FANDOM


45px-HistoriasH.png




Goletas Samurai Kan escrutó entre los árboles. Su padre Kazo estaba a menos de dos pasos. Un solo salto y estaría encima de él. Aunque Kan no era más que un chiquillo, la sorpresa sería una gran ventaja. Era la hora de la siesta y su padre, el viejo Samurai, dormía plácidamente confiado. Su abdomen subía y bajaba lentamente. Esta vez ganaría el joven aprendiz de Samurai. En ese momento una mano se posó en el hombro de Kan. Era la señal de que había perdido la partida. Pero... ¡No podía ser! ¡Su padre dormía! ¿Qué era lo que pasaba? El inexperto Samurai miró a su espalda y vio a Aki, uno de los Siete Samurais de su padre. - Eso no vale - replicó Kan con su orgullo herido - es contra mi padre contra quien juego, tú no tienes nada que ver. - había estado tan cerca de ganar... y sin embargo su padre había vuelto a ganarle. ¡Y esta vez estando dormido! Un estallido de cólera se apoderó de su joven cuerpo de doce años y corrió adentrándose en el bosque mientras su espada katana replicaba contra su armadura. - Ah! estás aquí hijo mío - susurró Kazo al oído de su hijo - Mi fiel Aki me ha contado lo ocurrido. Kan sentía la suave y cálida mano de su padre en el hombro mientras la grave y penetrante voz de su padre calaba en sus pensamientos. - Sí padre, siento haber huido, pero perdí! y eso me indignó! - Querido Kan, otras veces has perdido y nunca antes te habías alterado de esta manera. ¿Por qué este enfado tan impropio de ti? - Las palabras de Kazo eran tranquilizadoras mientras se sentaba en una frágil rama al lado de su hijo. - La cuestión Padre es que estabas dormido, y aun así me ganaste. Al principio no quise reconocerlo. Pero la verdad es que da lo mismo que fuera tu mano o la de Aki la que me tocara. A efectos perdí igual. Y eso me corroe. - Los ojos de la joven promesa Samurai irradiaban un pesar que caló en el corazón de su padre. - Hijo mío. ¿Y qué has aprendido de este percance? Los ojos de Kan se clavaron interrogantes en su padre. ¿Aprender? Había algo que aprender... sí había algo, pero todavía le resultaba muy lejano, podía sentirlo pero no sabía exactamente lo que era. - Ah! Mi querido Kan, te queda tanto por aprender... y prometes tanto - Los ojos del viejo Samurai reflejaban un orgullo imposible de esconder, había visto que el pequeño Samurai empezaba a ver la luz y decidió ayudarlo - Te contaré una historia que te sacará de dudas: """Existieron una vez, en unas tierras muy lejanas al, Oeste, más allá de las fronteras de Nuestro Imperio, dos pescadores de Ostras llamados Stauros y Giorgos. Stauros tenía mucho éxito, pero Giorgos no podía casí mantener a su familia. Un día Stauros se ofreció a bucear con Giorgos para ayudarle. Fueron los dos juntos a la playa y Giorgos buceó hasta el fondo de un mar de aguas cristalinas y suaves. En el fondo encontró una gran ostra grande y fuerte, con unos brillos llamativos y pensó "esta ostra me hará rico!", así que cogió con su cuchillo esa única ostra y se la llevó a la superficie con mucha calma y cuidado. Apenas pudo llegar a la playa y sentarse sobre su blanca y fina arena cuando sacó su cuchillo y empezó a abrir la ostra para recoger su perla. Stauros, extrañado de que su amigo saliera tan pronto del agua salió también del agua y mirándolo extrañado le preguntó "¿Por qué has salido tan pronto?" y al ver la ostra en las manos de Giorgos le dijo "¡Has desperdiciado toda esa energía para coger sólo una ostra!" "Sé lo que hago" le contestó Giorgos "tengo un presentimiento con esta ostra. Tiene algo especial" Stauros observó en silencio mientras Giorgos abría la ostra ¡Dios mío!, no había perla en la ostra! Giorgos cerró la ostra con cuidado y comenzó a acunarla entre sus cálidas manos... "¿Qué haces ahora?" preguntó Stauros "Creo en la ostra" respondió obstinadamente Giorgos "Si la cuido y la mantengo caliente, quizás acabe haciendo una perla para mí, por gratitud" Negando con la cabeza ante la obstinada actitud de Giorgos, Stauros se marchó a sumergirse en las cálidas aguas del mar. Se estaba haciendo tarde y necesitaba trabajar. Así mientras Giorgos cuidaba su ostra especial meciéndola entre sus brazos, Stauros buceó solo y metió 100 ostras en su cubo, después subió a la playa y fue abriéndolas una a una. Cada ostra que no tenía perla la devolvía al agua. A la caída del Sol Giorgos continuaba meciendo su ostra vacía. "¿Ha habido suerte?" preguntó Giorgos "Sí" contestó flamante Stauros "He tenido que devolver al mar a noventa y tres ostras. Sin embargo siete tenían una perla dentro. Esta noche llevaré a mi mujer a la taberna para celebrarlo!" "Stauros. ¡Siempre tienes suerte!" Suspiró resignado Giorgos acunando entre sus brazos su ostra vacía.""" Cuando cesó la suave voz del viejo Samurai, en la imaginación de Kan todavía vivían los dos pescadores de ostras. Kazo guardó silencio esperando que la sabiduría impresa en la vieja historia de los pescadores de ostras se asentara en el cerebro de su joven hijo. - Padre, creo que entiendo la historia - dijo por fin Kan - pero no acabo de ver que relación tiene con que me ganaras. - Expresa tus pensamientos en voz alta hijo, así podré ayudarte. - El fallo de Giorgos era confiar su fortuna a una sola ostra, en vez de buscar entre muchas como hacía su compañero. Stauros recogía muchas ostras, y sólo se quedaba con las que tenían perlas. Del resto se deshacía. Por eso era mas afortunado que Giorgos ¿No es así padre? - No hijo - corrigió el viejo Samurai - Stauros no era más afortunado que Giorgos, sólo conocía su oficio mejor. Igual que yo conozco mejor el nuestro que tú. La sabiduría de Stauros estaba en recoger muchas ostras y en acoger sólo a aquellas que tenían una perla dentro. También era sabio al devolverlas al mar, pues esas mismas ostras más adelante, quizás al año siguiente tuvieran dentro una ostra que recoger. ¿La entiendes ahora? - Sí, pero sigo sin ver la relación con nuestro juego padre. - Querido Kan, se te ha pasado un detalle. ¿Cuántas ostras con perla encontraba Stauros? - Siete... - de repente un rayo de comprensión surcó los ojos del joven aprendiz - ¡Claro! Ahora lo entiendo! Siete ostras y siete Samurais. Cada ostra es un Samurai, un guerrero con características únicas de los cuales sólo hay unos pocos entre cientos. - Lo que me quieres decir es que la fortuna de Stauros estaba en tener a siete perlas... a Siete Samurais ¡No me estabas hablando de perlas! - Kan lanzó una mirada acusadora a su anciano padre que le había tendido una sutil trampa - Giorgos no poseía fortuna por que perdía el tiempo con ostras vacías mientras que Stauros supo encontrar a sus Siete Samurais, a sus siete ostras con perla entre un mar lleno de ostras sin valor. Se quedó sólo con las siete ostras que realmente eran especiales y tenían perla, las cuales representaban su gran fortuna por poseer un equipo perfecto. Y al resto de ostras sin valor las devolvió al cálido mar porque no estaban lo suficientemente desarrolladas para tener perlas todavía y debían madurar. - Correcto hijo - aprobó el padre orgulloso - Sin embargo – Cortó el aprendiz entusiasmado - lo más importante de la historia es que la fortuna no viene por la fe, se alcanza solo por medio del trabajo duro y la persistencia. - Exacto! Kan, hoy te has ganado postre extra! - Pero padre, no acabo de ver la relación... estoy de acuerdo de que no existe mayor fortuna que contar con tu equipo de Siete Samurais... pero que tiene que ver eso con nuestro juego. - Lo que quiero decirte hijo, es que la mayor fuerza, hasta para un Samurai no está en su propia habilidad ni en su fuerza, ni en el afilado filo de su espada. Su verdadera fuerza está en su equipo. Hoy ha sido la prueba. - Los ojos de Kazo reflejaban un infinito amor hacia su hijo - Hoy has sido tú quien inofensivamente me ha atacado mientras dormía, pero otro día puede ser otra persona con mucho peores intenciones que tocarme en el hombro. Aunque ese día llegue, yo podré seguir durmiendo tranquilo, porque sé que tengo a Siete Samurais que me ayudan día y noche, aun cuando yo descanso. Kan por fin comprendió, le había costado un disgusto, un enfado y una historia pero al fin comprendió. La verdadera fuerza de un Samurai está en el trabajo en equipo. Un Samurai solo es difícil de abatir. Pero Siete Samurais ¡PUEDEN MOVER EL MUNDO! De repente una idea surcó por su cabeza. - Padre! - dijo entusiasmado - ¿Puedo yo empezar a formar mi propia guardia de Siete Samurais? - Claro hijo, para eso te he contado esta historia. - Sin embargo, todavía no soy un Samurai de verdad, sólo soy un aprendiz... - dijo mientras miraba una hoja caída en el suelo - ¿Cómo voy a formarlos si aún no se yo mismo? - Es cierto que todavía no eres un Samurai en toda regla. Lo que sí eres es un aprendiz y como tal conoces secretos que puedes enseñar - Explicó paciente el padre - Cuando yo empecé a enseñar a Aki, sólo era un aprendiz como tú. Yo le enseñaba día a día lo que sabía e iba aprendiendo. Nos adentramos juntos en el camino de la vida por el sendero del Samurai. Después más Samurais se fueron uniendo a nosotros y juntos les enseñamos. Poco a poco pasamos de ser dos a ser un ejército invencible de Samurais. Tú debes hacer lo mismo. Es tu tarea como Samurai ¿Lo harás? - Padre, yo quiero ser un Samurai como tú. ¡Claro que lo haré! Y un abrazo selló su pacto.

EL INCREÍBLE GOLPE DEL SAMURAI Había pasado una semana desde que padre e hijo se abrazaran para sellar el primer paso en la madurez Samurai de Kan. La puesta en marcha de la creación de su guardia personal de Siete Samurais. Estos siete días Kan se había pasado preguntando a todos sus amigos si querían convertirse en Samurais, pero sólo uno, su más íntimo amigo Goku se había unido a él. El pesar de Kan era profundo, él sabía que no había nada más maravilloso en este mundo que ser un Samurai, la exquisita habilidad, la pureza de espíritu y el desahogo económico que vivían era lo que todo el mundo buscaba alcanzar. Pero parecía que el joven aprendiz de Samurai no era capaz de convencer a nadie de que el suyo era el mejor camino para alcanzar esas metas. Así que apesadumbrado decidió preguntar a su padre. En ese momento su padre tenía un enorme ejército de Samurais, todos perfectamente entrenados. Un ejército capaz de trabajar en equipo como si de una sola persona se tratara. Kan fue a ver a su padre Kazo y se encontró con que estaba hablando a todo su ejército. Estos estaban en formación, por columnas de Siete. El número perfecto. Eran cientos de Samurais todos en perfecta formación. Sus limpias armaduras relucían frente al claro sol. En el mango de sus espadas katanas, envainadas en su cintura, lucían sus cargos y méritos. Adornos de oro, plata y diamantes lucían por doquier. Sus miradas seguras reflejaban una formación perfecta y años de experiencia acumulada. La voz de su padre recorría las filas llenándolas de orgullo mientras cientos de miradas de respeto y admiración se dirigían al unísono hacia su general. La voz cálida, grave y penetrante de su padre cesó y al unísono surgió un grito de victoria de la garganta de los Samurais. Kazo se retiró mientras Aki, el primero de su guardia personal de Siete Samurais tomaba el mando de la reunión y dejaba que el viejo Samurai descansara. En menos de un momento, Kan sintió la mano de su padre en su hombro, señal de que tenía que estar más alerta y ser más rápido. El día que él fuera capaz de poner su mano primero en el hombro de su padre, ese día sería todo un Samurai. Mientras tanto sólo era un aprendiz.

- Padre, he fallado! - pronunció por fin el joven Samurai - no he podido crear mi guardia personal de Siete Samurais, no puedo alcanzar la fuerza del equipo. Sólo mi amigo Goku se ha unido a mí y sé que sólo ha sido por amistad. - Hijo, no has fallado - la mirada de Kazo comunicaba comprensión, él había pasado por lo mismo hacía mucho tiempo - sólo has empezado, y todavía te falta mucho por aprender. - Sí padre, pero yo he hablado con todos mis amigos, les he contado las maravillas que haceis tú y tus Samurais, el espíritu de trabajo en equipo, el honor... todo! y sabes lo que he conseguido? - el rostro de Kan se enrojeció de vergüenza e ira - Me miran con cara extraña, me dicen que eso no es posible, ¡Qué son cuentos e ilusiones de un crío! Pero yo sé que es verdad, lo he visto con mis propios ojos y hay cosas que ya se hacer. ¿Cómo puedo convencerles padre? ¿Cómo puedo hacer que se unan a mí? Kan guardó silencio, su padre le miró y vio en sus ojos una mirada de fe absoluta. Naturalmente Kazo, como padre suyo, podría hacer el trabajo por él, reclutar y adiestrar a esos Siete Samurais, pero entonces su hijo no aprendería. No, debía ser él mismo quien lo hiciera, y el viejo Samurai debía enseñarle el camino a su hijo igual que con cada uno de los cientos de soldados Samurais que había formado durante todos estos años. - Hijo, con cuántas personas has hablado? - Con muchas padre. Quince, quizás veinte. - Y de veinte personas has conseguido que una, Goku, diera el primer paso para convertirse en Samurai? - Sí padre... pero me faltan seis. - Pues has tenido éxito mi querido Kan, aun sin saber trabajar correctamente. Acuérdate de la historia de los pescadores de ostras, Stauros para conseguir sus siete ostras con perla necesitó pescar cien ostras. Así, para conseguir a tus Siete Samurais tendrás que hablar con más de cien personas.

- Son muchas padre... sin embargo lo haré, hoy mismo lo haré! - No debes precipitarte hijo. Si hablases todos los días con tanta gente descuidarías tus obligaciones. Lo primero que debes hacer es organizarte. Fija un horario. Reparte tu tiempo a lo largo del día. Dedica unas horas a hablar a la gente sobre las ventajas de ser Samurai, otras a practicar tus habilidades, otras a adquirir habilidades nuevas, otras a enseñar lo que sabes a tu equipo y por último acuérdate de descansar para recuperar fuerzas. A última hora del día haz un balance del día. Analiza lo que has hecho y medita sobre cómo podías haberlo hecho mejor. Y lo más importante, el último día de la semana analiza todo lo que has hecho y busca los defectos o fallos que puedas encontrar en tus actos, tu forma de actuar y de pensar. Anótalos y haz un plan de acción para remediarlos la semana siguiente. El Samurai ha de intentar ser cada vez mejor! - Si me fijo un horario - dijo pensativo el hijo - podré actuar más eficientemente y me costará menos ponerme a hacer las cosas, porque la propia fuerza de la costumbre me empujará a hacer esa tarea. ¿No es así padre? - Exacto hijo - El viejo Samurai estaba muy orgulloso de su hijo, con sólo doce años ya era toda una promesa. Aprendía muy rápidamente y ponía todo de su parte para que así fuera. Sin duda algún día superaría en méritos a su padre. Ese sería el mejor regalo que Kan pudiera hacerle a su anciano padre. - A partir de ahora me organizaré. Y me pondré pequeños objetivos que cumplir. Así cuando los alcance sabré que he actuado correctamente.

- Sabes como se caminan mil leguas hijo mío? - No, eso es mucha distancia ¿Cómo? - Pues paso a paso, mil leguas no son más que muchos pequeños pasos que unidos hacen una distancia descomunal. La única forma de recorrerla es un paso detrás de otro. Si lo hacemos así, dividiendo la distancia a recorrer en noventa días y cada día en ocho horas de camino, y cada hora en sesenta minutos... descubriremos que sólo habremos de dar cinco pasos en un minuto durante tres meses para llegar a recorrer mil leguas. ¿Te parece mucho dar cinco pasos en un minuto? - No padre! - dijo riéndose el aprendiz de Samurai - ¡Es muy fácil dar cinco pasos en un minuto! ¡¡¡Mira como los doy!!! - Y levantándose dio cinco pasos, se dio la vuelta y dio otros cinco pasos hacia su padre - Ves diez pasos en un minuto y todavía tengo tiempo para descansar!!! - Pues de esta misma forma habrás de trabajar querido hijo, poco a poco, organizadamente y sin pausa. Hazlo así y en menos tiempo de lo que crees tendrás tu propio equipo de Siete Samurais!

EL SEMBRADOR Las Negras Nubes se esparcían caóticamente por el horizonte. El viento húmedo no traía buenos presagios y hasta un extraño aroma parecía calar en los tristes pensamientos de Kan. El pobre se debatía desolado por vientos mucho peores que el gélido y húmedo viento de su exterior. Su espíritu estaba viviendo un verdadero huracán de emociones encontradas. Hacía exactamente un mes que había ingresado como Aprendiz Samurai. Él, que era el hijo del más poderoso de los Samurais, el mismo General de Generales, había creído que el ascenso sería fácil. Sin embargo, el día a día le había ido venciendo poco a poco. Una curiosa metamorfosis de había desarrollado en su interior. El primer día, justo después de entrar a formar parte del Equipo de los Samurais, se había sentido pletórico, cargado de energía y dispuesto a comerse el mundo, pero esta energía había descendido día a día, había menguado primero haciendo que sus aspiraciones se fueran reduciendo y, finalmente, haciéndole pensar que quizás él, Kan, quizás no era lo suficientemente bueno para ser un Samurai. Quizás quedase como Aprendiz o Caballero durante toda su vida, o quizás abandonase el ejército y probara otra profesión, aún a riesgo de defraudar a su padre, pero lo cierto es que él ya no se veía con fuerzas para continuar. Una gran sensación de desánimo se había adueñado de él y ya apenas recordaba como la vana ilusión de un niño aquella pletórica energía que había sentido cuando su padre le entregó su maravillosa katana. El Joven y desilusionado aprendiz bajó los ojos hacia su hermosa espada katana, aquella que había sido el máximo exponente de su Orgullo ahora, irónicamente, se había convertido en el exponente de su vergüenza. Sólo unos pocos días después de haberse hecho aprendiz había corrido a ver a sus antiguos amigos, totalmente pletórico les había enseñado su trofeo "Katana" que construía su magnifico orgullo. Esperaba haber sido felicitado por haber conseguido llegar a ser aprendiz, pero en vez de ello había recibido una dura burla y sátira que le habían herido en lo más hondo. "¿Y qué si eres aprendiz? Hasta que no seas Samurai no eres nada" Habían dicho algunos. "Ten cuidado, no juegues con esa espada o te cortarás por imbécil" habían dicho otros. "¿De verdad que te has ganado esa espada? Yo creo que la has robado, mejor será que la devuelvas a su verdadero dueño antes que lo descubra y te de una paliza. Los Samurais son señores muy especiales ¿Quién te crees que eres? Eres sólo un niño vulgar, no digas mentiras, sólo serás un mimado toda tu vida. Nunca serás un Samurai, para eso hace falta ser muy especial, y tú no lo eres". "¿Samurai tú? JA!" El corazón de Kan le dolía profundamente, estaba allí, encima de ese enorme risco mirando al mar agitado sin verlo. ¡Le había dolido tanto! Al principio no lo había querido reconocer, pero ese dolor se había almacenado en lo más profundo de su alma, poco a poco había alimentado una creciente inseguridad. Cada vez que alguien le decía que no quería ser un Aprendiz de Kan porque sólo era un niño, el joven samurai había recordado las terribles palabras de sus amigos y la duda había crecido poco a poco enraizándose en su alma. ¿Y si tenían razón? ¿Y si eran más sabios que él o si sabían algo que él no sabía?. Quizás era demasiado joven y por eso la gente no le tomaba en serio, o quizás era cierto que era sólo un niño mimado y lo había visto todo demasiado fácil. Quizás era cierto que la vida es demasiado dura... y no merecía la pena vivirla. Las lágrimas de Kan recorrían toda su cara, la prueba había sido demasiado dura para un niño de su edad y el ya no podía más con aquella carga. ¿Qué hacer? No podía reconocer ante su padre que había fracasado, no podía abandonar sin una salida honrosa o se reirían de él durante toda su vida. ¿Qué salida honrosa le quedaría? ¿Cuál sería la última medida que habría de tomar? En ese momento su mano sintió el, en otro tiempo, seguro tacto de su Katana. Quizás aquella arma podría ser su salvación, quizás podría tomar la salida que otros guerreros habían tomado antes que él cuando todo se había perdido, quizás ya no merecía más la pena luchar y debería abandonar este mundo dejándolo el honor de haberse sabido rendir a tiempo. Kan había visto este ritual en antiguos dibujos, sería enormemente doloroso cortarse su propio estómago y dejarse morir pero... ¿Qué otra opción quedaba si no había sido capaz de triunfar y sólo le quedaba la humillación de la derrota? Lo último que Kan sintió fue el frío acero de su Katana en su estómago, un ciego dolor en su corazón y las lágrimas inundando los ojos antes que el último hálito de vida abandonase su cuerpo, cegando su vista y sus sentidos.

El viejo labrador miro con tristeza a sus pies, allí estaba ese joven desconocido que había visto desde el pie del acantilado arrodillado y con aquella espada entre sus manos. Sólo era apenas un niño y había decidido quitarse la vida. ¿Qué malignas fuerzas podrían provocar tal cosa? ¿Qué extraño impulso humano podría causar que tantos se rindiesen cuando apenas habían empezado a luchar? Tales preguntas cruzaron por la mente del anciano mientras se limpiaba la sangre con que se había manchado la camisa al agarrar el cuerpo del muchacho para llevarlo al cementerio de sus tierras.

El lugar era siniestro y bello al mismo tiempo, las lápidas de otros muertos hace mucho plagaban el lugar concediéndole una santidad inigualable. Una luz blanca y clara cruzaba por todo el lugar, y bellas figuras, blancas, de gran porte, parecían disfrutar entre aquel lugar. Un gélido frío golpeaba el espíritu de Kan, este se miro a si mismo, su "cuerpo" estaba blanco como la más pura leche y un extraño aroma a podredumbre le cubría. Había despertado sentado sobre un blanco sofá de mármol, y a su lado había un cuerpo igual de blanco que el suyo, sólo que este era sólo huesos apenas cubierto de un poco de carne entre la que se veían unas cuerdas que parecían imitar toscamente a unos músculos. Sorprendido vio que ese ser poseía una sonriente y espantosa boca llena de dispares dientes y unos ojos hundidos en lo más profundo de sus cuencas. - ¿Estoy muerto? - Preguntó al fin después de intentar tragar saliva y sorprenderse al ver que su boca estaba tan seca como una piedra, de una forma totalmente antinatural. - ¿Es necesario que te responda o es que eres estúpido? - Espeto el saco de huesos. - No, veo que estoy muerto, pero lo imaginaba de otra forma - dudo unos instantes - quizás un lugar más feliz, o quizás un sueño eterno. - Jajaja!!! - Rió irónicamente la figura - eso imbécil es para los seres felices que mueren por causas naturales, no para los idiotas que se rinden y toman la salida fácil. Kan no contestó nada a este insulto, sentía que era verdad. Hubiera querido llorar, pero sus ojos estaban secos como el mármol y nada salía de ellos. Finalmente un inmenso grito de dolor surgió de su garganta, un triste llanto que resonó como surgido de las entrañas de la tierra.

-¿Qué te indujo a tomar esa decisión a tu tierna edad? - Preguntó después de casi una hora de silencio el fantasma de huesos. - Ya que nos ha tocado pasar la eternidad juntos, al menos podremos hablar un poco. Kan le miró extrañado, ¿qué le importaba a él?, aunque en el fondo necesitaba hablar con alguien. - Fracase en mi misión en la vida. - dijo sencillamente. El viejo saco de huesos rió estrepitosamente, su risa era como una cuchilla que cortaba uno a uno los hilos del espíritu de Kan. El joven, enloquecido, se llevó las manos a sus oídos, pero la risa seguía estando ahí, la sentía con toda su alma. - Imbécil, - espeto el fantasma - ¿Habías fracasado siendo sólo un niño? ¡Anda! ¡Di la Verdad! ¡Te rendiste como un Cobarde y tomaste la salida fácil! Kan sostuvo la gélida mirada del saco de huesos con odio... al principio, luego bajo la mirada y reconoció. - Sí... - y excusándose añadió - no tenía otra salida. - ¿No tenías otra Salida? - La horrible risa brotó de nuevo - ¡¡¡IMBÉCIL!!! ¡¡¡COBARDE!!! Siempre hay una salida! Pero no tuviste el VALOR y la CONSTANCIA para tomarla, así que optaste por la solución más fácil, rendirte y dejar de luchar. Kan asintió, sabía que era verdad. - Pero dime, de que te rendiste exactamente tú??? El espíritu de kan ya se había doblegado completamente y habló como si nada le importase... cosa que así era. - Yo era un Joven y Prometedor Aprendiz de Samurai - dijo recordando su época de vivo - mi padre era el señor más poderoso del imperio, y yo su mayor promesa y esperanza. "" Un buen día me concedió el mayor de los dones, me dio una maravillosa espada Katana, una espada de aprendiz - Kan abría dado todo lo que tenía por poder tener unos ojos vivos con los que llorar, pero no tenía nada que dar y ni aún pudo tener ese alivio - Ese fue el día más feliz de mi vida. Tenía toda la vida por delante y un gran Futuro pero... - Pero qué muchacho - urgió el siempre cortante saco de huesos con forma de viejo. - ... pero mis ilusiones fueron destruidas - Kan cerró los ojos para continuar, quizás no pudiera llorar pero si podía dejar de ver ese espantoso lugar - Ya mi primer día mi padre me advirtió que mis mayores enemigos serían los Ladrones de Sueños, los fantasmas del miedo y del fracaso... Una cortante, áspera y dolorosa risa corto su narración - ¡¡¡IMBECIL!!! FUISTE ADVERTIDO Y FINALMENTE HAS ACABADO EN LOS TERRITORIOS DE LOS FANTASMAS DEL FRACASO ¡¡¡NO VALES PARA NADA!!! Hoy sólo eres un Fantasma del Fracaso más. ¡Como habría deseado poder tragar saliva! O simplemente sentir miedo, pero ya sólo el dolor era el poseedor del alma del antiguo joven samurai. Un dolor profundo y frío como la noche, no mucho más aún. Kan decidió continuar su historia, al menos se la contaría a si mismo. Para su sorpresa, cuando volvio a hablar, las risas se callaron automáticamente. - Sí, mi padre me había advertido, y ese mismo día me llené de energía y decisión, de ilusión y entusiasmo, y caminé fuerte para luchar. - Veo que no lo bastante - contestó ridiculizando el horrible viejo - Cierto saco de huesos, no lo bastante - rió esta vez Kan - Después de aquel día yo empecé a trabajar, empecé a transformarme como un Samurai. Mi padre me había avisado que eso sería un trabajo de muchos años, sin embargo yo, internamente me fijé una fecha, mi orgullo me dictaminó que para conseguir lo que otros necesitan años, o un mínimo de un año, yo lo conseguiría en un mes. Porque yo era especial, yo era el hijo de Kazo, tenía la sangre y la carne del mejor de los Samurais y para mi sería todo mucho más sencillo. - Eso sí que es una imbecilidad - dijo el viejo, aunque esta vez de una forma casi comprensiva - pero no fuiste tú quien plantó esa idea en tu cabeza, fue un fantasma del miedo y del fracaso, el fantasma del orgullo que nos destierra de la manera más sutil al fracaso total, al hacernos creer que como somos especiales conseguiremos en unos días lo que los demás necesitan años de dedicación y trabajo. - Esta vez el apenado parecía el pobre saco de huesos. - Cuando pasó el mes - continuó Kan lleno de dolor - resultó que yo no era un Samurai cualificado. - Normal - replicó el anciano - para eso se necesita haber aprendido mucho y una gran experiencia, fue tu orgullo lo que te mató. - Sí, - respondió Kan - parece una obviedad y es que es así como fue, fue mi orgullo y mi... avaricia por querer ser el mejor rápidamente lo que acabó conmigo. - Bueno exmozuelo - dijo riéndose el saco de huesos - la avaricia, el orgullo, el querer ganar más y más rápido sin seguir su orden natural, el pensar que la vida tiene que darle a uno lo que no se merece cuando no se merece y cuando no lo consigue rápidamente abandonar, es lo que define a los cobardes, a los chaqueteros que van de un lado a otro sin pasar más que unos pocos días o meses en un mismo lugar. Son los traidores que cambian de bando continuamente con tal de intentar conseguir rápidamente lo que desean. Son seres horribles y despreciables que nunca consiguen lo que quieren y que siempre se enfadan, se frustran y fracasan. - ¡Pero yo no era así! - Replico Kan La voz se rió esta vez más fuerte que nunca, su horrible sonido rompió los hilos del espíritu de Kan haciéndole sufrir el mayor de los dolores. - No hables tan alto jovencito!!! - Rió el viejo sarcásticamente - no me digas tan rápido como no eras que no me dejas ver tus obras!!! - Y después de mirarle fijamente dijo - Todos somos así jovencito, esa asquerosa cualidad de querer recibir sin dar, de querer tener ya sin merecerlo, esa porquería esta presente en el alma de todos y cada uno de los mortales, y han de limpiarla muy bien antes de poder decir que no son así... y al fin y al cabo, tú abandonaste ¿No es así? ¿Acaso no fracasaste, moriste y estás aquí con migo? Si en verdad no hubieras sido así, entonces no estarías aquí. - Tienes razón saco de huesos - dijo al fin el joven - yo no era así cuando empecé, pero si cuando finalicé fracasando y abandonando. Me convertí en un ser despreciable y al fin acabé aquí. - Después de pensar un poco añadió - Lo que pasó es que me hicieron así. La risa volvio a romper sus tímpanos, esta vez era, si puede ser, más desagradable, rastrera y dañina que las anteriores veces. - SERÁS CÍNICO IMBÉCIL!!! Nunca nadie te hará de otra manera que no sea la que tú quieras. SI DE ALGO ES LIBRE TODA PERSONA, ES DE DECIDIR COMO PENSAR Y COMO SENTIR.

Kan reconoció la verdad, había abandonado presa de una frustración temporal, de una muy profunda que le había hecho sentirse muy muy mal. Sus temores habían crecido, se había entregado a los Fantasmas del Miedo y del Fracaso, les había escuchado y eso le había conducido al peor de los sufrimientos... aún sabiendo que podía ocurrir, se había entregado a ellos.

En ese momento el viejo se levantó, estaba totalmente desnudo, y en ese momento Kan se dio cuenta que él también estaba totalmente desnudo y blanco como el propio mármol. - Ven hijo, tenemos que cultivar nuestros campos eternos. Kan no sabía de que hablaba el viejo, pero decidió seguirlo, eso sería mejor que seguir allí sufriendo.

La tierra era negra como la oscuridad y el cielo tenía también un color negro. Sólo una extraña luz blanca iluminaba los contornos, una luz que no podía identificar de donde surgía. El viejo señaló dos campos y dijo al joven: - Aquellos dos campos juntos son el tuyo y el mio. Como ves yo apenas tengo ya carne y soy puro hueso, pero mi sabiduría es grande, si tú con tu fuerza me ayudas labrando mi campo, luego yo te ayudaré enseñándote como labrar el tuyo. Kan asintió con la cabeza pues le pareció un trato justo, además, después de todo ¿Qué más podía hacer? ¿Aburrirse eternamente? - Unos de estos cestos contienen semillas de trigo sano y otros de cardos y espinas. Los cestos dorados y bellos contienen las semillas de trigo sano - dijo tomando un puñado - y los mugrientos cestos los de las espinas. "" Ese campo - continuó - es tu alma, tal y como era cuando estabas vivo. Sólo que ahora ha sido limpiada, arada de nuevo. Acompáñame para que veas como trabajan los vivos los fértiles campos de sus almas. Kan quedó sumamente impresionado por esta última afirmación y le siguió ligeramente esperanzado. Después de caminar en silencio por un tortuoso camino donde los guijarros se clavaban en sus pies creándole un sufrimiento inmenso, llegaron a un pequeño monte desde el que podían ver a coloridos espíritus paseando y labrando sus propios campos. Kan, desde lo lejos, podía ver a estos seres vivos y veía que a cada lado portaban un fajo dorado y otro del color de la podredumbre. La mayoría arrojaba un puñado de dorado trigo primero y luego otro de negras semillas de zarzas. Kan quedó enormemente impresionado por esta actitud y continuó andando con el viejo, que no pronunciaba una sola palabra. Después, llegaron a otro campo que estaba medio lleno de trigo y medio lleno de espinas. El propietario vivo, parte del tiempo estaba feliz retozando entre los dorados brotes de trigo, y la otra parte, estaba sufriendo pinchándose y sangrando al caminar entre las espinas de los cardos y las zarzas. Sorprendido vio como el viejo tomaba un puñado de semillas de zarza y lo arrojaba hacia los campos de los vivos. Después, sin decir una sola palabra, retornaron a sus propios campos. - Ahora mozuelo, quiero que tomes ese podrido cesto de zarzas y lo plantes por todo mi campo - ordenó el viejo, y al ver que Kan iba a protestar, remarcó su orden con una funesta mirada. Kan tomó el pesado fardo y fue repartiendo las pegajosas semillas por el campo del anciano. ¿Por qué haría tal cosa? Finalmente, después de dos horas de duro trabajo, Kan acabó. Parecía que estar muerto tenía sus ventajas, el cansancio no era nada comparado con ese enorme dolor de su espíritu que parecía ser toda su existencia. - Dime anciano - preguntó al fin Kan - ¿Por qué me has mandado plantar zarzas? ¿Deseas sufrir? - Todo lo contrario joven - contestó sorprendentemente el saco de huesos - lo que más deseo es ser feliz y triunfar. - ¿Pero acaso las zarzas no son sufrimiento y el trigo no es la felicidad? - Dijo sorprendido Kan - ¿Y acaso por cada semilla que siembras no recoges un ciento de lo sembrado? - Así es - contestó el anciano. - Entonces... - dijo el joven samurai - ¿Por qué no plantas hermoso trigo y recoges felicidad? ¡No es lógico plantar zarzas y esperar recoger trigo! El anciano parecía turbado. - Sí, tiene lógica lo que dices joven - dijo al fin - pero dime, yo miro a todos esos seres vivos y presupongo que serán más sabios que yo... pues ellos están vivos. ¿Tú crees que ellos quieren ser felices o que quieren sufrir? - Estoy seguro que quieren ser felices - contestó rápidamente Kan. - Entonces... - dijo el anciano - ¿Por qué crees que plantan zarzas junto al trigo? ¿Por qué crees que utilizan un puñado de trigo y otro de zarzas? ¿Por qué crees que son algunas veces felices y otras sufren? ¿Por qué crees que no plantan siempre Trigo para ser siempre felices? Kan meditó durante un rato con lentitud, después de todo estaba muerto y el tiempo le era indiferente. - Porque no son tan sabios como creen - dijo al fin totalmente seguro de si mismo - porque su orgullo por hacerles creer que son mejores les hace ser - sonrió al decirlo - IMBECILES!!! "" Si fueran inteligentes, plantarían solo trigo y serían siempre felices - después aseguró - si yo estuviera vivo, no desaprovecharía la oportunidad y sembraría siempre trigo en mi alma, para recibir siempre felicidad y ser siempre feliz. Kan estaba a punto de prometer que siempre plantaría felicidad en su alma... cuando se dio cuenta de que ya era tarde para hacerlo porque ya había abandonado. - Dime jovencito - Preguntó curioso el saco de huesos - si es verdad lo que me dices... ¿Por qué no plantaste ese trigo cuando estabas a tiempo? - y curioso continuó - ¿Sabes? Yo te observé durante mucho tiempo, al principio plantaste un buen puñado de trigo, un muy buen trigo que brotó y te hizo feliz. Luego vi como otros plantaban un puñado de zarzas en tu alma y como tu alma se cortaba internamente con estas zarzas. "" También vi como tu padre, el Samurai, arrojaba de su propio trigo en tu campo para hacerte feliz y como este prosperaba. Pero a la par vi otra cosa aún más curiosa. "" Cuando tu padre estaba cerca, tú arrojabas un puñado de trigo junto al suyo, sin embargo, cuando tu padre se alejaba a sembrar su propio campo o a luchar sus propias batallas, tu arrojabas a escondidas pequeñas semillas de zarzas sobre tu alma. "" Era extraño ver como disimuladamente tropezabas para que se cayeran "como por casualidad" algunas semillas de podres zarzas al principio, y luego cuando te cortabas, arrojabas con rabia otro puñado de semillas podres de zarza contra las zarzas, con lo que cada vez se hacían más fuertes en tu alma. "" Finalmente decidiste abandonar, arrojabas semillas de zarzas a puñados sobre toda tu alma y te sumías en el dolor, la frustración y la autocompasión. Incluso empezabas a arrojar puñados de semillas podres de zarza a otros para que ellos también sufrieran. Kan tenía la cabeza gacha, reconocía su error, al principio había sido como un descuido de sus obligaciones, el sembrar siempre trigo de Samurai en su alma, después le había tomado el gusto y tomando cada vez menos importancia, había arrojado puñados y puñados de dolor, sufrimientos y miedo en su alma de una forma totalmente consciente. Primero sin saberlo, después siendo consciente, había plantado las semillas de lo que causaría el fracaso, el abandono, su propia muerte y un sufrimiento eterno.

Kan respiró profundo, era una de las pocas cosas que podía seguir haciendo, no sabía si realmente respiraba o si era sólo un hábito adquirido, pero lo cierto es que era relajante. - Es cierto anciano - así lo hice - Tienes toda la razón, actué como un Imbécil y reconozco mi error. El anciano frunció el ceño. - ¿Reconoces tu error? ¿Qué error? - pregunto extrañado. - Mi deber - explico - mi deber supremo como Samurai, era sembrar las semillas del trigo en mi alma, si así lo hubiera hecho, nunca habría abandonado, y justamente todo lo contrario, habría triunfado. "" Ese fue mi error. - Ese, jovenzuelo, es el error de todos los seres humanos vivos, el plantar en su alma las semillas de las zarzas del sufrimiento. - Explícamelo - dijo simplemente el exjoven samurai. - Todos los humanos somos totalmente dueños de una sola cosa, de decidir que sembramos en nuestra alma. Sólo de eso somos dueños. - Y sin embargo, también otros pueden plantar cosas - replicó Kan - Eso es cierto mozuelo. - rió el viejo acordándose de como el mismo había arrojado un puñado de zarzas en el alma de un vivo - los Fantasmas del Miedo y del Fracaso, arrojamos puñados enteros de Zarzas en las almas de los vivos. También las encarnaciones de nosotros, los llamados "Ogros" realizan lo mismo, por medio de sus palabras y sus gestos, por medio de su odio, de su ira y de su rechazo siembran pequeños puñados de podres semillas de zarza en los campos de los demás hombres y mujeres. "" Sin embargo - continuó - en verdad eso es irrelevante, los campos del alma son inmensos como has visto, y un sólo puñadito no hace nada, ni siquiera diez o cien pueden conseguir nada... porque las zarzas nacen, crecen, dañan, y mueren. En cuanto una zarza ha producido daño, se muere inmediatamente, igual que cuando un trigo crecido produce una sensación de felicidad, se muere instantáneamente. Para que un campo esté bien proliferado, ha de ser continua y diariamente sembrado con aquello que cada hombre decide. "" El mayor problema de los hombres es que cada vez que una zarza le manca, entonces arroja con ira y odio otro puñado de semillas de zarza, sin saber que esas semillas proliferarán en cien zarzas que le harán muchísimo más daño todavía. - Anciano - cortó curioso Kan - ¿La actitud correcta sería arrojar un puñado de trigo cada vez que hemos sentido el dolor de una zarza? - Así es muchacho, de esa forma el dolor plantado por otros sería pasajero y nuestra felicidad iría en aumento. Kan meditó la importancia de estas palabras... ¡Si lo hubiera sabido en vida! Hubiera sido un hombre feliz!!! - También muchos confían en la felicidad que otros les siembran - y explicando el fantasma añadió - hay hombres muy buenos en el mundo, pocos pero los hay, hombres y mujeres que se dedican a arrojar sus propias semillas de trigo en los campos de los demás para que estos sean felices. "" Son especialmente sabios y se dedican a sembrar una gran cantidad de trigo en sus propios campos, pero siempre guardan una gran parte de su propio trigo y lo arrojan en los campos de los demás, aún cuando esas mismas personas les estén arrojando zarzas. Porque eso no les preocupa, saben que ellos son dueños de su propia felicidad y lo que les arrojen los demás les es indiferentes. Aunque también les hace enormemente felices cuando los demás les arrojan parte de su trigo. "" Los hombres que así actúan, pronto aprenden que cuando el campo entero está dedicado al cultivo del trigo, entonces es posible cosechar trigo, cosecharlo en un ciento por cada puñado sembrado, y guardan para si mismos sólo una parte de cada cien, lo suficiente para poder seguir cultivando, y arrojan a los campos de los demás la casi totalidad de su cosecha de felicidad sólo para ayudar a que los demás sean tan felices como ellos. "" Estos hombres son enseguida reconocidos como hombres totalmente especiales y son llamados "Samurais", amados y queridos por millares de personas. Kan meditó durante unos momentos como reconocía la actuación de su propio padre en esa descripción, como le levantaba la moral con sus palabras, como plantaba una y otra vez el dorado trigo de la felicidad en su alma. - Luego hay muchos estúpidos - dijo el anciano - que como yo siembran zarzas podres en sus propias almas. "" Estos ilusos desean recoger trigo, es lo que más desean en la vida, ser felices y alcanzar el éxito. Y son tan sumamente idiotas que creen que plantando preocupaciones, ira, odio, criticas, inseguridades, miedo, pensando en que pueden fracasar, en cómo o por qué podrán fracasar o podrán ocurrirles desgracias... son tan sumamente imbéciles que creen que sembrando esas podres semillas de zarzas... podrán recoger trigo alguna vez. "" El problema está en que la zarza crece rápida y fácilmente, el trigo hay que cuidarlo y cultivarlo con delicadeza. Así que dado que algo tienen que plantar, siembran lo que están seguros de que crecerá fácilmente, su propio fracaso y sufrimiento... y en casos extremos la enfermedad más terrible acompañada de dolor y una muerte miserable. "" Quizás el problema es que nadie les ha dicho que si siguen sembrando zarzas, acabarán por matarse de sufrimiento. Kan reconoció que el viejo tenía toda la razón. - Otros, también imbéciles - continuó el anciano saco de huesos - plantan en sus tierras un puñado del dorado trigo de la felicidad... y otro de podres zarzas del sufrimiento y de la muerte. "" Estos imbéciles lo hacen por puro miedo, desean la felicidad y el éxito, por lo que de vez en cuando son felices y hacen lo que tienen que hacer, pero sus miedos a que esta no se cumpla, el miedo a que su cosecha no de nada, les hacen arrepentirse de sus actos, abandonar o hablar y pensar mal, negativamente, de lo que están haciendo, frenando su éxito y causando su fracaso y su sufrimiento. "" Naturalmente los que hacen esto, luego siempre suelen tender a culpar a otros de su fracaso.

