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Historia By --Sg91 11:02 26 ago 2009 (UTC)

Capítulo 1

Era otro de esos días, apalancado en el puerto; las cargas y descargas se efectuaban a destiempo y eso no daba tiempo libre a Mike Finnigan; "el Puerto Tudor no sería el mismo sin ti", decían sus compañeros aunque él tenía sus dudas. Odiaba el condenado puerto y odiaba su trabajo. Y todo porque el abuelo del abuelo trabajó allí, y su abuelo igual y su padre ídem.

  • Que mierda todo-suspiró, mientras manejaba la grúa; el cargero Octopus había vuelto de su viaje por el Adriático y había que descargar la mercancía. Por él el cargero se podría ir al infierno, aunque sino no lo descargaba él, no lo descargaba nadie, ya que era el único que sabía manejar la vieja grúa sin cagarla; la grúa en cuestión tenías más de 50 años y su padre le enseñó a manejarla cuando era un niño. Por aquel entonces le gustaba ir al puerto; ahora no quiere ni verlo y encima trabaja en él.
  • Ey, Finnigan, cuando termines con el Octopus te puedes ir-le indicó el jefe de puerto desde abajo.

Eso viniendo del jefe era un regalo; terminó con el cargero y se largó con prisa. Cada vez que se iba del puerto, experimentaba cierta sensación de satisfacción; desde el retrovisor de su Premier azul, podía ver alejarse las dársenas. Llegó a su casa, en Alderney City; está casado y sin hijos, su mujer es diseñadora de moda y pocas veces estaba en casa.

  • Ojalá pudiera librarme de este trabajo-pensaba siempre. Pero lo tenía dificil.

Al día siguiente se fue a trabajar con su habitual mal humor mañanero, generado por el propio trabajo; su mujer se había quedado otra noche en su estudio en Lancet. El día transcurrió tan aburrido como todos; cuando llegó a su casa, se la encontró patas arriba, alguien había entrado, eso estaba claro. Fue a su habitación y se encontró con una horripilante escena: su mujer yacía muerta en la cama.

  • ¿Pero que coj...?-quiso farfullar, pero alguien le atacó por la espalda y le tiró al suelo.
  • Muy bien, amigo, ya puedes ir devolviendo lo que has robado a mi jefe, o correrás la misma suerte que tu mujer; de momento te embargaremos el piso ¿te parece? Así podrás pensar con claridad-le dijeron al oído.

¿De qué estaban hablando? El no había robado nada a nadie; y habían matado a su esposa y ahora le quitaban el piso.

  • ¿Que éstá pasando?-se preguntó.

El hombre le soltó y se largó tan rápido como apareció. Se levantó y pensó en llamar a la policía, pero rehusó enseguida. Para evitar que otro tío trastornado se le echara encima, se marchó de Alderney a Algonquin. Se dirigió al Middle Park y se sentó en un banco; y fue entonces cuando se dio cuenta. Alguien le había jodido, pero bien, y se encontraba solo, desamparado y confuso en la jungla de cemento llamada Liberty City.

Capítulo 2

Sentado en el banco, Mike trató de serenarse pero de poco servía; no sabía que hacer, eso si había algo que hacer. ¿Y si pedía ayuda a sus amigos? No, demasiado arriesgado, tampoco quería ponerles en peligro; pensó en otra cosa, pero no se le ocurría nada. Llegó un momento en que dejó de pensar y se dedicó a mirar la gente que paseaba por el parque, ajenos, despreocupados por lo que le había ocurrido. Además ¿a quien le importaría? Y conociendo al genio de la gente en esta alegre ciudad, poco se podía hacer. Imitó al resto de los viandantes y paseó él también, sin un rumbo fijo. Pero de repente un par de coches entraron en el parque y uno de ellos se empotró contra el monumento del Obelisco; de éste salieron varias personas armadas y corrieron a refugiarse, pues del otro cohe había salido un hombre también armado. Se montó una señora refriega que espantó a la mitad del parque, pero Mike se quedó escondido; el hombre en cuestión tenía aspecto de extranjero y poseía una puntería excelente. Pero observó que uno de los atacantes, se disponía a dispararle y le tenía a tiro. Mike cogió lo primero que vió, un cascote de la valla del Obelisco y se lo tiró al tipo que le amenazaba. El hombre lo remató y le dijo.

  • Gracias.
  • De nada-murmuró Mike.
  • Cúbrase, voy a por el resto-le indicó.

Entró en los baños y al rato salió de ellos sin armas a la vista.

  • Gracias de nuevo, me ha evitado una herida seria-agradeció nuevamente.
  • Se le veía en apuros-murmuró Mike.
  • Ja, ja, buen humor, si señor...Me cae bien, ¿como se llama?-preguntó.
  • Mike Finnigan-se presentó.
  • Niko Bellic-hizo lo mismo.

A primera vista, su mirada inspiraba confianza. Mike hizo latente su preocupación durante la conversación.

  • Le noto como inquieto, ¿le ocurre algo?-preguntó Niko.

Le explicó lo sucedido; era la única persona que ahora lo sabría.

  • Caramba, amigo, es inusual...-murmuró el extranjero.
  • Sí, eso lo noté yo enseguida-dijo Mike con un deje de sarcasmo.
  • Vaya...me cae bien, y le voy a ayudar-anunció Niko.
  • ¿En serio?-dijo Mike, como si no se lo creyera.
  • Si,algún día de estos me pongo en contacto contigo y me lo vas explicando todo con detalle; apunte mi número-indicó.

Grabó su móvil en su agenda.

  • Como no tiene a donde ir, le aconsejo que se vaya a los pisos de protección oficial de Northwood, allí vive un amigo, explique que es amigo de Niko y yo creo que le dejará vivr con él. Vive en el número 3, piso 15, puerta 8, su nombre es Dwayne Forge-indicó.
  • Muchas gracias, en serio...-murmuró, algo emocionado.
  • De nada, hombre, nos vemos otro día, chao-se despidió.

Mike se quedó de una pieza; notó como la esperanza resurgía en él, como si hubiera encontrado un oasis en un gran desierto, a parte de un nuevo amigo.

Capítulo 3

Cómo no tenía nada mejor que hacer, se dirigió a la dirección que Niko le indicó; no sabía como se lo esperaría el amigo ni cómo le trataría. En realidad, conocer a gente nueva le agradaba y le asustaba al mismo tiempo, sobre todo ahora, bajo todas las circunstancias acaecidas; pero se armó de valor y cogió el siguiente autobús. No tardó ni 10 minutos en encontrarse delante de la puerta; le dio la impresión de que el número 8 de la puerta le miraba, como si los dos huecos fueran en realidad dos ojos que lo vieran todo. Tocó el timbre y esperó; a los pocos segundos, se oyeron pasos tras la puerta y le abrió un hombre de color, de aspecto un poco demacrado. Tenía una barba que se unía con un mediano bigote; aún así no tenía ni un solo pelo. Vestía con una camiseta blanca, una chaqueta de color marrón oscuro y unos vaqueros azules.

