a su despacho.

  • Sobre todo, estate en calma, que no se note ni un ápice de nerviosismo; habla con claridad y no te trabes... si no sueles hacerlo-le recomendó Toreno.
  • Si, si, cállate o me pondrás más nervioso-le espetó Jef.

Su secretaria le llevó a la puerta y entró por ella.

Capítulo 10

El tal Poullete vestía con un traje azul marino y poseía una perilla muy puntiaguda, tanto como la del edificio; su pelo era moreno, bastante corto y se notaba mucho su acento.

  • Ah, messie Daniels, le esperaba... y puntual, así me gusta, yo cgeo que es un factog trés important-le felicitó.
  • Muchas gracias, señor Poullete-agradeció.
  • No seas tan pelota-le espetó Toreno.
  • Cállate-farfulló Jef.
  • ¿Pardon?-inquirió el francés.
  • Mierda-pensó él.
  • Serás capullo-le espetó Toreno.
  • Eh, no, no, es que me había acordado de cierta cosa y he farfullado, suelo hacerlo... a veces-excusó Jef.
  • Ah... tome asiento, sil vous plait-pidió Poullete.

Durante unos minutos que le pareciero horas, estuvieron hablando sobre su currículum.

  • Un carrera profesional muy impoluta, con un alto nivel de idiomas, c'est trés important pour este trabajo; ha estudiado en el Greenglass College de Las Venturas y ha estado trabajando en París, oh la lá! Je, je... tengo una pregunta par vous, messié Daniels, ¿que fue lo que más le gustó de la ciudad?

Cojonudo, nunca había estado en París, ni siquiera salió de los Estados Unidos; por decir algo, murmuró lo que más se oía a nivel mundial.

  • Me gustó mucho la torre Eiffel, los Campos Elíseos y Notre Dame, pero lo que más fue el Louvre.
  • Oh, que buen gusto... parfet... es usted la persona idónea para el puesto...-murmuró Poullete, pero Toreno saltó entonces.
  • Cuidado ahora, te hará una última prueba y si no la pasas te mandará a la mierda.
  • Ahora, ¿usted que cree acerca de las diferencias entre la justicia europea y la estadounidense?

Cagada la hemos; ¿y ahora qué? ¡No tenía ni puta idea!

  • Di algo, mentecato o la operación se irá al traste-le increpó Toreno.
  • Estoy pensando, joder...-farfulló de nuevo.
  • Comment?-preguntó Poullete.
  • No, no, que yo creo que... existen ciertas limitaciones en materia de... justicia individual; está muy limitado también el sistema de sanidad aquí y en Europa tienen más oportunidades... hay una descompensación en la materia de lo penal...-decía, mientras pensaba: "¿Que coño estoy diciendo?".

Poullete le escuchaba atentamente y sin quitarle el ojo, lo que le ponía más nervioso.

  • Y... hay demasiada libertad en cuanto a la tenencia de armas y habría que regularlo más-soltó entonces.

Por un momento el tempo se paró y lo vió; acababa de soltar la madre las cagadas, en Texas le habrían ahorcado por traidor y Poullete tenía los ojos como platos.

  • Oh, joder...-pensaba él.
  • Capullo, subnormal, tontolculo, gilipollas, antiamericano, socalista de los cojones-soltaba Toreno todo un surtido de insultos sacados de su cosecha.

Ya no dijo nada porque acabaría empeorando las cosas; entonces, Poullete soltó una sonora risotada.

  • ¡¡JA, JA, JA!! Curiosa visión, amigo, trés choquant... me gusta, queda admitido-anunció dándole la mano, mientras Jef le miraba alucinado.
  • A eso yo lo llamo visión holística, mon amí, una visión muy amplia y global y es algo que yo valoro; mañana le mandaré a su correo los horarios y el día en el que empezará y bienvenido-le despidió.

Salió del edificio aún alucinado.

  • Menos mal que se lo ha tragado... pero que sea la última vez ¿me oyes?-le espetó Toreno.
  • Cállate tu, imbécil, en el marrón que me has metido-le increpó Jef dirigiéndose al coche.
  • Bueno, hemos dado un paso en la investigación, enhorabuena, Daniels, mon amí-le felicitó el agente.
  • Toreno, quede clara una cosa, tu y yo no somos amigos-subrayó Jef subiendo al coche.
  • Absolument, ami de mon Âme-murmuró el agente, con ganas de broma.
  • ¡¡Que te calles y me hables en cristiano!!-le gritó.

Y en medio de discusiones, regresó al rancho donde le esperaba el agente más tocapelotas que el país podría llegar a conocer.