- Sólo quienes son lo suficientemente inteligentes - Esta vez fue Kan quien continuó - y plantan siempre el dorado trigo en su alma con constancia, siembran amor, bondad, generosidad, esperanza, Fe, comprensión, felicidad... sólo ellos son los que llegan a ser realmente felices y alcanzan el éxito total. "" Sólo los que son tan Valerosos como para hacer lo que no hace la mayoría, son felices. Esto les es difícil de hacer pues temen que sean los Imbéciles los que están en razón, perdón, la mayoría que planta sufrimiento en su alma cuando desean en verdad felicidad... cuando están equivocados. ¡Pero que difícil resulta para una persona el hacer lo que tiene que hacer! ¡Qué difícil resulta el plantar sólo trigo! Es tan sumamente difícil que sólo hay que meter la mano en un bolsillo en vez de en otro, es tan sumamente difícil que sólo hay que atajar de raíz todos los pensamientos negativos o de odio, temor o ira y cortarlos en el mismo momento en que surgen para reemplazarlos por un puñado más de pensamientos y sentimientos de amor, bondad y generosidad que nos conduzcan al éxito y la felicidad que deseamos. - Así es muchacho - verificó el fantasma de piel y huesos - en realidad si los vivos supieran esto, nosotros los Fantasmas del Miedo y del Fracaso nos quedaríamos sin trabajo, los Ogros desaparecerían pues no son más que hombres sumamente desangrados por sus propias zarzas, las que ellos mismos plantaron como pensamientos de desconfianza, ira y odio contra otros. Si los humanos vivos supiera esto y lo aplicasen en sus vidas eliminando todos los pensamientos negativos de sus mentes, dejando morir a las zarzas, arrancándolas de raíz y substituyéndolas por semillas del dorado trigo del amor, la esperanza y la generosidad... entonces serían felices. "" Y nosotros también, porque no existiríamos. Kan meditó durante mucho tiempo estas palabras ¡Cómo habría deseado estar vivo para poder contarlo a los cuatro vientos! - ¿No es posible que algún humano aprenda esto por si mismo y se lo comunique a los demás? - Preguntó Kan - No - dijo el anciano - nadie que no se muera puede acceder a esta dimensión y aprender esto que te estoy enseñando. Algunos lo siguen por instinto, pero no pueden explicarlo con palabras a los demás. "" Inclusive muchos lo han descubierto a lo largo de la humanidad, grandes sabios que lo han proclamado a los cuatro vientos. Pero al faltarles la exactitud de cómo explicarlo, no han logrado todo lo que deseaban. "" Sólo uno que estuviese muerto y renaciera, tendría el poder de comunicar con total claridad esto que te he enseñado. ¿Y puede existir alguien con la capacidad de renacer de la propia muerte? Kan no tenía la respuesta a esta pregunta, pero si tenía otra pregunta. - ¿Alguna vez alguien ha renacido? - después de dudar un momento aclaro - No es eso lo que me importa, lo que quiero saber es si alguna vez ha existido un período en el que las personas siguieran estos consejos, plantaran sólo trigo, felicidad, en sus almas y fueran todos realmente felices. El viejo fantasma de huesos dudo un rato antes de contestar. - No es bueno que un Fantasma piense en esas cosas, pero sí, en verdad ha existido ese período que me preguntas. De hecho han sido varios los períodos. Se han sucedido una y otra vez como ciclos de una rueda, ha pasado... y durante miles de años, sin embargo muchos lo consideran sólo leyendas debido a que sienten pura envidia. Como comprenderás uno que está agonizando en las zarzas que el mismo ha plantado no quiere reconocer que si hubiera plantado trigo, sería feliz. Y si no quiere reconocer eso, mucho menos querrá reconocer que otros muchos fueron felices. "" Sin embargo si han existido muchas eras en las que la humanidad ha sido totalmente feliz, eras que ya están casi en el olvido... y otras que vendrán. De hecho, predigo que no está muy lejos una era semejante.

Kan se sentó a meditar sobre lo que había escuchado, era algo sumamente importante, el propio destino, la felicidad, el sentido de la propia vida se reflejaba en lo que había aprendido. Casi agradeció el haber muerto para poder escuchar lo aprendido. ¡Si sólo estubiera Vivo para poder aplicarlo! ¡Sembraría siempre dorado trigo en su alma! ¡Sólo pensaría en Felicidad, Amor y Bondad! Y comunicaría lo aprendido a millones de personas para difundir la nueva era de felicidad.

- Tu campo - dijo el saco de huesos - debes sembrarlo - añadió tendiéndole un asqueroso cesto repleto de zarzas. - ¿Por qué me das ese cesto? - Pregunto Kan - Porque eres un Fantasma del Miedo y el Fracaso, un Fantasma de lo que podías haber llegado ha ser... exactamente igual que yo. Y nuestro deber es sembrar y cultivar las zarzas para sufrir durante toda la eternidad. - y haciendo una mueca de dolor añadió - esa es la triste realidad. - Sólo eres un fantasma del miedo y del fracaso que intenta arrastarme hacia el sufrimiento - dijo Kan, a lo cual el fantasma sonrió y afirmó con la cabeza afirmando la obviedad. Kan rechazó el cesto que le tendía. No cometería el mismo fallo dos veces. Ante la estupefacción del fantasma, el joven tomó un dorado cesto de trigo, el cual parecía arder entre sus manos... no, eran sus manos las que ardían al contacto del cesto. - Esa es una razón más por la que no tocamos el trigo mozuelo - dijo el saco de huesos - somos propiedad de las zarzas, el trigo nos corroe como el ácido corroería nuestros cuerpos vivos. Si estuvieras vivo podrías, pero una vez ya muerto... no hay oportunidad. - ¿Y que va ha pasarme? - Rió el joven extrañamente jovial - ¿Acaso voy a morirme? Y riendo corrió hacia su campo con ese enorme cesto de trigo que le corroía como fuego ácido su ser. Y con grandes puñados esparció trigo y más trigo sobre su campo, sus manos le dolían y le quemaban pero continuaba sembrando y sembrando, aún cuando no sintiera ninguna diferencia. Dos horas después, dos horas de dolor en sus manos y una extraña felicidad, acabó, miró su campo y esté seguía yermo. Una sutil desesperanza empezó a surgir en su corazón, y al mirar vio como el anciano saco de huesos estaba arrojando un puñado de zarzas podridas. Su primer reacción habría sido el arrojar otro puñado de zarzas contra el campo del anciano para que sufriera su propia medicina... pero cambió de idea y tomando el cesto de trigo arrojó, no un puñado, sino kilos y kilos de trigo en el campo del anciano, el cual no sabía que hacer pues se había quedado paralizado. Cuando acabó el cesto, tomó otro e hizo lo mismo en su campo, plantando tanto trigo que al final el campo quedó repleto de una enorme capa de trigo que quemaba a Kan al contacto con su piel. El dolor era inmenso... y al final, perdió el conocimiento, feliz de haber reparado su error... aunque ya fuera cuando era demasiado tarde.

Un Estruendo, parecido a un poderoso Trueno, despertó violentamente al Joven Kan. Lo primero que vieron sus ojos fue un techo formado por esqueletos danzando. Sus ojos se adaptaron un poco más y pudo distinguir una oscura cúpula con relieves tallados de esqueletos y calaveras. Estaba acostado sobre una especie de altar, a su derecha una cara familiar le despertó una sonrisa. Era el viejo saco de huesos, sólo que totalmente vestido y un poco más... vivo! Kan se levantó de un salto, se miró de arriba a abajo y sí! Una oleada de Entusiasmo le invadió. -¡¡¡¡Estoy Vivo!!!! - Gritó a los cuatro vientos mientras las lágrimas de la más absoluta felicidad recorrían su cara. - Es todo tan hermoso! El cielo del exterior, el aire, el dorado de mis manos, ese resecor de mi boca... ¡Incluso este inmenso dolor de cabeza!!! Porque estoy vivo!!! - Eso si que son ganas de vivir - dijo el viejo sonriendo - ¿Qué te ha cambiado tanto? Kan le miró atentamente e impulsado por su instinto le dio un fuerte y largo abrazo al viejo a la par que le decía "Me parece que serás tú quien tendrá que explicármelo" Cinco minutos después la extraña pareja estaba situada en el exterior del templo. El anciano le había contado que él era un clérigo de la muerte, que esta mañana había visto llorando, desesperado, al joven Kan en el precipicio y temeroso de que hiciera alguna idiotez le había asestado una pedrada en la nuca con su onda. Por desgracia el tiro había sido demasiado certero y casi había matado al joven, cuando le tomó para llevarlo a su altar e intentar curarle, la sangre que brotaba de la cabeza del joven había ensuciado su mejor camisa. Después las horas habían pasado y el anciano habría jurado que el joven estaba totalmente muerto, no era capaz de encontrar el pulso ni la respiración en su cuerpo, pero había sentido un enraizado y básico deseo de vivir que había evitado que su espíritu se hubiera separado totalmente de su cuerpo. Así que se había limitado a esperar a ver que era lo que ocurría. - Y así fue todo más o menos - acabó de explicar el viejo - Como ves soy un anciano dedicado a un culto ya casi extinto, hace muchas décadas que soy el único adorador de mi culto. - ¿En que consistía? - preguntó curioso Kan - Era una adoración antinatural a la muerte y al sufrimiento. - explicó el anciano - unos cuantos seres desgraciados decidieron adorar al propio sufrimiento esperando que eso les aportase alguna ventaja egoísta. - ¿Y que consiguieron? - Bueno, a parte de vivir en la más absoluta de las desgracias y los sufrimientos, consiguieron llegar a separar el espíritu, la esperanza, de nuestros cuerpos, de tal forma que llegamos a ser una especie de podredumbre viva. - El viejo hablaba como si todo aquello hubiese sido una locura sin sentido - Siempre enfermos, no acabamos de alcanzar el descanso de la muerte (pues eso hubiera sido un alivio) hasta que conseguimos separar nuestros espíritus de nuestros cuerpos para conseguir que estos sufrieran por separado. - el viejo recapacitó un momento al ver que el joven no acababa de entender - verás mozuelo, cuando un hombre pasa su vida preocupándose, viendo todo lo negativo, sufriendo e instando a los demás a que hagan lo mismo, a que se preocupen y sufran, se convierte en un Ogro, una persona que siembra el descontento y la infelicidad en si mismo y en los demás, condenándose al fracaso, la enfermedad y la muerte. "" Todos podemos ser Ogros, es una capacidad latente en todo ser humano. Todos podemos escoger entre la luz y la oscuridad, entre la felicidad y el sufrimiento, el camino sólo depende de nosotros. ""De nuestras decisiones y nuestras acciones. Si nos preocupamos, sufrimos, dejamos que nuestros miedos florezcan y los compartimos con los demás haciéndoles sufrir, aún cuando sea inocentemente... entonces somos Ogros y aún cuando aseveremos que somos positivos y que somos seres de la luz, estamos del lado de la Oscuridad... "" Sin embargo, si nunca un pensamiento negativo surge de nuestra boca, si nunca desanimamos a nadie, si siempre somos positivos y vemos la semilla que está plantada en cada desgracia, la que guarda una oportunidad aún mayor que la desgracia que estamos viviendo... y si siempre elegimos controlar nuestros pensamientos para que sean felices, positivos y productivos, entonces somos seres de la luz. "" Muchos empiezan siendo seres de luz, pero se rinden a las circunstancias irrelevantes y se hacen seres de la oscuridad aún sin saberlo, se inundan de inseguridad, miedos, ira y odio. Dejan de pensar positivamente y pasan a tener miedos, a acumular rencor y reaccionar con ira y sufrimiento. Pretenden, sin saberlo, dar pena para que otros hagan las cosas por ellos o les den regalos, en realidad lo que están haciendo es causarse daño a si mismos, a sus mentes y a sus cuerpos, y a los demás que sufren por verlos, metiéndose cada vez más en el pozo de los sufrimientos, la enfermedad y la muerte, donde finalmente acaban siendo atrapados. ""Todo por su propia voluntad y sus propios actos. Aunque naturalmente, nunca encontrarás a un Ogro que lo reconozca, siempre le verás bajando el pozo a la par que exclama que él es un ser positivo de la luz... aún cuando la verdad es que se está hundiendo cada vez más en las inseguridades, la duda, la ira, el odio y el sufrimiento. Lo que le acaba aportando sufrimiento y fracaso. Kan meditó durante unos momentos la enorme sabiduría y verdad contenida en estas palabras, incluso las repasó mentalmente para evitar tropezar en un futuro en la misma piedra. - Pues bien amiguito - continuó el viejo - unos cuantos Ogros nos reunimos y creamos este culto a la muerte y al sufrimiento, nos reconocimos como verdaderos Ogros y empezamos a infundir el sufrimiento en nosotros y en los demás de forma deliberada, creyendo que eso nos daría la felicidad. Estábamos equivocados pues aunque la ira y la venganza dan, en un principio, una gran satisfacción, la del Orgullo que te sabe a ser superior, con el tiempo cada vez estábamos más hundidos, hasta que al final logramos que nuestras almas se convirtieran en verdaderos Fantasmas del Miedo y del Fracaso. A la par que nuestros cuerpos se convertían en sacos de huesos, como de muertos que caminaban con una falsa vida. Kan se estremeció ante estas palabras pues aquellos hombres habían sido todo lo contrario al ideal de un Samurai. - ¿Y por qué me salvaste? - preguntó inocentemente Kan - No creas que fue por piedad - dijo el anciano saco de huesos - mi intención era traerte a mi altar vivo, entonces humillarte por el acto que ibas a realizar, hacerte sufrir hasta lo indescriptible y luego convertirte en mi aprendiz y sucesos pues yo ya estoy viejo y soy el último de los míos... - su voz acalló de forma súbita. - ¿Y por qué no lo has hecho? - contestó el joven cauteloso - ¿Por qué en vez de hacer eso, me has sacado del templo traído a este descampado y me estás abriendo tu corazón? - Bueno... - dijo el anciano - un poco antes de que despertaras sentí un cambio en mi interior, una felicidad... un calor... que jamás había sentido desde mi infancia, yo... - dudó el viejo - he cambiado - dijo al fin mirando sinceramente los ojos del joven - y creo que te lo debo a ti. Kan asintió con la cabeza, recordaba perfectamente su vivencia, no sabía ni comprendía como había sido posible... o por qué, pero le desveló palabra por palabra toda su experiencia. Mientras lo hacía hubo más de un momento en el que lloró, unas veces de felicidad por estar vivo, otras de tristeza... no sabía por qué, pero algo dentro de él le dijo que era por aquel último puñado de zarzas que había arrojado el anciano en su alma. Sabiendo que una vez que el sufrimiento pasara, lo haría para siempre, en vez de resistirse o enfadarse, dejó que las lágrimas cubrieran su cara y se sintió maravillosamente renovado y feliz cuando terminó. - Ahora comprendo - dijo el anciano - hay una gran sabiduría en lo que me acabas de contar, una Ley de Felicidad y Éxito que siempre he intuido y se que todo aquel que realmente la siga, sembrando a cada hora pensamientos de felicidad y éxito en su mente, alcanzará todo aquello bondadoso y bueno que desee, sin excepciones, en su totalidad. - Así es - confirmó Kan - El gran problema de la humanidad, del fracaso, del no conseguir algo. Reside en la falta de responsabilidad que demuestran todas las personas para con su alma. "" Deberían alimentar sus sentimientos con semillas positivas como Amor, bondad, generosidad, seguridad y Fe. "" De hacerlo así, simplemente conseguirían todo lo que deseasen. "" De hecho, toda persona que actúa así, siempre consigue lo que desea. - En cambio - completó el anciano solemnemente - la irresponsabilidad que demuestran reside en alimentar los pensamientos negativos, en rendirse, en dejar que la inseguridad penetre en sus almas, en dejar que esa inseguridad fructere como miedo, ira, odio y les genere el mayor de los sufrimientos. "" Simplemente habría que pedir a una persona normal que analizase sus sentimientos de una forma sincera y abierta ¿Qué encontrarías en ellos? Seguramente una gran abundancia de sombras obscuras, la convivencia con un gran número de miedos habituales, una serie de iras reprimidas, reproches y sobre todo, faltas de Fe. Unas faltas, y unos sentimientos que le hacen sentir mal, sentirse impotente, fracasado, inseguro, con miedo... que le causan reacciones de enfado e ira. Que le hacen Fracasar, enfermarse y morir. ""¿Alguna vez has visitado un centro méico joven Kan? - el joven negó con la cabeza - Yo lo he hecho muchas veces, he hablado con sus miembros y siempre he encontrado un nexo común entre todos los enfermos. Preocupaciones, temores, miedos, odio e ira. "" En cambio las personas sanas siempre poseen una gran Fe, una Fe increbrantable y tranquila, porque saben que en su camino habrá dificultades, algunas incluso inmensas, pero no pierden el sentido de la realidad y saben que el sufrimiento o la mala suerte nunca durará para siempre y que acabarán triunfando. "" ¿Y sabes lo más curioso? - Que siempre acaban triunfando - afirmó el joven con la cabeza al reconocer en estas últimas palabras la vida de su padre y la de los otros verdaderos Samurais.

- Anciano - dijo Kan después de meditar unos momentos sobre lo hablado - Quiero darte las Gracias. Porque me has enseñado lo que es Realmente el Camino del Samurai. "" Yo, aún con mi instrucción y el apoyo de mi padre el General de Generales, había abandonado este camino, momentáneamente, introduciéndome en el bosque del miedo y la desesperación. No sé que es lo que he vivido, tampoco me importa, lo que me queda es lo importante, este sentimiento de que sé que yo soy el único que domina mi vida. "" Por esto quiero darte las Gracias, porque me has devuelto la alegría de vivir, me has dado el medio de decidir mi destino, de saber controlar mis emociones, mis sentimientos y poder alcanzar todo aquello que deseo... simplemente sembrando siempre trigo de Felicidad en mi alma!

El anciano medito, gracias a Kan había dejado de ser un Fantasma del Miedo y del Fracaso y era feliz, él también quería demostrarle su agradecimiento a Kan y decidió hacerlo desvelándole los secretos del trabajo, de las herramientas que utilizan los propios Fantasmas para plantar el miedo y la desgracia en las almas de los hombres, para que el Joven Samurai pudiera utilizar ese secreto en su beneficio dándole la vuelta y aprendiendo a sembrar feliz trigo dorado en su alma desde esta dimensión. - Kan - pronunció solemnemente - voy a desvelarte el mayor de los secretos, aquel que te permitirá sembrar siempre la felicidad en tu alma y no plantar jamás las terribles zarzas del sufrimiento que podrían atraparte igual que pueden atrapar a cualquier persona. Es más, voy a enseñarte a poder eliminarlas completamente de tu alma para que puedas alcanzar la máxima felicidad y cumplir el destino que tú mismo te marques. El Joven Samurai sentía que este secreto sería el más importante de toda su vida, por lo que presto atención en un grado sumo como nunca antes lo había hecho, intentando memorizar palabra a palabra lo que el anciano iba a decirle a continuación. - Amigo, eres dueño de tu destino, así como yo soy dueño de tu destino y absolutamente todas las personas son las únicas dueñas de tu destino. "" Esa es la gran verdad de la Libertad Suprema que todos poseemos, algunos tienen miedo de esta libertad porque no comprenden que este es su mayor poder, pues todo, absolutamente todo lo que puedas desear tener o ser, lo tendrás si lo haces parte de ti y lo siembras en tu alma como voy a explicarte a continuación. "" Lo primero de todo, has de comprender, que somos todo aquello que nosotros decidimos ser. Este es un poder que todo el mundo utiliza, porque es la base misma del alma y la naturaleza humana, es la base misma por la que estás constituido y si no lo estás utilizando, es porque otros lo están utilizando por ti induciéndote a ser lo que ellos quieren. Tus personas cercanas, los que te cruzas por la calle y los Ogros, sobre todo los Ogros y los Fantasmas, están esperando a que dejes de utilizar este poder y les permitas utilizarlo a ellos, si lo haces, estarás condenándote, y lo estarás haciendo sólo bajo tu responsabilidad, pues también eres tú quien lo habrá escogido, así que te recomiendo que empieces a utilizar este poder, tal y como ahora te voy a describir, para empezar a ser todo aquello que deseas. "" Lo segundo, es necesario que comprendas que tu alma, tu mente y tu corazón son literalmente campos fértiles que funcionan con aquellas semillas que les aportas. Si les aportas inseguridad, miedo, ira u odio, será eso lo que recojas al convertirte en una persona totalmente despreciable, en un completo Ogro. "" Sin embargo, si los abonas con Amor, Bondad, Generosidad, Confianza, Seguridad, Fe, Esperanza y pensamientos siempre positivos, entonces siempre recogerás éxito y riquezas. "" Así de sencilla es la vida. "" Veamos ahora como puedes utilizar este poder, te sorprenderás de su simplicidad. "" Cuando fracasas... ¿Qué has estado haciendo antes? Has estado teniendo sentimientos de inseguridad, sentimientos de miedo que has alimentado. Te has planteado la posibilidad del fracaso, primero desde lejos con escepticismo, después has pensado que es una posibilidad, a continuación lo has visto como algo probable y has acabado fracasando porque ya era una realidad. Durante todo ese tiempo tus pensamientos no han sido "Estoy completamente seguro de que triunfaré, lo siento desde lo más profundo de mi ser. Estoy feliz porque se que triunfaré, porque tengo la total Fe que el éxito es mi destino, porque así lo siento, porque así es." "" En cambio has estado pensando "¿Y si fracaso? ¿Qué pasaría? No puedo fracasar porque tengo que triunfar... ¡es necesario! Porque sino habré fracasado, pero... ¿ si está fuera de mi control? ¿Y si ocurre? ¿Quizás llegue a ocurrir? Tengo que empezar a planear una salida por si ocurre.... ¡Tengo que hacerlo ahora porque es probable que suceda!" Y al final acabas fracasando, enfermo, tirado en el arrollo y muerto. "" Sin embargo, tú mismo te lo has causado, porque de igual forma que te condenas al fracaso, podrías "condenarte al éxito" "" Esto es el mayor poder con el que has sido bendecido, lo tienes desde tu nacimiento, pero quizás tengas miedo de utilizarlo por si fracasas - el anciano sonrió - así es, hasta aquí nuestro miedo nos frenará. Porque si el hombre comprendiera que este su máximo poder, es tan simple como es, entonces obtendría toda la felicidad y todo lo que desea... dejando a los Fantasmas del Miedo y del Fracaso sin trabajo, con lo que por fin podrían ser liberados y descansarían en paz y felicidad. "" El secreto es este: "" Arroja un puñado de pensamientos positivos en tu mente cada media hora. Kan se quedo mirando fijamente al anciano, lo que decía tenía un gran sentido y el samurai sabía que aquello era verdad, pero necesitaba una explicación mayor.

- Kan, cuando un hombre o una mujer desea ser feliz, lo primero que debe hacer es pensar que es lo que desea - insistió sobre ello - especificar exactamente que es lo que desea. Ha de hacerse con dibujos de ello, mirarlos cada poco, sentir que son suyos por derecho y que los obtendrá, ha de imaginarse poseyéndolos... ya sea objetos materiales, o felicidad, amor... cualquier cosa que se desee!!! "" Entonces ha de inculcar esas imágenes en su mente, ha de hacerlo con una total sensación de Fe, de Felicidad, de Amor, Bondad y Generosidad. "" Es muy importante que Emocionalice esos sentimientos. Muy muy importante. "" Cuando una persona fracasa, es porque ha pensado "Fracasaré" muchas veces, pero sobre todo, porque lo ha pensado uniéndolo a una sensación, a un sentimiento de miedo, a una emoción negativa, lo que hace que ese pensamiento se siembre en su alma como una zarza de sufrimiento que le hará sufrir y fracasar. "" De igual forma, cuando una persona alcanza el éxito y la felicidad, es porque ha pensado cada media hora (como poco) "¡¡¡TRIUNFARÉ!!! ¡Tendré éxito! Lo haré porque estoy predestinado al éxito!" Este pensamiento, emocionalizado con una total Fe, Amor, Bondad y Esperanza, es lo que hace que se plante una semilla del dorado trigo de la felicidad y el éxito. Con lo que recoge éxito y felicidad. "" El mayor problema que tienen las personas es que ven realizar una acción a otra y ven como esa persona alcanza el éxito por medio de esa acción. Entonces ellos realizan esa misma acción y no lo consiguen, fracasan. Y lo hacen porque no acaban de comprender que la acción es irrelevante, lo importante es que aquella primera persona, realizo esa acción con la total seguridad de que conseguiría el éxito.... mientras que la segunda lo hizo con miedo en su corazón, con lo que fracaso. "" Me acuerdo - dijo avergonzándose - que cuando era un Fantasma solía acudir a los locales donde los jóvenes se conocen, entonces yo buscaba a mi presa. Veía como mi presa observaba a un chico normal y corriente que se acercaba a una chica hermosa y le decía "Eres preciosa, ¿quieres bailar con migo?" y triunfaba. "" Mi pobre víctima no podía ver todo lo que yo veía, sin embargo yo veía un alma segura, sembrada de trigo dorado que estaba segura de alcanzar el éxito. Y por eso triunfaba. "" Después escuchaba como mi víctima se decía que haría lo mismo para conseguir a una chica con la que bailar. Entonces yo sembraba un manojo de zarzas de miedo que hacían que este empezase a temblar, su inseguridad crecía y ni siquiera era capaz de acercarse a la joven, con lo que perdía todas las oportunidades y fracasaba, otros pocos lo intentaban tímidamente, no sabían que sus acciones eran inútiles al ir cargadas de miedo y entonces fracasaban, con lo que su inseguridad crecía aún mas, ellos mismos arrojaban manojos de ira y odio a su alma culpando a la muchacha de orgullosa y pécora. Un poco de trabajo más y ese chico ya era un ogro a mi servicio. "" De igual forma actuaba con los vendedores o los emprendedores, cuando estos deseaban hacer algo, primero les inculcaba miedo, un miedo que les impedía moverse, actuar, ponerse en acción... con lo que fracasaban irremediablemente!!! "" Otros, unos pocos, tomaban un manojo de trigo y lo arrojaban contra mis zarzas... con lo que estas morían y ellos empezaban su negocio con éxito. "" Pero todos los comienzos son difíciles, y yo aprovechaba cada dificultad para arrojar un puñado de zarzas a su alma. Cada "No" de un cliente, yo lo acompañaba con una semilla de zarza, y siempre venían Ogros en mi ayuda, seres de Ira y Odio que descargaban su Ira, sus zarzas, contra mis víctimas, que finalmente se iban apagando hasta que se convertían también en unos Ogros. "" Esto, lo hacía también con los Samurais. ¡Ahh!!! Su pureza es como una tentación, su trigo es aún débil y nuestras zarzas pueden florecer bien. Medita Kan, medita que es lo que hacías en las reuniones con tu padre. - Yo... - dudó el joven - bueno, escuchaba sus enseñanzas. - Esas enseñanzas - dijo el viejo - eran trigo que tu padre te arrojaba a tu alma. El muchacho asintió, y el anciano le invitó a continuar hablando con un gesto de su mano. - Después, cuando la enseñanza acababa, yo me prometía solemnemente que lo haría tal y como mi padre me había dicho. Con un gran sentimiento de Fe, Seguridad y Esperanza, me prometía a mi mismo que triunfaría, que trabajaría para ser el mejor. - Esas promesas, amplificadas con los sentimientos de Fe, Seguridad y Esperanza, constituían tu mayor arma, tu mayor sabiduría, constituían los manojos de dorado trigo que arrojabas en tu alma. "" ¿Y verdad Kan que después de cada promesa te sentías feliz y alcanzabas los mayores éxitos? Aún cuando fueran poco a poco. - Es cierto, - reconoció el joven - entonces... ¿Es eso un manojo de trigo? - Así es - confirmo el anciano - Entonces!!! - completó entusiasmado Kan - Si repito ese tipo de promesas habitualmente, si cada media hora repito unas palabras positivas cargadas de amor, unas simples frases cargadas de emoción y entusiasmo... "" ¡¡¡ ENTONCES CONSEGUIRÉ TODO LO QUE QUIERA!!! El muchacho ya no podía estar sentado, se levantó porque su emoción ya era un entusiasmo tan fuerte que le gritaba que se pusiera en acción fuera como fuese. - Entonces sólo he de hacer eso cada media hora, sólo he de repetirme cada media hora frases de estímulo, pronunciadas con emoción, con Fé, con Seguridad y tendré todo lo que quiera!!! - Kan estaba entusiasmado por el descubrimiento ¡Era tan simple, lógico y real! - Así es Kan, - confirmó el viejo - sólo has de repetirte constantemente frases como "Lo Conseguiré!!!", "Soy Entusiasmo!!!" "Soy Amor!!! Soy Bondad!!! Soy Generosidad!!!", "Me Siento Feliz!!! Me Siento Estupendo!!! Me Siento Entusiasmado!!!" y estarás arrojando puñados de trigo en tu alma que te darán todo lo que quieras. Kan estaba entusiasmado, sabía que un Ogro rechazaría totalmente esta verdad, la ridiculizaría, pero él ya sabía la verdad y la utilizaría para poseer el alma de Samurai que deseaba. - Kan, haz una prueba - dijo el anciano - repite mentalmente, con entusiasmo"Me Siento Sano!!! Me Siento Feliz!!! ¡¡¡¡¡ ME SIENTO ENTUSIASMADO!!!" y hazlo cinco veces. Kan lo hizo así: "Me Siento Sano!!! Me Siento Feliz!!! ¡¡¡¡¡ ME SIENTO ENTUSIASMADO!!!" La frase creó un buen sentimiento en Kan, conscientemente, Sonrió. "Me Siento Sano!!! Me Siento Feliz!!! ¡¡¡¡¡ ME SIENTO ENTUSIASMADO!!!" Esta vez sintió una mejora en su interior su cuerpo le pedía movimiento y así lo hizo. A la par que repetía: "Me Siento Sano!!! Me Siento Feliz!!! ¡¡¡¡¡ ME SIENTO ENTUSIASMADO!!!" Alzó los brazos en símbolo de victoria moviéndolos y mirando al cielo. Una gran felicidad corría por Kan, inundó su corazón de amor, de Fe, creyó totalmente en la frase y proclamó a los cuatro vientos: "Me Siento Sano!!! Me Siento Feliz!!! ¡¡¡¡¡ ME SIENTO ENTUSIASMADO!!!" Pensó en su padre, en su madre, en todos aquellos a los que amaba para potenciar su sentimiento de amor y repitió en voz alta a la par que daba un salto: "Me Siento Sano!!! Me Siento Feliz!!! Me SIENTO ESTUPENDAMENTE!!! ¡¡¡¡¡ ME SIENTO ENTUSIASMADO!!!"

- Sí!!! - Declaró inmensamente feliz y entusiasmado - ¡¡Es Verdad!!! "Me Siento Sano!!! Me Siento Feliz!!! Me SIENTO ESTUPENDAMENTE!!! ¡¡¡¡¡ ME SIENTO ENTUSIASMADO!!!"

Kan casi no podía sentarse, su mente hervía frenéticamente, había comprendido que con sólo repetir este pequeño ritual cada media hora, aquellos sentimientos formarían parte de su ser y le otorgarían la Fama, el éxito y todo lo que pudiera desear. También requería constancia, pero el premio lo merecía ¿Cuál era el premio? ¡Todo lo que desease en la vida! - Recuerda joven Kan, - acabó el clérigo - que has de acompañar a este ritual las imágenes de todo aquello bueno que desees, que has de erradicar la ira, el miedo y el sufrimiento de tu alma. Simplemente cuando aparezcan, deja que se mueran, si tienes que llorar, llora para sacarlo de ti. Pero bajo ninguna circunstancia pronuncies jamás una palabra pesarosa, no potencies un sólo sentimiento de miedo o de infelicidad, pues te quedarías atrapado entre las zarzas. Aunque estés atrapado en ellas, inunda tu alma de sentimientos de Amor, Amistad, Bondad, Generosidad. "" Piensa bien siempre de los demás, aún cuando todo parezca apuntar a lo contrario, piensa siempre en lo bueno... y acertarás. Mantén esta filosofía en tu vida y verás como toda esa felicidad que vas plantando semilla a semilla, dará unos frutos maravillosos e increíbles que te otorgarán mayor felicidad y éxito del que jamás puedas haber imaginado hasta ahora. Kan, pletórico, prometió hacerlo siempre de esta forma, prometió seguir adelante, olvidar las palabras de los Ogros, de hecho no los escucharía nunca más, y si los escuchaba alguna vez, sembraría enseguida un buen puñado de Esperanza, Fe, Amor y Bondad allí donde había caído la amargura para ser el dueño de su destino, de su alma y de su felicidad. Kan sabía que gracias a este secreto que hoy había aprendido, llegaría a ser el más grande de los Samurais. Una total Fe inundó su corazón sobre este hecho. Y juró sobre lo más sagrado, que a partir de ese mismo momento, sólo cultivaría el dorado trigo de la felicidad en su alma. La Entrenadora El viento soplaba fuerte y frío, creando pequeños remolinos de hojas a la par que erizaba la piel del joven muchacho esparciendo el olor de su esfuerzo muscular al tensar el enorme arco. El cielo gris tampoco ayudaba mucho ¿Por qué no podían apartarse esas nubes del cielo? Con tan poca luz casi no podía ver a su blanco. En su opinión habían escogido muy mal donde situar la pista de prácticas, ese cerro era escalofriante y parecía que el viento gustaba de burlarse del aprendiz de Samurai. Además estaba convencido de que la diana estaba torcida. ¿Cómo pretendían que aprendiese así? ¡No era posible acertar en ese blanco! La flecha zumbó velozmente por entre los árboles, bella como un águila surcó el cielo para... fallar por casi una braza entera! -Ahhh! - Rugió de rabia Khan - ¡En estas condiciones no hay quien acierte! ¡Es imposible! La bella Entrenadora miró sonriente al muchacho, sus negros cabellos estaban recogidos en una hermosa tira dorada mientras que unos amplios ropajes parecían bailar ante la silenciosa música que el travieso viento tocaba contra sus exuberantes líneas femeninas. - ¿De verdad crees que es imposible Khan? - y antes de que el aprendiz pudiera responder, añadió - ¿Por qué lo crees así? - Isis, es obvio, creo yo - contestó feliz de poder ser útil al señalar todos los defectos de la pista de entrenamiento, y poder ayudar así a solucionarlos y facilitar el adiestramiento de todos los Samurais que fueran detrás de él - Quien construyó esto no se dio cuenta de que este cerro no es precisamente el mejor lugar para una pista de entrenamiento de arqueros. Aquí el viento es irregular y caprichoso, te despista de tu objetivo. Además hay poca luz, con lo que el blanco se ve mal. ¿Y a quién se le ocurrió poner la diana entre los árboles? El movimiento de las ramas distrae mucho. Creo que si alguien los podara, sería todo mucho más sencillo. ¡Ah! - Añadió - y la diana no está recta del todo, sino que está un poco torcida a la derecha, eso hace que una flecha que le diese pudiera fallar el blanco. Si alguien lo corrigiese, entonces sí podría dar en la diana. ¡Si no es imposible! ¿A quién se le ocurrió poner esta pista aquí? Sin duda no sabía mucho de arquería. Isis rió dulcemente, su risa era como una hermosa melodía al son de la cual bailaba todo su hermoso cuerpo. Khan habría jurado ver danzar el espíritu de la bella Samurai debajo de los amplios pliegues de su blanco kimono. - ¿De verdad crees que quien puso esto aquí no sabía nada de Arquería? - preguntó casi como para si misma - Pues quizás tengas algo de razón, pero sin duda sabía mucho del corazón humano. - Y acto seguido arrebató el gran arco de las manos del sorprendido joven y tomando una de las flechas clavadas en el suelo delante de él, la tensó y apuntó con una rapidez y destreza sin igual. La mujer sólo apuntó un momento, pero Khan jamás olvidaría la expresión de esos ojos, normalmente vivarachos, seductores, y casi traviesos, ahora estaban impresionantes, parecían absorber la esencia de todo lo que les rodeaba... a la par que se centraban en un sólo y único punto. Todo tardó menos de lo que Khan podría tardar en tomar aire, y entonces la flecha ya estaba ahí, perfecta, precisa, en el justo centro de su diana, tal y como si siempre hubiera pertenecido a ese lugar. - ¿Te das cuenta ahora Khan? - Dijo la Entrenadora - Los fallos exteriores no importan, las circunstancias son irrelevantes, sólo lo que hay en interior importa. Khan se quedó maravillado con, literalmente, la boca abierta, jamás habría esperado ver tamaña Destreza ni una Sabiduría semejante en una mujer tan joven y hermosa. - ¿Qué quieres decir? - balbuceó finalmente. - Pues simplemente todas esas cosas que me has dicho no importan. - dijo sonriendo con amor. - ¿Cómo que no importan? - se rebeló desde lo más hondo Khan - ¿Qué es eso de que no importan? ¡Todo lo que yo he dicho son problemas gravísimos y reales que existen! ¿Acaso no sabes mirar a tu alrededor y verlos? - ponunció ofendido. - ¡Claro que los veo! - Contestó la Maestra en Arquería divertida - ¡ Esos y más! - ante la extrañada mirada del joven, continuó - Tú no me has mencionado que las flechas están mal equilibradas, ni que el arco es demasiado duro pues ya es viejo y está gastado. Tampoco has visto que el blanco está más abajo que nosotros, lo que siempre es incómodo, ni que las hojas que revolotean con el viento pasan frecuentemente por delante de nosotros y la diana entorpeciendo la visión... ni unas cuantas cositas más que nos hacen, ¿Cómo era?- y tras fingir ponerse seria para recordar con precisión, añadió - Que hacen "imposible" dar en el Blanco. Khan miraba fijamente la fecha, perfectamente clavada en su diana, debatiéndose internamente entre su joven orgullo masculino herido, y su admiración e increíbles ansias de aprender. Finalmente sus ansias de mejora pudieron sobre el rencor y repleto de una total admiración y aprecio, aceptó la lección de humildad y se preparó para aprender lo verdaderamente importante de la experiencia. - ¿Me estás diciendo que conoces todos los fallos? - preguntó con sencillez. La Hermosa Mujer, viendo la total sinceridad en los ojos del joven, respondió en el mismo tono franco que él. - Todos... o casi todos - sonrió - aunque siempre hay algún aprendiz que me señala uno nuevo - su risa era como el dulce cantar de un ruiseñor - no sé cómo son capaces de Dispersarse tanto ¡De Esperar tanto! - ¿De Esperar? ¿De Dispersarse? ¿Qué significa todo eso? - preguntó intrigado. - Está todo relacionado. - explicó - cuando la gente Espera que las cosas sean de cierta forma, y no lo son, Dispersa su Concentración y sus Energías en centrar inutilmente sus pensamientos en todos los fallos que no le gustan, y el desagrado que le crean, esa Dispersión de sus recursos internos, les hace fracasar. Khan tragó saliva, aún no lo entendía del todo, pero aquello había tocado una fibra blanda dentro de lo más íntimo de su ser, algo que jamás nadie había conocido menos el mismo en lo más recóndito de sus no pronunciados pensamientos. El joven se preguntó si aquella mujer le podría leer la mente, o al menos su alma. - No entiendo bien lo que me dices - farfulló finalmente Khan - ¿Qué quiere decir "Esperar"? La mujer dudó unos momentos antes de contestar ¿Cómo podría explicarlo para que lo entendiera lo mejor posible? Lo que le estaba explicando llegaba justo hasta el fondo de las más importantes hebras de la naturaleza humana ¿Cómo poder llegar hasta ahí sin chocar con los muros de los prejuicios y orgullos que sin duda habitaban en el joven igual que habitan en cada ser humano que respira y camina? - ¿Quién decide si una persona Triunfa o no? - Preguntó finalmente la Entrenadora dando un Sabio rodeo para poder traer la más intensa luz de la comprensión en la mente y el corazón del joven. Khan dudó durante unos momentos, su mente le decía varias cosas contradictorias, pero su naturaleza era de Samurai, así que acalló sus pensamientos y se centró totalmente en escuchar a su corazón. - Ella misma - dijo al final - Sólo una persona decide si triunfa o no ¿Cómo podría ser de otro modo? Iris Aplaudió Literalmente la Sabiduría y el Acierto del joven, pocos eran tan sabios e inteligentes como para dar una respuesta tan precisa y verdadera! - Así es! - Dijo tan contenta que le espetó un beso de recompensa en la mejilla del joven y, posando su brazo como si fuera un camarada de batalla, añadió - Eres muy inteligente e intuitivo Khan, pues has sabido ver y aceptar la mayor de las verdades de esta vida, que sólo uno mismo decide si triunfa o no. La mujer hizo un silencio y luego continuó. - Hagamos un juego, mi joven amigo, vamos a hablar rápido, yo te hago una pregunta y tú me respondes rápido ¿De acuerdo? - De acuerdo! - Contestó el joven. - ¿Quién decide si una persona triunfa o no? - Ella misma - Respondió Khan con una sonrisa de triunfo. - ¿Quién decide si yo triunfo o no? - Tú misma - Respondió Khan orgulloso de sus buenas respuestas. - ¿Quién decide si tú triunfas o no? - Yo mismo - contestó, aunque, a ser sincero, le tembló un poco la voz. No es que dudara de la respuesta, Khan Sabía que esa era la respuesta correcta y verdadera, lo que pasaba es que realmente le daba un poco de miedo la importancia que tal significado acarreaba sobre su vida. - ¿Quién decide pues si tú triunfas y das en la diana o no? - Yo mismo - Contestó el Joven Samurai alargando cada una de las palabras, sabía que estaba diciendo lo correcto, pero no podía evitar sentirse como si hubiera caido en una trampa. La mujer sabía mucho más sobre el corazón humano de lo que nadie habría considerado "cómodo" estando en su presencia, así que el aprendiz no pudo evitar temblar cuando Isis sencillamente le espetó. - ¿No te sientes ahora mismo como si hubieras caido en una trampa? - Preguntó sonriente. - Ciertamente si - contestó balbuceando él. - Esta, mi joven amigo, es la Trampa de la Vida. Khan encontró ahora algo más poderoso en su interior que esa sensación que parecía fascinarle y revolverle el estómago a la vez, y fue la fuerte Necesidad de Aprendizaje que siempre le dominaba. - La Trampa de la Vida - repitió él - Fascinante... ¿Qué quieres decir exactamente con eso? - Es más sencillo de lo que parece - explicó ella - de pequeños se nos explica que la vida es dura, y es cierto ¡No sabes cuánto lo es! - explicó ella seria y feliz al mismo tiempo - La vida es inmensamente Dura porque nos ha dado a todos y cada uno de nosotros la mayor de las cargas, la carga de la Responsabilidad de Nuestras Propias Vidas. - Honor - murmuró el joven identificado con el sentimiento. - Puede ser - dijo ella - y si no es eso, sí algo muy parecido y quizás hasta más poderoso - el joven escuchaba extasiado - Cuando a la gente le dicen que la vida es dura, se echan a temblar y a pensar que las mayores desgracias se abatirán sobre ellos - su hermosa cara tenía una peculiar sonrisa - no se dan cuenta de que la dureza de la vida es algo aún mayor que todo eso, es la Responsabilidad. El Saber Dentro de Nosotros, que en Realidad, y después de apartar todas las telarañas de excusas que queramos poner para no poder ver lo que es cierto, sólo existe una verdad, y es que Cada Persona, es la única que decide si Triunfa... o no. Khan estaba entendiendo más de lo que quizás desearía, así que cerró los ojos para poder asumir mejor la enorme carga del Honor sobre sus Hombros y preguntó. - ¿Quieres decir que la vida es una cuestión de Decisión y Responsabilidad? - Así es, mi pequeño amigo. Fíjate en el Tamaño de esta verdad y comprenderás por qué, en su inmensidad, aún las más grandes culturas sólo pudieron aceptar y comprender pequeñas partes de su totalidad. Quizás pueda parecer que esas pequeñas partes se contradicen, pero igual que una Pata de un Elefante es una parte, de la misma forma que lo es su Trompa o su cola, todas son parte de la figura total, y no podemos juzgar la Gran Verdad sólo por una de las partes, sólo por la Totalidad de la misma. - Dime, antes me respondiste bien y me dijiste que Sólo Tú Decides si Triunfas... o no. - Dijo ella recalcando los hechos - Así pues, sólo tú decides si acertarás en la diana... o no. O si amas... o no. O si ganas dinero... o no. Cualquier cosa! Pero no nos distraigamos de lo que nos interesa, la cuestión es que el único decide si acertarás o no en la diana ¿Quién es? - Yo mismo - contestó Khan. - Así es. - y añadió - así pues, dado que sólo tú decides si aciertas o no aciertas en la diana, eso quiere decir que ¡Las Circustancias son Irrelevantes! ¿Te das cuenta de eso? Khan dudó antes de contestar. - Si eso que me dices es cierto... - al ver la mueca de la mujer, el joven decidió rectificar sus palabras, pues aunque le hubiera sido más fácil decirlo con el "Sí", debía de aceptar con Honor la Verdad - dado que lo que me explicas Es cierto, entonces tú acertaste en la diana porque decidiste hacerlo así ¿Verdad? - Así es - Contestó ella - Pero eso también quiere decir que yo Fracasé, no le di a la diana, porque así lo decidí - dijo torciendo la cara en una mueca de disgusto. - Así es - confirmó la chica - Pero... ¿Por qué lo hiciste? Khan no lo sabía, no dudaba que había fracasado porque así lo había decidido, cierto es que con todo su ser deseaba echarle la culpa a otra cosa, pero sobre todo era un Samurai de Honor, y eso quería decir que Reconocía sus propios fallos. Así que intentó descubrir por qué. - Te ayudaré - dijo la joven - El Problema no está en tus pensamientos conscientes, si no en esa parte de tu mente que trabaja sin que tú seas consciente de que lo hace, como cuando respirar, haces que tu corazón lata, o mueves una mano rápidamente por reflejo. - Hizo una pausa para que el aprendiz entendiera sobre qué estaba hablando y continuó - La cuestión es que tú tienes una constumbre que todos tenemos, y es la de hacer Juicios y Prejuicios. Los Prejuicios son opiones sobre lo que deberían ser las cosas antes de tener datos suficientes para tomar una opinión bien fundamentada. "" Pues bien, cuando tú entraste en la zona de prácticas, te habías creado en tu mente una idea de como sería todo. Tú "Esperabas" que todo fuese de cierta manera... pero resultó que las cosas no eran tal y como esperabas. "" Así que acto seguido te pusiste a identificar como "malo" todo lo que no coincidía con tu opinión de cómo deberían ser las cosas y lo señalabas mentalmente como un "error" que debería ser corregido ¿Por qué? Sencillamente porque tú querías que las cosas fueran tal y como tú te las imaginabas, como Esperabas que fueran. "" Así que ese Descontento que tenías dentro de ti identificó un montón de errores y emitió un Juicio, un Juicio que quizás no fuiste consciente de ello más que con un simple sentimiento interno, un pensamiento tan rápido que no puedes identificar con palabras, sino con un movimiento rápido de la mente, una sensación de disgusto, quizás como un malestar escondido en un músculo, fuera como fuera, ese Juicio era "Esta Arquería está mal, nadie puede aprender aquí" "" Tú, al "Esperar" que las cosas fueran de una manera, y al ver que eran de otra, NEGARTE A ACEPTAR cómo son en realidad, provocó ese Juicio en tu Interior. Y ese Juicio creó una DECISIÓN interna, la Decisión de Fracasar, de Errar el Tiro, para Demostrarte internamente que tu Juicio era el correcto, autoanfianzarte en tu interior de esta manera y quizás hasta llamar la atención sobre los demás para que corrigieran todos los errores. "" ¿Te das cuenta ahora de que todo sucedió en tu interior tal y como te digo? Khan Asintió avergonzado. - Pero no te preocupes mi amigo, esto ocurre en el interior de todas las personas y normalmente este proceso es el causante de todos los fracasos, simplemente la persona se convence de que las situaciones que le rodean sólo le pueden conducir al fracaso, y entonces internamente Decide que va ha Fracasar. Después, hace insconcientemente todo lo que está en su mano para hacerse fracasar a si misma, pues - sonrió - necesita saber que tenía razón. - En cierta ocasión - comentó el joven tímidamente - escuché a dos Maestros Samurais hablando de términos parecidos... y lo llamaron ¿Cómo era? ¡Ah, sí! ¡ENTUSIASMO! - ¡Exacto! - Exclamó complacida la hermosa Entrenadora - El Entusiasmo no es otra cosa que cómo te hablas a ti mismo, el cómo te relacionas contigo mismo en tu interior, el cómo funcionan tus pensamientos para formar las Decisiones Oportunas. "" Los que se hablan mal a si mismos, señalando los "errores" y los "fallos", sin duda lo que están haciendo es convenciéndose a si mismos de que tienen que Fracasar, y entonces se hacen Fracasar. "" Se Frenan a si mismos con sus Palabras al causarse Decisiones Negativas para si mismos. - Pero - añadió el muchacho aún a riesgo de ser improcedente - pero esos errores realmente existían. ¿Acaso si los dejo de ver no estaré errando en mi apreciación? ¿No estaré faltando a la realidad? Las carcajadas de la mujer jamás podían haber sido mayores. - Esa es la excusa más vieja de los Ogros mi joven amigo - al verlo ofendido añadió - perdona, no quería ofenderte, sin duda tú tienes talento de Samurai, pero alguien en el pasado te metió esa idea, digna de un Ogro, en tu hermosa cabecita. En seguida comprenderás lo que quiero decirte. "" Imagínate que estás en un camino en medio del bosque, llamemos a ese camino "Vida", es de noche, está oscuro y imaginémonos que enciendes una vela entre tus manos. ¿Qué ocurrirá? - Que se creará una luz, y podré ver mejor - respondió el joven. - ¿Seguro? - sonrió la Entrenadora - ¿Sólo generarás una luz? - Yo creo que sí- dijo el joven. - De acuerdo pues, ahora estás ESPERANDO, así que acompáñame - Y rápidamente le condujo hasta el almacen de los arcos, una pequeña caseta de madera bien cuidada, una vez dentro cerró todas las ventanas con sus postigos y atrancó la puerta creando una oscuridad casi absoluta. - Ahora Khan, enciende esta vela. El muchacho así lo hizo, aunque no fue fácil en la oscuridad. En cuanto pudo encenderla, comprendió lo que la mujer había querido expresarle. - Ahora lo veo - dijo al fin - la vela genera luz, pero al generar esa luz, también estoy causando sombras. - La vida es "dura" - sonrió ella - con cada vela no sólo creamos una luz, sino que también generamos sombras, eso es así por definición, es la pura y dura realidad. "" Ahora imagínate que estás en tu camino de la "vida" y que decides encender esta vela. Bien, ahora tienes una luz que te puede iluminar el camino. Si usas esa luz, podrás llegar al final de tu camino con éxito. "" Pero... qué ocurriría si te fijaras en las Sombras ¿Qué verías? - Supongo que Oscuridad - dijo el joven - Así es, y ¿Qué ocurre si cuando estás caminando vas mirando la oscuridad? - Pues que veré Sombras y Oscuridad... es decir, que no veré... y si no veo.. - pensó dubitativo - ¿Tropezaré y caeré? - Así es: Si te fijas en las Sombras de la vela, Fracasarás. Khan estuvo en silencio durante más de diez minutos dejando que tamaña enseñanza penetrara hasta en lo más profundo de su mente. -Así pues - dijo al fin - Para triunfar he de ignorar las sombras, y fijarme en la Luz, y usar la luz que tengo para alcanzar el Exito en mi vida. ¿Verdad? - Así es - dijo orgullosa la Maestra de su aventajado Discípulo - Así es mi Samurai. Un Samurai se fija en la Luz, mientras que los Ogros, se centran en las sombras. Por eso mientras los Samurais alcanzan el Exito y obtienen todo lo que desean en la vida... los Ogros se dan con las espinillas contra las duras rocas y se comen el barro mezclado con la furia y la rabia de su fracaso. El joven meditó durante mucho tiempo sobre estas palabras. - Pero los Ogros son gente mala ¿Verdad? - dijo al final Khan - Bueno, algunas veces si, pero en muchas ocasiones sólo son personas que necesitan ayuda pero tienen demasiado orgullo para aceptarla. Así que optan por actuar inapropiadamente y fracasar, para luego herir a los demás y a si mismos con el resultado de su fracaso. - Pero yo sé de personas que han fracasado en sus vidas y que no son malas personas, sino buenos. ¿Son estos Ogros? - No hijo mio - dijo Isis maternal - son sólo personas Irresponsables que no han tomado la Decisión de controlar sus vidas. "" Pero esa también es una decisión, la decisión de que otros controlen tu vida, y eso es algo que suele conducir al fracaso, pues ¿A dónde puede conducir la irresponsabilidad? "" El éxito no llega por casualidad, hay que Decidir alcanzarlo y aplicar esa decisión con nuestro trabajo para triunfar. Khan estaba ansioso por saber más sobre este tema, pues sentía que era una revelación suprema para él, sus intereses y su vida. Pero la información y la revelación estaba siendo tan enorme, que decidió guardar silencio durante casi cuarenta minutos para dejar que sus hombros se adaptaran a la nueva carga que portaban, una que siembre habían llevado pero que sólo ahora reconocían como suya. Isis era Paciente, además de Hermosa, y mientras el joven aceptaba el control de su vida, ella decidió disfrutar del momento y fue feliz simplemente mirando como se ponía el Sol sitiendo la suave textura de la fresca hierba bajo su piel.