  • ¿Que quiere amigo?-preguntó.
  • Hola, ¿Dwayne Forge? Soy un amigo de Niko, Niko Bellic, me ha ocurrido un desagradable hecho, he perdido mi casa y me ha dicho que, tal vez usted, podría alojarme durante unos días-explicó, eligiendo bien las palabras.

El hombre le miró con una intimidatoria y desconfiada mirada; finalmente indicó.

  • Pase.

El sitio en sí, no era como su piso; era mucho más pequeño y en cada rincón de la casa reinaba el desorden. Dwayne cogió su móvil e hizo una llamada, aunque Mike pensaba en la persona que más probabilidades tenía de ser llamado por él.

  • Ey, Niko, hola. Oye ¿has enviado tu a un tío a mi casa?-preguntó.

...

  • Joder, tío, ¿acaso tengo cara de casero?-inquirió.

...

  • Haber avisado...-murmuró.

...

  • Mf...está bien, pero espero que no se quede mucho. Luego nos vemos-y colgó.
  • De acuerdo, puede quedarse unos días-aceptó Dwayne.
  • Muchas gracias, de verdad-agradeció.
  • Ya, ya...no nos hemos presentado, Dwayne Forge-murmuró extendiendo la mano.
  • Mike Finnigan-dijo él estrechándosela.
  • Así que alguien te ha jodido-recordó las palabras que, lo más probabe, le hubiera dicho Niko.
  • Pues sí, han matado a mi mujer y me han arrebatado mi piso; y me piden un dinero que yo no he robado-explicó.
  • Vaya, amigo, se lo han tomado en serio...-murmuró Dwayne.
  • Si...pero mi mujer...¿Por qué ella?...-musitó, muy apenado. Sintió unas ganas de llorar tremendas, quiso contenerse ante otro nuevo amigo al que no conocía de nada pero el dolor era más fuerte.
  • Desahógese, amigo, no hay nada mejor-indicó Dwayne, observándole.

Finalmente Mike se derrumbó y lloró a lágrima viva; Dwayne le miraba con cierto brillo en los ojos. En ese momento, llamaron al timbre y Dwayne fue a abrir; era Niko.

  • ¿Que hay, tío? ¿Cómo está nuestro amigo?-preguntó.
  • Pues ya lo ves...algo abatido...-murmuró mirando como Mike sollozaba.

Niko se acercó a él y esperó a que se repusiera; una vez que se calmó, le pidió.

  • Mike, necesito que me digas todo acerca de tí.

Le explicó que trabajaba en el Puerto Tudor y lo mucho que odiaba el trabajo (ahora estaba algo contento por haberse librado de él, pero eso no quitaba la muerte de su esposa y el embargo del piso), comentó a sus compañeros y su relación con ellos, su jefe...

  • ¿Hay algún compañero con el que tengas algún roce?-preguntó Niko.
  • No, son todos buenas personas...el jefe es algo tocapelotas, pero por lo demás...-murmuró.

Niko le escuchaba atentamente, con las manos juntadas y apoyando la barbilla sobre las puntas de los dedos; parecía un detective, es más el gesto le recordaba a algo, pero no conseguía acordarse de ello.

  • Ya veo... va a ser difícil...cuando tenga un hueco me pasaré por el Puerto Tudor y haré algunas averiguaciones-decidió.
  • Muchas gracias, Niko, en serio...-agradeció Mike.
  • De nada...-murmuró.
  • Pero ahora necesito un nuevo trabajo-observó Mike.

Niko estuvo pensando hasta que finalmente dijo.

  • Tengo un amigo que está buscando a alguien para ser el...chico de los recados, no nos engañemos. Has de tener valor y buena habilidad de conducción.-explicó.

Habilidad de conducción tenía y de sobra; lo del valor le sorprendió, aunque no veía por qué no iba a tenerlo.

  • De acuerdo-acordó.
  • Vale, toma, vé al sitio de la tarjeta mañana por la mañana y pregunta por Little Jacob; dile que eres un amigo mío y que vienes por lo del trabajo-explicó Niko.

Mike asintió y miró la tarjeta, donde ponía.

"Homebrew Café; Tutelo Avenue
                        Beechwood City, Broker"
  • Eh, ¿éste no es ese bar jamaicano de Broker? Por ahí hay mucho criminal suelto-recordó.
  • Si, bueno, con no mirarles directamente a los ojos basta-dijo Niko.

A Mike le vino una sensación extraña, en ese momento; tenía sus dudas acerca de la honradez de ese tipo "chico de los recados". Pero necesitaba el trabajo, de todas formas, así que iría de todos modos.

Capítulo 4

Como no tenía nada que hacer y eran las cuatro y media, se dirigió al bar; nunca le había gustado Beechwood City, ya tuvo un roce con un jamaicano cuando era joven y aún conserva el recuerdo, en forma de navajazo en el costado derecho. Pero ahora era del todo necesario. Entró en el bar.

  • Madre mía, vaya antro-pensó.

En el centro de la estancia había un billar desocupado; el ambiente estaba cargado de humo de porros, era muy mareante. Se acercó a la barra y le dijo al camarero.

Pero no pudo terminar, ya que el camarero señalaba a la esquina del bar, cerca de la puerta.

  • Gracias-agradeció; supuso que aquí no estaban acostumbrados a tanta amabilidad, ya que ni le respondió.

Se acercó al sitio y murmuró.

  • ¿Little Jacob?
  • Ese soy yo, rasta, ¿que puedo hacer por tí?-preguntó.
  • Soy Mike Finnigan, un amigo de Niko; me ha comentado que está buscando a alguien para realizar recados y yo necesito un trabajo-explicó.

Jacob dio una calada al porro que se estaba fumando y preguntó.

  • ¿Tiene experiencia a volante?
  • Si, Niko me comentó los requisitos y estoy dispuesto a realizarlo-aseguró con voz firme.
  • Muy bien, rasta, puedes empezar ahora mismo, sígeme-indicó.

Salieron del bar y se adentraron en un callejón, donde había un Vigero oxidado y en un estado lamentable.

  • La mercancía está dentro, en la guantera, quiero que te dirigas a Hooper Street en East Island City y la dejes en la tercera papelera; ocúltala bien, no queremos perder el género-indicó.

Mike asintió y se puso en marcha; se tomó su tiempo para ir allí y volvió con el recado cumplido. Estuvo unos días cumpliendo recados muy parecidos; él ya suponía que igual le meterían en el negocio de las drogas y ya no había vuelta de hoja; al menos no se encontraba en medio de persecuciones con toda la LCPD detrás. Pero ese pensamiento no tardó en hacerse realidad; un día, Jacob le pasó una pistola.

  • Toma, rasta, hoy vas a tener que llevar la mercancía a Outlook Park, igual tendrás compañía, así que mejor ir preparado-explicó.

Mike nunca había disparado un arma y ésta le daba la sensación de que pesaba un quintal; se dirigió al parque pensando en lo que pasaría con cierta ironía. Estaba más nervioso que cuando le presentaron por primera vez a su mujer, allá, hace mucho; entonces se acordó de ella.