Capítulo 11

Aún no se creía que Poullete se había tragado todas y cada una de las palabras que le soltó al azar; pensaba que los franceses eran más espabilados, pero ésto... Aunque no veía el sentido en hacerse pasar por abogado para encontrar un helicóptero secreto que ya no es tan secreto si revoloteaba por todo el estado de San Andreas.

  • Necesitamos información de ese franchute, recuerda que todavía has de ponerle el micro en la mesa, no la cages, Daniels-le decía Toreno.

Por suerte, todos los días que iba sólo tenía que archivar toda una pila de casos resueltos, al menos no le manadaban defender a nadie, porque no tenía ni idea. En cuanto al micrófono de marras, aún no encontraba un buen momento para colarse en su despacho y ponerlo, además, le daba miedo que le descubriese.

  • Hace falta ser cagado, si no lo pones tu, a ver quien lo pone, necesitamos la información, Daniels...-le insistía Toreno.
  • Pero si ni siquiera me dices que es lo que exactamente quieres de él; ¿que información necesitas sacarle?-preguntó Jef.
  • ¿Por qué eres tan, tan, tan, tan pesado, Daniels?-preguntó Toreno.
  • Vale, siempre con lo mismo...-murmuró Jef, cansado de intentarlo.

Parecía que no confiara del todo en él, ¿que sería lo que quería de Poullete? Si hay personas muy abiertas y que son un libro abierto para cualquiera, Toreno no era un libro cerrado, era un muro. Pero fue al día siguiente cuando consiguió poner el micro, fue pura chiripa; aprovechó cuando Poullete se iba a por su café al bar, que estaba tres plantas más abajo de donde estaban ellos. Siguió las indicaciones de Toreno y lo puso "en un lugar donde no se vea pero donde tampoco esté lejos de él". Debajo de la mesa no porque era un topicazo y sería demasiado evidente; pensó ponerlo en la lámpara pero lo desechó, lo vería al apagar la luz. Pero entonces lo vio claro, dentro del ordenador; desatornilló a toda prisa la tapa derecha de la CPU, puso el micro detrás de la grabadora y dejó todo como estaba. Pero los problemas vinieron después, concretamente tras la puerta y sostenían un café.

  • ¡¡Mierda!! ¿Qué hago, que hago?-se preguntaba mientras estaba a punto de ser pillado.

Entonces vio unos informes en la mesa, con una etiqueta en la que había un nombre y sin pensar, quitó esa etiqueta y en ese momento entró Poullete.

  • Daniels, ¿que hace en mon bureau?-preguntó al verle.
  • Ah, ehm, venía a traerle esto, señor-le dijo entregándoselo.
  • Ah... oh, trés bien, veo que no pierde el tiempo ¿eh? ¡aprovechando las oportunidades!-exclamó el francés mirándolos.
  • Por supuesto, señor-murmuró Jef.
  • Así me gusta, Daniels, haré un gran hombre de usted-le dijo.
  • Que así sea-le dijo.
  • No ha puesto el nombre... es igual, ahora lo pongo yo, siga así, Daniels-le animó.
  • Así lo haré, señor-murmuró mientras se iba; una vez fuera, bufó aliviado, despreocupado y liberado. Pero ni él sabía, ni siquiera lo pensó, de que se había metido en el peor fregado del mundo.

Capítulo 12

Ese día, Jef se encontraba especialmente animado, tenía menos casos para archivar y podría irse pronto a casa; aunque fue acordarse de cierto agente tocapelotas y se lo pensó mejor. ¿Y si haría horas extras? ¿y si se quedaba a comer allí? Bueno, ya vería, aún quedaban varias horas. Tras unos minutos, Poullete le llamó.

  • ¿Llamaba, señor?-preguntó entrando en su despacho.
  • Oui, mesiié Daniels; messié Downford, le presento a Jef Daniels, su abogado-soltó el francés.

Jef se quedó mudo, no podía haber escuchado lo que había escuchado.

  • Pe...¿perdón?-murmuró.
  • Oui, Jack Downford, el alcalde de San Fierro, aceptó su caso la semana pasada, me dio el dossier-anunció Poullete.

Jef sintió que el mundo le devoraba, la había cagado de una manera muy simple, no podía ni pensar lo que le venía encima.

  • Mesiié Daniels, ¿se encuentra bien? está pálido-observó Poullete.

Entonces vio el momento perfecto para escapar de esa pesadilla.

