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Mural Vice City Historia

Capítulo 1

  • ¿Vice City? ¿Dices Vice City? No te creerías lo que ha cambiado esa ciudad, ha sido la hostia, desde los ochenta han pasado muchas cosas, y remarco los ochenta porque fueron los años más rocambolescos de la ciudad; pero que conste que no lo digo porque ya estemos en el 2009...
  • Vice City... y ese memo remarcando... hay que ser idiotas...-pensó Greg Simons, sentado en su sitio.

Parecía que hubiera pasado una eternidad; y muy a su pesar tendría que afirmar, con toda rotundidad, los ochenta como punto de transición para la ciudad. Por supuesto, el vivió esos años, de hecho estuvo destinado en esa ciudad en varias ocasiones. Pero nunca le había llamado lo suficientemente la atención; grandes playas y chicas guapas por los paseos... nada más.

  • ¡Ah! ¿Y sabes que actuó Phil Collins? en 1984, ni más ni menos, Phil Collins ¿eh? que no estoy hablando de otro-decía el hombre, dando la brasa a otro que tenía a su lado. Ciertamente, tenía cara de querer estamparle la cabeza contra la bandeja para ver si así se callaba. Personalmente, Greg haría lo mismo.
  • Señores pasajeros, en unos minutos aterrizaremos en el Escobar International en Vice City; por favor, coloquen los asientos en posición vertical y la bandeja en su sitio-indicó el piloto.
  • Malas noticias para el pobre hombre-pensó Greg haciendo lo que el comandante pidió.

El AT-400 de Fly Us comenzó a bajar y en menos de cinco minutos, Greg pudo vislumbrar la extensa playa de la ciudad; en cuanto el avión tomó tierra, Greg se fue directamente a alquilar un coche en un local del aeropuerto.

  • Bienvenido a Sunshine Autos, ¿en que puedo ayudarle?-preguntó una chica morena, muy mona.
  • Quisiera alquilar un Comet por varias semanas, me gustaría que fuese negro-dijo él.
  • Muy bien, espere un momento por favor-pidió ella.

En cuanto tuvo el coche se fue al centro y aparcó en el parking de un edificio llamado Roxor; sacó una especie de netbook un poco más pequeño, se conectó a internet y realizó una videollamada.

  • Simons, me alegro de volver verte-dijo un hombre mayor, entrado en años, con el pelo blanquecino.
  • Jefe-saludó él.
  • Hiciste un trabajo impecable en San Andreas, así me gusta; aunque supongo que ya sabes por qué te mandé ese mensaje-obvió el hombre mayor.
  • Claro, ahora que Eugenio Valdes está muerto meterán más presión, sólo es cuestión de tiempo que se presenten con toda la parafernalia... no me quiero ni imaginar lo que pasaría si eso ocurriera-murmuró Greg.
  • Así es y eso mismo has de evitar, nuestro último contacto nos ha informado de ciertas conexiones con los Cubanos de Little Havana y, personalmente, me da mala espina. Ve a ver que se cuece-indicó el hombre mayor.
  • Entendido, jefe-dijo Greg antes de cortar.

Guardó el netbook y se puso de camino al barrio; lo cierto era que la ciudad había cambiado muchísimo desde su última visita. A ese lado de la ciudad, en Vice City Mainland, habían ensanchado un poco el centro, incluso llegaron a construir un edificio nuevo en frente del edificio más alto de la ciudad. No estaría mal reservar una suite ya que lo habían hecho mitad hotel-casino, mitad oficinas. Aunque lo del casino le hizo recordar a cierto pobre panoli que, a fin de cuentas, se lo había acabado currando.

  • ¿Cómo le irá?-pensó.

En menos de cinco minutos hizo acto de presencia en Little Havana, aparcó donde pudo y estuvo paseando por el barrio, en busca de algo interesante; pasó al lado de varios grupos de cubanos que charlaban amigablemente.

  • Oye hermano, ¿cómo van las transacciones con esa nueva banda venida de Sudamérica?-oyó entonces un comentario la mar de interesante.
  • Ahí ahí, compadre, lo cierto es que es una banda pequeña pero poderosa, si a nuestro líder le interesa podríamos sacar una buena tajada-explicaba un cubano.
  • Atención muchachos, que hay alguien espiando-avisó uno de ellos.

El grupo se dio la vuelta y miraron a Greg.

  • ¿Que miras, gringo?
  • Vete a meterte en tus asuntos-le espetó otro.
  • Oh, lo siento pero es que no he podido evitar escuchar vuestra conversación, he oído de esos tíos ¿sabéis? me parece que me comentaron que habían estado haciendo negocios con los Sharks-inventó Greg.
  • ¿¡Los Sharks?! ¿Esos pendejos? ¡Pero si no les queda nada!-exclamó un cubano.
  • Ya, pero...-murmuró él.

¿A los Sharks no les queda nada? vaya, si que han cambiado las cosas desde 1999.

  • ¿Y como sabemos que no nos estás engañando, gringo?-preguntó un cubano.
  • Ah, eso ya depende de vosotros, yo sólo comento-murmuró Greg.

Los cubanos se miraron entre si y uno tomó la palabra.

  • Pues mas te vale que sólo sean rumores, gringo, no nos hace ninguna gracia lo que estás...comentando.

Greg les miró sin ningún atisbo de intimidación hasta que al final el mismo cubano indicó.

  • Vámonos, muchachos.

Los cubanos se fueron y Greg se quedó con dudas; fue a hacer algunas averiguaciones y se dirigió a Vice City Beach, a donde él recordaba donde estaba la sede de los Sharks; pero en su lugar, en Vice Point, se encontró con una tienda de ultramarinos.

  • Eh, perdone, ¿no estaba aquí la sede de los Sharks?-preguntó Greg a un transeúnte.
  • Tu lo has dicho, amigo, estaba-le dijo éste.
  • ¿Y sabe a dónde han ido?-preguntó Greg.
  • Ja, buena pregunta, desde su guerra civil acabaron dispersándose por toda la ciudad, algunos incluso se fueron de Florida-informó.
  • ¿Guerra civil?-repitió Greg, alucinado.
  • Claro, ¿de donde vienes que no te enteras?-preguntó el hombre.
  • No he vuelto desde 1999-reveló Greg.
  • Vaya, a eso si que le llamo yo un paréntesis... necesita ponerse al día, venga conmigo-indicó.

Se fueron a un bar y el hombre le puso al día mientras se tomaban algo.

  • Desde 1986 el control del tráfico de drogas pasó a manos de la Mafia, un tipo algo excéntrico era el que animaba el cotarro, tenía media ciudad en el bolsillo-comenzó a explicar.
  • Si, de eso si que estoy informado... pero hace ya veinticuatro años de eso, ¿que fue de el?-preguntó Greg.
  • Muy buena pregunta, amigo, ya lo creo, desapareció misteriosamente y sin dejar pistas de hacia donde había ido; el control del tráfico de drogas pasó a manos de líderes provisionales, todos de la mafia. Pero claro, los intereses personales y toda esa mierda acabaron minando a la mafia por dentro aquí, en Vice City-relató.
  • Ya veo... y las otras bandas aprovecharon-obvió Greg.
  • Equiliquá amigo, los primeros en moverse fueron los Sharks, probablemente fue el mayor error de su vida; fueron repelidos de una forma impresionante y después de eso casi aniquilados, el líder acabó muriendo y la banda en si dejó de existir. Aunque incluso hoy en día, aún quedan restos dispersos, lo que le comenté-explicó el hombre.
  • Ajá... ¿y los cubanos?-preguntó Greg.
  • Trataron también de controlar el negocio de las drogas pero cuando las cosas se les empezaron a torcer se retiraron por precaución, no son listos ni nada... aún siguen en guerra con los Haitianos, eso parece la historia interminable-reveló.
  • Me lo imaginaba... ¿y los moteros?-preguntó Greg.
  • También lo intentaron pero no les salió bien, así que también se retiraron... siguen con el negocio de la extorsión y tal...-relató el hombre dando un sorbo a su Pibwasser.
  • Ya... y entonces ¿que ha sido del negocio de la droga, quien lo lleva?-preguntó él.
  • Agárrese amigo que ésta va a ser buena-indicó el hombre.

Greg se quedó extrañado por el comentario.

  • Nadie-anunció el hombre.

El silencio se hizo entre los dos, Greg no se creía lo que oía.

  • ¿Que?-murmuró.
  • Lo que oye, nadie, nadie es nadie ni nada osea, nadie-remarcó el hombre.

Greg le miró y preguntó.

  • ¿Me está vacilando?
  • Para nada, nadie se ocupa del negocio pero espere que aún no le he contado lo mejor-avisó.

Greg le miró expectante.

  • La droga sigue viniendo desde Sudamérica, de algún lugar de por allí, pasa por la vieja mansión de Starfish Island, la chequean varios miembros de cada banda para darla el visto bueno y de allí se va o a Liberty City, o a Los Santos, o a cualquier otra ciudad del país, especialmente Carcer City, aunque donde menos tirada tienen es en San Fierro-explicó el hombre.

Definitivamente las cosas han cambiado.

  • Un momento,¿la vieja mansión? ¿se está refiriendo a la antigua Mansión Díaz?-preguntó Greg.
  • ¡Díaz! ¡Aún se acuerda! Hoy en día si dices Díaz te dicen: "¿quien?"-explicó el hombre con parsimonia.

Greg se quedó algo impactado, encontraba a la ciudad irreconocible.

  • Mire, si quiere comprobarlo vaya a verla usted mismo... y tenga cuidado. Me tengo que ir, un placer hablar con usted-se despidió el hombre, dejando a Greg confuso y en una Vice City completamente desconocida para él.

Capítulo 2

Greg habí estado en esa mansión, sólo una vez; en 1999, durante una redada. Jamás había visto una mansión tan grande y suntuosa; el hall era enorme y unas escaleras llevaban al despacho principal y luego recorrían el hall enbalconándolo. Se quedó muy impresionado. Abrió las dobles puertas y lo que vio fue algo muy distinto; las paredes estaban desconchadas y descoloridas, no quedaba ni un solo cuadro. Todo el suelo estaba lleno de mierda, principalmente restos de botellones, fogatas y derivados; seguro que la juventud se lo pasa pipa aquí bebiendo y emborrachándose. Lo que era el salón tras una puerta a la derecha de donde estaba ahora sólo era un cuarto vacío y parcialmente quemado; subió las escaleras esquivando las botellas de litro y medio de E-Cola y de Pibwasser, también vio restos de porros, cajas de pizza y otras botellas de whiskey, ron, ginebra... Entró en el despacho principal, sólo quedaba la mesa y un sofá medio roto y quemado, el resto eran más desperdicios, algunos cartones y poco más; miró al océano Atlántico desde el ventanal, desde allí se podía ver las piscinas del jardín, ahora secas y llenas de hojas y mierda traída por el viento y agua de lluvia estancada. Pero entonces vio a un grupo de personas en el muelle y fue a abajo a ver que se cocía. Fue por el pasillo izquierdo del hall, las paredes de éste estaban igual que en el hall e incluso llegó a distinguir humedades varias y esporas, mohos y hongos por doquier; olía muy mal. Bajó las escaleras, desgastadas y medio rotas hasta llegar a la piscina interior, que estaba igual de seca y sucia como las demás. Se acercó un poco a escuchar, distinguió a un cubano, un haitiano (los cuales se mataban con la mirada), un motero y otras personas representantes de las bandas de la ciudad.

