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Capítulo uno: Conociendo a Mike

Eran las tres de la tarde, año 2000. Sean Arminio salió de la pizzería luego de robar el dinero y pizza para llevar. Guardó su 9mm con silenciador y se dirigió a su casa en Cedar Grove. Al llegar guardó el dinero en su caja fuerte y se dirigió a su cómodo sillón. Pasado un rato escuchó un fuerte ruido que le sonaba muy familiar. ¡Claro! Era la sirena de policía. Sean salió afuera, y avistó a la distancia un Esperanto muy abollado, escapando a bastante distancia de las patrullas, que sin razón aparente se tambaleaban de un lado a otro. Sin poder creer que aquel tío estuviese a medio paso de la cárcel, gritó:

—¡¡Entra!!

El conductor del Esperanto entendió y se lanzó en picada hacia el garage de Sean. Sean activó el interruptor y el coche entró de manera que el Esperanto no tocara el Banshee de Sean. El tipo que salió no era feo, como pensó Sean, sinó que era una persona alta, de pelo desparramado y bastante rápido, ya que como Sean vio, llegó a la puerta de la casa en tres pasos.

La policía pasaba tambaleándose, al fin demostrando la misteriosa razón por la cual lo hacía: sus desgasadas ruedas de seguramente hacía varios años estaban echas un aguacero de balas. Sean sonrió, recordando que él también lo hacía. El tipo lo apuró a entrar. Al rato los dos estaban charlando, cuando el misterioso reveló su nombre.

—Soy Mike, gracias. No vuelvo a atrasarme con esta mierda —dijo, tirando al bote de basura una 9mm completamente nueva. ¡Que gran casa! ¿De qué trabajas? Debes ser rico.

—No realmente -respondió Sean fríamente, oliendo el aroma de la pólvora de la pistola—, solo soy ladrón, y la casa la heredé.

—Lindas armas, pero he visto mejores. Si quieres yo te puedo dar algunos trabajos, para introducirte en el mundo de las organizaciones criminales. Un ladrón no logra nada.

—Puede ser. Por cierto... ¿Qué haces aquí en Liberty City?

—En realidad me fui en un jet privado de Cisco, alguien que no conoces que murió este mismo año. Fui a San Andreas. Pero las bandas no son lo mío. Así que volví. Mira, si quieres lo de mis trabajos, ven siempre a la caseta que hay en Belleville Park. Gracias por la guarida, adiós.

—Espera, esa caseta ¿no es un restaurante?

—Era, hasta hace unos meses. Ahora la achicaron y no hay nada casi. Lo uso para guardar armas.

Al día siguiente, Mike se dirigió a la dirección citada por Mike. Efectivamente, la caseta que él conocía no era como antes; ahora se encontraba muchísimo mas pequeña y realmente no pasaba nadie por esa zona. Tocó a la puerta y Mike le abrió.

—Hola Michael. Tienes algo para que haga ¿Cierto?

—Si, tengo. Y no me llames Michael, prefiero Mike. Tengo algunos paquetes ahí atrás, en el Landstalker. Estos paquetes contienen SPANK, una droga muy famosa de por aquí, y quiero que se la des al Cartel Colombiano, para hacer las pases. Dáselo a Catalina, su jefa. Se encuentra en su mansión cerca de tu casa, en Cedar Grove. Que no se te pierda con la jodida poli, ¿entendido?... Mejor vayamos los dos... no se si querrán hacer las paces.

Sean asintió y salió de la caseta... Mike condujo a la mansión y les pidió a los del Cartel que les dejarán pasar, que tenía algo importante que hacer. Los colombianos lo registraron y los hicieron pasar. Llegaron y se encontraron a una mujer y dos hombres. El trío aspiraba cocaína es una mesa dentro de la sala principal.

—¡Ah, Michael!

—Traje el SPANK —contestó irritado Mike, porque Catalina le llamaba por su nombre completo. El es Sean, recién comienza.

—Bueno, deja el cochecito. Veré si tienes pelotas de hombre o eres un chicano puto. El es Miguel, y el Claude.

