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Capítulo 9: El viaje

¿Cómo describir la furia vista en Grove? Era una furia que nunca había visto, sabiendo que es un tipo que suele mantener la compostura.

Por la autopista, poco transitada (eso era raro, sabiendo que el tramo entre Buenos Aires y Rosario es muy transitado), íbamos en mi camioneta. El sol, ocultándose tras el horizonte, nos regalaba una hermosa postal con cielo anaranjado, con algunas nubes de tono rosado.

Guido me cebaba unos mates, que calmaban ese estrés que ambos sentíamos en aquel momento. Queríamos que Grove recapacitara y volviera, tanto a Capital como a la investigación.

Tras 2 horas de interminable calma y silencio, Guido rompió el hielo:

  • Guido: Pinta para alta siesta. Frená en peaje, así me cambio al asiento de atrás.

La palabra "peaje" me recuerda a "choreo", porque la plata que allí juntan, para en los bolsillos de los políticos. Las rutas y sus mejoras, te las debo. Pagúe los 1.200 australes, Guido pasó atrás, y seguimos.

Ese viaje se hacía muy aburrido sin música, así que saqué mi CD con música de los '60 y '70. Empezó el tema 14, "Muchacha, ojos de papel":

"Muchacha, ojos de papel, ¿adónde vas?..." .Apagué el CD y seguimos con nuestro viaje, tratando de llegar a Rosario.

Capítulo 10: Llegada a Rosario y "negociaciones" con Grove

Entramos por la Circunvalación a Rosario, pasando por Pellegrini y Oroño. La carta (sí, la traje conmigo) tenía la dirección del apartamento, el cual estaba situado en pleno Boulevard Oroño, frente a la vereda que divide a dicha calle.

Vimos el edificio, el cual era de relativo lujo. El de Grove era el departamento 4 del 8º piso, así que desperté a Guido y fuimos.

Cuando llegamos, encontramos un terrible desorden, silencio y pintadas de graffitti en las paredes. Examinamos la casa, llegamos al dormitorio de Grove, y lo vimos atando una soga (también seguía con la idea de matarse).

  • Grove: ¿Es que no tienen a quién romperle las pelotas? ¡Rajen de acá!
  • Guido: ¡Chu - pa - la! Vinimos acá para hablar con vos, así que te bancás nuestra "visita"
  • Goyco: Grove, usemos la lógica. ¿Acaso pensás que te vamos a cagar un tiro por matar a alguien que no valía una mierda? ¡Hiciste lo que buscábamos desde 1990! ¡Estamos en 2015! ¡Valió la pena, chabón!
  • Guido: Posta, Goyco tiene razón.
  • Grove: Me chupa un huevo si fue en 1990, o en 2015 o en la Revolución de Mayo. Lo que se, es que no quiero saber más nada del grupo, ni de Mogwai, ni de ninguno de esos pelotudos.
  • Goyco: Creí que eras hombre, que si te proponías algo, lo terminabas.

Mis palabras lo hicieron temblar. Se sentó en la cama, aún tembloroso.

  • Grove: Te...ten....tenés ra...raz...razón. Y...yo si me pro...pongo algo, lo cumplo. Goyco, gracias por hacerme cambiar de opinión. Gracias por venir. Limpiemos el departamento, así deja de dar esta imagen lamentable.

Llegamos a las 10 de la noche, y estuvimos como hasta las 2 ordenando el departamento. Quedó más lindo y acogedor.

Hacía un frío polar, empezó a caer aguanieve. Menos mal que trajimos abrigo. Grove nos propuso, ya con un aire renovado y siendo el mismo de antes, cortar la soga y salir a comer unas pizzas y tomar unas cervezas.

  • Goyco: Ahora, ¿quéres volver a Capital? Ya muchos me preguntaron por WhatsApp por vos.
  • Grove: No lo decidí, así que dejame que lo piense unos días. Pueden quedarse unos días, si gustan.
  • Guido: De una, Goyco está que no da más y yo tampoco. No pinta para hacer 4 horas de autopista otra vez.
  • Goyco: Caso resuelto.

Con aire de triunfo, volvimos felices y reconciliados al departamento de Grove. Escribí por el grupo de WhatsApp:

  • Goyco (WhatsApp): Chicos, misión cumplida.

El grupo se llenó de vitoreos y felicidad.

  • Goyco (pensamiento): Si, al fin, misión cumplida.

Capítulo 11: Encuentro especial

Yo me fui por la mañana a recorrer Rosario. Caminando sobre Boulevard Oroño, encontré a un mendigo, quien pedía unas monedas.

  • Mendigo: Unas moneditas para este pobre...Vamos, gente, sean amables con alguien que les llevó gloria deportiva y cayó en la desgracia.