El Viejo Sabio El Viejo Sabio siempre salía de su ermita muy temprano, antes de salir el Sol. Su viejo cuerpo no le pedía demasiado descanso y seguía lleno de vitalidad. Apenas dormía cuatro o cinco horas, despertaba rebosante de energía y salía a barrer el patio delantero de la ermita para que los feligreses encontrasen un lugar limpio y ordenado en el que pudieran ordenar pacíficamente su alma. Sin embargo el primer caminante que pasaba delante de su lugar de paz no era un feligrés suyo. Hacía varios mese que Gr'anSan venía observando a ese jovencito. Antes solía jugar con los chicos de su edad, pero desde hace unos meses su comportamiento había cambiado mucho... y eso le llamaba la atención al Viejo Sabio. Aunque lo que más le extrañaba no era que ya no se relacionase con niños de su edad y sólo caminara junto a hombres mucho más mayores que él. Lo que más le extrañaba al Anciano clérigo era el brusco cambio que había sufrido su espíritu. Gr'anSan calculaba que en estos últimos meses, el joven Kan, había madurado el equivalente a 15 años. Y eso sí que le llamaba la atención. El Viejo Sabio posó la escoba contra una de las paredes de piedra que formaban su vieja ermita, y alzó la mano para llamar la atención del Joven Samurai. - Joven! - gritó a Kan - ¿Dónde vas tan temprano? A estas horas sólo los demonios y los santos andan por la calle. Los primeros retornan a las entrañas de la tierra a protegerse del abrasador Sol y los segundos bajan del cielo para proteger a los hombres de las calamidades y del Mal. - Y como hacía todas las mañanas preguntó al Joven - ¿Tú que eres? ¿Santo o Demonio? - Ninguna de las dos cosas – Replicó con una sonrisa Kan, todas las mañanas tenía la misma conversación con el anciano y todas las mañanas las palabras eran las mismas, se había convertido en un ritual diurno entre los dos - Sólo soy un Joven Samurai que camina hasta los arrecifes para poder contemplar la belleza del amanecer y la suavidad del fluir de las Olas en el Mar. - ¿Y por qué haces tal cosa en vez de alargar tu descanso como el resto de los mortales? – Preguntó el Viejo añadiendo una novedad a la conversación. Kan quedó sorprendido, ya había reemprendido el camino al considerar que la conversación había finalizado como tantos días atrás; tardó un segundo en organizar sus ideas antes de mirar fijamente a los ojos del anciano y responder... - Porque mi espíritu guarda tal ansia por vivir la vida y por actuar que le es difícil mantenerse dormido más de unas pocas horas al día. Sólo duermo lo suficiente para deshacerme del cansancio del día anterior y despertar cargado de nuevas energías. - Kan hizo una pausa para comprobar si el Anciano Clérigo comprendía lo que le decía, el Sabio conocedor del corazón y las almas de los hombres asintió y con un gesto de su mano invitó al Joven a continuar - Ver la belleza del amanecer renueva y dobla mis energías, pues hace renacer en mi espíritu la fe por las causas justas y las buenas acciones. Por otra parte el suave mecer de las olas calma mi espíritu y me ayuda a ordenar mis ideas y a organizar mentalmente mis tareas diarias de una forma más tranquila y eficiente. Violentamente el Viejo Sabio tomó su gastada escoba y agitándola en el aire replicó. - ¿Entonces que haces perdiendo el tiempo con un Viejo Estúpido? Ve, Corre! Que este Viejo Tonto te ha entretenido y no quiero que por mi culpa te pierdas ni un momento tan sagrado de tu tiempo. Kan, impulsivo por naturaleza, azorado de tal manera por el anciano echó a correr como alma que lleva el diablo hacia su lugar secreto. - Y después, cuando retornes y pases por aquí, pasa a ver a este Viejo Loco que quiere hablar contigo! - Gritó Gr'anSan al joven mientras corría. Turbado por las palabras del joven, el Sabio Clérigo delegó esa mañana las tareas clericales en su ayudante, un hombre de mediana edad que había sido aprendiz de Gr'anSan desde que era sólo un niño. El viejo Sabio se retiró a su patio trasero desde donde vería llegar antes al Joven Samurai, y se entretuvo barriéndolo lentamente mientras dejaba que su mente viajara por los derroteros de la meditación. Pocos momentos después de que los broncilíneos dedos de la Aurora dejaran de acariciar la ondulante superficie del mar, el Anciano Clérigo vio retornar tranquilamente a Kan por el camino del desfiladero. Su paso era tranquilo y seguro, su postura era erguida, denotaba firmeza... y sin embargo estaba exenta de presunción. Una de sus manos acariciaba su barbilla, aquel mentón joven que todavía no era capaz de empezar siquiera a cubrir su cara con el vello de la madurez. Su otra mano se movía en el aire acompañando los pensamientos del joven. Hubiera parecido un gran Sabio meditando sobe la importancia de la existencia del hombre sino fuera por que su joven piel y sus músculos aún sin formar delataban su extrema juventud. Gr'anSan estaba convencido de que dentro de ese cuerpo de niño residían el espíritu y la mente de un hombre Maduro, Sabio y Justo. Por eso quería asegurarse de que sus intenciones eran justas y de que sus actos serían los correctos. Pues en caso de que la injusticia rigiera sus actos aquel pequeño sería aun más temible que el peor de los demonios, pues si una cosa era segura era que ese niño un día cambiaría las vidas de millares de hombres... y él debía saber si sería para bien o para mal... - ¿Cómo ha sido hoy el amanecer Joven Samurai? - Precioso - respondió Kan resurgiendo de sus pensamientos - precioso... como siempre. - Te he visto cruzar delante de mi ermita todos los días durante meses - dijo el Anciano Clérigo mientras invitaba con un gesto de su mano al joven Kan a tomar asiento a su lado - Y en todos esos meses nunca has entrado a descargar tu alma de las malas acciones que hallas cometido. Kan miró con los ojos abiertos de par en par al viejo clérigo como sólo los niños saben hacer. ¿Realmente habían pasado meses? Le habían parecido solo unos pocos días... realmente el tiempo cada vez corría más rápido. - Eh... - Kan no sabía que responder, al final miró al Viejo Sabio con una mirada que reflejaba su inocencia y su arrepentimiento - Lo siento - Dijo sencillamente - Eso está bien... pero no es suficiente. - El Anciano fijó sus ojos en Kan para escrutar atentamente su rostro y no perderse ni la más mínima reacción de su rostro - Dime entonces ahora cuales han sido tus malas acciones en todo este tiempo. Incluidos los malos pensamientos... La voz del Anciano Clérigo era dulce y firme a la vez, sin embargo ni una sombra de miedo, ni la más mínima duda recorrió el rostro de Kan cuando respondió, casi automáticamente. - No he cometido ninguna - Y la mirada sincera que se reflejó en sus ojos, junto con la inocente sonrisa, exenta totalmente de orgullo que se reflejó en su rostro convenció de la veracidad de sus palabras al Viejo Sabio... el cual quedó increíblemente impresionado por la simple afirmación del joven Kan. El Anciano meditó un momento, era obvio que Kan era sincero, pero sin embargo era tan difícil... ¡Casi imposible! - ¿No has causado mal a nadie? – Preguntó el anciano y el joven respondió negando efusivamente con la cabeza. - ¿No has tomado nada que no te pertenecía? - Kan negó con una incrédula expresión en su rostro que reflejaba que, para él, eso era algo impensable. - ¿Quizás has tenido pensamientos negativos sobre alguna persona? - Dijo el anciano mientras guiñaba un cómplice ojo a su interlocutor. - No! ¿Debería haberlo hecho? - Replicó Kan - ¡Por supuesto que no! ¡No digas tonterías! - Dijo perdiendo los nervios momentáneamente- Perdona... Es que como haya muchos como tú... ¡Me quedo sin trabajo! - Y prorrompió en una enorme carcajada - Dime, tampoco has tenido pensamientos extraños sobre las mujeres... - ¿Como qué? - respondió extrañado Kan - No, nada olvídalo - ¡Tampoco eso! Claro, era demasiado joven... físicamente solo era un niño, aunque su mente fuera la de un adulto. - Kan, acércate y mira... - dijo el anciano mientras sacaba un paquete de semillas de entre su túnica blanca - Esta es mi distracción, tú miras el mar... yo doy de comer a las palomas - Diciendo esto arrojó un gran puñado de semillas delante de sí. Inmediatamente un estruendoso batir de alas llenó el aire, y unas pocas palomas al principio y después docenas de ellas bajaron desde el techo de la ermita hasta, literalmente, rodear al joven y al anciano. - Mira atentamente a esas palomas Kan, puesto que son iguales a los hombres. El joven Kan no sabía a qué se refería el anciano, las palomas eran pequeñas y grises, tenían pico y alas... además no sabían hablar y volaban... ¡Eran totalmente diferentes a los hombres! Sin embargo el Samurai sabía reconocer cuando un hombre sabio tenía ganas de hablar y dejó que la sabiduría del anciano fluyera por su boca como un dorado río que no encuentra ninguna resistencia a su paso, mientras riega los puros pastos que ha de alimentar. - Sí Kan, veo en tu cara que te extrañas... pero estas palomas, aun siendo totalmente distintas en su envoltura a nosotros... en su esencia son iguales. Igual que el agua que recorre el pozo y el cubo son la misma agua... el comportamiento de las palomas es igual al de los hombres. - Míralas atentamente Kan, míralas y dime que es lo que ves. - Veo a muchas palomas comiendo - Dijo sinceramente Kan. - ¿Seguro? - Dijo el anciano - Mira mejor! Kan reflexionó unos instantes y añadió. - Bueno, realmente hay algunas palomas comiendo y muchas que no. - Y... ¿Por qué esas últimas no están comiendo Kan? ¿Acaso no hay suficiente comida? - Bueno... realmente sí hay comida bastante, si se juntaran un poco más y se acercaran aquéllas del fondo... podrían comer más del doble de las que realmente están comiendo. - Y... ¿Por qué no se acercan? ¿Crees que no tienen hambre? - Está muy claro que tienen hambre. Esa de ahí está flaquísima! - El Joven Samurai las miró atentamente - Parece que esas del fondo tienen miedo, y por eso no se acercan. - ¿Dices que tienen miedo? - El anciano sonrió y miró fijamente a Kan - Pues dices bien. Tienes toda la razón. Tienen miedo y por eso no se acercan. Y ¿Por qué tienen miedo? ¿Les vas a hacer algo? ¿Planeas matarlas? - ¿Yo? - Preguntó el Joven Samurai - ¡Por supuesto que no! - Bien, yo tampoco... y a mí me conocen desde siempre, pues yo ya estaba aquí mucho antes de que ellas nacieran - El Viejo Sabio señaló al Joven Samurai y le dijo acusadoramente - Kan, la culpa de que no coman es tuya ¿No sientes remordimientos? - La verdad es que eso es lo que estaba pensando - El joven Samurai se rascó la cabeza y al final desesperado preguntó - ¿Que puedo hacer? - Bueno, puedes intentar decirles que no pretendes hacerles caso e invitarles a que se acerquen a comer. - El viejo le invitó con un gesto de su mano a probar - ¡Inténtalo! - Palomitas bonitas, palomitas bonitas - pronunció estúpidamente Kan con una vocecilla aguda y suavizada con intención – venid a comer, no quiero haceros daño, si no coméis moriréis de hambre, ¡Vamos venid!! Las palomas miraron a Kan como si estuviera loco y se alejaron unos pasos más. - Nada, no me hacen caso! – Exclamó agobiado Kan ¡Realmente quería que las palomas comieran! - Puedes probar acercarte con un puñado de comida en la mano... - dijo el viejo - quizás al ver tanta comida cojan confianza y se posen en tus manos a comer... A Kan le pareció grata la idea, así que cogió dos puñados de comida y se acercó lentamente a las palomas mostrándoles la comida. Estas al ver caer algún grano de las manos de Kan hicieron amago de acercarse, pero al ver las manos llenas de semillas del joven Samurai mientras este se acercaba... echaron a volar espantadas por la cercanía del muchacho hasta posarse en el techo de la vieja ermita. - ¡No lo entiendo! - exclamó enfadado Kan - ¡Estas Palomas son tontas! ¿No se dan cuenta de que yo sólo quiero su bien? Si pudiera hacer que entrasen en razón... ¿Pero qué digo? – Exclamó dándose cuenta de un detalle - ¡Si son solo palomas! ¡Son desconfiadas y cobardes por naturaleza... - ¡IGUAL QUE LOS HUMANOS! - Exclamó de un grito el Sabio Clérigo cortando los razonamientos de Kan. El joven Samurai quedo paralizado al ver la sutil trampa que le había preparado el Anciano Clérigo, y en su mente empezó a brillar la llama del entendimiento... pero todavía sólo eran unas pocas chispas dispersas que no eran capaces de alumbrar el complicado entramado de la argumentación del anciano. - ¿Entiendes Kan? - Todavía no estoy seguro ...me quieres decir que todos los hombres son cobardes por naturaleza? - ¡Ni mucho menos! - El anciano palmeó el asiento de piedra - ven, vuelve a tu asiento y mira. Kan así lo hizo... y después de un rato sin entender nada de lo que estaba viendo preguntó... - ¿Que estoy viendo anciano? - ¡El comportamiento de los hombres querido niño! - ¿Me lo puedes explicar clérigo? - La cara de Kan era una mueca torcida... como su cabeza, que estaba ladeada en un vano intento de entender mejor el misterio. - ¡Mejor explícamelo tú! - EL joven Samurai le envío una mirada de misericordia - ¡Venga! ¡Descríbeme lo que ves! - Bueno, veo muchas palomas a nuestro alrededor - empezó Kan resignado - unas pocas están muy lejos, mirando y alargando la cabeza, pero tienen miedo de nosotros y no se acercan. - Kan las señaló con un gesto - La mayoría está a una distancia de un par de brazas de nosotros... - La distancia justa de seguridad - añadió el anciano y ante la mirada de extrañeza del joven agregó - Si estuvieran a una braza, podrías cogerlas con solo alargar el brazo. Estando a dos brazas, si haces un movimiento brusco para intentar cogerlas... ellas tendrán el tiempo justo para echar a volar y escapar - El anciano indicó con la mano a Kan que continuara su descripción. - Pues estas palomas están picoteando unos cuantas semillas, aunque son pocas porque la mayoría está a nuestro alrededor - El joven Samurai guardó silencio un segundo antes de añadir - es extraño que no se acerquen más, pues son muchas palomas para muy pocos granos. - Exacto! Continúa por favor. - Bueno, muy cercanas a nosotros - Kan estiró un brazo para demostrar sus palabras - dentro de la distancia de una braza están cerca de una docena de palomas... que se están poniendo moradas, pues se están comiendo la mayoría de los granos que echaste al suelo. - Muy bien! Veo que sabes describir muy bien - El viejo señaló las manos del chico - Ahora extiende tus manos en forma de copa y dime lo que pasa. El joven Kan, dándose cuenta de que todavía llevaba en las manos las semillas que antes había cogido, colocó coloco en forma de copa sus manos, igual que cuando bebía de un río... y esperó . Unas pocas semillas cayeron de sus manos, pero al momento una paloma enorme y preciosa se posó en el borde de sus manos y se puso a comer de la gran cantidad de semillas que Kan tenía entre sus manos. Era obvio que esta era la paloma más feliz de todas, pues después de echarle un par de miradas de advertencia al joven se puso a comer como una loca, con una gran ansia y una gran alegría. Kan la observaba con la boca abierta y sin mover un solo músculo, casi apenas respiraba de la emoción que sentía al tener al bello pájaro entre sus manos. Era lo que antes había deseado con las otras palomas asustadizas... al ver que estaba segura en las manos del joven humano, la paloma relajó sus plumas, retrajo una pata y se dispuso a comer esta vez de una forma más calmada y relajada... aunque con grandes bocados cada vez. Si la Palomas hubieran tenido boca en vez de Pico, Kan habría jurado que la paloma le sonreía. - Bien jovencito - dijo el Anciano Clérigo sacando al Joven Samurai de su ensoñación - estoy esperando a que me lo acabes de describir. - Eh... - exclamó Kan buscando las palabras adecuadas - Una paloma está sobre mis manos comiendo absolutamente todas las semillas que quiere... al principio tenía miedo, pero ahora ha visto que no tiene nada que temer de mí y come confiada y tranquila. - ¿Has entendido ya lo que te quiero decir? - Aun no Clérigo - Dijo el joven ruborizándose - creo que voy viendo alguno de los matices del tapiz, pero aun no soy capaz de admirar toda su belleza. - Bien, te ayudaré - dijo sonriendo el Sabio Clérigo, en realidad le gustaba resaltar ante los demás que era el más grande conocedor del corazón de los hombres - Las palomas que ves al fondo son infelices y pasan hambre, tienen la comida a su alcance, solo tienen que volar hasta aquí, cerca de nosotros y cogerla... pero su miedo les impide hacerlo. Temen que les hagamos algún daño. - El anciano hizo una pausa y miró al joven, en su rostro se empezaba a iluminar la llama del entendimiento - Realmente esas palomas son tan capaces de coger las semillas y comer como las demás, pero sus miedos les impiden alcanzar la comida... - Los fantasmas del miedo y del fracaso los detienen - Murmuró Kan entre dientes - Perdona ¿Qué decías? – Preguntó el anciano - Mis oídos no son lo que eran... - Nada, nada. Por favor continuar. - Bueno, pues decía que son tan capaces de alcanzar la comida y de comer como las demás, pero que su miedo les impide alcanzar la comida cuando... ¡Simplemente tienen que hacerlo! - El anciano miró fijamente y con seriedad al joven - Esto le pasa a muchos hombres, sólo han de actuar, de hacer las cosas, de luchar por ellas para alcanzarlas y cogerlas... y no lo hacen por miedo a fracasar. - Estas palomas que hay más cerca - Continuó en Sabio cambiando de tono y señalándolas - como puedes ver, y tu mismo has dicho, son la mayoría. Se conforman con unos pocos granos seguros, aunque saben que no hay bastantes para todas. La mayoría de ellas se quedará con hambre, y cada día las veras un poco más flacuchas. Unos días tendrán suerte y comerán un poco más, otros días tendrán menos suerte y comerán un poco menos... sin embargo la mayoría de las veces sólo tendrán la comida justa para sobrevivir... Realmente sólo tienen que dar un pasito más, acercarse a la comida... ¡Y tendrán toda la comida que quieran! - El anciano se encogió de hombros - sin embargo prefieren estar allá, a dos brazas de nosotros porque se sienten seguras... y esa falsa seguridad las condena... porque ¿Cómo pueden sentirse seguras si en el fondo de sí saben que no hay comida para todas? - El anciano guardó una pausa antes de continuar - Muchas personas son así, se agarran a una falsa seguridad y viven infelices y preocupadas, engañándose a sí mismas y haciéndose pensar que son felices cuando en realidad... temen que no les llegue la comida para sobrevivir. Kan estaba con la boca abierta, las palabras del anciano eran la sabiduría más pura que nunca había oído... sólo estaba describiendo el comportamiento de unas simples palomas... y estaba descubriendo el corazón humano a sangre viva... El joven Samurai cerró su boca con la mano izquierda e intentó mantener la compostura para asimilar mejor las palabras del Sabio Clérigo. - Estas otras palomas que están a nuestro alrededor son afortunadas! ¿No crees? - La pregunta era retórica, así que no esperó a que el joven le diera contestación - ¡POR SUPUESTO QUE NO! Estas palomas simplemente han hecho lo que las demás no se han atrevido a hacer... ¡Acercarse hasta nosotros y comer! - El anciano esperó un momento a que la sabiduría impresa en sus simples palabras hiciera mella en Kan - Lo único que han hecho es arriesgarse a venir hasta nosotros... y comer. Nosotros no queríamos hacerles daño ¡Por eso les dimos la comida! - El Viejo Sabio miró a los ojos a su joven pupilo - Y como confiaron, se arriesgaron... y lo hicieron... ellas dormirán esta noche con la barriga bien llena! Mientras que las demás sienten envidia de ellas y piensan que son afortunadas... - Gr'anSan se rió de si mismo - Dirás que son paparruchadas de un viejo, dirás que son sólo palomas... - El Sabio Anciano fijó su mirada en el atento joven - ¿Pero cuántas personas duermen sintiendo envidia por los más "afortunados"? ¿Cuántos seres humanos achacan a la "fortuna" que otros tengan más que ellos? ¡MILLONES! - El anciano hizo batir su blanca túnica espantando a algunas de las palomas más cercanas - y ¿Por qué ? Simplemente porque no han tenido agallas para hacer lo que debían hacer, porque no TIENEN valor para afrontar sus miedos y ¡ACTUAR! - El anciano andaba entre las palomas entusiasmado - ¡No se dan cuenta! No se dan cuenta de que lo único que tienen que hacer es ¡ACTUAR! - Señaló a Kan con un dedo en una especie de ataque de locura... o de cordura - Creen - dijo bajando su tono de voz - ¡quieren creer! que la vida es cuestión de suerte, que si hay una paloma que tiene más que ellas, que está más cerca de la comida... es simplemente porque tuvo más suerte al aterrizar... y no se dan cuenta, o no tienen el valor suficiente para dar un pequeño salto y ganarse ese puesto privilegiado... simplemente con unos pequeños pasos! - El anciano al fin se relajó y caminando lentamente volvió a sentarse en su mármol banco. - Las que hacen eso, las que dan esos pequeños pasos consiguen todo aquello que ansían. - Y añadió muy serio, mirando fijamente a Kan como miraría a un hombre al que va ha revelar la ultima y más grande verdad que va ha conocer en su vida - No creas que las palomas que tienen mucha comida a su disposición son pocas porque sea difícil dar ese salto, o porque haya poca comida... son pocas porque la mayoría de las palomas no tienen el valor suficiente para acercarse a la comida... Kan no dijo nada, estaba bien claro lo que el anciano le había dicho. La sabiduría de sus palabras era inmensa, por fin comprendía muchas cosas... no sólo de esa tarde, sino de toda su vida... mientras pensaba esto Kan se fijó en la paloma de su mano, se había quedado dormida justo encima de la comida, en ese momento despertó ligeramente, cogió un buen bocado de semillas, las tragó y volvió a dormirse. - Y esa Paloma Kan - dijo tranquilamente el viejo - Esa paloma eres TÚ! - El joven le miró asombrado - Sí tú Kan, porque como tú esta paloma no se ha conformado con las migajas del suelo, tú has ido directamente a la fuente y te has quedado a vivir en ella. - El anciano se acomodó en su asiento - Si te acuerdas, al principio esta paloma estaba asustada como la que más, sin embargo vio que la recompensa por confiar en ti, por subirte a tu mano era enorme. ¡Esta es la paloma más feliz y rica de todo este palomar! - Dijo el anciano resaltando sus palabras con un gesto de sus brazos que abarcó todo el patio - Después de arriesgarse vio que realmente estaba segura entre tus manos y se dispuso a comer tranquilamente. Incluso ahora, mientras las palomas del fondo pasan hambre... ella duerme tranquila, con la barriga llena y con mucha más comida a su disposición. - El anciano señaló a las palomas del fondo - las demás podrían hacer lo mismo, podrían volar hasta tus manos a comer y dormir tranquilas... tú incluso se lo ofreciste a algunas, fuiste detrás de ellas y ellas echaron a volar asustadas... ¿Acaso no tienen alas para volar a tus manos? ¿Acaso no tienen pico para comer? - El anciano sonrió - Lo que les falta es un corazón puro que les infunda el valor suficiente para batir sus alas y volar hasta tus manos. Kan guardó silencio para meditar las palabras del anciano... eran ciertas, todas las palomas tenían las mismas oportunidades, la única diferencia estaba en cual era la paloma que tenía el valor para hacerlo. Igualmente todos los seres humanos contaban con las mismas oportunidades... la diferencia estaba en quienes eran cobardes y se escondías detrás de culpabilidades y "suertes"... y quienes eran valientes y hacían lo que tenían que hacer para alcanzar ese premio sublime. - Aún más anciano - Exclamó el Joven Samurai entusiasmado - mira las palomas, algunas son blancas y otras grises, unas tienen más plumas y otras menos, unas tienen las patas enteras y a otras les ha comido algún dedo algún gato... sin embargo por ninguna de esas características externas podemos juzgar cuáles de ellas se quedarán con hambre y cuáles no, por ejemplo aquella bellísima paloma toda blanca - dijo señalando con su mano Izquierda, ya que en la derecha dormía la paloma-samurai - es un paloma preciosa, con unas alas que sin duda le facilitarían el volar rápida y presta hasta la comida, sin embargo se queda allá, alejada y muerta de hambre porque le falta valor. Y a esta de aquí le falta una pata, y eso no le impide comer. Bellas y mutiladas, débiles y Fuertes están mezcladas... pero ninguna de estas características les hace alcanzar la comida, sino que es el valor y el coraje de su corazón lo que les impedirá morirse de hambre y comer! - Exacto! Has entendido muy bien! Sólo falta una cosa - El anciano miró fijamente al joven - ¿Te acuerdas cuando te mandé que ofrecieras las semillas a las palomas del fondo? A las cobardes... ¿Qué ocurrió? - Pues que huyeron, les parecería que debía de haber alguna trampa... y prefirieron quedarse con hambre a arriesgarse. - Pues así actúan muchísimas personas querido Kan... ¡E incluso peor! Algunas a las que les ofreces en bandeja de oro las semillas del éxito... huirán, otras te insultarán, otras sospecharán de ti, otras te pondrán a prueba... ¿Por qué? Porque su corazón es débil y cobarde, no tienen un verdadero espíritu luchador. Y dime Kan... ¿Quieres personas así en tu ejército? Kan despertó en ese momento a una realidad que no había visto hasta entonces, esta no sólo era una simple lección sobre el corazón humano, la forma de comportarse de la gente y el cómo saber diferenciarlos, era también... ¡Un consejo de incalculable valor! Porque si aprovechaba bien los conocimientos que hoy había adquirido podría formar un ejercito de personas verdaderamente valientes y audaces, podría desechar a todas las palomas cobardes y a las que viven en un mundo de sueños y falsas realidades para quedarse solamente con aquellas que realmente eran valientes y puras de corazón, las que venían ellas solar a comer las semillas del éxito y con aquellas únicas palomas que iban directamente a comer de la fuente. ¡El suyo sería un ejército invencible! - Claro que no quiero a cobardes en mi ejército! A partir de hoy dejaré de correr detrás de las palomas cobardes y daré las semillas únicamente a aquellas que tengan el valor de saber captar y aprovechar la oportunidad a la primera. ¡Porque únicamente esas son las que me interesan! ¡Sólo las valientes y decididas! - Perfecto! – Contestó el anciano - Porque yo llevo toda mi vida intentando que las personas que son como aquellas palomas del fondo vuelen hasta la comida... ¿Y sabes lo que he conseguido? - preguntó al joven - ¡NADA! Que huyan una y otra vez... créeme, por mucho tiempo que corras detrás de ellas no conseguirás nada. Y eso no es lo peor ¿Sabes que es lo peor? - Sí! - Contestó el joven Samurai sorprendiendo al Sabio Anciano - Que cada segundo que pierdes con ello es un grano que le quitas de comer a una paloma que sí quiere comer de tus semillas. - Exacto! - Contesto Gr'anSan - ¿Y sabes lo que voy ha hacer ahora? - El anciano miró con cara divertida al joven - Voy dejar de perseguir palomas cobardes y me voy a poner con las manos abiertas a dar semillas a las palomas valientes, pues hoy he visto que es una tarea mucho más fácil y productiva. ¡Espera aquí un momento! - Y diciendo esto desapareció dentro de su vieja ermita. Kan miró a su paloma y probó intentar colocarla en su hombro, milagrosamente la paloma encontró más agradable el hombro del joven que su mano y decidió quedarse a dormir tranquilamente en el hombro del que ya consideraba su almacén personal de comida. Al poco rato reapareció el anciano con un ligero saco y su vieja escoba, y echándose el primero encima de su hombro y tomando la segunda como si de una espada se tratara preguntó al joven Samurai... - Admitís ancianos de noventa años en tu campamento? - ¡Sí claro! ¿Deseas ser un Samurai? - ¿Tendré que aprender a manejar la espada? ¿Es necesario que me levante al amanecer y me acueste cuando la luna está en su cenit? ¿Acaso he de aprender y enseñar todo lo que se a cientos de personas? - Sí, sí y Sí! - Respondió automáticamente Kan. - Pues entonces vamos... ¡Que estoy impaciente! - Y añadió mirando la paloma - Por cierto te llevas a tu paloma-samurai. - Parece que sí, me ha tomado por un almacén de comida andante... - y acariciando el suave pecho de la paloma añadió - Me parece que esta paloma ya ha solucionado su vida para siempre!

El Mercader Era una hermosa mañana, los pájaros cantaban en las copas de los verdes árboles, el joven sol irradiaba una luz clara que ya empezaba a despertar una cálida brisa de verano. Kan aspiro fuerte, las suaves fragancias del bosque penetraron en su espíritu despertando ansias de aventuras. Desde la altura, el Joven Samurai podía dislumbrar el poblado, hoy estaba muy animado pues era día de fiesta. Con los reflejos de un experto Samurai, Kan, calculó de forma precisa la distancia hasta la rama siguiente y saltó. Era un alto de casi cuatro brazos metros a una altura de casi seis hombres uno encima del otro. El joven voló como una gaviota hasta la rama y sacando una larga cuerda la ató alrededor del tronco del árbol para asegurar su posición. Desde aquí podía ver todavía mejor el pueblo. Miles de personas venidas de muchos kilómetros a la redonda se reunían hoy para comprar, vender y comerciar con todos aquellos que pudieran. Desde la lejanía se distinguían los caballos, los carros de frutas y los grandes puestos de telas. Estos últimos eran su objetivo. Pretendía comprar un trozo de tela de la más alta calidad para regalárselo a la hija de unos de los cocineros del ejército de su padre. Era una joven sólo un poco mayor que él, tenía el pelo más bonito que nunca había visto. Era negro como la noche, y cuando el sol se reflejaba en sus largos cabellos parecía que cientos de pequeñas estrellas brillaran resaltando su hermosura. Ayer, mientras comía con su equipo Rosana (como había sabido después que se llamaba) le había servido la comida, ella le había preguntado "¿Quieres más pescado?" y él se había quedado embobado mirando su precioso pelo. Todavía se sentía avergonzado al recordar como los veinte miembros de su equipo que estaban comiendo con el habían callado de repente y se habían quedado mirándole sorprendidos, como si estuvieran esperando que él dijera algo. La cara de Kan se estaba volviendo a teñir de rojo igual que cuando se sonrojó cuando Omius, el primero de sus Samurais le dijo "Valla valla! Si parece que nuestro joven superior está creciendo!". Aquello fue vergonzoso ¡Él sólo estaba contemplando su pelo! ¿Que tenía de malo?. Por desgracia la joven se sintió mucho más avergonzada que él y se marchó corriendo mientras lágrimas de vergüenza resbalaban por sus mejillas, en la carrera se le resbaló la bandeja de pescado cayéndosele encima del vestido. En ese momento Kan había intentado levantarse, pero Escila, una nueva Aprendiz que se había incorporado hacía poco, le detuvo agarrándole firmemente el brazo y diciéndole por lo bajo... "No vallas o la avergonzarás aun más ¿Es que no sabes nada de mujeres?". Kan se había sentado inmediatamente, tenía 12 años y realmente no sabía nada de mujeres. Así que se quedó quieto, contemplando como la chica del pelo precioso miraba su vestido y replicaba "No! ¡Mi vestido nuevo! Esta mancha no se quitará nunca!" y poco después desaparecía en dirección al río. El joven Samurai había mirado entonces interrogativamente a su rubia compañera, la cual había comprendido su pregunta y le había respondido "La chica tiene razón, esa mancha no se quitará nunca. Ya puede ir comprando una tela para coserse un vestido nuevo!". Esas palabras se habían quedado grabadas en la memoria del joven, así que hoy por la mañana, había cogido su bolsa de dinero y se había puesto de camino al mercado. Pretendía comprarle la pieza de tela más bonita que nunca hubiera existido para pedirle disculpas por haberla avergonzado tanto con su comportamiento. Kan no quería reconocerlo, pero su corazón latía deseoso de volver a contemplar esa bella cabellera negra. Después de bajar del árbol, y caminar unos pocos minutos más, Kan llegó al enorme mercado. Este tenía cubierto todas las callejuelas del pueblo, incluida la gran plaza central, con tenderetes de mercaderes ofreciendo sus productos a gritos. El barullo, tanto de voces como de personas, era abrumador. Kan estaba acostumbrado al orden de su ejército y este loco ir y venir embotaba sus sentidos... no lo suficiente como para no notar una ligera mano que intentaba sacar su bolsa de su cinturón. - ¿Qué haces? - Preguntó Kan dándose la vuelta y agarrando mejor su bolsa. Al mirar sólo encontró a un pequeño chiquillo, de unos seis años de edad, cubierto por unos harapos roídos. Su piel, debajo de una gran capa de barro y suciedad, se había vuelto blanca como la leche. Su cara contestaba perfectamente la pregunta del joven Samurai. Así que antes de que su interlocutor pudiera contestar añadió... - ¿Por qué haces esto? - Necesito dinero para comer - dijo el niño mirando directamente a Kan con unos ojos suplicantes - Mi estómago me duele y nadie me da de comer - añadió llevándose la mano al estómago distraídamente - Por favor señor, no me haga daño, no pretendía quitárselo todo, sólo una moneda para poder comer - Las lágrimas recorrían los jóvenes ojos del pillo. A Kan, su tierno corazón le dolía por la miseria que estaba teniendo que pasar ese desconocido, nadie merecía llevar ese tipo de vida... y menos aun un niño tan pequeño. - No te preocupes, no te voy a hacer ningún daño - Dijo Kan, aunque en la temerosa mirada del joven ladronzuelo vio que sus palabras no eran creídas. Kan recordó la experiencia de las palomas con el viejo sabio e intento otra estrategia distinta - Te voy a dar de comer, ya que tienes tanta hambre, elige tú el sitio y pide lo que quieras. - Los ojos del niño brillaron de ilusión ante estas palabras, al ver que su nueva estrategia funcionaba añadió - Tengo dinero de sobra, así que come todo lo que quieras. - Aquí al lado hay una tasca buenísima... y muy económico! - Dijo el pillastre animado - Perfecto! - Respondió Kan - Después de todo yo tampoco he desayunado hoy... se me ha olvidado! - añadió rascándose la cabeza graciosamente. El joven ladronzuelo se lanzó, casi a la carrera a la tasca seguido por el joven Samurai que no deseaba perderlo de vista ni por un segundo. Al cruzar la esquina los más sabrosos olores de los manjares más apetecibles llenaron las narices de Kan. El pillastre enseguida encontró una mesa libre en un rincón apartado y tapado por las sobras e invitando a sentarse en un banco de madera en frente de él al joven Samurai levantó la mano para llamar al camarero, igual que si fuera un gran señor en un restaurante de lujo. El dueño, al ver esto escupió un trozo de una rara planta que estaba masticando y se encamino hasta la mesa donde estaban sentados los dos niños. - ¿Que van a tomar los señores? - Dijo sarcásticamente - ¿Un baso de agua del pozo? - Y antes de que pudieran decir nada añadió - ¡Anda mocosos largaos! ¡Tengo que atender a los clientes de verdad! - Este niño quiere comer, traiga algo para él - Dijo Kan ignorando las palabras del mesonero. - Este niño... - respondió el dueño levantándolo de una oreja e intentando sacarlo de la mesa - Es un ladrón que ya me ha robado más de una hogaza de pan de las mesas y que como vuelva a verlo por aquí le voy a cortar el cuello... El mesonero calló instantáneamente al sentir el agudo filo de la espada Katana del joven Samurai en su garganta. - Puede ser... - contestó fríamente Kan, con un tono de voz que heló la sangre en las venas del apestoso hombre... aun cuando la amenaza provenía de un niño de 12 años de edad - Puede ser que seas tú, apestosa inmundicia, quien quiera cortarle el cuello a mi amigo - y después de hacer una pausa añadió - pero voy a ser yo quien te corte el cuello a ti como no le sirvas como es debido.- El rostro del mesonero estaba blanco como la leche, no esperaba esto de un niño tan joven, había supuesto que era un ladronzuelo compañero del otro niño y sin embargo había manejado una espada Katana como si fuera una prolongación de su brazo - Debería caérsele la cara de vergüenza por no dar de comer a un niño necesitado... sin embargo aquí tiene - Y poniendo una valiosa moneda de oro encima de la mesa añadió - Esto pagará todo lo que pueda comer este niño durante tres años ¿No es así? - El apestoso mesonero asintió con la cabeza - Pues tómelo y hágalo como yo le digo o vendré y se arrepentirá - dijo saliendo de las sombras donde estaba sentado y poniéndose a la luz para que pudiera verlo bien. El dueño del local quedó totalmente pasmado al reconocer que el joven vestía las ropas de un Samurai... incluida la Katana que todavía mantenía apoyada en su cuello... al final de la cual pudo ver la característica empuñadura dorada-plateada símbolo de un verdadero Samurai entrenado. - S.. Se... Señor! - dijo al fin - Por favor, perdone! - suplicó - Sé que no me he portado como he debido, tendría que haber atendido a este niño... - rápidamente añadió - a partir de hoy daré de comer a todos los niños pobres del pueblo... ¡Puedo hacerlo! - Añadió - Soy dueño de la posada más grande del pueblo y todos los días me sobra comida para darla de comer a un regimiento - y para intentar solucionar las cosas dijo - a partir de ahora le daré esta comida a los pobres en vez de tirarla a la basura ¡Os lo juro! Pero perdonarme la vida por favor!!! Kan retiró la katana del cuello del mesonero y posando otra moneda de oro en la mesa añadió. Ahora tráenos un plato de cada una de las más ricas exquisiteces que tengas... - y mirándolo a los ojos añadió - y no intentes nada raro, yo soy Kan. El hijo de Kazo, el general de generales. Y en caso de que me pasara algo... - ¡No os preocupéis Señor! ¡Yo nunca mancillaría mi comida ni haría nada raro! ¡Y menos aun con un cliente que paga tan generosamente!!! - y cogiendo las monedas de la mesa marcho rápidamente a encargar en la cocina los platos ordenados y a descansar un buen rato para quitarse el susto de encima. Cuando desapareció los dos niños se pusieron a reír a carcajada limpia. - ¿Le has visto la cara Kan? - dijo el ladronzuelo riéndose estrepitosamente - Yo creía que se iba a hacer pis encima!!! - ¿Crees que me habré pasado? - Preguntó sintiéndose culpable el joven Samurai - ...quizás no tenía que haber sido tan brusco... - ¡De eso nada! - Contestó su reciente amigo - ¡Tú no sabes las palizas que me ha dado por coger trozos de pan rancio de las mesas! ¡Es un indeseable! - y mirándolo con una cara de agradecimiento infinita añadió - ... y tú lo has cambiado en un minuto! Los pobres llevábamos meses intentando convencerle de que nos diera los restos de comida que tira por la noche, pero el mal nacido tiraba esos restos a cuatro perros asesinos que tiene en la parte trasera del local... los perros desperdiciaban toda la comida y mientras nosotros nos moríamos de hambre - y abrazándole añadió - ¡Eres mi salvador! ¿Qué puedo hacer por ti? - Bueno... - dijo Kan pensativo - parece que conoces bien el pueblo ¿Podrías llevarme a la zona de las telas después de comer? - ¡Naturalmente! - Dijo mientras empezaba a llenarse la boca con las carnes y las frutas que empezaban a traer las camareras... pues misteriosamente el mesonero había desaparecido para todo el día! - ¿Cómo te llamas? - Dijo Kan sirviéndose un poco en su plato - Pibio - Contestó con la boca rebosante de comida - aunque los amigos me llaman Pio.