—Hola Miguel —saludó Sean, que hasta ese momento no había abierto la boca.

—Hola -respondió éste, sin darle la más mínima importancia.

Sean saludó a Claude. Claude no respondió, como si no pudiera hablar. Entonces Sean preguntó.

—¿Tu eres la jefa?

—Es Miguel, pero yo prefiero manejarlo todo.

—¿Y tú Claude?

Claude no respondió por segunda vez.

—Este lindo es mi novio, si puedes ver sus pectorales, así de grandes. Claude sí es un hombre, y el mejor... igual que cuando roba los bancos. Es nuestro sentinela, por así decirlo.

Luego de pasar el SPANK e irse a la caseta, Mike le habló a Sean.

—Muy bien, parece que lo aceptaron... toma la pasta, y yo te llamo cuando te necesite, adiós.

—Adiós.

Sean se fue a su casa pensando en lo fácil que había sido un simple pasado de droga... y pensando en su vecina Catalina. No sabía que era jefa de un Cartel, creía que era una prostituta. Guardó el dinero en su caja fuerte y se fue a dormir.

Capítulo Dos: ¿Te gusta esta cosa de aquí abajo?

Dos semanas más tarde, Sean recibió una llamada de Mike, diciéndole que se dirigiera hasta la caseta. Sean llegó y encontró a Mike.

—Hoy vas a conocer a más gente. Pero gente muy mona, tú sabes a qué me refiero. Estas chicas son del Luigi's Club, pero su Chulo está enfermo, y me ofrecí a dar un tío que las transporte. Serás tú.

—No me meto con prostitutas —respondió Sean—. Y menos de la mafia. Me sale algo mal y luego mi cabeza colgará del faro de Portland.

—Vamos Sean. Estarás ayudando a la mafia, y eso quiere decir "un mundo de posibilidades". Haz este trabajo bien y ellos empezarán a darte trabajo a ti. Luego, si es que eres italiano, podrás ayudarlos y subir puestos. ¿Cual es tu apellido?

—Arminio.

—Pues entonces sí. Vamos, hazlo.

—De acuerdo. Pero espero que ellos me empiecen a dar trabajo.

—Te lo garantizo.

Sean salió de la caseta y, dándose cuenta de que le habían robado su Banshee —porque no estaba aparcado en la acera— golpeó en la cabeza a un gordo y le robó su moto. Fue a Portland y se guió con su memoria hacia el Luigi's Club. Las chicas esperaban afuera.

—Vale niñas, yo las llevaré.

—Crees que somos tontas, ¿no? —dijo una— En esa cosa no vamos. Queremos un coche, con techo.

Sean, enojado, salió a buscar un coche y lo robó, estacionado en la calle contigua. Una de las chicas se subió. Se llamaba Misty. Sean la llevó a su destino, un tal Joey's Autorrepair. Volvió y se llevó a la siguiente a su lugar. Así con las otras dos. Luego fue por la última. Ésta se subió. Cuando estaban al lado de la pista de motocross en Herpburn Heights. Ella lo empujó, tomó el volante y entró a la vacía pista.

—¿Qué haces? -preguntó Sean

La chica no quería responder. Frenó el coche y se acercó a él.

—Hagámoslo.

—Deja de molestar, idiota -respondió Sean-. No me llevan las mujeres.

Ella no lo dejó moverse y tiró hacia abajo del pantalón de Sean. Éste se corrió y se lo volvió a subir. La prostituta insistió y se quitó toda la parte de arriba. Sean no sabía qué hacer. No podía seguir manejando por esa idiota, pero tenía que llevarla.

—De acuerdo —dijo—. Hagámoslo.

Se bajó los pantalones y ambos se divirtieron un rato. Luego ella aceptó terminar y se vistió de nuevo, igual que él. Luego fueron al destino de la chica y Sean la dejó.

Volvió con Mike. Él estaba tomando algo de su bolsillo.

—Hola Sean. ¿Sin problemas?

—Sin problemas —mintió él—. ¿Qué hacías?