Reconocí su voz, era Antonio "Bola" Castro, ex - delantero de Newell's, Boca, Granada, Barcelona, Juventus y de la Selección Argentina. Cuando lo escuché, le tiré un fajo de 500.000 australes para iniciar conversación.

  • Goyco: Yo a usted lo conozco, ¡es Bola Castro! ¡Ídolo de Boca! 342 goles en Boca, 18 títulos, máximo goleador, aún mayor que Palermo y Sanfilippo.
  • Bola: Todavía hay gente que me recuerda.
  • Goyco: A los ídolos no se los olvida. Y como soy gente de bien, quiero que me acompañe a la casa de un amigo, donde podrá asearse y vestirse decente.
  • Bola: Usted se acaba de ganar un amigo. ¿Sabe de algùn albergue transitorio donde pueda pasar la noche?
  • Goyco: No, pero mi amigo seguro que sí. ¿Vamos?
  • Bola: De acuerdo.

Después de conocer a mi ídolo, no se imaginan la cara de felicidad que tenía. Parecía un nene de 10 años. Ese momento, que yo pensaba jamás se me daría, se me dio y no podía contener ya la emoción.

Su voz inconfundible, me hizo reconocerlo, porque por su aspecto, hubiera pasado tan desapercibido como un mendigo más.

  • Goyco: ¡Muchachos! ¡Miren a quién traje!

Los chicos, por su aspecto, no lo reconocieron.

  • Guido: ¿Trajiste a un vagabundo?
  • Goyco: Ahora es un vagabundo, pero esperen que se duche y afeite.
  • Grove: Bien, que pase. Tengo ropa que no uso que podría darle.

El "vagabundo" se tomó su tiempo. Pero, al cabo de 25 minutos, salió vestido y aseado, y los changos no se podían creer a quién tenían frente a sus ojos. Era un tipo muy reconocido, pero, caído en la desgracia, descuidó su aspecto y se volvió un indigente.

  • Guido: ¿Esto es real, Goyco? ¿Está pasando o estoy soñando?
  • Goyco: No, no estás soñando. El vago es... ¡Antonio Castro!
  • Guido: ¡Señor Castro! ¡Cuántas alegrías me dio como jugador en la Selección!
  • Bola: Gracias, señor...
  • Guido: Guido. El de allí es Grove, y este es Goyco.
  • Bola: Gusto en conocerlos.
  • Grove: Cuéntenos, ¿cómo fue que cayó en desgracia?
  • Bola: Todo comenzó allá por el 2003, cuando me retiré. Había hecho mi buena fortuna, tenía familia, salud, y todo lo que siempre soñé. Pero, en diciembre del 2003 (me retiré en julio), con la devaluación de la moneda y la prohibición del ahorro en dólares, lo perdí todo, pues la maldita ordenanza establecía que no se podía transformar los dólares en australes. Eso me hizo vagar por bancos y bancos, e incluso le tuve que pedir dinero prestado a un prestamista judío metido en todos los marrones posibles. Le pedí un préstamo de 500.000 dólares, que tendría que devolver en julio del 2004. Pero, recién en marzo del 2006 reuní todo para devolverle. Inconscientemente, me largué con la plata a Honduras, pero la violencia que había me obligó a volver y tras haber perdido el medio palo verde, estuve perseguido por los sicarios del prestamista por 3 años, hasta que logré llegar de incógnito aquí.
  • Goyco: Es una dura historia, la verdad.
  • Bola: Es dura, sí, pero pude remarla. Devolví el dinero en febrero del 2009 y nunca más pedí dinero ni a prestamistas ni a los bancos. Viví los siguientes 4 años con una ayuda mensual del Estado, de unos 3.000.000 de australes, pero, al no ser suficiente, mendigué.
  • Guido: Durísima historia, pero no se preocupe, que tengo un departamento extra en Buenos Aires, que podrá usar a cambio de nada. Y eso, solo porque es mi ídolo y como muestra de gratitud por los 2 mundiales y las 4 Copas América que nos hizo ganar. No me olvido de aquel penal que le atajó a Neuville faltando 2 minutos para terminar el partido, reemplazando a un expulsado Cavallero
  • Bola: Es muy lindo que recuerde eso, pero ya forma parte de mi pasado.
  • Goyco: ¿ Y su familia?
  • Bola: No hubo forma de dar con ellos. Los busqué por todos lados, realicé denuncias en 38 comisarías distintas, y aún así me dieron la espalda. Intenté llamarlos y nada.

Se formó un silencio atroz.

Capítulo 12: La vuelta triunfal

Con Grove decidido a volver y con Bola dispuesto a ayudar, emprendimos el regreso a GTE City. Le contamos medianamente de qué se trataba nuestra "cruzada".