  • Es mierda de calidad, tíos, os lo aseguro-decía el motero.
  • Si... y pura-añadió el cubano probando un poco.
  • Suave ¿eh? se trituró hasta la extenuación, si soplas es como si pasara el Katrina y con que esnifes dos veces ya estás flipando en colores-afirmaba el vendedor, sacando un poco más de unas cajas de un Reefer.
  • Me parece bien, puede pasar-dijo el haitiano.
  • Si, conforme-imitó el cubano.
  • Con una mierda como esta toda la ciudad estaría volando sobre el arco iris-permitió el motero.

El resto de personas se limitaron a asentir; firmaron todos en un documento que se quedó el vendedor.

  • Gracias por sus negocios, señores... ah, joder, la vieja mansión... aún me acuerdo de sus años de gloria, cuando estaba limpia y reluciente...-murmuró el vendedor con morriña.
  • Si pero todos sabemos que esos años pasaron, es tiempo del negocio compartido... ¿no es así, caballeros?-preguntó uno de los mafiosos italianos.

Todos asintieron con la cabeza y se dieron la vuelta para irse; Greg se escabulló, hubiera querido ocultarse en el laberinto de setos pero ya sólo era un laberinto de ramas. Pudo esconderse tras una estatua medio rota; todos los representantes se fueron a sus vehículos y desaparecieron cada uno tras los ruidos de los motores.

  • Bueno, creo que este mes ya está cubierto ¿no?-murmuró uno de los representantes de la mafia.
  • Si, no tendremos que volver hasta el mes que viene... eh ¿y ese comet?-murmuró uno de ellos mirando un comet negro aparcado al lado de la entrada.
  • Alguien que se habrá bajado a mear-murmuró su compañero.

El mafioso no quedó muy convencido, lo dejó estar pero no quitó el ojo a la mansión hasta que la perdió de la vista. Greg salió cuando el camino estuvo despejado y se fue al centro para reservar la suite del hotel gran lujo del alto edificio. Ya allí, contactó con su jefe.

  • Buenas jefe-saludó.
  • Simons... ¿que has averiguado?-preguntó el hombre.
  • Parece ser que están haciendo negocios con los cubanos y no me extrañaría nada que traten de acaparar ventas en el mercado de la droga... han cambiado muchas cosas, jefe-explicó Greg.
  • Ya lo sé, Simons, ya lo sé... recuerda que no sabemos cuando actuarán, pueden hacerlo en cualquier momento-avisó el hombre.
  • Lo sé jefe, estoy al tanto, no se preocupe-dijo Greg.
  • Sé que lo conseguirás... ánimo Simons, contamos contigo-le dijo el hombre antes de colgar.

Capítulo 3

Como no tenía nada más que hacer se tomó el resto del día libre y decidió ir al Club Malibú, ya que hacía tiempo que no había vuelto; estaba situado en Vice City Beach y fue allí en un santiamén. Lo cierto era que también había cambiado, como la propia ciudad. Lo habían ensanchado y, entre los chismes que por allí se cocían, parecía que le querían poner un piso nuevo. Había cambiado tanto la ciudad... no parecía ella. Pero entonces, en la posta de baile, vio a alguien familiar.

  • Vaya, vaya, mira quien tenemos ahí...-murmuró.

Era nada más y nada menos que Cloe Parker, la niñita mimada de Liberty City; la nena amsaba una fortuna, originaria de su padre, el Sr. Parker. Era el tio más rico de la costa oeste de EEUU. Entonces se acercó a la barra y vio síntomas de que ya andaba pedo.

  • Camarerolr, otra coparl-farfulló.

Le vio e intentó ligar con él.

  • Hola morenazo, estás mu solito, vamos a bailar-le dijo.

Pero en ese momento le llamaron al móvil; salvado por la campana. Se excusó y fue a atenderla; sólo era publicidad pero lo que vio a continuación le dejó helado. Un colombiano al que le había estado siguiendo la pista hacía ya tiempo y que acabó perdiendo, apareció como un fantasma y se dirigió directamente hacia ella. Y como Cloe Parker tenía fama de tirarse a todo lo que se movía, se la cameló enseguida.

  • Esto no mola-pensó Greg cerrando el móvil.

Les estuvo vigilando de cerca y al poco rato, el colombiano se la llevó; Greg decidió seguirles y la persecución le llevó hasta el faro, situado en Washington Beach. El agente les siguió de cerca.

  • Que romántico, me llevas al faro...-murmuraba ella.
  • Ya ves mami, yo soy así de romántico-decía él.

Pero el romanticismo se esfumó enseguida cuando el colombiano la inmovilizó y la ató; Greg se acercó a la puerta y escuchó.

  • ¿No te ha dicho tu papi que no se va nunca con desconocidos?-la dijo, divertido.

Cogió el móvil de Cloe, hizo una llamada y activó el altavoz, ya que Greg pudo oír al Sr. Parker decir.

  • Hola cariño ¿que tal por Vice City?
  • Señor Parker tengo a su hija, y si le gustaría volver a verla entera, le aconsejo que haga lo que yo le mande-anunció el colombiano.
  • ¿¡Qué?! ¡No por favor, haré lo que usted quiera pero no le haga daño a mi niña!-imploró el hombre más rico de Liberty.
  • ¡Ja, ja! Quien lo oyera, tengo cogido por los huevos al hombre más poderoso de EEUU y me implora como una niñita... ¿que le parece 30 mil millones para empezar?-preguntó el colombiano.
  • ¿¡Cómo?! ¡Oiga, que lo que gano luego lo invierto!-exclamó el señor Parker.
  • Me la pela, o me da el dinero o le devuelvo a su hija a cachos-amenazó él.

Greg no esperó más y fue al rescate; cogió una pala que había al lado de la puerta, se acercó al colombiano por la espalda y le asestó un golpe en la cabeza, cayendo inconsciente.

  • ¿Hola? ¿Hola? ¡Por favor, no haga daño a mi hija!-decía Parker.

Greg se puso al teléfono y dijo.

  • Señor Parker, soy Greg Simons, agente del gobierno, su hija está a salvo.
  • Gracias a Dios... ¿está ahí mi hija?-preguntó, aliviado.
  • Si.

Le pasó el teléfono y estuvieron hablando mientras Greg la desataba; luego ató con las mismas cuerdas al colombiano.

  • Muchas gracias, hombretón, por rescatarme de la gente mala-murmuró ella, aún ebria.
  • Debería, señorita, andar con más cuidado y elegir sus compañías-la aconsejó Greg.
  • Ya lo sé, pero es que yo soy joven ¿sabes? y quiero aprovechar mi juventud... me considero muy liberal...-explicó.
  • Ya veo, ya...-murmuró Greg.

La ofreció llevarla a su hotel, que era el mismo en el que él estaba, incluso el mismo piso, la habitación era la del frente.

  • ¿Te apetece pasar y tomar una copa? la noche es joven...-murmuró.
  • ¿Casi tanto como usted?-inquirió Greg, con el colombiano a la espalda.

La frase la hizo gracia y se rió como una tonta.

  • Ahora no puedo, estoy de servicio y he de hacer cantar a este desgraciado-se excusó.
  • Oh, que pena...
  • Buenas noches-dijo Greg antes de meterse en su habitación.

Cloe miró a la puerta con una mirada taciturna y pensó.

  • Me lo llevaré a la cama, ya lo creo...

Capítulo 4

El colombiano despertó poco después, pero Greg estaba seguro de que no se esperaría estar atado a una silla y amordazado además.

  • Marcos Esteban Capos, nacido en Colombia y miembro del Movimiento Colombiano Proliberal-oyó entonces.

El aludido miró al frente y vio a Greg con una ficha.

  • ¿Eres tu? responde-ordenó.

Marcos le desobedeció.

  • Te lo voy a preguntar de nuevo y me contestarás asintiendo con la cabeza ¿eres tu?-repitió Greg.

Marcos ni se inmutó; Greg le quitó la mordaza y le espetó.

  • Chinga a tu madre.

Pero no le dio tiempo a decirlo, ya que el agente del gobierno le rompió la nariz; luego le amordazó de nuevo.

  • Tratemos de hacer ésto lo más rápido posible ¿eres o no eres tu?-repitió sin alterarse.

Marcos asintió.

  • Vale... hace varios años te estuve siguiendo pero te perdí la pista; por aquel entonces buscabais financiación con el negocio de la droga, está claro que lo habéis encontrado aquí, ¿quién es el demandante?-preguntó Greg.

Le soltó de nuevo y Marcos murmuró.

  • Ay mamita mia, que dolor, duele mucho...
  • Y más que va a doler si no me respondes, habla-le espetó Greg.
  • No lo se, chimuelo, lo juro por Dios-musitó el colombiano.
  • No tomes el nombre del señor en vano, apóstata sacrílego... dímelo-insstió Greg.
  • No lo se, ya te lo he dicho...-murmuró Marcos.

Entonces, Greg le cogió de los dedos de la mano y empezó a tirar hacia atrás.

  • ¡¡Aaaah!! ¡¡Por favor, de verdad, no le miento señor, yo no se nada del demandante!! ¡¡Si quiere le cuento todo lo que se pero no conozco al demandante!!-gritó Marcos con dolor.
  • Más te vale que no me vayas a mentir o lo lamentarás-le amenazó Greg.
  • Por mi mamuchi que en paz descanse, gringo, lo prometo-anunció.
  • Habla.
  • De acuerdo; después de conseguir los planos del Predator nos los enviaron a la base de operaciones armamentísticas, yo fui uno de los montadores. Pude oir más tarde que habíamos roto las relaciones con los rusos ya que no los necesitábamos, teníamos lo que queríamos-comenzó.
  • Ajá, lo que sospechaba, ya decía yo que los colombianos no podían ser tan tontos-comentó Greg.
  • Multiplicamos por diez la capcidad armamentística del Predator, lo hicimos más fuerte y resistente... al tiempo que duplicamos la producción de piezas para producir al menos una media de tres predators por semana-explicó.
  • Ajá.
  • Hasta que yo me fui, ya que me enviaron a conseguir dinero para la producción, llevábamos fabricados un total de once predators.
  • Vaya.
  • Si, es impresionante lo que da de si ese diseño, aerodinámico, veloz... simple en cuanto a concepción pero contundente-remarcó Marcos.
  • Ya lo se, ¿que mas?
  • Como ya dije antes, me enviaron a mi para conseguir más dinero para la producción, ya que es bastante caro. Y aquí estoy-dijo.
  • ¿Que más tenéis a parte de los predators?-preguntó Greg.
  • No mucho, pero ganamos en cuanto a velocidad y rendimiento-anunció sosamente.
  • Quiero detalles-murmuró Greg con voz amenazanate.
  • Tranquilo gringo, que te lo digo, en total hay veinte predators, diez Anilihaitor, tres docenas de tanques, cinco Buzzard y todo un arsenal de M4, AK47 y Subfusiles, con su correspondiente y generosa munción-relató con detalle.
  • Vaya, no está mal para una simple guerrilla-murmuró Greg.
  • ¿Verdad que no? el jefe estará contento-asintió Marcos.

A eso, Greg le respondió con un puñetazo.

  • Capullo-le espetó.
  • Ay mamita, que malo es esto...-farfulló Marcos.
  • ¿Y cual es el plan? ¿Cuando atacan? ¿cual es el objetivo de inmiscuirse en el mercado de la droga? ¿que pretendéis?-inquirió Greg.
  • Ni idea amigo, ahí ya no se, sólo soy un simple armador-respondió Marcos.
  • Mierda-fafrulló Greg.