Cuando hubieron acabado de comer, Kan y Pio salieron de la posada para encaminarse a la zona del pueblo donde los mercaderes ofrecían telas de todos los tipos. Allí Kan encontró telas fuertes y bastas, las grandes telas con las que se hacían las tiendas de campaña de los Samurais, ligeras telas de velos y finalmente las finas telas que utilizaban las mujeres para hacerse sus vestidos. - ¿Qué te parece? - Preguntó el joven Samurai al ladronzuelo. - A mi me parecen todas preciosas - dijo con la boca abierta. En ese momento Kan reparó en que su amigo sólo portaba unos harapos que estaban totalmente destrozados, por lo que era natural que cualquier trozo de tela le resultara fantástica. - ¿Tenéis ropa para niño? - Preguntó Kan al mercader - Sí, en la parte de atrás joven señor - y lanzando una codiciosa mirada a la repleta bolsa del joven Samurai añadió - ¿Queréis finos trajes de fiesta quizás? - No - contesto Kan, y después de mirar a su amigo añadió - Pio necesita una ropa más práctica ¿No tenéis un Kimono del estilo de los Samurais? - Voy a mirar y le traeré algo de su talla - Dijo desilusionado el mercader, un kimono era una prenda corriente y barata, mientras que un traje le hubiera aportado muchos más beneficios. - ¿Un Kimono? - Preguntó Pio mirando de arriba a bajo a Kan - Te lo agradezco mucho... pero destacaría demasiado! En ese momento volvió el mercader con una codiciosa mirada en sus ojos. - Perdonarme joven Señor, pero Kimonos no tengo - y mostrando el bulto que traía escondido añadió - Pero tengo este precioso y ... resistente - dijo resaltando la palabra - traje para vuestro amigo - La prenda en cuestión era un traje de cuerpo entero que parecía muy práctico y discreto. Era de una sola pieza y se abrochaba por un lado con unos lazos de cuero blando. Sobre una tela gruesa y resistente estaban cosidas laminas de cuero, y en su interior un suave forro prometía un agradable confort. Kan miró disimuladamente a su amigo, el cual estaba visiblemente enamorado de esa práctica prenda. - Muy bien ¡Nos la quedamos! - Sentenció Kan - ¿Qué cuesta? - dijo abriendo su bolsa en la que relucieron muchas monedas. - Una moneda de oro Señor - dijo alargando rápidamente el mercader para tomarla el mismo de la bolsa... por si el niño no sabía distinguirla naturalmente. - ¡LADRÓN! - Gritó Pio... dejando totalmente paralizado al mercader que sólo se atrevió a retirar su mano vacía lentamente. - ¿Qué dices? - Preguntó el Joven Samurai a su amigo. - Qué es un Ladrón! Esta prenda no vale más de cinco monedas de bronce - Regateó el Joven Pillastre. - ¿De verdad? - dijo Kan mirando sorprendido al Mercader - Si me dijisteis una moneda de Oro! - ¿De oro dije? - dijo tímidamente, para reaccionar ante el regateo y contestar - Quise decir de Plata... quizás me confundí al decir Oro, pero iba a tomar una de Plata. Que es su valor justo y exacto. - Tomar entonces - Dijo Kan poniéndole una moneda de plata en las manos - Me parece justo! ¿Puede cambiarse en vuestra tienda mi amigo? - ¡Naturalmente! - Y señalando una cortina colgada contra una esquina de la calle dijo - ahí puede cambiarse el señorito. Pio corrió detrás de la cortina y se cambio rápidamente... y después de rebuscar entre los pliegues de los harapos los dejó tirados en una zona oscura de la calle. - Así si alguien los necesita podrá utilizarlos - Exclamó alegremente. Kan miró los roídos harapos dudando de que sirvieran ni de cama a un gato callejero. Callándose sus pensamientos miró a su reciente amigo y quedó sorprendido ante el porte que desvelaban estas nuevas ropas en sus carnes. - ¡Guau! ¡Qué bien te quedan! - Exclamó asombrado - ¿De verdad? - y mirándose en un espejo de bronce situado cerca del cambiarropa exclamó - ¡Parezco un niño normal! Ante el comentario a Kan se le calló el alma al suelo. - ¿Por qué estás en las calles? - Preguntó el joven Samurai. - Mis padres murieron hace seis meses, una peste mató a toda mi familia y a todos mis parientes... - Por las mejillas del niño caía una solitaria lágrima - yo enfermé también, pero un día desperté curado en una habitación llena de cadáveres... los aldeanos creían que estaba muerto y me tiraron junto a los demás. Yo conseguí salir... y escapé hasta aquí temiendo que me volvieran a encerrar en esa habitación. - Y después de tomar aire añadió - Desde entonces vivo de lo que puedo... mi padre era un mago, un malabarista, me enseñó muchos trucos... como sacar una moneda de una bolsa atada a un cinturón! Sin embargo no me gusta hacerlo si no es en un espectáculo de magia, mi padre me advirtió que hacerlo en la calle está mal y que es robar... - y mirando al suelo terminó por decir - pero mi estómago... Kan no sabía que decir, tenía el corazón destrozado. De momento no sabía que podía hacer, pero se prometió que después de encontrar la tela que buscaba encontraría una solución! - Estás telas no son demasiado buenas - cortó el incómodo silencio Pio - Aquí detrás del biombo he oído a una señoras decir que cerca de aquí hay un mercader que tiene unas telas mucho mejores que estas. ¡Quizás sea lo que estás buscando! - ¡Sí! - Respondió entusiasmado Kan - ¡Quiero la mejor tela del pueblo! ¿Dónde dijeron que era? - Allí enfrente, en esa casa verde! - Dijo señalando una pequeña casa pintada de verde que contaba con una extraña verja delante de su puerta. Tanto la verja como la puesta estaban cerradas, sin embargo vieron que en esos momentos salía de las casa una señora con un gran trozo de tela rosa muy fina y una gran sonrisa en su cara. - Preguntemos a la señora! - Y después de acercarse a la mujer con la tela en la mano preguntó - ¿Venden telas ahí? - Sí hijito sí, y las mejores del pueblo!!! - Y acariciando el gran trozo de tela rosa que llevaba en las manos añadió - Este trozo de tela es de una calidad muy superior a estas telas que venden por la calle. Y además me ha salido por un precio muy bueno ¡Mis amigas se van a morir de envidia con el vestido que me voy a hacer! - Y dando por terminada la conversación se marchó corriendo a su casa a empezar a hacerse su deseado vestido. - Esto quiero hacerlo sólo - dijo Kan - Necesito estar concentrado - y después de ver la cara de pena de su amigo añadió - ¿Por qué no tomas estas monedas y vas a jugar a esas atracciones que están en la plaza? Puedes ver el espectáculo de magia y venir a buscarme cuando termine ¿Lo harás? - Sí ¡Vendré a buscarte! - Contestó ilusionado al ver la sincera mirada de su amigo Samurai - ¡Suerte con tu compra! - añadió, y marchó corriendo a contemplar en espectáculo de magia que ya estaba comenzando. Kan se dirigió a la verja, había una campanilla y tirando de la cuerda la hizo sonar. Una criada de unos veinte años salió de la casa y abriendo la verja invitó a pasar al joven Samurai. Después de acompañarle hasta el salón de dentro de la casa y sentarle en unos cómodos cojines le indicó que esperara unos minutos. Kan miró a su alrededor, el Salón era grande y espacioso, su suelo estaba cubierto por una bella alfombra de muy alta calidad, en las paredes lucían unos exquisitos tapices y la ventana estaba tapada por una blanca y fina seda translucida que permitía pasar la cálida luz del Sol mientras guardaba la intimidad de la estancia. Aparte de estos adornos, ninguna otra tela había en la estancia. Kan extrañado ante la diferencia de este local y los de los mercaderes de la calle se preguntaba si realmente venderían las más finas telas en este sitio. Al momento entró un hombre alto, de mediana edad, con la cara rasurada y un pelo muy negro finamente cortado. Vestía un traje de una seda exquisita que producía un muy agradable sonido al frotarse pliegue contra pliegue. El hombre olía a menta y a incienso, en una agradable fragancia que penetraba lentamente por los pulmones. Kan no pudo resistir la tentación de acariciar la suave tela que conformaba el traje del hombre. - ¡Sí! ¡Esto es lo que busco! - Dijo plenamente convencido. - ¿Mi traje? - Preguntó el hombre con una mueca de sorpresa que no ocultaba una cálida sonrisa. - No perdón! - respondió Kan - La tela! Busco una tela de la más alta calidad. - ¿Para qué la quieres? - Preguntó - Para una... amiga - contestó el joven sonrojándose. - Entiendo - Contestó el hombre - ¿Y cómo es ella? - Preciosa - respondió Kan automáticamente sin haberlo pensado, después pensando que no sería bastante añadió - Es un poco mayor que yo, un par de dedos más baja... Y tiene un pelo negro precioso! - Aseguró. - Ya - dijo sonriendo ligeramente el hombre - ¿Y cómo es su piel? - ¿Por qué lo pregunta? - Preguntó extrañado Kan - Para poder escoger la tela ideal para tú... amiga. - dijo sonriendo - es imprescindible saber como es su piel, su cara, sus volúmenes, su personalidad, su edad y sus costumbres. Sólo así podremos escoger la tela ideal. - Ah! No lo sabía - respondió simplemente el joven Samurai - Pues como ya te dije debe tener uno o dos años más que yo, tiene el pelo muy negro, brillante y largo... hasta aquí - dijo señalándose la cadera - su piel es muy pálida, blanca como la luna. Es delgada, pero no demasiado. Tímida y vergonzosa... aunque tengo oído que también tiene buen genio cuando lo saca! Ayuda a su padre en la cocina y le gusta pasear sola por el campo y el bosque por las tardes... - e intentando hacer memoria añadió - y creo que no sé nada más. - Es más que suficiente! - dijo el hombre - Sólo necesito un dato más. - y mirándole añadió - La tela, es para un vestido ¿No? - Kan asintió con la cabeza - Y ese vestido es para trabajar o para pasear? Kan medito un momento, no estaba seguro, sin embargo si la tela iba a ser la mejor... mejor sería que fuese para pasear. - Para pasear! - Añadió al fin Kan. - ¿Y tú siempre vistes con esos colores? - Sí - Respondió automáticamente, y al darse cuenta de la pregunta añadió - ¿Por qué lo preguntas? - Bueno, si tu novia va a llevar el vestido cuando salga contigo a pasear por el bosque será conveniente que no desentone con tus colores... El hombre calló cuando vio la cara de sorpresa del joven. Kan se había quedado totalmente quieto, sin respirar siquiera ante la impresión, sólo sus pestañas se movían pestañeando continuamente... era una estampa de un muñeco de feria a tamaño real! - Perdona. - dijo avergonzado el hombre por su suposición - no quería ofen... bueno! Lo que quiera que se llame el estado en que estas. Kan dando cuenta de que estaba haciendo el más completo de los ridículos intentó recuperar la compostura desviando la atención hacía otra cosa. - ¿Qué tipo de tela me llevo entonces? - Preguntó directamente. - Lo mejor es una Seda, la más fina y exquisita de las telas. Es suave y un poco transparente, pero no demasiado. Dos capas bien colocadas son suficientes para formar el más pudoroso y bello de los vestidos. Con una textura ideal para la fina piel de tu... amiga - dijo sonriendo - El color habrá de ser tenue y suave para que haga juego con su blanca piel mientras que crea un bello contraste con el negro pelo de tú amiga. Quizás un... - y saliendo de la habitación añadió - Espera un momento que te traigo unas muestras. Kan estaba ya más tranquilo... ¿Qué le habría hecho pensar que era su novia? Si él todavía no tenía de eso... a pesar de las continuas insistencias de su madre, que aseguraba que ya tenía edad para comprometerse con algo más que con sus artes marciales. ¿Tendría razón? Los demás chicos con los que solía jugar de pequeño ya estaban todos prometidos o casados. y tenían su misma edad... cuando Kan estaba pensando esto entró el elegante hombre con tres trozos de la más bella tela. - Yo te aconsejo este azul suave, es como el cielo... pero un poquito más suave y brillante, para que resalte la belleza y la inocencia de su portadora - Y mientras decía esto puso el trozo de tela encima de una larga mesa que había en la estancia. - Este otro es del mismo verde que los retoños de primavera. Un color muy bueno para pasear por el bosque - Posó el bulto al lado del otro - Y este blanco es también ideal, contrastará con su negro pelo. Aunque si ella es demasiado pálida parecerá un fantasma... eso sí, muy bello. Como a Kan le parecía un disfraz de fantasma no sería el mejor regalo apartó la tela blanca a un lado. Después miro los dos trozos de tela restantes y decidió quedarse con el azul suave, pues era de un color parecido al que la hija del cocinero había manchado, sólo que mucho más bello y brillante, además la tela era exquisitamente bella y agradable al tacto. Sería un regalo perfecto! - ¿Cuánto cuesta? - Preguntó Kan echando mano a su bolsa. - El telar completo cuesta diez monedas de plata - Kan quedó sorprendido de que le dijeran un precio tan justo, sin duda por un producto de esta calidad le habrían pedido cien veces más en la calle... si hubiera conseguido encontrarlo! - sin embargo sólo necesitas llevarte un par de brazas, con lo que serán solo cuatro monedas de plata. - Me lo llevo todo - y posando las diez monedas de plata encima de la mesa añadió - Muchísimas gracias por tus consejos. Sin tu ayuda no habría encontrado nunca una tela de esta calidad. - Muchas gracias! - Respondió agradecido el hombre - Espera, guarda la tela entre este mantón de cuero blando, así no se te estropeará por el camino. - Y mientras protegía envolviendo la tela en cuero añadió - Por cierto ¿Quién te ha recomendado mi casa? - Bueno, en realidad nadie - y al ver la cara de extrañeza de su interlocutor añadió - En realidad pregunté a una señora que salió de su casa con una tela rosa magnífica. - Ah! ¡Ya me extrañaba a mi! - Y sonriendo añadió - Así que parece que fue la mano del destino la que te trajo a mi casa. - ¿Usted vive de esto verdad? - Preguntó Kan - Sí claro, es mi negocio! - y acordándose añadió - Y por cierto, mi nombre es Hano. Con las prisas de tu compra nos olvidamos de presentarnos. Y tú Samurai te llamas... - Kan, hijo de Kazo - Respondió orgulloso. - ¿El general de generales Samurai? - Preguntó sorprendido. - Así es! - Y dando cuenta de una cosa añadió - Y siendo usted comerciante... ¿Cómo es que no está en la calle pregonando sus productos a gritos en un tenderete???? - Bueno, es una larga historia, permíteme que traiga un poco de té. Al momento volvió con una gran bandeja de plata cargada de un té que despedía un delicioso aroma a menta. - Este es té mezclado con menta, una exquisitez que se toma en unos países muy lejanos. - Y después de servir una taza para cada uno empezó a contar su historia - Cuando quise abrir mi negocio no contaba con dinero suficiente para abrir un puesto en la calle. Las autoridades te cobran altos impuestos por ello, y además existen unos gastos inevitables entre comprar la madera y las pinturas. - Hano tomó un trago de su lujosa taza y continuó - La otra opción era coger mis telas e ir a venderlas por las casas, llamando en todas las puertas igual que hacen los vendedores ambulantes, en cuanto a esa opción... bueno, simplemente yo no valgo para eso! - mirando fijamente al joven añadió - Yo soy una persona muy tímida y aunque es cierto que enseguida conecto con la gente y que me gusta tratar con las personas soy incapaz de hacer una sola venta o de regatear decentemente... - Sin embargo me has vendido un gran trozo de tela - protestó Kan - Oh no! - respondió ofendido Hano - Yo simplemente me he limitado a aconsejarte sobre la tela que necesitabas y a ayudarte a escoger la mejor para tu amiga. Soy experto en telas, eso es cierto. Me formaron grandes maestros sobre el tema y se escoger el trozo de tela más conveniente en cada caso. Por eso he tenido éxito. Kan asintió mudamente para darle la razón, en ningún momento había intentado "venderle", es decir, empaquetarle un trozo de tela que no necesitaba o cobrarle de más, de hecho todo el tiempo había estado escuchando sus necesidades y después le había recomendado la cantidad exacta de la tela exacta que necesitaba. Después la decisión de comprársela a él y de coger más cantidad de la cuenta había sido del joven Samurai... de hecho el dueño del negocio de telas le había aconsejado que gastase menos de lo que finalmente gastó. - ¿Y entonces como llevas tu negocio? - preguntó intrigado Kan. - Pues de la única forma que yo podría hacerlo - Contestó Huno tomando otro sorbo de té - Como no sirvo para vender y no tenía dinero para abrir un puesto de comercio en la calle... pues abrí mi propio negocio de telas en el Salón de mi casa - El hombre sonrío con orgullo ante su gran idea. Kan todavía dudaba de que realmente la idea hubiera sido tan buena, no acaba de comprender como se podía llevar un negocio sin un puesto en el mercado, y así se lo dijo. - Pero... ¿Como puedes vender entonces? - Kan le miró extrañado - No tienes expuestas tus telas, alguien que pase por la calle no puede adivinar que tu vendes telas... ¿No tienen ventaja sobre ti los Mercaderes de afuera?? - Eso es lo que me decían mis familiares cuando les conté mi idea - Huno se reía abiertamente - sin embargo yo fui más inteligente que ellos, supe ver la realidad sin dejarme influenciar por los estándares predefinidos. - ¿Qué quieres decir? - Pregunto el joven Samurai - Todo el mundo cree que para llevar un negocio con éxito hace falta tener un tenderete en la calle para exponer tus productos... o si no lo tienes ir picando por las puertas de las casas para intentar vender ¡¡¡No pueden estar más equivocados!!! - Huno estaba entusiasmando por lo inteligente que había sido - ¿Te has fijado en los tenderetes de fuera? - Sí - respondió Kan - De allí vengo! - ¡Exactamente! - Contestó enérgicamente Huno - ¡De allí vienes! - Y después de mirarle durante un segundo para aumentar el misterio añadió - En la calle la competencia es increíble, cientos de Mercaderes tienen sus tenderetes y se hacen una competencia mordaz unos a otros. ¿Por qué? Porque existen tantos puestos que los ciudadanos normales ya no saben donde ir. La mercancía de todos los puestos es muy parecida, los precios también... y todos son personas desconocidas en las que uno nunca sabe si puede confiar... ¿Estás de acuerdo con esto que te digo? Kan asintió con la cabeza, recordó como el mercader de la calle había intentado cobrarle de más por una prenda, recordó como todas las mercancías eran más o menos iguales, recordó la avariciosa mirada de los mercaderes... a los que solamente les importaba su oro, no sus necesidades ni sus gustos. Lo único que querían era vender para obtener beneficios. Realmente era bastante desagradable comprar en esos puestos... Era imposible encontrar a un solo mercader totalmente honrado! - Pues yo me di cuenta de que lo que la gente buscaba era alguien en quien poder confiar y... que les aconsejase sinceramente! - continuó orgullosamente Hano - así que decidí abrir mi propio negocio, totalmente distinto a los demás. ¡Eso hace que no tenga competencia! - Kan estaba sorprendido ante la simpleza y lo obvio de la solución tomada por Hano... así como de la realidad de la situación, nunca había visto las cosas de esa forma - Además yo tuve muchos menos problemas que cualquier mercader al principio. - Al ver la mirada interrogante del joven decidió aclarar más el asunto - Normalmente, para abrir un tenderete en la calle tienes que pedir permiso a las autoridades, rellenar mil y un papeles, pagar impuestos abusivos, desperdiciar el dinero en arreglar el local... y luego pasarte horas y horas en tu tenderete esperando a que los clientes se acerquen y te compren algo... ¡Es un riesgo increíble! - aseguró - Para ganar dinero de esta forma tienes que poder disponer de toneladas de dinero antes... y si no lo tienes pedirlo prestado a un usurero que andará toda la vida detrás de ti cobrándote intereses... - Entonces exclamó alegremente - ¡Yo lo hice más fácil! Simplemente abrí mi negocio en el Salón de mi casa, lo adorné un poco... y el dinero que tenía, en vez de gastarlo en impuestos y tonterías... lo invertí en conseguir las mejores telas de la más alta calidad. Dicen que "Paño de oro sólo se vende! ¡Y es verdad! Kan estaba impresionado ante la inteligente filosofía de Huno. - Lo primero que hice - Continuó Hano entusiasmando - fue avisar a TODAS mis amistades y familiares de que había abierto mi propio negocio de telas. - Hano sonrío recordando aquellos tiempos - Les envíe cartas a todos con pequeños catálogos describiéndoles mis telas y su alta calidad. A todos las personas que conocía les informaba de que tenía un negocio de telas de la más alta calidad... - Kan empezaba a comprender mientras el hombre hablaba - Al principio me preguntaban porque preferían comprar a un amigo que a un desconocido ¡Esto es obvio! De un desconocido no te puedes fiar... pero en un amigo confías, así que se sentían más seguros comprándome a mi. - el hombre señaló las telas - Cada amigo que me compraba quedaba encantado por dos cosas. La primera que yo siempre le aconsejaba sinceramente sobre lo que necesitaba, y la segunda porque mis telas son de la más alta calidad ¡No tengo competencia en este sentido! - dijo acariciando las sedas que tenía encima de la mesa - Además mis precios, aunque no son baratos... tampoco son demasiado altos, intento ser justo en ellos, de tal forma que mis clientes paguen exactamente lo que vale la tela y que yo me lleve un buen beneficio. - Hano se rió feliz - Además mis márgenes son mucho mayores porque no tengo ningún gasto, no tengo que pagar un local ni impuestos sobre él. Naturalmente doy a las autoridades la parte que les corresponde... pero como no tengo otros gastos ¡Gano mucho más que los mercaderes de la calle! ¡Y sin tantos problemas! - ¿Y cómo haces saber a tus clientes que tienes nuevos productos? - Preguntó Kan - y ¿Cómo consigues nuevos clientes? - Oh! ¡Muy fácil! - dijo sonriendo ante la sencillez de su método - Simplemente les escribo cartas. Suelo dedicar una parte del día a escribir cartas a mis amistades y a mis clientes informándoles sobre mis productos, sus cualidades y alguna oferta especial que hago de vez en cuando. Esa es toda la publicidad que necesito - y añadió - En cuanto a cómo consigo nuevos clientes... ¡Me los buscan mis clientes! - ¿Cómo es eso? - Preguntó extrañado el Joven Samurai - Muy fácil! Mis clientes están todos muy satisfechos de mis productos, así que me recomiendan a sus amistades... no es raro que un cliente me traiga a cuatro o cinco clientes en un par de meses... lo cual hace que mi clientela vaya creciendo poco a poco. - Es maravilloso - exclamó el joven - y todos lo hacen? ¿Todos te traen clientes? - Casi todos - dijo el elegante hombre girando la cabeza hacia un lado, y con una picara sonrisa añadió - a los que no lo hacen les pregunto si conocen a alguien a quien pueda interesar mis productos, anoto sus direcciones y les escribo una carta diciéndoles que su amigo me ha dado su dirección y que les recomienda mis productos únicos, les describo mis productos y les digo que si quieren alguna referencia que le pregunten a su amigo. Kan reconoció internamente que era una jugada muy inteligente y decidió que a partir de ahora les preguntaría a todas las personas que rechazasen ser Samurais si conocían a alguien a quien pudiera interesarle, eso haría que pudiera reclutar a mucha más gente, también decidió recomendar a todos su Samurais que hicieran lo mismo que él. - Por cierto joven Kan... ¿Conoces a alguien que le pueda interesar mis telas de alta calidad? - Preguntó Hano como si tal cosa. - Sí claro! - respondió automáticamente Kan - Escribe a mi madre, al palacio de Kazo, el general del generales. Compra muchísimas telas, estoy seguro de que estará encantada con tus productos... Y también a Escila, es una mujer Samurai muy bella que siempre anda mirando trapitos... puedes mandarles mi recomendación. - Muchas gracias! ¿Te importaría darles mi tarjeta? - ¿Tarjeta? ¿Qué es eso? - Preguntó curioso Kan - Mira, es esto - Y le tendió un bello trozo de cuero con unas letras y dibujos grabadas a fuego en él. - Tiene escrito mi dirección y una breve descripción de los productos que llevo, es una buena arma de publicidad. Como es muy original llama la atención y hace que las personas que quieran comprar una tela se acuerden de mi. - y después de un momento de silencio añadió - Naturalmente también les mandaré una carta, así les picará la curiosidad y querrán comprobar por si mismas la calidad de las telas. - Hano sonrió - como verás utilizo técnicas poco comunes para llevar mi negocio. - ¡Por mi Katana que SÍ! - respondió Kan - Aunque por el lujo que veo en tu habitación y en tus vestidos te debe de ir muy bien! - Sí, es cierto! - le dio la razón el hombre acariciando su caro traje - al principio no tenía muchos clientes, pero ahora ya son casi cien! - No son muchos para un negocio - respondió Kan escéptico. - No para un negocio normal - le dio la razón Hano - sin embargo mis clientes son muy fieles, y siempre que tienen que comprar algo vienen a mi, en la práctica atiendo a dos o tres clientes cada día. - Y haciendo un gran gesto con su brazo para cubrir todo su salón añadió - vienen a mi casa, nos reunimos en este salón, me cuentan lo que necesitan, yo les aconsejo y se marchan con la mercancía que necesitan... y muy contentos. - y terminó diciendo - Además, como mis márgenes son amplios me proporcionan unos ingresos bastante altos... como bien puedes ver por el lujo que me rodea. - ¡Eres un genio! - Halagó Kan al hombre - ¡¡¡Vaya olfato para los negocios!!! Has logrado tener un gran éxito en un mercado tan saturado como es el de las telas gracias a tus técnicas! El hombre sonrío tiernamente por única respuesta, era agradable que le reconocieran sus méritos cuando al principio le habían tachado de loco. Ahora que tenía éxito los hechos demostraban que tenía razón. Era agradable que alguien se lo reconociera. -Bueno, entonces me marcho. - Dijo al fin Kan - Le daré tú tarjeta a mi madre y a Escila con mis recomendaciones... llevas las mejores telas de la comarca, estoy seguro que más adelante vendrán de muy lejos para comprarte! - Muchas gracias - contestó sencillamente Hano - serás bien venido siempre que vengas Samurai. En ese momento entró la mujer que le había abierto la puerta y conducido a Kan al Salón con un paquete en la mano. - Toma este regalo - dijo tendiéndoselo - es un osito de seda que cosí para mi hijo... - y una mueca de tristeza cubrió su rostro - tú podrás darle mejor uso. - ¿Qué le pasó? - Preguntó el joven Samurai temiendo una desgracia. - Nada - contestó Hano por la mujer - Mi esposa y yo nunca hemos llegado a tener hijos... parece que el destino nos niega esa última cosa que nos haría ser totalmente felices. - ¿Tú mujer? - preguntó Kan, ella tímidamente asintió afirmativamente con la cabeza - ¡Oh! Debeis disculparme! En un principio creí que era una criada... por la forma de moverse. - y agachando la cabeza en una reverencia ante la mujer añadió - ¡Discúlpeme señora! ¡Discúlpeme! - ¡No te preocupes joven Samurai! - respondió ella graciosamente - Suele pasar, incluso es bueno para el negocio. Yo antes era la criada de mi querido esposo... con el tiempo nos enamoramos y nos casamos. - dijo enseñando un dorado anillo en su dedo que indicaba que estaba casada - El siempre insiste en que me vista como una señora... sin embargo yo me siento más cómoda con ropas sencillas, paso desapercibida en el mercado y nadie me molesta. De repente a Kan se le ocurrió una idea brillante... ¡El destino estaba de su lado! - ¿Desde hace mucho que deseáis un hijo? - Preguntó a la mujer. - ¡Una eternidad! - contestó - o al menos eso me parece a mí. ¡Daría todas la riquezas de mi marido por un hijo al que cuidar! Kan miró de reojo a Hano y vio que estaba acostumbrado a este tipo de comentarios de la mujer, así que decidió preguntar. - ¿Y si yo te diera uno? - ¿Cómo? - Preguntó extrañada la mujer. - Conozco a un huérfano que apenas tendrá seis años. Es un chico muy alegre y guapo, tiene una gran habilidad con las manos y necesita mucho amor... y un techo que le proteja del frío invierno. No tiene a nadie que lo cuide y le quiera... quizás podrías cuidarlo como si fuera tu propio hijo, abrazándolo y queriéndolo como a tal. - Y mirando a Hano añadió - Y así tú tendrías a alguien a quien enseñar tus conocimientos sobre telas... un niño que haría muy feliz a tu mujer ¿Qué te parece? - ¡En vaya compromiso me has metido! - contestó el hombre - Primero le metes las ganas a mi mujer de cuidar a ese niño y después me cargas la responsabilidad a mi! ¿Seguro que eres un joven Samurai y no un anciano Clérigo? - Puedo ser más malo si quereis - contestó sonriendo Kan con cara de pillastre. En ese momento sonó la campanilla de la verja y la mujer fue a abrir la puerta, al momento volvió con un niño. - Este niño tan mono pregunta por ti Kan - dijo la mujer - dice ser tu guardaespaldas - añadió acariciando el pelo de Pio. - Es de quien te había hablado - dijo directamente Kan a la mujer con tranquilidad, después de todo estaba haciendo una buena obra para ambas partes. Pio necesitaba unos padres y la pareja necesitaba un hijo. Así que lo más lógico es que vivieran juntos. - ¡Yo no he hecho nada! - Respondió automáticamente el niño. - Ja! Parece que está acostumbrado a armarlas! - Rió Hano nervioso viendo la encerrona en la que le estaban metiendo... no es que le disgustase la idea de adoptar al niño, el estaba tan deseoso como su mujer, sin embargo quería saber si el niño le gustaba realmente a su esposa - No sé, no sé ¿Tú que dices cariño? - Es precioso dijo agachándose para ponerse a su altura. - Gracias - contestó Pio sin saber de que iba el asunto - No me iras a vender verdad Kan??? - ¿Yo? - Contestó el joven Samurai sorprendido ante la pregunta de su amigo - solo estoy aconsejando a este matrimonio tan amable... - dijo recordando las palabras de Hano - y encontrando la mejor solución para todos - dijo sonriendo orgulloso ante su ingeniosa respuesta. - Pero dará mucho trabajo - replicó Hano - No sé cariño, si fuera algo más mayor... El hombre calló inmediatamente al ver la fulminante mirada de su esposa, y abrazando al niño como si fuera suyo dijo. - Hano! Como no adoptemos a este niño vas a dormir en el cuarto de las telas durante toda tu vida - y terminando de decir esto empezó a llenar de besos la cabecita del niño que los recibía con el mismo agradecimiento que un sediento gotas de agua. - Bueno! ¡Parece que no me queda opción! - contestó su marido haciéndose el hombre perjudicado... aunque su corazón estaba rebosante de alegría por su reciente adopción - ¡Puedes considerarte nuestro hijo desde este mismo momento! - dijo mirando a Pio. El pequeño niño, incapaz de contestar por la emoción, se abrazó contra su nueva madre llorando de alegría. - ¡Mamá! - dijo al fin entre suspiros y lloros. - Eh... creo que sobro - dijo Kan incómodo - me marcho a llevar mi paquete ¿Puedes pasar a verme mañana al campamento? - preguntó a Pio, este asintió entre sollozos de alegría. De repente una nube de humo apareció tras una ligera explosión, momentos después el humo se había disipado y Kan había desaparecido haciendo gala de uno de sus trucos Samurai. En la calle Kan se seco la frente, podía oír las exclamaciones de sorpresa dentro de la casa y los sollozos de todos por la gran felicidad que les había traído ese día el destino. Se puso a caminar feliz por la buena obra que había hecho... y por haber conseguido la tela que buscaba. Estaba tan contento que se puso a correr hasta el campamento, sus pies parecían flotar sobre la hierba mientras él corría y corría cargado de energía y felicidad. - Hola mamá! - Dijo Kan viendo a su madre al entrar en el palacio. - Kan ¿De dónde vienes tan sudado? - Preguntó extrañada, los ejercicios físicos se hacían por la tarde y aun no era medio día. - Del mercado, de comprar una tela para un vestido - dijo sencillamente, y después de darle un beso a su madre añadió - voy a cambiarme a mi habitación, quiero entregar la tela antes de comer en el campamento. Su madre asintió con una extraña sonrisa en su boca que el joven Samurai no pudo identificar, como tenía prisa fue a lavarse y a cambiarse rápidamente. Poco después salía de la casa perfumado y limpio. Su madre, a la que no se le había pasado un solo detalle por alto mando a Gui, un Samurai experto en camuflaje que siguiera a su hijo y le informara después de todo lo que había hecho, así como dónde llevaba el paquete. Kan vio a su amiga a las afueras de la enorme tienda que servía como cocina al ejército. Había supuesto que estaría aquí, puesto que sólo faltaba una hora para comer. Estaba sentada sobre la hierba con su larga cabellera negra extendida sobre su espalda, el Sol se reflejaba en su pelo dando aquella sensación de que las estrellas vivían entre sus cabellos. El joven Samurai estaba silenciosamente colocado a su espalda, y se sorprendió cuando vio que su mano estaba a punto de acariciar ese pelo que le tenía tan fascinado. Retiró la mano con un brusco movimiento que puso sobre alerta a Rosana, que se dio la vuelta rápidamente mientras que poniéndose de pies se fijaba en Kan. - Perdona - dijo el joven Samurai - No quería asustarte. - Hola! - Respondió la joven - No te preocupes, estoy acostumbrada con tanto Samurai por los alrededores - dijo sonriendo - te acabas acostumbrando cuando vives en un campamento Samurai. Kan sonrío, nunca lo había pensado! Para él era de lo más normal encontrarse de repente con un amigo a un lado o con su padre en su espalda tocándole el hombro con su mano, símbolo de que le había pillado por sorpresa. - ¡Tienes razón! ¡No me había dado cuenta! - Dijo rascándose la cabeza despistadamente - ¡Qué observadora eres! - Rosana se río ante la idea de que ese joven Samurai, que según decían era el más prometedor de todo el ejército no se hubiera dado cuenta de algo tan obvio. - Eh... Rosana, quiero pedirte disculpas por mi comportamiento de ayer, no pretendía avergonzarte de esa manera. - No fue culpa tuya - contestó ella sentándose sobre la hierba e invitando que el joven Samurai se sentara a su lado - fue culpa de ese maleducado de Omius que me puso en ridículo delante de todos... - y haciéndole un guiño de complicidad a su nuevo amigo añadió - hoy he añadido cinco guindillas a su plato ¡Va a saber lo que es bueno ese sinvergüenza! Kan agradeció internamente que le echara la culpa a su Samurai y no a él... parecía que los rumores sobre su terrible genio eran fundados! - Yo quería darte esto para compensarte por el incidente... - y tendiéndole el paquete de cuero espero a que lo cogiera. Rosana miró el paquete extrañada, tenía una forma extraña y supuso que sería una bolsa de shurikens o alguna otra arma rara Samurai... de todas formas lo tomó para no ofender al joven y después de dudar si abrirlo ahora o más tarde decidió que ya que el chico se había tomado la molestia debería agradecérselo en el momento. Bajo la atenta mirada de Kan empezó a desatar las correas que mantenían cerrado el paquete para encontrarse... ¡Con el trozo de tela más bonito que había visto nunca! Su color era perfecto! un azul claro precioso, su tacto era increíblemente suave... ¿Podría ser...? Sí! ¡Era Seda! Seda de verdad! Cuando lo acariciaba sonaba un delicado sonido que hacía desear tenerlo puesto, acarició el trozo de tela contra su cara y miró feliz al joven. - Kan, es precioso! ¿Cómo has podido escogerlo tan bien? - Y antes de que el joven pudiera contestar añadió - ¿Por qué me lo has regalado? ¡No hacía falta! pero... ¡Es tan precioso! No sabía que fueras experto en telas! - Y abrazándolo de alegría añadió - ¡Oh Gracias Kan! El joven Samurai no sabía que hacer, no había esperado una reacción tan exagerada por parte de Rosana, en el fondo no era más que un trozo de tela... o así lo veía él! Sin embargo estaba feliz por su amiga... y cerró los ojos para poder aspirar mejor el ensoñador perfume que surgía de los cabellos de la chica. Ella le soltó y empezó a medir si la tela sería suficiente para coserse un vestido... mientras tanto Kan no se había dado ni cuenta de que la había soltado y estaba idiotamente sentado con los ojos cerrados balanceándose ligeramente... sólo despertó al oír el gritito de alegría que soltó la chica al comprobar que tenía para más de dos vestidos con aquel trozo de tela tan hermoso. - ¡Eres un cielo! - le dijo - ¡Hoy tendrás ración doble! - y echó a correr hasta su casa para guardar el trozo de tela en un sitio donde fuera imposible que se estropeara - ¡Gracias Kan! - Gritó mientras se alejaba. Kan siguió un rato sentado viendo como se alejaba graciosamente sin darse cuenta de que dos personas le observaban a escondidas, una Gui, el Samurai mandado por su madre para espiarle y otra el Cocinero, el padre de la joven. Para cuando despertó de su ensoñación ambos habían marchado y ya era hora de comer. Kan se levanto feliz por los acontecimientos del día. Había encontrado una familia para un niño y había hecho feliz a una nueva amiga... Aun y así el joven Samurai no acababa de comprender por qué su corazón, loco de alegría. Intentaba escapar de su pecho para seguir a aquella joven en su graciosa carrera. El Cocinero El Sol del mediodía caldeaba el ambiente prometiendo un día caluroso, la única esperanza de frescor provenía de una lijera brisa del norte que mecía suavemente las verdes copas de los árboles contra el cielo azul. Los olores a comida hacían rugir los estómagos de los Samurais congregados en el comedor a cielo abierto del ejército Samurai. Ya se estaban sirviendo los primeros platos y el joven Kan estaba muerto de hambre tras una mañana muy ajetreada. Las voces de miles de Samurais invadían el ambiente, sin embargo el joven Samurai no escuchaba ninguna, no podía dejar de recordar a Rosana corriendo por encima de la verde hierba mientras le daba las gracias por haberle regalado aquella preciosa tela para que se hiciese un vestido. - Aquí tiene su ración doble joven Samurai - dijo una voz despertando a Kan. El joven Samurai miró a su lado y encontró allí al cocinero que le estaba sirviendo su ración. - Muchas gracias! - contestó Kan - ¡Estoy muerto de hambre! - y agarrando un trozo de pan se puso a comer vorazmente el delicioso guiso que le había servido el cocinero - Esta riquísimo - farfulló con la boca llena de comida mientras se alejaba el concinero del ejército. - Vaya suerte Kan! - Dijo Omius, su primer Samurai, a su lado derecho - Estoy de acuerdo con que te den doble ración - el Samurai Invencible miraba con envidia el gran plato de su joven superior - eres joven y tienes que crecer... pero yo llevo pidiendo doble ración desde hace un mes y no me han hecho ni caso! - mostró su plato igual al del resto de la mesa para demostrarlo - No es que me quede con hambre... pero soy un hombre maduro y musculoso... - dijo a la par que marcaba los grandes músculos de sus brazos... mientras que a la Bella Escila, sentada en frente suyo se le caía la cuchara de las manos a medio camino de su boca. Por alguna razón nadie se dio cuenta del percance de la chica para su tranquilidad - ¡Necesito más comida! - Añadio el exGuerrero - Estoy harto de ir a la posada del pueblo a tomarme una comida extra cada día... ¿Qué narices has hecho? - y bajando la voz susurró - Yo he intentado sobornar al cocinero, a los camareros... ¡Y nada! ¡Son incorruptibles! Dime que has hecho - dijo levantando la voz - me tienes intrigado. Kan miró a Omius como si este estuviera loco ¿Sobornar a un camarero para que le diera más comida? ¡Qué tontería! La comida era medida exactamente según las necesidades de cada Samurai para que se mantuviera en la mejor forma posible, Omius era amigo de grandes comilonas que si no controlaba harían que sus grandes músculos acabasen siendo grandes sacos de grasa, el cocinero se lo había dicho mil y una veces sin que le hiciera caso... ¿No aprendería nunca? Bueno, después de todo antes había sido un Guerrero, y aunque ahora era un Samurai seguía arrastrando alguna que otra mala constumbre... - No he necesitado ningún soborno - dijo por fin Kan - La doble ración me la prometió Rosana - Al ver la cara de extrañeza de Omius aclaró - La hija del cocinero, la chica a la que ayer avergonzamos sin querer y que se manchó aquel vestido nuevo al caérsele encima la bandeja de la carne. - Recuerdo la mancha - dijo Escila - No se quitará nunca, es una pena que un vestido tan bonito se perdiera así - y tomando su vaso echó un elegante trago. - ¡Increíble! - dijo sorprendido Omius - Así que avergüenzas a su hija, le estropeas un vestido y te dan doble ración - y negando con la cabeza terminó - Me parece que voy a ir corriendo a decirle al cocinero que realmente fui yo el causante de la vergüenza de su hija ¡A ver si me da otra ración! - y abriendo enormemente la boca empujó la mitad del guiso dentro de su boca con un enorme trozo de pan, como no le cabía más la cerró y empezó a masticar a toda prisa intentando tragarlo todo sin apenas masticar. Escila estaba visiblemente escandalizada y Kan avergonzado porque su primer Samurai mantuviera tales modales a la mesa. Le iba a decir cuatro cositas cuando recordó la amenaza de Rosana. Ella sabía que el culpable del malentendido había sido Omius, hacía unos momentos, cuando Kan había hablado con ella, había asegurado que a Kan le iba a dar doble ración y a Omius le iba a poner cinco guindillas picantes en su plato. El primero de los puntos se había cumplido... y si el segundo de los puntos era cierto... con el gran bocado que había tomado Omius... Era bien visible que la chica había cumplido su venganza, ya que la cara de Omius se estaba tornando de un rojo intenso... Aun así el Samurai estaba intentando guardar la compostura, pues creía que todos los platos eran igual de picantes y no quería ser él quien se quejase y quedase en ridículo. Así que haciendo un esfuerzo de voluntad se tragó todo aquel bocado poco a poco y cerrando los ojos para contener las lágrimas estiró la mano para coger su vaso de agua. Kan se lo acercó en un acto de piedad mientras intentaba aguantar la risa, puesto que era el único de la mesa que sabía que el plato de Omius estaba "trucado". - No te ha gustado la comida Samurai Omius - Dijo Escila al ver la extraña cara de su compañero - Está un pelín alegre para mi gusto, pero sin duda un guerrero experimentado como tú habrá comido cosas peores - aseguró inocentemente. - Sí, así es - contestó Omius después de haberse bebido su vaso de un solo trago y mientras se servía otro vaso más se quejó para si mismo - ¡Un pelín alegre dice! ¡No sabía que estos Samurais eran tan amigos del picante! - ¿Decías? - Preguntó Escila - No, nada... - aseguró el Samurai atormentado por las guindillas - que está delicioso, en su punto diria yo - Y agarrando su cuchara se introdujo otro bocado en la boca, intentando apaciguar el sabor a picante con un gran trozo de pan de arroz. - ¡Qué chico más raro! - susurró Escila a Kan que apenas podía contener la risa. - Tienes razón - contestó por lo bajo a Escila - pero vaya aguante que tiene! - La bella Samurai, que no comprendía nada miró extrañamente al joven con una mirada que Kan todavía no conocía, una mirada que decía "¡Hombres! ¡Están todos locos!" y continuó comiendo su ración tanquilamente. Por su parte el joven Samurai aceleró su ritmo de comida puesto que ya estaban empezando a servir los postres. En este momento Kan se dio cuenta de que Rosana no estaba por los alrededores y se dio cuenta de que había un detalle que no encajaba ¿Cómo sabía el cocinero que ella le había prometido doble ración? Ella había marchado a guardar su tela en su casa y según parecía no había vuelto. El joven decidió resolver el misterio preguntándoselo directamente al cocinero después de comer. Antes de finalizar su postre, Omius, que ya estaba rojo como un tomate. Se excusó diciendo que tenía muchos ejercios que prácticar, el primero la carrera y el segundo la natación... tras lo cual salió corriendo hacia el río como alma que lleva el diablo. Kan que no podía aguantar más rompió a reir estruendosamente ante la extrañada mirada de todos sus Samurais. Después de la comida todos los Samurais retornaron a sus labores. Kan, con la excusa de agradecer al Cocinero la doble ración se acercó a la gran cocina instalada bajo una enorme tienda de campaña Samurai. - Hola! - dijo asomándose por entre los plieges de la cortina que hacía de puerta - Está el Cocinero por aquí! - Sí llego a ser un lobo te como - Exclamó una voz a su izquierda. Kan miró en esa dirección y vio al cocinero tomando su chaqueta de una percha situada al lado de la puerta. Era un hombre grande y grueso, Kan nesitaría un brazo más para poder rodear su gran cintura. Tenía el pelo corto y negro como el ala de un cuervo. A pesar de haber pasado toda la mañana en la cocina estaba totalmente limpio, y sólo el agradable olor a especias que desprendía revelaba su verdadero trabajo. - Quisiera hablar con Usted un momento... - afirmó el joven Samurai - si puede naturalmente. - Puedo, puedo - afirmó mientras movía su enorme papada de arriba a abajo - yo ya he terminado mi trabajo, ahora les toca a los camareros recogerlo y limpiarlo todo hasta la hora de la cena cuando volveré a ensuciarlo todo con mi sabrosa comida - comentó mientras se acariciaba su gran panza con orgullo. - pero salgamos afuera, ya estoy cansado de estar en esta tienda. ¿Podemos hablar mientras camino a mi casa? - Naturalmente - respondió Kan y ambos se pusieron a caminar hacia la casa del cocinero en el pueblo. - Y bien ¿Qué es lo que querías perguntarme? - Y mirándolo pícaramente añadió - es sobre mi hija quizás. - el hombre gordo miró fijamente al jovenzuelo para asimilar su reacción lo mejor posible... y se sorprendió al ver la sincera mirada de inocencia que le lanzó el Samurai. - No directamente - contestó Kan - lo que quería era preguntarle como sabía que Rosana me había prometido doble ración. - Eh... - El Padre de Rosana no sabía hacia donde mirar - pues... - Kan estaba muy extrañado por la peculiar reacción del cocinero - Mira chico, no quiero mentirte - contestó al fin - os vi a los dos por casualidad en el patio, cuando estabais juntos y Rosana te prometía la doble ración. También vi como se alejaba con la tela entre sus brazos, y conociéndola supuse que se quedaría encerrada en casa hasta que cosiera el vestido. - y golpeando sonadamente su panza con ambas manos añadió - Como era obvio que ella no podría cumplir su promesa decidí cumplirla yo mismo! - y mirando fijamente al joven añadió - El honor de mi hija es muy importante para mi ¿Sabes? - No lo sabía - contestó sinceramente Kan - aunque eso esta muy bien, va de acuerdo con el código de honor de los Samurais. El Padre de Rosana se paró en seco para mirar fijamente, de arriba a abajo, al jovencito que tenía delante de si. ¿Podía ser realmente tan inocente como parecía?... después de ver sus ojos, que mantenían su mirada sin amenaza ni falsedad, y su dulce sonrisa... decidió que aunque pareciera imposible este chico era real. Y menando la cabeza volvió a andar lentamente. - Te estoy muy agradecido Kan - dijo al fin - mi hija estaba muy ilusionada con su vestido nuevo, el que manchó - el joven asintió con la cabeza para indicar que sabía de sobra a que vestido se refería - me había estado pidiendo esa tela durante semanas. Sin embargo el sueldo de un cocinero no da para mucho... pero al fin se lo compré. - una sonrisa de orgullo se reflejaba en sus ojos - Estaba tan contenta que se encerró una tarde entera cosiendo su vestido, y al día siguiente no quería quitárselo. Le advertí que se pusiera otra cosa - dijo resaltándolo con una mano - pero ella insitió en que nunca se había manchado sirviendo una mesa... - la cara del cocinero reflejaba orgullo y pesar al mismo tiempo - y eso era cierto... hasta ayer que se le cayó toda la bandeja por encima... - al recordarlo el enorme hombre meneaba la cabeza negativamente- destrozando la carne... ¡Y el vestido! - y golpendo su barriga añadió - Se pasó llorando toda la noche! y tuve que dárselo de comer a los perros. ¡Un verdadero desperdicio! - ¿Le diste de comer un vestido a tus perros? - Preguntó asombradísimo Kan. - ¡No hombre! - contestó golpeando con fuerza la espalda del joven - el vestido no... ¡La carne! Kan se relajó, ese hombre era un tanto extraño... aunque parecía buena persona. - Quise comprarle otro trozo - continuó el Cocinero, que al ver la cara de extañeza de Kan agregó - de tela, para que se hiciera otro vestido... - y mirando con visible envidia la espada Katana del joven terminó - pero los concineros no ganamos tanto como los Samurais! - Parece que te gustaría ser Samurai - dijo directamente Kan. - Si, es cierto - respondió sinceramente el padre de Rosana. - Entonces ¿Por qué no lo eres? - al joven le parecía extraño que conociendo la orden como debía conocerla aun no se hubiera alistado si lo deseaba. - Bueno, yo soy coninero - respondió el enorme hombre, que ante la cara de incredulidad de Kan añadió - bueno, en realidad es por esta gran panza mia. ¿Te imaginas a un Samurai rebotando contra el suelo en los ejercios diarios? - ¡Eso es una tontería! - respondió el joven Samurai - ¡Como si tu forma física importara! ¡Ya te pondrás en forma poco a poco! - Y enfatizándolo con los brazos añadió - ¡Eso es lo que se enseña! No importa lo que seas ahora, sino lo que puedes llegar a ser con el entrenamiento. El cocinero asintió dándole la razón a Kan, en el fondo estaba ansioso por ser un Samurai, pero para ello necesitaba que algún Samurai lo tomara como aprendiz y el núnca se atrevería a pedir tal cosa a nadie. - A media tarde - dijo Kan finalmente - pásate por mi tienda, yo te nombraré aprendiz Samurai, te daré tu espada Katana y te enseñaré las artes Samurai... - y dándose cuenta de una cosa preguntó - por cierto ¿Cómo te llamas? - Soy Grad'ui - y acariciando su gran barriga añadió - Aunque puedes llamarme "Grande" todos mis amigos me llaman así... y me gusta! - Muy bien Grande, ¿Vendrás? - ¡Puedes apostar por ello! - dijo resaltando el hecho golpeando amistosamente el hombro de Kan... donde le salió un feo moretón horas más tarde - llevo años escuchando entre las mesas del comedor las técnicas y la filosofía Samurai. Se puede decir que soy un Aprendiz con Ventaja. ¡Ya verás que sorpresa te doy! - Espero que no sea otra doble ración - contestó alegremente Kan - hoy estoy que rebiento, creo que tendré que ir a mi tienda a dormir un poco para poder dijerirlo todo. - Pues vete y descansa joven Samurai - respondió Grande - Que te quiero bien despejado para cuando me nombres Aprendiz esta tarde. - Y apretando el puño a la estilo de los samurais gritó - ¡¡¡GAMBARUZO!!! - el saludo Samurai que significa "Me esforzaré totalmente" - ¡¡¡GAMBARUZO!!! - Respondió Kan... y marchó hacia su tienda a preparar las cosas... no sabía si en todo el campamento encontraría un Kimono de la talla de Grand'ui! Mientas pensaba en esto no escuchó una voz que susurraba detrás de un arbusto... "Querida, es nuestro hijo, no me parece bien que nos escondamos de él... recuerda que yo soy un general de generales" ni a otra voz más aguda que contestó "Tú serás todo lo general que quieras... pero en este tipo de asuntos mando yo. Asi que cállate! Como nos oiga te acuerdas...". Kan tampoco notó el chillido de dolor ahogado de un hombre mayor que detrás de unos arbustos había sido golpeado con un abanico en la cabeza. Era media tarde y Kan no había conseguido encontrar un Kimono adecuado para la talla de Grad'ui, gracias al cielo había encontrado un gran cinturón del que colgar su Katana de aprendiz. Esperaba que fuera suficiente puesto que no había podido hacer otra cosa. Grand'ui se acercaba por el camino vestido con un gran kimono Samurai, el joven Samurai dio gracias internamente porque el mismo cocinero se hubiera proporcionado a si mismo unas vestiduras correctas. - Buenas tardes Samurai - Dijo contento el enorme hombre con una descomunal sonrisa de oreja a oreja. - Buenas tardes Grande - contestó Kan - ¿Estás preparado? - Nunca lo he estado más! ¡Gambarazo! - contestó efusivamente. - ¡Gambarazo! - Contestó el joven Samurai contento de que un aprendiz contara con tanta pasión... y empezó la ceremonia que convertiría a el cocinero en un Aprendiz de Samurai.

