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Capítulo Cuatro: Dos jefes al mismo tiempo.

Sean se dirigió a la dirección citada en la carta, a la hora también escrita. Se trataba de un callejón en la mitad de Bedford Point, dentro de un estacionamiento. Sean escaló la pared y llegó al otro lado, donde lo esperaba Claude apoyado en la pared. Cuando lo vio, le entregó otra carta. Sean la abrió y leyó lo siguiente:

Necesito destruir al Cartel Colombiano porque estoy seguro de que en cualquier momento Catalina me traicionará. Te escribo la carta porque sabes tan bien como yo que soy mudo. Como te decía, para destruír al Cartel, hay que dejarlo con menos aliados y más enemigos. En el estacionamiento hay un Cruiser del cártel. Tómalo y destruye al jefe de la mafia Sater, el principal proveedor de drogas de Catalina, de manera que piensen que tú eres uno de los nuestros. Frank Sater se encuentra realizando un trato de droga en el túnel de Shoreside Vale, del lado de Carcer City. Toma esto

Sean miro a Claude y le hizo un gesto para decirle que había terminado. Claude se corrió a un costado, tomó un arma de detrás de un árbol y se la dio.

—¡¡Es... es... es una M16!! No en mi vida vi una de éstas. ¡Salieron este año!

Claude asintió y le dió las llaves del Cartel Cruiser. Sean tomo ruta al túnel de Shoreside Vale. En el camina ideó planes para acabar con Sater. Cuando llegó al otro lado del túnel, encontró una larga ruta, que a ciento cincuenta kilómetros terminaba en Carcer City. Encontró una bajada recientemente hechapor la mano del hombre. Condujo y encontró a varios hombres realizando un trato. Bajó del coche sin discreción, ya que no lo conocían y aún así pensarían que era del Cartel. Cuando Sater lo vio, se dio cuenta de lo que pasaba y echó a correr. Los gardaespaldas y soldados de ambas mafias tomaron sus armas y apuntaron a Sean. Él disparó a todos los que se encontraban ahí, excepto a Frank Sater, que había subido a un coche y estaba escapando. Un guardaespaldas cayó muerto con una bala en el corazón, y otro con un tiro en la pierna. Un tía de la otra mafia seguía vivo, y le disparó a Sean. Afortunadamente, la bala le rozó el brazo y una raspadura sangrienta quedó cicatrizada en él. También salieron ilesos algunos sentinelas en coche.

Sean también subió a su coche y quemó rueda, hasta que alcanzo a Sater, que desesperado no conducía bien. Sean tomó la M4 que Toni le había dado. Disparó balas que dejaron el coche de Sater en llamas, mientras que del de los sentinelas salieron tres sinuosas balas de escopeta que dieron en la puerta del coche de Sean. El motor de su coche estaba dañado. Salió de él y disparó al depósito de gas del Stallion de los sentinelas, y estos salieron volando detrás de un arbusto. Sin embargo, no estaban muertos porque saltaron de su coche

—De parte del Cartel —anunció Sean, ya sabiendo que lo escucharían—. Idiotas.

Sean subió al coche y escapó, mientras el coche de Sater explotaba y los sentinelas se iban, seguramente a avisarle a alguien de su mafia lo ocurrido.

Cuando Sean y Claude se encontraron en el misterioso callejón, Claude sonrió a Sean, el cual le decía que la misión estaba completa. Luego le dió $2000 a Sean y se alejó del callejón, dejandole otra carta.

Anonadado pensando en que ahora estaba en un embrollo en contra del Cartel, Sean regresó a su casa. De pronto el teléfono sonó. Sean atendió.

—Ven a la mansión —era Toni—, tengo un trabajo para ti.

—Te veo en una hora, tengo que descansar.

Antes de descansar y comer, Sean guardó la M16 en su valija. Pasados cuarenta y cinco minutos se dirigió a la mansión. Toni lo recibió y le pidió que se sentase.

—¿Quieres un vaso de vino?

—No, gracias.

—Tenemos algunos problemas, ya que hemos perdido a un importante personaje en la mafia, el alcalde O'Donnovan. No sabemos quien lo mató, la única pista que tenemos es de un tío llamado King Courtney. Lo abochornamos para que lo dijera. La asesina tiene pelo marrón lasio, es flaca y obviamente mujer. También vimos que iba con alguien que por su voz, era hombre. Los dos estaban enmascarados. ¿Conoces a alguien con ese aspecto?