  • Me... me parece que me ha bajado el azucar... algo dulce, por favor-balbuceó, fingiendo.
  • ¡Oh, oui! ¡Mélanie, tráeme chocolate y zumo, avons!-pidió por su interfono.

Le llevaron afuera para que le diera un poco el aire y le trajeron chocolatinas y zumo de naranja; para que colara, se tuvo que comer todo.

  • ¿Ya está mejor?-preguntó Downford.
  • Si, si...-murmuró.
  • ¿Cómo es que no indicó en su currículum que padecía hipoglucemia?-preguntó Poullete.
  • Se... se me pasó-se excusó.
  • Muy mal, debe usted ponerlo... ya se lo incluiré yo, no se preocupe; en cuanto al caso, le devuelvo el dossier para que lo estudie-le indicó dándole el dossier.
  • Aunque es curioso, justo ayer me vino McMillan diciendo que el caso lo escogió él...-comentó.

Jef dejó los ojos en blanco momentáneamente.

  • Pero bueno, algún error, seguro. Ha tenido usted suerte, Downford, Daniels promete-le dijo el abogado francés.
  • Si, no sabe cuanto...-farfulló Jef tras mirar el caso; le acusaban de colaborar con los Mountain Cloud Boys y de aceptar dinero de fraudes varios. Dios, que marron.
  • Sólo quería que se conocieran, el martes que viene tendrán una reunión para tratar el caso, el juicio es de dentro de dos semanas, pero seguro que no tendrá ningún problema ¿verdad, Daniels?-dijo Poullete.
  • No, ninguno señor-murmuró Jef.
  • Bien entonces. Puede irse, descanse por la bajada de azúcar-le indicó Poullete.

Volvió a casa y le explicó el problema a Toreno.

  • ¿Que puedo hacer, que puedo hacer?-repetía todo el rato.

Toreno no decía nada, aunque parecía que se estaba reprimiendo un buen surtido de insultos.

  • Yo no puedo defender a ese tio, no sé, Toreno por favor, ayúdame-pidió él.
  • No es cosda mía-anunció con tranquilidad.
  • ¿¡Que?! ¡No puedes hacerme eso, si me descubren la operación se irá al traste! ¿recuerdas?
  • Has sido tu que, por tu imprudencia, te has metido en este marrón tu sólo; si, corro el riesgo de cagarla, pero serás tú el que saque, no a mi de ésto, sino al gobierno de los Estados Unidos de América-recitó, como si estuviera dando un discurso.

Jef no se creía lo que oía, sabía que haría lo que sea por proteger al país, pero en ese momento estaba pasando de él.

  • Pero...-quiso insistir, pero Toreno soltó.
  • ¡Daniels, me estoy reprimiendo sobremanera para que no se me oigan mis insultos hasta más allá de Liberty City, estoy muy cabreado contigo por esto, la misión pende de un hilo y tengo ganas de liarme a tiros porque es lo único que me calma! ¡Así que, por favor, soluciona ésto tú!

Toreno se largó de allí, ya que oyó el motor de su Washington perderse desde el camino de tierra que lleva a Las Barrancas. Lo más probable es que fuera a liarse a tiros para calmarse, como dijo antes; pero Jef se sentía completamente sólo, ya no podía contar con él, y lo más probable es que no pudiera dar marcha atrás. Supuso que tampoco podría poner alguna excusa, y menos ponerse enfermo el día del juicio o siquiera delegar en alguien; salió afuera y contempló el rancho y sus animales, vio además a un Sparrow sobrevolado el lugar. Jef soltó un respingo, y pensar que todo esto es para encontrar un estúpido helicóptero experimental... por él, el helicóptero se podía ir al infierno, como si los colombianos se benefician de él, le daba igual. Eso, que se joda Toreno, que se joda el helicóptero y que se jodan, Markinen, los colombianos, Estados Unidos de América, el presidente y la madre que los parió a todos; estaba harto, completamente, y sólo pensaba en una cosa: terminar con esta mierda ya.