Estaba claro que de ese saco de mierda ya no sacaba nada, a menos algo que no supiera; ya estaba al tanto de sus capacidades armamentísticas aunque no tan detalladamente. Pero él necesitaba cosas más concretas. Se llevó al colombiano a la comisaría más cercana y lo dejó allí. Volvió a su hotel e informó a su jefe.

  • Ya veo... ¿pero no sabemos nada más?-inquirió.
  • No por ahora jefe-dijo él.
  • Vale, pero date prisa Simons, se nos pueden hechar encima en cualquier momento-apresuró.
  • Lo sé jefe, lo sé-dijo Greg antes de colgar.

¿Y ahora que? ya no tenía más pistas a las que atenerse; podría buscar a alguien de los Sharks y que le contara cosas acerca de ellos. Eso o tratar de sonsacar algo a los cubanos, igual saben algo más. Después de reordenar lo que haría mañana, se desvistió y se fue a la cama, agotado.

Capítulo 5

Esa mañana estuvo muy atareado; trató de buscar a alguien de los Sharks para aclarase las ideas, pero ya no quedaba nadie de la antigua banda. Era como si se hubieran desvanecido, como si nunca antes hubieran existido; visitó su antigua sede en Prawn Island, la vieja mansión, la cual estaba hecha una ruina, mucho más que la mansión Díaz. De hecho, había un cartel que avisaba de peligro de derrumbe. De todos modos, no creyço que fuera a encontrar nada relevante.

Ahora veía a un shark como una pieza elemental para poder seguir investigando y sin eso, no podía hacer nada; optó por pedir ayuda a su jefe.

  • Simons-saludó éste al verle por videoconferencia.
  • Jefe... necesito ayuda-anunció.
  • Claro ¿que necesitas?
  • Un Shark, el que sea, como sea, en Vice City ya no queda nada-pidió él.
  • Me pides mucho, Simons... veré que puedo hacer-aseguró su jefe antes de colgar.

Greg se quedó algo desanimado; por hacer algo, intentó acercarse un poco a los cubanos, pero debieron haberle fichado de antes, ya que enseguida se encararon con él al verle. Luego pensó en los haitianos, pero prefirió no hundir aún más el dedo en la llaga, bastante tenían ya entre las dos bandas desde hace al menos veinte años. Confiaba en que su jefe actuara enseguida y le encontrara algo rápido.


Afueras de Tampa, Florida, EEUU, 12:23 horas

Un hombre con años, desarrapado y con barba de seis días miraba al azul mar desde lo alto del acantilado donde estaba; a sus espaldas, un Journey del 84 lucía descuidado y sin pintar. Un toldo cubría la entrada y un montón de cosas, la mayoría inútiles, rodeaban el antiguo vehículo. El hombre estaba sentado en una silla de playa viejísima y con muestras de estar próxima a romperse. Echó otra mirada al bravo mar, que rompía olas con furia a sus pies, y le pegó un largo sorbo a una Pißwasser.

En cuanto terminó el sorbo, vio a un hombre trajeado enfrente de él.

  • Me tapa el sol...-murmuró él, bajando la botella.
  • ¿Es usted Archivald Wings?-inquirió el hombre sin hacerle caso.

Le miró impertérrito durante unos segundos y luego dijo.

  • ¿Que cojones quiere ahora el puto gobierno?
  • Información... y algo de ayuda-anunció el hombre trajeado.

El tal Archivald le miró por un momento y luego soltó una sonora carcajada, que fue tapada por las olas que rompían en las rocas.

  • ¿Ayuda? ¿Ayuda? Parece un chiste de negros...-murmuró.
  • Sabemos que usted fue un antiguo miembro de la banda de los Sharks, cercano al líder; un agente precisa de su ayuda, ya que podrían pasar muchas cosas en Vice City-comenzó a relatar el hombre.
  • Juré sobre la tumba de mi madre que no volvería a esa puta ciudad-anunció Archivald.
  • Siento defraudar a su pobre madre-contestó el hombre trajeado.

Los dos hombres se miraron por un momento y tras el silencio el agente dijo.

  • Éste es su contacto, podrá encontrarlo en el Grand Vice Hotel... y afeítese un poco...

Y tras esas palabras se marchó, dejando sólo a Archivald; el motor de un Washington se perdió en el aire. Archivald miró la tarjeta, el nombre era Greg Simons. Por un momento estuvo tentado de tirar la tarjeta al mar, pero luego se lom pensó mejor. Finalmente comenzó a recoger sus cosas y preparar la destartalada Journey para un largo viaje.

Capítulo 6

Mientras esperaba a que su jefe le conseguía un contacto de debajo de las piedras, Greg trató de hacer más averiguaciones; con los cubanos poco podría hacer al estar ya fichado y con los haitianos no se atrevía. Así que decidió ir a lo más seguro posible: los moteros.

Su sede estaba en Downtown, si mal no recordaba; era un local pequeño al lado de los grandes edificios, nada más empezar ese barrio. Y al parecer seguía siendo el mismo. Entró en él y vio a varios moteros bebiendo y jugando a las cartas; había otro tras el mostrador. Se acercó a él y le preguntó.

En cuanto lo dijo, todo el mundo se calló, y los moteros dejaron de jugar a las cartas, mirándole fijamente; otros se quitaron su casco.

  • Claro, en el patio trasero, en la tumba-murmuró el camarero, molesto y contrariado.

Greg se quedó de una pieza.

  • Ha... ¿ha muerto?-musitó.
  • Pues claro que ha muerto, hace ya diez años-anunció el camarero, aún más molesto.

¿El gran Mitch Baker muerto? Eso si que no se lo esperaba.

  • Perdone, es que no he vuelto aquí desde 1999... ¿y quien es ahora el líder?-inquirió Greg.
  • Su hijo, Mikey Baker... ¿quiere verlo?-inquirió el camarero.

Greg asintió con la cabeza y le llevó con él; Mikey era un hombre joven, de su estatura, con el pelo moreno, largo y con unas greñas horribles. Aunque se parecía bastante a su padre. Estuvo hablando con él acerca de Mitch, ya que la noticia le había chocado.

  • Pues si, mi padre murió hace ya diez años, una embolia... bebía demasiado... pero también se ocupaba de los asuntos del club, sabía cuales eran sus prioridades-murmuró Mikey mirando la tumba de su padre, en el patio trasero del club.

Una cruz hecha con dos palos y atados con una cuerda yacía sobre un montículo de tierra, rodeado de ruedas de moto.

  • Esas ruedas eran las ruedas de sus motos... ya me lo dijo bien claro: "Nací siendo un motero y moriré siendo como tal"-explicó Mikey.

Los dos estuvieron mirando largo y tendido durante un rato la tumba; Greg rompió el silencio en seguida.

  • Pues es una pena, yo esperaba poder hablar con él para preguntarle cosas acerca de los Shark... aunque tu igual sabes algo...
  • Sé lo que sabe toda la ciudad, ya no existen-se anticipó Mikey.
  • Ya, ya, pero le quería comentar un par de cosas ya que... hay una banda nueva, algo desconocida, a la que quiero echar el ojo...-explicó Greg.
  • Ni idea-dijo el líder de los moteros.
  • Ya, ya... es que los cubanos me han fichado y con los haitianos no me atrevo, son tan impredecibles...
  • Dímelo a mí... aunque yo tengo algo de maña negociando con ellos, si quieres puedo ayudarte-se ofreció Mikey.
  • ¿Lo harías?-murmuró Greg, extrañado.
  • Claro, es lo que menos puedo hacer por alguien que aún se acuerda de mi padre...-murmuró éste.
  • Pues gracias...-agradeció Greg.
  • De nada... veamos que puede saber la Tía Poulet-indicó Mikey para su sorpresa.
  • ¿La Tía Poulet? ¿Aún vive?-inquirió asombrado.
  • Ostias que si vive, ya tiene noventa y ocho años, está hecha un vegetal pero por probar no perdemos nada-animó él.

Fueron a territorio haitiano y se dirigieron directamente a su casa; Greg recordaba a la Tía Poulet de alguna que otra redada, siempre le pareció una vieja bruja chocha, pero en cuanto la vio se quedó pasmado. Estaba sentada en una silla, escoltada por dos haitianos; casi ni la vió los ojos debido a su piel, que estaba muy arrugada. Llevaba su impertérrito vestido morado y estaba completamente quieta; parecía que estuviera muerta.

Tras varios regateos le permitieron una audiencia y le explicó todo a ella; le dijeron que se lo dijera despacio, que así lo entendería, pero a Greg le dio la vaga sensación de que ni la ancianísima mujer le escuchaba. En cuanto terminó, levantó la mirada y abrió un poco más los ojos; le miró por unos segundos y tras eso dijo.

  • ¿Tommy? ¿que haces aquí? Te dije que no volvieras nunca, nunca, nunca...

Greg la miró, alucinado; ¿Tommy?

  • La audiencia ha terminado-anunció un haitiano.

Greg quiso replicar pero Mikey le paró; estaban a punto de salir cuando Tía Poulet dijo con voz cascada.

  • El comando.

Greg se dio la vuelta y murmuró.

  • ¿Cómo?

Pero la mujer sólo dijo varias palabras en criollo, sin sentido. En cuanto se fueron, Greg preguntó.

  • ¿Lo oíste?
  • Si, el comando... ¿se refería a esa banda que buscas?-preguntó entonces Mikey.
  • Con toda seguridad...-murmuró Greg; ésta vez ya tenía algo a lo que atenerse. Y ahora sólo quedaba investigarlo a fondo.

Capítulo 7

Greg se estaba afeitando para salir a la calle y hacer unas averiguaciones cuando llamaron a la puerta de su habitación; se dio las últimas pasadas y fue a abrir mientras se limpiaba. En cuanto abrió, vio a un esperpento, o eso le pareció. El hombre no tendría algo más de sesenta y pocos años, lucía una barba horrible.

  • ¿Quien es usted?-inquirió el agente.
  • Archivald Wings, su hombre, me envían sus amiguitos-murmuró sin ganas.

Greg le miró de hito en hito y finalmente le dejó pasar; mientras se terminaba de acicalar y vestirse, Archivald le iba contando.

  • En el momento del ataque por parte nuestra, yo estaba haciendo un par de recados por Vice Point así que no pude ir; en cuanto volví a la sede, vi una marabunta de mafiosos cercando la mansión y masacrando a sangre fría a mis compañeros. Traté de defenderles, pero poco se podía hacer, esos cabrones lanzaron un coche bomba contra la casa... fue una carnicería, yo y unos pocos más conseguimos sobrevivir. Sabía que ya no nos quedaba nada, así que me fui con lo poco que me quedó a Tampa y no quise saber nada más de esta mierda de ciudad. Hasta que llegasteis vosotros y me desbaratasteis mis planes de futuro, hay que joderse...
  • Fuerza mayor amigo, antes que nada, le agradezco que me vaya a ayudar-murmuró Greg.
  • Y una mierda, no lo hago por amor al arte, lo hago porque no me queda otra-corrigió Archivald.
  • Ya, ya... bueno, ya que me va a ayudar le voy a explicar la situación, es más espinosa de lo que usted podría imaginarse-anunció Greg.
  • Vaya, hoy en día todos los asuntos son igual de espinosos...-murmuró el ex shark.