  • Christinne...-pensó.

Pero no podía dejar bajar la guardia ahora. Se dirigió hacia el pequeño puente para dejar la mercancía, pero entonces aparecieron cuatro personas de repente.

  • ¡Ése es el enlace!-exclamó uno.
  • ¡Eliminadlo!-ordenó uno.

Mike se cubrió tras un árbol y sacó la pistola.

  • Bueno, allá vamos...-pensó.

Se acordó de las clases de tiro con arco que le dieron en vacaciones y trató de aplicarlo; sacó la cabeza para ver el panorama y comenzó a disparar. Su puntería dejaba bastante que desear, aunque no era lo mismo tiro con arco que disparar una pistola. Aún así consiguió dar a unos cuantos y una bala alcanzó su objetivo; uno de ellos cayó muerto.

  • Joder, que desmadre, vámonos-dijo uno.
  • Si...antes de que apunte mejor-murmuró otro.

Finalmente se fueron y pudo dejar la mercancía; pero cuando vio al hombre muerto, experimentó una extraña sensación, como de mareo y arcadas. Pero una sirena le sacó del mundo de los muertos.

  • La policía...-pensó.

Regresó a su coche y puso pies en polvorosa; esa misma tarde, se encontraba algo alicaído.

  • ¿Qué pasa, tio? ¿Te siges acordando de ella?-preguntó Dwayne.
  • No, no es eso...hoy he disparado por primera vez y he matado a un hombre-explicó.
  • Ah...supongo que notaste esa sensación de vértigo...-murmuró Dwayne.
  • Si...fue muy extraño y sentí que dejaba de ser persona...-explicó.
  • La vida es tan rara...no sabrás que es lo que te deparará el destino-dijo Dwayne.

Mike meditó esas palabras; en ese momento entró Niko apresuradamente.

  • Traigo noticias-avisó.
  • ¿Qué has averiguado?-preguntó.
  • Estuve preguntando por el Puerto Tudor si te habían visto y me dijeron que te habían despedido-comenzó a relatar Niko.
  • ¿Qué?-soltó Mike. Oír eso era como una bendición pero aún así le extrañaba; si le hubieran despedido se lo hubieran notificado, pero nadie sabe lo que le había ocurrido. ¿O sí?
  • Eso me extrañó ¿cómo iban a despedirte si no sabían nada de tu situación? Entonces se me ocurrió que igual alguien si lo sabía, pero el jefe no me dijo nada-explicó.
  • Me estás diciendo que...-murmuró Mike, pero Niko terminó la frase por él.
  • ...has sido víctima de un complot y muy bien preparado.

Un complot, es ridículo; no le veía el sentido.

  • Pero...¿por qué a mi?-preguntó extrañado.
  • Aún no lo sé, pero lo más probable es que te hayan elegido al azar, no se suele ser especialmente selectivo si lo que se quiere es joder a alguien y sacar el máximo beneficio-explicó Niko.

Mike se sentía más furioso que nunca; tenía ganas de balear a los que le habían jodido la vida. Y no pararía hasta encontrarlos.

Capítulo 5

Ya habían pasado unos días desde el descubrimiento del complot; Mike seguía trabajando para Jacob, dejando entregas y defendiéndose si hacía falta. Había ido cogiendo cierto manejo con las armas y mejorado su puntería, ya que le pidió a Jacob que le enseñara nociones básicas. Comenzó a hacerse un nombre por todo Broker y parte de Dukes; se estaba acostumbrando a este mundo, y ahora cada vez que mataba, ya no sentía nada, más que prisa por salir de aquel infierno. Hasta que llegó un momentop en que a Jacob se le acabaron los recados.

  • Así es, rasta, has completado tu solito todos los trabajos pendientes que tenía. Tómate un descanso, considéralo unas mini-vacaciones-sugirió Jacob.

Pero Mike no quería vacaciones; Niko le explicó una vez que, cuanto más trabajos hace uno, más rápido se va "subiendo de escalones". Y eso era precisamente lo que quería Mike, ir subiendo para encontrar a los asesinos de su esposa y vengarla. Esa tarde, le preguntó a Niko si sabía de alguien que necesitara un chico de los recados.

  • Hombre...no hay mucho donde elegir, a los moteros les gusta hacer las cosas ellos mismos....aunque podría recomendarte a Ray Boccino, mi actual jefe-explicó.
  • ¿Quién es ese?-preguntó Mike.
  • Es el capo de la mafia italiana, la familia Pegorino ¿te suena?-murmuró Niko.

Hombre que si le sonaba, por algo vivía en Alderney.

  • Ya lo creo, da mucho que hablar en toda Alderney-dijo.
  • De acuerdo, pues intentaré comentárselo, a ver que le parece-acordó Niko.

Los siguientes días pasaron como la losa de una noria; parecía que Boccino no se decidía o simplemente, no necesitaba a nadie. Igual con Niko tenía suficiente. Pero, un día, que estaba paseando por Castle Garden City, entre el gentío le pareció ver a alguien.

  • Christinne...-murmuró.

Su mujer, la cual estaba muerta, estaba a unos veinte pasos delante suyo; parecía que estaba como confusa, ya que miraba a todos los lados y se movía con lentitud.

  • Christinne...¡Christinne! ¡¡Christinne!!-acabó gritando mientras se abría paso entre la gente.

Pero entonces, apareccieron dos personas que no pudo ver sus caras, pero se llevaron a su mujer.

  • ¡No! ¡Christinne! ¡Eh, alto ahí!-gritó, furioso.

A causa de la gente, no llegó a avanzar mucho; pero consiguió observar que la metían en un Washington negro y se iban de allí tan rápido como aparecieron.

  • ¡¡Mierda!!-gritó Mike.

Volvió a casa y les explicó todo a Niko y Dwayne.

  • ¡Os lo juro, tíos, era ella, su pelo es inconfundible, y se la llevaron dos tíos!-exclamaba.
  • Mira, Mike, a veces, cuando una persona muy querida se va, te da la sensación de verla por todas partes. Te lo digo por experiencia...-murmuró Niko.
  • Si, pasa a veces-cercioró Dwayne.
  • No, no, yo la ví, en serio, tenéis que creerme, no estoy loco-insistía.
  • Nosotros no hemos dicho eso-se apresuró a decir Niko.
  • Pero lo habéis pensado-acusó Mike.
  • Oye, mira, aquí nadie te ha señalado de loco, pero eso que dices es imposible, tu mujer está muerta y tu lo sabes. Y ni existen los fantasmas ni las apariciones; Mike, has de pasar página, ya-recomendó Dwayne.

Mike desistió, ya que era tontería seguir insitiendo; después de todo, le seguirían sin creer.

  • Lo siento, yo...perdonadme, no debí acusaros así-se disculpó.
  • No pasa nada, Mike, es normal. Por cierto, hoy Ray me ha dado una contestación, quiere conocerte, así que he de llevarte conmigo mañana por la tarde-explicó.
  • ¿Si? ¡Genial!-exclamó.
  • Si, acuérdate, mañana a las cinco y media vendré a recogerte-le indicó.
  • Bien-murmuró Mike.