—Sean recordó en su mente y aparecierón tres personas, Catalina, Miguel y Claude. Claude no podía ser ya que era mudo y Toni mencionó que el hombre hablaba.

—Si, conozco a Catalina y a Miguel, los jefes del Cartel Colombiano.

—¡Claro! No lo había pensado. ¡Buena cabeza, chico! Te pido que... ¿Qué? ¡Si mamá! ¡Ya voy, espera! Te pido que esta noche mantengas ojos en los dos, principalmente en Catalina, ella es muy... como decirlo... frenética.

Sean fue a dormir a su casa, pero a las diez se levantó y se acercó sigilosamente a la mansión de Catalina. A las doce un Cartel Cruiser salió de las sombras y anduvó despacio, sin hacer ruido, para no llamar la atención.

La noche era tranquila, así que nadie interrumpiría nada. La luna brillaba intensamente en el cielo, y las estrellas formaban hermosas constelaciones. No parecía que fuera a pasar lo que pasaría. Sean siguió caminando al coche, hasta que llegó a Wichita Gardens, donde el coche se detuvo y bajó Catalina, acompañada de, efectivamente, Miguel. Iba con un cuerpo al hombro...

Tomó una pala y comenzó a cavar un hoyo. Cada segundo que pasaba era un desprendimiento de tierra. El hoyo se ensanchaba a una velocidad voraz, y Catalina no decía palabra alguna. Finalmente tiró el cuerpo del alcalde Miles O'Donnovan, luego lo cubrió con tierra y le hecho pasto pegajoso encima.

—Vamos Miguel. Que este idiota se pudra bajo la tierra como la mujercita que es.

Sean, en un mal estado de sus sentidos, regresó a su casa. Había presenciado un entierro, un encubrimiento. Ahora la ley estaría buscando al alcalde por todos lados; solo tres personas sabían donde estaba muerto y enterrado: Catalina, Miguel y él. Se sirvió un vaso de agua, pero su mano temblaba y ésta cayó estrepitosamente en la alfombra, echándose ésta toda a perder.

Al día siguiente, Sean le contó a Toni todo lo sucedido, y Toni le dijo que iba a destruir al Cartel por dicho homicidio. Miles era importantísimo para los Leone, ya que gracias a él tenían acceso libre a muchas cosas, lugares y privilegios, que ninguno, pero ninguno más tenía. Los tratos de droga y armas ya no serían iguales que antes, y había que llegar primeros al nuevo alcalde, futuramente decidido en la siguiente semana.

Capítulo Cinco: Otro jefe más

—¿Hablo con Sean Arminio?

—En efecto. ¿Eres Miguel, no?

Sean se acomodó el celular en la oreja y cambió de canal de televisión. Estaba en su casa estrenando su último modelo de televisor

—Si. Necesito de ti. —dijo Miguel

—¿Qué me das a cambio? -preguntó él

—Catalina te quiere muerto, pero la persuadiré para que entre en razón.

—No te tengo miedo. -corroboró Sean

—Yo tampoco.

—¿Qué debo hacer?

—Matar a un tío que está a punto de delatarnos. Irá a la comisaría de Torrington para soplar nuestras cosas. La paga es buena si lo haces. Te beneficiarás privilegiadamente.

—Lo pensaré. Te llamo en media hora.

Sin esperar respuesta, Sean cortó. Rápidamente marcó el número de Mike.

—¿Quién es? —quiso saber la voz al otro lado de la línea

—Soy yo, Sean.

—¡Sean! ¡Cuanto tiempo sin saber de ti! Casi dos meses. ¿Qué pasa?

—¿Recuerdas a Miguel, jefe del Cartel? Me pidió hacer un trabajo... matar a un tipo que irá a la comisaría de Torrington a soltar todo lo que sabe de ellos. Dice que la paga será buena, me beneficiaré, y él evitará que Catalina me mate. No sabe ni él por quú, pero la hará entrar en razón. ¿Qué hago? Ten en cuenta esto: ellos mataron y enterraron al alcalde.

—Mmm, ciertamente no sé. Son gente peligrosa, Sean. No importa la paga o beneficios. Piensa que quitarás un enemigo de tu camino, en este caso Catalina. Hazlo.

—Verdad. Lo haré. Gracias. Adiós.

—Adiós.

Sean llamó a Miguel.

—¿Si?

—Acepto.

—Perfecto. El tío saldrá dentro de veinte minutos de su casa en Portland Island, al lado del hospital. Es alto y lo reconocerás por la cantidad de armas que seguro llevará encima.