Ya era tarde y era una noche fría. La luna estaba menguando en el cielo y las estrellas estaban ocultadas por las nubes. Había sido un día muy movido y Kan decidió dormir esa noche en el palacio de sus padres, su tienda de Samurai estaba muy revuelta por el ajetreo de las lecciones de la tarde y estaba demasiado cansado para ordenarla en ese momento. Al salir de su tienda, el joven Samurai escuchó un movimiento extraño entre unos arbustos, no era la primera vez que le pasaba hoy... como estaba cansado continuó andando sin investigar, el camino hasta la enorme mansión de sus padres era algo largo, y estaba ansioso por acostarse. Sin embargo esperaba que pasear bajo la fresca noche le ayudara a meditar sobre algunos puntos... como por ejemplo los enormes conocimientos que había demostrado Grand'ui sobre las artes Samurais. Al parecer había estado escuchando varios años conversar en las comidas a los Samurais y había aprendido mucho. También se había estado preparando en secreto, puesto que parecía que deseaba ser un verdadero Samurai de todo corazón. Kan estaba seguro de esos conocimientos le serían muy prácticos en su carrera como Samurai, sin embargo no podía decir con presición en cuanto le ayudarían. El Cocinero aprendiz de Samurai contaba con unos profundos conocimientos teóricos y una gran pasión nacida del convencimiento, sólo le faltaba la experiencia... normalmente un Samurai adquiría conocimientos, pasión y experiencia en sus primeros meses de aprendiz. Sin embargo esto hacía que algunos no llegaran nunca al grado de Samurai y que quedasen con el grado de "Caballeros", un grado casi perpetuo que le era otorgado al aprendiz de Samurai que no acababa por asimilar totalmente la filosofía de vida Samurai. Desde hacía mucho al Joven Samurai le intrigaban cuales podían ser las causas para que un Aprendiz de Samurai se quedara a medio camino de convertirse en un verdadero Samurai y fuera nombrado Caballero. Muchos ancianos Samurais a los que había preguntado le habían respondido que el factor clave estaba en "la pasión", "Un hombre, cuya conducta, NO esta regida por el fuego de su corazón, nunca será un verdadero Samurai" Le habían dicho... Él estaba totalmente de acuerdo, sin embargo el sabía que la llama de la pasión debía de estar alimentada por algo... y estaba casi seguro de que ese "algo" eran los conocimentos. Todo caballero con el que había hablado desconocía algún punto de la doctrina Samurai, todos tenían fallos en su formación... quizás si esa formación se mejorase... Mientras pensaba esto, Kan, llegó a la puerta del palacio de su padre. Rumiko, la propia madre le abrió la puerta. Al parecer había presentido que en vez de dormir esa noche en su tienda de Samurai, iría a dormir a su lujosa habitación en el palacio de sus padres. - ¡Mi querido hijo! - dijo su madre mientras abrazaba a su hijo y lo llenaba de besos - ¡Qué orgullosa estoy de ti! - añadió mirándolo con la misma mirada de orgullo con la que le había estado mirando cuando paso de ser un Aprendiz y se convirtió en verdadero Samurai - Gracias mamá... - respondió tímidamente Kan - pero hoy no he hecho nada especial. - ¡Me has hecho muy feliz! - contestó Rumiko, y antes de que su hijo pudiera contestar añadió - pero ahora vete a la cama corriendo que es tarde, luces cansado y mañana te levantarás antes de la aurora como siempre - y le empujó hacia el pasillo que daba a su habitación en palacio. El joven Samurai no entendía nada de nada, al final se encogió de hombros y siguió el largo pasillo adornado con las más ricas maderas y los más preciosos tapices hasta el baño que estaba junto a su habitación. Una vez allí se desnudo y se metió en el baño de agua caliente que le habían preparado. Una vez dentro y relajado se preguntó como su madre había podido ordenar que le preparasen un baño tan rápidamente... El día empezaba a presentar muchos misterios. Primero el cocinero le había servido una doble ración que le había prometido su hija... sin haberla visto, a continuación Grand'ui se había presentado con un Kimono Samurai en toda regla a pesar de no tener dinero para comprárselo. Después estaban los extraños movimientos de los arbustos... y por último el extraño comportamiento de su madre. No sabía por qué, pero su intuición le decía que su querida madre estaba detrás de todos estos extraños sucesos... El joven Samurai apenas pudo acabar de secarse e introducirse en su lujosa cama antes de quedarse profundamente dormido... por primera vez en toda su vida no se despertó antes del ocaso, sino que su madre tuvo que despertarlo al medio día. - Cariño despierta - escuchó Kan decir a una voz suave entre sueños - El sol ya está en su cenit y es hora de comer... - y acabó diciendo disgustada - vas a llegar tarde al comedor del campamento - Oh! - despertó por fin el joven - ¿Cómo he podido dormirme? - dijo levantándose de un salto, y mientras se vestía a toda prisa añadió - ¡Nunca me he dormido! - Me temo que es culpa mia - contestó su madre, que al ver la extrañada mirada de su hijo añadió - ayer me tomé la libertad de echarte unas hierbas en el baño que te ayudaran a dormir... ¡Parecías tan cansado! - y dándole un beso a Kan mientras este intentaba guardar el equilibrio calzándose... terminó - parece que se me ha pasado la mano en la cantidad de hierbas. - ¡Últimamente estás muy rara mamá! - dijo Kan mientras se colocaba la Katana - ¿Qué estás tramando? - Nada malo hijo - contestó Rumiko - Sólo que una madre se siente feliz y apenada al mismo tiempo cuando ve que su hijo se hace mayor - dijo sacando un pañuelo y enjuagándose los ojos... mientras que en su boca lucía una gran sonrisa. Kan quedó un momento paralizado mirando a su madre, no entendía nada de nada, sin embargo no tenía tiempo para contestar, habrío la ventana y después de dar un beso de despedida a su madre... de un magnífico salto Samurai se posó en la rama de un árbol del jardín. Este camino, de rama en rama sobre los árboles era el camino más corto... aunque sólo un ágil Samurai pudiera seguirlo... - Por la noche quiero que hablemos y me cuentes todos los detalles - gritó mientras se alejaba. - Hay mi inocente hijo... - dijo por lo bajo Rumiko - ¡Cuánto te queda por aprender a pesar de ser todo un Samurai!

Todos estaban reunidos y los camareros estaban sirviendo ya el primer plato. Rosana, la hija del cocinero, estaba empezando a servir la mesa de los Samurais de Kan. Era una gran mesa de roble en la que estaban sentados más de veinte samurais y aprendices, los mejores del equipo del joven Samurai... sin embargo faltaba el propio Kan, y la joven no era capaz de explicarse el por qué, nadie lo había visto en toda la mañana... ¿Le habría pasado algo? Mientras la joven pensaba esto llegó al plato preparado para Kan, como el samurai no estaba se dio media vuelta para marchar... justo en ese momento escucho una hermosa voz que le decía. - ¿A mi no me sirves Rosana? ¿Me he de quedar con hambre? Asustada por haberse olvidado de alguien en sus ensoñaciones se dio la vuelta para ver quien le había dirigido la palabra y... vio sentado en su sitio, como si llevara esperando toda la mañana al joven Samurai Kan con una cuchara en la mano y un trozo de pan mordido en la otra. - Vaya vaya! - contestó la chica sonriendo - si parece que al jovencito ahora le gusta jugar ha hacerse el invisible. - Y sirviéndole doble ración añadió - Pues cómetelo todo, que tanta invisibilidad debe de haberte dado mucha hambre. Por única respuesta Kan empezó a comer con una gran sonrisa en su boca, conocía el genio de la joven y lo mejor era obedecerla y no replicar... no fuera que le llenase el plato de guindillas como a Omius. Ella le devolvió la sonrisa y se marchó caminando tranquilamente hasta la cocina, no antes sin susurrarle al oído que quería verle detrás de la cocina después de comer. - ¡Muy buen truco Kan! - Dijo Omius una vez que la joven se hubo alejado lo bastante - Una aparición sin necesidad de humos... ¿Cómo lo has hecho? - Oh! no ha sido difícil - respondió Kan - todos estabais mirando a vuestros platos y ella se había dado la vuelta. Iba a utilizar una bomba de humo, pero no quería armar tanto escándalo... ni estropear este delicioso olor - añadió aspirando el aroma de su comida. - Por cierto, ya me he enterado de que lo de ayer fue una broma - Respondió ofendido el Samurai invencible. - Tu Samurai no se había enterado y se tragó un plato con cinco guindilla entero.- añadió la bella Escila. - Si hubieran sido Siete guindillas no hubiera podido luchar contra ellas - replicó el viejo Ortack a su lado imitando al padre de Kan. Kazo, el General de generales siempre insistía en que Siete era el número de Samurais perfecto para formar un equipo, y nunca se cansaba de dar ejemplos que lo demostraban... Todos empezaron a reír estruendosamente ante la broma... - Pues tiene razón el viejo - dijo entre risas Omius - si hubieran sido Siete guindillas habría caído al suelo medio muerto... - y soltando una gran carcajada añadió - ¡Menos mal que la chica no es una Samurai! - Sí, de momento no lo es... - respondió Escila - en cuanto lo sea sera terrible... - y utilizando su cuchara como espada contra Omius añadió - Os imaginais "Rosana, La Samurai Picante" Kan también reía ante la inocente broma de Escila, realmente era una chica terrible. ¡Cinco guindillas! Era increíble que le hubiera echado cinco guindillas al pobre Omius cuando dos eran suficientes en un guiso preparado para más de cien personas... ¡El pobre Samurai debía de haber pasado una tarde horrible! - ¿Qué tal pasaste la tarde? - Pregutó Kan - En el río, con la boca abierta metida en el agua... - El Samurai hizo un gesto con la cabeza imitando la postura - y sudando como un loco! ...Al menos esto me ha enseñado a comer con más moderación... y tranquilidad! Kan sonrió internamente, llevaba tres meses intentado eneñar esa lección a su primer Samurai y Rosana lo había logrado en solo una tarde... era una chica tan hermosa! - Por cierto Kan - dijo Escila - ¡Felicidades! - Gracias - contestó - ¿Por qué? - ¿Realmente no lo sabes? - dijo la bella Samurai - Pues no... - y mirándola interrogativamente preguntó - ¿Me he perdido algo? - Vaya que sí! - Respondió Escila - Esta tarde serás condecorado Comandante! - ¡Comandante! - Respondió Asombrado Kan - ¡Pero eso es imposible! Me faltaba una tropa entera para alcanzar el grado de comandante! - ¡Pues hoy la has conseguido! - Respondió Escila - Es una tropa constituida por cerca de un centenar de Aprendices Samurai... todos inexpertos naturalmente - y añadió - pero una tropa al fin y al cabo. - ¡Guau! - respondió simplemente el joven Samurai - ¿Y quién de vosotros ha sido? - dijo mirando a sus Samurais. - ¡Ninguno de nosotros! - Añadió Escila - Por desgracia mi equipo todavía no llega a tropa... aunque estoy muy cerca de conseguirlo! - y señalando su plato añadió - ¿No te dice nada este guiso? Kan miró su plato un momento, el día anterior había alistado al cocinero... ¿Sería posible? - ¿Fue Grand'ui? - Dijo sorprendido - Si se alisto ayer! - Sí! - respondió Escila - se alistó ayer a media tarde, asistió a su primera clase toda la tarde... y hoy por la mañana ha reclutado a todos los camareros, y estos a muchos de sus amigos... - y añadió con admiración - ¡Ha formado una tropa en un solo día! - Y como con este ya tienes a cuatro Samurais reconocidos bajo tu mando... - dijo Omius - según las normativas serás condecorado Comandante Samurai esta misma tarde. - y después de un segundo añadió - El ya ha sido nombrado Samurai por el propio general de generales esta mañana, alegó que por la tarde no podría... tenía que ir al mercado a comprar provisiones para el banquete de por la noche. Ya estaban sirviendo los postres y Kan estaba muy feliz. Tragó su postre de dos bocados y corrió a la parte trasera de la cocina. Rosana le vio marchar, pues estaba vijilándolo desde lejos... y se reunio con él después de retocarse el pelo utilizando una gran bandeja como espejo.

Kan estaba brillante de alegría, no sabía por qué pero su corazón desbordante necesitaba contarle la buena noticia a Rosana, deseaba compartir su felicidad con ella. El joven Samurai, en su inociencia, no pensó en los motivos que podían causar esta reacción en su ser, acostumbrado y entrenado a actuar rápidamente fue corriendo al claro situado detrás de la enorme tienda que constituía la cocina, al llegar se econtró con que su amiga ya estaba allí esperándolo, sentada sobre la hierba de una forma aparentemente tranquila y reposada, la hermosa joven ofrecía su mejor perfil al impetuoso Samurai mientras que su larga cabellera negra reposaba en su costado reflejando los dorados rayos del Sol. Kan quedó paralizado por la vista, a sus ojos era como si una diosa se hubiera presentado ante él, los reflejos del fogoso astro en el vestido de la joven creaban la ilusión de que una auoreora divina rodease su joven y hermosa figura. El joven Kan grabó esa imagen en su memoria, años después aun en su vejez, sería capaz de recordar con todo lujo de detalles lo que el llamaría "La aparición de una Diosa ante mi" Al fin Rosana se giró y dedicándole una sonrisa le invitó a recostarse a su lado sobre la hierba, así lo hizo Kan descubriendo mientras se sentaba la hermosa vista que se contemplaba desde ese lugar. "Es hermoso," Pensó el Reciente Comandante "no me había dado cuenta de lo hermosas que son estas tierras, de la belleza contenida en el verde de los árboles, de lo maravilloso que es el azul del cielo y de lo increíbles que son las hermosas nubes que hay en el cielo...Aunque más que todo el paisaje y las montañas..." - Tú si que eres hermosa- pensó en voz alta Kan sin darse cuenta. Rosana reaccionó asombrada ante las palabras del muchacho recostado a su lado, no esperaba nada semejante y un lijero rubor tiñó de rojo su pálida faz. Miró sin saber que contestar al peculiar muchacho que se encontraba a su lado, pero este estaba contemplando una nube en la lejanía. - Gracias - Contestó al fin la azorada muchacha. En ese momento Kan se dio cuenta de que había expresado ese pensamiento pribado en voz alta y quiso morirse de vergüenza, miró asustado a la muchacha sentada a su lado pero ya no vio ninguna niña, sino una mujer segura de si misma que alargando un dedo le tapó la boca impidiéndole hablar. - Entonces... - dijo tranquilamente Rosana - supongo que ya conoces la noticia. Kan asintió con la cabeza. - Y qué te parece? - dijo apartando el dedo de la boca del Samurai hacia un lado para dejarle hablar mientras le acariciaba tiernamente su suave piel inverbe. - ¡Me encanta! - explotó con ansia Kan, la joven vio un extraño brillo de pasión en los ojos del Samurai que le hizo sospechar... - ¡Por fin soy comandante! - Rosana apartó bruscamente su mano de la mejilla del joven repentinamente avergonzada, gesto que le pasó desapercibido al joven en su alegría - Es algo que he deseado desde hace muchísimo tiempo ¿Sabes lo que significa? ¡Soy el más joven Comandante Samuai de la historia! - después de tomar aire continuó - Al principio pensé muchas veces que nunca llegaría a Samurai, muchas veces estuve a punto de rendirme! ¡Pero mírame ahora! Mi carrera cada vez va a mejor! - y como si no se lo pudiera acabar de creer exclamó con júbilo - ¡Esta tarde voy a ser Comandante Samurai! La muchacha, una vez salió de su estupor no acababa de creérselo cuando al fin reaccionó preguntando: - ¿Qué vas a ser nombrado Comandante Samurai? - Le miró perpleja - ¿Pero no hay que tener muchos años de servicio para ser nombrado Comandante? -¡Qué va! - Contestó Kan feliz - Eso es lo que creen muchos, pero lo cierto es que los años de servicio nada tienen que ver con el título. Las normas son muy claras - explicó Kan - Para ser nombrado Comandante el Samurai ha de tener a su cargo a 4 Samurais activos al mando de sus tropas respectivas. - Y orgulloso terminó - A muchos eso les cuesta años de servicio, de ahí viene la equivocación, pero yo ya he conseguido mis 4 primeros Samuriais Titulados, Omius el primero - La chica giñó una ceja de desagrado al oír al que consideraba responsable del destrozo de su mejor vestido - Ortak el segundo, Gr'anSan el tercero y el cuarto ha sido hoy nombrado... - Y mirándola orgulloso pronunció - ¡Tu propio Padre! Rosana se quedó paralizada ante estas tres últimas palabras, eso explicaba porque había andado desde ayer "disfrazado" de Samurai por casa, así que realmente por fin había conseguido llegar a cumplir su más ansiado sueño... un profundo temor recorrió la espalda de la joven, quizás... - Dime Kan - dijo alejándose un poco - ¿Tú has tenido algo que ver en eso? - preguntó mientras le escrutaba con una helada glacial que no advertió el joven. - ¡Por supuesto! - Exclamó el reciente comandante sin percibir la mueca de cólera e indignación que nacía en la cara de su interlocutora - Ayer hablé con tu padre, fui a verle para preguntarle como sabía que me habías prometido una doble ración - explicó - me extrañó que me sirviese doble ración pues tú te habías ido a tu casa para coserte el vestido sin tiempo de decirle nada - la chica cabeceó levemente - descubrí que nos había escuchado mientras hablabamos y te daba la tela - así que su padre la espiaba! pensó la joven - y mientras tu padre y yo conversamos yo noté que deseaba ser un Samurai, así que esa misma tarde lo alisté y... ¡Parece que no perdió el tiempo! - ¿Por qué? - preguntó la joven a punto de explotar de cólera - Por lo que sé esta misma mañana formó un ejército de aprendices Samurai formado por camareros y pinches de cocina, tantos que alcanzó hoy mismo el grado de Samurai. - después de una lijera pausa continuó - esta misma mañana mi padre le entregó su espada de Verdadero Samurai con todos los honores, yo no pude asisitir - comentó avergonzado - mi madre me drogó ayer con unas hierbas para que durmiera toda la noche y descansara, según ella lucía totalmente agotado y... bueno!- quitó importancia con un gesto de la mano - se pasó en la dosis y dormí hasta justo antes de comer. - dicho esto regaló a la joven su mejor sonrisa, la cual estaba desconcertada. - ¿De verdad pasó todo cómo me cuentas? - preguntó esta. - ¡Naturalmente! - Exclamó instantáneamente Kan - ¡Yo nunca miento! - y como si eso zanjase el tema terminó a la vez que asintía con la cabeza - ¡Soy un Comandante Samurai! Rosana meditó unos momentos, cuando Kan había dicho que había tenido algo que ver con el nombramiento de su padre había pensado que él había utilizado su influencia sobre el General de Generales para que le concediera el Título de Samurai a su padre, obviamente con la intención de canjearse su favor... pero si las cosas habían sido así estaba claro que el pobre muchacho era totalmente inocente de sus sospechas y que todo habían sido imaginaciones suyas, la joven se sintió avergonzada de pensar así de su futuro... ¡No! Prefirió cortar el pensamiento antes de estar segura, era obvio que el joven aún desconocía "la noticia" - Rosana... - Interrumpió el joven Samurai los pensamientos de la joven - ... si no sabías ni lo de mi nombramiento como Comandante ni el de tu padre como Samurai... ¿Cuál era la noticia que debía saber? La pobre joven se puso roja como un tomate, hacía un momento todo había parecido idóneo, pero ahora se sentía tonta por sus sospechas y porque... no era así como deseaba habérselo dicho. - ¿No te contó nada tu madre? - preguntó con una ligera vocecita. - No - contestó directamente Kan - hoy por la mañana mi madre se comportaba de una forma muy extraña, lloraba y sonreía al mismo tiempo, pero no quería llegar tarde a comer por si no te veía - ¡Hay! había dicho demasiado! - Así que apenas nos dimos los buenos días - acabó atropelladamente mientras tanto él como Rosana se ponían colorados... aunque parecía que contrariamente a avergonzarse, la joven había vuelto a perder la apariencia de una niña y volvía a tomar la apariencia de una mujer... al menos a los ojos de Kan! - Antes, cuando me dijiste que era hermosa - preguntó en una mezcla de timidez y seguridad - ¿Era cierto? A Kan se le cayó el mundo al suelo, no sabía por qué pero deseaba que se abriera un agujero en la tierra y le tragase para ocultar su vergüenza, sólo había sido un pensamiento en voz alta... y también se le había escapado que esta mañana en lo primero que había pensado era en ver a la joven. Seguramente ella se sintiera ofendida, era mayor que él y seguramente ya estaría comprometida con otro chico, si ahora negaba que era hermosa mentiría... y además seguramnete se ofendiera. Pero si le decía la verdad seguramente se reiría de él, con 12 años era soltero, por no tener no tenía ni prometida (toda una vergüenza para un chico de su edad como no cansaba de repetirle su madre) Seguramente la chica pensaría que estaba intentando conquistarla y se reiría abiertamente de él ¿Cómo podía un joven como Kan pretender conquistar a una Mujer tan bella como Rosana? Además el no tenía experiencia en estas lides, en un momento se dio cuenta de que aparte de su formación samurai sobre ejércitos, armas, etc... ¡Nada sabía sobre mujeres! Si pudiera habría consultado con Omius ¡El sí era un hombre! Era apuesto, maduro, musculoso, las mujeres siempre se le quedaban mirando, pero el joven samurai aún no era capaz ni de hacer asomar un solo pelo en su inverbe cara, su cuerpo aunque era ágil y fuerte para su edad no tenía aun la fuerza y la forma de un adulto... Todas estas dudas pasaron en menos de un segundo por su mente, sin embargo al final su formación Samurai, aun en este angustioso momento, prevaleció al fín "Quien no lo intenta, fracasa antes de comenzar" recordó que siempre decía a sus aprendices Samurais. - Eres la mujer más hermosa que jamás he visto - Dijo al fin Kan, parecía que el tiempo se había hecho más lento, pero sólo había pasado un segundo desde que la chica había realizado la pregunta, de hecho aún estaba terminando de decir la frase cuando el joven contestó a la hermosa hija del concinero. Rosana pareció complacida con su respuesta, contrariamente a lo que él había supuesto no se rió ni se burló de él, sino que alargó su blanca mano para apartar un mechón del cabello del reciente Comandante Samurai y en un impulso se acercó y posó suavemente sus labios sobre los suyos, depositando un inocente y suave beso en la boca del que pronto sería su prometido. El joven Samurai no sabía como reaccionar, dejó de sentir su cuerpo, no sabía si su corazón se agitaba alocadamente en su pecho latiendo en sus oídos y nublando su vista... o si por el contrario se había parado igual que su respiración. Lo único que Kan notaba era la cálida mano de Rosana sobre su cuello y sus suaves labios rozando los suyos. El beso fue rápido, inocente y puro, pero para Kan fue lo más importante que le había pasado en su vida, aún más que su reciente condecoración Samurai... ¿Cuál había sido? ¿Comandante, General, Aprendiz??? No le importaba, en ese momento había descubierto una nueva dimensión, había aprendido algo que ningún sabio o anciano podría haberle explicado... que la felicidad no sólo consistía en el éxito profesional, que había algo mucho más importante que todas las condecoraciones y técnicas del mundo... ¡El Amor! Mas tarde no supo bien por qué lo había hecho, algo en su interior había saltado igual que un resorte largamente escondido, su mano se había deslizado debajo de su túnica y con el mismo movimiento había arrojado una estella shuriken hacia unos arbustos a la par que empujaba a Rosana a cubierto detrás de su propio cuerpo. Un instinto de protección se había impuesto en él, un instinto que se había sumado a su entrenamiento Samurai... un instinto que había salvado la vida de la joven justo en el último segundo. Todo ocurrió muy rápido, Rosana aún no sabía como había llegado al suelo detrás del joven que había saltado detrás de ella a la par que la empujaba. Sólo había visto algo brillante desilzarse a toda velocidad donde un instante antes había estado su cabeza, levantó la mirada, lo justo para ver una estrella shuriken clavada en un árbol delante de ella. En un momento comprendió que esa estrella habría impactado en su nuca si Kan no la hubiera empujado. La muchacha miró para atrás justo para ver como Kan lanzaba su segundo shuriken hacia unos arbustos, un grito ahogado le informó de que Kan no había fallado su primer blanco... ni el segundo. Aun antes de acabar de lanzar su primer Shuriken, Kan ya había empezado su primer paso, sólo dos pasos le distanciaban del matorral. Uno - ¿O habían sido dos? - le habían informado de que había acertado el blanco. De una cosa no había duda, esa estrella había sido lanzado para matar a la mujer que amaba. Instantáneamente una cólera fría se apoderó de su cuerpo, junto con el segundo paso una Kantana surcó el aire partiendo el arbusto en un ángulo extraño. Kan recordó después que esa Katana había sido la suya. El arbusto se deslizó hacia abajo como si de una pieza sólida se tratara. Detrás de él un samurai oscuro miraba con sorpresa al terrible enemigo que en menos de un par de segundos había hecho fracasar su intento de asesinato, le había acertado con dos Shurikens en su brazo y en su pierna y había hecho deslizarse un arbusto como si de magia se tratase. Un frío miedo trepó por la columna del asesino que agarró una bomba de humo y la arrojó al suelo para intentar escapar desesperadamente. De una forma increíble Kan frenó la caída de la bomba con el plano de su espada y con el mismo movimiento la desvió unos metros hacia la derecha. El asesino tembló al ver la mirada del joven, ya no parecía un indefenso niño de 12 años disfrazado de Samurai, sino un arcángel blanco lleno de un poder invencible. Kan trazó un arco mortal con su Katana, con toda seguridad su enemigo habría perecido decapitado si una jugarreta del destino no hubiera querido que la pierna del asesino, herida con el shuriken del joven Samurai, fallase justo en ese instante haciéndole caer... y esquibar el arco mortal de Kan. Al no encontrar la resistencia esperada, la espada continuó su camino cargada de una fuerza letal que cortó limpiamente el tronco de un árbol situado sólo un poco a la derecha de donde antes había estado el asesino... un tronco que tenía el grosor de una pierna humana! El Samurai oscuro miró desde el suelo, como si estuviera loco, como el árbol caía lentamente. Esto bastó para que Kan se distragera sólo una milésima de segundo y mirase hacia el árbol.. ¿Había sido el capaz de realizar esa azaña? En un instante decidió que eso no tenía importancia en ese momento, y volvió su atención hacia el asesino. Sin embargo ese instante era todo lo que necesitaba su contrincante, un sonido siguió a una cortina de humo. En un intento desesperado Kan lanzó una estocada hacia adelante... pero su espada no cortó otra cosa que aire y humo. Kan conocía la ténica lo suficiente como para saber que su contrincante podía ya estar a varios metros de allí... o justo detrás suyo listo para acabar su trabajo. Así que en un sólo movimiento enfundó su Katana y dando una doble voltereta mortal hacia atras aterrizó al lado de Rosana, la cual había quedado hipnotizada por la agiliadad y destreza de los movimientos del joven. Un instante después supo que estaba en sus brazos, él la había levantado como si fuera una pluma, en ese momento no se preguntó como un niño de 12 años podría levantarla sin aparente esfuerzo, en ese momento Kan no era ningún niño, era un poderoso Comandante Samurai, la cabeza de la joven se enterró en el pecho del Samurai mientras que una acogedora cortina de humo les rodeaba a ambos. En ese momento la gravedad pareció ser algo sin sentido para la joven. Siempre protegida por los brazos de su amado y envuelta en una cortina de un cálido humo, fue sintiendo como si flotara y se deslizase por el aire a una velocidad increíble. El viento acunaba su cabello como si estuviese bañándose en un lago, y los rayos del sol la adormencían tranquilizándola. No podría decir si habían pasado segundos... o una eternidad. Pero cuando abrió los ojos se encontró con que un palacio había surgido de la nada. El Asesino quedó mirando el claro. Aún no se podía creer lo que había ocurrido. Después de caer al suelo notó que su contrincante, aquella especie de niño Samurai... no, no era un niño, más bien un arcangel o un demonio! Fuera lo que fuera había perdido la concentración unos instantes, los suficientes para que él lanzase su cortina de humo. De un salto se había posado en una rama alta de un árbol a su izquierda, oculto por el follaje del árbol había introducido la mano sana en su manga para sacar otro Shuriken envenenado, sólo necesitaba un tiro y acertaría a la chica de lleno tal y como le habían ordenado. Despues podría escapar como alma que lleva el diablo y marcharse lejos, muy lejos donde nunca más tuviera que ver esos ojos cuyo propietario hacía un segundo casi le había matado. Sin embargo, aun antes de que pudiese agarrar el Shuriken ese demonio había saltado hacia atrás como un ángel y había tomado a la chica en brazos, el pensó que le preguntaría como estaba, antes de que pudiera contestar ella ya estaría muerta por el veneno de su arma. Sin embargo él no había abierto la boca, de la nada había surgido un humo blanco, como el de una nube celestial. El Samurai Oscuro entendió en el momento lo que intentaba el muchacho, pero sería inútil, estaba justo en el centro de un claro y desde su posición podría ver hacia que lado saldría corriendo, no podría moverse demasiado rápido con la chica en brazos y aunque tenía órdenes explícitas de no dañar al samurai, sólo necesitaba un segundo para poder acertar en su blanco, por tal eficacia era conocido y por tal fama había sido contratado. Sin embargo nada pareció salir de la nube, hubo un efecto raro, como si la realidad se distorsinara un momento, un efecto que el asesino achacó a las heridas recibidas, pero ni aun así cerró los ojos, se obligó a fijarse aún más en su blanco y esperó a que la nube de humo blanco se disipara... ¡Pero fue inútil! No había nadie en el claro! ¡¡Pero él no había visto huir a nadie! Sólo quedaba una explicación, saltó al claro, justo donde había estado hace unos segundos el joven y hundió su katana en el suelo. Si existía alguna trampilla o puerta oculta en el suelo él la descubriría... ¡Pero no! No había nada más que hierba y tierra!!! En esos momentos empezaron a oírse ruidos provenientes de su espala ¡Maldita sea! Se había olvidado de los demás samurais! A su espalda miles de Samurais terminaban su comida, algunos habían oído el estruendo de bombas de humo y un árbol al derrumbarse y acudían prestos a ver lo que pasaba. El asesino dio dos pasos, lanzó la última bomba de humo que le quedaba y desapareció en la profunidad del bosque. Corrió y corrió durante horas hasta que estuvo a Kilómetros del claro... oculto y a salvo en la profunidad del bosque. Aquí, en la seguridad del profundo bosque, el Asesino rogó con toda su alma no tener que volver a hacer frente a nada parecido. Por primera vez en su vida, el miedo, el terror y el pánico se adueñaron de su alma.