Por fín, ya había ascendido un escalón; y cada vez se sentía un poco más cerca de alcanzar su objetivo.

Capítulo 6

Al día siguiente, Mike iba contando las horas que iban quedando hasta las cinco y media; estaba impaciente y algo nervioso, ya que iba a conocer a un capo de la mafia, pero lo que más le urgía era que las cinco y media llegaran ya. Cuando su reloj marcó la hora señalada, Niko llegó, puntual.

  • Vamos, Mike.-indicó.

Subieron a un Premier azul y se dirijieron a Pequeña Italia; el trayecto fue largo y corto al mismo tiempo, y a Mike le pareció que todo lo que iba viendo lo vería por última vez: el Getalife Building, la Grand Easton Terminal, la Rotterdam Tower...era una sensación extraña. Una vez en el Drusilla's, Niko hizo las presentaciones.

  • Ray, éste es mi amigo Mike; Mike, Ray Boccino.
  • Hola, Niko me ha hablado mucho de tí, si lo que quieres es un trabajo, te tendrás que esforzar al máximo-explicó.
  • Eso haré, señor-murmuró Mike, convencido.
  • Muy bien; espera en la cocina, yo voy a mandar algo a Niko, estoy contigo enseguida-indicó.

En la cocina no había nadie, pero había un montón de pizzas recién hechas; a Mike le rugieron las tripas, había desayunado muy poco. Fué a coger un trozo de una de cuatro quesos, cuando oyó la voz de Ray gritar.

  • ¡Eh, que son para repartir!
  • ¡Ah! Lo siento, yo...-murmuró avergonzado.
  • ¿Tienes hambre? Bueno, tengo tu primer encargo, si lo haces bien te doy un trozo en cuanto vuelvas para cobrar-acordó.
  • Niko ha ido a recoger unos diamantes al Libertonian Museum, pero yo no me fío de los compradores, sinceramente, me dan mala espina; quiero que te situes en el tejado del museo y me vigiles esa reunión. Si todo se sale de madre, ayuda a Niko a escapar, pero sin que se entere ¿de acuerdo?-explicó.
  • Bien.
  • Pues ve a ganarte la pizza-indicó con un ademán.

Capítulo 7

Mike tuvo que ir al museo en taxi, ya que fue Niko el que le trajo; recordó la última vez que entró en ese museo: hace años, cuando aún estaba en el colegio. Ahora estaba cerrado por reformas, aunque al parecer, eso a los mafiosos les traía sin cuidado. Subió al tejado por una escalera de servicio que encontró y estuvo mirando por la cristalera; se encontraba en la sala de exposiciones central y el rex de huesos seguía allí. Ya no le parecía tan impresionante como la última vez que lo vio, y le daba la sensación de que en el museo no había cambiado nada; pero vio a un grupo de gente en el segundo piso, y entre las personas, distingió a Niko. Estaba mirando a un hombre, el cual sostenía un diamante en alto, maravillado. Tenía pinta de ser judío, ya que llevaba uno de esos gorros característicos; entonces, alguien disparó y el judío cayó muerto al suelo. Al punto se armó una señora refriega y Niko trataba de abrirse paso a tiros; Mike abrió una de las ventanas y con la pistola silenciada, cubría las espalaldas a Niko. No entendía de donde había salido tanta gente, el museo estaba atestado de hombres armados; Niko tampoco entendía por qué estaba teniendo tan pocas amenazas con la cantidad de hombres que había. Observó como Niko bajaba al piso de abajo y se ponía a cubierto; le siguió defendiendo hasta que se le acabó la munición, pero para ese momento Niko había entrado por una puerta y ya no estaba a la vista. Mike se dirigió a uno de los bordes y observó varios PMP 600 aparcados junto a la puerta. Pero fue más su sorpresa cuando uno de ellos estalló y la onda espansiva afectó a los demás. Niko se largó en su Premier y la policía llegó en seguida, pero tanto Mike como Niko ya estaban muy lejos. Cuando llegó al Drusilla's para informar y cobrar, Ray le dijo.

  • Lo has hecho bien; pasa a la cocina y coje un trozo.

Cogió un trozo de pizza carbonara, su favorita, y volvió al restaurante.

  • Toma, lo tuyo, pásate mañana, tendré más trabajo para ti-indicó dándole unos 1000 dólares.

Esa tarde estuvo hablando con Niko y Dwayne.

  • ¿Qué tal en tu primer trabajo con Boccino?-preguntó Dwayne.
  • Bien, fue fácil-dijo.
  • ¿Qué te mandó?-preguntó Niko.
  • Respaldarte en el museo-contestó él; no tenía porqué ocultarle eso, al menos eso fue lo que Mike pensó.
  • Con razón decía que algunos caían cuando no disparaba, gracias -agradeció.
  • De nada, tio-murmuré.

La verdad, le gustó trabajar para el capo de la mafia italiana y ahora estaba deseando que llegara mañana para que le mandara otro trabajo.

Capítulo 8

Estuvo haciendo múltiples trabajos para el capo; la mayoría eran misiones secundarias y alguna que otra también era para apoyar a Niko, hasta hizo alguna que otra misión de escolta. Ray le daba siempre un trozo de pizza cada vez que hacía bien la misión encomendada, a parte de su cobro habitual, que no pasaba de 1000 dólares. Aún así él se conformaba con eso, y en menos de dos semanas ya tenía más que suficiente como para alquilar un piso y no tener que estar estorbando a Dwayne. Finalmente encontró una oferta interesante en Middle Park Oeste y se mudó enseguida.

  • Te voy a echar de menos, colega, me hacías mucha compañía-murmuró Dwayne el día que se iba para su nuevo piso.
  • Tranquilo, tio, nos vamos a segir viendo, no me voy de la ciudad-recordó.
  • Ya, ya, pero...va a ser extraño, me había acostumbrado a tu presencia-explicó.

El piso no estaba nada mal, unos 450 dólares de alquiler, amueblado, en un décimo y con vistas preciosas al Middle Park. La verdad es que le iba muy bien, pero aún no había avanzado mucho en cuanto a la investigación; últimamente Niko estaba estaba bastante ocupado, un día desapareció toda una tarde sin dejar rastro y luego supo que había estado metido en una misión larga, al parecer había sido el causante de que un helicóptero cayese al West River, al S de la Isla de la Felicidad. Pero no iba a esperar a que lo investigara todo él, así que decidió empezar a investigar él sólo.

Capítulo 9

El primer lugar al que se dirigió, fue el Puerto Tudor; podría ser peligroso pero él asumiría el riesgo. Era el mejor lugar donde poder encontrar información segura. Cómo aún conservaba su tarjeta de identificación, pudo pasar sin levantar sospechas; desde donde se encontraba se podía ver la vieja grúa que él manejaba. Le dio la sensación de que desde su desaparición nadie la había vuelto a tocar y no se confundió, ya que oyó una conversación muy interesante.