Capítulo 13

Se encontraba tendido en la cama, si hacer nada y con ganas de nada; para el martes que viene quedaban unos cinco días, tiempo suficiente para desesperarse y quejarse; de Toreno no sabía nada, de hecho hacía ya unas cuatro horas que había salido. O se estaba comiendo toda la munición de seis meses o se había largado; bueno, si se había largado mejor para él, así no tenía que aguantarle. Se quedaría con el bonito rancho, sí ¿por qué no? si ese berzotas no vuelve más... Si, era buena idea, se lo quedaría él, viviría allí y de los animales; podría comprar unas vacas para que le dieran leche y con la leche podría hacer queso o yogures. También podría comprarse un gato, para que le hiciese compañía y también varios patos, había un pequeño estanque cerca y allí podrían nadar a gusto. Y también podría comprarse un tractor para cultivar las tierras que había, podría cultivar lechugas, o zanahorias, o tomates, era una tierra muy rica, al menos en esa zona del estado. Cerca del rancho había también un embarcadero, podría enajular un buen hueco y criar allí carpas u otra especie de peces; si ¿por que no? Todo era posible, aquel rancho era el paraíso, le gustaba, se podría hacer rico con él si quisiera. Y lo mejor, sin Toreno; que le den a Poullete, ese franchute estirado insoportable, si, era un capullo. Pero entonces, un ruido muy familiar le sacó del mundo de color y fantasia, era un ruido de propulsión, se podía oir perfecamente unas apsas girando.

  • No puede ser-murmuró.

Miró por la ventaa y no pudo creer lo que veía.

  • ¡El Predator!-exclamó.

El solicitado helicóptero se encontraba sobrevolando la zona, en dirección hacia el estado de Ohio; su curiosa e inusual forma era irreconocible. ¿Qué haría, iría tras él?eso es lo que estaba buscando Toreno, encontrarlo, era su oportunidad de acabar con todo de un solo tiro. No se lo pensó más y salió afuera, quiso coger el Washington de Toreno pero recordó que se lo llevó hace cuatro horas; ¿y ahora que? Pero entonces, vio en el granero al inmaniobrable, no le apatecía nada volver a conducir esa cosa pero en ese momento era lo único disponible. Con una maña que hasta sorprendería a Toreno, Jef se puso en marcha, a la persecución del helicóptero; el infrascrito volaba hacia Ohio, ¿pretendían salir de San Andreas? ¿Para que? Dejó las preguntas retóricas de lado y se concentró en las marchas de aquella mole. Pero un coche tan grande como ese era visible desde kilómetros y Jef ni se percató debido a las prisas.

  • Tenemos a un curioso siguiéndonos en un Monster Truck-anunció el piloto.
  • ¿Que? Vaya... bueno, cumple con el dicho, la curiosidad mató al gato-anunció una voz desde la parte de atrás.
  • Si, señor-murmuró el piloto dando la vuelta.
  • ¿Qué están haciendo?-se preguntó Jef, pero la respuesta vino no precisamente en palabras de varios kilos de metralla proveniente de las Minigun que tenía el helicóptero.
  • ¡Mierda!-exclamó Jef metiendo la tracción a las cuatro ruedas, lo que le permitió esquivar por los pelos la andanada.

El helicóptero seguía atacándole y Jef optó por hacerles entrar de nuevo en el estado; condujo como loco por todos los lados, tras ráfagas de balas. Pero la suerte se le acabó, al ado de la autopista San Fierro-Las Venturas, acabó dándole y el coche salió disparado hacia el mar. Pero a Jef le dio tiempo a salir antes de la explosión, cayendo al agua.

  • Objetivo terminado, jefe, ¿seguimos?-preguntó el piloto.

Tras un corto silencio, la voz anunció.

  • No, volvamos mejor, no podemos arriesgarnos, nos pueden haber visto.
  • Bien-murmuró el piloto virando y dirigiéndse hacia el sur.

Jef salió del agua y volvió al rancho, hizo algo de autostop pero nadie paraba, que amables son los san andrenianos. Llegó andando y cuando entró, se encontró con Toreno.

  • ¿Has visto todo?-preguntó Jef.

El agente no dijo nada, solo se limitó a mirarle.

  • Vale-murmuró Jef.

Y volvió a su habitación.

Capítulo 14

Desesperación, esa era la palabra; hacía ya tres días que Toreno no le dirigía la palabra y quedaban solo dos para el juicio. Ayer estuvo hablando con Downford y le prometió que le libraría de los cargos; ni supo por qué lo dijo, supuso que fue por la tensión. En total eran siete cargos, dos por colaborar con los Mountain Cloud Boys, tres por la malversación de fondos y dos nuevos que se incorporaron ayer cuando la prensa le vio salir del Pleasure Domes. Jef quería morirse pero ni eso podía ya que el agente no le quitaba ojo de encima; pero un día, Toreno se presentó con un hombre muy mayor, casi calvo y vestido de luto.

  • Daniels, éste es Abraham Simons, abogado de prestigio del país, un viejo amigo mio; se lo he pedido como un favor personal, así que no lo desperdicies, él te dirá todo lo que tienes que decir en el juicio-anunció entonces.