Greg le explicó acerca del robo del predator, un helicóptero experimental, por parte de los colombianos, ayudados por los rusos; el original acabó destruido, pero se enviaron copias de los planos a Colombia, donde hicieron más prototipos. Una guerrilla colombiana llamada el Comando Colombiano, se estaba armando fuertemente para invadir Vice City por petición de un magnate ruso, que le interesa que haya un conflicto bélico entre EEUU y Colombia, ya que también les estaban financiando el rearme. Una agencia del gobierno conocía de antemano los planes, pero no sabían con certeza cual era la magnitud de éstos; hasta hace poco, cuando Greg se dio cuenta que pretendían inmiscuirse en el mercado de la droga para luego atacar con el doble de fuerza y expandir su influencia antes del golpe.

  • Imagínese las consecuencias si al final se diera, EEUU se condenaría y un país como Colombia sería la mayor víctima ante los intereses de los rusos, no podemos permitirlo, de ninguna manera-insistió Greg.

Archivald le miró y finalmente exclamó.

  • ¡Joder! ¡Y yo pensaba que me había metido en una peli de tiroteos y ahora resulta que estoy metido en un thriller sobre la teoría de la conspiración! ¡Tío, debí haberme puesto más serio!

Fueron a la calle y se dirigieron hacia Vice City Beach, a un edificio cerca de la playa, en Washington Beach.

  • Vale, se está dando una fiesta en un hotel de la costa, en inteligencia me han comunicado que se van a presentar algunos miembros del Comando Colombiano, así que vamos a asegurarnos de ello y cerrar esa ratonera-explicó Greg.
  • ¿Ratonera?-inquirió Archivald, extrañado.
  • Un Buzzard va a venir del este y le va a dar un repaso al piso a las dos y media-reveló el agente.
  • ¡Ah, fuegos artificiales! ¡Con lo que me gustan, me apunto!-exclamó el ex shark.

Lo cierto es que vendría bien, puesto que a parte de ellos, la fiesta era una reunión para los capos de la droga de toda Florida. Matarían a varios pájaros de un tiro. Llegaron enseguida al hotel y subieron a la planta 36, donde un salón de fiestas estaba abarrotado.

  • Vale, ahora quiero que te quedes con estas caras y los busques entre la multitud, cuando los localices, avísame-indicó Greg, enseñándole varias fotos.

Los dos estuvieron vigilando la fiesta, buscando a los malhechores; Greg localizó a tres y Archivald a los que faltaban. Perfecto, estaban todos, inteligencia nunca se equivoca. Pero para desgracia de Greg, localizó a alguien más.

  • Putada...-murmuró el agente.
  • ¡Señor agente! ¿que tal está usté?-inquirió Cloe Parker, borracha, para variar.
  • ¡¡Sssh!! ¡Silencio! ¿¡Otra vez borracha?!-musitó el agente, algo harta de ella.
  • ¿¡Borracha yo?! ¡¡Me indigna usted, yo sólo estoy en mi ambiente!!-exclamó.

Greg miró el reloj, las dos y cuarto.

  • Cloe ¿que te parece si te llevo afuera a que te de el aire? Igual te serenas...-murmuró Greg.
  • ¿¡Qué dices?! ¡Voy a anunciarte para que todos te conozcan!-exclamó, dirigiéndose al micro.
  • ¡No, no!-exclamó Greg, yendo a por ella.

Cloe se subió al escenario y exclamó.

  • ¡Atención todo el mundo, voy a presentarles al agente más cachondo y eficiente de este país!

Greg actuó rápido y le dio un puntapié al escenario, haciendo que Cloe perdiese el poco equilibro que ya llevaba y cayese en sus brazos.

  • Perdónenla, es que lleva un pedo inigualable, me la llevo afuera-se excusó él.

Pero los objetivos se alarmaron enseguida cuando oyeron las palabras de Cloe; dos de ellos sacaron sendas Tec-9 y le apuntaron.

  • ¡Cuidado tú, que van armados, cosa mala!-exclamó Archivald.

Nada más decirlo, los hombres dispararon a dar y Greg apretó a correr; la gente se agachó por instinto y algunas mujeres salieron despavoridas de la sala.

  • ¡Yuju, sí, acción, como mola ir contigo!-exclamó Cloe.
  • Ya te voy a dar yo acción...-musitó el agente.
  • ¡Oh sí, lo conseguí, vamos a la cama!-exclamó la chica.

En cuanto salieron de ese polvorín, Greg y Archivald bloquearon la puerta y abandonaron el piso enseguida; las dos y veintisiete. En tres minutos más, las apas de un rotor se oyeron y varios cohetes silbaron en el aire, estallando tofos en la sala; las explosiones fueron de impresión, formando una bola de fuego que carbonizó el pasillo entero. Se libraron por los pelos bajando las escaleras.

  • ¡Bumb, bum, toma ya!-decía Cloe, en brazos de Greg.

Fueron abajo, cogieron el coche y se fueron tan rápido como el motor podía; se cruzaron con la policía mientras se alejaban.

  • ¡Allá van los maderos!-exclamó la chica.
  • ¿De dónde ha salido este proyecto de tía?-inquirió Archivald.
  • Buena pregunta...-murmuró Greg, conduciendo.

Fueron al hotel y dejaron a Cloe en la cama, la cual se durmió de golpe.

  • ¡Ha salido bien!-exclamó Archivald.
  • Sí, al menos ya hemos neutralizado a los espías que tenían por aquí...-murmuró Greg.

Ahora sólo quedaba ver la reacción de las altas esferas; y con un poco de suerte, podrían evitar el desastre.

Capítulo 8

En algún lugar de Colombia, en lo más frondoso del bosque, un campamento guerrillero esperaba expectante a nuevas órdenes; la actividad era continua, soldados guerrilleros iban y venían, y al fondo, al lado del almacén, una tropa de Predators descansaban sus aspas.

En la sede central, varias personas mantenían una acalorada discusión.

  • ¡Siete, eran siete los espías que teníamos en la ciudad y ahora están todos muertos! ¡Pues que cosa! ¿el ejército americano se enteró acaso? ¡Quiero explicaciones ahora!-gritaba un hombre, que parecía ser el líder.
  • Mi señor, la acción no fue premeditada, ya sabían que estaban allí, alguien debe de estar al tanto del plan-murmuró un hombre.
  • ¿¡De veras?! ¿¡FIB, CIA, DEA?! ¡¡Ilumínenme!!-gritaba el hombre, todo alterado.
  • Señor Valdes, tranquilícese, no le conviene alterarse, recuerde el anterior ataque-le dijo uno de sus hombres.

Valdes se sentó en su silla y musitó.

  • Desde que mataron a mi querido hermano, no me siento bien... esos perros americanos... ¡Te vengaré, Eugenio, te juro que te vengaré! ¡EEUU se enterará de quien es Osvaldo Valdes! ¡Dentro de una semana será Vice City, pero luego será Florida, y más tarde Georgia, Alabama, Teeneesee, Carolina del Norte y Sur, Liberty State, Carcer City, Ohio, San Andreas, Dakota del Norte y Sur, Oregon, todos!-gritaba Valdes.
  • Y recuerde señor, que los rusos nos pedirán una parte-recordó uno de sus hombres.
  • ¡Se chingen los rusos, son una panda de inconformistas! ¡No verán ni un peso!-exclamó.

Todos guardaron silencio.

  • Que ganas tengo ya... ¿no podemos adelantar la fecha? ¡Quien haya sido el causante de la muerte de nuestros espías no debe quedar impune!-exclamó, golpeando la mesa.
  • Por poder podemos, pero habría que incrementar la producción, aún queda un predator por montar-avisó otro hombre.
  • ¡Dale pues, si son los rusos los que apoquinan!-exclamó Valdes.
  • Sí, señor-asintió ese hombre, levantándose y yéndose.
  • Y yo personalmente dirigiré toda la operación desde el aire, un líder debe de estar presente en los momentos importantes ¡¡Comando Colombia!!-gritó.

Todos los demás respondieron con el mismo grito.

Capítulo 9

Greg se despertó, con una presión en el pecho; últimamente le costaba dormir y no pegaba ojo. Desde aquel golpe a los espías, no había noticia alguna del Comando Colombia; Archivald había vuelto a la antigua sede de su banda, y allí vivía en esos momentos. Y las demás bandas de la ciudad estaban extrañamente tranquilitas durante esa semana, como si presintieran algo extraño; como si... se acercase el momento.

Greg sacudió la cabeza, prefería no pensar en ello.


Antigua mansión Díaz, Vice City, Florida, EEUU, 12:25 horas

Un Reefer se acercaba lentamente al destartalado embarcadero de la mansión; en éste, un hombre trajeado esperaba expectante. El reefer atracó y el capitán de éste salió a recibirle.

  • ¿Y los demás? Si no están presentes no saco la mercancía-avisó.
  • Lo sé, cállate, he venido yo solo por una razón-le cortó.
  • ¿Y bien? ¿Mafia, hatiano, cubano, motero?-inquirió el hombre.
  • ¿Acaso tengo pintas de motero, estúpido?-le espetó.
  • No lo sé, dímelo tú-murmuró.

Los dos hombres se miraron a los ojos durante un segundo y acto seguido, el hombre trajeado musitó.

  • Yanqui chingue.

Y tras eso, le pegó dos tiros con una Pistola con silenciador; el hombre cayó al agua.

  • Bof, lo que me ha costado poner tono-murmuró el colombiano.

Subió a bordo y sacó toda la mercancía; poco después vinieron más colombianos y cargaron todo en un Burrito. Tras eso, se fueron sin dejar rastro.


Como no tenía más que hacer que esperar, Greg optó por ir a la playa; hacía un día espléndido, como todos los días en la ciudad, y no le venía mal un bañito. La playa, siendo más larga que dos campos de fútbol, estaba hasta arriba y encontrar un sitio donde poner la toalla fue toda un odisea. Finalmente encontró hueco cerca de la orilla; estuvo tomando un poco el sol, pero de repente sintió una sombra tapándole. Abrió los ojos y vio a miss universo.

  • Hola, señor agente-saludó Cloe Parker.
  • Buenas-saludó él.

Sorprendentemente, no iba borracha.

  • ¿Que hace tan solito en un lugar como este? Venga a darse un baño conmigo-indicó.
  • Ahora no, gracias, ya iré luego-se excusó.

Ella se quedó callada, algo frustrada; desde que se la metió entre ceja y ceja tratar de ligar con él, se la encontraba hasta en la sopa. La que le había caído. En ese momento, estaba sonando La vida es una lenteja de Unaesta; 25 años ya desde su éxito y no deja de desmerecer en absoluto.

La vida es una lenteja, o la tomas o la dejas
La vida es una lenteja, o la tomas o la dejas

  • Bailemos un rato, señor agente-insistió Cloe.
  • El señor agente está algo exhausto del trabajo-murmuró él.

Deseaba que le dijeran algún método para librarse de la mujeres pesadas.

  • Señor agente-oyó una voz conocida.

Miró a un lado y vio a Archivald, fumando un puro, con su barba horrible y una camiseta blanca donde decía: "Soy un tío legal; nunca follo en la primera cita".

  • Oh Dios mío-pensó Greg.

Al principio pensó que eso bastaría para espantar a Cloe, pero fue todo lo contrario; le cayó tan bien, que hizo que se quedase allí. Greg pensaba en irse.