  • ¿Ves esa grúa de ahí, la roja y con aspecto de tener más de cincuenta años?-le decía uno de sus amigos a un chico que no había visto antes.
  • Ajá...-murmuró éste sin ganas.
  • Bueno, pues ahora serás tu el que la maneje-anunció su amigo.
  • ¿Yo en esa chatarra? Pero yo no sé manejar ese trasto tan antiguo, que lo haga otro-replicó.
  • Ya, pero es que no hay otro; el único que sabía manejarla con soltura era un amigo mio que le despidieron-explicó.
  • ¿Y por qué no os deshaceís de ella e instaláis otra mejor?-sugirió el nuevo.
  • Pues porque es patrimonio de la ciudad, nene, por eso; la llaman "Betsy"-informó.
  • Una grúa con nombre de tia, pues si que...-murmuró el nuevo,con cierto tono de desprecio.

Eso le dolió a Mike; ¿cómo se atrevía a insultar a Betsy de esa manera? Tenía los suficientes años como para que la trataran con respeto, una grúa magnífica, con más de cincuenta años y aún funcionaba perfectamente. Entonces se sorprendió a sí mismo hablando bien de la grúa que, hace varios días, odiaba con todo su ser. -¿Es posible que eche de menos mi trabajo?-se preguntó alucinado. Lo dejó estar y vio como el nuevo subía las escalerillas hacia la cabina de control; el caso es que le resultaba algo sospechoso y aún no sabía el por qué. El chaval era joven, no le echaría más de 24 años; optó por seguirle, a parte de que quería evitar que le pusiera las manos encima a Betsy sin tener ni la más mínima idea. Cuando llegó a la cabina, vio al chaval tocando al tuntún la palanca de dirección; se reprimió unas ganas terribles de gritarle y evitar males mayores, pero se contuvo. Quería ver que es lo que haría el chaval; entonces se sacó el móvil e hizo una llamada.

  • Soy yo ¿donde dijiste que estaba escondida?-preguntó.

Mike se extrañó por la pregunta; ¿con quien estaría hablando?

  • Ya...pero oye, estos tornillos son viejísimos, necesitaría un destornillador específico...-explicó.

¿Cómo?¿Quería quitar la plancha? Aunque se encontraba algo confuso, su mente comenzaba a construir algunas explicaciones; recordaba que el destornillador específico que había que usar era uno de punta de rombo, muy poco común, atualmente. Recordó que la construcción de la grúa y la máquina en sí fueron únicas en toda la historia de Liberty City; los materiales usados fueron limitados, puesto que se construyeron expresamente para esa construcción. Fue una empresa harto complicada pero se pudo llevar a cabo, de todos modos. Por ello, los destornilladores y tornillos con forma de rombo, escasean muchísimo, por no decir que ya casi no hay. Pero si mal no recordaba, su abuelo conservaba uno; eso le daba una enorme ventaja ante ese chaval y quien quiera que fuese su interlocutor. Algo fue escondido en la estructura de Betsy y ya se hacía una idea de que podría ser. Salió del puerto y se dirigió a la casa de su abuelo; murió hace varios años, pero se la dejó en herencia, y sólo fue una vez para comprobar si todo estaba en orden. La casa en cuestión estaba ubicada en Berchem, en Vitullo Avenue; no tardó mucho en llegar, pues no había mucho tráfico. Subió al último piso de un antiguo edificio, pero al ver la puerta entornada, se alarmó. Alguien había estado allí; se armó y entró con mucho sigilo. Peinó el piso entero, no encontró a nadie, pero ese nadie había estado buscando algo, pues la casa estaba tan patas arriba como encontró la suya; seguro que iban tras el destornillador, pero ¿lo habrían encontrado? Se dirigió a la habitación de su abuelo; ahora tenía serias dudas de si su abuelo, como toda su familia, habían sido humildes encargados del puerto o traficantes de droga. ¿Y si construyeron a Betsy sólo como almacén secreto de droga y no para una simple grúa portuaria? Entonces encima de la cabecera de la cama, vio una foto que le era familiar; en ella salían su padre, su abuelo y él cuando tendría unos siete años. Y Betsy al fondo, con menos años que actualmente. Pero observó una doblez en la tela; apartó la foto del marco y vio una nota escrita en puño y letra de su abuelo. Decía: "Para Mike, si estás leyendo esto, hijo, es que deben de haber pasado ciertas cosas, no muy buenas. Para cuando estés leyendo esto, lo más probable es que me haya muerto, pero eso es lo de menos; no sé cómo estarás al tanto de lo ocurrido, pero si tienes ciertas ideas, es por eso que estás aquí. El destornillador está en un doble fondo en el ultimo cajón de mi armario, no dejes que nadie más lo posea. No te puedo decir mucho más, pero si has empezado a pensar en nuestra familia negativamente, no te preocupes. Betsy tampoco tiene la culpa. Te quiere, tu abuelo." Mike asintió levemente y en silencio; buscó en el lugar indicado y encontró el solicitado destornillador. Se lo guardó, colocó todo en su sitio y se fue de allí. Volvió a su casa y convocó a Niko y Dwayne; les explicó todo lo descubierto.

  • Entonces, nos estás diciendo que la vieja grúa del Puerto Tudor era un antiguo almacén secreto de droga y ahora alguien está intentando acceder a esta-resumió Dwayne.
  • Exacto, y yo tengo uno de los pocos destornilladores que abren las planchas-añadió Mike.
  • Es probable, hasta ahora todas las pistas lo indican... pero hemos de comprobarlo, esta noche nos colaremos en el puerto y miraremos si hay droga realmente-sugirió Niko.
  • Bien, un poco de acción nocturna, me apunto-murmuró Dwayne.

Ahora habían dado un gran paso en la investigación y cada vez estaban un poco más cerca de descubrir la verdad.

Capítulo 10

Esa noche se podían distinguir tres sombras deslizándose al lado del muro del Puerto Tudor; Niko, Dwayne y Mike se agacharon y Mike comenzó a relatar.

  • El puerto cierra justamente a medianoche, se quedan los guardias nocturnos pero no son muy espabilados, así que no creo que supongan un problema.
  • Bien, entraré primero yo-indicó Niko; con la ayuda de sus amigos, escaló el muro; el siguiente fue Mike que ayudó a Dwayne a subir.

Los guardias no eran muchos y sus aréas de patrulla eran bastante amplias, por lo que evitarlos era muy fácil. Llegaron a los pies de Betsy.

  • ¿Tienes el destornillador?-preguntó Niko.
  • Aquí-indicó Mike mostrándolo brevemente.
  • Bien, yo subiré contigo; Dwayne, vigila por si viene alguien sospechoso-indicó el serbio.

El aludido asintió y observó subir a sus amigos por la escalerilla de la grúa; los guardas seguían patrullando, ignorando que tres personas se habían colado delante de sus narices. Entonces, el motor de una lancha atrajo la atención de Dwayne, que se escondió para evitar ser visto; desde su escondite pudo divisar una Squalo blanca acercándose a un pequeño muelle. De ésta bajaron tres personas.