Jef abrió mucho los ojos, ni se lo creía.

  • ¿Cómo...? ¿Toreno, es cierto?-preguntó.
  • Verás, he de agradecértelo; gracias a tu acción evasiva, los ladrones han desistido en abandonar el estado y lo han pospuesto durante una semana, pretendían llevar el Predator a Seattle; lo que te quiero decir, es que solo nos queda una semana para recuperar el helicóptero. Y éste es mi regalo por hacerlo bien, después de todo-explicó.

Entonces Jef se abalanzó y le abrazó.

  • Me salvas la vida, me salvas la vida...-repetía.
  • ¡Quita coño, mariconadas las justas!-exclamó apartándole de un empujón.
  • Je, je, ya sabía yo que te cabrearías... lo has descubierto por el micro ¿verdad?-murmuró Jef.
  • Muy agudo esta vez, Daniels...-asintió el agente.
  • Muy bien, he estudiado el caso con anterioridad y ya he preparado lo que tienes que decir-explicó Simons.
  • Todo te lo dirá a través de éste pinganillo ultra-camuflado de mi agencia, sólo tendrás que repetir lo que te diga-continuó Toreno.
  • Pero antes de eso he de enseñarte a hablar como un abogado, pongámonos a ello-apremió el abogado.

Estuvieron el resto del día dedicados a ello, Jef tuvo que aprender a hablar y a actuar, pero en ese momento se sentia como una esponja y capaz de aprender hasta los artículos de la constitución de Alexander Hamilton. Y llegó el día, el juicio tuvo lugar en el ayuntamiento, afuera en el coche estaban Toreno y Simons y Jef estaba tan calmado que hasta sorprendió a Poullete.

  • Sereno e imperturbable, ¿eh, Daniels?-dijo.
  • Por supuesto-afirmó él.
  • Eso si que es profesionalidad... a por ello, Daniels-animó el francés.

Comenzó el juicio, llamaron al estrado al alcalde e hizo el juramento.

  • Señor Downford, alcalde de San Fierro, ¿jura decir toda la verdad y nada más que la verdad?-preguntó el juez.
  • Lo juro-dijo con la biblia en la mano.
  • Muy bien, recuerde que está bajo juramento-añadió tras eso su señoría.

Comenzó el testimonio del abogado del demandante en contra de Downford, uno de sus concejales, además; tras la expsosición de los hechos, le tocó a Jef, fue cuando Simons comenzó a "dictar" y Jef aplicó las pautas de actuación. Tras varias horas, el jurado se reunió para deliberar y después de un cuarto de hora, salieron a la sala, y dictaron su veredicto.

  • Declaramos al acusado, inocente de todos los cargos.
  • De acuerdo, se levanta la sesión-terminó el juez dando un mazazo.

Poullete le felicitó personalmente y el alcalde invitó a una ronda en un bar.

  • Te debo una, Toreno-pensó Jef.

Al día siguiente, Jef llegó a la oficina temprano y despreocupado; en ese momento le llegó un fax, para sorpresa suya era de Toreno.

"¡¡Corre Daniels, corre, que te han pillado!!"

Fue entonces cuando alguien disparó, ese alguien era nada más y nada menos que Poullete.

  • ¡Maldito espía!-gritaba disparando a dar.

Se cubrió tras la mesa y sacó su Desert Eagle; en ese momento le llamó el agente.

  • ¡Daniels, dime que lo sabes!-exclamó.
  • Si, lo he visto-dijo.
  • Vale, sólo lo sabe él pero si dice que los tenemos localizados adiós a la operación, el gobierno ha dado luz verde para callarlo, hazlo tu-indicó.
  • ¿Qué? Pero...-quiso decir Jef.
  • Ni pero ni ostias, sube a lo alto del edificio, allí hay un Paracaídas y cerca de la plaza, hay un Stinger rojo aparcado; úsalo y vete cagando leches a Angel Pine-le indicó Toreno.

Jef respondió a los disparos pero no le dió.

  • ¿Dónde coño está Angel Pine?-preguntó.
  • Tú solo coge la Autopista de San Fierro y coge el desvio cuando lo indique, tardarás como unas dos horas y media, está de cara al océano-dijo el agente.

Poullete volvió a disparar, una bala pasó a su lado.

  • ¿Y que hago allí?-preguntó Jef.
  • Busca a la verdad-dijo entonces Toreno.
  • ¿¡Cómo?! Me perdí-dijo alucinado.
  • Te tengo que dejar, nos vemos-dijo colgando.
  • Joder Toreno, tú y tus metáforas-farfulló disparando él esta vez.