—Considéralo hecho y espérame en el muelle debajo del Callahan Bridge con la recompensa y la noticia de que Catalina no me quiere muerto.

Sean cortó y fue al hospital de Portland. Esperó a que saliera el tío indicado de su casa. Realmente estaba armado hasta los dientes. El enemigo subió a un coche y se alejó. Sean también se subió a su coche y lo siguió hasta cerca de la comisaría. Cuando estaban cerca de un callejón, Sean aceleró y chocó al coche del enemigo. El tipo salió y antes de que Sean bajara del coche le disparó en la pierna.

Sean cayó dolorido hasta más no poder. Levantó su AK-47 y le disparó al tío, pero falló. Se echó a un costado en el exacto momento en que le disparaba y jaló nuevamente el gatillo. El tipo cayó muerto al suelo.

Sean se fue al muelle en coche y esperó a Miguel.

—¿Lo hiciste? —preguntó Miguel saliendo de detrás de un muro

—Sí. Dame la recompensa.

Miguel le tiró un fajo de billetes. Contenía diez mil dólares.

—Persuadí a Catalina y entró en razón.

—Bien.

—Y recuerda Sean. No digas nada, o morirás. En este negocio hay que ser secreto para triunfar.

Capítulo Seis: Fuera Claude

Así pasaron dos meses entre que Sean realizo varias misiones para Claude en contra del Cartel, al igual que Toni lo nombró su guardaespaldas personal, y se lo presentó a Salvatore, el cuál le dió misiones. Pasó un tiempo largo en la Ciudad de la Libertad...

Ya era finales de 2000, y la gente celebraba una nueva navidad en el nuevo milenio. La ciudad se cubría de nieve y de todas las casas colgaban horrendos maniquíes de Santa Claus. Niños y adultos hacían angeles de nieve en la nieve y se divertían abriendo paquetes, hasta que aquella noche acabó. Días despúes ya era 2001, y ahora la gente festejaba el nuevo año.

—No puedes mentirme, Arminio —le dijo Salvatore a Sean en su oficina, con Toni sentado sobre la lujosa mesa—. Yo sé que en cierto momento ayudaste al Cartel, así que te pido que no rompas tos amistades con él y sepas más acerca de los planes de Catalina.

—De acuerdo, señor —aceptó Sean—. Quizás logre descubrir algo.

En efecto, aquella misma tarde recibió un llamado de Catalina.

—Hoy vamos a robar un banco —dijo ella—. Ven a la mansión, tu vas a conducir.

Sean se dirigió a la mansión de Catalina. Como ya le había pasado, intentaron revisarlo, pero Catalina lo canceló y se acercó

—Llegaste cagando leches ¿no?. Toma el Banshee, nos llevarás al Banco de Liberty, del otro lado del túnel.

Sean condujo a Miguel, Claude y Catalina hasta el banco más grande de todo el Liberty State. El edificio se alzaba sobre la tierra y la gente ni sospechaba los eventos que ocurrirían. Al llegar, los tres integrantes del Cartel se fueron al banco —antes de desaparecer tras la entrada, Claude le guiñó un ojo cómplice— y Sean los esperó en el Banshee.

Pasados unos minutos sonó la alarma del banco y Sean siguó el plan, esperarlos en el coche cerca de la entrada. Miguel salió, pero no los otros dos. Al fin los vio del otro lado del callejón... pero, ¿qué era lo que pasaba?... Catalina estaba apuntando a Claude, y sus labios decían algo... ¡PUM! Un disparo. Catalina corre al coche... pero no Claude.

Él yacía en el suelo, muerto al parecer de Sean. No, Claude se movía, pero una bala le había surcado el pecho. La policía casi los rodeaba, y Sean se daba cuenta de que Claude no había llegado a liberarse de Catalina, sino que ella lo había traicionado primero.

—¿Que le hiciste a Claude? —gritó casi en llanto cuando Catalina saltó al interior del coche.

—Mira puto, si no te callas, quedarás igual que Claude.

Sean condujó a velocidades increíbles, y la policía no les podía dar caza... Sean frenó bruscamente. Catalina y Miguel no llevaban cinturón de seguridad y salieron disparados hacia afuera. Ambos robaron un coche y escaparon... Entonces, Sean se fue, pensando en Claude... que ya no sería el mismo, que estaría por siempre atrapado entre rejas, que no vería más la luz del día...

Esta historia continúa en Historias:Grand Theft Auto Masters Liberty City 3° Parte

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