—Cuando tocaste la puerta tomé la pistola, porque no sabía que eras tú. Toma. Estos son de mi parte y estos de la mafia.

Le dio $1000.

—Mañana no estaré aquí, así que pasado mañana te daré más trabajo. Adiós.

—Adiós —saludó Sean, y salió por la puerta. Robó una Faggio, pero no fue a su casa. Tentado, sacó su 9mm y pasó por el King Knuts de Bedford Point. Diez minutos más tarde salió con $200 y una caja de pizza caliente.

Capítulo Tres: Págame protección

Dos días después Sean fue a la caseta de Mike y esperó a que él llegase.

—Hola Sean. Estaba hablando con Antonio Cipriani, subjefe de la mafia Leone. Hablabamos de un local que no le pagaba protección, y casualmente le hablé de ti. Quiere que vayas con él.

—Bien. Iré.

—Él te ayudará a romper un local en Portland Island. Está en su mansión en el acantilado de Portland Beach. Los Leone necesitan que el local les pague protección, para recaudar pasta.

—De acuerdo. Solo espérame y te traeré buenas noticias.

—Eso espero.

Sean se dirigió a la mansión indicada, y rogó para no volverse a encontrar con un mudo como Claude. Al llegar a la mansión se metió dentro, encontro una puerta grande, y un pasillo al cual encontró un hombre de unos sesenta años y a otro de unos treinta y cinco, más o menos, hablando.

—Hola —digeron los dos al unísono.

—Hola, ¿usted es Antonio Cipriani?

—No, mi nombre es Salvatore Leone, el es Toni.—

—Esto... Hola.

—Hola. Tu debes ser Sean. Si, Mike me habló de ti. Vamos, llevame a Killer Food, nos deben pagar. Toma el bate de béisbol.

Sean tomo la limusina y llevó a Toni a Kill Food. En el camino le preguntó:

—¿Por qué lo haces tú y no mandas a tus matones a arriesgarse?

—Porque si no, no tendría gracia. A mi me gusta hacerlo por mi cuenta.

Llegaron al local y amenazaron al tendero. Éste se negaba a pagarles. Empezaron a destruir las heladeras, las góndolas y todo lo que veían.

—¡¡¡Paren!!! ¿¿¿Qué quieren que haga para que paren???

—Necesitas protección —gritó Sean. Toni sonrió viendolo gritar—. Nos pagarás a nosotros. Ahora sirves a los Leone. REPÍTELO.

—Ahora-sirvo-a-los-Leone...¡¡Paren!!

—Muy bien, vámonos.

A la salida, unos Uptown Yardies los esperaban. No querían gente en su territorio. Antes de que se alzaran contra ellos, Toni le tiró un MP5 a Sean. Él lo atrapó en el aire y apuntó.

Eran dos, y los Yardies siete. Recordando como lo hacía con las pistolas, Sean jaló el gatillo. Un Yardie cayó muerto de tres balas en el pecho. Entonces, ellos sacaron armas y dispararon, pero Toni y Sean saltaron detrás de un coche. Dispararon a los indefensos Yardies. Uno por uno cayeron. Sólo quedaba uno, y salió corriendo. Sean subió a un coche y aceleró. Segundos después, el tío dormía debajo del coche.

Ambos volvieron. Sean intentó cambiar a Flashback 95.6 FM, pero Toni quería dejar Double Clef FM. Dejo a Toni en la mansión.

—Más tarde ven a vernos —dijo Salvatore soltando el teléfono al verlos entrar—, te necesitamos. ¿Capisci?

—Claro, vendré mañana.

Sean se dirigió a lo de Mike.

—Lo lograste, muy bien. Toma la pasta. Cuando no estabas, me dieron esto para ti. No creo que te vuelva a dar misiones, así que adiós, ya te introduje lo suficíente en la mafia. Quizás si te necesito te llamo ¿vale?

—Claro, llámame si me necesitas. Adiós, espero que nos volvamos a ver.

Mike lo saludó y le dió $1200 y una carta, que en la parte delantera decía:


Claude

Esta historia continúa en Historias:Grand Theft Auto Masters Liberty City 2° Parte

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