  • Goyco: Bien, señor Castro. Nuestra "cruzada" es contra unos tipos que mataron al hijo de un amigo. Y necesitamos muchas personas para poder detenerlos. Pero el problema, es que el grupo nuestro, se está cayendo a pedazos, y necesitamos quien pueda cohesionarlo. ¿Sería usted capaz?
  • Bola: ¡Por supuesto! En los vestuarios cumplía con esa labor.
  • Goyco: De acuerdo, muy bien. Tome este celular, lo necesitará.

Continuamos nuestro viaje a GTE City hablando de "bueyes perdidos"

Capítulo 13: ¡Se escaparon!

Mientras volvíamos, hablábamos con Bola sobre sus tiempos de futbolista

  • Goyco: Dígame, maestro, ¿cómo fue que le nació ese talento para el fútbol?
  • Bola: Verás, desde los 9 años, entré a jugar en Newells Old Boys en la cantera. La clave para el talento fue entrenar durísimo todos los días: Cuando volvía de los entrenamientos en el club, inmediatamente seguía pateando penales, tiros libres y demás junto con mis amigos del barrio, mis hermanos y mi primo Carlos. A pesar de que volvía fusilado, las ganas de jugar un Mundial y consagrarme en Primera no me las quitaba nadie. Pasaba horas viendo fútbol argentino y del exterior, a pesar de que todavía mirábamos los partidos con la decodificadora.
  • Goyco: Aún recuerdo mi vieja decodificadora, hasta que lograba captar la señal, terminó el primer tiempo. Una vez nos pasó con Guido, ¿no es así?
  • Guido: Cierto, Goyco. Era el partido Deportivo Español - Huracán de Corrientes por el Apertura '96. Cuando pudimos captar la señal, Castrilli le daba fin al primer tiempo. El Gallego ganó 1 - 0 ese partido.
  • Bola: Todavía recuerdo a Huracán de Corrientes, si le convertí dos goles durante mi etapa en Boca Juniors cuando jugamos contra ellos de visitante, ganamos 3 - 1. Una lástima, porque no merecía descender.
  • Grove: Igual, si no descendía en la 96/97, en la siguiente seguro que sí, con o sin promedios. Hizo una campaña completamente olvidable, con 4 victorias y siendo el equipo más goleado con 40 goles en contra.
  • Goyco: Nada que ver, Grove, terminó 16º en el Apertura y 15º en el Clausura, por encima de Banfield, Deportivo Español, el Huracán porteño y Gimnasia y Tiro de Salta. Retomando, Bola, ¿qué sintió cuando debutó con la selección nacional?
  • Bola: Una sensación única. Para colmo, ¡me dieron la 10 e hice un gol! Fue contra Colombia en Barranquilla, cuando desafortunadamente perdimos 2 - 1, y después nos comimos el 5 - 0 de local, pero no participé de aquel partido, pues tuve un desgarro importante, pero el Coco Basile me llevó al Mundial y le marqué 2 goles a Grecia, 1 a Nigeria y 1 a Rumania en Octavos.
  • Guido: Fue en el Mundial de USA, ¿cierto?
  • Bola: Sí, y gracias al mundial pegué el pase a Boca.
  • Goyco: Yo ví el partido contra los rumanos y dimos lástima, aunque los dos goles suyos nos hicieron no dar tanta lástima.
  • Bola: Lo mismo pensaba cuando Dumitresçu nos marcó el tercero y minutos después Collina pitaba el final. Igual, los rumanitos no festejaron tanto.
  • Grove: Los eliminaron los suecos en Cuartos, si mal no recuerdo.
  • Guido: Fue el mundial de las sorpresas: Suecia y Bulgaria semifinalistas, el doping del Diego, Colombia, candidata, eliminada en primera fase, los rumanos con el pelo teñido...
  • Bola: Lo del pelo teñido de Rumanía fue en Francia 1998.
  • Guido: Cierto.

Y así, entre anécdotas, mates y risas, llegamos a GTE City. Cuando llegamos, Vico nos sorprendió con una noticia que me dejó boquiabierto.

  • Vico: Goyco, no creerás lo que pasó. ¡Se escaparon los vándalos!
  • Goyco: Imposible
  • Vico: Si no me creés, andá al sótano y comprobalo vos mismo.

Bajé, y efectivamente, nadie estaba allí.

  • Goyco: ¿Cómo rayos se escaparon? ¡Estaban más atados que una bondiola!
  • Vico: Pidieron soltarse para ir al baño, y caímos en su juego. Nos golpearon y escaparon.
  • Goyco: No te gritaré ni te diré nada, porque sos mujer y te respeto, pero, ¿cómo pudieron caer en eso? ¡Esa broma es más antigua que la escarapela!
  • Vico: Sentido humanitario, tal vez.
  • Goyco: ¡Sentido humanitario mis pelotas! Ahora tendremos que recapturarlos, y no será tan facil.
  • Vico: Y-Yo l-lo si-siento... N-No pensé que podría pasar.