Cubriéndose, alcanzó las escaleras y subió un par de pisos, con el franchute tras sus talones.

  • Daniels, no jugemos al escondite-canturreó, divertido.

Se acercó a las vidrieras ya que le pareció verlo junto a una mesa, pero era una silla caída.

  • ¿Pero que...?-farfulló, entonces dos balas impactaron a ambos lados del cristal, que se resquebrajó; cuando comprendió lo que Jef quería hacer, fue demasiado tarde. Éste le disparó en el pecho y del impulso rompió el cristal y se precipitó al vacío.
  • ¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaah!!-gritaba como loco.

La caída fue rápida, cayó encima de un Taxi, haciéndolo añicos; pero el quinto de caballería había llegado. Se dirigió inmediatamente al tejado, tomó el paracaídas y se lanzó hacia la plaza; tiró de la anilla tras unos cinco segundos y tras un descenso placentero e incluso relajante, aterrizó en el coche y se largó pitando de allí. Tomó la calle de la playa y tras atravesar todas la ciudad, cogió la autopista rumbo al pueblo.

Capítulo 15

Cuando llegó al pueblo, eran las diez de la noche, una luna redondísima alumbraba los pinos que rodeaban a la pequeña urbe y una constelación que a Jef se le antojó extraña se dibujaba en el limpio cielo. Aparcó al lado de un bar y entró en él; su intención era preguntar sobre "la verdad", lo más probable era que los lugareños le tomaran por loco o por algo peor. Pero aún así se arriesgó y preguntó a un anciano.

  • Perdone, estoy buscando a la verdad-le dijo.
  • Toma, y yo la llevo buscando desde que me casé con mi mujer, ¡no te jode!-le espetó.

Muchos que lo escucharon, irrumpieron en carcajadas.

  • Vale, genial-murmuró Jef.
  • Ah, si estás buscando a esa verdad, está en el motel que hay a la entrada sur, habitación 17-le indicó una mujer mayor.
  • Muchas gracias señora-agradeció él.

Siguiendo las indicaciones, tocó a la puerta y abrió una especie de hippie con una barba horrible.

  • Esto... ¿la verdad?-murmuró Jef.
  • Y la mentira, están en todas partes hermano-añadió el hippie.
  • Vale, lo siento, me he equivocado-murmuró a punto de irse, pero entonces dijo.
  • El destino jamás se equivoca Jef, pasa.

Pasó a la habitación, había una cachimba encendida en una mesa y el resto de la estancia estaba vacía.

  • Vale, antes que nada ¿eres tu la...?-quiso preguntar, pero él el cortó.
  • Yo soy The Truth, colega; tu me conoces pero lo más probable es que sea de otra vida.
  • ¿¡Cómo?!-preguntó Jef alucinando.
  • Por supuesto, todo el mundo conoce a todo el mundo aunque el mundo no lo sepa, es el principio del equilibrio del universo-explicó.

Jef estaba alucinando.

  • Vamos a ver, Tore...-quiso hablar, pero nuevamente le cortó.
  • No pronuncies su nombre, es mejor así.
  • Vale; mi contacto me dijo que buscara a la verdad, no a un hippie drogata colocado; así que o me explicas de una vez lo que sea que haya que explicar o...
  • Relaja, hermano, tienes los chakras muy disparados, ¿has estado muy en tensión últimamente?-preguntó entonces Truth.

Jef soltó un bufido, se estaba cansando.

  • ¡No, ni sé lo que es eso! ¡Yo solo quiero encontrar ese maldito helicóptero y volver a mi casa!-exclamó.
  • Hermano, con tanta energía negativa no vamos a ningún lado-murmuró Truth.
  • ¡¡No!! ¡No soy tu hermano, no me llames hermano! ¡No me cuentes idas de olla hippies, quiero respuestas!-gritó ya Jef.

Entonces le sonó el móvil, era Toreno.

  • ¿Lo ves, hermano? Todo llega-dijo el hombre.
  • Toreno, estoy con un hippie colocado ¿donde coño está esa verdad?-preguntó.
  • Pues ese mismo que está ahí, tio; escucha, aunque no lo parezca es vital para la misión, ahora te llevará a un lugar donde tendréis que recoger a una persona, mañana ultimamos detalles-zanjó la conversación.
  • ¿Que? Pero...¡espera, Toreno, eh!-llamó, pero ya había colgado.
  • ¿Nos vamos ya?-preguntó el hippie.
  • Si... ¿a donde?-preguntó Jef.
  • A la cima del monte Chilliad-respondió Truth.