-¡Hijo! Qué es lo que pasa! - Kazo estaba alarmado, nunca había visto esa mirada en el rostro de su hijo. Hacía un segundo que Kan había aparecido "de la nada" justo en medio de la sala de audiencias. Aún estaba allí de pies, con su prometida Rosana en sus brazos. Kazo no reconocía a su hijo... sí, era el mismo, pero diez o veinte años mayor. No, claro que no había crecido, su cuerpo era el mismo, el cuerpo de un joven . Sin embargo su postura, su mirada, la forma de sostener a su amada como si fuera parte de sí... y la forma en que esta enterraba su cabeza en el pecho de su hijo consiguiendo protección y tranquilidad... además estaba esa sensación, la sensación de que el ser que tenía delante de sí guardaba un poder increíble. En esos momentos Kazo, el General de Generales Samurais, el más diestro y poderoso de todos los Samurais... habría dudado poder vencer a su hijo en un combate frontal. Pero Kan no era su enemigo, todo lo contrario, era su hijo y algo terrible tenía que haberle pasado para que esa mirada anidase en sus ojos. Justo en ese momento Kan miró a su alrededor, se encontraba a salvo, en el palacio de su padre. Los 7 Samurais de la guardia personal de su padre estaban allí, los que le habían protegido y cuidado como sus más poderosos guardianes. También su padre, el más poderoso Samurai que había existido estaba delante de él. Nada podía ocurrirle aquí... Esto pensaba Kan mientras se relajaba y volvía a ser otra vez el alegre e inocente Samurai que siempre había sido. Notó que tenía a Rosana en sus brazos, recordaba vagamente haberla tomado del suelo. Repentinamente avergonzado por su atrevimiento la posó, de pies, en el suelo. Sus ojos sólo se cruzaron un momento, pero Kan vio un amor como nunca había visto en su vida. -¿Qué ha pasado? - Preguntó otra vez Kazo a su hijo. - Yo... - dijo Kan extrañamente afectado - no lo recuerdo muy bien. - Pero yo sí! - saltó la joven Kazo miró a Rosana, justo ayer habían concretado en una reunión secreta con sus padres que Kan y Rosana serían prometidos. La medida no era del todo del agrado del General de Generales, pero su esposa había insistido y el reconocía que en esos aspectos Rumiko era más sabia que él. Apartando estos pensamientos a un lado se centró en la joven y la invitó a hablar con un gesto. -Su hijo y yo nos estabamos... hablando- se corrigió en el último momento la joven, sin embargo el rubor de sus mejillas no le pasó desapercibido al General de Generales - cuando de repente Kan me apartó a un lado salvándome la vida, antes de que yo supiera que era lo que ocurría el ya había herido a mi agresor y casi lo mata, si no fuera porque logró huir, entonces Kan me tomó en sus brazos - dijo acercándose más a su salvador - y me trajo aquí. Kazo la miró extrañamente, por la forma de relatar los hechos de la joven y la extraña mirada de Kan - que ya volvía a ser él otra vez - todo había ocurrido en menos tiempo del que se tarda en pronunciar una palabra, sin embargo tenía la sensación de que, para ellos, había parecido un tiempo increíblemente largo. - Y bien Kan - Dijo su padre - es así como ocurrió hijo mío? El joven Samurai tardó unos momentos en responder. - Por lo que puedo recordar, fue así. - ¿Por lo que puedes recordar? - Le preguntó otra vez su padre - Sí - contestó con una mirada llena de inocencia muy propia del joven - todo pasó muy rápido, yo no pensaba, sólo seguía mis instintos y mi entrenamiento Samurai para salvar la vida de Rosana. Eso era lo más importante para mi en esos momentos y lo demás carecía de total importancia. - Las palabras, tan cargadas de responsabilidad y madurez, sonaron extrañas pronunciadas por su joven boca. - Está claro que alguien ha intentado asesinar a tu prometida Kan - dijo después de unos momentos - ¿Tienes idea de quién puede haber sido? Pero Kan no había escuchado esas última palabras... ¿¿¿Su prometida??? Indiferente a todo lo que ocurría a su alrededor se sentó en el suelo para pensar sobre el asunto sin observar la mirada mortal que lanzaba Rosana sobre su anciano padre... el cual si la había captado perfectamente y sentía una gran necesidad de esconderse detrás de su asiento. El Joven Samurai, sentado sobre el frío suelo de mármol del palacio fue atando los cabos. Todo tomaba más sentido ahora, la extraña actitud de su madre, las extrañas miradas del cocinero, las palabras de Rosana antes del ataque, "la noticia"... sin duda en algún momento los padres de Kan y Rosana se habrían reunido para prometer a sus dos hijos. Eso era algo totalmente común en su sociedad, siempre se hacía de esa forma y él se alegraba de que fuera la mujer que amaba - Kan era incapaz de pensar en Rosana como en una muchacha - la que hubiera sido escogida por sus padres, de hecho el acuerdo facilitaba mucho la relación, ya casi estaban casados, la ceremonia sería una simple formalidad que se llevaría a cabo cuando fueran a vivir juntos. Esta medida hacía que el honor de la joven estuviera totalmente protegido en contra de las habladurías de la gente, el propio padre de Rosana, el concinero "Grande" le había informado de que para él lo más importante era el honor de su hija... ahora comprendía Kan por qué se lo había dicho, él no lo había comprendido en su momento pero era claro que todo el mundo ya se imaginaba la relación cuando él aun ni la sospechaba, suponía que sería por su inocencia... En esos momentos el asunto carecía de importancia, igual que cuando su padre le explicaba alguna importante lección, Kan estaba seguro de que la vida le estaba enseñando una lección muy importante... ¡Quizás la lección más importante de su vida! Además estaba seguro de que Rosana y él estuviesen prometidos era la causa de que la hubieran intentado asesinar. De eso no tenía ninguna duda. Su prometida era hija de un Cocinero, nadie odiaba tanto a un cocinero como para mandar un asesino a matar a su hija. Sin embargo el propio Kan era hijo del que sin duda era el hombre más poderoso. Hasta ahora nunca le había dado importancia al asunto, pero Kan se había dado cuenta de que si quería conservar a Rosana con vida - ¡Y vaya si quería! - tenía que empezar a darse cuenta de que había algo más en todo este asunto. Fue la propia Rosana la que le sacó de su ensimismamiento, había pasado cinco minutos sentado en el suelo, justo en el centro de la sala sin responder a ningún llamamiento. Su padre y sus samurais, lejos de preocuparse conocían la capacidad de concentración del joven y se limitaban a esperar a que saliese por si mismo, pero la hija del cocinero no estaba acostumbrada y aunque le habían dicho que lo mejor era que esperase ella temía que su joven prometido estuviese herido y un veneno fuera la causa de su mal. - Kan, Kan - le llamaba la joven - ¿Estás herido? - Ella habría deseado llamarlo ¡Amor mío! pero temió que los ocho ancianos reunidos a su alrededor se rieran de ella y se contuvo. - ¿Qué? - Preguntó al fin el aludido - Oh! perdona! - Dijo al fin dándose cuenta de dónde y cómo estaba a la par que se sonrojaba - ¡Debes pensar que soy tonto! - dijo rascándose vergonzosamente la cabeza - Estoy bien - dijo al fin - sólo estaba pensando, no recibí ninguna herida en la lucha. En ese momento Omius entró corriendo en la sala seguido por Escila, los dos quedaron paralizados, con la respiración entrecortada y mirando asombrados a su Comandante.

-¿Y bien? - Preguntó el anciano a la par que tomaba una taza de té entre sus manos. - No se padre, estoy seguro de que el asesino había sido mandado a asesinar a Rosana - dijo a la par que cogía una mano de su prometida debajo de la mesa.Kan tomó un sorbo de su propia taza de té y miró a Omius que le miraba extrañado al otro lado de la mesa. Algo se preguntaba el gerrero. El Joven Samurai aún recordaba como le habían mirado después de entrar en la sala... justo antes de que el General de Generales impusiera el orden y se sentaran todos en la mesa para tomar un pequeño refrigerio y recuperar fuerzas - No te ofendas cariño - dijo mirando a Rosana, la cual se sorprendió con la rapidez que se acostumbraba su reciente prometido a los cambios, sólo hacía unos minutos que sabía que estaban prometidos y ya actuaba como si lo llevaran toda la vida, algo había cambiado, madurado, en la mirada de Kan, algo que le decía que había aprendido que debía disfrutar de cada segundo a su lado. - ... pero no creo que tu padre sea lo suficientemente importante para que contraten a un asesino para acabar con su hija. - completó el joven Comandante Samurai - No me ofendo... - Rosana quería haber dicho "querido" igual que él había dicho, pero se avergonzó y cortó la palabra en su boca - es lo cierto, un Cocinero no es una persona tan importante. - Eso sólo deja una posibilidad - respondió Kan - si la intentaron asesinar fue por mi culpa, algo hay que no sé pero estoy seguro de que pronto me lo contarán - El joven Samurai dirigió una mirada directa a su padre, el cual se revolvio en su asiento nervioso - Bueno - dijo al fin - puede haber algo... aunque no le había dado imporancia hasta ahora. - Sí querido, tenías que habérselo contado hace mucho tiempo - Había sido la voz de Rumiko, la madre de Kan la que había hablado - Hijo, tú sabes que es costumbre que los niños se prometan en matrimonio justo después de su nacimiento ¿Verdad? - Kan asintió con la cabeza y miró a su madre mientras entraba en la habitación calmadamente - Hace muchos años tu padre luchó en otro ejército, donde hizo un amigo. Los dos fueron como hermanos durante mucho tiempo y prometieron que sus hijos se casarían cuando fueran mayores - La Gran Dama miró a su esposo como si hubiera sido una locura de juventud - con el tiempo sus caminos se separaron y el amigo de tu padre, en otro tiempo honrado hasta la médula, se fue acercando cada vez más al mundo de las sombras. - Un respingo recorrió su cuerpo al pronunciar estas palabras - Ambos se convirtieron en enemigos y al final tu padre salió victorioso y lo expulsó del país. Aprovechando la pausa de su esposa, el General de Generales continuó el relato. - Pasaron muchos años, y justo cuando creíamos que no seríamos bendecidos con el precioso don de un hijo... naciste tú - En los ojos de Kazo lucía una mirada de amor y orgullo por su hijo - Al año de tu nacimiento amargó nuestra dicha una visita de mi viejo enemigo, me recordaba nuestro pacto.- una mueca de asco cruzó la cara del General de Generales - Él en su orrenda maldad, al enterarse de tu nacimiento había tomado por la fuerza un pueblo muy lejano... y había tomado por la fuerza a veinte muchachas jóvenes del pueblo a fin de asegurarse de tener una hija. - Rosana estaba horrorizada con solo pensar en la escena - Así que al fin tuvo la hija que deseaba para tramar sus planes y la trajo a palacio con el objetivo de prometeros. Kazo hizo una pausa antes de continuar. - El muy rastrero pretendía que olvidase su maldad para hacerme cumplir la promesa hecha a él hacía tantos años. - El general miró a su hijo - Yo por supuesto me negué. Él viendo frustrados sus planes arrojó a su propia hija al suelo e intentó matarla pisándole su pequeña cabeza- Kazo respiró aliviado - Por suerte mi entrenamiento Samurai me hizo reaccionar rápido y pude impedirle que realizara tal maldad. Así que él se lo pensó mejor y me gritó que él cuidaría a su hija y la haría crecer... para casarla contigo cuando tuviera edad. - El anciano parecía abatido después de contar la historia. -En el último momento - continuó su esposa - justo cuando desaparecía detrás de una nube de humo negro y apestoso chilló que si intentábamos casar a alguna otra niña con nuestro hijo... el la haría matar. - Rumiko miró a Rosana con pesar - con el tiempo nos olvidamos de las amenazas de ese hombre. Pero por precaución no prometimos a ninguna niña a Kan, esperamos a que se hiciera mayor y le quisimos dar la oportunidad de escoger su propia esposa como hacen en los lejanos reinos del oeste. Rosana asintió temerosa, sintiendo como la mano de Kan apretaba la suya de forma protectora. Ella misma había decidido no casarse con su prometido, derecho que todas las mujeres tenían de hacer gala aunque rara vez lo hicieran, había decidido seguir soltera hasta que encontrase a un hombre tan bueno como su padre... al final había encontrado uno aún más bueno, pero quizás eso le costase la vida. - Omius - Pronunció al fin Kan - ¿Por qué entrasteis corriendo en el salón de audiencias? - Después de comer - explicó el interpelado con energía contento de poder hablar - escuche unos ruidos extraños, como bombas de humo en la parte trasera de la cocina, al principio pensé que serían estrépitos de potas y cazuelas, pero Escila - dijo señalando a la hermosa mujer a su izquierda - me recordó que habías ido a la parte trasera de la cocina... a reunirte con la hija del concinero según ella - La chica sonrió por lo bajo - no sé esta mujer es adivina o como podía haber sabido que te habías reunido con tu... prometida. Pero lo cierto es que después de ver y oír un árbol cayéndose me preocupé y acudimos al claro - Escila asintió para reforzar las palabras de su fornido compañero - cuando llegamos apenas vimos un humo negro estinguiéndose en el bosque, me extrañé pues sé que tú sólo haces uso del humo blanco... y entonces fue cuando vi claramente un arbusto partido limpiamente por el corte de una espada - se veía que Omius estaba claramente impresionado - al acercarme vi un árbol tan grueso como mi pierna cortado de un solo y limpio tajo!!! - Y yo econtré esta estrella shuriken clavada en un árbol - dijo Escila orgullosa de su descubrimiento. - ¡Ten cuidado! - Exclamó Kazo alarmado - ¿Qué ocurre? - Preguntó alarmada la Bella Escila - Esa estrella contiene un veneno que te provocaría una muerte instantánea si te cortases con ella! Escila alarmada ante el peligro que había corrido dejó la estrella sobre la mesa... y después de pensárselo mejor la tomó y arrojó a la chimenea para que el claro del fuego acabase con el veneno y la estrella para siempre. - Contra quien te enfrentaste era un adversario terrible - exclamó Kazo - Un famoso asesino samurai, un miembro de la tenebrosa orden de las sombras, muy poderoso... - ¡Y tanto! - Pronunció Omius - ¡Si cortó un árbol de un tajo debía de tener una fuerza descomunal! - El general de generales asintió dándole la razón. - ¡Pero si no fue él! - Exclamó Rosana. - ¿Quién fue entonces? - Preguntó alarmada Escila - Acaso te enfrentaste a dos samurais mi Comandante? - Dijo visiblemente orgullosa de que su joven superior saliese airoso de una liza similar. - ¡No! - contestó orgullosa la hija del cocinero - Fue Kan quien cortó el árbol! ¡De un sólo tajo! Todos miraron asombrados al unísono al joven Samruai. El cual quedó avergonzado, no le gustaba reconocer que había fallado al intentar atacar a su adversario, además le daba pena el pobre árbol. -¿Es eso verad? - Preguntó Kazo a su hijo a la par que ignoraba la ofendida mirada de su futura Nuera. - Sí - contestó sencillamente este - No fue a propósito! - se defendió - Ataque al asesino y fallé... corté el árbol sin querer - aseguró inocentemente. Su padre le miraba con un orgullo increíble, Escila tenía la boca abierta ante la fuerza de su Comandante y Omius sorprendido exclamó: - ¡Pues menos mal que fue sin querer! Si llega a ser queriendo te cargas la cocina entera - Y depués de mirar a su superior otra vez añadió - ¿Pero cómo narices lo hiciste? ¡No es tan sencilo! ¿Sabes? ¡Dudo que yo mismo pudiera! - y marcando uno de sus poderosos músculos añadió - y me parece que soy varias veces más fuerte que tú! ¡Si apenas eres un brazo mio! - Cuando un hombre puro lo necesita, su fuerza es cien veces la normal y nada es imposible para él - fue ahora el Silencioso Aki el que habló. - Normalmente sólo usamos una décima parte de nuestras posibilidades, tanto físicas como mentales. Cuando es totalmente necesario, y siempre que seas puro de corazón y mente, podrás encontrar en tu alma y en tu cuerpo unas reservas que te parecerán increíbles, sea lo que sea contra lo que te enfrentes. Kazo asintió ante estas palabras, y después de un momento todos asintieron reconociendo la sabiduría del Primer Samurai de Kazo y General de sus ejércitos. Kazo miró el cielo a través de la ventana. La oscuridad de una noche sin luna no presagiaba nada bueno. Decidió que todo el mundo debía irse a su casa.. o a su tienda a dormir. - Mañana nos vemos - dijo Rosana a Kan - ¿Detrás de la cocina? - El joven asintió con la cabeza. -De eso nada! - Exclamó Kazo rotundamente Rosana saltó como accionada por un resorte. - Si se cree que va a impedirme ver a su hijo por muy poderoso y general que sea va listo! - la ferocidad en la mirada de la joven impresionó al anciano. - ¡Me has malinterpretado! - Exclamó el general de generales levantando las manos en gesto de paz - lo que quiero decir es que tú hoy no sales del palacio, tu casa es un sitio demasiado inseguro para ti esta noche - explicó - ayer la vi y sería como colgarte de una diana y tenderle una flecha al asesino a la par que le pedimos que te dispare. - La joven palideció ante estas palabras. - Lo que está claro es que hoy dormireis los dos en la habitación de invitados del centro del palacio, es la más segura de todas y tendreis una guardia de élite que os protegerá. Rosana asintió obediente igual que Kan. Rumiko, por su parte, miró significamente primero a su marido y luego a los dos jóvenes. - ¡Mujer! - exclamó sorprendiendo a los dos prometidos - ¡No seas mal pensada! Los dos ya están prometidos, con lo que están a salvo de habladurías, las medidas de seguridad son necesarias y Rosana necesita la protección personal de Kan, pocos de mis Samurais son capaces de hacer frente a ese asesino en un combate directo - reconoció - además ya conoces a nuestro hijo ¡Es más inocente que una lechuga! - En verdad fue este último comentario lo que tranquilizó a la madre de Rumiko, la cual partió inmediatamente, custodiada por el Samurai Gui a poner al tanto a los padres de la joven. Kan, extrañado, partió a la habitación de invitados con Rosana agarrada cariñosamente a su brazo. Como iban escoltados por ocho samurais, cuatro delante y cuatro atrás, el joven comandante susurró al oído de su prometida: - A qué se refería mi madre con su mirada... - y continuó - y a que vino el comentario de mi padre de que "soy más inocente que una lechuga"??? Por única respuesta recibió una callada sonrisa de su prometida la cual pensó pícaramente que una lechuga sería más peligrosa que su prometido. - Hola padre - dijo de impovisto Kan alarmando a Rosana, la cual al mirar detrás de ella vio al anciano con su mano a punto de posarse en el hombro de su prometido. - Ummm! - exclamó Kazo - ¡Muy bien! Nunca habías podido detectarme tan pronto! - Hoy he aprendido mucho... - susurró mientras se acercaban a la puerta de la segura habitación. - Y qué has aprendido? - contestó Kazo - ¿Qué en caso de necesidad eres más poderoso de lo que tú mismo piensas? - No - respondió sorprendentemente Kan - eso ya lo sospechaba hace tiempo. En realidad he aprendido algo mucho más sutil e importante que todo eso. Hoy la vida me ha enseñado la lección más importante que existe, mucho más que todo lo que he aprendido en todos estos meses de entrenamiento. Su padre estaba sorprendido por la gravedad impresa en las palabras de su hijo, y gratamente intrigado por cual sería el contenido de la lección. - ¿Y cuál es? - preguntó sinceramente interesado el general. - Algo tan sencillo y cierto que no somos capaces de verlo diariamente - empezó a hablar el Comandante Samurai - algo tan simple como que lo más importante en esta vida no son los rangos, ni los méritos, ni las capacidades económicas... - Kazo asintió en silencio deseoso de escuchar lo que venía a continuación para grabarlo a fuego en su mente - Hoy he aprendido que lo más importante en la vida es ser Feliz. Que el Amor y la Felicidad son los bienes más preciados que tenemos y que hemos de disfrutar de cada segundo de nuestras vidas porque una vez que un segundo ha pasado nunca volverá. "" Que cada segundo que pasamos sufriendo y temiendo estamos desperdiciando nuestra vida porque para ser totalmente feliz sólo se necesitan tener Amor y voluntad de ser Feliz. "" Padre, he hecho muchas promesas en los últimos meses, pero ninguna tan solemne como la que me hago ahora mismo ante ti y ante la mujer que amo: "" Nunca desperdiciaré más ni un sólo segundo de mi vida, a partir de ahora viviré cada segundo como un tesoro concedido de incalculable valor y Me Esforzaré por ser Feliz a cada momento y disfrutar de los seres que amo porque no sé si mañana estarán ahí. Pero en vez de preocuparme lo que haré será hacerlos Felices con mi presencia y mis atenciones hacia ellos, y yo mismo me haré felíz a mi mismo con su mera presencia, pues hoy he descubierto que lo más importante en esta vida es la felicidad y el Amor."" Kazo quedó pensativo en el pasillo mientras la joven pareja se dirigía a la seguridad de las sólidas paredes. Por primera ocasión su hijo le había superado en Sabiduría y Grandeza de corazón. Lágrimas de pura felicidad brotaban de los ojos del anciano, bañando la que fue la más hermosa de todas las sonrisas de su larga vida. Hoy su hijo le había enseñado la que también había sido la más importante para él. El anciano General de generales repitió la promesa de su hijo en silencio, con la mano en su corazón y lágrimas de felicidad en su cara. También él disfrutaría de cada uno de los segundos que le quedaban en su vida del Amor de sus seres queridos, pues sabía que esa felicidad era el más preciado de todos los tesoros que jamás había atesorado. Chang, el Samurai Obscuro La bella joven se estiró entre las suaves sábanas de seda. Su larga y reluciente cabellera negra recorría su cuerpo como si el manto de la noche hubiera deseado posarse sobre la suave y pura tela. La enstancia tenía un suave olor a incienso y menta, el suave aroma penetró por sus pulmones haciendo aun más agradable su lento despertar. Una sonrisa de satisfacción y felicidad cubrió su rostro cuando al abrir los ojos vio al hombre que amaba. Kan estaba aun sentado en medio de la lujosa estancia. Bellos tapices adornaban las paredes de una exquisita madera rematada con adornos de oro y plata. El suelo, cubierto de un fino y suave tatami invitaba a caminar descalzo sobre él. En el techo una bella pintura ofrecía la imagen de un fenix protector. La muchacha miró otra vez al joven, aparentemente no se había movido en toda la noche. Rosana, ya totalmente despejada recordó la dureza del día anterior, poco después de saber que estaba prometida al joven situado en el medio de la estancia había sufrido un atentado contra su vida. De no ser por la rápida actuación de su prometido ahora mismo sus familiares la estarían llorando y enterrando. Aún su vida corría peligro, por ese motivo había dormido en esa hermosa habitación, la habitación central del Palacio del General de Generales Samurai, sin duda el lugar más seguro de todo el imperio. Aun y así su prometido había decidido montar guardia toda la noche, se había sentado en medio de la habitación en una postura de meditación y había permanecido igual toda la noche. La joven se preguntó si habría dormido o si, como sospechaba, esa meditación le permitía estar alerta y descansar al mismo tiempo. Rosana era una muchacha tímida por naturaleza, sobre todo en público. Sin embargo en privado y con los seres amados era una "pequeña fierecilla indomable" como solía llamarla su padre. Contenta gracias a un descanso reparador, decidió gastarle una pequeña broma a su reciente prometido. La mujer alargó la mano hasta la mesita que se encontraba al lado de su cama y agarró silenciosamente un pequeño broche de bronce que solía utilizar para atar su larga melena en un práctico moño cuando ayudaba a su padre en su trabajo en la cocina. Silenciosamente se sentó sobre la cama tapándose lo más posible con las mantas, apuntó y... lanzó el bello adorno contra el homoplato derecho del joven con una pícara sonrisa de triunfo en la voca.

En menos de un parpadeo el joven presintió el broche, alargando una mano hacia atrás, lo agarró en pleno vuelo en el aire con la misma facilidad con que Rosana lo había cogido de la mesita. Y dándose la vuelta burlonamente dijo: - ¿Has perdido esto? - Pronunció alegre Kan - ¿Me parece que se ha caído del pelo? - dijo jugetón mostrando el broche de la chica en su mano. Rosana lanzó un bufido fingiendo indignación, en el fondo estaba impresionada pero no quería reconocerlo... al menos no tan fácilmente. - ¿Qué tal has dormido? - Preguntó el joven - Te revolviste mucho por la noche. - Al principio descansé mal - reconoció la joven - pero después de despertar un par de veces dormí de maravilla - y estirándose agregó - ¡Son tan cómodas estas sábanas de seda! Al decir eso se le escapó la sábana de las manos, deslizando rápidamente por su cuerpo. La joven alarmada alargó la mano, tomó las sábanas y se tapó pudorosamente, debido a la rapidez de la decisión la noche anterior había tenido que dormir desnuda al carecer de ropa de dormir. En su desliz había enseñado, sólo durante medio segundo, un poco más de lo que deseaba. Después de comprobar que estaba ya tapada correctamente escrutó al joven que había delante de ella intentando hacerse creer que quizás no había visto nada distraído con alguna otra cosa. La mirada del joven estaba fijada en ella, así que era obvio que no se había perdido nada del "espectáculo", la joven no pudo menos que ruborizarse, tímida por naturaleza no pudo pronunciar ninguna palabra aunque hubiera deseado decir algo... El joven, notando su vergüenza intentó subirle el ánimo a su amiga. - No sé por qué te tapas tanto - dijo - Eres muy hermosa, tanto encima como debajo de las sabanas. Rosana enrojeció de cólera ¡Sería descarado! Le miró fijamente dipuesta a cantarle las cuarenta cuando... se fijó en la inocente mirada del muchacho. La miraba como se puede mirar una bella pintura, no había nada lascivo ni pervertido en él, más bien todo lo contrario, su mirada sólo reflejaba una inocencia increíble. En ese momento la joven recordó las palabras del General de generales el día anterior "¡Mi hijo es más inocente que una lechuga!" había dicho... Rosana no pudo menos que imaginarse a Kan como una lechuga gigante con kimono y espada Samurai. Ante la mera idea de que estaba prometida a una "lechuga Samurai" no pudo contener una enorme carcajada. - ¿De qué te ríes? - Dijo el Joven Samurai incómodo - ¿He dicho algo inapropiado? - No Kan - contestó alegre conteniendo la risa - todo lo contrario - y lanzándole un beso añadió - ¡Eres un cielo! Ahora fue el joven quien se ruborizó de arriba a abajo, la joven no pudo contener el pensamiento de pensar que igual en vez de una lechuga samurai era un "tomate Samurai!". Una risita contenida cruzó la cara de la bella muchacha que, temiendo ofender a su salvador, se controló para que no fuera a más. - Estoy muy contento de saber que eres feliz - dijo el joven comandante acercándose al lecho de la hermosa muchacha y sentándose en su borde. Rosana se intranquilizó un poco, un mar de sentimientos cruzó su pecho. Por un lado Kan la había salvado de la muerte el día anterior, también sabía que era su prometido y que era aún un niño inocente, pero ella no podía dejar de ver a un Samurai, a un hombre y después de todo ella estaba totalmente desnuda debajo de las sábanas y él estaba allí sentado tranquilamente en su lecho, es cierto que lo hacía con inociencia, sin segundas intenciones, pero la joven no pudo menos que ruborizarse y sentirse un poco insegura... a la par que también se sentía segura por la protección que sabía que el joven le brindaba ante cualquier ataque... en un momento cortó el hilo de pensamientos temiendo que su prometido pudiera leerlos en su cara, sin embargo después de mirarlo fijamente comprendió que él no era capaz de intuir tales cosas. Quizás fuera un Comandante Samurai exquisitamente entrenado en el arte de la guerra y los ejércitos, pero respecto a mujeres aún sabía menos que la mayoría de los hombres ¡Y eso ya era decir poco! Kan por su parte interpretó el tibio rubor de su prometida como un efecto secundario de la risa. Tampoco le extrañó su silencio pues él lo agradeció para poder contemplarla hermosa y pálida contra la suavidad de las sedas y el negro ondular de sus cabellos. Justo en ese momento Rosana se dio cuenta de como contemplaba su prometido su larga cabellera negra. La joven estaba muy orgullosa de ella y en ese momento se le ocurrió una idea, con un movimiento de su brazo cambió de postura el largo fluir de sus cabellos recostándolos por encima de su hombro derecho y colocándolo por encima de las sábanas. De esta forma, mientras ella permaneciera sentada, sus propios cabellos le cubrían el cuerpo por encima de las sábanas, aun en el caso de que se le resbalase la sábana otra vez su pudor quedaría totalmente tapado por sus negros cabellos. - ¿De verdad te parezco guapa? - Preguntó ella al fin - Eres más que eso, eres muy hermosa - contestó honestamente Kan. Una sonrisa elevó el ánimo de la muchacha que justo iba a decir algo cuando sonó la puerta. - Es Gui - susurró Kan antes de decir más alto - ¿Quién es? - Soy Gui comandante - dijo el interpelado detrás de la puerta - me manda su madre, desea que acudais a desayunar al salón principal. - ¿Y por qué no me lo dice ella misma? - Preguntó extrañado Kan - Si está ahí mismo contigo - Una mueca de sorpresa cruzó la cara de Rosana ¿Acaso su prometido veía a través de las puertas? - Eh... - contestó nervioso el experto en camuflaje detrás de la puerta - Su madre pensó que yo resultaría menos... "agresivo" para su prometida, no deseaba causarle pesar - contestó sinceramente como se espera de todo Samurai. Después de decir esto se escuchó un enfadado bufido procendente de una mujer que decía algo así como "Estos hombres no saben nada!!!" Kan miró sorprendido a Rosana, visiblemente incomodada por la discursión y decició atajar el asunto contestando. - De acuerdo, en 15 minutos estaremos en el salón - y después de escuchar atentamente unos segundos añadió - y Mamá, márchate con Gui. Rosana miró atentamente a su prometido, el cual le explicó sencillamente: - Mi madre es muy amiga de espiar detrás de las puertas - durante un momento su mirada se perdió en el infinito y al fin dijo - ya puedes estar tranquila, la persona más cercana está a 15 metros de la puerta. - ¿Cómo puedes saberlo? - preguntó impresionada la joven. - Oh! Es muy sencillo, es parte de mi entrenamiento samurai - explicó - además yo he crecido en este lugar, así que me es más facil situarme que, por ejemplo, en un bosque. Rosana meditó un momento sobre el hecho, eran increíbles todas las habilidades del joven... tanto como que se refiriera a ese increíble palacio como "este lugar" ¡Igual que si fuera una simple choza! -Será mejor que te vistas - dijo el joven, ella le contestó con una significativa mirada ¡No prentendería que se vistiera delante de él! Ni que decir tiene que Kan no entendió la mirada de la joven, después de un rato pensó que igual le estaba pisando la sábana, miró donde estaba sentado pero comprobó que no, así que lanzó una inocente mirada a la joven... la cual le fulminó con la mirada. ¿Qué era lo que pasaba? Kan al final comprendió... o creyó comprender. ¡Pero no era para tanto!. Alargó su mano, cogió la ropa de la joven y se la tendió, al ver que no la cogía se la posó al lado. - ¿No prentenderás que me vista delante tuyo, VERDAD? - dijo a la par enfadada y divertida ante la visión del desconcertado joven, el cual quedo durante un momento paralizado pensando en cual era la respuesta correcta. - Eh... ¿Sí? - Contestó tímidamente. Un sonoro bofetón cruzó la cara del joven. - ¡Ay! - exclamó - ¿La respuesta era No??? - preguntó tímidamente ¡Vaya genio!, al ver el cabeceo de la joven Kan se levantó y fue hasta la puerta. Dudó un momento antes de salir, no deseaba dejarla sola, además no comprendía el por qué del asunto y menos de la bofetada, así que preguntó inocentemente... - ¿Tengo que salir de la habitación? - y añadió - no quisiera dejarte sola... por si acaso. La chica meditó un momento y al fin contestó: - Con que te quedes ahí es suficiente - y aclaró por si acaso - pero tienes que prometerme que no te darás la vuelta hasta que yo te lo diga. - Te lo prometo - después por si acaso añadió - te prometo que si no oigo ningún ruido extraño o ningún peligro inminente no me daré la vuelta... - después de dudar preguntó - ¿Te vale eso? - Sí - Rió la joven que ya había saltado de la cama y se estiraba tranquilamente disfrutando de la suave sensación del tatami debajo de sus pies. Azoto su cabello para su espalda y pícaramente se acercó hacia su prometido con la total seguridad de que Kan nunca incumpliría una promesa como Samurai de honor que era. - ¿No has descansado nada en toda la noche? - preguntó acariciando suavemente la espalda del joven buscando músculos tensos y después de encontrar un par de ellos empezó a masageárselos suavemente. - ¡Qué gusto! - susurró Kan - No he dormido, si es eso lo que preguntas. Simplemente he meditado, mantiene descansado el cuerpo y alerta la mente - casi no podía pronunciar las palabras del placer que sentía con el ágil masaje de la joven en su espalda - ¿Te puedo preguntar algo? La mujer guardó silencio un momento, estaba disfrutando con su juego, estaba completamente desnuda en una lujosa habitación con su prometido, eso la hacía sentirse muy mujer. A la par el joven era un hombre de honor con el que estaba totalmente segura y que, realmente, no la estaba viendo, así que en la práctica era igual que si ella estuviera totalmente vestida delante de él charlando amigablemente. Curiosamente, a parte de su timidez habitual, la situación le proporcionaba una seguridad en si misma y una feminidad de la que estaba disfrutando. - Pregunta - contestó al fín. - ¿Por qué me has mandado que me diera la vuelta? - y añadió ofendido - ¿Y por qué me has pegado? - después como si temiese algo añadió - ¿Te he ofendido en algo? - ¿De verdad no lo sabes? - preguntó extrañada y sorprendida ¡Si que era inocente como una lechuga! - Si lo supiera no lo preguntaría - contestó molesto Kan mientras la mujer notaba que sus músculos se tensaban incómodos. - Relájate - ordenó ella, él se destensó y una sonrisa cruzó la cara de la bella muchacha - No sabes nada de mujeres - era una afirmación, no una pregunta, después de pensarlo un momento continuó. - a las mujeres nos molesta que los hombres nos vean desnudas - dijo al fin. - ¿Por qué? - ¿Por qué? - la sencilla pregunta alarmó a la joven que interrumpió su masaje... pero continuó después de un leve gimoteo del joven - Bueno, supongo que nos hace sentir inseguras. Además un hombre no suele mirar a una mujer desnuda con muy buenos pensamientos. - ¡Yo no tengo malos pensamientos! - exclamó Kan no del todo seguro de que eran "malos pensamientos" - además no tienes porque sentirte insegura porque te mire ¿Acaso no te miro cuando estás vestida? - La muchacha no sabía si le acababa de gustar que Kan "la mirase" cuando estaba vestida... pero decidió que lo decía con buena intención - Eres preciosa, no deberías avergonzarte de ti misma. Ninguna mujer es tan hermosa como tú. La sencilla afirmación encantó a la joven que reaccionó impulsivamente poniéndose de puntillas y lanzando un beso a la mejilla de Kan desde la espalda. Al ver que este giraba un poco la cabeza se la sujetó con ambas manos para que mirase otra vez hacia la puerta. - No soy tan hermosa! - contestó medio en serio medio en broma Rosana - ¿No crees que Escila es más guapa que yo? Kan lo meditó y momento y rápidamente contestó. - Sois distintas, Escila es Rubia y de ojos azules, tú pelo es... - dudó un momento - como la noche iluminada por las estrellas - la descripción encantó a la joven - y tus ojos son como puntos negros en los que me hundo cada vez que los miro - Kan sentía algo de vergüenza al decir lo que sentía, pero sencillamente no encontraba otra forma de expersarlo - Escila está algo morena por el sol, tú eres blanca como la leche - y después de dudar un momento añadió - además Escila es demasiado... ¿Cómo se dice? - Boluptuosa? - Le ayudó al joven. - Sí eso, Bolptosa - contestó incapaz de pronunciar correctamente la palabra. - Yo creía que eso era algo que gustaba a los hombres - dijo interesada la joven sin darse cuenta de que se había abrazado a la espalda de Kan para susurrarle al oído y escucharle mejor. - Normalmente sí - contestó él - suelo escuchar muchos comentarios sobre los distintos tamaños de.. las boltposas mujeres. - la palabra se le seguía atragantando, lo cual causaba un visible agrado a la joven - pero yo no le veo un por qué, quizás sea porque soy aún joven y eso son cosas "de mayores" pero creo que una Samurai es mejor si no es tan... eso, que si lo es. Debe de estorbar mucho en la lucha! Rosana no pudo reprimir una carcajada y le propinó otro beso en la mejilla al joven antes de separarse e ir, al fin, a vestirse sin poder reprimir un pensamiento "Depende del tipo de lucha". Rosana y Kan entraron de la mano en el gran salón, la madre del muchacho los miraba entre con pena y alegría y los invitó a sentarse a la mesa. Kazo presidía la mesa y los dos jóvenes se sentaron en el medio de la larga mesa uno al lado del otro. - Padre - dijo Kan mientras se servía una taza de zumo - he estado pensando esta noche - dijo enigmáticamente - he decidido que sólo hay una forma de acabar con esto - y mirando fijamente al general de generales añadió - He de ir a luchar contra el asesino personalmente. Kazo meditó un momento, había previsto una acción similar y contestó: - Eso sería inútil - al ver la cara del muchacho añadió - cuando acabases con el asesino, otro vendría en su lugar. Como reza el dicho "Para prender a los bandidos captura al que los manda." - Kan asintió pues lo conocía - Hay que acabar con el padre de tu otra... falsa prometida. - después de un segundo añadió - con "Chang, El Samurai Oscuro" Rosana se atragantó, no le gustaba como sonaba eso. Ya había visto las habilidades de Kan y sólo era un muchacho, un poder similar mal utilizado sería horrible! - Bien, lucharé contra ese Chang en combate singular, le venceré y volveré - dijo simplemente Kan mientras acababa de desayunar - ¿Dónde puedo encontrarlo? Kazo miró a su hijo, el joven Samurai creía que todo el mundo cumplía su palabra y su honor, no se daba cuenta de que algunos seres como Chang hacían uso de las más torcidas artimañas para conseguir lo que deseaban. Un lijero temor por su hijo recorrió el cuerpo del anciano Samurai, no sabía si Kan estaría ya preparado para enfrentarse a la realidad por su cuenta. - Chang está exiliado en una pequeña Isla muy al sur. Una zona volcánica muy peligrosa donde él mismo se ha refugiado. - explicó el anciano Samurai - nunca la hemos atacado pues sería una perdida inútil de vidas, ningún ejército puede recorrer la zona sin sufrir graves pérdidas por los nocivos gases y la lava ardiente... eso sin contar que habría que hacer frente a un ejército de renegados que no tienen sentido del honor, dispuestos a hacer lo que sea para conseguir la victoria. - Pero eso es horrible! - saltó la joven Kazo asintió con la cabeza, para él se había guardado que esos renegados eran, en su mayoría, gente engañada y utilizada, que temía día a día por su vida, pues si fracasaban en una misión serían ejecutados sin contemplaciones... tanto ellos como sus familias. - Por desgracia no es posible erradicar la maldad de la tierra, siempre habrá gente malvada... - Kazo suspiró - lo único y lo mejor que se puede hacer es enseñar el camino correcto a cuantas más personas mejor, pues de esta forma los salvarás del camino de las desgracias, la envidia, el fracaso, la estafa, el asesinato y la deprabación. Kan continuó pensativo, lo había decidido, esa misma mañana se reuniría con sus Samurais y formarían una tropa de élite con la que atacarían el reducto de Chang para terminar con sus maldades y así se lo dijo a su padre. - Si tan decidido estás yo mismo te acompañaré - Rumiko y Rosana temblaron visiblemente - Triplicaré la guardia de palacio para que cuiden de tu madre y tu prometida, mis mejores Samurais quedarán aquí junto con Gui para guardarlas, y marcharemos Siete Samurais para cortar el tema de raíz. Kan asintió y se iba a levantar cuando Rosana le tomó la mano "quiero hablar contigo a solas" le susurró al oído. El joven asintió y después de disculparlos se dirigieron a la puerta. En el último momento Rosana volvió sobre sus pasos y susurró unas palabras al oído de Rumiko, la cual asintió e hizo un gesto con la mano, cuando los dos jóvenes prometidos salían por la puerta principal Gui partía presto a cumplir las órdenes de la Gran Dama. Kan y Rosana se dirigieron a los jardines interiores del palacio. Kan podía sentir la presencia de varios Samurais de la guardia de palacio escondidos en las sombras. Sin embargo su entrenamiento incluía la discrección, nada de lo que se dijeran los jóvenes prometidos sería nunca repetido. - Temo por ti - dijo al fin la joven - se que eres poderoso y capaz, pero te vas a adentrar en un terreno desconocido para ti, donde estarás en desventaja y donde cabe la posibilidad de que fracases. Kan sonrió tranquilamente, ese era un buen resumen de la vida del Samurai. Meses atrás - ¡Parecían años! - había decidido hacer frente a la vida del Samurai, ya su primer día venció a los fantasmas del miedo y del fracaso. El sabía que siempre estaban ahí, al borde del camino, intentando capturarlo para que se rindiera, ahora hacían uso de su bella amada para que dejara de intentarlo. - Si no lo intento ya habré fracasado ¿Lo entiendes? - La joven asintió reconociéndolo - es cierto, siempre puedo fracasar, nada en esta vida es seguro. Pero nunca me entregaré sin antes haber luchado con todas mis fuerzas. - Kan hizo una pausa para dejar que la joven comprendiera - Me hice una promesa a mi mismo hace mucho tiempo de que así actuaría siempre. - después de otra pausa añadió - Se que arriesgo mucho, mi apuesta es muy alta amor mío - La joven quedó paralizada por las palabras y escuchó atentamente - me juego mi propia vida, si fracaso la perderé... si obtengo el éxito te ganaré a ti. Y contigo la felicidad de toda una vida - El Comandante Samurai la miró directamente a los ojos - Sin riesgo no hay beneficio. - ella asintió calladamente - La recompensa vale la pena - él sonrió ligeramente - me arriesgaré y triunfaré. Rosana entendió muchas cosas en ese momento. Sólo gracias a un continuo arriesgar Kan había conseguido llegar a ser lo que era actualmente. En un principio se habría arriesgado a triunfar y a cambiar. Seguramente habría sufrido desprecios y burlas por trabajar para cumplir sus sueños. Poco a poco había ido consiguiendo pequeños logros que le habían forjado como hombre y como Samurai. La joven, por un momemto, volvió a ver al hombre escondido en el niño y supo que estaba ahí, esperando a aflorar cada vez más poderoso y seguro de si mismo. - Entonces te ayudaré - contestó ella al fin posando sus labios suavemente sobre los de él. Poco después se encontraban en las habitaciones donde habían pasado la noche, sin darle ninguna explicación la joven le había arrastrado corriendo hasta ellas. Al llegar había mirado a su alrededor y sonreído. Después cerró la puerta detrás de ellos y atrancó la puerta con el cerrojo. Kan estaba anodadado y no sabía como reaccionar. Ella tomó una toalla de encima de la cama y se la arrojó al pecho, el joven la tomó en el último momento y la miró extrañado. - Desnúdate - dijo ella riéndose pícaramente. El joven Samurai quedó pasmado por la insólita petición. Sin embargo, acostumbrado a obedecer y a actuar empezó a desabrocharse la parte superior de su kimono. En el último momento sonrió como si se acordara de una antigua broma y dijo: - De acuerdo, pero date la vuelta Ella sonrió, medio indignada medio divertida, pero cumplió su petición, aunque Rosana, más astuta por naturaleza miró al joven utilizando para ello el reflejo de uno de los dorados adornos de las paredes mientras su sonrisa pícara aumentaba por momentos. Lo que más le sorprendió fue la gran cantidad de armas que el joven guardaba entre los plieges de su Kimono Samurai. Cuando acabó le dijo sencillamente. - Tápate con la toalla El joven tomó la toalla y se la enroscó en la cintura. Un segundo después extrañado por el detalle de que la mujer supiera exactamente en que momento había terminado la miró y buscó con la mirada por la habitación. Poco tardó en darse cuenta del engaño de la mujer y se rió ante su astucia haciéndole una seña por medio del reflejo. Rosana se rió abiertamente y puso una sonrisa de "te gané" a la par que se daba la vuelta. - Ahora métete en la bañera - ordenó señalando. Kan miró una gran bañera de bronce que había sido situada en una esquina de la habitación junto a una mesita repleta de hierbas, se fustigó mentalmente por no haberla advertido, de haber sido un enemigo los habría matado a los dos. Sólo entonces se dio cuenta de lo mucho que había relajado su defensa en los últimos minutos. Kan tanteó el agua con su mano ¡Estaba ardiendo! miró de reojo a su prometida pero su postura no admitía replicas. Suspiró y metió una pierna en el agua, después de dudar un segundo dejó que la toalla deslizase entre sus piernas y se posara en el seco suelo, él no tenía los mismos prejuicios de la joven, sólo había querido darle a probar una muestra de su propia medicina. Arggg ¡El agua estaba realmente ardiendo! - ¿Prentendes guisarme? - Preguntó el joven Rosana sonrió como única respuesta, a la par que tomaba una pequeña esponja marina y la untaba con una pastilla de un agradable jabón. Después empezó a frotar al joven con la esponja para limpiarle y masajearle al mismo tiempo. - Te has pasado toda la noche despierto - susurró ella - tus músculos están tensos y resentidos, necesitan un poco de descanso si vas a afrontar una batalla - razonó ella - necesitarás estar al tope de tus posiblidades ¿Verdad? - Tienes razón - contestó él relajándose - pero podías haber esperado a que se enfriase un poco el agua no crees? - No! - contestó ella enérgicamente - este calor ayudará a relajarse a tus músculos, mira - señaló - tú piel ya está roja, eso indica que tu sangre está fluyendo con más libertad, limpiando tu cuerpo por dentro y nutriéndolo - explicó ella - yo que estaba segura que un fornido samurai como tú no tendría problemas en aguantar un poquito de agua caliente - se burló - Y no lo tengo! - se defendió ofendido - Sólo había sido un comentario. - refunfuñó. - Además - siguió como si él no hubiera dicho nada - en esa isla habrá mucho calor, necesitas tener los poros muy limpios para poder sudar adecuadamente y no desmayarte por el calor. - dijo mientras le frotaba la espalda. - ¿Cómo sabes tanto de medicina? - preguntó él directamente. - Desciendo de una larga familia de médicos y herbalistas - ante la mueca del joven ella aclaró - mi padre es "la obeja negra de la familia" - en vez de utilizar las plantas para curar... ¡Prefiere cocinarlas y comérselas! - una carcajada surgió de la joven como si fuera una vieja broma familiar. - si hicieras un poco de memoria recordarías que mi madre es la que se encarga de efectuar los primeros auxilios a los samurais en la batalla. - No lo sabía - contestó honestamente Kan - nunca he acudido a una batalla con el ejército - calló un momento para tragar saliva - hasta hoy. Rosana se preocupó por este hecho, pero ahora ya nada podía hacer para cambiar la decisión de Kan... menos apoyarle y ayudarle en todo lo posible. - No importa - le dijo ella besándole la mejilla - seguro que lo harás de maravilla - y antes de que el pudiera contestar hundió su cabeza en el agua de un tirón! Kan pataleó y tiró hasta que al final sacó la cabeza del agua, no había podido tomar aire e instintivamente había tragado un buen bocado de agua. - ¡No te entiendo! - dijo al fin - primero me besas y luego me intentas matar - añadió ofendido - ¿Me quieres o me odias? Rosana quedó fría ante la directa pregunta del joven, no pensaba que fuera a hacerle esa pregunta tan directamente, avergonzada metió otra vez la cabeza de Kan bajo el agua, pero esta vez el estaba preparado y pudo aguantar la respiración durante el minuto que la joven, distraída en sus propios pensamientos, lo mantuvo en esa posición. - No te odio - le dijo al fin sacándolo del agua - y si me comporto así... - dijo seductora - es sencillamente porque soy una mujer. - Le había dado una respuesta lo suficientemente buena, razonó ella, no decía nada ¡Y decía mucho! Kan quedó pensativo unos momentos recostado relajado contra la bañera mientras Rosana le lavaba el pelo con un suave masaje en la cabeza que hacía sus más gratas delicias. Por lo que sabía podía ser que el minuto siguiente estuviera otra vez bajo el agua, así que decidió que lo mejor era disfrutar cada segundo agradable y procurar no salir mal herido de los ataques de genio de la mujer. Estaba decidido a disfrutar todo lo posible esos momentos. Después de todo cabía la posiblidad de que estos fueran sus últimos momentos juntos. Kan era inocente, pero no iluso, como samurai entrenado tenía plena conciencia de que podía morir en sólo unas pocas horas bajo el filo de una Katana enemiga. No permitiría que pequeños detalles sin importancia estropeasen ningún momento de su vida. No tanto lo era la joven Rosana que, quizás por su juventud, creía que aún le quedaban largos años de vida, de no haber sido así quizás se hubiera entregado a disfrutar esos instantes con la misma intensidad del joven y sabio samurai. Después del baño caliente, la joven tumbó a Kan boca abajo en la cama y, sentándose sobre él con suavidad, empezó a masajearle primero la espalda, seguido de la cabeza, los brazos y los músculos. Al principio de una forma suave, casi acariciándolo, para a continuación ir aumentando la presión hasta relajar y destensar todos los músculos del joven. - Estoy en la gloria - logró balbucear el joven. - Cuando acabe - dijo sonriendo la chica - te encontrarás totalmente descansado y sin tensiones, como si fueras un "nuevo Kan" recién sacado de su envoltorio. - Eres maravillosa - balbuceó por respuesta Kan - Gracias - contestó ella sencillamente - sólo quiero que vayas a la batalla al máximo de tus posibilidades, ya que yo no voy a poder estar a tu lado para curarte las heridas y.. - después de tragar saliva nerviosamente añadió - como no puedo parar las Katanas por ti. Al menos puedo ayudarte para que ningún músculo te falle y a que no sufras fatiga mientras peleas. - Eres maravillosa - repitió sencillamente el joven guerrero. - Si tanto me lo repites me lo voy a creer! - replicó ella contenta. Después venciendo su timidez se tumbó como una ligera pluma sobre la espalda de su protector y lo acarició suavemente... quizás no volviera a verle vivo nunca más pensó y cerró los ojos disfrutando del suave aroma del joven.