  • ¡Vamos a darnos un baño!-exclamó ella.
  • ¡Me apunto! Greg, vente-indicó Archivald.
  • No-dijo.

Entre los dos acabaron arrastrándole hasta el agua, donde estuvieron chapoteando cual críos.

  • Esto es surrealista... quiero trabajar-pensaba Greg.
  • ¡La vida es una lenteja, o la tomas o la dejas!-cantaban un grupo de amigos, borrachos perdidos, paseando por la orilla.

Al final Archivald, Cloe y Greg se les acabaron uniendo; y finalmente, con mucha gente más, hicieron el trenecito por toda la playa.

  • ¡Socorro!-acabó gritando Greg.

Capítulo 10

Y mientras Greg se lo pasaba bomba, el Comando Colombiano se movía poco a poco; Osvaldo Valdes estaba ansioso por invadir Florida y el predator que faltaba estaba casi listo. No veía el momento de empezar a atacar y atacar, vengarse por la muerte de su hermano. Americanos babosos... lo pagarían... con sangre.

Si algo ha caracterizado a América es esa peculiar forma de hacerse notar; y también por ese patrioterismo excesivo y un chovinismo inigualable. Y también, esas interminables protestas entre republicanos y demócratas; que si esto, que si lo otro... americanos con sus americanadas. Y eso era algo que Osvaldo no aguantaba; todo el día quejándose de lo mal que va el país, que si el terrorismo, que si las giliflautadas del presidente, que si esto y lo otro; era un país roto, para él.

Y cuando los negocios imperan, ya se sabe que es lo que viene después; la pasta. Sí, la pasta que prometieron los rusos. Peor claro, él no era tonto; confiaba en que los rusos se la metieran doblada en cuanto tuviesen la ocasión. Pero eso no pasaría, él era más listo que esos hijos de la gran Europa. Por eso... por eso iba a atacar ya; técnicamente tendría que atacar cuando los rusos le indicasen. Pero no, él no era de esos que reciben órdenes, él daba las órdenes. Porque él había tenido los huevos suficientes de armarse como para invadir media América del Sur; y no era ese el objetivo, precisamente. No, era un poco más arriba, encima de los mexicanos. Estaba ansioso; demasiado ansioso. Y cuando se le metía algo entre ceja y ceja, no paraba; por eso... sí, por eso atacarían mañana mismo. Porque él es el líder; un líder toma decisiones por el bien de su grupo y luego se vanagloria por ello. Y él era de esa clase de líder. Sí, ya se podrían ir preparando los americanos, que la tormenta estaba a punto de llegar.

Capítulo 11

Ese día el calor era sofocante; el tráfico era denso, y no había ganas de nada. Greg no entendía como conseguían trabajar los ciudadanos de a pie. Él, que era de Montana, estaba más acostumbrado al frío; ¿pero al calor? eso era otra historia. El calor le dejaba muerto, sin ganas de trabajar y con una falta de concentración horrible; por hacer algo, fue a la mansión de los Sharks, en Prawn Island. Para colmo, estaba allí también Cloe; ¿es que no tenía ninguna fiesta hoy?

  • Señor agente...-saludó.
  • Ey, Greg, compañero, ayer la barbacoa estuvo de muerte-le recordó el ex shark
  • ¡No me recuerdes eso!-exclamó él.

Tras el trenecito multitudinario, fueron a un chiringuito a comer barbacoa; y Greg se puso hasta el culo, recordando lo mal que pasó esa noche.

  • Desde luego, que flojucho-murmuró Archivald.
  • Ay, ya cállate, desde ayer tengo la investigación abandonada, mi jefe no se ha vuelto a poner en contacto y me extraña tanta tranquilidad, de veras que me extraña. Sabemos que el Comando Colombiano está en la ciudad, pero ni sabemos donde reside ni se esconden, es desquiciante; y para colmo, tengo un extraño presentimiento-añadió Greg, poniéndose nervioso de golpe.
  • Estás muy tenso...ven-indicó Cloe.

Ella se puso a sus espaldas y le estuvo haciendo un masaje en los hombros; estaba tan abatido, que la dejó hacer. Pero era extraño, desde ayer había estado más cercano y amable con ellos, incluido Cloe, que ya era decir; sería el cansancio.

  • Greg, amigo mío, te sonará raro, pero ayer me sentí extrañamente bien y por un momento pensé que haber vuelto a esta condenada ciudad tuvo algo de bueno-murmuró Archivald, pegando un trago a una Pißwasser.
  • Sí, fue muy divertido-apoyó Cloe.
  • Pues vale...-murmuró Greg, entrecerrando los ojos. El masaje le estaba haciendo efecto.

En ese momento, oyeron algo muy grande; así como un buuum, muy seguido. Greg dio un bote y salió afuera; desde donde estaban, pudieron ver una humareda saliendo desde Viceport. Era uno de los cargueros, que se estaba hundiendo escorándose a babor; alzaron la vista y vieron un cielo plagado de predators y otros helicópteros de combate.

  • Vamos, no me jodas...-musitó Greg.
  • ¿Qué está pasando, Greg?-inquirió Cloe, asustada.
  • No me lo creo... han venido, han venido, ya están aquí...-repetía el agente.
  • ¿Que hacemos, tío?-inquirió Archivald.

En ese momento, cayeron más proyectiles por todas partes; en Viceport, Little Haiti, Little Havana...

  • Están atacando ya, hay que repelerlos como sea... tendré que llamar al ejército-anunció Greg.

Hizo varias llamadas, entre ellas a su jefe; tras varios minutos hablando, colgó y anunció.

  • Vale, en diez minutos vienen para apoyarnos, debemos de evitar el desastre... dentro de lo que cabe.
  • ¿Y que hay de los militares de Fort Baxter? igual puedan ayudarnos-sugirió Archivald.
  • ¡En cuanto se muevan, los tendrán rodeados! ¡Y seguro que se dirigen hacia allí ahora mismo!-exclamó Greg.

Nada más decirlo, llovieron misiles sobre Fort Baxter.

  • Que puta locura...-musitó Archivald.

A Cloe se la veía preocupada; montaron en el coche y se digirieron hacia el sur.

  • ¿A dónde vamos?-inquirió ella.
  • ¡Al aeropuerto! Seguro que se repliegan en él, más nos vale que no empiecen a atacar por tierra o estamos apañados-murmuró el agente.

Antes se pasaron por el Ammu-Nation de downtown para armarse; pisando a fondo, atravesaron todo el bulevar de Vice City Mainland. Algunas calles ya estaban bloqueadas por la policía, que también evacuaban a la población hacia el norte.

  • Pero que melones, ésa no es forma de poner a salvo a la gente-masculló Greg.
  • ¿Por que?-inquirió Cloe.
  • Si atacas a una población, primero minas sus comunicaciones internacionales, por agua y aire, luego vas a por lo demás; lo que quiero decir es que irán de sur a norte, barriendo lo que encuentren-aclaró él.

En cuanto se acercaron al Escobar International, varios guerrilleros a pie les vieron y comenzaron a tirotearles con AK-47.

  • ¡Joder, al suelo!-exclamó Greg.

Se agacharon y consiguieron evitar la lluvia de balas; Archivald quitó la anilla a una granada y se la lanzó, volando por los aires. Salieron del coche, la pista del aeropuerto estaba llenita.

  • Joder, no podremos con todos... y necesito al menos un helicóptero-musitó Greg.
  • ¿Qué piensas hacer?-preguntó Cloe.
  • Solucionar el problema de raíz, mira-indicó, señalando al cielo.

De entre toda la marabunta de predator, había uno que estaba más alejado de todos.

  • Centrado y expectante... no hay duda, en ese va el líder, tengo que llegar hasta él-añadió.

Capítulo 12

  • Vale ¿y nosotros?-inquirió Archivald.
  • Vosotros id a Vice City Beach y tratad de ayudar a la gente, no podemos permitir que nadie salga dañado-indicó él.
  • Pero...-quiso decir Cloe.
  • ¡Pero nada, id ya, venga!-exclamó Greg.

En cuanto se fueron, usando coberturas para que no lo vieran, evitó a todos los guerrilleros posibles; más de una vez estuvo a punto de ser descubierto, pero pudo librarse por los pelos. Aún así debía de ir con precaución; era imprescindible que todo saliera bien. El país dependía de ello.


Archivald y Cloe se movieron a la otra punta de la ciudad y observaron como varios predators arremetían contra la gente de la playa mientras de otros bajaban más guerrilleros.

  • Que puta locura...-masculló Archivald.

Cargó su AK-47 y se dirgió directamente a la playa, acompañado de Cloe.

  • No te separes de mi-indicó él, disparando.
  • Para nada.

La puntería de Archivald era admirable, consiguió dar a dos a la vez, reventándoles el coco, desde al menos 50 metros.

  • Un poco desviado...-murmuró él.
  • ¡Archivald, cuidado!-exclamó Cloe.

Un predator apuntaba hacia ellos.

  • Su puta madre...-musitó él.

Apuntó meticulosamente y disparó sólo una vez; la bala impactó en el depósito de gasolina, estallando y cayendo el predator.

  • Predator... vaya mierda, eso no depreda ni a mi difunta madre-murmuró él.

Pero los colombianos comenzaban a disparar indiscriminadamente; los dos se replegaron hacia el norte, corriendo por las dunas de la arena; la gente corría despavorida para salvarse. Cloe vio a una madre, protegiendo a su hija, que lloraba asustada.

  • ¡Mami, mami!-lloraba.
  • ¡Tranquila cariño, mami está aquí!-decía ella.

Los colombianos avanzaron deprisa y disparando como cosacos; la madre se dio la vuelta, protegiendo a su hija. Una ráfaga de balas silbó en el aire y varias de ellas dieron a la mujer, que se desplomó con su hija en brazos; Cloe se llevó las manos a la cara, horrorizada.

  • ¡¡Mami, mami!!-lloraba la niña.

Un guerrillero colombiano levantó el cuerpo de la mujer, dejando ver a la niña; sin escrúpulos ni corazón, el monstruo apuntó.

  • ¡¡¡No!!!-chilló ella.

Cogió una Desert Eagle del bolsillo de Archivald y disparó sin dudarlo; el reotrceso la hizo trastabillar, pero no falló, matando al colombiano. Cloe tiró la pistola y se acercó a la niña, cogiéndola en brazos.

  • ¡¡Mami, mami, no me dejes mami!!-lloraba ella.
  • ¡¡Cloe!!-gritó Archivald, apuntando, ya que tenía a más colombianos detrás.

Mientras el ex shark la cubría, ella salió de allí, con la niña en brazos.

  • ¡Hijos de la gran puta, aún vienen más, no podemos quedarnos!-exclamó Archivald, viendo la escena. Más predators llegaban y descendían de ellos más colombianos; incluso llegaban a la playa Reefer con más guerrilleros, encallando en la arena para que pudieran bajar.
  • ¡Parece el puto desembarco de Normandía!-exclamó Archivald, disparando contra éstos.

Tuvieron que huir de la playa hacia Vice Point; allí, la gente se atrincheraba en el North Point Mall.

  • ¡Joder, eso es lo peor que pueden hacer! ¿¡Donde cojones está la policía?!-masculló Archivald.
  • ¡Deben de estar ocupados en Vice City Mainland!-supuso Cloe, con la niña en brazos, que no dejaba de llorar.