Durante todo el largo ascenso no dijeron ni una palabra; unas vez arriba, el granjero hippie colocó una bomba de humo en el suelo que de inmediato soltó un humo rojo. En menos de cinco minutos, una persona bajó de entre las nubes, iba en Paracaídas.

  • Jef éste es Greg Simons, nos ayudará en la misión-presentó Truth.
  • Buenas noches-saludó.
  • Jef Daniels, encantado-murmuró Jef dándole la mano.
  • Ya sé quien eres tio, estás al cargo de Toreno, menudo elemento-comentó.
  • Dímelo a mí...-asintió Jef.
  • Bueno, sin rodeos, he conseguido seguirles sin ser visto, guardan el helicóptero en Ocean Docks, se hacen pasar por militares. He visto además a Markinen y a Eugenio Valdes con ellos, es nuestra oportunidad-explicó.
  • ¡Markinen!-exclamó Jef.
  • Si, el gordo ruso al que tu has estado protegiendo como un tonto-cercioró Greg.
  • Usted perdone, si llego a saber que estaba metido en un thriller sobre la teoría de la conspiración con rusos y colombianos al mismo tiempo, me lo hubiera pensado-murmuró Jef con ironía.
  • Uoh, como maneja el amigo...-murmuró Greg.
  • ¿Y quién es Eugenio Valdes? y otra cosa ¿quién eres tu exactamente?.-preguntó entonces Jef.

Greg le miró con una sonrisita escéptica.

  • Ya me advirtió Toreno de lo preguntón que eres... sólo te interesa saber que soy de los buenos y el otro es un perro colombiano-aclaró.
  • Me encanta el misterio-murmuró irónico.
  • Y te vendrá bien-agregó Greg.
  • Hazle caso hermano, va a ser lo mejor para todos-apoyó Truth.
  • ¡Que no me llames hermano!-exclamó Jef, harto.
  • ¿Volvemos, señores?-sugirió Greg.
  • Por favor-apremió Truth.

Al día siguiente, le contaron parte del plan; aunque tenían una semana entera para recuperar el helicóptero, parece ser que el presidente o quien fuera tenía prisa y se les acababa el tiempo. Marchaban contrareloj, según Greg y había que actuar ya. El plan consistía en que Greg y Jef se infiltraban en la base para coger el helicóptero mientras Truth entretenía a los soldados; pero Jef ni sabía como diablos iba a hacer Truth para llamar la atención de todo el personal de la base y tenía dudas acerca de la seguridad del plan. Pero se suponía que Greg era un experto y Truth, tuviera el papel que tuviera en el enramado (que ni todavía había sacado en pleno cual era) también, así que él no creía que hubiera ningún problema. O igual si.

Capítulo 16

Un Raindance sobrevolaba el terreno de Ocean Docks, Greg y Jef ultimaban preparativos; saltarían en Paracaídas hasta el hangar donde tenían al helicóptero. Truth había infectado el depósito de agua del complejo con maría, en esos momentos todos los soldados y generales estarían flotando sobre el arco iris. La operación salió como la seda al principio, pero no contaron con que Markinen y Valdes no habían bebido del agua; les vieron dirigirse hacia el hangar y se anticiparon. Greg y Jef volvieron al raindance para perseguirles, donde fueran; Truth les seguía por tierra en su Nave Nodriza. La persecución fue lentísima, ya que el predator se movía muy lentamente por lo grande que era; tenía dos pares de puertas a ambos lados, era más grande y ancho que cualquier otro helicóptero convencional, poseía dos rotores con cinco aspas cada uno. Además, iba armado con dos pares de Minigun y un par de lanzamisiles. Alrededor de las siete de la tarde llegaron a Las Venturas, a Greg se le ocurrió una manera de llegar al helicóptero, se acercarían y alguien se tedría que lanzar a él usando un arma modificada, que dispara un gancho con una cuerda. Jef se ofreció enseguida, pero al acercarse al predator, Valdes disparó y consiguió dar al piloto.

  • ¡Mierda, adios piloto! ¡Ya me encargo yo, vas a tener que arriesgarte, Daniels!-exclamó Greg poniéndose a los mandos.
  • ¡Calla y acércate!-le reprimió apuntando.

Una vez que se acercó lo suficiente, Jef disparó y consiguió enganchar el gancho en las patas del aparato; oprimió un botón y la cuerda se recogió, arrastrando a Jef, el cual se agarró a las patas.

  • Ni yo lo habría hecho mejor... ¡atención Daniels! -avisó por megafonía del raindance.