  • ¿Encontrásteis algo en el piso del viejo?-preguntó un hombre de avanzada edad y vestido elegantemente.
  • Nada señor, ni rastro del instrumento-decía un subalterno.
  • Mi contacto me informó de que es necesario un destornillador específico, jefe, sin esa herramienta, lo tendremos difícil-añadió un hombre mucho más joven.
  • ¿Cuánto tiempo necesitarían tus hombres para conseguirlo, Jef-?preguntó el anciano.
  • No sabría decirle jefe, es muy relativo lo que usted me pregunta-murmuró el hombre.

El anciano se encogió como si tuviera frío; hizo un extraño ademán y dijo.

  • Te doy 48 horas para encontrarlo, Jef; supomgo que no hará falta que te diga lo que pasará si fracasas...

El tal Jef tragó saliva y no abrió la boca.

  • Conseguiré ese cargamento antes de que me muera, lo juro. Tú, sube ahí arriba e intenta forzar la plancha; coge ésto-indicó al subalterno, alcanzándole una palanca. Éste la cogió y comenzó a subir. Dwayne escribió un mensaje rápìdo y se lo envió a Niko.

Mientras tanto, en la cabina de mando, Mike terminaba de desatornillar la plancha; la retiró y tanto él cómo Niko se quedaron alucinados.

  • ¿Nada?-musitó Mike.

Tan sólo se veía el cableado de los mandos en un pequeño hueco. Niko miró los cables pensativo pero un ruido le sacó de sus pensamientos; lo leyó y dijo.

  • Alguien sube, coloca eso cómo estaba.

Reatornilló la plancha enseguida.

  • ¿Dónde nos escondemos?-se preguntó Niko en voz alta.

El subalterno llegó a la cabina y trató de forzar la plancha, pero le fue imposible; derrotado, no tardó en bajar de nuevo.

  • Nada-murmuró secamente.

El anciano gruñó y dijo.

  • Más te vale encontrar ese destornillador enseguida, Jef. ¿Y que hay de nuestro amigo?
  • No hay noticias de él desde que se le puso en aviso-informó rápidamente Jef.
  • Bien, bien...-murmuró. Se quedó en silencio hasta que añadió. Esperemos que siga así, porque si no... le cuelgo de lo alto de la Estatua de la Felicidad.

Y tras esas palabras, montaron en la lancha y desaparecieron de la vista. Mientras, en la cabina un pequeño armario se movía y de éste salieron Niko y Mike.

  • Lo descubrí cuando tenía ocho años, mi abuelo era el único que me encontraba aquí-explicó Mike.

Bajaron y volvieron casa de Mike. Ya allí, Dwayne les contó lo que oyó.

  • ¿Quien será ese tipo?-se preguntó Mike.
  • Tiene que ser alguien poderoso e influyente-dedujo Niko.
  • Pues será mejor que no te vea tío, dijo que te colgaría de lo alto de la dama si lo haces-avisó Dwayne.
  • ¿De la estatua? ¿Por qué?-preguntó Niko.

Eso le extrañaba mucho, es más, le sonaba de algo y no sabía de que.

  • ¿Y no había nada tras la plancha?-aseguró Dwayne.
  • No, pero igual es porque no está ahí la droga, podría estar en otra parte de Betsy-observó Mike.
  • Yo también pensé en eso-añadió Niko.

Estuvieron hablando un rato más hasta que Dwayne y Niko se fueron. Mike sintió cómo la verdad, que se había acercado a él, se volvía a ir, quedando muy lejos de su alcance. Pero no iba a desistir, averiguará quien puede ser ese anciano y vengará a su mujer, aunque tuviera que morir en el intento.

Capítulo 11

Amanece en la ciudad, los rayos anaranjados hacen despertar a la ciudad que nunca duerme; en una de las mansiones en el barrio de Berchem, alguien mantenía una acalorada discusión.

  • ¡Y lo que yo me pregunto es quien narices le deja salir a altas horas de la madrugada, es incorregible!-exclamaba un hombre.
  • Hombre, me dijo que le apetecía dar un paseo en lancha...-murmuraba otro hombre.
  • ¿Un paseo en lancha, un paseo en lancha?-repetía tontamente el primer hombre; tendría unos cuarenta y pico años, tenía el pelo algo canoso y sus ojos denotaban cansancio.
  • No, no, no, ese trama algo, por algo es mi abuelo...y por el otro lado el grupito de turno me presiona continuamente para llegar a un acuerdo, oh Dios, dame un respiro-suspiró.
  • Qué difícil es dirigir todo ¿eh? Los negocios, el club, la familia...-murmuró el otro.
  • ¡Tu te callas, Jef!-exclamó de repente.

En ese momento, la puerta del despacho se abrió.

  • Jefe, llegó el nuevo para verle, el tío que nos recomendó Phil Bell.
  • Ah, sí, que pase...hablaré contigo más tarde-le indicó a Jef.

Éste abandonó la estancia y luego entró en el lugar una persona.

  • Ey, bienvenido...éste...-murmuró el hombre.
  • Niko, Niko Bellic-se presentó éste.
  • Ah, Niko, bueno, supongo que sabrás quien soy yo--obvió el hombre, cómo si se las diese de importante.
  • Me han hablado de usted-explicó Niko.
  • ¿Y que te han dicho exactamente?-preguntó con curiosidad.
  • Que es usted el jefe de los italianos aquí, en Alderney-explicó Niko.

Mike se despertó por unos golpes insistentes a la puerta de su casa.

  • Ya va, ya...-murmuró medio dormido, dirigiéndose al hall.

Abrió la puerta y no vio a nadie en el pasillo.

  • Genial, una buena forma de despertador...-farfulló cerrando de golpe.

Pero entonces vio una carta en el suelo de su piso; la cogió y leyó su contenido.

"Por lo visto te han jodido pero bien; tu necesitas respuestas y yo ayuda
             así que ¿por qué no beneficiarnos mutuamente? Ven a verme al edificio
            que hay en El Triángulo, junto a la calle en obras. U.L. Paper"

Mike se quedó extrañadísimo; ¿quien sería ese U.L. Paper? ¿Sabría algo acerca del tráfico de drogas en su puesto de trabajo? No podía fiarse del todo, pero ya habían pasado varias semanas desde aquel acontecimiento en el puerto y él necesitaba respuestas,así que decidió ir.

Capítulo 12

El edificio en cuestión estaba situado en Columbus Avenue, esquina con Iron Street; no tenía ni idea de quien diablos podía ser esa compañía, nunca había oido ese nombre. Le sonaba el Liberty Tree, el Daily Globe pero U.L. Paper no; de todas formas, lo averiguaría en breve. Subió al decimotercer piso y en una puerta vio un cartel en el que ponía el mismo nombre con letras desgastadas; llamó a la puerta y se oyo una voz indicar.

  • Adelante.

Mike entró y se encontró en un despacho pequeño; había fotos de paisajes de la ciudad y un diploma, cuyo nombre no logró a leer por completo.