Entonces a Archivald se le ocurrió algo; antes, vieron a la policía actuando, pero desde que llegaron a Vice Beach no vieron ni una patrulla. ¿Podría ser posible?

  • Cloe, métete con la niña en el centro comercial, yo voy a comprobar algo-indicó el ex shark.
  • ¿El que?-inquirió ella.
  • ¡Una cosa! ¡ Venga, poneos a salvo las dos!-exclamó él.

La chica le hizo caso y se refugió dentro del centro; suponiendo que aún había tiempo, podría evitar una catástrofe. Y con algo de suerte, se surtiría de mejor armamento. Se dirigió a la comisaria central en Washington Beach y como bien supuso, estaba hasta arriba de enemigos; entró en plan Rambo, repartiendo plomo por todos los lados. Aprovechó su estancia allí y cogió un M16, cargadores, munición, un chaleco anti balas y un RPG-7; en las celdas, se encontró con toda la plantilla de la comisaria, muerta.

  • Joder, están como una puta cabra...-murmuró él.

En el garaje encontró un Enforcer y con él se dirigió de vuelta al North Point Mall; entró por el párking y se encaramó al tejado, donde estuvo esperando; tras unos minutos, vino un Buzzard, pero él estaba preparado.

  • Mira al pajarito, cabrón-indicó entre dientes.

Acto seguido disparó y el cohete fue directo hacia el helicóptero, dándole de lleno.

  • ¡¡Sí, eso es, venga!!-exclamó el ex shark.

Dentro del centro comercial, la explosión se había oído y la gente se había movido, asustada; Cloe consolaba a la niña, que no dejaba de abrazarla, muy asustada. Confiaba en que no vinieran más, pero le asustaba la idea; tenía que ir a comprobar otros puntos de la ciudad, pero casi ni se atrevía a dejar solo el centro. No, no podía correr el riesgo; se había traído suficientes cohetes como para emular las fallas de Valencia.


Mientras tanto, en Vice City Mainland, Mikey Baker no se quedaba de brazos cruzados.

  • ¡¡No sé de que va toda esta mierda, pero parado mientras nos atacan no me quedo!! ¡¡Un pelotón conmigo!!-indicó, mientras cruzaba la ciudad con un gran grupo de moteros.

En ese momento alguien llamó a uno de los moteros, y tras unos segundos hablando, exclamó.

  • ¡Mikey, me informan que hay varias patrullas de maderos atrapados en el párking del estadio conmemorativo Hyman, necesitan apoyo!
  • Jodidos maderos que no saben hacer una derechas... ¡di a los del grupo siete que vayan ayudarles! ¡Manda huevos!-exclamó el líder motero.

En el momento del ataque, se estaba tomando una cerveza mientras veía cómodamente Venturas Poker Challenge; y del susto, se le cayó la cerveza.

  • Me debéis una cerveza, invasores de mierda-pensó Mikey.

Capítulo 13

En cuanto el grupo siete se puso en camino hacia el Centro de la ciudad, ellos hicieron lo mismo, bajando toda la Avenida Bayshore hasta la comisaria de Little Havana, donde le habían informado que un gran número de Cubanos, polis y ciudadanos corrientes estaban tratando de parar a esos invasores, o lo que cojones fuesen. Por ahora los cubanos y haitianos no tenían problemas,puesto que eran únicos defendiendo sus territorios; de camino hacia allí, esos extraños helicópteros seguían bombardeándolo todo, vieron en primera plana como una serie de misiles destruían el largo Links Bridge, dejando incomunicado a Vice City Mainland de Vice City Beach. Lo mismo hicieron con el Small Road Bridge. Mikey se sentía casi impotente, viendo como unas fuerzas desconcoidas invadían su hogar y lo destruían; no podía estar más furioso. Llegaron a la comisaria y estuvieron ayudando al grupo, compuesto de polis, cubanos y ciudadanos de la calle; era impresionanate como se unían entidades opuestas y cooperaban entre si con tal de sobrevivir y evitar la destrucción de toda la ciudad. Después de todo, vivían en el mismo sitio. Iban armados con armas varias, como Tec-9, AK-47, Subfusiles, Rifles... Tras varios minutos tiroteando a los invasores, éstos se retiraron hacia Viceport.

  • ¡Vale, que se repliege todo el mundo a Little Havana, no podremos aguantar mucho más aquí! ¡Polis, afanad todo lo que podáis de comisaria, Ted y Tony, ayudadlos!-indicó Mikey.

Sus hombres fueron a ayudar a los agentes, y uno de ellos puso al corriente a Mikey.

  • El comisario murió protegiendo a la población, Fort Baxter está destruido y el Escobar International tomado; hemos tratado de contactar con la sede central en Vice City Beach pero nadie contesta, y ahora que nos han dejado incomunicados con ellos no sabemos bien que hacer. Técnicamente yo estoy al mando sobre los que quedan...
  • Vale, pues replégense a Little Havana, no sé como están las cosas en Little Haiti...-murmuró Mikey.
  • Como si no pasara nada, los cubanos defienden bien todos los flancos, pero los haitianos van a lo suyo, me dijeron que no quieren hablar con nadie ni ayudar a los demás, sólo proteger lo que es suyo. Tía Poulet está atrincherada con más de cien hatiainos vigilando su casa-explicó el agente.
  • Bueno, pues menos patriotismo y más colaboración, joder, que nos invaden así por la cara; que alguien vaya a hablar con ellos-indicó Mikey.

En ese momento, uno de sus hombres le dijo.

  • ¡Mikey, me llama el grupo siete, dicen que han conseguido repeler un ataque desde el norte, los enemigos se están replegando pero no saben por cuánto tiempo!
  • ¡Diles que se vengan a Little Havana y ayuden, por mucho que intenten podrán entrar desde el noreste o este!-indicó el líder motero.
  • ¡Ah, por cierto, me dicen que un pequeño grupo ha conseguido cruzar y se ha dirigido hacia el edificio de Vice City News!-añadió entonces.

Mikey abrió mucho los ojos y entonces indicó.

  • ¡Cinco conmigo, ya! ¡El resto que ayuden a esta gente!

Se subió a su Angel y se dirigió al edificio con sus cinco hombres; la avenida donde estaba el edificio se encontraba abierta en parte, por los bombardeos. Enseguida salieron más bastardos.

  • ¡Al este!-exclamó Mikey.

Desde sus motos pudieron controlar la situación y eliminarlos con sus recortadas; desde el oeste vinieron más, y se parapetaron tras el hospital. Pero varias granadas hicieron el resto.

  • ¡¡Vamos, vamos, vamos, no os durmáis!!-exclamó Mikey.

Por un momento se sintió como un capitán del ejército de tierra; que cojones, lo era, estaban en guerra. Subiendo los pisos, se encontraron con más invasores, que fueron despachados rápidamente; en el último piso, se encontraron con más, destrozando los aparatos de telecomunicaciones.

  • ¡¡Hijos de perra, me lo temía!!-gritó Mikey, disparando sin miramientos.

En cuanto todos estuvieron muertos, fueron a ver si algo quedaba servible; vio un teléfono e hizo una llamada al último número llamado. Tras unos pitidos, alguien cogió.

  • Departamento de Relaciones Públicas de Washington DC, dígame-dijo una voz femenina pasivamente.
  • ¡Señorita, escúcheme, esto es de pura importancia, llamo desde el edificio de Vice City News en Vice City! ¡Nos están invadiendo, repito, nos están invadiendo, miles de helicópteros raros nos están bombardeando mientras que bastardos a pie nos eliminan sin compasión, llamen al ejército!-exclamó Mikey.
  • Ya ¿y que dicen los invasores?-inquirió la mujer, sin ganas y tomándoselo a broma.
  • ¡Señorita, por favor, esto es cierto, la gente está muriendo, he visto como esos bastardos fusilaban a civiles inocentes cual nazis rabiosos, es una puta locura, lo sé, pero es cierto, créame, se lo suplico!-imploró Mikey.
  • Sí, sí... espere un momento que me llega otra llamada-murmuró al mujer, cortando la línea y sonando una musiquita.
  • ¡Váyase a la puta mierda, zorra!-gritó el motero, estampando el auricular en la mesa.

Mikey se pasó las manos por el pelo, algo descorazonado; pero entonces se oyeron varios disparos, y dos de sus hombres cayeron muertos. Quedaba alguien ahí; Mikey se cubrió y soltó varios disparos a ciegas. Un bastardo estaba escondido tras una cortina y al final consiguió escapar.

  • ¡¡Tu puta madre, ven aquí mamón!!-gritó él.

Lo siguió con la mirada, se dirigía a la calle; con los tres hombres que le quedaba, le siguió por todo el centro, hasta que salió a la avenida Bayshore.

  • ¡Escuchadme, no me puedo permitir perderos, id con los demás a Little Havana y coged a varios hombres y al poli al mando! ¡Quiero que vayáis a hablar con los Haitianos y los convezcáis para que nos ayuden!-explicó él.
  • ¿Insinúas que tratemos de unir las dos Little?-inquirió uno de los moteros.
  • Sí, parece descabellado pero no lo es, así podremos proteger a más gente; lo más probable es que el centro caiga, pero no podemos dejar que se apoderen de todo Vice City Mainland. Yo seguiré a ese bastardo-idnicó Mikey.

Se separaron en cuanto llegaron a la intersección entre los dos barrios y Mikey siguió al bastardo; le llevó directamente hasta el puente de acceso de Starfish Island, que ya estaba cerrada. Pero para su sorpresa, le abireron y le dejaron pasar.

  • ¿Pero que cojones...?-murmuró él.

Se bajó de su moto y la ocultó; los helicópteros seguían bombardeando todo, la avenida estaba semi destruida desde la comisaria hasta Viceport. El paisaje era desolador, y Vice City Beah, al fondo, también humeaba; algún que otro hotel había salido ardiendo.

  • Dios...-susurró Mikey.

Hizo acopio de fuerzas y se acercó al agua; se tiró en ella y nadó hasta la pared lisa de la isla. Estuvo rodeándola despacio, como si no quisiera hacer ruido, hasta encontrar el embarcadero de una de las lujosas mansiones, la central desde la cara norte. Con cuidado y sin que le vieran, se acercó a la casa y por una ventana vio a un grupo de gente hablando tranquila y sopesadamente, como si no pasase nada; aguzó el oído.

  • Señores, lo hemos conseguido, Vice City caerá dentro de unas cuentas horas, a lo sumo-anunció uno de ellos.
  • Sí... aunque no esperaba encontrarnos con tanta resistencia, la verdad-añadió otro.
  • Todo esfuerzo por parte de los gringos será en vano, la ciudad ya está completamente aislada del resto del país, nadie sabe lo que pasa en Florida-aseguró el primer hombre.
  • ¿Gringos?-pensó Mikey.
  • Nuestro plan dará resultado, y bañaremos en oro y dinero... ¡viva el Comando Colombiano!-exclamó un tercero.
  • ¡¡Viva!!-gritaron todos.
  • ¡Nuestro glorioso líder nos observa desde las alturas! ¡Bebamos por el ya palpable éxito!-animó uno de ellos.

¿Comando Colombiano? ¿Que era toda esa mierda? Estuvo pensando por un momento hasta que recordó: el comando. Fue lo que dijo la Tía Poulet aquella vez cuando la visitó con Greg. Greg, ¿dónde estará? ojalá pudiera contactar con él y pedirle explicaciones...