Valdes tiraba contra él con un AK-47; Jef, haciendo un esfuerzo sobrehumano, se levantó y entró en el aparato por la otra puerta. Nada más entrar, Valdes cargó contra él con la culata en alto, pero Jef le puso la zancadilla y el colombiano se cayó de morros al suelo, quedando inconsciente.

  • ¡Tendré que encargarme personalmente!-exclamó Markinen poniendo el piloto automático y yendo hacia Jef Pistola en mano.
  • ¡Deja eso y pelea como un hombre!-exclamó Jef.

El ruso aceptó la propuesta y se repartieron leña por todos los lados; pero el predator marchaba hacia el oeste solo y cuando pasaron por el Aeropuerto de Las Venturas, un Shamal pasó muy cerca de ellos, lo que hizo cabecear al helicóptero. Markinen y Jef cayeron al suelo y algunos documentos también.

  • Están sin control manual... y saliendo de la ciudad-observó Greg desde el raindance.

Truth ya había llegado, algo después; se encontraba al lado de la Cantera Hunter y obervaba al pájaro volar; pero entonces se dio cuenta de una cosa.

El predator continuaba su inexorable marcha y Markinen y Jef seguían repartiéndose golpes; llegó entonces la oportunidad y jef le golpeó en la mandíbula, cayendo el ruso sobre el asiento del piloto.

  • ¡Mierda, mierda! ¡¡Coge el puto móvil, Mills!!-gritaba Toreno. Se encontraba en Octane Springs, en una elevación y mirando el recinto vallado; el predator estaba a punto de invadir su espacio aéreo. Entonces, de una torreta, salió disparado un misil repentinamente que se dirigió hacia el aparato.
  • ¡¡Dios, me cago en...!!-rugió Toreno, impotente.
  • ¡Daniels, sal de ahí!-gritó Greg por megafonía, a distancia prudencial.
  • Ying-Yang, ayuda al hermano Jef-murmuraba Truth sentado en el techo de su nave y con las manos hacia el cielo.

Markinen se quedó algo grogi por el golpe y Jef vio lo que se avecinaba; vio un paracaídas en una esquina, se lo puso y saltó sin perder tiempo. Tras eso, Valdes se reponía del golpe y cuando vio lo que venía, gritó.

  • ¡Santa virgen de Guadalupe!

El helicóptero experimental predator estalló de una manera bestial, con Jef cayendo; abió el paracaídas y aterrizó al lado de Toreno, ya que le había visto cuando caía.

  • ¡Toreno! Lo siento tio, si lo hubiera visto antes...-dijo.
  • No es culpa tuya, Daniels... unos que yo me sé se van a poner como una mona-murmuró observando a los restos caer lentamente.
  • Ah, por cierto, vi esto en el suelo y lo cogí, igual te sirve de algo...-recordó Jef sacando unos documentos.

El agente los echó un vistazo y abrió mucho los ojos.

  • ¿Algo bueno?-preguntó jef.
  • Eso es decir poco... Daniels, esto me salva la vida-anunció.
  • ¿Puedo preguntar de que se trata?-preguntó Jef.

Toreno se lo pensó y al final explicó.

  • Han pasado los planos a Colombia y allí están construyendo una réplica... pero que Valdes haya muerto será un duro golpe para ellos. Daniels... muchas gracias-dijo.
  • De nada... ¿un abrazo?-sugirió él; Toreno le mató con la mirada y Jef dijo riéndose.
  • Lo sé, lo sé, mariconadas las justas.

Toreno se fue en su coche; del raindance no había rastro, pero de repente apareció Truth.

  • ¿Te llevo, hermano?-preguntó.
  • Gracias...-agradeció Jef.

Le dejó en la puerta del Casino Calígula.

  • Bueno, adios-se despidió Jef, pero Truth dijo.
  • Adios no, hermano, nos volveremos a ver.
  • Si, lo que tu digas...-murmuró Jef antes de salir de la furgoneta.

Por fín, se acabó todo, de vuelta al hogar y con sus amigos.

  • ¿Dónde habrá ido Greg? Me hubiera gustado despedirme de él-pensó mientras las luces, el juego y las tragaperras le saludaban una vez más.

Un AT-400 abandonaba el aeropuerto de la ciudad del juego, rumbo hacia el este; Greg miraba un mensaje en su PDA. "Ve a Vice City, las cosas están muy malas" rezaba.

  • Ya es hora de terminar con todo esto-pensó Greg apagando su PDA y cerrando los ojos, mientras el avión se dirigía a Florida.

Ende

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