  • Mike Finnigan, supongo-dijo un hombre moreno y con gafas tras una mesa.
  • Supone bien; ¿quien es usted?-preguntó de golpe.
  • Ya me avisaron de lo directo que es usted, señor Finnigan; puede llamarme U.L. Paper-se presentó.
  • Vale, de acuerdo, adios a las presentaciones-murmuró irónico.
  • Tome asiento-le indicó el hombre.

Mike lo hizo y se apresuró a decir.

  • Me dijo que tenía respuestas y yo necesito eso, adelante.
  • Espere, amigo, no tan rápido, antes ha de hacerme un par de favores, y no ponga esa cara porque lo ponía bien claro en la nota-recordó U.L. Paper al ver la cara de queja de Mike.
  • Para ganarse esas respuestas, y le adelanto que son muy esclarecedoras, va tener que realizar varios trabajos para mi. El primero se trata de seguir a éste tipo-le explicó tendiéndole un informe.

En éste había una foto de un hombre joven, cuyo nombre era Antonio Guardamar.

  • Es argentino y pertenece a la banda puertoriqueña Spanish Lords, ha realizado varias transacciones que a mis jefes no le ha gustado, quiero que le sigas, veas con quien habla y lo elimines. Para presentarme el informe quiero que lo mandes por correo a ésta dirección-le indicó dándole una tarjeta en la que ponía una dirección de mail.

Mike se dirigió a Bohan para interceptar a su objetivo; el hombre le había contado los lugares que suele frecuentar, entre ellos estaba el Triangle Club. Nunca había estado en ese club, en Honkers si, pero en éste no; le pareció mucho más grande que el anterior, pero no le cabía duda que Honkers tenía más calidad. Se acercó a la barra y pidió un whiski con cola; tenía los cinco sentidos puestos a su alrededor pero el que más era el oído, por si captaba algo interesante. Entonces una chica se acercó a él y le sugirió.

  • Estás muy solo, nene, ¿vamos a un sitio mejor y te hago compañía?
  • Me gustaría nena, pero ahora mismo no puedo, estoy algo ocupado-murmuró.
  • Tu te lo pierdes, corazón-dijo marchándose.

Pero a Mike se le ocurrió algo y la llamó.

  • Bueno, espera un momento, ven.

La chica se acercó a él y murmuró.

  • ¿Te lo has pensado mejor?
  • En parte, igual puedes ayudarme, estoy buscando a Antonio Guardamar, ¿te suena?-la preguntó.

La chica puso mala cara y preguntó.

  • ¿Acaso eres poli?
  • No, algo mejor y me da que lo conoces-observó él; últmimamente se había vuelto algo más observador.
  • Le conozco, es un cliente habitual-explicó.
  • ¿Está aquí ahora?-preguntó.
  • Si, hablando con el nuevo jefe, desde que vino aquí un tío y se lió a tiros está bajando la clientela-informó.
  • Vale, gracias por la información guapa-agradeció metiéndole varios billetes en el tanga.
  • Y chitón ¿eh? esto queda entre tu y yo-le dijo.
  • Tranquilo nene, vuelve cuando quieras estoy a jornada completa-le indicó.

Se dirigió a la mesa del jefe y se sentó cerca; escuchó una conversación muy interesante.

  • Y podríamos sacar tajada de Europa del Este, tengo cierta información que te gustaría saber-le decía Guardamar.
  • Interesantes proposiciones, amigo, me vendría bien, supongo que se enteró del incidente ocurrido aquí, ¿no?-decía el jefe.
  • Si, salió en la prensa, pero eso no tiene por qué amedrentar los beneficios, tienen una buena campaña de publicidad, lo único que tienen que hacer es saber explotarla y prometer mayor calidad-insistía Guardamar.

Algo gordo se estaba cociendo, eso se veía desde la otra punta de la ciudad; Mike pensó en tráfico de personas, eso era lo más probable. Seguro que engatusan a chicas europeas para que vengan aquí a ejercer. Le pareció repugnante, sobre todo cuando un club de striptease que tiene todas las licencias se metiese en asuntos tan turbios. Ya había escuchado suficiente, por lo que se fue para esperar a que saliese. Antes de irse, vio que la chica de antes se despedía de él agitando la mano; le respondió el gesto y se acercó a la puerta trasera. De ella salió su objetivo, que se metio en un Dilettante negro; le siguió hasta Chase Point y entró en un complejo abandonado. Le buscó ocultándose entre la maleza y cuando le tuvo a tiro, le acribilló. Se esfumó enseguida del lugar. Volvió a casa para redactar el informe; una vez realizado se lo mandó. A partir de ahí algunas preguntas le asaltaron: ¿quien era realmente U.L. Paper? ¿Sabía qué había detrás del club y por eso le mandó a él? ¿Y esa organización de su nuevo jefe...era realmente una organización? Muchas preguntas y tan pocas respuestas...pero le prometió respuestas y esclarecedoras, así que no tenía más remedio que aceptar los trabajos. Eran necesarias esas respuestas y haría lo que sea para obtenerlas.

Capítulo 13

Las semanas fueron pasando lentamente; U.L. Paper le iba mandando diferentes recados, pero ninguno estaba relacionado con los otros. Hubo un día que tuvo que perseguir a varias personas para eliminarlas; los tipos en cuestión tenían una artillería que ni la Milicia de Liberty City y eso le extrañó bastante. Era como si estuviera persiguiendo a terroristas. Hasta que un día, su jefe le llamó para darle buenas noticias; le citó en el mirador de la Rotterdam Tower. Allí le encontró en la cara oeste, mirando el paisaje.

  • ¿Y bien?-preguntó Mike.
  • Mis jefes están satisfechos con su trabajo, Finnigan; ha llegado la hora de que le diga lo que le prometí-explicó.
  • ¿Respuestas?-obvió él.
  • Si, respuestas. Escuche bien, Finnigan porque no lo voy a repetir. Estoy seguro de que usted ha pensado de que esa vieja grúa es un enlace de la red de distribución de droga, bueno, pues ha pensado usted mal. Distribución, si, pero no de droga-explicó.
  • ¿Y de que exactamente?-preguntó Mike ansioso por descubrir la verdad.
  • Verá, tras el crack de la bolsa de la ciudad en 1929, reinó el caos durante varias horas; un grupo de inversores, convencidos de que todo era un sueño y que nada de eso estaba ocurriendo, cogieron una buena parte del oro del Bank of Liberty para tratar de "salvaguardarlo". Eso era un robo en toda regla y los inversores, llenos de miedo, decidieron busacr un sitio para guardarlo-relató U. L. Paper.
  • La grúa-murmuró Mike.
  • Exacto, la grúa; uno de esos inversores era el constructor y otro, tu tatarabuelo, Maximilian Finnigan; acordaron esconder el oro en una parte de la grúa y volver a buscarlo cuando el sueño hubiera "pasado". Entonces la policia los encontró y les acribillaron a tiros, pero tu abuelo consiguió escapar. Consciente de que esa grúa era la guardiana de una gran fortuna, no compartió el secreto con nadie ni se arriesgó a volver a por el oro; pero debió irse de la lengua o el exceso de confianza con alguna amistad debió de condenarle-explicaba rápidamente.
  • La confianza da asco-murmuró mike.
  • ¿Verdad? Ese alguien fue informado sobre la existencia del oro, pero por pura precaución tampoco se acercó a la grúa.
  • ¿Y quien es ese alguien? Tu lo sabes ¿verdad? ¡dímelo!-exclamó.
  • La persona se llamaba Ricci Pegorino-anunció.
  • Un Pegorino, un antepasado de don James Pegorino...-murmuró Mike.
  • Exacto, su abuelo-aclaró él.