Tres bruscos golpes sonaron en la puerta. Antes de que el primero acabase de sonar, Kan ya había abierto los ojos, se había despertado y había analizado la situación. Estaba en la habitación más profunda de palacio, se había quedado dormido durante el masaje que Rosana le había dado. La joven estaba tumbada sobre él, aún dormida. La habitación, a parte de ellos, estaba vacía, había alguien detrás de la puerta y sus armas estaban a más de 3 metros de él. Kan se reprendió cuando sonó el segundo golpe. Podía ser un enemigo, de un movimiento se libró de Rosana, la cual se despertó de su duermevela, y dando una voltereta saltó hacia sus armas agarrando su espada Katana. Con el tercer golpe se puso en posición delante de la puerta, listo y apuntó con su arma preparada en situación de lucha y... según se dio cuenta en ese momento ¡Totalmente desnudo! Descartó este último pensamiento de su mente y lo centró en lo importante ¿Sería un ataque? - Kan - gritó una voz detrás de la puerta - tu hora ya ha llegado. El joven Comandante se relajó, sólo era Gui, el servicial Samurai, que le avisaba de algo... intentó rebuscar en su mente para saber que era pero su memoria aún estaba nublada por el sueño. - ¿Para qué? - preguntó directamente el joven. - Para partir hacia la isla de Chang. - contestó detrás de la puerta la voz - en 30 minutos partís. - dijo directamente - y luego desapareció por el pasillo para no molestar más a los jóvenes. Kan relajado se dio la vuelta con la Katana en su mano derecha apuntando hacia el suelo. - ¿Me vas a atacar? - Sonrió pícaramente la muchacha mirando al comandante desnudo con su katana en la mano. Kan se miró de arriba a abajo y estalló en carcajadas.

- Vuelve sano - dijo simplemente Rosana posando un beso en la mejilla del joven. Él se volvió y la besó, esta vez en los labios. No sabría decir que le impulsó a hacerlo pero Rosana le devolvió el beso con amor. - Lo haré - afirmó él soltándola, aunque no pudo aplacar la sensación de tristeza que anidaba en su corazón. Cierta sensación de temor por su vida... y un gran descontento por estar lejos de quien amaba. - ¿Me lo prometes? - preguntó ella dudando - Te prometo que haré todo lo que pueda por conseguirlo - respondió con sinceridad, ella sonrió y le dejó partir. Kan miró al frente, su padre estaba en su cuádriga esperándole sobre el camino, debajo de los escalones las huellas de su padre se veían claramente sobre la tierra batida. A su espalda estaba Rosana y a su izquierda, protegiéndola, Gui, el más experto Samurai en camuflaje y hombre de confianza de su padre. Kan se lanzó al aire para cruzar de un salto los escalones, tal y como tenía por costumbre, para ir a aterrizar directamente sobre la tierra batida al pie de los mismos. En ese mismo momento Kan supo que algo iba mal. Esa tierra Nunca había estado batida, siempre había estado aplastada por el frecuente tráfico de palacio. Un segundo antes de caer torció la cabeza en el aire y gritó: - Gui ¡Actúa! - eso fue todo lo que pudo decir antes de tocar el suelo. Instantáneamente una red le redeó surgiendo del mismo suelo. Gui reaccionó como el rayo, instantáneamente alzó su capa tapando a la joven... un parpadeo después el lugar ya estaba vacío. Kan sabía que Rosana ya estaba a salvo, miró para arriba y vio como dos Samurais Oscuros tiraban de unas cuerdas casi invisibles acercándole a una velocidad increíble. Kan no podía mover las manos ¡Ni el cuerpo! La red le tenía cogido con fuerza y nada podía hacer para defenderse en ese momento. Kan escuchó un grito detrás de él. Su padre ya estaba en plena acción, de un increíble salto se lanzó contra los renegados que estaban raptando a su hijo... para quedar incrustado a medio camino entre unas cuerdas invisibles estrategicamente colocadas. Kan sintió como tiraban de él entre los dos. Cargado como un saco de patatas se debatió inútilmente mientras sus raptores corrían sobre el techo del palacio. Kazo, de un solo movimiento de su Katana, se libró de las cuerdas que lo sujetaban y corrió detrás de los captores, no se atrevió a lanzar ninguna estrella Shuriken por miedo a herir a su hijo así que intentó alcanzar a los perseguidores. Quizás de haber sido un recorrido más largo habrían sido alcanzados, pero sólo necesitaban correr unos metros hasta el rápido río que cruzaba por el ala este del palacio. Los dos asesinos se lanzaron hacia el río y nadaron, aún con el joven cazado en la red, hacia una rápida barca situada en la orilla. Kan creyó haberse roto la columna cuando un tablero le golpeó la espalda al ser descargado en el suelo de la balsa. Al momento siguiente los dos samurais renegados y su presa ya estaban a cientos de metros río abajo gracias a su rápida corriente. Kazo, abatido, sólo pudo contemplar como dos rufianes se alejaban en el horizonte con su hijo. Su única satisfacción fue pensar que, aunque podían correr más que él, sabía perfectamente hacia donde se dirigían.


Kan agradeció estar boca arriba, desde su posición podía contemplar a sus dos guardianes, y aunque nada podía sacar de sus caras pues estaban tapadas con horribles máscaras sangrientas, si pudo ver que estaban totalmente concentrados en dirigir la rápida y frágil barca a través de los peligrosos rápidos del río. Kan deslizó sus brazos a su espalda buscando algún saliente en la madera, al no encontrarlo intentó deslizar un shuriken de su manga, sus esfuerzos le llevaron casi cinco minutos de intentos, pero al fin pudo tomar la afilada estrella y utilizarla para ir cortando, una a una, las miles de finísimas cuerdas que formaban la red que le inmovilizaba. El trabajo no tenía nada de fácil pues el arma estaba diseñada para penetrar y aunque tenía una punta fina y penetrante, su filo era casi inexistente, el joven se recriminó por no haber escogido otro tipo de estrella, pues las había que si eran cortantes, pero esas, por ser más difíciles de utilizar, las había dejado de lado en sus entrenamientos y a la larga no se había acordado más de ellas. Ya habían salido a mar abierto cuando uno de sus captores se dio cuenta de que la red cada vez estaba más floja en ciertas zonas del cuerpo del joven. Sin ninguna piedad agarró el remo y golpeó con fuerza la cabeza de su rehén. Kan se sumió en las profundidades de la inconsciencia sin que nada pudiera hacer. Cuando despertó una bellísima joven le limpiaba cuidadosamente la herida de su frente. Kan intentó aclarar su vista y vio una faz blanca remarcada por unos ojos verdes penetrantes. Sus cabellos eran rubios como la arena y toda ella estaba cubierta con una túnica de seda semitransparente. - ¿Cómo estais mi Señor? - la voz suave como la cálida arena surgía de unos labios sugerentes y estaban acompañados por una mirada que decía muchas cosas... por desgracia Kan aún no era capaz de leer correctamente lo que esos ojos querían decirle. Kan recordó lo acahecido, su primer pensamiento fue que había sido rescatado y asignado a los cuidados de la bella joven. - ¿Me han rescatado mientras estaba incosciente? - preguntó - Sí, le hemos rescatado mi Señor - contestó la joven beldad - pero temo que no de lo que Usted piensa - mientras esto decía acababa de curar la fea herida del joven. Kan reaccionó y apartando suavemente la mano de la joven se sentó y miró a su alrededor. Ante sí tenía una bella playa de finísima arena, las palmeras lucían hermosas dejando entrever un cielo azul y un sol reluciente. Daba la impresión de ser un paraíso sin límites... pero algo no encajaba en la escena. El Comandante Samurai se fijó entonces en la figura de un hombre maduro de rubios cabellos que estaba apoyado contra una palmera. Su porte era seguro y orgulloso, vestía un Kimono negro adornado con unas tiras rojas transversales. Sus ojos eran verdes y miraban profundamente, su cara lucía una sonrisa amistosa... que no engañó al joven samurai, pues vio que la sonrisa no se reflejaba en sus ojos, al acecho, vigilantes. En la cintura del hombre lucía una Katana lujosamente adornada, su vaina estaba recubierta de todo tipo de piedras preciosas como si de galardones se trataran, sin embargo Kan no fue capaz de identificar ninguno de los galardones y pensó que estaba en exceso adornada, como si pretendiera impresionar a alguien. El hombre lanzó una mirada rápida a la joven, la cual se acercó más al joven Samurai y, arrodillándose a sus pies, le ofreció una copa con algún tipo de caldo. En un acto reflejo Kan tomó la copa para beberla, sin embargo antes la olió, identificando algún tipo de licor disuelto en el mismo, por lo que mojó los labios sin llegar a tomarse el contenido ni a meterlo en su boca, tal y como le había enseñado a hacer Omius en cierta ocasión. Después alargó la mano para devolver el recipiente a la joven chocando "por accidente" con sus manos y tirándolo al suelo de tal forma que todo el contenido cayó en la arena sin que nadie pudiera saber si había bebido realmente. La reacción de la muchacha le impresionó, la seguridad en si mismo se disipó en un instante y como si fuera culpable del peor de los delitos se arrojó al suelo intentando inútilmente rescatar la bebida del suelo repitiendo "perdóneme, perdóneme" Kan escrutó al hombre, el cual estaba dirijiendo una mirada fulminante a la joven, más cuando advirtió que Kan lo miraba retornó a su mueca anterior. Esto confirmó las sospechas de Kan quien decidió arriesgarse lanzando un golpe al aire. - Ha sido culpa mía Chang, no regañes a tu hija por ello - y estudiando la reacción de ambos añadió - después de todo mi verdadera - recalcó la palabra - prometida es la más hermosa de las mujeres - dijo ayudando a levantarse del suelo a la joven. Kan guardó hasta el último vestigio de información que la cara del hombre le ofreció, primero lució increíblemente sorprendido, después una máscara de increíble astucia y maldad cubrió su rostro, finalmente la victoria y el orgullo de saberse en una posición de ventaja cubrió su cara. Sin embargo aún no dijo nada, obviamente estudiando al joven. La chica estaba visiblemente complacida por el comentario, era obvio que realmente era la hija del hombre, sus ojos le habían hecho sospechar, igual que el color del pelo y la forma de la mandíbula. Parecía un ser bello y malvado, sin embargo también su alma estaba totalmente atemorizada, Kan se sabía observado, sabía que su reacción podría costarle la vida o la muerte y decidió seguir el juego para hacer confiar al hombre, esperó no haberlo juzgado mal y decidió "cruzar el mar confundiendo al cielo", era una estrategia arriesgada, tendría que crear una ilusión para poder encontrar el momento de escapar. Así que cogió a la hija de Chang por los hombros y la contempló profundamente, su pelo dorado era largo y suave, comprobó el joven acariciándolo. También era suave su tez, toda una beldad como diría Gr'anSan, el viejo Sabio. "Ningún hombre puede cruzar el desfiladero de las beldades" le habían dicho en cierta ocasión ¿Había sido el anciando clérigo? No importaba, en unos segundos ya se había fraguado un arriesgado plan en la mente del joven, quizás lograse salir con vida de la situación, sino se libraría para siempre de la amenaza de Chang aunque le costase la vida! - Sí señor, es muy bella tu hija Chang - contestó Kan con sinceridad contento de no tener que mentir. - ¿Te parece una buena esposa? - contestó el aludido al fin, las cosas estaban saliendo mejor de lo que había pensado, pero después de todo estaba seguro de que la belleza de su hija sería aliciente suficiente para cualquier hombre, igual que el poder y las riquezas que tendría quien se casara con ella. - Sin duda - replicó el joven - el hombre que se case con ella será muy afortunado - contestó de forma disimuladamente evasiba - es bella, servicial, delicada y sin duda tendrá una extensa dote ¿Verdad? - dijo mirando a su enemigo directamente. - Sin duda - replicó este animado - estaba seguro de que reaccionarías así. Siempre pensé que el hijo de Kazo habría de ser un muchacho inteligente. ¿Quién rechazaría poder, riquezas y placer sólo por unas tontas normas morales? - Sí ¿Quién lo haría? - contestó inteligentemente Kan, por supuesto que él no lo haría! Pero el joven samurai sabía que el Ladrón siempre cree que todos son de su condición y se limitó a dejar que Chang se engañase a si mismo. - Perfecto, perfecto - rumió Chang - Esto es lo que te ofrezco Kan, mis dominios - dijo abarcando el terreno con el brazo - mi fortuna - pronunció lanzando una bolsa llena de diamantes al muchacho que la abrió y miró asombrado, cosa que complació al Samurai Oscuro pues creyó ver codicia donde sólo había sorpresa - y mi hija... - dijo señalándola - para que hagas con estas tres cosas lo que te plazca. El joven miró a la muchacha para ver como reaccionaba, la cual le respondió con un gesto sugerente. - Sabía que por tu edad sería esto último lo que más te interesaría - después de un momento añadió - no te preocupes, sólo tendrás que tomarla por esposa y podrás disponer de ella como te plazca, igual que de todas las mujeres de la isla. Incluso podrás matarla si lo deseas - el malvado ser asqueaba al puro Kan que intentaba darle la espalda aparentando mirar a la joven para que el despreciable ser no pudiera ver su rostro - La verdad Kan. Creí que sería más difícil convencerte, pero veo que eres inteligente. Si yo estuviera en tu lugar sin duda haría lo mismo que tú - dijo apoyando su mano en su hombro. Kan estuvo a punto de tirar de esa mano y acuchillar a ese despreciable hombre con su puñal, pero no le pasaban desapercibidos la docena de arqueros apostados sobre las palmeras y decidió que ese no era un buen momento para morir. - ¿Qué es lo que tendré que hacer? - Pronunció al fin Kan - Sígueme, te lo enseñaré - contestó Chang partiendo. El joven comandante siguió sus pasos, pero una pequeña duda surgió en la mente del Samurai Oscuro, había sido muy fácil, estaba convencido de que le conseguiría pero... había sido demasiado fácil. Podía ser un engaño. Por supuesto no quería mostrar sus dudas en voz alta, esto podría causar la pérdida del joven pero sí pedir un pequeño gesto, un gesto insignificante que mostrara la corrupción del alma de Kan. Se frenó en seco, sacó una daga de entre su ropa y se la tendió al joven que miraba el arma sorprendido. - Mata a mi hija - dijo sencillamente y para reforzar la orden añadió - o yo te mataré a ti primero y luego a ella. Kan palideció, la maldad de ese hombre era impensable, su alma parecía formada por retazos de porquería, en ese momento el joven comprendió que el "Samurai Oscuro" estaba totalmente loco... pero era increíblemente inteligente. Si ahora se negaba sin duda moriría, pero no podía matar a la chica aunque de haberlo hecho habría sido liberada de su loco padre. Kan tomó el puñal con aparente decisión, tenía que pensar una salida a esta situación. Manejó las opciones: Si mataba a la joven, ya no podría ser un Samurai nunca más, seguiría vivo pero perdería su honor y no podría mirar a la cara a los seres que amaba. Si no la mataba sin duda el moriría, y luego ella también moriría! Su negativa sería en vano. También podía intentar atacar a Chang, quizás pudiera herirle, aunque dudaba poder matarle antes de caer abatido por el sin número de flechas que dispararían contra él. Chang conocía esta baza y por eso se sentía tan seguro, quizás incluso portase una armadura debajo del kimono, una cota de mallas que le protegería de Shurikens, puñales y flechas. La tensión era horrible, cuatro pasos más tarde ya había llegado a la chica, esta estaba horriblemente pálida de puro terror, sus ojos estaban casi desencajados de sus órbitas, quizás si hubiera huído habría podido salvar la vida... no, está claro que entonces sería abatida por los arqueros. Kan notó la horrible tensión en los músculos de su espalda, la misma espalda que horas antes había masajeado Rosana, ansiaba estar allí a kilómetros de distancia, seguro en el palacio cuando de repente... Antes de pensar más Kan actuó, pasó rápidamente el puñal a la mano izquierda e imitando a un bandido que había visto en cierta ocasión agarró a la muchacha por el pelo. Odiaba tener que hacer esto pero era la única forma de salvar sus vidas y era un mal menor comparado con la muerte. Tirando del pelo de la joven y apoyando su puñal contra su estómago le retorció la cara para que no pudiera mirarle a los ojos y la besó en un amago de brutalidad fingida que esperó pareciese lo más real posible, después la tiró sobre la misma sábana sobre la que minutos antes ella le había curado la herida e intentando no vomitar por el horror que sentía empezo a deslizar el puñal debajo de las ropas de la joven. - ¡MÁTALA! - Gruñó Chang entusiasmado - ¡MÁTALA Y TODO ESTO SERÁ TUYO! Ante la sorpresa del samurai oscuro, Kan no hundió el puñal en la joven, sino que lo levantó rasgando sus vestiduras y mostrando su desnudez. - ¿QUÉ HACES? - Gritó Chang - No te demores ¡MÁTALA! - TE QUIERES CALLAR VIEJO LOCO - Gritó Kan indignado por la cólera, rápidamente rectificó intentando sonar lo más amenazador posible, cosa que le fue fácil gracias al odio que sentía contra ese ser inmundo - ESTÁS LOCO SI CREES QUE MATARÉ A ESTE MANJAR ANTES DE HABERLO DISFRUTADO UN BUEN RATO ¡¡¡IDIOTA!!! - Lágrimas de cólera e indignación recorrían la cara del joven, sin embargo el silencio que surgió detrás de él le hizo pensar que su plan había dado resultado. A su espalda Chang estaba complacido y horrorizado al mismo tiempo. Él mismo había sugerido que lo que más tentaba al joven de su oferta era la posibilidad de poseer a la hermosa beldad, esta había sido su primer y más importante baza y en un descuido casi la había perdido! Si Kan cumplía su orden y la mataba podía ser que perdiese su baza más importante y al chico. El aparente intento de violación del joven le había convencido de que tenía que conservar a su hija viva, además si moría no habría matrimonio legal y las posesiones heredadas de Kan no serían suyas tal y como había planeado! Chang no era capaz de comprender el ataque de locura que le había estado a punto de costar su mejor baza. Hechó a correr hacia la pareja y agarró al joven. Kan ya no podía seguir fingiendo, la cólera era mayor de lo que podía aguantar, cuando sintió que Chang le tocaba lanzó un empujón hacia atrás con su puñal que golpeó en un brazo a su contrincante, este saltó hacia atrás aparentemente indemne y dijo: - Tranquilo muchaho, no tienes que matarla, no hace falta, has superado la prueba - aseguró - puedes quedarte con ella y podrás tomarla todas las veces que quieras, pero ahora tranquilízate y marchémonos de aquí. Kan quedó paralizado, ya estaba dispuesto a morir y la situación había cambiado completamente, una zona de su cerebro le dijo que su estrategia había dado resultado y otra parte le informó que la cara de terror de la joven debajo de él le asaltaría en sus peores pesadillas durante la noche. Lo único que le tranquilizaba era el saber que había logrado salvar la vida de la hija de ese loco. Chang dejó que el joven, a cuatro patas sobre la arena se tranquilizara. Pensó que tenía una gran debilidad por las mujeres si había decidido arriesgar su vida sólo por tomar una vez a una mujer. Chang en la oscuridad de su corazón, hundido en su propia deprabación no podía entender que las lágrimas de Kan eran de indignación y no de cólera, y que su acto había sido una muestra de pureza y valor, pues se había jugado su propia vida para salvar la de una total desconocida que, sin duda, no habría dudado en apuñalarle sin parpadear.