Vico empezó a llorar, y para que ella llore, debía pasar algo muy grave. Ni una muerte le afectó tanto como que yo le gritara, pese a decir que no lo haría. Lo se, soy demasiado impulsivo. Me partió el alma, tres empanadas que les sobraron de ayer para dos personas no sabía que hacer. Me la llevé al living e intenté consolarla.

Llegamos al susodicho lugar y empecé a hablar:

  • Goyco: Lo siento, no era mi intención gritarte. A pesar de haberte dicho que no lo haría, me dejé llevar por la tensión del momento. La verdad, me siento muy mal.
  • Vico: Está bien, pero que sea la última vez.
  • Goyco: No será fácil, pero lo intentaré. Vení, vamos al bar de la esquina, invito yo.

Y a pesar del frío que hacía, y de que empezaba a llover, fuimos hasta el bar.

Capítulo 14: ¡Traición!

Llegamos al bar, y no hizo falta buscar mucho al bartender: un viejito de unos 65 años, quien me conocía desde hace 25, cuando pisé el bar por primera vez.

  • Bartender: Pero si es mi viejo cliente Goyco, y veo que venís bien acompañado...
  • Goyco: Jeje, sí. Ella es Vico, una amiga que conocí en la universidad.
  • Bartender: Sí, "amiga", jeje. ¿Qué les sirvo?
  • Goyco: Una cerveza helada para mí. ¿Y vos, Vico? ¿Qué vas a pedir?
  • Vico: Una cerveza también.
  • Goyco: Perfecto, dos cervezas heladas.
  • Bartender: Enseguida.

El mozo se fue a preparar nuestras cervezas, cuando entra al bar un viejo amigo, Platybus, a quien hacía tiempo no veía.

  • Platy: Pero miren nada más, al par de borrachines.
  • Goyco: Debí suponer que eras vos, Platy. Vení, sentate, ¿querés algo? Mirá que invito yo.
  • Platy: Una cervecita, nada más.

El bartender llegaba con un tercer vaso también rebosante de cerveza.

  • Bartender: Otro veterano de la cantina, supuse que ibas a venir así que preparé el tercer vaso. Aquí tienen las cervezas y les dejó un platito de maní y unos sánguches, vienen con la cerveza. Es una promoción que estamos haciendo.
  • Goyco: De una, encima hoy no almorcé. Tomá, te pago ahora así ya está, ¿cuánto es?
  • Bartender: 30.000 australes.
  • Goyco: Tomá 50.000, una propinita por el servicio.
  • Bartender: Muchas gracias.

El viejito se fue con la bandeja y nos dispusimos a hablar mientras comíamos las minutas.

  • Platy: Me enteré de todo lo que pasó, y recopilé información de todos y cada uno de ustedes, y he descubierto a un traidor.
  • Vico: ¿Y cómo carajo sabés?
  • Platy: No te olvides que yo soy hacker. Además, estoy dispuesto a ayudarles con todo. Solo necesito la aprobación de los demás y ahí nomás pondremos manos a la obra.
  • Goyco: Me parece genial. ¿Qué opinás, Vico?
  • Vico: Puede ser de gran ayuda. Acepto.
  • Platy: ¡Bien! Solo faltan los demás.

La lluvia empezaba a arreciar con más fuerza, y el frío también, por lo que nos dispusimos a irnos del bar antes de que las condiciones climáticas se pusieran peor. Por suerte, Platy había llegado al bar en coche, así que nos acercó a mi casa, que estaba a unas 15 calles.

  • Goyco: Gracias, Platy. ¿Seguro que no querés pasar?
  • Platy: No gracias, tengo que volver a mi casa para cuidar a mi sobrinito.
  • Goyco: Que ternura. Nos vemos.

Platy arrancó y con Vico fuimos hasta el decimocuarto piso, donde quedaba mi departamento. Mientras, hablábamos en el ascensor.

  • Goyco: Con esta tormenta, no te recomendaría que te vayas hasta tu casa. Podés pasar la noche acá.
  • Vico: Gracias, Goyco. Avisaré a Guido, así no tendrá que preocuparse por nosotros.

Llegamos a destino, y procedimos a mirar la película "Esperando la Carroza". No podían faltar mis imitaciones de Mamá Cora.

  • Goyco: Algún día yo también voy a exigir, ya van a ver...
  • Vico: Pará, Goyco, jajaja.

En ese momento recibí una llamada. Era Guido.

  • Goyco: ¡Guido! ¿Qué pasa maestro?
  • Guido: Es importantísimo que vengan con Vico en este preciso momento.
  • Goyco: De acuerdo, allá vamos. Vico, nos vamos de Guido, dijo que teníamos que ir urgentemente a su casa.

Las imitaciones de Mamá Cora y el resto de la familia Musicardi quedarían para después.

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