Capítulo 14

Tras ese último Buzzard ya eran tres los que se habían acercado al North Point Mall; estaba más que claro que querían volar el centro comercial con toda esa gente dentro. Sería una masacre; no podía permitirlo, y menos con Cloe y esa niña dentro. Tenía cohetes para aburrir, pero le preocupaba la situación en el resto de la ciudad, no sabía nada; también le preocupaba Greg. Desde hacía varios minutos, pudo ver a más gente viniendo del sur para refugiarse dentro del centro; tampoco conocía la situación dentro, si había alguien al mando o que cojones pasaba. Archivald nunca había ido a la guerra, pero le dio la sensación de estar metida en una; y muy gorda. En ese momento oyó más aspas y ésta vez apareció un Annihilator soltando plomo continuamente; tuvo que cubrirse tras una salida de humos para no ser alcanzado; en cuanto lo tuvo a tiro y dejó de disparar, lo alcanzó con otro cohete. El helicóptero cayó al suelo, junto con los demás.

  • ¿Dónde has estado todos los días de mi vida?...-murmuró Archivald, pasando la mano por el RPG-7.


Mientras tanto, dentro del centro comercial se temblaba de puro miedo; la gente se amontonaba en el suelo. Había comida y bebida para todos y la multitud era dirigida por varios miembros del P.I.G, que habían tomado la situación. Tenían cerradas y atrincheradas las puertas para que no entrara nadie excepto la puerta sur, que era vigilada por más miembros del PIG. Cloe tenía a la niña en sus brazos, más calmada y callada.

  • Cloe...-llamó ella.
  • ¿Sí?-dijo la chica.
  • ¿Por qué han matado a mi mamá?-preguntó entonces.

La multimillonaria se quedó sin palabras y sin saber responder; no estaba preparada para todo esto. Jamás se había imaginado que todo esto llegase a pasar; y ella que creía que lo había visto todo viviendo en Liberty City...

  • Pues... verás, tu mamá...-empezó ella.

Pero no pudo continuar, puesto que era recordar como la protegió y venirle las lágrimas.

  • Tu mamá... murió para protegerte-pudo decir, al fin.

La niña la miró.

  • Dio la vida por tí... deberías estar orgullosa de ella-añadió ella, con lágrimas en los ojos.

La niña apoyó la cabeza en su pecho y musitó.

  • Te quiero, mamá.

Cloe cerró los ojos y dos lágrimas cayeron sobre su pelo castaño.


Mikey pensó que ya había escuchado suficiente y regresó a Little Havana; filas y filas de cubanos vigilaban todos los accesos al barrio, armados hasta los dientes. Las personas heridas eran atendidas por doctores y médicos de cabecera, había un doctor que había venido del hospital del centro. El Café Robina era bastante transitado por los que necesitaban comida y agua; los vecinos del barrio acogieron a la gente que no tenía donde quedarse. Mikey estaba alucinado y maravillado a la vez, era impresionante, sencillamente único e irrepetible, ver como los ciudadanos se ayudaban y apoyaban mutuamente en un momento tan extremo como ese; deberían poner a todos los países en una situación como esa periódicamente. Igual así, el mundo sería un lugar mejor. Estaba en el café Robina, tomando una copa, cuando llegaron varios de sus hombres con el poli al mando.

  • Hemos estado hablando con los Haitianos-anunció el poli.
  • ¿Y bien?-inquirió el líder de los moteros.
  • No atienden a razones, casi nos pegan un tiro, nos hemos tenido que ir, asustan con la mirada-explicó.

Mikey se quedó mirando a la nada por unos segundos y finalmente murmuró.

  • Pero que hijos de la gran puta.

Se levantó de golpe y salió del café.

  • ¿A dónde va, jefe?-inquirieron sus hombres.
  • A convencer a esos grandísimos mamones que nos ayuden, joder-masculló.
  • ¡Pero espere, si volvemos lo tomarán como una provocación, nos matarán-le paró el poli al mando.
  • ¡Me la suda, no nos pueden ignorar en un momento como éste!-gritó él.

Volvieron al lugar y Mikey soltó.

  • Quiero una audiencia con la Tía Poulet.
  • No, fuera, ya se lo hemos dicho, váyanse o les mataremos-amenazó un haitiano.

Pero Mikey no se achantó tan fácilmente; acabó entrando en la casa de Poulet, donde la vieja seguía en su silla, hecha un vegetal.

  • ¡Usted, bola de grasa caducada, quiero que me escuche atentamente!-exclamó.

Los haitianos le apuntaron con sus armas, pero él no levantó las manos.

  • ¡Arriba las manos, no se acerque a ella!-le decían.
  • ¡No sé si se habrá enterado, pero yo la pondré al corriente: nos están invadiendo unas fuerzas desconocidas, masacrando a gente y a la ciudad! ¡Necesitamos vuestra ayuda y recursos y nos los deniegas! ¡Y creo tener una idea de quien pueden ser! ¿Comando Colombiano, quizás?-inquirió él.

Tía Poulet no dijo ni hizo nada, se quedó tan quieta que asustaba; ni siquiera se veía que respirara, parecía que estuviera muerta.

  • ¡No te hagas la sorda o la muerta conmigo, sé que lo has oído! ¡Respóndeme, joder!-chilló Mikey.

Todos se quedaron en un repentino silencio; Tía Poulet no dijo nada. Nada. Tan sólo se oían explosiones al norte de la ciudad, explosiones que cercioraban que el centro había caído. Mikey se contuvo sobremanera para no estallar; levantó las manos para no comerse un granizo de balas y se dispuso a salir, cuando la anciana mujer musitó.

  • Si... si tú necesitas algo... ¿nosotros... debemos hacer algo... siquiera?

Su voz era tan grave y cascada que parecía de hombre; hablaba como una momia.

  • Hombre, yo creo que en una situación así todos debemos apoyarnos y cuidarnos; lo he visto con mis propios ojos por las calles, vecinos acogiendo a personas que no tenían donde ir porque han masacrado su casa, doctores curando a heridos, cubanos y policías ayudándose mutuamente. Yo creo que si todavía tienes algo de fe en las personas, deberías ayudarnos-opinó Mikey.

Poulet guardó silencio; Mikey esperó una respuesta que parecía no llegar. Finalmente, ella dijo.

  • Si... te tropiezas y caes... te levantas; si alguien... se tropieza a tu lado... le ayudas. Pero... los dos sabemos... que no te moverás siquiera un centímetro... ¿Crees... que por un momento... esta regla de tres... se llevara... a rajatabla?

Mikey escogió bien sus palabras y finalmente respondió.

  • Pues... por un momento me movería; y más si sabes que lo están matando delante de tus narices.

Poulet se calló y tras unos segundos, esbozó una suave sonrisa; le hizo señas a uno de sus hombres y le musitó unas palabras en criollo al oído. Tras eso, el haitiano se acercó a Mikey y le miró de hito en hito; él le devolvió la mirada. Finalmente, preguntó.

  • ¿Qué es lo que hay que hacer?

El poli al mando le puso al corriente de todo; antes de salir de la habitación, Mikey la dijo.

  • Gracias.

Pero la mujer no dijo nada más.

Capítulo 15

Gracias a que los Haitianos habían aceptado ayudarles, la zona segura se amplió y más personas pudieron refugiarse en las casas ruinosas del sur del barrio; en cuanto volvieron al café, un doctor les estaba esperando.

  • ¿Usted es el agente González? ¿el que está al mando?-preguntó, dirigiéndose al poli al mando.
  • Sí, soy yo ¿que ocurre?-inquirió.
  • Verá señor, desde que llegaron los heridos hemos estado trabajando duro, pero se nos están acabando los medicamentos, especialmente los anti-inflamatorios, la penicilina y la morfina, hay gente que tienen balazos cerca del cuello y son los que más lo necesitan-explicó.
  • Ya... ¿han preguntado a los vecinos, alguien que tenga más...?
  • Toda la gente nos dio lo que tenían, casi todos los medicamentos básicos se acabaron en un suspiro, sin embargo tenemos vendas y gasas a rabiar-explicó el doctor.

González suspiró el también.

  • Yo vengo del Schuman Healthcare Center del centro, allí habrá todo lo que necesitamos-sugirió el doctor.
  • Ya... pero el centro ha caído hace nada, he oído como explotaba casi todo, al menos-anunció Mikey.

El doctor se mostró sorprendido.

  • Lo siento doc, pero trataremos de ir a por algo ¿vale?-dijo González.
  • Se lo agradecería, la gente lo necesita-añadió el doctor, antes de irse.

Mikey y González se miraron.

  • ¿Qué hacemos?-inquirió el líder motero.
  • Podemos intentarlo-sugirió González.

Mikey reunió alguno de sus chicos y González les acompañó con varios de sus hombres; iban todos bien armados. En cuanto estuvieron listos, se lanzaron a la carrera. Les dieron paso en uno de los cruces hacia la Avenida Bayshore y a partir de ahí echaron a correr en un Perennial, sorteando los boquetes de las bombas. En menos de diez minutos llegaron al cruce de la avenida, y al otro lado de la calle vieron al hospital haciendo esquina con la calle paralela. Esa calle estaba arrasada y algunos edificios ardían como teas.

  • Vale, nadie a la vista... ¡ahora!-exclamó Mikey.

González dio un volantazo y se dirigieron hacia el hospital por la acera; no tardaron en dispararles desde las azoteas.

  • ¡Cabronazos, nos estaban esperando!-exclamó Mikey.

Trató de localizar a alguno pero estaban ocultos; llegaron a la entrada del hospital y pararon justo ahí; un cohete silbó en el aire, directo hacia el coche.

  • ¡Joder, cohete, salid, salid!-indicó González.

Saltaron a tiempo y el coche estalló.

  • ¡Mierda! ¿¡Y cómo volvemos ahora?!-musitó uno de los agentes de González.
  • ¡No lo sé, tres conmigo, vamos a por las medicinas!-indicó éste.

Mientras González y los suyos fueron a por ellas, el resto se quedó afuera para cubrirlos mientras lo recogían todo; los bastardos no tardaron en salir para ir a por ellos, puesto que estaban a cubierto.

  • ¡¡Vamos, venid a por nosotros, bastardos colombianos!!-rugió Mikey.

Los repelieron como pudieron, pero cada vez venían más y más; eran tantos que tuvieron que meterse en el hospital y bloquear la puerta. Buscaron a los demás hasta encontrarlos.

  • ¿Lo tenéis todo?-inquirió Mikey.
  • Sí, pero... ¿que hacéis aquí?-preguntó González.
  • Nos empujaron a meternos, eran demasiados; atrancamos la puerta, pero no creo que aguante mucho-explicaron.

Estuvieron pensando en como podían salir de ahí, cuando un agente de González exclamó.

  • ¡Eso es! ¡Aquí arriba siempre ha habido una Ambulancia Aérea!
  • Podemos intentarlo, es arriesgado, pero no tenemos otra, vamos-indicó Mikey.

Subieron a la azotea y la vieron; se subieron a ella y emprendieron el vuelo. Por un momento estuvieron a tiro de varios de esos helicópteros raros, pero consiguieron salvarse por los pelos y volver enteros a Little Haiti y Little Havana; así, todos los heridos podrían estar seguros de que no les abandonarían.