- ¿Por qué me quieres a mi? - Preguntó más tarde el joven comandante al ser perverso llamado Chang. - Eres mi medio para salir de esta isla - explicó - tu padre ha sido para mi el carcelero perpetuo, si saliese de mis dominios me abatiría con sus ejércitos. Por su culpa no puedo dejar que mis ejércitos arrasen libremente los pueblos, no puedo gobernar a mi placer las tierras y no puedo ofrecer nuevas mujeres a mis hombres para pagarles su lealtad. Kan estaba asqueado al escuchar las palabras de su adversario, pero escuchó atentamente, debía conocer el mal para poder combatirlo igual que había hecho su padre durante toda su vida. - Cuando te cases con mi hija - continuó Chang - uniremos legalmente el impero de tu padre con mis dominios. Entonces, tarde o temprano, tomarás el mando sobre todas las tierras y yo reinaré en tu nombre Kan le miró asombrado, su plan era de locos, irrealizable! Los Samurais seguían a su padre por lealtad y amor. Nunca acatarían las órdenes de un ser despreciable como Chang. El honor es el principio de todo Samurai! - Por tu mirada veo que ves la inteligencia de mi plan - comentó el loco que vivía en su propio mundo de ilusiones mentales - si algún samurai se niega a seguirme lo mataré igual que hago con los que fracasan en mi ejército. Y aquel que exprese la más mínima duda será expulsado de mi ejército y todas sus posesiones pasarán a formar parte de mi tesoro personal - y en un alarde de cordura añadió - pero no te creas que te seré desagradecido Kan, por tus servicios llevarás una vida cómoda, llena de riqueza y sin responsabilidades. Te sobornaré con las más hermosas mujeres y tendrás increíbles tesoros, sólo comerás los más deliciosos manjares y no tendrás que preocuparte por nada. - Si alguna mujer tiene un embarazo que no es de tu agrado sólo habrás que hacer como yo - dijo macabramente - mandarla matar o, por el contrario, abortar, para poder disfrutarla otra vez hasta que te canses de ella. - despues miró con una asquerosa mueca al joven que estaba asqueado a punto de vomitar - Todo en este mundo está para que lo utilices, mujeres, dinero, placer, sólo está ahí para satisfacerte, serás más poderoso si lo tomas - y riéndose histéricamete cayó al suelo presa de un ataque de locura. Kan no sabía que hacer, Chang estaba tirado a sus pies, loco, retorciéndose en extraños movimientos hasta que al fin se levantó. - Mira y aprende como organizo yo a mi ejército joven yerno. El campo de entrenamiento era un enorme círculo de piedra natural por el que corrían pequeños ríos de lava. Los Samurais Renegados luchaban salvajemente entre ellos con un salvajismo antinatural. Kan impresionado pensó que una reyerta se estaba produciendo, quizás sería su momento de escapar. Después de mirar al desalmado que tenía a su lado se dio cuenta de que era algo normal, quizás una sesión de entrenamiento común y corriente. - Como ves son todos novatos - proclamó Chang - están intentado sobrevivir para alistarse en mi ejército - El joven le miró impresionado y escandalizado, tal y como él había pretendido - mis técnicas no son tan blandas como las de tu padre, querido yerno. Yo sólo admito a los mejores entre mis filas - rió - todos los que se alistan en mi ejército lo hacen bajo promesas de riquezas y mujeres sin paragón. - después de un momento continuó - sin embargo para ello primero han de entregarme todas sus posesiones - afirmó categóricamente - después lucharán a vida o muerte entre ellos, sólo uno de cada veinte tiene éxito y pasa a formar parte de mis exquisitas filas, el resto - dijo quitándole importancia con un gesto - muere o como poco queda desfigurado o mutilado. Sólo a cambio de un rescate pagado por sus familiares permitimos que retorne vivo a su región. Kan le miraba con los ojos totalmente abiertos, no podía creer lo que oía, ese hombre arruinaba la vida de todos los que tomaban contacto con él, los que así lo hacían perdían sus posesiones, su honor y en muchos casos, la vida. Era más peligroso aún de lo que había creído en un primer momento. - ¿Qué haces con el dinero que recaudas? - preguntó Kan - Oh! No creas que lo tiro ayudando a otros como hace tu padre - comentó - lo utilizo para aumentar mis posesiones y cubrir de oro a aquellos que regresan con éxito de las misiones que les mando. - después de un momento de duda añadió un ejemplo - De los dos hombres que te trageron hasta mí, a uno le pagué su peso en oro y ahora tiene una fortuna suficiente para vivir cinco vidas opulentamente... si no lo desperdicia como seguramente hará. - ¿Y el otro? - Preguntó inocentemente el joven - El otro fue ejecutado - dijo como si no tuviera importancia - mis órdenes eran claras, traerte ileso. El muy imbécil te irió con el remo incumpliendo mis órdenes y pagó el error con su vida - después sonriendo añadió - también todas sus posesiones han sido confiscadas, incluidas sus mujeres jóvenes. Las que eran demasiado viejas, como su madre, han sido pasadas por la cuchilla - y reafirmó sus palabras gesticulando como el mismo degollaría a una persona. Kan estaba horrorizado, ese hombre despreciable estafaba y asesinaba a sus propios soldados. Gobernaba por el miedo, no comprendía como nadie podía seguirlo... pero después de mirar atentamente la escena que se desarrollaba debajo de él comprendió que todos los miembros de su ejército eran tan despreciables como él, deseaban poder y riquezas, sin importarles los medios para conseguirlos. El camino del robo, la estafa y la rapiña era un camino rápido... pero acabaría trayendo la desgracia del que lo siguiera. Hasta ahora Chang había conseguido sacrificar a otros para salvarse a si mismo pero su suerte estaba a punto de terminar. - ¿Nunca se ha revelado ningún soldado? - preguntó el joven - Sí, en muchas ocasiones - reconoció Chang sin importarle - de vez en cuando algún comandante se sentía engañado, antes trabajaba más en las sombras - explicó - predicaba buena voluntad y con el tiempo iba, poco a poco, corrompiendo a mis soldados. Eso me permitía actuar en terrenos abiertos sin tener necesidad de estar escondido como estoy ahora - después de un silencio dramático añadió - tu padre fue uno de esos soldados, el creyó todas las paparruchas que le dije sobre el honor, parece que ya las llevaba dentro, pero cuando quise corromperle creó una rebelión, me traicionó en nombre de ese estúpido honor y - comentó con una mueca de desagrado - creó el imperio que ahora regenta expulsándome a esta isla, el único lugar seguro que existe para mi. Ahora actuo directamente, escojo sólo a los seres más deprabados para enseñarles una parte de las artes samurais. Kan miró extrañado al hombre -¿Por qué sólo una parte? - preguntó el joven - Así me es más facil controlarlos - explicó el estúpido ser - me conservo más poderoso que ellos para que me teman. - Pero si les enseñas todo lo que sabes tu ejército sería mucho más poderoso - replicó el Comandante Samurai - ¿No te beneficiaría eso más aún? ¡Así es como trabajamos en el campamento! Lo enseñamos todo, de esta forma al crecer el poder del individuo crece el poder del equipo! - Eres imbécil - le espetó Chan directamente - si les enseñas todo lo que sabes podrán volverse contra ti y matarte para tomar el mando. Aún eres muy joven para comprender. El verdaderamente idiota era el maligno Chang, no comprendía que la lealtad de los hombres se conseguía por medio de unos actos justos y un honor increbrantable. No era capaz de comprender que para recibir primero hay que dar. En su egoísmo sólo se debilitaba y eso causaría su caída. - Ahora serás tú quien ha de pelear - dijo de repente el retorcido ser - ¿Qué? - preguntó atónito Kan - Sí, has de pelear contra 20 de mis comandantes, si matas a alguno tomarás su puesto en mi ejército. - despues añadió - Si mueres mis planes se verán frustrados, tendré que matar a mi hija, pues ya no me será de utilidad y planear alguna otra forma de conquistar el imperio de tu padre - dijo resignado - pero no permitiré que un débil forme parte de mi ejército. Kan tragó saliva, el viaje había sido algo horrible y las últimas horas habían sido agotadoras para él. Intentó despejar su mente y midió el estado de sus músculos. En ese momento agradeció infinitamente los cuidados de Rosana, gracias a ellos tenía los músculos totalmente descansados y en forma, su agotamiento sólo era mental, con tres minutos de relajación estaría perfecto. - Sígueme, te espera el triunfo o la muerte en mi casa de reposo, ahí te batirás en duelo. - A una orden del oscuro sus veinte comandantes formaron guardia detrás del joven, estaban nerviosos pues uno de ellos moriría hoy, el corto trecho hasta la casa serían los últimos momentos de uno de ellos. - ¿Por qué veinte comandantes? - Preguntó extrañado Kan - Yo no tengo en cuenta las idioteces del trabajo en equipo como tu padre - replicó Chang mientras andaba - mi número de comandantes es infinito, todo aquel que consiga sobrevivir hasta llegar a ese puesto será bienvenido. Kan no respondió, cada vez veía con más claridad que el ejército de renegados era mucho más frágil de lo que parecía, relajó su mente para aprovechar el corto trayecto para descansar y prepararse para la batalla. Era una sencilla técnica Samurai de nublar su vista privándola de los detalles más relevantes limitándolo a simples formas para aumentar su percepción en movimientos, lo cual le otorgaba un relajamiento completo, una forma de lucha mecánica y una percepción infinitamente mejor para la lucha. A medio camino paró, había sentido algo familiar en las cercanías, no era capaz de explicarlo pero antes de que Chang pudiera invitarle a continuar se dobló hacia un lado aplicando una terrible patada lateral contra el oscuro ser. Los veinte comandantes tardaron sólo un segundo en reaccionar, desenfundaron sus espadas dispuestos a lanzarse sobre el joven. Sin embargo temiendo represarias por su amo y señor esperaron a que la orden fuera dada. Entonces ya era tarde, seis samurais salieron de la maleza y de un salto se colocaron entre las filas enemigas. Kan en su estado actual no era capaz de ver más que formas, sin embargo reconoció los destellos arcoiris de la Katana doble diamante de su padre ¡Había esperanza! Entusiasmado el joven intentó aclarar su vista lo suficiente para ver a su primer Samurai, Omius, apodado "el Invencible" portando su enorme espada bastarda de doble puño, era un arma terrible que de un solo tajo desgarró a dos de sus contrincantes. También luchaba la bella Escila, portaba una elegante armadura que dejaba al descubierto más piel de lo que Kan habría considerado óptimo para una prenda de ese estilo, sin embargo la sutil técnica parecía tener su razón de ser, en ese momento su contrincante bajo su mirada un poco más abajo del rostro de la joven para admirar sus formas en un mero acto reflejo. Eso era todo lo que necesitaba la joven que aprovechó el despiste de su contrincante para hundir su espada Katana en un golpe mortal... técnicamente no muy bueno, pero mortal de necesidad. Poco más pudo ver Kan pues sintió un movimiento a su espalda. Se reprendió por haberse distraído y se arrojó al suelo rodando imprebisiblemente para un lado, eso le salvó la vida pues dos Shurikens pasaron por donde, momentos antes, había estado su cuerpo. Los dos Shurikens siguieron su camino hasta enterrarse en la espalda de uno de los comandates de Chang, sin duda las armas debían estar envenenadas, pensó, pues el comandante cayó muerto en el sitio. El joven comandante Samurai se levantó de un salto y miró fijamente a su contrincante. Este lucía una perversa mueca en su cara seguro de su victoria sobre el joven. Kan recordó las palabras de Omius "Al enfrentarse a la muerte, el que está listo para morir sobrevivirá, mientras que el que quiere vivir a toda costa morirá", se tranquilizó y se mostró lo más seguro que podía. Entrecerró sus ojos y sonriendo alegremente se lanzó al ataque con la misma alegría que se lanzaría en un ensayo. Chang quedó consternado, la seguridad del joven era increíble, en vez de temer por su vida, como él había supuesto, se mostraba feliz igual que si esto sólo fuera un juego para él. El Samurai Oscuro había oído grandes azañas sobre el muchacho los últimos días, como había vencido a su asesino... ¿Podrían ser verdad? Un pésimo presagio recorrió su columna vertebral e incapaz de defenderse de puro miedo cruzó los brazos sobre su cara en un patético intento de defenderse. Kan no creía lo que veía, su sonrisa aumento más aún, en vez de parar el golpe su contrincante se cubría como una niña. El joven impulsó aún con más fuerza su katana lanzando un tajo transversal directamente al estómago de su oponente. Su espada dio en el blanco, cortando el kimono alegremente y... ¡Chocando con algo duro! Kan retrocedió para fijarse mejor. El villano tenía una cota de mallas protegiéndole debajo del kimono, esto no lo había previsto Kan y era muy grave, la cota ni siquiera había sido arañada por la afilada espada Katana del joven. Y era normal, la Katana era un arma cortante, una cota de mallas sólo era vulnerable a las armas penetradoras, con punta como una espada corta o un estilete. Sin embargo la Katana de Kan no tenía ninguna punta, contaba con un maravilloso filo... totalmente inútil contra la armadura de su enemigo. Incapaz de rendirse Kan atacó a las piernas del enemigo y lanzó varios tajos rápidos en todas direcciones. Como resultado de su rápido ataque el Kimono del enemigo quedo completamente destrozado, sin embargo una extraña cota de mallas cubría todo su cuerpo. Sin duda era de una exquisita calidad pues no había sufrido ni un arañazo, si contase con algún arma penetradora... pero no, el puñal lo había abandonado en la playa ¡Sería estúpido! Chang estaba allí delante de él lloriqueando como una niña y él era incapaz de herirle. En ese momento el Samruai Oscuro se dio cuenta de que aún estaba vivo, miró hacia abajo y recordó la armadura que cubría su cuerpo, le había costado dos bolsas de los más puros diamantes pero había válido la pena. Recuperando la confianza miró a Kan y vio que sólo contaba con una Katana, un arma terrible... pero totalmente inútil contra la cara cota de mallas que le cubría el cuerpo, de haber sido de menor calidad seguramente habría muerto, pero ahora se sentía casi invulnerable. - Parece que hoy moriras tú - dijo sonriendo, miró a la batalla a su izquierda y vio que sus guerreros estaban cayendo, estaban en clara desventaja contra los verdaderos Samurais. Estos eran un equipo mucho más organizado y los comandantes oscuros, a pesar de estar en mayoría caían como moscas. Sin embargo la distracción sería suficiente para acabar con el joven y huir rápidamente. En su huída disfrutaría del dolor causado a Kazo, su ancestral enemigo. Chang se deshizo de los pocos girones del Kimono que cubrían su cuerpo y tranquilamente tomó su Katana y atacó al joven. Kan paró el ataque con facilidad. Un ataque siguió al otro, cada vez más rápido, cada vez más preciso. El joven contaba con la rapidez de la juventud y una energía sin tacha, el anciano con la experiencia de mil batallas y la precisión de años de entrenamiento. Pero encima Kan no podía hacer otra cosa que parar los ataques de su adversario, contraatacar sería inútil pues su armadura era totalmente impenetrable. Chang aumentó poco a poco la velocidad de sus golpes, hasta ahora el joven le había frenado cada golpe con habilidad, pero conocía su ventaja y sólo tenía que esperar a que un pequeño error por parte del joven fuera su perdición. Kan viendo que las cosas iban cada vez peor dejó que su mente inconsciente buscara una solución. Todo ataque hacia su armadura sería inútil, razonó, y de seguir frenando sus golpes moriría al primer fallo. Una gota de sudor bajó por su frente acercándose peligrosamente a uno de sus ojos, de dejar de ver no podría frenar los ataques de su enemigo y estaría a su merced. Parpadeó enérgicamente y se libró de la gota... dando, sin querer, una idea a su enemigo. Kan en el último momento, en vez de frenar un ataque giró su cuerpo hacia un lado esquivando el tajo, era un movimiento muy arriesgado, la Katana le pasó a menos de un centímetro de su cuerpo cortando el aire con una precisión aterradora, sin embargo el joven no se dejó distraer, aprovechando su oportunidad lanzó un ataque... ¡Hacia la empuñadura de la Katana! Chang reaccionó tarde, pensó que el joven se había vuelto loco y pretendía romper de un golpe su espada por la empuñadura ¡Iluso!, pensó. Pero cuando entendió el verdadero motivo ya era demasiado tarde para el Samurai Oscuro. Un dolor frío como el hielo recorrió su mano derecha. Chang no pudo reprimir mirar la fuente de su dolor y donde debía estar su dolorida mano sólo había un muñón sangrante. El Samurai Oscuro miró en un repentino reflejo al suelo, donde vio su propia mano, aún temblante, recostada patéticamente sobre la tierra. Un chorro de una sustancia roja, ¿sería sangre?, caía sobre ella. Un segundo después comprendió que era su propia sangre brotando a borbotones de su brazo herido. En un acceso de pánico soltó su Katana dejando sorprendido al joven - ¡Me rindo! - Gritó. Kan, hombre de honor, bajó su propia espada aceptando la rendición del hombre, el cual se arrojó hacia el suelo. En un principio el joven temió que fuera a recoger la espada caída y de una patada la alejó. Pero las intenciones del perverso samurai eran otras, agarró su mano e intentó colocársela como si sólo con juntar ambos lados se fuera a regenerar. Obviamente no ocurrió nada y Chang seguía sangrando. Los comandantes oscuros pararon de luchar al unísono como si fueran marionetas cuyo titiritero hubiese muerto. Kan sonrió, contento por haber salvado la vida y haber vencido. El joven comandante se agachó y alargó su brazo libre hacia la herida de su adversario, debía vendarle la herida si no quería que se muriera desangrado. A pesar de ser el ser más despreciable que había conocido, Kan no podía desearle la muerte como no podía deseársela a nadie. Incluso el malvado Samurai podría cambiar y pagar sus errores. Chang se revolvió rápido como el viento, soltó su mano herida, agarró un puñado de tierra con su mano ilesa y lo lanzó hacia los ojos del joven. Kan quedó paralizado, no podía ver nada y los ojos le escocían. A punto estuvo de soltar su espada pero un ruido le informó que el oscuro samurai había recogido la suya del suelo. A su izquierda la lucha retomó su caliz cobrándose el grito de una joven. Kan temió que su joven Aprendiz, la bella Escila, hubiera perecido distraída. Sabiéndose un blanco fácil el joven se arrojó al suelo y rodó sobre si mismo para levantarse, aun sin ver, sobre un lugar desconocido. Al borde del pánico analizó la situación. Estaba ciego, desamparado, a la merced de los golpes de un enemigo furioso que era invulnerable a su espada. Un nudo se solidificó en el estómago del joven, la cosa no podía ir peor, deseó tener otra vez sus problemas cotidianos, el miedo al fracaso, los entrenamientos diarios... todo le pareció poco comparados con la certeza de su muerte. Estaba a punto de rendirse a la muerte cuando recordó sus propias palabras "Quien no lo intenta, fracasa aún antes de empezar!" no estaba dispuesto a dar su vida sin antes luchar con todos sus recursos, reconoció que sus posibilidades eran pocas pero las exprimiría una a una hasta la última ¡Seguiría luchando! No supo por qué pero su instinto le empujó a levantar su Katana, el movimiento fue torpe e inseguro pero logró parar un golpe mortal lanzado contra su cabeza, ¡La cabeza! pensó entusiasmado ¿Cómo no se había dado cuenta antes? De haber sido así, podría haber cortado la cabeza de Chang de un solo tajo de igual forma que había hecho con sus dedos. Ahora no veía y sería más difícil pero... Dando una doble voltereta mortal sobre donde creía que estaba su enemigo Kan aterrizó en el suelo y lanzó un tajo hacia donde calculaba que estaría aún quieto el Samurai Oscuro, justo a la altura de su cabeza. Sin embargo la espada sólo cortó aire. Sin que Kan pudiera saberlo Chang había retrocedido después de que el joven parase su ataque temiendo que hubiera recobrado su vista. El Smaurai Oscuro había temido por su vida al ver la acrobacia del joven, pero después de ver hacia donde había atacado se dio cuenta de que aún estaba ciego. La oportunidad era única, Kan estaba delante del él, su cuello ofrecía una diana perfecta y muy muy fácil. Sin pensarlo otra vez lanzó un tajo mortal de necesidad, el que sería el último golpe que lanzaría en el duelo. Kan actuó por instinto, si Chang no estaba delante suyo... sólo podía estar en un sitio. No supo que es lo que le llevó a tomar la decisión pero el momento no era para pensar, era su vida lo que estaba en juego, todo su futuro, sus sueños, sus ilusiones, sus viviencias, sus futuros hijos ¡Nada de eso tendría si moría! En un rápido movimiento se agachó medio cuerpo haciendo descender sus piernas a la par que rotaba sobre si mismo y lanzaba un arco cortante hasta donde le permitieron estirar sus brazos. De los dos golpes sólo el de Kan llegó a su destino. Aún teniéndolo todo en su contra, el arrojo del muchacho le había impulsado a continuar luchando hasta vencer. De la cabeza del pérfido Chang, el Samurai Oscuro brotó un extraño ruido al chocar contra el suelo. La sangre salpicó al joven y le manchó el Kimono de una forma muy desgradable, pero ni eso fue capaz de apaciguar la sonrisa que brotaba en su cara. ¿Su motivo? No eran la victoria ni el ansia de sangre satisfecho, sonreía por un motivo más importante que todos esos, sonreía porque era feliz. Era feliz, simplemente, porque vivía. Cuando recobró la vista Kan vio a su padre sentado al lado de la Bella Escila tapando su cuerpo desde su postura. Omius retenía el sólo a los tres samurais Oscuros que aun quedaban vivos y entre los otros Verdaderos Samurais reconoció al anciano mercader, al viejo sabio y a Aki, que ahora mismo se acercaba hacia el joven preocupado. - ¿Estás herido? - preguntó directamente con cierto temor en la voz. - ¡Estoy perfectamente! - contestó alegremente dejando anonadado al General, sin perder un momento se acercó a comprobar como estaba Escila - ¿Cómo está? - preguntó a su padre. - Sobreviviré - contestó la misma Escila - uno de esos cabrones me pegó un buen corte en la pierna. - dijo con furia mientras reprimía un chillido de dolor - No es muy grave - comentó Kazo - pero cortó algo importante, sangra mucho, ya le he aplicado un torniquete y estoy acabando de vendarla. - sobrevivirá... ¡Pero sólo si nos damos prisa! Kan quedó paralizado, el corte no parecía muy profundo, pero la sangre fluía inundando los vendajes. Él mismo apretó un poco más el torniquete y pareció que la sangre dejaba de manar. Aún así reconoció la urgencia, habrían de llevarla al campamento donde podrían curarla mejor. - Marchemos ya! - exclamó alarmado - si vienen refuerzos nos entretendremos y podría costarle la vida a Escila - su padre asintió e hizo amago de cogerla en brazos. - Si me permite el honor - escuchó una voz grave detrás de él. El general de generales miró hacia atrás y asintiendo con la cabeza se apartó. Omius, mucho más joven y cuyos brazos tenían la fuerza de varios hombres era mucho más apropiado para el trabajo. Así podrían moverse más deprisa. - Señorita - dijo medio burlándose el guerrero mientras la tomaba en brazos - espero que se encuentre cómoda. - Mucho - replicó Escila sonriente - pero esas manitas quietas - añadió con un guiño - que te conozco. Por toda respuesta Omius le lanzó una pretendida mirada ofendida y hechó a correr sin notar su peso en la carrera, como si la samurai fuera una niña recién nacida ligera como una pluma. El resto del grupo siguió al guerrero que iba en cabeza, Kan se orientó ligeramente y reconoció que iban hacia la playa donde había despertado. - En esa playa hay arqueros! - exclamó alarmado - nos abatirán! - Ya nos hemos encargado de ellos - dijo Aki al joven con un guiño. - No estoy para estos trotes - exclamó el viejo sabio, a Kan le pareció sorprendente como un poco de entrenamiento Samurai había hecho posible que el achacoso clérigo hubiese vencido a unos jóvenes y pletóricos samurais oscuros... igual que el anciano exMercader que poca menos edad tendría. - No te quejes - contestó Omius - al menos tú no tienes que cargar con una mujer a cuestas - rió alegre por haber recuperado sano y salvo a su joven comandante. - ¡Ni que estuvieramos casados! - replicó jubilosa la joven siguiendo la broma. En poco tiempo llegaron a la playa, sin embargo la carrera había supuesto demasiado para la Bella Samurai. Escila había perdido la conciencia y Omius temía lo peor. - No sé si aguantará el viaje por mar - dijo Kazo asintió penosamente y el antiguo clérigo empezó a recitar una salmodia por lo bajo. Kan frenó en seco, no podía creer que se rindiesen. ¡Era Escila! él no permitiría que la joven diese la vida en su lugar. Mientras cruzaban la playa aún a la carrera, el joven empezó a recordar algo que le pareció muy importante... ¿qué era? Un rayo de luz acalaró su mente. - Seguirme! - gritó y cambió de dirección. Los Seis Samurais restantes se miraron unos a otros y por fin siguieron al joven. Este los condujo hasta una manta tendida en el suelo donde les ordenó tumbar a la Samurai. Kan oteaba nervioso los alrededores, había estado seguro de que aún estaría allí, era su única posibilidad. ¡Tienes que estar! gritó mentalmente. Como conjurado por su mensamiento pudo divisar un leve movimiento entre dos arbustos no muy lejanos, sin pensarlo saltó hacia ellos y agarró a la joven situada entre ellos para que no pudiese escapar. - Te necesito - Dijo Kan a la bella hija de Chang - ¡Ahora! - y sin mayores delicadezas la arrastró hasta la rica sábana tendida en el suelo que ya estaba tiñéndose por la sangre de la mujer. Por un momento la muchacha dudó, luego miró a los samurais y en una repentina decisión escrutó la herida de la joven. - Hacer un fuego - ordenó sencillamente. Omius fue el primero en reaccionar, corrió hacia el bosque y en menos de dos minutos ya había montado un pequeño montón de ramas al que añadió un trozo de seda blanca que encontró tendida en el suelo. Prendió el conjunto con su yesquera y avivó el fuego para crear una llama fuerte. - ¿Para qué lo quieres? - preguntó Kan inocente - Dadme una daga - ordenó la joven sin contestar a la pregunta. Kazo dudó un momento, había reconocido en la joven los rasgos de su malvado padre, pero viendo que no tenía otra opción que confiar en ella le tendió una exquisita daga adornada de oro y piedras preciosas, la muchacha pensó que era una pena estropear una belleza así pero hundió su hoja en lo más caliente del fuego encendido. Cuando la hoja se había tornado totalmente roja retiró los vendajes de la pierna de la hermosa samurai, con lo que la sangre brotó fuertemente. Con precisión la rubia beldad de ojos verdes tomó la daga del fuego y posó la parte plana, al rojo, sobre la herida, cauterizándola automáticamente, quemando piel, músculo y venas. Formando una costra que seguramente nunca se iría. Pensó que a la mujer no le gustaría contar con esa herida en sus, hasta ahora, perfectas piernas. Pero de nada le servirían sus bellas piernas si moría. Aplicó otra vez la daga, por la otra cara, contra la herida, esta vez más rápidamente y la herida cortante había desaparecido, en su lugar había una fea quemadura que duraría mucho tiempo y le causaría graves dolores a la bella Samurai, pero sin duda viviría.. - Vivirá - dijo sencillamente la joven. - teneis que dejar reposar la quemadura durante dos minutos exactos, después habréis de calmarla con agua de mar. Eso la desinfectará - dijo poniendo una desgradable mueca - pero también le dolerá en extremo. Antes de que acabe el día renegará por no haberse muerto y tener que soportar ese dolor. - Mucha gracias - dijo al fin Kan tranquilizado. - No me las des - contestó la joven mirándolo curiosamente, seguramente porque tenía todo el rostro teñido de rojo por la sangre - Soy yo la que te he de dar las gracias. - ¿Por qué? - preguntó Kan - después de lo que te hice... - fue incapaz de acabar la frase recordando como hacía sólo unas horas había intentado forzar a la muchacha. La joven sonrió y le miró dulcemente. - No soy tonta - dijo al fin - me salvaste la vida - y mirándolo cariñosamente añadió - ningún hombre llora de rabia cuando fuerza a una mujer, estoy acostumbrada a ver la mirada de los hombres de mi padre mientras hacen cosas similares - dijo restándole importancia - arriesgaste tu vida para salvar la mia - después de una breve pausa sacó la duda que la corroía - ¿Por qué lo hiciste? Sólo tenías que matarme y tu salvarías tu propia vida ¿Tanto te he gustado? - preguntó intrigada. - No es eso - contestó sencillamente Kan - no eres fea en absoluto. Simplemente no dejaría que muriese ningún inocente. - Es un Samurai - dijo Omius como si eso lo explicara todo - Un Verdadero Samurai - recalcó La muchacha quedó pensativa, toda la vida había pensado que los Samurais eran como su padre, seres temibles que sólo buscaban su propio beneficio, pero delante de sus ojos tenía la prueba de lo contrario, lo que es más, el acto de Kan había sido el acto más hermoso y desinteresado que ella nunca había contemplado. Quizás a otra mujer le resultara una experiencia traumática la situación, pero ella había sabido durante toda su vida que su padre bien podía entergarla en recompensa a algún vasallo que le satisfaciera, además enseguida había comprendido que aquello era una farsa destinada a salvarle la vida, en ningún momento Kan la había tocado más que los hombros, la había tirado del pelo sí, pero muy suavemente, y el beso había sido totalmente finguido ni siquiera había acertado en la boca, estaba muy claro que todo había sido una interpretación... ¡Y muy mala! Lo que más le había extrañado a la joven habían sido las lágrimas de cólera e indignación que recorrían la cara de Kan mientras interpretaba la farsa, aunque en realidad nada había hecho, el solo pensar en la escena le había indignado aun sabiendo que era la única forma de que ambos conservasen la vida. En ese momento la hija de Chang descubrió que no todo el mundo era como su horrible padre, descubrió que en el corazón de todo Verdadero Samurai había una bondad y una pureza que la extrañaban y la entusiasmaban a la par. Ella nunca podría llegar a guardar tal bondad pues toda la vida había crecido entre la más pura maldad y perversión. Sin embargo decidió que quería salir de aquella maldita isla y descubrir el mundo, con sus defectos y sus virtudes. Sin duda lo que le esperaba ahí fuera sería un paraíso de bondad comparado a la vida que había llevado hasta el momento. Los que vivían en un mundo normal no sabían que tesoro poseían. Por fin despertó la bella Escila, según despertó gritó de dolor y miró extrañada a los alrededores. - ¿Estamos esperando al enemigo? - preguntó - lo digo porque aquí tumbada me voy a perder la diversión. La tensión acumulada en las últimas horas hizo que todos estallaran en sonoras carcajadas. Omius agarró a la Samurai enrollándola en la sábana y todos partieron hacia la barca que les esperaba. Al llegar Kan se fijó en que dos Samurais más les estaban esperando con los remos listos. Todos montaron uno a uno en la barca, incluida la hija de Chang a la que nadie replicó nada porque subiera por propia iniciativa. - ¿Qué harás ahora? - Preguntó Kazo a la joven. - Iré a recorrer mundo - contestó ella - deseo explorar todo lo que me negó mi padre. - ¿Por qué no te haces Samurai? - replicó la herida Escila desde el fondo de la barca pues tenía la costumbre de no perder ni una sola oportunidad de reclutamiento. - No es lo que deseo - replicó sonriendo la joven ante la idea de que ella fuera una Samurai - tengo mucho que aprender del mundo y deseo hacerlo por mi propio pie. - Te enfrentarás a muchos peligros - aseveró el Viejo Sabio - ¿Te crees que mi padre era un payaso de circo? - contestó ella indignada - Se defenderme tan bien como cualquier guerrero y he vivido situaciones mucho más peligrosas que ninguno de vosotros - aseveró, y después de mirar a su salvador rectificó - sin contar a Kan, claro. El joven se sintió alagado por el comentario, pero dudó que tanto su padre como Omius o el propio Aki no hubiesen vivido situaciones igualmente peligrosas, pero nadie replicó nada. Por toda respuesta Kazo lanzó una bolsa llena de monedas de oro a la joven. - Toma - ordenó - con ese dinero podrás vivir una vida cómoda sin pasar jamás necesidad - aseguró - compra unas tierras y adminístralas bien y podrás doblarlo. - Gracias - dijo ella - pero no quiero caridad - contestó orgullosa tendiendo la bolsa - ya me las arreglaré - aseveró, aunque no tenía ni idea de cómo. - No es caridad - contestó inteligentemente el general de generales acostumbrado a esas muestras de orgullo - considéralo un pago justo por salvar la vida de mi compañera samurai - añadió señalando a Escila en el suelo, la cual respondió calladamente con una media sonrisa. La joven se lo pensó mejor y sujetó la bolsa al fino cinturón de cuero que lucía en su cintura. Kan dándose cuenta de que la muchacha casi no llevaba ropa se quitó su propia chaqueta y se la tendió a la joven, esta la cogió agradecida, empezaba a tener frío por la brisa marina. Contenta vio que la parte superior del Kimono de su salvador le llegaba hasta un punto entre su cadera y sus piernas, como si fuera una especie de sexi vestido Samurai. Se ciñó un poco más la tela a la cintura y sonrió al ver la tierra ya en el horizonte. Poco después estaban ya entrando en la playa. La hija de Kan, temerosa de que la retenieran saltó a tierra y se despidió de todos con una mano mientras corría. Su pelo ondeando al viento fue lo último que Kan vio de su falsa prometida. Después montaron de regreso al palacio en las rápidas cuádrigas Samurai que les habían traído, por tierra, hasta el mar. El viaje de ida había sido de sólo unas horas, o eso pensaba Kan que había estado inconsciente la mitad del trayecto. Pero el viaje de vuelta les llevó el resto de la tarde y toda la noche. Los Samurais se turnaron en conducir las cuádrigas, a paso ligero para no agotar a los caballos que llegaron al límite de sus fuerzas al despuntar la madrugada, por suerte para entonces ya habían llegado al palacio, donde un alegre Gui y una preocupada Rumiko acompañaban a una espectante Rosana vestida con una bellísima seda azul cielo, un poco más pálida que el cielo y también algo más brillante. Kan saltó impaciente de la cuádriga aún en marcha, a causa del cansancio y la falta de sueño casi se torció un tobillo al aterrizar en falso, ignorando el tropiezo se levantó y se echó a la carrera hacia su prometida, la cual ya corría hacia él. Ambos se abrazaron temiendo volver a separarse. Estaban vivos y juntos, lágrimas de felicidad cubrieron la cara de los jóvenes amantes. - Estás asqueroso - dijo entre risas la joven después de besarle. El Comandante Samurai quedó paralizado, se había esperado cualquier cosa... !menos eso¡ Se miró de arriba a abajo sin soltar a la joven y pensó que "asqueroso" era un calificativo muy amable. Tenía el pelo pringoso por el sudor y la sangre, la cara estaba cubierta de negros coágulos, tenía el pecho desnudo y cubierto de sudor y polvo del camino, incluso sus pantalones estaban embarrados y endurecidos. Entre risas escuchó a su madre decir muy seria y ofendida al general de generales "No, no, tú a mi no me tocas hasta que te pegues un buen baño!" "Pero cariño, acabo de venir de una batalla, he salvado a nuestro hijo" replicaba el general "Sí, sí, todo eso y además lo que quieras" contestó Rumiko "Pero eres un guarro indecente General Samurai!" Kan miró de reojo a sus padres y no se sorprendió al ver como, a pesar de sus palabras, su madre se lanzaba sobre su padre para abrazarlo posesivamente... justo antes de decir por lo bajo "Ya me puedes ir comprando un vestido para enmendar que tenga que tirar este" Una sonrisa cruzó la cara del General y de su hijo, ya comandante, conocedores del amor de su madre por la ropa. "Por cierto, me han recomendado un tratante de telas buenísimo..." aprovechaba a comentar Rumiko a su esposo mientras entraban en la casa. - ¡Que bonita escena! - replicó Escila irónicamente - y a la herida que le parta un rayo! - añadió ofendida. - Si quieres que alguien te abrace yo me ofrezco voluntario - tronó contento Omius - Si te acercas te cerceno un brazo - amenazó la bella samurai - conozco perfectamente tu fama, algunas de mis samurais aseguran que debes de tener, como poco, cuatro o cinco. - En ese caso, por uno tampoco me pasará nada - replicó sonriente el guerrero, que sin embargo no se acercó. - ¿Qué te paso? - preguntó Rosana preocupada - Un indeseable me lanzó un tajo en la pierna - dijo señalando la herida - y estos bestias acabaron su trabajo tostándomela como si fuera un trozo de pan y dejándome una marca que estropeará mi figura para toda la vida - añadió sinceramente enfadada - eso si no me mata de dolor la puñetera. Kan pensó que debía dolerle horrores para que Escila, famosa por su dulzura, tuviera el lenguaje de un borracho de taberna. Después recordó que durante mucho tiempo la Samurai había sido camarera en tabernas algo dudosas. - Sí que es fea - reconoció Rosana - Tú para encima recálcalo - replicó la Samurai más triste que ofendida. - Pero tiene solución - siguió la joven - unas compresas de Sabila te calmarán el dolor. - ¿De qué? - Preguntó la samurai interesada - Sabila, Aloe Vera. - explicó la joven - es una planta medicinal muy utilizada en el lejano Egipto. Mi padre me llevó allí cuando tenía apenas seis años y recuerdo como la usaban para que los soldados se recuperaran de las peores mordeduras del Sol - ante la insólita mirada de la Bella Escila, añadió - En esas tierras el Sol es mortal, si te descuidas acabas tostado como si te hubieras tendido en una hogera. - Pero seguro que será muy difícil conseguirla - tanteó Escila - ¡Qué Va! - contestó - en casa tenemos a montones, según creo el Aloe crece en casi todo el mundo sólo que hay que saber diferenciar cual es la especie que se necesita. Kan, crees que podrás conducirnos en la cuádriga hasta casa de mis padres? Allí me será muy fácil curar a tu aprendiz. Por toda respuesta el joven saltó a la cuádriga donde estaba Escila tendida y después de ayudar a subir a su prometida azoró a los caballos hasta que llegaron a la misma puerta de la casa del cocinero. Rosana saltó corriendo de la cuádriga y, después de desaparecer en la casa unos minutos, regresó con una hoja de cactus de una braza de tamaño. También tenía un limón en su mano dentro de un cazo y unas vendas. Cuidadosamente posó el cazo en la tierra, exprimió un poco la hoja, de la que brotó una savia transparente y brillante. Después metiendo los dedos dentro de la hoja extrajo la pulpa, brillante y pastosa pero de una sola pieza, la arrojó en el tarro y exprimió el limón encima de la mezcla, revolviéndola cuidadosamente con su mano. Debido a la sensibilidad de la herida Rosana decidió aplicar primero parte del líquido utilizando su propia mano. Escila, según sintió el néctar en su piel vio las estrellas, aquello dolía increíblemente. - Es el primer efecto - explicó la joven - primero escuece porque está limpiando la herida, en cuanto penetre un poco notarás que se calma el dolor. Y así fue, unos segundos después el dolor fue mitigándose y Rosana limpió la herida dos veces más, estas fueron totalmente indoloras. Escila no acababa de creérselo cuando la joven levantó un poco la pierna de la Samurai pidiéndole que la mantuviese en esa postura. Kan la ayudó sujetando el peso de la pierna por el pie mientras la joven sanadora tomaba la pulpa, aún de una sola gelatinosa pieza, y la colocó suavemente en contacto con la herida. Después impregnó las vendas con el líquido que quedaba y realizó un vendaje de tal forma que mantenía apretada la pulpa contra la herida. Satisfecha se secó las manos y ordenó bajar la pierna cuidadosamente. - Ahora te llevaremos a tu tienda, hasta mañana por la tarde no debes andar, haz que te atienda alguna de las samurais de tu equipo - al ver que la mujer fruncía el ceño añadió - es muy importante, si lo haces como te digo cabe la esperanza de que el Aloe haga desaparecer la herida como si nunca hubiese existido, sino tendrás una pierna horrible para toda la vida. La Bella Escila, atemorizada, asintió con la cabeza. - Mandaré a buscar a mi madre, te repetirá el tratamiento cada seis horas durante una semana. Pero recuerda que hasta que pase todo un día no debes caminar. - Te lo prometo - aseguró totalmente convencida la Samurai. Después de dejar a la Samurai en su tienda, los dos prometidos fueron a dar un paseo por el bosque siguiendo el riachuelo cercano al comedor Samurai. - Estás muy hermosa - dijo al fin Kan - Gracias, no se puede decir lo mismo de ti - contestó ella jugetona. Kan rió sonoramente ella continuó diciendo - es la tela que me regalaste. El asintió la había reconocido, pensó que Huno, el mercader que le había vendido la pieza, conocía verdaderamente su trabajo. Aquel color le quedaba maravillosamente. Kan, en un impulso se arrojó al riachuelo, el agua estaba fresca y el Sol ya calentaba lo suficiente en el cielo como para secarle cuando saliera. - Así no estaré más asqueroso - gritó él - Con toda esa sangre, dudo que se te quite sólo por el agua - contestó ella desde la orilla divertida. - Ven pues a ayudarme - gritó desde el agua. La joven dudó un momento, no quería estropear la seda con el agua y no tenía ningún bañador cerca. - Date la vuelta - Ordenó ella Kan obedeció, le resultaba curioso esa costumbre de la chica, pero no le importaba. Sólo le importaba que estaban juntos, que los dos estaban vivos y que la vida era preciosa. Miró al Sol deslumbrante en el cielo azul feliz de disfrutar cada momento de su vida. Se había ganado esa felicidad y estaba dispuesto a disfrutarla sanamente. Escuchó un ligero chapoteo a su espalda. - Ya puedes mirar - dijo Rosana. Kan obedeció dándose la vuelta... ¡Pero no había nadie! Escrutó el bosque sopesando la posiblidad de otro ataque sorpresa ¿Acaso no podría descansar nunca? De repente se vio impulsado hacia abajo, con la sorpresa tragó agua y casi se queda sin aire. Abrió los ojos para ver a una bella ninfa bajo el agua, su negro pelo ondulaba como si tuviera vida propia, la palidez de su piel rosada hacía un hermoso contraste con las piedras del fondo y sus negros ojos le invitaban a perderse en sus profundidades. Si no fuera por su sonrisa, pícara y jugetona habría asegurado encontrarse ante una de las leyendas más famosas y mortales de su tiempo, una verdadera ninfa. El joven, sin darse cuenta, como si estuviera poseído por un hechizo, había estado largo rato mirando a la joven, bajo el agua, sin respirar. En ese momento sus pulmones se agitaron pidiendo aire. Kan no contaba con ningún punto de apoyo para impulsarse hacia arriba, el fondo estaba aún a un metro, la superficie a metro y medio y Rosana le mantenía agarrado suave pero posesivamente por la mano. Kan intentó nadar hacia la superficie, pero la joven, dándose cuenta de su problema le frenó y le atrajo hacia ella. Kan pensó que ya era demasiado alargar así la broma, pero antes de poder moverse se encontró con los labios de la muchacha en su boca. "¿Qué mejor forma de morir?" Pensó y juntó sus labios a los suyos. Cuando ya empezaba a desmayarse percibió la verdadera intención de la muchacha y, agradecido, tomó aquellas burbujas de aire que le ofrecía. Sólo fue un pequeño bocado de aire, pero fue suficiente para que la cordura retornara a la mente del Comandante Samurai, que lejos de soltarse abrazó con más fuerza a la joven y correspondió su beso vital. Momentos después estaban ambos en la superficie. Kan respiró profundamente, sin embargo ella no dio muestras de sentirse fatigada, parecía que habría podido pasar toda la vida debajo de las aguas. - ¿Eres una mujer o una ninfa? - preguntó sinceramente Kan impresionado por la belleza y la soltura de la joven. - No sé - contestó ella enigmática - quizás lo sea - añadió sellando los labios del joven con otro suave beso. - Ya es hora de comer - replicó él después de jugar un poco más en el agua - no tengo ganas, pero si no acudimos al palacio se preocuparán. Rosana asintió con la cabeza de mala gana. Había estado pensando ir a ayudar a las cocinas a su padre, como tenía costumbre, pero parecía que en su nuevo "cargo" de prometida de Kan su vida iba a cambiar en más de una cuestión. La joven ya se dirigía a la orilla cuando se dio cuenta de un pequeño detalle que cada vez parecía tener menos en cuenta cuando estaba con el muchacho. - Sal tu primero - ordenó la joven. Por toda respuesta Kan se acercó a la orilla y alargó la mano para ayudar a la muchacha, la cual le respondió con una significativa mirada que ya empezaba a serle familiar a Kan. Soltando un suspiro de resignación se dio la vuelta sin que ella se lo pidiese ¡Vaya manía más tonta! pensó él ¿Por qué sería? - No te entiendo - expresó en voz alta Mientras tanto la mujer salió del agua y escurrió su larga cabellera para secarla un poco. Esto presentaba un problema añadido, estaban en un claro y el sol secaría rápidamente sus cabellos si se recostaba sobre la hierba, pero hasta entonces no podía vestirse, a riesgo de estropear sin remedio la fina seda que tanto apreciaba. - ¿Qué no entiendes? - preguntó la muchacha sin atender demasiado la conversación. - Tu manía porque me de la vuelta - estas palabras dejaron fría a la joven, que recordó con una sonrisa que estaba prometida a "una lechuga Samurai" - sé que me lo has explicado varias veces, pero no acabo de comprender por qué algunas veces me mandas que me de la vuelta y otras no. -¿Otras no? - se extrañó intrigada la joven mientras se recostaba sobre una larga piedra boca abajo con su larga cabellera estirada en la espalda para que secara - ¿A qué te refieres con otras no? Cada vez que me he desnudado delante tuyo te he mandado que te des la vuelta - la joven no pudo menos que sentirse avergonzada por como habían sonado las palabras. - Sí claro! - contestó directamente el joven - pero bajo el agua no me mandaste que me diera la vuelta - como la muchacha no respondía pareciendo no entender continuó - y allí te veía con tanta claridad como te puedo ver ahora si me diese la vuelta. Por toda respuesta, el joven Kan, recibió una pedrada en el hombro derecho. Rosana la había lanzado por puro impulso y un segundo después ya se había arrepentido. No había pensado que el chico pudiera verla con tanta claridad, pensó que la vería como a través de una nube o algo similar... estaba roja como un tomate y hundió su cara entre sus brazos llorando de rabia y pudor. Kan se agarró el hombro con la mano izquierda, realmente la muchacha le había mancado, tendría un buen moratón en esa zona, iba a replicar indignado cuando la escuchó llorar. Aquello resultó para él como una patada en el estómago, rápidamente se dio la vuelta y se sentó junto a ella sin saber que hacer, por fin tocó su hombro y agachándose intentó captar su mirada. - Lo siento - dijo él - no pretendía hacerte daño con mis palabras - se disculpó - no estaba ofendido de verdad - añadió incapaz de comprender porque lloraba la joven. Ella lo miró de reojo, estaba sentado junto a ella intentando consolarala, era obvio que él no entendía nada pero aún así siguió llorando un par de minutos hasta que se calmó sintiéndose maravillosamente renovada. - Mi lechugita! - dijo en voz alta contenta Kan no sabía a que se refería pero estaba feliz de que ella riese de nuevo, aquellos minutos habían sido los más tristes de su vida. - ¿De verdad no entiendes nada? - preguntó ella curiosa aunque era obvio que no. Sin embargo la respuesta la tomó por sorpresa. - No, además mi otra prometida - al ver una amenazadora mirada en los ojos de la joven aclaró - mi falsa prometida, no tenía ningún impedimento en estar desnuda o casi desnuda delante mío, y también era hermosa. Aquello acabó por sacar de quicio a la joven que se lanzó sobre su prometido una tigresa olvidando todos sus pudores por la rabia. - ¿Cómo que otra prometida? - dijo tirándolo en el suelo - ¿Cómo que otra mujer? - replicó enfadada mientras se sentaba sobre él y le apretaba el pecho - ¿Cómo que desnuda eh? - y después de pegarle un buen golpe en el pecho que le costaría un buen renegrón de varios días al joven y cogiendo una piedra con la obvia intención de pegarle con ella añadió - ¿Qué hacías tú con otra mujer desnuda? ¡A VER! ¡Explícate! Kan tuvo el tiempo suficiente para agarrar las muñecas de la joven y explicar rápidamente. - Fue cuando le corté el vestido para forzarla - y viendo que aquello no mejoraba las cosas sino que la chica intentaba soltarse para cometer una locura explicó a toda prisa- Chang quiso que matara a su propia hija, si no lo hacía me mataría a mi, yo para engañarle finjí que pretendía abusar de ella antes de matarla, de esta forma se convenció de que yo era malvado y salvamos la vida los dos. La muchacha, no muy convencida por la explicación preguntó tanteando: - ¿Y sigue viva esa muchacha? - Sí, - después de un momento preguntó - ¿Por qué lo preguntas? - ¡Para matarla yo misma! - estalló ciega de celos Rosana - ¿Y con quién más estuviste mocoso sinvergüenza? - dijo amenazándolo con la piedra. - Con unos Samurais y con Chang con quien me batí a muerte - explicó rápidamente - ¿Y ninguna chica más? ¿Ninguna chica desnuda más? - insistió la celosa prometida - Menos tú no - contestó sinceramente Kan En ese momento ella se dio cuenta de que estaba totalmente desnuda sentada sobre el joven a punto de "matarlo inocentemente" con una piedra, se puso completamente roja de vergüenza y saltó de encima de él corriendo hacia el vestido. Kan atontado por la situación se levantó... justo antes de darse la vuelta. La piedra que le había lanzado la chica antes de coger el vestido le había convencido completamente. - Ya estoy más calmada - y acercándose por detrás añadió - a ver, explícame lentamente porque no debo matarte por haber estado con otras mujeres ¡y desnudas! - No fueron mujeres - replicó el - fue una mujer, de hecho ni eso, aún era una chica. - Sí, pero tú mismo reconociste que era hermosa ¡Y que estaba desnuda! - ¿No estás demasiado obsesionada con el tema de la desnudez? - ¡Ay! Kan reprimió un gritito, la mujer había agarrado un pequeño músculo de su espalda y lo giraba suavemente en un sentido muy doloroso... sin duda adviertiéndolo de que midiese sus palabras. - De acuerdo, de acuerdo, es cierto - reoncoció el joven - era una muchacha hermosa - y sintiendo la punzada más dolorosa añadió - pero no tanto como tú - esto pareció calmar a la joven que relajó la presión y se acercó más amistosamente. - ¿De veras fue totalmente necesario? - preguntó ella sintiéndose culpable de hacerle tantos reproches al joven, al fin y al cabo había vuelto vivo que era lo que importaba, pensó ahora más fría. - Sí - contestó sencillamente - además le entregué la parte superior de mi Kimono para que se tapara cuando acabó todo - a lo que añadió resentido - ¿Te crees que voy medio desnudo por puro placer? - Pues no lo había pensado - se rió la joven ahora risueña como de costumbre abrazándolo desde la espalda - te favorece y pensé que era una nueva moda entre los Samurais - se burló de él - enseñar tu "pecho de lobo" igual que hace Omius - esto era, obviamente, una pulla humillante e injusta, el joven no tenía ni un sólo pelo en el pecho ¡Pero no era justo compararlo con el fornido guerrero! Temiendo haberlo herido demasiado le dio la vuelta y se abrazó a él. - De verdad te parezco más hermosa que ella - preguntó - Sin duda - contestó Kan - ¡Y mucho más peligrosa! La mujer se hizo la ofendida. - ¿Peligrosa yo? - puso poniendo cara buena - Si sólo soy una niñita buena y sumisa. Kan la miró atentamente, ahora si parecía buena... lo de sumisa habría que discutirlo. Pero Kan no se dejaba convencer tan fácilmente. - ¡Qué genio tienes! - dijo rascándose el hombro - por unas palabritas y casi me matas. ¡Asesina! - rió La joven se plantó frente a él moviendo los puños de arriba a abajo como si fuera una adorable boxeadora. Una carcajada surgió de la garganta de Kan. - Temo preguntarte... - dijo con un susurro de voz. - Pregunta - sonrió ella contenta - ¿No me pegarás? - dijo el acariciándose el hombro. - No cariño - dijo abrazándolo, contenta de estar en privado y poder llamarlo como deseara. - ¿Por qué te molesta tanto el tema? - insistió Kan - Yo no le veo ni pies ni cabeza. Ella se quedó pensativa durante un momento: - No está bien que un hombre vea desnuda a una mujer que no es su esposa - dijo al fin - puede ser que este le pierda el respeto, la deshonre y la abandone - explicó - al menos así me lo explicó mi madre. Kan quedó con la boca abierta. - Yo nunca haría eso! - se defendió - ¿Me crees capaz de hacer algo así? Rosana iba a responder automáticamente que TODOS los hombres eran así, pero después de un momento cambió de idea y contestó: - No, a tí no te creo capaz de hacer algo así - y sincerándose añadió - pero no puedo dejar de tener un poco de cuidado, es parte de mi ¿Comprendes? - Supongo que sí - admitió Kan - Pero estamos prometidos! - exclamó como si eso lo aclarase todo. - nos vamos a casar, con lo que no tienes porque temer nada. La joven quedó anonada por la facilidad con la que él había asimilado que se iban a casar, ella aún no se hacía a la idea, aunque si es cierto que le gustaba mucho. Pero en el fondo ella seguía siendo la hija de un cocinero y él el hijo del hombre más poderoso del reino, si la abandonase por cualquier razón nadie diría nada en su contra. Sólo en ese momento se dio cuenta de que eso era lo que temía, no que la abandonase deshonrada, sino perderlo. Amaba mucho más a Kan de lo que quería reconocerse a si misma. - Eso tampoco es una seguridad completa - dijo ella eludiendo el tema que ya le estaba siendo incómodo - además, por eso mismo te he permitido estar delante de mi cuando me he desnudado, aún estando de espaldas me parece que ya son bastantes libertades. No creo que mi madre aprobase mucho mi conducta ¡Y menos mi padre! - esto era una escusa y ella la sabía, ella era dueña de si misma y poco le importaba lo que pensasen sus padres, nunca dejaría de hacer algo que ella consideraba que estaba bien. Rosana no encontraba nada mailicioso en los momentos que habían pasado a solas, ni en el baño que habían tomado, mucho menos en los besos que se habían dado. Eran acciones naturales y totalmente puras e inocentes. Es cierto que había cierto jugueteo entre ellos, pero era normal entre dos prometidos, lo malo habría sido que no existiese nada de amor en la pareja como sabía que pasaba entre parejas mucho más mayores, e incluso, casadas. Eso si lo consideraba algo malo y antinatural. Kan había estado pensando durante un momento a la par que la joven. Al fin dijo sencillamente. - Entonces nos casaremos. - Ya sé que nos casaremos - contestó la joven que aún no había interpretado correctamente la afirmación del joven - algún día, cuando nuestros padres lo consideren oportuno y tú no te sientas forzado por el compromiso lo haremos - y rápidamente aclaró - sé que a los hombres no os gusta comprometeros, pero yo... - su voz templó un momento - yo te Amo Kan - dijo al fin haciendo al Comandante el hombre más feliz de la tierra - lo supe desde el momento en que te vi hace meses sentado como aprendiz en la mesa de tu padre - y después de mirarlo añadió - pero no quiero que te cases conmigo sólo porque tu madre lo tramase todo para encontrar una esposa a su hijo. Sé que tú no tenías ni idea de que era así y temo haberme aprovechado de el neviosismo y el ímpetu de tu madre. - y sintiéndose por fin descargada de lo que tanto tiempo había retenido en su pecho añadió - tú eres el hijo del hombre más importante del imperio, tienes una gran carrera ante ti y yo no soy más que la hija de un humilde cocinero, no quiero ser una carga para ti y que en el futuro me guardes rencor por no haberte dejado cumplir tus sueños. Te quiero demasiado para hacerte eso. - después añadió - Además estoy segura de que siendo quien eres tendrás miles de mujeres dispuestas a casarse con alguien con tu fortuna. ¡Pero a mi eso no me importa! - aseguró - Te quiero porque eres bueno y valiente... porque eres tú. Si fueras pobre te querría igualmente - Rosana se calló porque si fuera pobre quizás lo querría aún más pues no tendría estas dudas que la atormentaban. Kan estaba paralizado, apenas había podido seguir el razonamiento expresado a toda prisa por la joven. - Yo ... - dijo al fin - lo que quería decir es que nos casaríamos hoy mismo - añadió al fin - así me ahorraré más pedradas - explicó Rosana, nerviosa como estaba, no pudo reprimir una estruendosa carcajada, tumbó al chico en la hierba y se rió feliz mientras lágrimas de felicidad caían por su rostro bañando al joven. Kan se unió también al momento de felicidad sin acabar de comprender del todo que le pasaba a la joven, pero ya estaba empezando a acostumbrarse a aquella extraña doble personalidad que Rosana parecía hacer gala con él. - Te quiero - dijo él sencillamente, no esperaba la gran sonrisa de felicidad que cubrió el rostro de la joven, decidió que si esa era la reacción que causaban en ella esas simples palabras... se las repetiría una y otra vez durante toda su vida. La joven pareja quedó allí, tumbados en el claro sobre la hierba horas y horas hasta bien pasado el medio día, no dijeron una palabra, sus ojos hablaban por ellos. Y eso fue lo único que hicieron durante todas esas horas. Disfrutar de su mutua compañía, sólo aquello parecía encerrar la máxima de las felicidades. Otra vez la vida le eneñaba que la máxima felicidad se alcanza de la forma más senilla, estando sencillamente tumbado sobre la hierba con la persona amada.

Cuando por fin regresaron a palacio Rosana le preguntó si les reñirían por llegar tarde, después de todo sus padres tenían que estar preocupados al no saber de ellos durante tanto tiempo. - ¡Qué va! - aseguró el joven - Gui nos encontró justo cuando el sol estaba en su cénit, nos miró un momento para ver si estabamos bien y después partió para avisar a mi madre de que nos encontrabamos sanos y a salvo. - ¿Me dormí en algún momento? - preguntó la joven extrañada, no recordaba haber visto al alto Samurai en toda la mañana. - No que yo sepa - contestó el joven y viendo la mirada extrañada de su futura esposa añadió - Gui estaba perfectamente camuflado entre unos árboles a nuestra derecha. Era imposible verlo aunque estubieses a medio metro de él. Rosana le miró sorprendida, de sus ojos prendía una pregunta que el joven no acababa de leer. - ¿Cómo lo viste? - dijo al fin - Ah! - contestó alarmado - Bueno... realmente no lo vi. - Y entonces como sabes que estaba allí ¿Acaso te lo imaginas? - No no! - aclaró el joven - ¡Nunca haría esto! Sencillamente lo sabía. - al ver que Rosana quería saber más añadió - es como un sexto sentido. Estos días he aprendido muchas cosas, entre otras a no fiarme de las apariencias - dijo recordando la faz de Chang que supuestamente era totalmente amable y que en realidad ocultaba la más profunda de las locuras - Estos días he aprendido a fiarme mucho más de mi "instinto", ignoro mis inseguridades y mis miedos y me guio por mi intuición. Eso fue lo que me salvó la vida cuando me enfrente a Chang - recordó amargamente - me había cegado con tierra suelta y no le veía - explicó a la joven - así que tuve que fiarme de mi intuición para salvar la vida. ""Últimamente he aprendido más lecciones de las que te imaginas. Sólo en estos dos días he aprendido que siempre existe una salida honesta a una situación, por muy difícil que sea. ""Aún cuando parecía que sólo tenía dos opciones, matar a mi falsa prometida o morir, descubrí que realmente SIEMPRE - dijo resaltando la palabra - siempre existe una opción honrosa que conduce al éxito. ""Cuando me enfrente a Chang al principio pareció que tenía ganada la batalla, después se inclinaron las tornas, con lo que aprendí que nunca uno puede estar seguro completamente de nada hasta que ya lo ha conseguido. ""También se aplica esto a lo malo igual que a lo bueno. Cuando parecía que ya era hombre muerto pude encontrar una salida que me salvo la vida. ""Siempre existe una salida honrosa que te dará el éxito. ""También tu me has enseñado algo - dijo contento de aclarar sus ideas pues hacía tiempo que no podía hacerlo - Tanto tú como la hija de Chang me habeis enseñado que no siempre lo que se cree por 'prejuicio" que es malo, ha de ser malo por necesidad. ""Por ejemplo yo me quería morir porque me consideraba un infame mientras fingía violentar a la hija de Chang, esta me hizo ver que incluso aquel acto deprabado, en aquellas circustancias fue para ella como una bendición, sospechó que aún cuando mis actos no hubieran sido lastimeramente fingidos, la chica lo habría aceptado con gusto para poder conservar la vida, sin duda algo mucho más importante que una simple actuación. ""También tú me has enseñado que una misma cosa vista por dos personas puede ser considerado bien por una y mal por otra. Yo consideraba que estar juntos desnudos, era algo bueno e inocente. Quizás sea por mi juventud, pero yo no veo distinción alguna entre que estemos paseando ahora vestidos a que estuviesemos paseando desnudos. - La mujer quedó ensimismada por la sencillez de los pensamientos del joven - Quizás porque soy práctico por naturaleza comprendo la necesidad de la ropa cuando hace frío, o de la armadura en la batalla... pero no entiendo la necesidad de ropa por eso que llaman 'pudor' - después de hacer una pausa añadió - sin embargo tú me has mostrado lo importante que es para tiº, tú lo consideras algo malo o sencillamente impensable. ""Sospecho que ambas formas de pensar, tanto la tuya como la mía son totalmente correctas pues sólo dependen de quien esgrima el argumento a su favor o en contra para que esté convencido de su necesidad. Unos considerarán más importantes unos puntos que otros considerarán simples detalles y... viceversa. ""Esto me ha enseñado a respetar más las formas de pensar de cada persona. Lo importante es la bondad del corazón de la persona en si. Aparte de eso sus costumbres poca importancia tienen, pues estas son cambiantes de un lugar a otro y al fin y al cabo no son realmente importantes... mientras no se haga daño o perjucio a otra persona - aclaró el joven - pues la base de la bondad está en no dañar a nadie y respetar sus ideas. ""Hemos de respetar aun lo que nos puede parecer ridículo a nosotros mismos pues de no hacerlo podemos herir los sentimientos de otra persona. ""También he aprendido... de nuevo - sonrió - que la máxima felicidad se consigue con cuestiones que desechamos en el día a día. ""Ayer he visto la muerte de cerca... varias veces - resaltó - eso me ha permitido darme cuenta de que muchas veces nos preocupamos por detalles que no tienen importancia y olvidamos disfrutar de cada segundo. Después de mirar fijamente a los ojos de su futura esposa continuó: ""No hay nada que haga tan feliz como estar al lado de la persona amada. Eso tiene un valor infinitamente más grande que las riquezas, el poder o cualquiera de los placeres que nadie pueda ofrecerme, incluido Chang. ""Cuando estuve con la hija del Samurai Oscuro tenía delante de mi a una muchacha muy hermosa, dispuesta a satisfacer todos mis desesos. Tenía ante mi tesoros de infinito valor a lo que había que sumar tierras y todos los placeres que puedan llegarse a imaginar. - después de una pausa añadió - sólo un completo imbécil cambiaría un solo segundo con el Amor de su vida por esos placeres sin importancia. ""Nada hay tan imporante en la vida como el Amor. Sin embargo el amor sólo puede disfrutarse al máximo con corazón puro que no desee más que estar cercano a la persona amada.

Sólo ahora conocía Rosana a todo lo que Kan había renunciado por estar a su lado. No sólo casi había muerto en la lucha, también había renunciado a todos los sueños mundanos del hombre normal. La increíblemente hermosa mujer se maravilló de la bondad y la pureza del joven. Supo instintivamente que eso ya lo hacía superior a todos los hombres. Esa pureza se le tornó irresistible y quizás, sólo quizás, fuera la causante de que lo amase con una intensidad tal con la que ninguna mujer había amado antes.

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

También en FANDOM

Wiki al azar