Se miraron por unos segundos; Mike no salía de su asombro.

  • Ya te he dicho lo que tenía que decirle, hasta nunca, Mike Finnigan-y tras esas palabras se fue.

Mike reunió a sus amigos para informarles.

  • El abuelo de Pegorino; jo, tío, en que marrón te ha metido tu abuelo-murmuró Dwayne.
  • Claro, fue él el artífice del complot para asustarte y tener vía libre a la grúa; y por cierto, tenías razón, tu mujer está viva-anunció Niko.
  • ¿Ves como no mentía?-exclamó Mike, feliz.
  • Está encerrada en un almacén de Berchem, iremos a sacarla hoy mismo-indicó.

Por fin, tenía la verdad en sus manos e irían a liberar a su mujer; Mike ésta vez iría a por todas, desenmascaría al abuelo de Pegorino y recuperaría el oro de la grúa.

Capítulo 14

La operación de rescate comenzó a las once y media de la noche; Niko y Mike avanzaban agazapados por las sombras y Dwayne vigilaba la casa de Pegorino. Se mantenían comunicados mediante walkie-talkies.

  • ¿Cómo va eso, Dwayne?-preguntó Niko.
  • Bien, están cenando... jo, que hambre...-murmuró el vigía.
  • Aguanta un poco, cuando terminemos esto te invito a comer al Pizza This-acordó Niko.
  • Guay-murmuró su amigo.

El almacén estaba siendo vigilado por dos hombres armados.

  • Tenemos que hacer algo para distraerles-murmuró Mike.
  • ¿Me lo dejas a mi, nene?-preguntó una voz familiar.

Se dio la vuelta y vio a la chica de aquel día.

  • Tu...
  • Hola, guapo, te veo en apuros...déjame hacerte un favor-murmuró.

Se acercó a los guardas y les sedujo.

  • Hola, encantos, estáis muy solitos esta noche-decía.
  • La vida del guarda nocturno, es lo que tiene-dijo uno.
  • ¿Y si os hago compañía? Parecéis unos chicos muy fuertes-murmuraba tocándoles los brazos.
  • Vamos todos los días al gimnasio-informó el otro.

Niko y Mike aprovecharon la gran ocasión para noquearles.

  • Gracias-agradeció Mike.
  • De nada, nene, ya sabes donde estoy...-murmuró antes de irse.

Ya dentro encontrarona su mujer maniatada.

  • ¡Michelle!-exclamó su marido desatándola.
  • ¡Mike! sabía que me encontrarías-murmuró ella abrazándole.

Niko miraba la escena sonriendo; tras eso, Mike indicó a su mujer que fuera a refugiarse en su apartamento y le esperara allí.

  • Dwayne, ¿y el abuelo del don?-preguntó Niko.
  • ¡Se ha largado! Al parecer ha encontrado lo que buscaba-informó.
  • ¡El destornillador!-exclamó Mike.
  • Vamos... Dwayne, nos encontraremos en el Puerto Tudor-acordó el serbio.
  • Bien-dijo su amigo antes de desconectar.

Fueron allí tan rápido como pudieron; aún así, no pudieron evitar que el abuelo se les adelantara. Se encontraba con un total de cinco hombres al lado de Betsy; Jef estaba junto a él.

  • Por fín el oro será mío... ¡buscad en todos los rincones de la grúa!-exclamó con la voz algo cascada.
  • Mierda, no podemos dejar que se nos adelante a cogerlo-farfulló Niko.
  • Tengo una idea, trata de noquear a algunos de sus hombres-sugirió Mike.

Eligieron a dos y les dejaron KO; usaron sus ropas para infiltrarse en el equipo. Dwayne se había apostado en el techo de la terminal por si luego la cosa se desmadraba y tenía que apoyarles.

  • Eh, vosotros dos, no os quedéis parados, ayudad-les dijo el abuelo.
  • Si, señor-dijeron para disimular.
  • Tomad, el herrero ha hecho réplicas para todos-dijo dándoles una réplica cutre del solicitado destornillador.

Aún así Mike usó el suyo; estuvieron buscando entre todos, descolocando y colocando planchas. Finalmente, fue Niko quien lo encontró, junto a la cabina, en el lado derecho.

  • Mike, Dwayne, tengo el oro, son lingotes de al menos 25 quilates, pesan un huevo-susurró por el walkie.
  • Vale, finje que sigues buscando y...-dijo Mike pero de repente, oyeron varias sirenas y el motor de un helicóptero.
  • Vamos, no me jodas-murmuró Dwayne.
  • ¡¡Ésta es la LCPD, todos los que estén en la grúa que se aparten!!-decían desde el helicóptero.

Entonces aparecieron de repente, un buen número de Buffalo del FBI.

  • ¡¡Éste es el FBI, arriba las manos todo el mundo!!-ordenaron desde los cohes.

Entonces todo el mundo se dispersó y comenzaron a disparar; por todo el puerto se oía la refriega que se montó en menos de tres minutos.

  • ¡Malditos bastardos, es mi oro!-rugía el abuelo de Pegorino disparando a saco.

Niko aprovechó el zipizape para bajar de la grúa y se reunió con Mike y Dwayne en un sitio seguro.

  • ¿Qué hacemos con los lingotes?-preguntó Niko, mostrándolos. A Dawyne le hicieron chibiritas los ojos.
  • Déjalos, seguro que alguno del FBI los acabrá encontrando, vamonos-apremió Mike.

Los tiraron cerca de un contenedor y se fueron de allí. Pero una Speeder roja abandonaba el puerto rumbo al sur.

  • Todo se fue a la mierda... da igual, hice bien al comprar aquella casa en Las Venturas-murmuraba Jeff pilotando.

Al día siguiente, en la primera plana del Liberty Tree se podía leer: "Detenido el abuelo de don James Pegorino por tratar de robar el oro desaparecido del 29; oro recuperado, el BAWSAQ da saltos de alegría" Mike volvió a su rutina diaria y al puerto; recuperó su casa y a su mujer y abandonó su trabajo de chico de los recados de cualquier mafia. De U.L. Paper nunca más se supo; Niko siguió trabajando para Pegorino hasta que éste apareció muerto en la Isla de la Felicidad. Y de la ciudad de Liberty... bueno, eso es otra historia.

Fin.

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