Capítulo 16

Mientras tanto, en el Escobar International Greg avanzaba poco a poco; no podía permitirse que fuera descubierto, a parte que si eso pasara la operación se iría al traste. Desde un rincón, bien escondido, pudo ver que había un Maverick cerca de la pista. No era gran cosa, pero menos daba una piedra; cualquier cosa le valía para llegar hasta ese predator vigilante. Estaba más que convencido que el cabecilla y cerebro de todo lo que estaba pasando estaba ahí; y debía de llegar hasta él como sea. Continuó sin ser visto, bordeando los hangares del este, hasta acercarse al helicóptero; estando ya a cinco metros, aprovechando la distracción de varios guardias, echó a correr hacia él y se metió dentro. Miró por la ventanilla para ver si lo habían visto o no; nada, todo normal. Activó todos los comandos, las aspas se movieron y el maverick se elevó; varios soldados le dispararon desde el suelo, pero el dio un bandazo con el aparato y pudo sortear el resto de balas.

  • ¡Si!

Se dirigió hacia el este inmediatamente, pero no tuvo más remedio que virar, puesto que varios predators y un Buzzard fueron directos hacia él.

  • ¡Mierda, mierda!-masculló Greg.

Tiró hacia el norte, pasando por Little Haiti y Little Havana; algunos de los predators empezaron a bombardear los dos barrios, para intimidarle.

  • ¡Estoy aquí, cabronazos!-exclamó él, haciendo varias cabriolas.

En el Centro de la ciudad, cuyos edificios (algunos) ardían como teas, hizo zig zag entre ellos para que no pudieran apuntar bien; la nueva torre más alta de la ciudad estaba parcialmente dañada, y el estadio conmemorativo Hyman estaba de una pieza. Como para tratar de derrumbar ese gigante de más de 500 metros cuadrados... De ahí se dirigió hacia Vice City Beach, pasando sobre el North Point Mall; le pareció ver a alguien en la azotea, y más aún cuando un cohete silbó hacia arriba. Pero entonces vio que el cohete se dirigía hacia el predator que le acosaba, librándole de él; miró fijamente hacia el lanzador y vio que era ni más ni menos que Archivald.

  • Gracias tío-murmuró.

Otro cohete rasgó el aire y tumbó al Buzzard que le pisaba los talones; se dirigió raudo hacia el sur, aprovechando los edificios como cobertura para los otros predators, que seguían bombardeando la ciudad; Leaf Links tenía ya más hoyos de lo normal, mientras que InterGlobal Films pasaba a la historia. Si seguían así, arrasarían por completo Vice City. No podía permitirlo. En cuanto llegó a los embarcaderos del sur, comenzó a subir hacia el predator; mientras tanto, preparaba su arma lanzadora de ganchos. Podría intentarlo, si aquel elemento lo consiguió en San Andreas él no iba a ser menos; se puso a la par del gran helicóptero, que le había visto desde hace ya unos minutos. Lanzó el gancho, que se enganchó en una de las patas del aparato; en cuanto vio que preparaban uno de los cañones exteriores, apretó el botón y la cuerda se recogió, justo a tiempo, porque lanzaron un cohete. El maverick estalló, pero él ya estaba lejos; se agarró a la pata del predator y trató de subir. Una de las tres puertas se abrió, y apareció un colombiano, pisoteándole una mano para hacerle caer; él aguantó como pudo y sacó una de sus pistolas silenciadas, dándole en el tobillo. El colombiano gritó de dolor y Greg aprovechó para hacerle caer; fue una caída larga, y gritó durante todo el camino. Haciendo acopio de fuerzas, consiguió subir al aparato, y nada más hacerlo, otro colombiano apareció y le apuntó con una Pistola; rápido de reflejos, se movió a un lado y disparó al colombiano, el cual trastabilló y también cayó. Al otro lado del largo aparato, el acompañante del piloto se levantó y musitó.

  • No sé como ha podido llegar tan lejos, gringo, pero le juro que lo va a pagar.
  • Usted es el cerebro de todo esto ¿verdad?-inquirió Greg.
  • Sí... ¡yo soy Osvaldo Valdes, el líder del Comando Colombiano!-se presentó.
  • Anda, Valdes, mucho antes me las vi con tu hermano... debí haberlo imaginado...-murmuró Greg.

En cuanto lo dijo, Osvaldo dibujó una mueca de sorpresa y furia, bajando su armas; a Greg se le ocurrió algo.

  • ¿¡Qué?! ¡¿Tú conoces a mi hermano, pendejo?! Mataron a mi hermano, ¿fuiste tú acaso, gringo apestoso?-musitó él.
  • Pues... ahora que lo dices... sí, fui yo-murmuró Greg.

Osvaldo apretó los dientes.

  • E hice bien, se lo merecía el muy hijo de puta, disfruté viendo como moría, mientras le apretaba el cuello con mis propias manos-relató Greg, mintiendo.

Osvaldo se encendía cada vez más, encomendándose a la furia y bajando el arma.

  • Sí, quise que me suplicara cual perro asustado, aun recuerdo sus palabras, implorándome que no le matara: "Por favor, por favor"... pero no, yo no soy bondadoso, dejé de muriera, se lo merecía, un perro colombiano como él no se merecía vivir... ¡¡Era escoria!!-acabó gritando el agente, actuando muy bien.
  • ¡¡¡Raaaaargh!!-aulló Osvaldo, tirando su arma y lanzándose sobre Greg.

Comenzaron una lucha encarnizada, cada uno se golpeaba cual boxeador trastornado; más de una vez los dos estuvieron a punto de caer, pero no se dio el caso. El piloto puso el piloto automático y se acercó a ellos, pero Osvlado gritó.

  • ¡¡¡No, atrás, voy a matar a este pendejo yo solo, como hizo con mi hermano!!!
  • ¡Pero señor...!-exclamó el piloto.
  • ¡¡¡Pero nada, chinga a tu madre, desgraciado!!!-aulló el líder del Comando Colombiano, tirándolo él mismo por la borda.

Greg aprovechó ese pequeño paréntesis para sacar una de sus granadas, quitó la anilla y la lanzó al otro lado de la nave; acto seguido embistió a Osvaldo contra el comando de mandos del helicóptero, quedando éste algo magullado. Vio entonces, un paracaídas de la marca Prolaps en la pared, se lo puso sin demora y saltó; se dejó caer en picado por varios minutos y abrió el paracaídas.


Mientras tanto, en el aparato, Osvaldo se reincorporó y al ver la granada al otro lado del helicóptero, musitó.

  • Hijo de puta.

La granada explotó y toda la cola del predator se desencajó; llamas rodearon las aspas, que perdieron el control y el resto del aparto cayó en picado hacia Starfish Island. Osvlado trató de manejar el helicóptero, pero sin cola ni timón, poco o nada se podía hacer.

  • ¡¡¡Chingue pendejo, gringo!!!-aulló Osvaldo.


La caída no fue muy larga, y aterrizó en el tejado de la antigua mansión Díaz; se quitó el paracaídas y lo recogió. En ese momento, el predator en llamas caía hacia la isla sin control, finalmente planeó sobre la isla e impactó en una de las mansiones, en la central hacia el norte; la explosión fue tremenda, las llamas eran vivas y refulgentes. Poco después hubo una segunda explosión, formando una bola de fuego enorme que se elevó hacia el cielo hasta disolverse; el fuego debió de alcanzar los depósitos de gas metano. ¿Quién carajo usa gas hoy en día? De la mansión no quedaba nada y del predator tampoco; Osvaldo Valdes, líder del Comando Colombiano, había muerto. Greg cogió un walkie-talkie que cogió antes de tirarse, y dijo por él.

  • A todos los predator y miembros del Comando Colombiano, vuestro líder, Osvlado Valdes, ha muerto en una explosión en Starfish Island; ya no tenéis nada, rendiros, dejad a Vice City tranquila. Y si alguien de la ciudad me oye, quien sea, los invasores están sin líder, atacad ahora si podéis. Greg Simons a vuestro servicio.


En el North Point Mall se había oído el mensaje por toda la megafonía, puesto que las ondas del walkie se entremezclaron con los receptores del centro comercial; todo el mundo gritaba de alegría, y Cloe abrazaba a la niña, feliz.

  • Sabía que lo conseguiría-pensó.

En Little Havana y Little Haiti, todo el mundo se preparaba para invadir Viceport y recuperarlo; Greg miraba a los restos de la mansión, cuando un ruido familiar recortó el cielo. Miró a éste y vio a varios Hydra acercándose a los predator y bombardeándolos a todos, cayendo como uvas.

  • Greg Simons-oyó por el walkie una voz conocida.
  • Jefe...-saludó él.
  • Misión cumplida... buen trabajo-le felicitó.

El Ejército americano llegó enseguida y se unió a los ciudadanos para ayudarles; se recuperó enseguida Viceport, el Escobar International y el Centro de la ciudad. Poco después se recuperó Washington Beach, Ocean Beach y toda la playa. Para las seis de la tarde, Vice City estaba libre. Greg se reunió con Cloe y Archivald en la playa; Cloe le abrazó al verle y el ex shark le dio la mano.

  • Sabíamos que lo harías-dijo él.
  • Gracias por defenderme antes-añadió el agente.
  • De nada, señor agente.

La niña estaba con su padre, al lado del cuerpo de su madre, los dos lloraban junto a ella; Cloe entrecerró los ojos, algo compungida. Greg la miró y la dijo.

  • Ey, ya está, se acabó.

Y con el sol de la tarde tiñendo de rojo el humo de los edificios, Vice City respiraba tranquila.

Capítulo 17

Dos semanas habían pasado ya tras ese día tan intenso; todas las cadenas del país retransmitieron en vivo todo lo ocurrido y todos los estados del país ayudaron a reconstruir la ciudad. Archivald decidió quedarse en la ciudad, viviendo en la antigua sede de los Sharks; Cloe volvió a Liberty City, y para sorpresa de su padre se volvió algo más modosita y tranquila, ya no se emborrachaba tanto, y donó algo de dinero a los niños huérfanos. En Vice City, Cubanos y Haitianos volvieron a matarse mutuamente y la policía volvió a su rutina. La ciudad recuperó su tranquilidad habitual. En Rusia y en Colombia se llevaron a cabo detenciones masivas de todos los miembros implicados; todos los partidos del país condenaron la acción, obligando a los dos países a pagar cifras altas por todos los daños causados. El gobierno estadounidense negó desde el principio la existencia de un helicóptero experimental nuevo y potencialmente destructivo y dañino, mientras ordenaban deshacerse de todo el material del proyecto; el predator quedó como si jamás hubiera existido. Y en cuanto a Vice City... bueno, eso es otra historia.

En la Isla de la Felicidad, Liberty City, se respiraba tranquilidad y calma; turistas fotografiaban a la estatua y compraban miniaturas y camisetas suyas, mientras que los ciudadanos disfrutaban del día haciendo merendolas y barbacoas en las zonas ajardinadas. En el paseo del norte, Mike Finnigan paseaba junto a su esposa mientras comían un perrito caliente; estaban felices de volver a estar juntos de nuevo. En ese momento, llegó Jeff Daniels, acompañado de una chica joven bastante guapa; Mike y Jeff se quedaron mirando por un momento, como si se conocieran de algo. En ese momento llegó Greg Simons junto con una mujer de su edad; al verle, Jeff le saludó.

  • Daniels, cuanto tiempo... ¿no me vas a presentar a tu amigo?-preguntó Greg, mirando a Mike.

Jeff hizo las presentaciones y los tres se encaminaron hacia el paseo, disfrutando del día. Y es que cada día se ha de disfrutar, como el primero. Y por mucho tiempo más.

Ende.

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